Finito, como para contarse después de misa Una señora fue un día a tener una charla con el cura de la iglesia
local.
- Padre -dijo ella-, tengo un problema. Mi marido se queda dormido
durante sus sermones. Es muy embarazoso. ¿Qué puedo hacer?
- Tengo una idea señora -contestó el cura-. Lleve siempre un alfiler
con usted. Yo, desde el púlpito, podré ver cuándo el su esposo se
queda dormido, y le haré un gesto cada vez que eso ocurra. Entonces,
cuando yo le indique, usted le da un pinchazo en la pierna con el
alfiler.
En la iglesia, el domingo siguiente, el esposo se volvio a dormir.
Notando esto, el sacerdote puso en marcha su plan.
- ¿Y quién hizo el máximo sacrificio por usted? - preguntó él,
haciendo una señal con la cabeza a la esposa.
- ¡JESUS! - gritó el esposo, cuando notó que su mujercita le había
pinchado con el alfiler en la pierna.
- Si, tiene usted razón, Don Chuletón - dijo el sacerdote.
Pero Don Chuletas, cabeceando, se duerme otra vez. Y una vez más el
cura lo notó.
- ¿Quién es su redentor? - preguntó él a la congregación, mientras
hacía una indicación a la esposa.
- ¡DIOS! - gritó el esposo, cuando notó que su mujer le daba otro
pinchazo con el afiler.
- Correcto otra vez - dijo el cura, sonriendo.
Pero al poco tiempo, Don Chuletón volvió a dormirse.
Sin embargo, esta vez el cura no se dió cuenta, y siguió con su sermón
normalmente, un sermón que se iba alargando cada vez más.
El sacerdote hacía de vez en cuando algunos movimientos que la señora
Chuletas confundía como señales, y cada vez que pasaba eso pinchaba a
su marido con el alfiler.
Finalmente, el cura preguntó:
- ¿Y qué le dijo Eva a Adán, después de que ella diera a luz a su hijo
número 99?
La esposa volvió a pinchar a su marido por enésima vez, y este,
verdaderamente harto, gritó:
- ¡SI ME VOLVES A TOCAR OTRA VEZ CON ESA MIERDA, TE LA PARTO A LA
MITAD Y TE LA CLAVO EN EL ORTO!
- AMÉN -respondió la congregación...
¡PLOP! |