Re: a/a ZephrynAVENTURAS DE TRES LUSOS Y TRES IMBÉCILES EN EL ÁFRICA AUSTRALIANA Joer, qué bueno.
Por mi, vale, pero hace falta la aprobación de "la camarilla". Ya te digo
algo.
On Sat, 25 Aug 2007 13:44:09 +0200, Ignacio <ignacioyegea***gmail.com> wrote:
> AVENTURAS DE TRES LUSOS Y TRES IMBÉCILES EN EL ÁFRICA AUSTRALIANA
>
> Capítulo Uno: La sombra verde del pasado.
>
> En abril de 18..., estando en mi residencia de Glen Clova, recibí
> carta de mi viejo amigo el profesor Hans Ferdinand Von Joda. Pese a su
> apellido de origen alemán, era este profesor excelente persona, y
> conservaba yo de él excelentes recuerdos de mi época como su pupilo en
> la Universidad de Coimbra, a la que yo había acudido una vez supe que
> allí podía convalidar la asignatura de Frenología y Raciología Exacta
> que llevaba arrastrando cuatro años en la Universidad de Glasgow y que
> se encaminaba ya a su ominosa última convocatoria, mientras él había
> llegado como refugiado político tras la breve y desigual guerra de
> anexión entre el Imperio Prusiano y el No Muy Gran Ducado de
> Hallstatt, contienda en la que mi sabio tutor había tenido singular
> papel apoyando a las fuerzas ducales con varias ingeniosas invenciones
> relativas al arte militar que fueron denunciadas por el bando
> contrario como incivilizadas e inmorales y rápidamente adoptadas por
> todos los principales ejércitos de Europa.
>
> Con singular emoción procedí a abrir el sobre en el que mi viejo y
> arrugado amigo se volvía a poner en contacto conmigo tras varios años
> de distanciamiento debidos a circunstancias de la vida y a un leve
> descuido por mi arte en la custodia de un importantísimo experimento
> que había resultado en la infortunada y casi completa destrucción del
> edificio de la Facultad de Química y en la extensión de una novedosa
> tintura indeleble y resistente al agua de un verde brillante y
> refulgente en la oscuridad por unas sesenta hectáreas del terreno que
> comprendía la bella ciudad portuguesa con todo lo que en ella había;
> calles, paredes, tejados, flores y arboledas, ciudadanos y visitantes,
> animales domésticos y salvajes, aves de paso, dos compañías completas
> del regimiento de Granaderos "Os mostachudos feroçes" con toda su
> impedimenta, y una legación diplomática piamontesa de regreso a su
> país desde Lisboa que se había detenido en una ladera del extrarradio
> a contemplar aquel fulgor verde que se extendía por el horizonte y que
> ellos tomaron por un hermoso y bien poco frecuente fenómeno
> atmosférico relacionado con la refracción del espectro solar.
>
> Sabía bien que el apacible y enfrascado sabio no me había de guardar
> rencor por aquel accidente, y que incluso podría estarme agradecido
> por haber asumido yo la plena responsabilidad de la catástrofe en una
> larga carta remitida al diario parisino "Le Chafardier Irredoutable"
> antes de encaminarme a uña de caballo hacia la frontera española, pero
> cierta aprensión por mi parte a posibles represalias me había
> encaminado desde entonces a una vida aventurera, primero en las Indias
> Occidentales, haciéndome pasar por un cirujano naval irlandés, luego
> en las islas de la Macaronesia bajo el disfraz de un importador de
> vinos yanki especializado en Madeira y Malvasía, y finalmente, por
> todas las espesuras del continente africano como el famoso Archibald
> Catapoom, el gran cazador y explorador blanco, vida de la que por fin
> me había retirado para llevar una apacible existencia en una botica
> rural heredad de mi familia desde hacía generaciones y sita en las
> hermosas tierras altas escocesas cuando me hubo llegado la noticia de
> que al fin había fallecido mi particular némesis, el incansable
> perseguidor que me había perseguido por medio mundo con el propósito
> de cobrarse mi vida en duelo, el Conde Giustinianno Fiesco Dil
> Tremolo, ex-embajador del Piamonte en Lisboa, conocido desde su
> juventud por todos como "Il Folgore", "El Rayo", por su rudo
> temperamento y su destreza con pistola y florete, y que desde el
> infortunado accidente de Coimbra era llamado "El Rayo Verde" si bien
> siempre a sus espaldas y a prudente distancia.
>
> ¿Qué querría decirme mi viejo amigo en aquella carta? Rasgada ya la
> envoltura exterior que contenía el texto, mis manos insinuaron un leve
> temblor, anticipando que, tal vez, aquella carta fuera el inicio de
> nuevas aventuras que mi naturaleza deseaba pero mi comodidad se había
> negado hasta ahora a admitir. La emoción se apoderó de mí hasta tal
> punto que a duras penas pude descorchar la botella de aguardiente
> escocés y falto, sin duda, de pulso para escanciar su ambarino
> contenido en una copa, procedí a sorber de ella por el gollete para
> infundirme valor ante lo que se avecinaba. La añoranza y el cariño
> casi filial hizo asomar a mis ojos una lágrima cuando identifiqué el
> inconfundible estilo epistolar del profesor, su elegante y firme letra
> casi perfectamente ilegible, tan indicadora de su superior intelecto,
> y sus frases largas y precisas, si bien de construcción algo peculiar:
>
> "Coimbra, 23 de febrero de 18...
>
> Mi querido muchacho
>
> Grande y descontenida emoción alegre por las noticias de tu regreso y
> de tu enemigo perseguidor con malas intenciones tuvo muerte he
> recibido me embarga. Tu existencia ahora luminosa y tranquila sin
> nubes pero tal vez no te satisfaga aparenta. Ciencia y exploración y
> aventura y de la Humanidad el progreso consideraciones son tuyas que
> yo desde antiguo conozco. Sabiendo, previendo, considerando esto yo,
> mis próximos proyectos como interesantes para ti juzgo. Gran viaje de
> objetivos científicos por el África Ecuatorial en cuya organización
> intervención mía se prepara. Corto de integrantes pero de medios
> abundantes adecuado experimentación de nuevos sistemas de locomoción
> de invención mía juzgo, necesario siendo colaborador buen conocedor
> ciencias químicas y físicas, antropológicas y mecánicas, obvio más,
> siendo experto en viajes por la selva y la caza, buena puntería
> conocimiento dialectos locales siendo tú adecuado para ello te
> propongo. Si asentimiento tuyo en puerto de Lisboa en fecha 3 de mayo
> de 18... ante pasarela del vapor "O terror dos fogoneiros" con pleno
> equipaje y armamento y atuendo tropical preséntate. Gloria
> imperecedera dietas pagas y viáticos posibles condecoraciones Corona
> Portuguesa al osado aguardan.
>
> Siempre tuyo
>
> Hr. Prfsr. MD. UCU. HPTTR. HTTP:/ Gfszr. Dkr. Hans Ferdinand Von Joda
>
> PD: Cazamariposas de buena malla calibre grande extra recomendable
> también sería"
>
> Miré el calendario sobre la repisa de la chimenea. Sólo cinco días me
> separaban de la fecha del 3 de mayo en la que el vapor zarparía, era
> de temer, sin mí, en busca del misterio y la aventura del África
> misteriosa; un viaje imposible desde la lejana Escocia incluso en
> estos tiempos de ferrocarriles que atraviesan las geografías a
> cuarenta y cincuenta kilómetros por hora. El despistado profesor había
> olvidado darme una dirección a la que telegrafiarle en Lisboa, y no me
> atrevía a enviar un telegrama en mi nombre a su despacho en la
> Universidad para que le fuera a su vez remitido a las señas que allí
> dejara: no quería llamar la atención sobre mí, pues era posible que no
> todo el mundo en Coimbra hubiera olvidado aquel incidente que, si
> alguna vez los proyectos de mi amigo inventor se llevaban a buen
> término y el hombre terminaba dominando el viaje por la alta
> atmósfera, harían de la ciudad episcopal portuguesa la primera obra
> del hombre perfectamente visible desde el espacio interterrestre,
> incluso en la mayor oscuridad nocturna.
>
> ¡Habría de renunciar a la aventura después de que aquella carta me
> hubiera puesto la miel en los labios! ¿O tal vez no? Me abalancé sobre
> la resma de periódicos viejos que aguardaban pacientemente junto al
> hogar para ser quemados en muy escocesa economía de combustible, con
> tanto ímpetu que a punto estuve de soltar la botella de aguardiente;
> en uno de los diarios matutinos tardé poco en encontrar una noticia
> que recordaba vagamente: se había abierto recientemente una línea
> directa de Glasgow a Londres, el célebre "Flying Scotchman", que
> cruzaba la isla de Norte a Sur en una tarde y una noche. Si al
> amanecer estaba en Paddington, tal vez podría cruzar el Canal antes de
> mediodía. Un día, o un día y medio tal vez, para cruzar Francia hasta
> los Pirineos, pues aunque poco sabía de los horarios de los
> ferrocarriles franceses, era bien conocida su fama de excelentes,
> especialmente entre los franceses lectores de este diario. Tal vez un
> milagro me permitiera cruzar la Península Ibérica en los dos días
> restantes. De todas formas, había de empezar cogiendo el tren en
> Glasgow, lo que me llevaría todo el día si salía a caballo en aquel
> mismo momento. Tenía que partir inmediatamente, sin recoger siquiera
> el cubierto del desayuno ni dejar una nota a la mujer que venía todas
> las tardes a arreglarme la casa; era, de todas formas, la señora
> McGillypolly una rústica analfabeta que bien podría tirarla al fuego
> sin identificarla por lo que era. Cuando pasara por la aldea, ya daría
> recado de mi partida al magistrado local, o en su defecto, al
> tabernero. Hice un ligero hatillo con el equipaje más básico y salí al
> galope, sabedor de que el tiempo apremiaba, con tanta prisa que
> incluso olvidé llevarme mi sombrero.
>
> Próximamente:
>
> Capítulo dos: Tres es compañía de las Indias Orientales.
>
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-- Francisco Villaespesa. |