Refutando la teoría de la evolución. 1ª Parte. J. —¿Cómo refutamos las pruebas de los evolucionistas?
S. —No necesitamos refutar nada pues no han presentado una sola
prueba.
J. —¿Qué puede decirse para satisfacer la mente confundida de la
juventud?
S. —Mucho. Primero: que la improbabilidad matemática de la Evolución
accidental es asombrosa. Aunque existiera la posibilidad, la
improbabilidad de que una sola célula pudiera casualmente haber
evolucionado en una hormiga, es de dimensiones astronómicas.
J. —¿Por qué?
S. —Trata de hacer un librito con quince hojas sueltas numeradas del 1
al 15. Entremezcla las hojas y ve cuántas posibilidades existen de que
caigan una sobre la otra en orden numérico.
J. —Hay una posibilidad muy remota, pero puede ocurrir.
S. —No te das cuenta de qué tan remota. La probabilidad es de 1 en
1,307,700,000,000.
J. —¡De verdad! ¡No me imaginaba que tanto!
S. —Supongamos que tu libro no tiene quince, sino cien hojas sueltas y
numeradas. Entremezclarlas en forma accidental de modo que caigan en
orden numérico, sería una probabilidad en trillones de trillones de
trillones. El desarrollo accidental de una célula para formar la pata
de una hormiga requiere de cientos de células de 1) varios tamaños y
2) varias formas; siendo las células de: 3) varios materiales, todos
hechos a la precisión y 4) en la posición perfecta; y todo debe estar
5) unido por conexiones de estructuras, nervios y músculos para
funcionar como una unidad. Esto es equivalente a miles de hojas
numeradas que deben caer en orden numérico preciso. La improbabilidad
de tal arreglo accidental desafía los cálculos matemáticos. Pero aun
esto no es nada comparado con el ojo humano, que es inmensamente más
complicado. El ojo descansa en forma segura dentro de una cavidad ósea
prominente, que lo protege de golpes. Está provisto de un párpado, que
se cierra automáticamente al acercarse un objeto y que se eleva y
desaparece convenientemente cuando no se necesita. El ojo está
continuamente bañado por un fluido antiséptico y sedante, abastecido
por la cavidad de los conductos lacrimógenos. Las cejas interceptan el
sudor y las pestañas ayudan a evitar la entrada de cuerpos extraños.
La blanca piel externa del globo ocular es resistente, para proteger
al ojo y evitar elongaciones o aplanamientos que deteriorarían la
visión. La piel interna del ojo es negra, como el interior de una
cámara, para absorber el exceso de luz que haría borrosa la imagen. El
ojo está equipado con un lente cristalino y tiene una pantalla (la
retina) sobre la cual se proyecta la imagen. La pantalla está
compuesta de 9 capas, conteniendo muchos millones de bastones y conos
y un laberinto de fibras nerviosas de sorprendente complejidad. La
pupila se dilata en la obscuridad, para permitir un máximo de luz, y
se contrae con la luz solar, para excluir un exceso de luz. El ojo es
la cámara más perfecta, pues además de ajustarse por sí mismo a la
intensidad de la luz, también enfoca instantáneamente la distancia,
toma fotos a color, rota su foco en todos los sentidos y toma la
imagen invertida acomodándola luego hacia arriba. Cada componente del
ojo: los lentes, la retina, el nervio óptico, los conductos
lacrimales, etc., es enormemente complejo, algunos conformados por
millones de partes. Cada una de estas millones de partes tiene la
composición química y física precisa. Cada componente debe estar en
posición precisa y ser del tamaño exacto. Es más fácil creer que una
montaña, moldeada accidentalmente por millones de terremotos,
erupciones y huracanes, dio como resultado final un alto rascacielos
con los detalles de la estructura de acero, mampostería, plomería,
ventilación, alumbrado, cerrajería, accesorios y comunicaciones que
creer que un alga unicelular evolucionó en un ojo. Comparado con el
ojo, el edificio es tan poco complejo como un ladrillo.
J. —Ciertamente suena infantil creer que una simple célula tuvo la
visión infinita y el enorme conocimiento técnico de química, física,
ingeniería y logística, más allá del conocimiento conjunto de toda la
Humanidad para evolucionar aun en la parte más pequeña del ojo. Pero
también es extraño decir que una estructura tan compleja como el ojo
fue creada súbitamente.
S. —Nos parece extraño sólo porque no estamos acostumbrados a ver cómo
se crea algo. La Creación tuvo lugar sólo una vez en la historia del
mundo. Pero la Creación tiene su propia lógica, mientras que la
Evolución fortuita es matemáticamente imposible. Esto aunado al hecho
que la Evolución no tiene testigos, pues nada de esa índole ha
sucedido en la memoria de la Humanidad; y la evidencia de los fósiles
la contradice claramente (39-40). La Creación, sin embargo, tiene
testigos cuyo testimonio está respaldado por tradición histórica de la
máxima fiabilidad, como veremos más adelante (77, 87, 88, 95-137).
J —¿No podrían decir los evolucionistas que D–os dirigió el curso de
la Evolución, explicando de ese modo el milagro según el cual las
formas primitivas de vida pudieron evolucionar a formas más complejas?
S.—Ahora hemos regresado al punto de partida. Si los milagros de la
naturaleza han de atribuirse a D–os, ¿por qué extender estos milagros
a eones de tiempo en vez de los seis días de la Creación? Una vez que
admiten la presencia de un D–os Viviente, toda la estructura de la
Evolución se viene abajo. Su principal objetivo al crear esta teoría
fue la necesidad de evadir la presencia de D–os (68-70).
J. —¿A qué milagros de la naturaleza se refiere usted?
S —A la pata de una hormiga, al ojo y toda la naturaleza en general.
Si en un lugar desértico encuentras una piedra colocada sobre otras
dos, te inclinas a pensar que eso es obra de un ser inteligente. Pero
si encuentras cientos de rocas en la fila inferior y cada fila
sucesiva sobre de ella tiene una piedra menos, hasta que en la cima
está situada una sola piedra, sólo un demente admitiría la posibilidad
del azar. Aun así, todo en el Universo, orgánico e inorgánico es mucho
más complejo que un montón de piedras. Si se encontrara tan sólo una
simple hoja de árbol en el mundo, constituiría una prueba irrefutable
de una Inteligencia Infinita, debido a su maravillosa estructura
nerviosa, a los conductos que transportan el fluido portador de
materiales variados a través de miles de vías, además de sus
numerosos, diminutos pero maravillosamente eficientes laboratorios
químicos. Aquí hay más ingeniería que en una docena de puentes, y más
química que en todas las plantas Du Pont juntas. Y el mundo está lleno
de billones de objetos naturales de tal complejidad y diseño preciso.
Cada uno de estos objetos proclama en voz alta que una enorme
Inteligencia lo planeó. Si un frasco de tinta se vuelca
accidentalmente puede manchar y formar la forma imperfecta de una
letra. Pero si uno encuentra una palabra de cuatro letras: G A T O, se
convence que no fue resultado de un accidente; porque la forma de las
letras y su disposición indica plan y propósito. Pero no existe plan y
propósito sin inteligencia. La tinta y el papel carecen de
inteligencia, por lo tanto, el autor es una inteligencia externa. Pero
si en lugar de encontrar una palabra, encuentras toda una oración que
expresa una idea, sólo una mente deshonesta podría negar que es el
trabajo de un ser pensante. Un pelo de gato contiene mucho más
planeación ingeniosa que una página escrita. El pelo está arraigado en
un diminuto pozo de aceite, sus capas están arregladas simétricamente
de modo que van adelgazándose al acercarse al extremo, una verdadera
proeza de construcción y planeación intencionadas. Es de material
flexible, resguarda del frío y conserva el calor interno, se
autolubrica, puede renovarse desde la raíz, es resistente al agua,
protege a la piel contra golpes y desgaste y en muchos casos
proporciona una coloración protectora. Así, un solo pelo habla con
claridad inequívoca de la vasta Sabiduría que lo planeó. Entonces
¿cuántos ensayos o bibliotecas enteras de libros se expresan en el
animal como una unidad entera? Hasta el hombre ignorante se queda
atónito ante los milagros de la Sabiduría mostrados en cada ser
viviente. Los ojos del gato están diseñados especialmente para la
visión nocturna. Sus bigotes intensifican la función del olfato. Posee
filosas dagas de resistente queratina, que puede retraer y mantener
ocultas cuando no las necesita y para evitar que las pisadas del
animal sean escuchadas por su presa. Es obviamente un animal creado
con el propósito de destruir ratones. Es una criatura limpia que
ejecuta todas sus funciones corporales secretamente y limpia su pelaje
con la lengua, como es propio de un miembro de la casa.
J. —Si estas simples observaciones son tan impresionantes, entonces
los hombres que estudian las complicadas maravillas de la anatomía, la
neurología, la embriología y temas afines, deberían estar convencidos
de la presencia de la gran Inteligencia más allá de la mínima
posibilidad de azar.
S. —Sí, si buscaran la Verdad en lugar de seguridad y prestigio. Aun
una planta ordinaria como el diente de león es una biblioteca de plan
y propósito en química, ingeniería y logística. ¿Qué mente honesta
podría pensar que este gran compendio de sabiduría evolucionó por
casualidad aun dando un tiempo ilimitado? El pretexto deshonesto de
emplear eones para explicar los milagros de la naturaleza, no logra
nada, pues un billón de años vertiendo un tintero sobre una hoja de
papel en cualquier manera concebible no producirá jamás una sola
oración con un mensaje lógico. Consideremos superficialmente estos
dientes de león dispersos entre el pasto. No examinaremos por el
momento el maravilloso y complejo sistema de crecimiento de la planta
y los compactos y diminutos laboratorios de fotosíntesis tan complejos
y maravillosos, así como otros numerosos e intrincados procesos. Pero
observemos la sorprendente simetría de sus pétalos, cáliz y hojas, la
arquitectura del tallo con sus elevadores osmóticos los cuales suben
de la tierra el agua y los materiales disueltos en ella, para
distribuirlos entre las hojas y flores; de la capacidad de succión de
las raíces que filtran de la tierra sólo los materiales que la planta
necesita. Aquí hay una riqueza de ingeniería química, diseño
estructural, distribución y organización y dirección total. Es un gran
conjunto de fábricas y laboratorios, todos coordinados por un plan de
abastecimiento y comunicación, que trabajan en conjunto para lograr un
producto final. Observa los estambres cargados de polen, agrupados
estratégicamente en torno al centro en donde está guardado el dulce
néctar que atrae a las abejas. La abeja necesita del néctar y la flor
necesita de la abeja. La abeja entra en la flor para succionar el
néctar y desprende de su cuerpo y patas deliberadamente peludas, el
polen que ha transportado de alguna otra parte, sobre esa flor para
que pueda germinar. A su vez, los estambres de esta flor rocían su
polen sobre la abeja para que sean transportados a otra parte. Las
patas de los insectos poseen vellos y sacos para el polen,
específicamente para este propósito. Así germina el botón que cuando
se abre muestra una gran cantidad de pelusa que aparenta quedar
comprimida irremediablemente. ¿Quién pensaría que este bulto
enmarañado va a convertirse en un escuadrón de útiles paracaídas? Cada
semilla paracaídas consiste en alrededor de treinta delicadas pelusas,
que estuvieron enmarañadas y comprimidas en el botón, pero un
ingenioso sistema las hace crecer y desenmarañarse de modo que puedan
quedar con sus filamentos alargados en la plataforma de lanzamiento,
listas para despegar con un ligero viento. Cuando el diente de león se
encontraba en la etapa de flor, era una planta de tallo corto, pero
ahora, cuando está en forma de semilla y necesita del viento y estar
libre de obstrucción, el tallo crece tan alto que sus semillas se
encuentran por encima del pasto en las praderas. Estas delicadas
pelusas son de un material impermeable a la lluvia. El paracaídas está
listo para volar únicamente después que la semilla "pasajero" está
madura, pues una semilla inmadura nunca germinaría. Un instrumento de
tiempo maravilloso libera la semilla sólo cuando está madura; no está
demasiado floja pues entonces caería en la base de la planta en lugar
de ser transportada a un lugar lejano, pero a la vez no tan apretada
como para resistir el viento. Providencialmente, está detenida
exactamente lo suficiente para permanecer en su lugar hasta que venga
un viento ligero a desprenderla de la vaina. Cuando la semilla que lo
sujeta se desprende, el paracaídas despega y es transportado en el
aire, inclusive a cumbres de montañas alejadas a miles de millas. La
pequeña semilla pasajero cuelga en balance perfecto de su delicado
paracaídas. Como todas las semillas, está guardada en un fuerte
armazón protector para defenderse de las adversidades hasta llegar a
descansar en la tierra, donde se abre y empieza el proceso milagroso
de echar una pequeña raíz hacia abajo dentro de la tierra y alargando
un diminuto tallo hacia arriba dirigido al sol, no importando en que
posición inicial haya caído la semilla.
J. —Señor, estas son palabras muy poderosas en contra de cualquier
teoría de Evolución accidental. Pero seguramente nuestros oponentes
tienen algo que argumentar en su favor ya que no son tontos y son muy
numerosos.
S. —Millones de hombres han adorado piedras y ridiculizaron a nuestros
patriarcas quienes eran un grupo pequeño de disidentes. Aun hoy en
día, hay millones de idólatras. El error se difunde como si fuera una
infección y puede perdurar por miles de años. No olvides que millones
de hombres, incluyendo a los más letrados de todas las naciones, han
repetido las viejas mentiras (119-121; 320-4) inventadas por los
griegos en contra de nuestra nación; y estas mentiras han persistido
por miles de años. Pero en el tema de la Evolución, en verdad son
necios, pues niegan la evidencia que se les estrella en la cara. La
Verdad debe ser medida por sus propias dimensiones y no por el número
de personas que se oponen a ella. Han recurrido a un subterfugio
totalmente deshonesto para aminorar el impacto de la Verdad: pretender
que las maravillas intencionadas del universo se desarrollaron en un
período de varios millones de años. Esto es tan sólo una evasión de la
pregunta básica y no contesta nada. Dada cualquier cantidad de tiempo
¿podría derramarse un tintero y formar las letras de una página
escrita? ¿Puede acaso la materia, aun si se agita hacia arriba, hacia
abajo y hacia los lados, en un gigantesco tubo de ensayo por millones
de años, bajo todas las condiciones concebibles de temperatura y
presión, llegar a convertirse en un diente de león con néctar,
estambres, polen y semillas paracaídas o inclusive en una hoja de
árbol?
J. —Ahora entiendo qué es lo que usted quiso decir (6) al afirmar que
la Verdad está en todas partes, pero que pocos hombres son capaces de
verla.
S. —Continuando con la misma idea, el néctar sería inútil para la
abeja si ésta no pudiera transportarlo; es por esto que posee un saco
en el que carga el néctar hacia la colmena. Pero el néctar es una
sustancia ligera que se evapora y no puede almacenarse, por lo tanto
la abeja posee una minúscula fábrica en su cuerpo que produce una
enzima que inyecta al néctar y lo solidifica en forma de miel. Pero la
miel debe almacenarse adecuadamente para resistir y la abeja necesita
un lugar para mantener a sus pequeños. Para esto posee otro diminuto
laboratorio que produce cera. Sin embargo, como los animales gustan de
la miel y la colmena no estaría a salvo de sus depredadores, la abeja
está equipada con una ardiente espada para repeler a los invasores.
Otro pequeño laboratorio produce un veneno irritante que la abeja
inyecta en el cuerpo de su enemigo con su aguijón. Pero armada de tal
manera la abeja sería una amenaza para el mundo. Por esta razón su
aguijón tiene púas y no puede retirarlo y la abeja queda destripada.
Sólo puede picar una vez y muere. Solamente la abeja reina que debe
usar su aguijón repetidas veces para liberarse de las abejas
innecesarias, posee un aguijón sin púas.
J. —Entonces si la abeja reina tuviera un aguijón con púas no podría
funcionar, y sin las púas de su aguijón, las abejas serían una amenaza
para el mundo; sin el aguijón venenoso, la miel y la colmena no
estarían seguros; sin la cera y la miel, las abejas no podrían
sobrevivir; sin las enzimas, el néctar no se solidificaría en miel;
sin el saco, las abejas no podrían transportar la miel; sin el néctar
la flor no podría ser polinizada por la abeja; sin los estambres de
polen, la flor no podría germinar; sin los paracaídas las semillas no
se dispersarían; si los paracaídas permanecieran enmarañados como
cuando estaban en el botón, o si no fueran a prueba de agua, no
volarían; si la semilla madurara antes que el paracaídas, caería al
suelo en lugar de volar a otro sitio; si la semilla permaneciera
firmemente pegada a la vaina resistiría los esfuerzos del viento para
transportarla; si la semilla estuviera demasiado suelta, caería
inútilmente a la tierra antes que el viento pudiera transportarla.
S. —Bien dicho. Cada uno de estos componentes es esencial para el
resultado final. Si sólo faltara uno de ellos, el plan entero quedaría
frustrado. Y recuerda que aun todo esto es de aficionados y
extremadamente superficial. Cada una de estas partes posee por sí
misma cientos de maravillosos e intrincados componentes, cada uno de
los cuales a su vez tiene en sí mismo cientos de partes. Es una larga
cadena de plan y propósito infinitos, unidos de principio a fin, y
luego una vez más de fin a principio.
J. —¿Qué me dice acerca de los fósiles que los evolucionistas afirman
que son restos de hombres prehistóricos?
S. —No existe ninguno.
J. —¿Ninguno? ¿Habla en serio?
S. —Sin duda alguna, no existen. A pesar de los reportes
sensacionalistas de nuevos descubrimientos por todas partes que
invariablemente abundan en la prensa, no han encontrado un solo fósil
del "eslabón perdido". Ya sea que son 1) simios, o 2) humanos
ordinarios del tipo contemporáneo o 3) fraudes deliberados. El
"primate" fósil Proconsul Africanus que había sido descrito como
progenitor tanto de monos como de humanos, fue finalmente declarado en
una reunión del Congreso de Zoología en Londres (Revista Time, 28/jul./
58), ser nada más que un simio. Así una fábula largamente establecida
fue demolida finalmente, tras haber servido por años como una de las
"pruebas" de la Evolución. La prueba entera estaba basada en unos
cuantos huesos y no en un esqueleto completo. Pero cuando finalmente
encontraron la cabeza y antebrazo del Proconsul, revelaron que el
fósil pertenecía definitivamente a un mono. Otro caso: El hombre de
Neanderthal, un hombre encorvado similar a un mono, exhibido
permanentemente durante medio siglo en un museo, fue esclarecido en la
misma conferencia de Londres como un hombre moderno común y corriente
(Time, ibid.). La postura "encorvada con las rodillas dobladas", que
había parecido hasta ese día una posición similar a la de un simio,
fue declarada finalmente como el efecto de la vejez y la artritis. De
este modo, cualquier anciano de nuestros tiempos, encorvado por la
artritis y por el paso de los años, sería señalado por los
evolucionistas como el "eslabón perdido", especialmente si posara
desnudo, con un hacha de madera en una mano y con cabellos y barba
crecidos durante años para hacerlo parecer más auténtico.
J. —Entonces, esto es lo que finalmente se reveló después de cincuenta
años de mostrar estos fósiles como pruebas.
S. —En el mismo año (1911) del debut del Hombre de Neanderthal, se
anunció otro gran descubrimiento: el Hombre de Piltdown. Por cincuenta
años su retrato, dibujado como si en realidad hubiese sido
fotografiado mientras vivía, adornaba los libros de historia a pesar
de que el hallazgo consistía en nada más que una quijada y un diente.
Había réplicas de esta quijada en 300 museos alrededor del mundo para
la edificación del público. Finalmente (22/oct./53) se descubrió y
admitió públicamente que la quijada no era un fósil sino que
pertenecía a un mono que había muerto cincuenta años atrás, que el
diente había sido alisado con una lima para ayudar al engaño y que
todo había sido teñido químicamente para aparentar antigüedad.
J. —Entonces ésa es la basura con la que seducen a generaciones de
jóvenes para apartarlos de su creencia en la Divinidad del hombre.
Para la edificación de la juventud, los libros de texto escolares, así
como los periódicos populares siempre han estado llenos de fotografías
de esos míticos hombres "prehistóricos" pintados con tal realidad que
no dejan duda de su autenticidad.
S. —La refutación más obvia en contra de la teoría de la Evolucióndel
hombre es el hecho ineludible que en un mundo lleno de seres humanos
que son totalmente idénticos y pueden criarse juntos, no existe un
solo subhumano o superhumano, ni vivo ni en estado de fósil. ¿Dónde
están los cientos de variadas especies de subhumanos que no
evolucionaron en el hombre?, ¿Qué pasó con sus restos? Por todas
partes deberían hallarse sus huesos, pero no se ha encontrado ni uno
solo de estos legendarios "eslabones perdidos". Incluso si sus huesos
"pudieran" haber desaparecido sin dejar rastro alguno, sus
descendientes deberían encontrarse vivos por todo el mundo. Considera
el dilema de los evolucionistas: sería totalmente imposible, aun de
acuerdo a ellos, que dos diferentes especies hubieran evolucionado por
accidente en un hombre idéntico. No hay variaciones del hombre, pues
todas las razas del hombre son exactamente idénticas en todos los
órganos, funciones y estructura del cuerpo y todos pueden procrearse
juntos. Aun así, estos teóricos se ven forzados por su teoría a decir
que todas las "especies inferiores de hombres" desaparecieron sin
dejar huella, o que todas las "especies inferiores" se desarrollaron
accidentalmente de manera idéntica y evolucionaron en el mismísimo
Homo Sapiens: obviamente una afirmación imposible. De los millones de
hombres "prehistóricos" que supuestamente existieron, no se ha
descubierto ninguno ni vivo, ni muerto, mientras que sí se han
encontrado muchos cuerpos humanos ordinarios fosilizados.
J. —Eso es muy interesante, jamás se hace mención de los fósiles de
humanos normales en los libros y en los periódicos.
S. —La verdad es siempre menos interesante. Pero como lo admiten los
más honestos: "el eslabón perdido aún está por encontrarse", aunque lo
han buscado durante décadas por arriba y por abajo, en las cimas de
los Himalaya y en las cuevas Siberianas. Aunado a este insoluble
dilema, está el hecho que desde que la humanidad tiene memoria,
ninguna criatura viviente ha desarrollado algún órgano nuevo, aunque
esto debería suceder con bastante frecuencia de acuerdo a la teoría de
la mutación espontánea, o gradualmente según la antigua teoría de la
adaptación. No tienen en qué apoyarse.
J. —Su antigua teoría de la adaptación y desarrollo gradual cautivó a
muchos hombres por sus analogías sutiles.
S. —Demasiado sutiles, si el mundo hubiese sabido de antemano que
estas locuaces analogías serían rechazadas más tarde, la teoría de la
Evolución no hubiera ganado tal apoyo. Ellos sostenían que las cosas
vivientes adquirían nuevas formas en virtud del medio ambiente
cambiante. Cuando los peces se encontraban en mares poco profundos
donde sus aletas se volvían innecesarias, pasaron "el siguiente millón
de años" desarrollándolas en patas para reptar. Cuando la necesidad de
alimento y protección hizo necesaria la habilidad para volar entre las
copas de los árboles, las aletas del pez y las escamas del reptil
pasaron el siguiente millón de años evolucionando en alas y plumas.
Durante todos estos eones de cambio que ellos sugieren, las alas y las
plumas eran totalmente inútiles antes que pudieran volar. ¿Acaso
estaban las células de la piel y de los órganos dotadas de previsión y
paciencia como para afrontar procesos de cambio que les eran
totalmente inútiles e incluso desventajosos por un millón de años?
Esta fantástica teoría de la Evolución gradual era aceptada como una
verdad científica hasta hace tan sólo algunas décadas.
J. —¿Y ahora qué?
S. —Los defensores de la Evolución encontraron la teoría de evolución
gradual insostenible y encontraron una nueva doctrina con la cual
reforzar su titubeante ideología. Ésta es la teoría de la mutación
espontánea. Cierto, dijeron que no hubo un desarrollo gradual. ¿Pero
cómo se convirtió el pez en reptil, etc.? Su respuesta es que nuevas
formas fueron evolucionando por accidentes repentinos. En el curso de
millones de años, estos múltiples cambios coincidieron para mutar las
especies. Pero si pensaron mejorar su posición con esto, están
seriamente equivocados. Esta doctrina es tan fantástica como la de
Darwin. Pueden presentarse las mismas objeciones a ambas teorías:
¿Dónde están las diversas especies de humanos y subhumanos que
evolucionaron de acuerdo a su teoría, con el transcurso de los siglos?
¿Dónde hay hombres con colas, cuernos, pezuñas o alas, mujeres con
tres pechos o cualquiera de las múltiples variaciones que resultarían
del proceso evolutivo? ¿Qué accidente causó que todas las especies de
subhombres y sus fósiles desaparecieran? y más aún, la pregunta
infranqueable: ¿Es tal cadena de accidentes o mutaciones algo menos
que la más infundada fantasía? Solamente el oído, es un complejo de
factores coordinados que tornan ridícula cualquier explicación por
mutación espontánea. Situado estratégicamente en la parte superior de
la cabeza por ambos lados, con espirales y cavidades que recolectan
las ondas sonoras y canalizan el sonido hacia el tímpano. Esta
membrana con un grosor de tan sólo una décima parte de un milímetro,
está compuesta de tres capas. Está construida especialmente de tal
modo que no haya vibraciones posteriores que confundan el sonido. Un
ingenioso sistema de palancas de hueso conectadas al tímpano,
amplifican el sonido. Estas pequeñas palancas: el martillo, el yunque
y el estribo, están cada una hábil y eficientemente moldeadas para sus
diversas funciones. Transmiten los impulsos sonoros a la linfa en el
oído interno que a su vez, excitan impulsos nerviosos en 20 a 30 mil
células ciliadas del nervio auditivo. Para mantener la misma presión
del aire en ambas partes del tímpano, el oído interno está conectado a
la faringe por la trompa de Eustaquio y así admitir aire. La tasa de
probabilidad de una evolución accidental del más simple de estos
componentes va en contra de cualquier cálculo astronómico. Pero
considerando que los componentes del oído son cientos de miles y que
todos deben estar coordinados por un plan maestro, sólo un lunático
podría afirmar que esto es el resultado de numerosos accidentes.
J. —Yo mismo siempre presenté una objeción. ¿Cómo, de acuerdo a su
teoría, "evolucionó" la comida al mismo tiempo que "evolucionaron" los
animales? De acuerdo a ellos, ¿había manzanos en la "ciénaga
primitiva"? Ya que su respuesta es negativa, deben sostener que la
comida evolucionó independientemente en línea paralela con los
animales. El alga o célula fangosa original, como afirman, no
necesitaba manzanas, pero ya que proféticamente visualizaron el futuro
distante, algunas de las algas decidieron sacrificarse por el bien de
la futura humanidad (o del reino animal), y en lugar de evolucionar
ambiciosamente en el Hombre, siguieron el largo y altruista camino de
evolucionar en manzanas para alimentar al Hombre. Los evolucionistas
deben a su vez decir que estas generosas algas sabían que el Hombre
tendría dientes para masticar, pues de otro modo las manzanas serían
inútiles.
S. —A esto los evolucionistas contestarían que los dientes "se
desarrollaron" por las manzanas. Pero aun sin tu burla, ya es
suficientemente descabellada. |