la mano perdida, pag 10 a 11
Ben llamó al teléfono de las gemelas y estuvo hablando durante un rato
con Alice. Trató de expresarle algo sobre la idea de que "esta
primavera me tiene alterada la sangre. No puedo dormir bien por las
noches."
- ¿Padeces de alergia al polen?
- No. Desde que te vi el domingo pasado, no he conseguido dormir
bien.
- ¿Es que hay algo que te preocupe?
- Sí. Eres tú. No puedo concentrarme en mi trabajo.
- Lo siento. No es culpa mía.
- Sí que lo es. Eres muy guapa. Y al verte el otro día se me ha
despertado la fiera que tenía dentro.
- ¿Tienes una fiera dentro?
- Debe ser eso.
- Deberías ir a ver al médico.
- Estos trastornos no me los puede curar un médico.
- ¿Y cómo te los vas a curar?
- Tengo que casarme.
- Así, ¿por la buenas? ¿Ya has encontrado novia?
- Creo que he visto una; y promete mucho.
- ¿Es alguna que yo conozca?
- Creo que sí la conoces.
- ¡Ah! ¡Yo la conozco! Pues no caigo.
- Debe estar escuchando lo que digo al teléfono.
- ¿Está escuchando esta conversación al teléfono?
- Me parece que sí.
- ¿Es que está ahí contigo?
- No. Está ahí, en tu casa.
- Pero mi hermana no está en casa.
- Si no está tu hermana, piensa a ver quien puede estar escuchando lo
que digo al teléfono.
- ¿Soy yo?
- ¿Tú que crees?
Ella se echó a reír a carcajadas.
- No me lo puedo creer. - Dijo Alice.
- ¿Por qué? Todavía hay gente que se enamora a primera vista.
- ¿A primera vista?
- Sí. A primera vista.
- Pero ¿no temes cometer una equivocación?
- No sé. Me da a mí que esta vez no me voy a equivocar.
- ¿Es que te has equivocado alguna vez?
- Sí, claro. Hace un año que me divorcié.
- ¡Oh! Eres divorciado.
- ¿Eso cambia mucho las cosas?
- No lo sé. Depende.
- Claro. Depende. ¿Tú no has tenido novio?
- Si he tenido varios.
- No te casaste con ninguno de ellos.
- No. Siempre había algo que se interponía.
- Claro. Siempre hay algo que se atraviesa. Algo que te dice, con
este no.
- Sí, claro.
- Pero, no siempre está claro a la primera. Necesitas tiempo para
darte cuenta.
- Sí, claro. Hace falta tiempo para darse cuenta. No basta con que
el chico sea guapo y te guste. Hay más cosas.
- Esa es la idea que tengo. Una chica te gusta. Y necesitas casarte,
pero no te vale cualquier chica. Si valiera cualquier chica, nadie se
tendría que divorciar, o separar.
- Eso.
- Por eso... debemos conocernos mejor. Tú debes saber como soy, y yo
debo saber como eres.
- Claro para eso son los novios. Para conocerse.
- Esa es la idea.
En la oficina avisaron a Ben que se dejara de parloteos, que le
llamaba el jefe.
- Alice, querida, tengo que dejarte. El jefe me llama.
Antes de colgar quedaron para el sábado a las cinco de la tarde. En
la misma cafetería en que se conocieron.
Ben le informó de la conversación a Adam, y de que habían quedado para
verse a las cinco. |