Sobre Orígenes. Orígenes fué un hombre sabio y consecuente. Tan entero con sus creencias, que
en plena juventud se castró a sí mismo, siguiendo el pasaje de Mateo 19,12...
"Hay quienes se han hecho eunucos a sí mismos por amor del reino de los cie
los". Este hecho, ya da cabal idea de como se tomaba la cosas el hombre.
Vivió en Alejandría y fué contemporáneo de Plotino, y también su condiscípulo
ante las enseñanzas de Ammonio Saccas, al que algunos autores reputan como
el primer neoplatónico. Y la verdad es que las doctrinas de Orígenes y Ploti
no tienen muchas similitudes. Bastantes más de las que la ortodoxia aconsejaba.
Orígenes fué un brillante polemista, faceta que acreditó en su obra "Contra
Celso"-autor pagano que tiraba a la barra a fondo contra los cristianos...
"Contra el Cristianismo"-al que refutó en todos los puntos expuestos en la ci
tada obra.
Su doctrina se especifica así: Dice que no hay nada incorpóreo, salvo Dios, Pa
dre, Hijo y Espíritu Santo. Afirma que las estrellas son seres vivos raciona
les a los que dios ha dado almas que existían. Supone que el sol puede pecar.
Opina que las almas vienen a los hombres después de nacer, desde cualquier par
te, porque han existido siempre desde la Creación. Casi igual que Plotino, ha
ce distinción entre "nous" y alma; afirma que cuando el "nous" decae se convier
te en alma, y que cuando el alma se purifica y se hace virtuosa se transforma
en "nous". Cree que todos los espíritus llegarán, en algún momento, a estar so
metidos a Jesucristo, y que incluso el Diablo se salvará al final.
Inicialmente, Orígenes fué considerado Padre de la Iglesia; sin embargo, al fi
nal fué condenado por sostener cuatro herejías...
1- La preexistencia del alma, enseñada por Platón.
2- Que la naturaleza humana de Cristo, y no solo la divina, existió antes de la
Encarnación.
3- Que en la resurrección los cuerpos serán tranformados en cuerpos absolutamen
te etéreos.
4- Que todos los hombres, e incluso los demonios, serán salvados al final.
Pero a pesar de su condena, Orígenes sigue influyendo en cierta forma de pensar
actual. En el Libro VIII, capítulo LXXV de la citada obra, sentencia que los
cristianos no tomarán parte en la gobernación del Estado, sino únicamente en la
"nación divina". Este argumento, lo repite San Agustín en la "Ciudad de Dios".
Y es el motivo por el cual mucha gente de fe, cree hoy día que la política es
mundana e indigna de los hombres creyentes y santos. Este criterio se ha visto
reforzado además, por la pretensión-incierta a todas luces-de aquellos que afir
man que la Iglesia "no se mete en política". ¡Carallo, si se llega a meter! Di
cho sea con todo el respeto del mundo hacia quien sostenga contraria opinión. |