Ver Mensaje Individual
  #1 (permalink)  
Antiguo 20-03-2008, 15:34:14
Tony _Jobim Brazil
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Un poco de Proust

Los Placeres y los Días (Marcel Proust)

Fragmentos de Comedia Italiana,
XI. ESCENARIO

Honorio está sentado en su habitación. Se levanta y se mira en el
espejo:

Su corbata. - Van muchas veces que cargas de languidez y que ablandas
soñadoramente mi nudo expresivo y algo deshecho. Estás, por lo tanto,
enamorado, querido amigo; ¿pero, por qué estás triste?

Su pluma. - Sí, ¿por qué estás triste? Desde hace una semana, me
agotas, amo mío, y sin embargo, he cambiado bastante el tipo de mi
vida. Yo que parecía dedicada a tareas más gloriosas, creo que ya no
escribiré más que cartas galantes a juzgar por ese papel de cartas que
acabas de encargar. Pero esas cartas galantes serán tristes, como me
lo presagian las desesperaciones nerviosas en las que me sorprendes y
me descansas de golpe. Estás enamorado, querido amigo, ¿pero por qué
estás triste?

Rosas, orquídeas, hortensias, cabellos de Venus; aguileñas, que llenan
el cuarto. - Nos has amado siempre, pero nunca nos llamaste a tantos a
un tiempo para encantarte con nuestras posturas altivas y delicadas,
nuestro gesto elocuente y la voz conmovedora de nuestros perfumes.
Verdad es que lo presentamos las frescas gracias de la bienamada.
Estás enamorado, ¿pero por qué estás triste?

Libros. - Siempre fuimos tus prudentes consejeros, siempre
interrogados, siempre desoídos. Pero si no lo hemos hecho obrar, lo
hicimos comprender; corriste asimismo a la derrota, pero por lo menos
no has combatido en la sombra y como en una pesadilla: no nos apartes
como a viejos maestros que uno ya no quiere. Nos has tenido en tus
manos infantiles. Tus ojos aún puros se asombraron al contemplarnos.
Si nos amas por nosotros mismos, ámanos por todo lo que recordamos,
por todo lo que has sido y por todo lo que podías haber sido. Haberlo
podido ser, ¿no es ya un poco, mientras pensabas en ello, haberlo
sido? Ven a oír nuestra voz familiar y sermoneadora; no lo hablaremos
porque estás enamorado, pero si porque estás triste y si nuestro niño
se desespera y llora, le contaremos cuentos, lo arrullaremos como
antaño cuando la voz de su madre prestaba a nuestras palabras su dulce
autoridad, frente al fuego que ardía con todas sus chispas, con todas
tus esperanzas y todos tus sueños.

Honorio. - Estoy enamorado de ella y creo que me amará. Pero mi
corazón me dice que yo, que fui tan tornadizo, estaré siempre
enamorado de ella y mi buena hada sabe que sólo me amará un urea. He
aquí por qué, antes de entrar en el paraíso de esas alegrías breves,
me detengo en el umbral para enjugarme los ojos.

Su buena hada. - Querido amigo, vengo del cielo a traerte la gracia, y
la felicidad dependerá de ti. Si durante un mes, a riesgo de echar a
perder con tantos artificios las alegrías que te prometías con los
comienzos de ese amor, desdeñas a la que amas, si sabes practicar la
coquetería y afectar la indiferencia, no llegas a la cita que
conciertas y apartas tus labios de su pecho que lo ofrecerá como un
manojo de rosas, vuestro amor fiel y compartido se edificará para la
eternidad sobre la base incorruptible de la paciencia.

Honorio (Saltando de alegría). - Mi buena hada, te adoro y te
obedeceré.

El pequeño péndulo de Sajonia. - Tu amiga es inexacta, mi aguja ha ido
más allá del minuto en que la soñabas desde tanto tiempo atrás, y en
que debía llegar la bienamada. Mucho temo tener que ritmar aún
bastante tiempo con mi tictac monótono la espera melancólica y
voluptuosa; a pesar de conocer el tiempo, nada comprendo de la vida;
las horas tristes ocupan el lugar de los minutos alegres, se confunden
dentro de mí como abejas en
una colmena...
La campanilla se hace oír; un sirviente va a abrir la puerta.

La buena hada. - Piensa en obedecerme y que de ello depende la
eternidad de mi amor.

El péndulo late febrilmente, se inquietan los perfumes de las rosas y
las orquídeas atormentadas se inclinan ansiosamente hacia Honorio; una
parece mala. Su pluma inerte lo contempla con la tristeza de no poder
moverse. Los libros no interrumpen su grave murmullo. Todo le dice:
"Obedece al hada y piensa que de ello depende la eternidad de tu
amor. . ."

Honorio (sin vacilar). - Pero si obedeceré, ¿cómo podéis dudar de mí?

Entra la bienamada; las rosas, las orquídeas, el péndulo de Sajonia,
Honorio jadeante, vibran como una armonía suya.

Honorio se precipita sobre su boca, exclamando <<Te amo...>>.

Epílogo. - Y fue como si hubiese soplado sobre la llama del deseo de
la bienamada. Fingiendo estar ofendida por la inconveniencia de ese
proceder, huyó y sólo volvió a verla torturándolo con una mirada
indiferente y severa.
Responder Con Cita