Ver Mensaje Individual
  #10 (permalink)  
Antiguo 02-05-2008, 15:01:56
>
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Bienaventurados los miserables


Una muestra de tu mala fe se ve claramente en este post:

Jesús dijo:

Bienaventurados los pobres ...............


tu pones en el enunciado:

Bienaventurados los miserables

y luego:

BIENAVENTURADOS (¿SEAMOS?) LOS MENDIGOS



Por una vez obsérvate a ti mismo y recapacita,

tu necesitas ayuda

tex.










"Valzar" <valzar***gmail.com> escribió en el mensaje
news:d179b5f3-5962-4e1e-af54-1abe71c38c67***r66g2000hsg.googlegroups.com...
BIENAVENTURADOS (¿SEAMOS?) LOS MENDIGOS

Pero dejando a un lado los vínculos de índole familiar y volviendo a
los de naturaleza política, resulta difícil imaginar un aforismo más
radica cal en principio y más trivial en último término que el que
pronuncia Je sus al declarar bienaventurada la pobreza y relacionarla
con el Reino ( Dios. He aquí cuatro versiones del mismo dicho,
correspondientes Evangelio de Tomás 54, al Evangelio Q, según Le 6,20
y Mt 5,3, y a Sa 2,5, respectivamente. El primer ejemplo procede de
una versión traducida al copto, mientras que los otros tres
corresponden a un original griego. Leyéndolos sucesivamente, puede
apreciarse qué camino ha seguida el proceso de
normalización:

(1) Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de
lacielos.

(2) Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

(3) Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el
reino de los cielos.

(4) ¿No escogió Dios a los pobres según el mundo para enriquecerlos en
la fe y hacerlos herederos del reino que tiene prometido a los que le
aman?

En el tercer ejemplo, la especificación de espíritu que efectúa Mateo
induce a interpretar la pobreza no ya en sentido económico, sino en
sentido religioso; y en cuanto a la epístola de Santiago, el hincapié
que se hace en la fe y en el amor alude más bien a una promesa del
Reino de Dios, que a la presencia y actualidad del mismo. En cualquier
caso, en las dos primeras versiones sigue apareciendo la sorprendente
asociación de la pobreza, considerada toda una bendición, con el Reino
de Dios. Lo que evidentemente no podemos afirmar es si Jesús quería
decir «Bienaventurados seamos, (seáis o sean) los pobres».
El principal problema, sin embargo, está en traducir por «pobre» la
palabra ptochós que aparece en el original griego de los tres últimos
textos. La palabra utilizada en griego para designar al «pobre» es
"pénës", mientras que "ptöchós" significa realmente «miserable,
menesteroso». El primero de estos vocablos alude al status de una
familia campesina que vive toda su vida al nivel de la pura
subsistencia; el segundo, en cambio, indica el status que alcanza esa
misma familia cuando, víctima de la enfermedad o de las deudas, de una
sequía o una muerte, es expulsada de sus tierras y se ve reducida a la
miseria y obligada a vivir de la mendicidad. Esta distinción se pone
claramente de manifiesto en el Pluto de Aristófanes, última de las
obras escritas por el gran comediógrafo ático, estrenada en Atenas
probablemente el año 388 a. e. v. El fragmento clave en este sentido
corresponde a los versos 535-554, donde vemos a Crémilo defender las
ventajas del dios Pluto (la Riqueza), y afirmar al mismo tiempo que
Penía (la Pobreza) y la Ptocheía (la Miseria) son en cualquier caso
idénticas. La Pobreza, presentada aquí con los ropajes de una
divinidad, protesta y niega inmediatamente que sea lo mismo que la
Miseria:

CRÉMILO: La pobreza [penían] y la mendicidad [ptócheían] son hermanas
camales.

LA POBREZA: Será para vosotros, que tenéis por iguales a Dionisio
[tirano de Siracusa] y a Trasibulo [que derrocó a los tiranos de
Atenas], pero mi vida no es ni será nunca así. La vida del mendigo
[ptöchoû] que acabas de pintar consiste en vivir sin poseer nada; la
del pobre [pénëtos], en vivir con economía, en trabajar, en no tener
nada super-fluo ni carecer de lo necesario.

El pobre está obligado a trabajar, pero posee siempre lo suficiente
para sobrevivir, mientras que el mendigo no tiene nada en absoluto. En
otras palabras. Jesús no declara bienaventurados a los pobres, clase
en la que se incluiría prácticamente a todo el campesinado, sino que
declara bienaventurados a los miserables; por ejemplo, a los mendigos.
Ahora bien, ¿qué significa en realidad semejante afirmación, sobre
todo si no espiritualizamos la frase, como se apresuró a hacer Mateo,
y convertimos a esos pobres [o miserables] en «pobres [o miserables]
de espíritu», esto es, si no vemos en ellos a los humildes a nivel
espiritual o, lo que es lo mismo, a los obedientes en el terreno
religioso? ¿Pensaba de verdad Jesús que los vagabundos y mendigos eran
realmente unos benditos de Dios, como si todos los miserables fueran
una pandilla de gente encantadora y todos los aristócratas un puñado
de malvados? ¿Se trata de una especie de ilusión ingenua o romántica
que hace de la miseria algo maravilloso? Pero si no pensamos en la
maldad a nivel individual o personal, sino en la injusticia social,
estructural, propia de todo el sistema —es decir, si tenemos presente
el mundo dominado por el imperialismo en el que vivían Jesús y los
demás campesinos como él—, el lógion en cuestión se convierte en una
verdad irrefutable, resulta literal, terrible y eternamente cierta.
Siempre que se da una situación opresiva, sobre todo cuando ésta
adopta una forma indirecta y sistemática, en la que la injusticia
cubre su rostro con la máscara de la normalidad o incluso de la
necesidad, los únicos inocentes, benditos o bienaventurados son
aquellos que se ven excluidos de las perversas actividades del sistema
como si fueran los desechos de la humanidad. El equivalente de este
aforismo en. nuestros días sería decir «los únicos inocentes son los
sin techo Se trata de una afirmación tremenda en contra de la
sociedad, pues, al igual que los "logia" que hablan en contra de la
familia, no pone el acento en el abuso de poder a nivel personal o
individual, sino en el carácter sistemático o estructural de ese
abuso. Y en este caso, a diferencia de lo que ocurría con el otro
dicho, ninguno de nosotros es inocente ni nuestras consciencias se
hallan completamente limpias.

Autor: John D. Crossan "Jesús, biografía revolucionaria" págs.76-78
Ed. Grijalbo Mondadori - 1996
ISBN 84-253-2932-9

Saludos


Responder Con Cita