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Antiguo 12-05-2008, 06:30:12
Anahís
 
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Predeterminado Re: El último cuentuzco.




Muy bueno , Pacoz, como todos tus cuentuzcos.
Es curioso que a pesar de las descripciones, sólo das breves pinceladas para
que el lector/a se dé cuenta y lo consigues. Incluso esas alusiones
históricas, soy muy mala en dicha materia, me atrajeron, claro está, hasta
ese intrigante final, ya que todo el rato estás pensando "¿se le aparecerá o
será una leyenda?
Y tú me sorprendes con un magnífico final que me parece abierto a una
continuación, pero ¿por qué se iba a romper el espejo por una mala noticia?
me pregunto. Y entonces tengo claro que el tal Guy Fawkes hizo de las suyas
y no era leyenda?
Pobre Krausse que no le dio tiempo a pedir auxilio.
El remate final me encantó tanto como todo el relato.
Besos empezando la semana
Anaís

--
“La razón mi vivir
mi corazón unido a ti.
Tu voz mi canción
mi corazón vive por ti”
Malagueña canaria

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"PacoZ" <fmhz***ciudad.com.ar> escribió en el mensaje
news:50cb4afa-a850-4e5c-8595-c8b528097acd***z72g2000hsb.googlegroups.com...
El espejo jacobino
(cuentuzco)

Agradeciendo a José Puentes, de
cuyo cuento "El espejo inglés"
partí para armar éste.

El 6 de abril de ese año había visto el espejo en una casa de
antigüedades cercana a la Iglesia de San Telmo -que no es ni santo ni
Telmo sino apenas Pedro González Telmo y en el mejor de los casos no
más que beato- y siendo falso el nombre de algo tan santo como una
Iglesia Néstor Krausse optó por no dar crédito a las aseveraciones del
anticuario respecto de las cualidades del espejo, vertidas por quien
acaso no fuera más que ropavejero vulgar e indocto, ascendido en la
escala comercial por la fuerza ciega del azar, no obstante lo cual
compró el elemento y, digamos a modo de superfluo colofón, que
atribuyó al espejo el carácter de “utensilio” a fin de no calificarlo
como “implemento”, por una mera resistencia a los anglicismos.

El espejo era una lámina de vidrio cuadrangular moderada por aristas
redondeadas, de un plateado algo desvaído tirando al ocre que le daba
un aspecto entre basto y antiguo que de cierta manera tornaba creíble
la pretensión del vendedor de que él (el espejo, no el vendedor) fuera
realmente un artículo de vieja y noble data, presumiblemente cortado,
azogado y enmarcado en tiempos de aquel infeliz Rey, contradictorio
hijo de María Estuardo, quien encontrando insuficiente ser Jacobo VI
de Escocia, no tuvo peor idea que devenir en Jacobo VI de Inglaterra
pasando por alto su Católica religión y. lo que es peor, la diversa de
sus súbitos protestantes.

Néstor, que sólo tenía estudios primarios cursados en tiempos en que
en Argentina la escuela era tenida como el soporte del conocimiento y
el conocimiento reputado base del futuro, se desenvolvía con decoro en
la vida pese a ignorar tanto la historia universal cuanto otras
disciplinas necesarias si no para descollar, al menos para no hacer
mal papel en sociedad, razón por la cual fijó menos su interés en las
cualidades atribuidas al espejo que en dos felices circunstancias; que
éste cupiera en la única pared disponible en su departamento y que su
tenencia le permitiera admirarse sin necesidad de ir hasta la vidriera
de la casa de artículos de limpieza ubicada al lado del edificio dónde
residía.

Ya instalado el espejo en el estar del departamento, una amiga
instruida en historia y en estilos de moblaje, elogió la pieza cuyo
espejo pivoteaba sobre dos patas con ornamentos laboriosamente
tallados que, según su decir, correspondían al estilo Jacobino, aserto
pronunciado antes de que ella descubriera, tallada en la madera que
apoyaba en el suelo, la constancia del origen y la antigüedad del
mueble -año 1606, Edimburgo, Escocia- detalle que impresionó vivamente
el ánimo de Néstor quien dio en imaginar las innúmeres caras que se
habrían reflejado en él a lo largo del tiempo.

Pasado el momento de tan inútil pensamiento Krausse recordó los dichos
del vendedor en el sentido de que el mueble había pertenecido a Jacobo
VI, Rey de Inglaterra quien lo recibiera el 31 de enero de 1606 por
cuenta de un noble avieso que le era adverso, que pretendía reprochar
a futuro la ejecución de Guy Fawkes, efectuada ese día por orden del
monarca, por haber pertenecido en calidad de mercenario al grupo que,
en la que se llamó “conspiración de la pólvora”, había intentado volar
el castillo donde residían el Rey y sus cortesanos.

Néstor Krausse quedó vivamente impresionado por los dichos del
vendedor que aseguraba que el espejo tenía la particularidad de que
cada 31 de enero, a la misma hora en que había ocurrido la ejecución
del desafortunado Hawkes, la imagen de éste aparecía en reemplazo de
la de aquél que atinara a mirarse en momento tan poco propicio,
detalle por el cual aquel estuvo, a partir del momento de la
adquisición del mueble, es decir desde el 6 de abril, pendiente de lo
que sucedería el 31 de enero del próximo año y, sobre todo, dispuesto
a sentarse en tal fecha frente al espejo para constatar si ocurría la
aparición aunque, digámoslo, con ánimo menos dispuesto a la
credibilidad que a constatar la falacia del conjuro.

Como la paciencia suele dar sus frutos el pasado 3l de enero Néstor
Krausse no concurrió a sus tareas habituales y se supone que estuvo
parado frente al espejo, acaso mirando de soslayo al televisor para
acortar la espera, presumiblemente impertérrito, de seguro intrigado,
sin duda tenso y encaprichado en comprobar cómo, en boca de un
anticuario demasiado ávido, la verdad sucumbe frente el interés.

No obstante que la posterior necroscopia permitió comprobar que
previamente había sufrido un ataque cardíaco, el cadáver del
desgraciado lucía con los ojos como saliéndose de sus órbitas, la
frente maltrecha, la yugular cortada, con existencia de profusión de
sangre, y el espejo roto y astillado, atravesado por la cabeza de
Krausse que en la mano mantenía el auricular del teléfono.

Se ignora si el occiso recibió una mala noticia telefónica o la
aparición del mercenario ejecutado en otra hora; de cualquier modo la
visita no podría calificarse como inesperada.

F.M.H., Beccar, 11-5-2008.


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