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Antiguo 03-05-2008, 13:39:07
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Predeterminado Re: ¿Quién es Jesucristo?

EL NACIMIENTO DE UN MITO

Jesús nació en Belén. ¿O no fue así? Es uno de los «hechos» más
conocidos del cristianismo y gracias a él la ciudad de Belén cuenta
con una próspera industria turística.
¿Pero es verdadero? ¿Nació realmente Jesús en Belén? Por desgracia,
hasta los autores de las escrituras cristianas discrepan entre ellos.
Tanto Mateo como Lucas dicen que sí, mientras que Juan (7, 41-42) y
Marcos (1, 9; 6, 1) dan la impresión de no haber oído hablar jamás del
supuesto nacimiento de Jesús en Belén y creen que su lugar de
nacimiento fue Nazaret, pequeña población situada en la región
septentrional de Galilea, en el otro extremo del país de donde se
encuentra Belén.
Pero ni siquiera las crónicas de Mateo y Lucas concuerdan realmente.
Lucas es muy consciente de que la gente de la época asociaba a Jesús
con Nazaret y no con Belén, por lo que se siente obligado a explicar a
sus lectores cómo fue que este galileo naciera casualmente tan lejos
de casa.
Hoy día estamos mucho más acostumbrados que entonces a la idea de que
los bebés nazcan lejos de casa. Actualmente incluso sabemos de bebés
que nacen en un taxi o a bordo de un avión a medio camino entre dos
continentes. Pero en el período del que nos ocupamos los viajes eran
lentos, molestos y peligrosos y la mayoría de la gente pasaba toda su
vida en un pueblecito sin aventurarse nunca a alejarse más de unos
kilómetros de él.
De ahí que Lucas crea necesario darnos una explicación sobre por qué
Jesús nació en Belén. Y, ¿cuál es esta explicación? Es la conocida
historia sobre el censo romano. Dice Lucas que se promulgó un decreto
imperial que exigía que todo el mundo volviera «cada uno a su
ciudad» (2, 3). En el caso de José y María esto significaba que tenían
que desplazarse de Nazaret a Belén, que era la ciudad de José.
A simple vista, esto parece bastante convincente. ¡No hay nada como un
pequeño detalle para ganarse la confianza de un auditorio! Si seguimos
investigando, no obstante, descubrimos que la historia es totalmente
falsa.
Después de todo, ¿qué es un censo? Nuestra época, por supuesto, sabe
mucho más de números que cualquier época anterior y nos pasamos la
vida contando, midiendo, calculando y comprobando todo lo comprobable,
¡a veces (o al menos eso parece) sin otra razón que la de ejercitar
nuestro conocimiento de los números! En la mayoría de los estados
modernos se censa a la población cada equis años. Se trata
sencillamente de contar las cabezas para ver cuántos habitantes tiene
el país. Pero, a pesar de la aparente falta de sentido de esta
operación, el censo tiene un propósito eminentemente práctico. No se
trata sólo de ver si el conjunto de la población ha aumentado o
disminuido, sino también, entre otras muchas cosas, de si se ha
desplazado de unas regiones a otras. Dicho de otro modo, un censo es
un ejercicio muy práctico. Lo que interesa al que hace el censo es
dónde está la gente, no dónde estuvo en otra ocasión o de dónde
proceden sus antepasados.
Al gobierno romano, compuesto esencialmente por administradores
realistas, prácticos, las cifras por las cifras le interesaban aún
menos que a la mayoría de los gobiernos modernos. De hecho, el censo
romano tenía un objetivo práctico concreto: la tributación. El
gobierno deseaba saber cuánta gente había en cada localidad con el fin
de poder calcular los impuestos que se cobrarían de cada una. Y,
¿dónde habría pagado sus impuestos José? No en Belén, aunque su
familia procediera originariamente de allí, sino en Nazaret, donde,
como admite alegremente incluso el propio Lucas, residía en realidad.
Así, pues, visto a la luz de la historia, nada podía estar menos en
consonancia con la verdadera naturaleza y propósito de un censo romano
que el que una persona se desplazase de su lugar de residencia a algún
remoto y supuesto lugar de nacimiento o ciudad natal de sus
antepasados.
Una pequeña pega, sin embargo, es que el censo romano no habría
afectado a Nazaret en ningún caso, ya que Galilea no estaba bajo la
dominación romana, sino que tenía su propio gobernante, el «tetrarca»
Herodes Antipas, hijo del rey Herodes.
Pero ese no se el único problema relacionado con el censo. Es obvio
que Lucas tiene gran empeño en que aceptemos su historia de que Jesús
nació en Belén, por lo que nos da explicaciones muy detalladas al
respecto. De hecho, llega al extremo de especificar el nombre del
gobernador romano bajo el cual se llevó a cabo el censo: Cirenio. Hubo
ciertamente un gobernador llamado así (o Quirinius, que es la forma
latina del nombre) y, lo que es más, sabemos por las fuentes romanas
que hizo un censo. Pero su mención por Lucas en relación con el
nacimiento de Jesús crea más problemas de los que resuelve. Sobre
todo, hay un problema de fechas. Ciertamente Quirinius llevó a cabo un
censo, ¡pero en un momento en que Jesús ya hubiera tenido diez años de
edad! Da la casualidad de que el censo de Quirinius puede fecharse con
precisión por medio de la crónica muy detallada que nos da el
historiador Josefo (Antigüedades judías, 18, 1). Según Josefo, fue
enviado a realizar el censo poco después de que Roma se anexionase
Judea, cosa que ocurrió en el año 6 o 7 de nuestra era. Es obvio que
el propósito de dicho censo era hacer un «inventario» inicial en vista
de que Judea iba a ser gobernada directamente por funcionarios
romanos.
Algunos comentaristas cristianos han admitido alegremente que la
datación del censo por Lucas adolece de un retraso de diez años, pero
no han hecho nada más. Sin embargo la mayoría de los autores
cristianos que han tratado este tema han reconocido que si admiten
este error aparentemente trivial por parte de Lucas, entonces se viene
abajo toda la historia según la cual Jesús nació en Belén. Esto ha
sido motivo de que se hicieran algunos intentos desesperados de
justificar lo que afirma Lucas sobre el censo.
Con la ayuda de una inscripción que describe a un militar romano cuyo
nombre no sabemos, los apologistas se han apresurado a sugerir que tal
vez Quirinius, sin que conste en ninguna parte, estuvo antes en la
zona y que el militar anónimo no fue otro que el gobernador,
convenientemente datado en la época del nacimiento de Jesús. Aparte de
la total falta de pruebas que permitan llegar a una conclusión tan
improbable, hay otra pequeña pega: la fecha del nacimiento de Jesús
que se acepta de modo general corresponde a una época en que Roma no
tenía ninguna jurisdicción en Belén o en Nazaret, por lo que no pudo
haber censo alguno que coincidiera con su nacimiento.
Esto es así porque Jesús nació en vida del rey Herodes «el Grande»..
¿Cómo lo sabemos? Porque nos lo dicen el propio Lucas (1, 5) y Mateo
(2, 1). El problema es que Herodes murió en el año 4 a.C., sus buenos
diez años antes del censo de Quirinius, y durante el reinado de
Herodes no es posible que se hiciera un censo romano en su territorio,
que incluía tanto a Judea como a Galilea, es decir, tanto a Belén como
a Nazaret.
Está claro, pues, que Lucas se ha armado un lío en este sentido. Por
un lado, data el nacimiento de Jesús en el año 4 a.C. como más tarde.
Por otro lado, relaciona el nacimiento de Jesús con un acontecimiento
que tuvo lugar un decenio más tarde. ¿ Cuál de las dos historias
debemos creer? ¿Importa cuál?
Sí, si importa. Importa porque la aceptación de que el nacimiento de
Jesús tuvo lugar durante el reinado del rey Herodes acabará finalmente
con la historia del nacimiento en Belén, la cual, como ya hemos visto,
en todo caso debe rechazarse por otras razones.
Uno de los detalles más conocidos de la historia de Belén es el
incidente relativo a la posada y el pesebre. La escena encantadora y
patética que nos pinta Lucas (y, por cierto, él es el único
evangelista que la describe) ha cautivado a tantas generaciones de
niños y adultos que nadie se ha parado a hacerse unas cuantas
preguntas básicas. Tales como: para empezar, ¿qué hacían José y María
buscando alojamiento en la posada? Los hoteles, posadas, paradores y
demás eran muy escasos en el mundo antiguo en su conjunto. Los
viajeros solían hospedarse en casa de amigos o parientes. ¿Por qué no
lo hicieron así José y María? Al fin y al cabo, ¿no estaban en la
ciudad natal de José? Esa, según Lucas, era la única razón del viajea
Belén. ¿ O debemos creer que en Belén no quedaba ni un solo miembro de
su familia?
Cuanto más atentamente examinamos la historia de Belén, más se
desintegra ante nuestros ojos. Veamos otro detalle: ¿Por qué María
acompañó a José a Belén? No sólo es una imprudencia que una mujer en
avanzado estado de gestación emprenda un viaje largo y peligroso, sino
que nadie ha pretendido jamás que la familia de María fuese de Belén;
sólo la de José. Si José y María hubieran sido marido y mujer en aquel
momento, eso explicaría que ella le acompañase, pero no estaban
casados. (Volveremos sobre este hecho interesante dentro de poco.)
Hasta aquí hemos limitado nuestros comentarios a la crónica del
nacimiento de Jesús que hace Lucas. Pero, ¿y Mateo, que también sitúa
el nacimiento en Belén (2, 1)? A diferencia de Lucas, Mateo no dice ni
una palabra acerca de un censo, ni hace mención alguna de una posada o
un pesebre. Al contrario, la crónica de Mateo nos da la impresión de
que Belén era el hogar permanente de José y María y dice que Jesús
nació en una «casa» (2, 11). La primera vez que alude a Nazaret, Mateo
juzga necesario dar una explicación especial de la decisión de José y
María de instalarse en Galilea en vez de en Judea (2, 22), perpetuando
así la impresión inicial de que era Belén y no Nazaret el lugar
habitual de residencia de José y María.
Pero, si realmente hubiera sido así, entonces, ¿por qué Lucas se arma
un lío con el fin de explicar el hecho de que la pareja resida en
Belén? Seguramente porque Lucas sabía que Belén no era su lugar de
procedencia, pero se sintió obligado a situarlos allí contra viento y
marea, con el objeto de presentar Belén como lugar de nacimiento de
Jesús. Mateo se preocupa igualmente de enmarcar el nacimiento en
Belén, pero adopta una técnica diferente. En lugar de inventar una
historia con el objeto de trasladar a José y María de Nazaret a Belén,
¡astutamente nos da la impresión de que siempre habían vivido allí!
Pero su preocupación por hacer de Belén el lugar de nacimiento de
Jesús aflora de todos modos a la superficie. Aflora especialmente en
su cita (levemente tergiversada) del conocido pasaje del profeta
Miqueas (5, 2) que predice que sería de Belén de donde saldría el
Mesías judío (Mt., 2, 6).
Tenemos aquí la clave de todo el problema del nacimiento de Jesús.
Tanto Mateo como Lucas quieren demostrar a sus lectores que Jesús era
el Mesías de que hablaban los escritos proféticos judíos. Uno de los
prerrequisitos esenciales del Mesías era que naciese en Belén. Por
tanto, con el fin de «estar calificado» Jesús sencillamente tenía que
contar en su haber con un nacimiento en Belén. Si tuviéramos sólo la
crónica del nacimiento que hace Mateo y no la de Lucas, bien
hubiésemos podido creer que Jesús había nacido efectivamente en Belén.
Pero Lucas se traiciona a sí mismo al inventar una historia complicada
y a todas luces falsa con el objeto de «probar» el nacimiento en
Belén, con lo que sin querer pinta todo el episodio con el pincel de
la ficción.
Contrastando tanto con Mateo como con Lucas, Juan, el autor del cuarto
evangelio, no está tan interesado en establecer las credenciales de
Jesús como el Mesías judío en el sentido judío tradicional.
En general se está de acuerdo en que Juan escribió su evangelio para
un público no judío, lo que explica por qué quita importancia en su
libro a la afirmación de que Jesús era el Mesías judío que
profetizaban las escrituras judías.
Dicho de otro modo, Juan no tenía ningún interés personal en lo que
respecta al lugar de nacimiento de Jesús, por lo que resulta aún más
intrigante lo que dice sobre él. Es interesante que relate un
incidente que tiene relación directa con el tema. Nos dice (7, 40
ss.) que los judíos de la época de Jesús debatían la cuestión de si
debían aceptar o no la pretensión de Jesús de ser el Mesías, siendo el
principal reparo a la aceptación el origen galileo de Jesús (7, 41).
Los que rechazan la pretensión mesiánica de Jesús se le enfrentan
directamente con el prerrequisito profético: « ¿No dice la Escritura
que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David,
ha de venir el Cristo?» (7, 42). ¿Hace Juan que Jesús o uno de sus
discípulos conteste explicando que Jesús era en verdad descendiente de
David y que había nacido en Belén tal como se requería? En absoluto.
Por el contrario, Juan da por sentado que Jesús no reunía estos
prerrequisitos de la profecía mesiánica judía. Para Juan esto no tenía
mucha importancia; por tanto, son aún mayores las razones para dar
crédito a lo que dice sobre ello.
M. Arnheim
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