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Predeterminado ¿Qué piensa el Ejército?



¿Qué piensa el Ejército?

***Esteban Hernández.- - 09/01/2008


Sabemos muy poco de lo que piensan las Fuerzas Armadas. En gran medida,
porque su papel institucional obliga a un perfil bajo en lo que se
refiere a presencia pública. Pero también porque apenas existen estudios
que investiguen cuáles son las ideas que se manejan entre los militares,
cómo observan los asuntos colectivos y cuáles son las formas de pensar
predominantes. Rafael Martínez, catedrático de Ciencia Política de la
Universidad de Barcelona y experto en seguridad, es parte del equipo que
inició en 1997 el estudio El ejército español ante el siglo XXI. Una de
sus líneas de investigación, la referida a los perfiles de los alumnos de
los centros de formación, ha dado lugar a Los mandos de las Fuerzas
Armadas españolas del siglo XXI (Ed. Centro de Investigaciones
Sociológicas), un texto en el que recoge quiénes son, qué les motiva y de
dónde vienen los jóvenes españoles que están formándose como militares.
En definitiva, en él se contiene un retrato de cómo serán los ejércitos
del futuro inmediato.

Y según la investigación referida, no podemos hablar de que las Fuerzas
Armadas sean muy diferentes de las de otros países de nuestro entorno.
“Los militares – asegura Martínez - suelen ser conservadores (salvo los
polacos, que son de izquierdas), nacionalistas y altamente corporativos.
Difícilmente aceptan especialistas de fuera, por eso tienen dificultades
para colaborar con las ONGs. Y a esas características responde también el
ejército español”.

Aunque también deben establecerse diferencias, ya que las Fuerzas Armadas
no son un todo uniforme. Así, “el ejército del Aire es casi progresista.
Es más moderno e individualista, quizá porque algunos de sus miembros
piensan en un futuro pilotando para empresas privadas. La Armada es más
tradicional, en el sentido de que tiene relaciones más jerárquicas,
preserva las tradiciones, las tiene a gala y las respeta con buen
criterio. En el de Tierra hay de todo, es menos dinámico. Allí es donde
aparece un grupúsculo con todas las cualidades peyorativas que podemos
atribuir a la extrema derecha. Pero, eso sí, son un grupo minoritario”.
Quizá la mayor divergencia que pueda anotarse respecto de las tendencias
sociales se refiere a la pena de muerte, más aceptada entre los
militares. Pero Rafael Martínez insiste en que tampoco se trata de una
separación radical. “Si se pregunta a la sociedad si quiere la pena de
muerte, contestará que no. Pero si la pena capital es para delitos de
terrorismo, la respuesta no sería tan distinta. Y hay que tener en cuenta
que los militares son un grupo de los más castigados por los
terroristas”.

También hay diferencias si nos fijamos en el escalafón, según Martínez.
“Los suboficiales tienen las mismas características que el resto de la
sociedad española. Pero los oficiales sí tienen una forma de pensar
particular, en la misma medida en que un abogado, un médico o un
deportista tienen maneras diferentes de ver la vida”. Y en las edades más
jóvenes, las encuestas subrayan que apenas hay separación entre sociedad
y ejército: ambos comparten visión del mundo. Donde difieren es en los
valores que pretenden. La solidaridad, el compañerismo y la lealtad
apenas son apreciados en mundo donde prima el individualismo y, sin
embargo, son valores esenciales en el ejército. Además, “mientras en la
sociedad se busca sobre todo el aprecio de los jefes, en las Fuerzas
Armadas lo primero es la valoración de los subordinados y de los
compañeros y en último lugar la de los mandos. Lo que más le interesa al
teniente es que sus brigadas y sus sargentos le respeten”.

Profesionalismo y despolitización

Hay muchos elementos que separan al ejército actual de la imagen que
exhibió en otras décadas. En primer lugar, porque el profesionalismo ha
traído novedades. Y en segundo, porque la tarea de despolitización,
evitando intervencionismos de otras épocas, ha sido bien aceptada: el
control gubernamental sobre el estamento militar es un hecho. “La
aceptación de la supremacía del poder civil no supone hoy problemas. En
ese sentido, la diferencia respecto del pasado es enorme. Ellos asumen
que ya no son un poder político sino parte de la Administración y, como
tal, han actuado de la misma manera con independencia de quien gobierne:
con populares y socialistas han aceptado la política de seguridad y
defensa que dictó el presidente de turno. Estarán más de acuerdo en unas
ocasiones o en otras, pero nunca la discuten”.

En esa relación con la sociedad civil continúa existiendo un problema,
que el catedrático de la Universidad de Barcelona llama “de disonancia
cognitiva”. Y es que “los militares tienden a creer que la sociedad
piensa de ellos mucho peor de lo que lo hace en realidad. El conocimiento
que tienen de la opinión pública es tergiversado en sentido negativo.
Porque su imagen ha cambiado: están en operaciones de paz, no hacen
ruido, cumplen sus funciones. Y todo eso revierte positivamente”.

Y es que los españoles no piensan mal de los militares: otra cosa es su
opinión acerca del ejército; no ven mal a los miembros de las Fuerzas
Armadas, pero la institución no es tan respetada. “Quizá porque todavía
hay mucha gente que ha vivido la posguerra y el franquismo y que ha
sufrido los humores del sargento chusquero en la instrucción, España es
antimilitarista, una actitud que en Europa sólo comparten dos países,
Eslovenia y Suiza. La primera a causa de la reciente guerra y la segunda
porque sus ciudadanos están obligados a pasar incluso en edades madura
dos semanas haciendo instrucción y práctica de tiro”.

Y esa posición de los ciudadanos españoles lleva a mantener, según Rafael
Martínez, posturas contradictorias. “Cuando el Centro de Investigaciones
Sociológicas pregunta en qué casos es ilegítima la actuación de las
Fuerzas Armadas, hay un 30% de españoles que afirman que lo sería incluso
cuando tropas extranjeras atacasen nuestros territorios (en Europa, el
porcentaje es del 2%). Todavía hace falta conciencia, lo que sólo se
conseguirá con el paso del tiempo, de que una política de defensa es
imprescindible. Recuerdo que hace años, en una manifestación, se exhibía
una pancarta que decía “No al exterminio kosovar, No a la OTAN”. Y las
dos cosas no podían ser. En fin, es la clase de malentendidos que todavía
persisten”.

En todo caso, la visión que nuestra sociedad tiene de los militares ya no
es la de décadas pasadas. Y uno de los factores que han contribuido
notablemente a ese cambio ha sido su participación en misiones de paz.
“Al principio, ponían muchas pegas a esas operaciones. Hay que tener en
cuenta que no las veían como una función propia (no se trataba de
defender el territorio o los símbolos de identidad que definen a una
nación) y que se trataba de acciones poco guerreras. De hecho, los mandos
estadounidenses sometían a quienes participaban en operaciones de paz a
una “cuarentena” para que no perdiesen el ardor combativo”.

Pero esa actitud parece haber cambiado. Normativamente, porque la nueva
ley de defensa establece las operaciones de paz como funciones propias de
las Fuerzas Armadas. Y, en segundo lugar, “porque muchos han descubierto
su verdadera vocación después de participar en ellas. Y es positivo que
sea así, porque era algo que debía cambiarse. No parece lógico que la
formación de los militares siga consistiendo en instruirles acerca de
cómo combatir a la brigada de montaña francesa. Nuestra única zona de
riesgo actual es el sur, Ceuta y Melilla. Asegurando eso, nuestros
militares tienen que acostumbrarse a intervenir para auxiliar en
catástrofes y calamidades y a participar en operaciones de paz. Y me
consta que están contentos con esa dinámica: colaboran con la OTAN,
conocen otros ejércitos, modernizan equipos y, además, ganan más dinero”.
Y aumenta también su valoración profesional. “En la OTAN, el militar
español está muy bien considerado, a la misma altura que alemanes y
franceses. El único problema surgió cuando la retirada de Iraq, porque
los estadounidenses se enfadaron mucho y lograron retirar durante meses
todos los permisos a los españoles destinados en Afganistán bajo mando de
la Alianza Atlántica”.



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