Re: Bienaventurados los miserables Mateo 5:3-12 (Reina-Valera 1960)
Reina-Valera 1960 (RVR1960)
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3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino
de los cielos.
4 Bienaventurados los que lloran,(A) porque ellos recibirán
consolación.
5 Bienaventurados los mansos,(B) porque ellos recibirán la tierra
por heredad.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed(C) de justicia,
porque ellos serán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia.
8 Bienaventurados los de limpio corazón,(D) porque ellos verán a
Dios.
9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados
hijos de Dios.
10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la
justicia,(E) porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os
persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.(F)
12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los
cielos; porque así persiguieron a los profetas(G) que fueron antes de
vosotros.
Si el hombre rico no busca la justicia y aqui, Juan fué predecesor de
ésa justicia social
enseñando que el que tenía comida de sobra le diese al que no tenía,
el que tuviese dos capas le diese una al que no tuviese,
desde luego, Dios le condena.
La parábola de Lázaro y el rico, es porque el rico no se preocupa de
ayudar
a Lázaro que cada día está a su puerta, y hasta los perros lamen sus
llagas
producidas por la lepra.
Si tú vieses a un mendigo en la puerta de tu casa, cada día, y no
tuvieses
la decencia, y el corazón de ayudarle, es cierto que merecerías
castigo
de Dios.
Por que demostrarías ser cruel e insensible a los ojos de Dios,
porque el amor no te llevó a ayudar a tu prójimo,
teniéndo dinero para hacerlo.
Dios también dice que el que puede hacer el bien,
y no lo hace, es mala persona.
On 1 mayo, 21:18, Valzar <val...***gmail.com> wrote:
> BIENAVENTURADOS (¿SEAMOS?) LOS MENDIGOS
>
> Pero dejando a un lado los vínculos de índole familiar y volviendo a
> los de naturaleza política, resulta difícil imaginar un aforismo más
> radica cal en principio y más trivial en último término que el que
> pronuncia Je sus al declarar bienaventurada la pobreza y relacionarla
> con el Reino ( Dios. He aquí cuatro versiones del mismo dicho,
> correspondientes Evangelio de Tomás 54, al Evangelio Q, según Le 6,20
> y Mt 5,3, y a Sa 2,5, respectivamente. El primer ejemplo procede de
> una versión traducida al copto, mientras que los otros tres
> corresponden a un original griego. Leyéndolos sucesivamente, puede
> apreciarse qué camino ha seguida el proceso de
> normalización:
>
> (1) Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de
> lacielos.
>
> (2) Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
>
> (3) Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el
> reino de los cielos.
>
> (4) ¿No escogió Dios a los pobres según el mundo para enriquecerlos en
> la fe y hacerlos herederos del reino que tiene prometido a los que le
> aman?
>
> En el tercer ejemplo, la especificación de espíritu que efectúa Mateo
> induce a interpretar la pobreza no ya en sentido económico, sino en
> sentido religioso; y en cuanto a la epístola de Santiago, el hincapié
> que se hace en la fe y en el amor alude más bien a una promesa del
> Reino de Dios, que a la presencia y actualidad del mismo. En cualquier
> caso, en las dos primeras versiones sigue apareciendo la sorprendente
> asociación de la pobreza, considerada toda una bendición, con el Reino
> de Dios. Lo que evidentemente no podemos afirmar es si Jesús quería
> decir «Bienaventurados seamos, (seáis o sean) los pobres».
> El principal problema, sin embargo, está en traducir por «pobre» la
> palabra ptochós que aparece en el original griego de los tres últimos
> textos. La palabra utilizada en griego para designar al «pobre» es
> "pénës", mientras que "ptöchós" significa realmente «miserable,
> menesteroso». El primero de estos vocablos alude al status de una
> familia campesina que vive toda su vida al nivel de la pura
> subsistencia; el segundo, en cambio, indica el status que alcanza esa
> misma familia cuando, víctima de la enfermedad o de las deudas, de una
> sequía o una muerte, es expulsada de sus tierras y se ve reducida a la
> miseria y obligada a vivir de la mendicidad. Esta distinción se pone
> claramente de manifiesto en el Pluto de Aristófanes, última de las
> obras escritas por el gran comediógrafo ático, estrenada en Atenas
> probablemente el año 388 a. e. v. El fragmento clave en este sentido
> corresponde a los versos 535-554, donde vemos a Crémilo defender las
> ventajas del dios Pluto (la Riqueza), y afirmar al mismo tiempo que
> Penía (la Pobreza) y la Ptocheía (la Miseria) son en cualquier caso
> idénticas. La Pobreza, presentada aquí con los ropajes de una
> divinidad, protesta y niega inmediatamente que sea lo mismo que la
> Miseria:
>
> CRÉMILO: La pobreza [penían] y la mendicidad [ptócheían] son hermanas
> camales.
>
> LA POBREZA: Será para vosotros, que tenéis por iguales a Dionisio
> [tirano de Siracusa] y a Trasibulo [que derrocó a los tiranos de
> Atenas], pero mi vida no es ni será nunca así. La vida del mendigo
> [ptöchoû] que acabas de pintar consiste en vivir sin poseer nada; la
> del pobre [pénëtos], en vivir con economía, en trabajar, en no tener
> nada super-fluo ni carecer de lo necesario.
>
> El pobre está obligado a trabajar, pero posee siempre lo suficiente
> para sobrevivir, mientras que el mendigo no tiene nada en absoluto. En
> otras palabras. Jesús no declara bienaventurados a los pobres, clase
> en la que se incluiría prácticamente a todo el campesinado, sino que
> declara bienaventurados a los miserables; por ejemplo, a los mendigos.
> Ahora bien, ¿qué significa en realidad semejante afirmación, sobre
> todo si no espiritualizamos la frase, como se apresuró a hacer Mateo,
> y convertimos a esos pobres [o miserables] en «pobres [o miserables]
> de espíritu», esto es, si no vemos en ellos a los humildes a nivel
> espiritual o, lo que es lo mismo, a los obedientes en el terreno
> religioso? ¿Pensaba de verdad Jesús que los vagabundos y mendigos eran
> realmente unos benditos de Dios, como si todos los miserables fueran
> una pandilla de gente encantadora y todos los aristócratas un puñado
> de malvados? ¿Se trata de una especie de ilusión ingenua o romántica
> que hace de la miseria algo maravilloso? Pero si no pensamos en la
> maldad a nivel individual o personal, sino en la injusticia social,
> estructural, propia de todo el sistema —es decir, si tenemos presente
> el mundo dominado por el imperialismo en el que vivían Jesús y los
> demás campesinos como él—, el lógion en cuestión se convierte enuna
> verdad irrefutable, resulta literal, terrible y eternamente cierta.
> Siempre que se da una situación opresiva, sobre todo cuando ésta
> adopta una forma indirecta y sistemática, en la que la injusticia
> cubre su rostro con la máscara de la normalidad o incluso de la
> necesidad, los únicos inocentes, benditos o bienaventurados son
> aquellos que se ven excluidos de las perversas actividades del sistema
> como si fueran los desechos de la humanidad. El equivalente de este
> aforismo en. nuestros días sería decir «los únicos inocentes son los
> sin techo Se trata de una afirmación tremenda en contra de la
> sociedad, pues, al igual que los "logia" que hablan en contra de la
> familia, no pone el acento en el abuso de poder a nivel personal o
> individual, sino en el carácter sistemático o estructural de ese
> abuso. Y en este caso, a diferencia de lo que ocurría con el otro
> dicho, ninguno de nosotros es inocente ni nuestras consciencias se
> hallan completamente limpias.
>
> Autor: John D. Crossan "Jesús, biografía revolucionaria" págs.76-78
> Ed. Grijalbo Mondadori - 1996
> ISBN 84-253-2932-9
>
> Saludos |