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Antiguo 10-06-2008, 20:10:05
fran
 
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Predeterminado relato y curiosidad (Marco Denevi)

Es curioso lo que me pasa con Marco Denevi: es uno de mis cuentistas
preferidos y sin embargo no tengo ni he tenido jamás uno de sus libros en mi
biblioteca personal. Es más, jamás he visto un solo libro de Marco Denevi,
ni siquiera en librerías de viejo o bibliotecas públicas. Es bastante
conocida su novela Rosaura a las diez (que obviamente no he leído). Todo lo
que he leído son cuentos en internet y en antologías o ensayos literarios
(en concreto sobre el microrrelato).
Dejo uno de sus relatos. (Ojo a la última frase. En mi opinión permite hacer
dos lecturas del mismo cuento. No diré más).
Y una curiosidad: ¿alguien tiene algún libro de Denevi? (Tranquilos, es solo
curiosidad, no voy a pedírselo).

Por cierto (hablando del relato), desconocía las palabras "lavandina"
(resulta que es lejía para la ropa) y "acaroína" (que sigo sin saber qué
significa).
Saludos

Francisco Rodríguez Criado

Ciconia (Blog):
http://elperiodicoextremadura.com/co...z/default.aspx

Web de literatura:
http://www.rodriguezcriado.com/




Esquina peligrosa (Marco Denevi)


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El señor Epidídimus, el magnate de las finanzas, uno de los hombres más
ricos del mundo, sintió un día el vehemente deseo de visitar el barrio donde
había vivido cuando era niño y trabajaba como dependiente de almacén.

Le ordenó a su chofer que lo condujese hasta aquel barrio humilde y
remoto. Pero el barrio estaba tan cambiado que el señor Epidídimus no lo
reconoció. En lugar de calles de tierra había bulevares asfaltados, y las
míseras casitas de antaño habían sido reemplazadas por torres de
departamentos.

Al doblar una esquina vio el almacén, el mismo viejo y sombrío almacén
donde él había trabajado como dependiente cuando tenía doce años.

-Deténgase aquí -le dijo al chofer. Descendió del automóvil y entró en
el almacén. Todo se conservaba igual que en la época de su infancia: las
estanterías, la anticuada caja registradora, la balanza de pesas y,
alrededor, el mudo asedio de la mercadería.

El señor Epidídimus percibió el mismo olor de sesenta años atrás: un
olor picante y agridulce a jabón amarillo, a aserrín húmedo, a vinagre, a
aceitunas, a acaroína. El recuerdo de su niñez lo puso nostálgico. Se le
humedecieron los ojos. Le pareció que retrocedía en el tiempo.

Desde la penumbra del fondo le llegó la voz ruda del patrón:

-¿Estas son horas de venir? Te quedaste dormido, como siempre.

El señor Epidídimus tomó la canasta de mimbre, fue llenándola con
paquetes de azúcar, de yerba y de fideos, con frascos de mermelada y
botellas de lavandina, y salió a hacer el reparto.

La noche anterior había llovido y las calles de tierra estaban
convertidas en un lodazal.









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