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Antiguo 24-06-2008, 17:13:17
Jose Puentes
 
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Predeterminado Re: Noche de San Juan en Alfoz del Rey

Sapristi, ha escrito aquí:
>
>NOCHE DE SAN JUAN EN ALFOZ DEL REY
>Para Flantains.

----------------
Que bueno, sap.
Un saludo.
Jose Puentes.















>
>
>A todo aquel viajero que por vez primera llega a Alfoz del Rey siguiendo
>caminos equivocados -porque a Alfoz del Rey siempre se llega sin tener
>intención de hacerlo- le sorprende, aislado en el páramo, el alto farallón
>bajo el cual se organiza el caserío en una única calle. La visión de esta
>enorme pared de basalto en cuyas oquedades anidan buitres y cornejas llena
>de zozobra al viajero, tanto cuando la luna ilumina la roca negra haciendo
>lúgubre la noche, como cuando por el día el viento forma espirales de
>matojos y hojas secas que ascendiendo, vienen a chocar contra el acantilado
>en un oleaje al que se suma el polvo ardiente.
>
>La fila de chopos que bordea un arroyo exhausto, es el telón arbóreo que
>impide la visión del pueblo para el que llega por la carretera vecinal.
>Muchos conductores abandonan la autovía creyendo que tal carretera, que
>tiene más de camino de bestias que otra cosa, es un efectivo atajo hacia
>Minas de Villaralto, la cabeza de partido de la comarca. Pero comprenden lo
>equivocado de su decisión cuando comprueban que Alfoz no es sino un culo de
>saco sin conexión alguna con otra población. Muchos de estos viajeros
>emprenden entonces la vuelta tras tomar algunas fotos del farallón, pero
>otros, a pesar del gesto adusto de los alfoceños cuando son preguntados
>sobre cualquier particular del pueblo, aparcan el coche, se apean y
>emprenden una excursión que, en general, se hace cortísima en cuanto se ven
>atosigados por los perros asilvestrados que en manadas, se congregan en las
>afueras.
>
>A pesar de todo hay entusiastas a los que la presencia del farallón los
>sobrecoge y admira y proyectan pasar un fin de semana en Alfoz con candidez
>de turistas fervorosos del aire puro y las escaladas. Casi todos desisten
>cuando algún natural accede a responder a las preguntas e informa que en
>Alfoz del Rey no existe ningún establecimiento hotelero ni nada que se le
>parezca y que para pernoctar -los alfoceños no muestran hospitalidad alguna-
>hay que dirigirse a Minas y buscar allí la pensión "La Santanderina", donde
>por otra parte pueden encontrar postales del pueblo y llaveros que imitan
>garras de buitre en material plástico.
>
>Pero hay forasteros que no se avienen con esta información y siguen dando
>vueltas, y fotografiando, y hurgando, y acaban en el bar de Apolonio, un
>tabuco oscuro adosado al farallón, donde la cerveza, a pesar del frescor del
>almacén ganado a la piedra negra, siempre está caliente. En el bar, Felipe
>el Americano rasguea el banjo abollado que se trajo de Arkansas y cuenta
>anécdotas de cuando estuvo por allí trabajando. Son narraciones que detiene
>en seco en cuanto detecta la presencia de desconocidos y es entonces cuando
>une su mirada torva a la de los demás parroquianos que observan a los
>viajeros con saña. Pero sin ser bastante, hay tozudos que siguen con las
>preguntas, ajenos al aviso, y por congraciarse se interesan por los posibles
>productos típicos que llevar a sus ciudades, sin saber que nada en Alfoz del
>Rey destaca lo suficiente como para alcanzar la distinción de típico salvo
>unos melones, pequeños y desabridos, que en los pueblos de alrededor
>utilizan como símil de lo risible. Ser más tonto, más bobo, más sin gracia,
>que un melón de Alfoz, es lo que se suele decir en la comarca, algo que
>claro está, molesta mucho a los alfoceños.
>
>Para los más recalcitrantes con las preguntas, para las familias de turistas
>vencidas por la curiosidad, los habituales del tabuco utilizan un código
>interno y silente, compuesto sólo de miradas, con el que dan permiso a
>Apolonio para servir unas cervezas a los padres y unos refrescos a los
>nenes, tras lo que toda la familia forastera respira tranquila. Después,
>cabeceando y alzando las cejas, los visitantes se solidarizan con Apolonio
>cuando les cuenta el fastidio que representan los ecologistas de Minas, a
>los que culpan de que les hayan prohibido cazar buitres, una actividad
>tradicional con la que no hacían daño a nadie y que a falta de la cual, los
>festejos de San Juan se deslucen bastante, o puntualiza con cierto orgullo
>que el farallón mide casi trescientos metros de largo y se eleva hasta los
>setenta, aunque por el contrario, tal circunstancia natural impide que
>llegue a Alfoz la señal televisiva y que los teléfonos móviles tengan
>cobertura. En este punto de las confidencias y por lo general, Felipe el
>Americano rasguea su banjo y adapta al sonido chocante su voz cascajosa para
>improvisar ante los viajeros alguna antigua serranilla.
>
>Si vas a Alfoz, morena,
>recógete la falda que se te vuela.
>
>Morena, si vas a Alfoz,
>recógete la falda y el polisón.
>
>Estos detalles de cultura popular entusiasman a los visitantes que,
>incansables, hacen uso de nuevo de las cámaras fotográficas junto con
>peticiones de sonrisas y ordenan a Apolonio otras rondas de cerveza -que al
>final son muchas porque los precios no tienen competencia con los de la
>ciudad- y acomodan a los niños en unos taburetes para que devoren unos
>bocadillos de sardinas en aceite que prepara una viejecilla sarmentosa. Pero
>sobre el tipismo, las historias y los cantes, los forasteros se sienten
>afortunados al saber que su visita ha coincidido sin planearlo con la
>víspera de San Juan, la noche más esperada por todos los alfoceños, los
>mismos que van llenando el bar de forma atronadora, algo que si en principio
>resulta a los forasteros una muestra más de alegre folclorismo, al cabo de
>unas horas se convierte en molesto, sobre todo cuando la concurrida
>clientela comienza a tomarse unas confianzas que llegan a hacerse
>inadmisibles: obligan a beber a los visitantes la tela de saco licuada que
>es el vinazo de Apolonio, e incluso un grupo encabezado por Felipe el
>Americano rodea a la mujer para dar comienzo a unas atenciones que en pocos
>minutos se convierten en tocamientos y restriegues que la alarman, aunque el
>marido toma aquella turbamulta por un nuevo y extraño baile que añade aún
>más preocupación al haber sido informado por cualquier lugareño que el
>farallón que marca el devenir del pueblo y las vidas de sus habitantes, se
>conoce como El Despeñadero; y es de esta manera, con el miedo recién nacido,
>cuando se explica el porqué del montón de coches quemados, hechos chatarra y
>tomados de óxido que se sitúa al pie del precipicio junto a huesos
>igualmente calcinados que creían restos de las presas de los buitres. Así
>que para cuando los sacan al exterior tras el encierro en el almacén ya arde
>la hoguera en la noche esperada, aterrando el chisporroteo ascendente a las
>alimañas voladoras, y cuando los introducen a todos en su propia
>autocaravana para comenzar la subida por el camino practicable del norte,
>los niños, divertidos pese a todo, dicen tener mucha sed por culpa de los
>bocadillos de sardinas.
>
>Fin.
>
>
>:-)
>
>(Felicidades a Juan, a Joan, a Xan, a Jon, a John, a Iván, a Johann, a Ian,
>a Johannes, a Giovanni, a Joao, a Hans, a Jean, etc. y su correspondencia
>femenina.)
>
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