Re: El factor X de los judíos. Excelente
tex.
..
"libera" <adonay1hay***gmail.com> escribió en el mensaje
news:1bd64636-63b6-4246-a616-a408e0153ded***k13g2000hse.googlegroups.com...
50 años de petróleo y recursos ilimitados, decenas de países y
millones de personas, no han dado un solo premio Nobel al mundo. 50
años de Israel, con escasa población y recursos limitados, han dado
más de una decena.
Tranquilos, todos quietos. Que no se asuste Maruja Torres ni toda la
corte de martillos de herejes israelíes que habitan por las esquinas
del dogmatismo progre. Este artículo no va de Oriente Próximo, quizá
porque el verano, a pesar de sus negras noticias, se resiste a
abandonar las buenas intenciones. Además, la persistente lógica
perversa de la maldad terrorista cae por su propio peso, más allá de
los intentos que algunos tienen de demonizar todo lo que huele a
occidental, y perdonar paternalmente lo que se cuece en las montañas
donde cabalgan los nuevos Almanzor. En todo este denso y complejo
conflicto entre una ideología nihilista totalitaria, con vocación
imperial, y el código ético-político de la modernidad, los hay que son
tan antioccidentales, que acaban siendo antimodernos. Y por modernidad
entiendo los valores históricos que han cuajado en un modelo de
sociedad libre. Por decirlo con un símil de propia cosecha que me
resulta simpático: los hay que ven a un cura católico y les sale un
sarpullido, pero ven a un imán en las montañas del Líbano, y tienen un
orgasmo. Imagínense la histeria si ven a un rabino...
Decía que el artículo iba de otra cosa. El pasado jueves, en ese
edificio mágico de Puig i Cadafalch que hoy alberga la Casa Asia,
vivimos una extraña y feliz tarde de verano. El profesor de ciencia
política Xavier Torrens y Jaime Huberman, portavoz de la comunidad
judía Bet Shalom de Cataluña, nos invitaron a reflexionar sobre el
"factor X de los judíos", quizá inspirados por ese estimulante
programa musical que triunfa en Cuatro. ¿Qué factor cultural,
religioso, histórico, incluso hasta genético podría explicar las
sorprendentes cifras que rodean a los innumerables escritores,
pensadores, directores de cine, músicos, creadores de todo tipo que
han surgido del pueblo judío? Que un grupo humano que representa menos
del 0,2% de la población mundial haya dado a la humanidad más del 20%
de los premios Nobel, entre ellos algunos de los últimos, está fuera
de toda estadística y, seguramente, de toda lógica. Claves en la
literatura mundial, con algunos hitos en el siglo XX que marcaron a
fuego a generaciones enteras -con Marcel Proust a la cabeza-, también
ha sido la aportación judía la que ha sentado las bases del
pensamiento moderno. El chiste lo resume de forma magnífica: un día,
un judío se subió a la montaña y, al bajar, aseguró: "Dios es la
verdad, y la verdad está en la ley". Se llamaba Moisés. Siglos
después, otro judío aseveró: "La verdad es Dios, y Dios es amor". Se
llamaba Jesús. Luego apareció otro que, sin amor divino, aseguró que
la verdad era el dinero. Era un tal Karl Marx. Después llegó Freud y
situó la verdad algo más abajo del bolsillo, en la zona crucial de la
entrepierna. Y, para acabar el círculo, apareció el judío Einstein y
lo barrió todo: "La verdad es relativa". Nada de la filosofía, la
matemática, la física, la medicina, la literatura, la música, nada
relevante en el terreno del pensamiento, la ciencia y la creación se
puede explicar sin la extraordinaria aportación del pueblo judío. Y
siempre fueron muy pocos. Y siempre fueron perseguidos como ratas.
¿Factor X? Ahí estuvimos, en una sala repleta, con gentes por pasillos
y suelos improvisados como sillas, intentando dar respuesta a un
particular enigma. El historiador Joan Culla analizó la aportación
política, Xavier Torrens se atrevió con la creatividad, Vicenç
Villatoro con la literatura, yo apuré algunas ideas sobre la
aportación al pensamiento, el rabino Ariel Edery lidió con la
superación en la adversidad y, con la ayuda de Jaime Huberman, que nos
acogió en ese espacio de libertad y cultura que es la gente de Bet
Shalom, salieron algunas ideas presentables. Este es el aperitivo de
una reflexión colectiva apasionante y, seguramente, imposible. El
factor no es genético. En el pueblo judío hay de todo, como en todas
las boticas, desde cerebros brillantes a gente de limitada ambición
mental, aunque el porcentaje de genios está fuera de toda curva
estadística. El factor no es religioso, ya que parece que los dioses
sólo iluminan los caminos cuando uno enciende las velas. Tampoco
parece un factor histórico, aunque la pesada carga de su pesante
historia ha conformado un instinto sobrenatural de superación. Xavier
Torrens habló del valor del estudio, no en vano los judíos fueron,
durante siglos, el único pueblo de nuestra cultura que estaba
alfabetizado. Pero también estudian los fundamentalistas del Pakistán,
de manera que el factor diferencial no es estudiar, sino lo que se
estudia... Personalmente, situé la cuestión en la singular cultura
libertaria y antidogmática de un pueblo que incluso discute con su
propio Dios, pueblo del libro, vinculado a la palabra y a la
reflexión. Fueron ellos quienes, hace miles de años, escribieron un
código de leyes que aún marca las pautas actuales de la convivencia. Y
fue el rabino Edery quien selló la reflexión. Quizá el factor X es la
vida judía, el conjunto de valores que marcan su complejo entramado
cultural, en los cuales, la veneración por la vida, la superación
individual y el compromiso con la cultura han sido su hecho
diferencial durante siglos. Desde luego, no es baladí el esfuerzo
económico que Israel dedica a la investigación científica y médica -en
un país que se ve obligado a dedicar el 60% de sus recursos a
defensa-, pero ello sólo explicaría el fenómeno en las últimas
décadas. Aunque quede este dato para contrarrestar algunos odios: 50
años de petróleo y recursos ilimitados, decenas de países y millones
de personas, no han dado un solo premio Nobel al mundo. 50 años de
Israel, con escasa población y recursos limitados, han dado más de una
decena.
Este artículo no pretende responder al enigma, pero me pareció
interesante plantearlo, inspirada por esa feliz tarde de verano. Y no
tanto para animar a buscar respuestas, como para recordar que cuando
hablamos de los judíos, hablamos de cultura, de pensamiento, de
ciencia. Ningún pueblo ha aportado tanto siendo tan pequeño. Sin
embargo, lo mayoritario no es el agradecimiento. Lo mayoritario es
repetir, machaconamente, las maldades del prejuicio y el desprecio.
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Pilar Rahola
El País. Madrid.
07/07/2007 |