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Antiguo 08-01-2009, 09:10:50
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Predeterminado El microrrelato según Javier Marías



Publicado, hoy, en el diario digital Extremadura 24 horas.
Saludos



EL MICRORRELATO SEGÚN JAVIER MARÍAS


Francisco Rodríguez Criado



Resulta paradójico que en ocasiones las voces más críticas ante las nuevas
expresiones artísticas procedan de quienes dicen defender la cultura.

Entraré en materia: el diario El País publicó el 25 de mayo de 2007 un
artículo de Javier Marías titulado, en homenaje a Antonio Machado, "O que yo
pueda asesinar un día en mi alma", en el que el famoso escritor se quejaba
de la sobreexplotación en diarios, revistas, canales de televisión,
etcétera, de citas literarias, piezas musicales, fragmentos de diálogos de
películas -aquí iría otro etcétera- harto populares con que el ciudadano es
bombardeado una y otra vez en detrimento de guiños culturales menos manidos.
Y para redondear su letanía de quejas dejaba una perla sobre el microrrelato
en el primer párrafo de su texto, que reproduzco literalmente:



"No digamos ya con los textos inanes que sin embargo hacen fortuna, como el
ya insoportable cuentecillo del dinosaurio de Monterroso, que encima ha dado
lugar a toda una corriente imitativa aún más insoportable, la de los
llamados "microrrelatos" o algo así, con los que muchos escritores chistosos
se sienten ufanos y cómodos".



Me consta que esta referencia despectiva hacia el género del microrrelato no
ha calado bien en los escritores que lo cultivan, ya sean profesionales o
aficionados, y tampoco en los críticos que dedican su tiempo y esfuerzo a
reformular las coordenadas de esta joven modalidad de narrativa breve. Lo
entiendo perfectamente: la colleja "escritores chistosos" unido al capón "se
sienten ufanos y cómodos" escuece demasiado a estos cultores del
microrrelato, que por motivos innecesarios de explicar aspiran a ser tenidos
en mejor consideración.

Va siendo hora de confesar, yo mismo autor de microrrelatos, que el artículo
de marras no ha conseguido molestarme, y si me apuran hasta percibo como
positivo que un escritor de éxito como Marías se digne citar en un medio de
gran difusión a ese pariente pobre de la literatura moderna que es el
microrrelato, aunque sea para derrochar mala tinta contra él. (Qué remedio:
al perro flaco todo se le vuelven pulgas). Y diré más en sintonía con
Marías: soy de la opinión de que el microrrelato se está convirtiendo con
demasiada frecuencia en una herramienta dañina en mano de "escritores
chistosos" (yo incluso eliminaría la palabra "escritores") sin más armas
narrativas que el elemento humorístico y que, peor aún, escriben en contra
de la tradición cuentística precisamente porque no han tenido a bien
estudiarla.

¿Alguna otra confesión? Sí. He sido uno de esos -como muchos otros- que en
alguna ocasión ha rescatado al todoterreno dinosaurio de Augusto Monterroso
("Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí") para rematar una
corrida narrativa. En mi caso, lo hice más como homenaje a Monterroso,
maestro indiscutible en las distancias cortas, que al citado cuento, en mi
opinión sobrevalorado. Además, creo que adentrarse en el género del
microrrelato por la puerta del dinosaurio es desaconsejable, porque incita a
la confusión y puede defraudar a potenciales lectores.

Y hasta aquí mi empatía con el artículo de Javier Marías.

Llega pues la hora de las discrepancias. Y es que, aun coincidiendo en parte
con lo que el escritor madrileño ha escrito sobre el microrrelato, me siento
en la obligación de afearle lo que no ha escrito sobre él. Mucho me temo que
tampoco estaba en disposición de hacerlo. Hablamos de un género casi de
nuevo cuño (al menos en España) que, intuyo, es más o menos desconocido para
Marías, quien además se atreve a despreciarlo desde el momento en que lo
cita. Recordemos sus palabras: "el micorrelato, o algo así". Es como si
dijéramos que lo que escribe Marías son "novelas, o algo así".

En fin, el articulista de El País podría haber escrito muchas cosas sobre el
microrrelato. Por ejemplo: que, más allá del trillado dinosaurio, Monterroso
es autor de numerosas piezas magistrales, brevísimas, merecedoras de un
hueco de honor en los anales de la literatura del siglo XX. Podría haber
escrito que hay microrrelatos donde la gracia no aparece (leer los de Itsván
Örkeny sobre los campos de concentración: "In memoriam doctor K.H.G" y
"Hogar", por ejemplo); piezas de Eduardo Galeano sobre la pobreza y la
soledad ("Nochebuena"); efusiones mito-eróticas de Marco Denevi (El jardín
de las delicias); reescrituras históricas (Falsificaciones, también de
Denevi); lecciones espirituales del rabino Nachman de Bratislava o de Khalil
Gibran; prosas filosóficas de Eugenio D´Ors (Cuentos filosóficos); juegos
surrealistas de Slavomir Mrozek; o los laberintos atigrados y meditativos de
Borges. Y, sin salir de nuestro país, algo podría decirse sobre los
sarcásticos crímenes ejemplares de Max Aub, la mirada desenfocada a la
realidad de Quim Monzó, la indagación metaliteraria de José María Merino o
los articuentos de Juan José Millás en los que el también columnista de El
País funde periodismo (artículo) y narración (cuento) con objeto de
desacralizar los fantasmas del día a día. Por no hablar de los microrrelatos
de gran calidad y temática diversa que ahora mismo, mientras garabateo estas
líneas, estarán escribiendo artistas de la pluma que trabajan desde el
anonimato. Posiblemente alguno de ellos viva incluso en el mismo barrio que
Marías.

(¿Habré de seguir despejando el terreno?).

En el microrrelato hay vida, mucha vida, más allá de su carácter risógeno,
que lo tiene (por suerte). Los que asocian el microrrelato como subsidiario
del humor -cuando no de su hermano bastardo el chiste-, tomando así el todo
por la parte, son precisamente aquellos que desconocen las variantes de este
género breve, sus matices, sus tonalidades, sus diversos objetivos, su razón
de ser. En resumen: desconocen la grandeza de su pequeñez. Estos lectores,
por desconocimiento, vienen a ser como esos turistas apasionados de lo
cultural pero apáticos ante la verdadera cultura, esos que asocian al
español con los toros y las sevillanas y nunca han leído a Galdós ni han
analizado un cuadro de Goya, y ni ganas que tienen de hacerlo.

Si algo debemos echarle en cara a Javier Marías no es que arremetiera contra
el género del microrrelato (el crecimiento de los géneros literarios, como
el del ser humano, no se entendería sin ciertos reproches), sino que lo
hiciera como uno de estos turistas, frívolos cazadores de souvenirs, que
disparan sus cámaras fotográficas sin bajarse del autobús.

Pero no hagamos drama. Ningún género resulta herido -ni siquiera levemente-
cuando quien trata de hacerlo, por muy ilustre que sea -o crea serlo-,
dispara con balas de fogueo.


Francisco Rodríguez Criado es escritor y profesor de talleres de escritura
creativa

Web: www.rodriguezcriado.com

Blog:
http://www.elperiodicoextremadura.co...z/default.aspx






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Saludos
Francisco Rodríguez Criado

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