Re: Bienaventurados los miserables Miserable te sentirás cuando tengas que doblar la rodilla ante Jesucristo
y confesar que es el Señor.
tex.
"Valzar" <valzar***gmail.com> escribió en el mensaje
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On 2 mayo, 17:01, "><\(\(\(\(\(***>" <tex...***gmail.com> wrote:
>> "Valzar" <val...***gmail.com> escribió en el
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> BIENAVENTURADOS (¿SEAMOS?) LOS MENDIGOS
>
> Pero dejando a un lado los vínculos de índole familiar y volviendo a
> los de naturaleza política, resulta difícil imaginar un aforismo más
> radica cal en principio y más trivial en último término que el que
> pronuncia Je sus al declarar bienaventurada la pobreza y relacionarla
> con el Reino ( Dios. He aquí cuatro versiones del mismo dicho,
> correspondientes Evangelio de Tomás 54, al Evangelio Q, según Le 6,20
> y Mt 5,3, y a Sa 2,5, respectivamente. El primer ejemplo procede de
> una versión traducida al copto, mientras que los otros tres
> corresponden a un original griego. Leyéndolos sucesivamente, puede
> apreciarse qué camino ha seguida el proceso de
> normalización:
>
> (1) Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de
> lacielos.
>
> (2) Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
>
> (3) Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el
> reino de los cielos.
>
> (4) ¿No escogió Dios a los pobres según el mundo para enriquecerlos en
> la fe y hacerlos herederos del reino que tiene prometido a los que le
> aman?
>
> En el tercer ejemplo, la especificación de espíritu que efectúa Mateo
> induce a interpretar la pobreza no ya en sentido económico, sino en
> sentido religioso; y en cuanto a la epístola de Santiago, el hincapié
> que se hace en la fe y en el amor alude más bien a una promesa del
> Reino de Dios, que a la presencia y actualidad del mismo. En cualquier
> caso, en las dos primeras versiones sigue apareciendo la sorprendente
> asociación de la pobreza, considerada toda una bendición, con el Reino
> de Dios. Lo que evidentemente no podemos afirmar es si Jesús quería
> decir «Bienaventurados seamos, (seáis o sean) los pobres».
> El principal problema, sin embargo, está en traducir por «pobre» la
> palabra ptochós que aparece en el original griego de los tres últimos
> textos. La palabra utilizada en griego para designar al «pobre» es
> "pénës", mientras que "ptöchós" significa realmente «miserable,
> menesteroso». El primero de estos vocablos alude al status de una
> familia campesina que vive toda su vida al nivel de la pura
> subsistencia; el segundo, en cambio, indica el status que alcanza esa
> misma familia cuando, víctima de la enfermedad o de las deudas, de una
> sequía o una muerte, es expulsada de sus tierras y se ve reducida a la
> miseria y obligada a vivir de la mendicidad. Esta distinción se pone
> claramente de manifiesto en el Pluto de Aristófanes, última de las
> obras escritas por el gran comediógrafo ático, estrenada en Atenas
> probablemente el año 388 a. e. v. El fragmento clave en este sentido
> corresponde a los versos 535-554, donde vemos a Crémilo defender las
> ventajas del dios Pluto (la Riqueza), y afirmar al mismo tiempo que
> Penía (la Pobreza) y la Ptocheía (la Miseria) son en cualquier caso
> idénticas. La Pobreza, presentada aquí con los ropajes de una
> divinidad, protesta y niega inmediatamente que sea lo mismo que la
> Miseria:
>
> CRÉMILO: La pobreza [penían] y la mendicidad [ptócheían] son hermanas
> camales.
>
> LA POBREZA: Será para vosotros, que tenéis por iguales a Dionisio
> [tirano de Siracusa] y a Trasibulo [que derrocó a los tiranos de
> Atenas], pero mi vida no es ni será nunca así. La vida del mendigo
> [ptöchoû] que acabas de pintar consiste en vivir sin poseer nada; la
> del pobre [pénëtos], en vivir con economía, en trabajar, en no tener
> nada super-fluo ni carecer de lo necesario.
>
> El pobre está obligado a trabajar, pero posee siempre lo suficiente
> para sobrevivir, mientras que el mendigo no tiene nada en absoluto. En
> otras palabras. Jesús no declara bienaventurados a los pobres, clase
> en la que se incluiría prácticamente a todo el campesinado, sino que
> declara bienaventurados a los miserables; por ejemplo, a los mendigos.
> Ahora bien, ¿qué significa en realidad semejante afirmación, sobre
> todo si no espiritualizamos la frase, como se apresuró a hacer Mateo,
> y convertimos a esos pobres [o miserables] en «pobres [o miserables]
> de espíritu», esto es, si no vemos en ellos a los humildes a nivel
> espiritual o, lo que es lo mismo, a los obedientes en el terreno
> religioso? ¿Pensaba de verdad Jesús que los vagabundos y mendigos eran
> realmente unos benditos de Dios, como si todos los miserables fueran
> una pandilla de gente encantadora y todos los aristócratas un puñado
> de malvados? ¿Se trata de una especie de ilusión ingenua o romántica
> que hace de la miseria algo maravilloso? Pero si no pensamos en la
> maldad a nivel individual o personal, sino en la injusticia social,
> estructural, propia de todo el sistema —es decir, si tenemos presente
> el mundo dominado por el imperialismo en el que vivían Jesús y los
> demás campesinos como él—, el lógion en cuestión se convierte en una
> verdad irrefutable, resulta literal, terrible y eternamente cierta.
> Siempre que se da una situación opresiva, sobre todo cuando ésta
> adopta una forma indirecta y sistemática, en la que la injusticia
> cubre su rostro con la máscara de la normalidad o incluso de la
> necesidad, los únicos inocentes, benditos o bienaventurados son
> aquellos que se ven excluidos de las perversas actividades del sistema
> como si fueran los desechos de la humanidad. El equivalente de este
> aforismo en. nuestros días sería decir «los únicos inocentes son los
> sin techo Se trata de una afirmación tremenda en contra de la
> sociedad, pues, al igual que los "logia" que hablan en contra de la
> familia, no pone el acento en el abuso de poder a nivel personal o
> individual, sino en el carácter sistemático o estructural de ese
> abuso. Y en este caso, a diferencia de lo que ocurría con el otro
> dicho, ninguno de nosotros es inocente ni nuestras consciencias se
> hallan completamente limpias.
>
> Autor: John D. Crossan "Jesús, biografía revolucionaria" págs.76-78
> Ed. Grijalbo Mondadori - 1996
> ISBN 84-253-2932-9
¿Que parte de eso es lo que no has entendido, tex? |