Newsgrupos.com  

Retroceder   Newsgrupos.com > Forum > Newsgroup es.charla.* Foro > Newsgroup es.charla.actualidad
Registrarse Preguntas Frecuentes Lista de Foreros Calendario Buscar Temas de Hoy Marcar Foros Como Leídos




Respuesta
 
LinkBack Herramientas Desplegado
  #1 (permalink)  
Antiguo 05-07-2008, 18:12:49
valarezo
 
Mensajes: n/a
Predeterminado (IVÁN): TRANSFORMADOS EN LA GLORIA DE DIOS


Sábado, 05 de julio, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador – Iberoamérica

(Felices Fiestas Julianas a todo el Guayas, y que todas sus familias
(dentro y fuera de sus casas) disfruten de todos estos días festivos
con gran gozo del SEÑOR y de nuestro Salvador Jesucristo en sus
corazones y con sus familiares y buenas amistades también.

Y, además, damos gracias a nuestro Padre celestial y a su Hijo amado,
nuestro Señor Jesucristo, por permitir por fin la liberación de Ingrid
Betancourt de Colombia y de muchos más rehenes de las ataduras de las
FARC; y seguimos rogando a nuestro Dios que permita también la
liberación del resto de los rehenes que las FARC aún retiene privados
de sus libertades y alejados de sus muy amados.)


(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)


TRANSFORMADOS EN LA GLORIA DE DIOS:

Por lo tanto, nosotros mismos, mirando a cara abierta como en un
espejo, por ejemplo, la misma gloria del SEÑOR en nuestras vidas, pues
entonces somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen
celestial, como por el Espíritu Santo del SEÑOR, «para que seamos
exactamente en la tierra y en el cielo como su Hijo amado», ¡nuestro
Señor Jesucristo! Porque la verdad es que nuestro Padre celestial nos
crea en su corazón primeramente y luego en sus manos santas, en los
primeros días de la antigüedad, «para que seamos como su Hijo amado
desde hoy mismo en el cielo y para siempre en su nueva era venidera de
su nuevo reino celestial», ¡La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del
cielo!

Porque la verdad es también que nadie en el cielo, ni aun los ángeles,
arcángeles, serafines, querubines y demás seres santísimos no pueden
complacer el corazón y el alma de nuestro Padre celestial, «como sólo
su Jesucristo lo puede hacer, con toda seguridad, tal cual nuestro
Padre celestial lo confirmo desde el cielo algunas veces, para
entendimiento de la humanidad entera». Ya que, ninguno de los ángeles
fue jamás creado en el corazón de Dios ni menos en su imagen ni mucho
menos conforme a su semejanza celestial, por ejemplo, sino que «sólo
Adán fue creado en el reino de los cielos en la perfecta imagen y
conforme a la semejanza de su Hijo unigénito», ¡nuestro Señor
Jesucristo!

Aquí nos podemos dar cuenta de que cuando el Señor Jesucristo les puso
por manifiesto a sus apóstoles una gran verdad celestial para que se
sanen de sus males y muchas tinieblas y así finalmente vivan, y
entonces les dijo sin más preámbulo alguno: El que me ha visto a mí,
ha visto al Padre. Dado que yo y el Padre somos uno en el cielo y en
la tierra; yo y el Padre no nos podemos separar jamás; somos uno
infinitamente en el corazón de los ángeles y así también debe de ser
en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad
entera, y sólo posible por la gloria del Espíritu Santo. En la medida
en que, todo aquel que me ve a mí, ha visto al Padre celestial, sin
duda alguna.

Es decir, también que nuestro Señor Jesucristo es la imagen y la
semejanza divina de nuestro Padre celestial, eternamente y para
siempre; y jamás se han separado del uno al otro, por ninguna razón
desde los primeros días de la antigüedad y hasta nuestros días, por
ejemplo. Y así también el Señor Jesucristo les aseguraba a sus
apóstoles, diciéndoles: Yo soy en el Padre, y el Padre en mí; el que
me ve a mí, entonces ve al Padre de ahora en adelante. Por lo tanto,
yo regreso al Padre, a donde ustedes no pueden ir ahora, pero más
adelante podrán ir a donde yo voy, porque yo regreso al Padre.

En otras palabras, nuestro Señor Jesucristo no sólo nos estaba
asegurando que él había salido del Padre, sino que también nosotros.
Puesto que, aquí el Señor Jesucristo nos estaba asegurando que más
tarde podríamos ir a donde él va, «y esto es de regreso a la unidad
celestial y divina de nuestro Padre celestial en el reino de los
cielo, como a La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del más allá, en
donde reina la nueva vida eterna».

Además, esto es algo que jamás nuestro Padre celestial, ni su Espíritu
Santo ni nuestro Señor Jesucristo jamás le ha declarado abiertamente a
ningún ángel del cielo, desde el día de su creación y hasta nuestros
días, pero sí al hombre de toda la tierra, (como tú y yo hoy en día,
por ejemplo, mi estimado hermano y hermana). Porque, además, el Señor
Jesucristo es la imagen y la semejanza perfecta y sin pecado alguno de
nuestro Padre celestial, por lo tanto «él sí puede regresar al Padre
para seguir viviendo la vida eterna en el reino de los cielos, libre
de Satanás y de sus muchas mentiras y maldades crueles del bajo mundo
de los muertos».

Dado que, donde Satanás y sus mentiras ya no perduran como antes en el
corazón del mentiroso y malvado, entonces «reina la paz, el amor, el
gozo, la felicidad, la salud de la nueva vida infinita de Dios, de su
Hijo amado y de su Espíritu Santo en el corazón de cada uno de
nosotros sus siervos fieles para siempre». Sí, sin las mentiras e
infamias de Satanás en el corazón del malvado, entonces el hombre es
feliz infinitamente y, por tanto «ya no vive bajo la maldición de la
Ley de Dios y de Moisés, la cual condena a todo aquel que quebranta su
Espíritu Santísimo, sino que él y los suyos viven para ser felices
eternamente».

Por ello, sí podemos regresar al paraíso y a la nueva vida eterna,
porque nuestro gran rey Mesías, el Hijo de David, ya cumplió con el
Espíritu Santísimo de la Ley, para que no sea deshonrada jamás con
mentiras y crueldades de Satanás, sino todo lo contrario. Es decir,
que «el Espíritu Santísimo de la Ley ha vuelto a nacer también, como
el hombre, la mujer, el niño y la niña de la humanidad entera», para
que viva en nosotros completamente honrada, exaltada y glorificada por
el Espíritu y la vida de la sangre sacrificada de nuestro Salvador
Jesucristo, por lo tanto Satanás ya no existe para siempre.

Entonces nosotros sí podemos regresar a nuestro Padre celestial
también, asimismo como el Señor Jesucristo, porque hemos salido de su
corazón, de su alma, de su imagen, de sus manos santas y de su
semejanza celestial, además de otros atributos divinos y gloriosos de
su vida santísima; por ello, somos hijos legítimos de Dios, «pero
perdidos sin Jesucristo, si no lo aceptamos». Y es por eso que nuestro
Señor Jesucristo descendió del paraíso, así como Adán y Eva
descendieron del paraíso en su día, pero sin la mancha del pecado de
las mentiras terribles de la serpiente antigua y de Satanás, por
ejemplo, «para posteriormente limpiarnos de nuestros pecados con el
Espíritu de su sangre santísima».

Hoy, nuestro Padre celestial nos limpia de toda mancha del pecado en
nuestra sangre humana con la misma sangre sacrificada de su Hijo
amado, «visto que sólo la sangre sacrificada puede limpiar, purificar,
bendecir y finalmente salvar para llenarla de nuevo de vida y de salud
eterna a toda sangre humana del hombre y de la mujer de toda la
tierra». Es por eso que desde el día de la rebelión de Lucifer y de la
tercera parte de los ángeles del cielo, de los cuales creyeron en sus
mentiras para rebelarse en contra de Dios y de su Jesucristo, «a
partir de entonces nuestro Dios no ha encontrado a nadie tan fiel y
honrado como su unigénito», ¡nuestro Salvador Jesucristo!

Además, nuestro Señor Jesucristo es tan fiel a nuestro Padre
celestial, porque «su sangre es muy santa para limpiar de toda mancha
de pecado y destruir, a la vez, toda artimaña del enemigo de toda
verdad y de toda justicia celestial», en el paraíso, en la tierra y
así también en el más allá, eternamente y para siempre. Ciertamente,
nuestro Señor Jesucristo es la imagen y la semejanza inseparable de
nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo, y por ello nuestro
Dios es fiel a su unigénito, y así también su unigénito le es fiel a
él, como su Padre y Dios eterno: «por cuanto, ambos son de la misma
imagen y de la misma semejanza celestial infinitamente».

Y, por tanto, nosotros somos mayores que los ángeles en las manos
creadoras de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo desde
siempre, «porque somos la imagen y la semejanza celestial del Árbol de
la vida eterna, su Hijo amado», ¡nuestro Señor Jesucristo! Como quiera
que, así como el Señor Jesucristo es la imagen y semejanza de nuestro
Padre celestial y viceversa, así pues también cada uno de nosotros, en
nuestros millares, de todas las familias, naciones y reinos de la
tierra, «es infaliblemente la imagen y semejanza infinita de nuestro
Dios y Fundador de nuestras almas eternales».

Es por esta razón también que nosotros «si podemos regresar a nuestro
Padre y Fundador de nuestras vidas, después de haber nacido pecadores
y vivido una vida alejado de él y de su palabra santa por muchos
largos años de vida en la tierra», porque sí somos la imagen y la
semejanza celestial de él y de su unigénito infinitamente. Por lo
contrario, los ángeles caídos, ya sean arcángeles, serafines,
querubines y demás ángeles rebeldes, no pueden jamás regresar a Dios
ni al Árbol de la vida eterna, porque ninguno de ellos salió de Dios,
«ni mucho menos fue creado en la imagen o conforme a la semejanza de
su Hijo amado», ¡nuestro Salvador Jesucristo!

E aquí por qué los ángeles no pueden ser perdonados jamás por Dios por
todos sus pecados, «pero los hombres, mujeres, niños y niñas de la
humanidad entera sí pueden ser perdonados de sus pecados y maldades
para regresar a su casa celestial e infinita», ¡a nuestro Padre
celestial en el cielo! Ahora, cuando alguien te pregunte, por ejemplo:
¿Por qué los hombres sí pueden ser salvos por el Espíritu de la sangre
sacrificada del Señor Jesucristo y los ángeles caídos no?

Entonces la repuesta correcta será, porque los ángeles no salieron de
la imagen o de la semejanza divina de nuestro Padre celestial ni de su
Espíritu Santo ni menos de su Hijo amado, el Árbol de la vida, sino
que «ellos fueron creados por el poder sobrenatural de la palabra de
Dios». En el momento, los ángeles caídos se pierden infinitamente en
sus insurrecciones del más allá, porque no salieron de Dios jamás,
«por lo tanto su destino final, después del juicio de todas las cosas,
es el lago de fuego para destrucción total de su espíritu rebelde e
inicuo en contra de Dios y de su gran rey Mesías», ¡nuestro Señor
Jesucristo!

(En verdad, todo ser viviente se pierde en la tierra y así también en
el juicio final de todas las cosas del más allá ya sea del reino de
Dios, del paraíso, de la tierra o del infierno, será porque
«simplemente jamás recibió en su corazón al dador de su vida eterna».
Y éste dador de su vida es el Árbol de la vida, nuestro Salvador
Jesucristo; de hecho, ésta es la única razón por el cual los ángeles
caídos se pierden y así también cada pecador y cada pecadora de toda
la tierra, «para jamás volver a gozar de la paz y de la gloria de Dios
en toda su vida».)

Además, desde el día que los ángeles pecaron al igual que Lucifer
delante de Dios y de su Árbol de la vida, entonces no pueden volver a
ser los ángeles de luz del principio, sino que son ángeles de
tinieblas, es decir, «que ninguno de ellos podrá jamás hablar la
verdad ni menos de la justicia de Dios y de Jesucristo». Es por eso
que los ángeles no pueden ser salvos jamás por la sangre sacrificada
del Señor Jesucristo, porque ninguna verdad de nuestro Dios y de su
Jesucristo tiene ningún efecto en sus corazones ni en sus espíritus
infernales, sino «que son reos de muerte eterna en el lago de fuego
del más allá».

Pero no fue así jamás con Adán y Eva ni con ninguno de sus
descendientes, en sus millares, de todas las familias, pueblos,
naciones y reinos de la tierra, sino que siguieron viviendo para
posteriormente reencontrarse con la gloria de su imagen y de su
semejanza celestial, nuestro Salvador Jesucristo, «clavados a él por
sus manos y sus pies infinitamente». Es por eso que hoy mismo cada uno
de nosotros puede volver a ser salvo, como en el día de nuestra
creación en las manos de nuestro Padre celestial y con la ayuda idónea
de su Espíritu Santo, «para renacer no de la carne del pecado sino de
la carne y de la sangre para vida eterna», ¡nuestro Señor Jesucristo!

Por todo ello, somos infinitamente la gloria y la honra de nuestro
Padre celestial en el paraíso, en la tierra y así también en la nueva
vida eterna de La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo, para no
volver a conocer las mentiras de nadie jamás, sino sólo la verdad del
gran rey Mesías inigualado hasta hoy, ¡nuestro Señor Jesucristo! Es
decir, que no somos para vivir para el pecado, ni menos para conocer
las mentiras de nadie como del hombre pecador o de la mujer pecadora
de toda la tierra, ni mucho menos conocer jamás a Satanás, sino «sólo
conocer a nuestro Padre celestial, a su Espíritu Santo y a su Hijo
amado», ¡nuestro Salvador Jesucristo!, eternamente y para siempre.

Sí, somos la gloria y la honra infinita de nuestro Padre celestial y
de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, en esta vida y en la nueva
era venidera del nuevo reino de los cielos también, para jamás
deshonrar a nuestro Padre celestial «como los ángeles caídos lo
hicieron en sus días de gran rebelión», sino todo lo contrario. Somos
del Padre santo desde mucho antes del comienzo de las cosas en el
reino de los cielos, «así como somos de su Espíritu Santo y de su Hijo
amado hoy en día por los poderes de la gloria del renacimiento», ¡el
Árbol de la vida de La Nueva Jerusalén Colosal del nuevo reino
venidero para la nueva eternidad inmortal!

Conjuntamente, la obra de nuestro Padre celestial sigue en cada uno de
nosotros, pero sólo por medio del Espíritu de la sangre sacrificada y
de la vida santísima de nuestro Señor Jesucristo, para seguir viviendo
en el Espíritu de la verdad y de la justicia infinita del cielo: «en
donde jamás moriremos sino que seguiremos viviendo para conocer la
felicidad eterna». Y nuestro Padre celestial ha creado un nuevo reino
celestial, para alejarse eternamente de las mentiras y maldades de los
ángeles caídos, y así también alejarse de las mentiras y maldades
terribles de todos los mentirosos, malvados, crueles e infames
pecadores y pecadoras de la tierra; y es así «como nuestro Señor
Jesucristo triunfa religiosamente en nosotros y para nosotros
infinitamente».

Sí, así es: Somos la gloria de nuestro Padre celestial desde los
primeros días de la antigüedad y para siempre en la tierra y en el
nuevo reino celestial, gracias a la misericordia de nuestro Creador y
por la gracia infinita de su unigénito, «para volver a nacer no del
espíritu de Adán sino del mismo Espíritu Santo de la verdad inmortal».
Hoy en día, somos del Espíritu Santo de Dios, «sí tan sólo creemos en
nuestros corazones y así confesamos con nuestros labios la gloria
eterna del nombre sagrado del gran rey Mesías de todos los tiempos, el
Hijo de David», ¡nuestro Señor Jesucristo!

Por ello, somos el sueño eterno de nuestro Padre celestial para sólo
vivir para él, por medio del fruto de la vida del nuevo reino
celestial, para jamás dejarlo de amar a él, ni por un instante más en
nuestros corazones y en nuestras almas infinitas, hoy en día y para
siempre en la eternidad venidera; infaliblemente, ¡somos la gloria del
Mesías! Y esta gloria por la cual el reino de los cielos y así también
el paraíso y La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo han
esperado con gran paciencia desde los primeros días de la antigüedad y
hasta nuestros días, tocando tu vida milagrosamente, para que regreses
a Dios, tu Padre celestial y único Fundador de tu nueva vida infinita.

Presentemente, la lucha entre el mal y el bien siempre la empieza el
enemigo de toda verdad y de toda justicia, Satanás, en el reino de los
cielos, en la tierra, «para derrotar al Hijo de Dios, el Santo del
cielo y de Israel, nuestro Salvador Jesucristo», ¡el Hijo de David!,
¡el único gran rey Mesías posible de todos los tiempos! Satanás pierde
humillantemente como siempre delante del Padre, por culpa de las
falsedades de su corazón perdido, pero nuestro Señor Jesucristo gana
triunfantemente siempre ante él para que su gloria jamás decline en
ninguno de nosotros, «sino que solamente crezca en nuestras vidas y
por siempre en la nueva era venidera de la nueva vida inmortal de
nuestro nuevo reino paradisíaco».

Además, éste es un reino de calles de oro que nos llevan a cada una de
las puertas de las mansiones de los hijos e hijas de Dios de todas las
naciones de la tierra, que han amado a su Creador por medio de su
Jesucristo; y «el sol que alumbra esta gran ciudad celestial es el
rostro de nuestro Hacedor». Y como desde entonces acá, nuestro Padre
celestial perdió tantos ángeles, los cuales rebasan en números
incontables de millares, entonces Dios quiso llenar esos vacíos
celestiales de gloria y de honra, de los cuales estos ángeles
abandonaron en el día de su rebelión en contra de él y de su Árbol de
la vida: ¡aquí nuestro Dios pensó en ti profundamente!

Aquí es cuando Dios empieza a pensar en el hombre entrañablemente,
como tú y yo hoy en día, mi estimado hermano y hermana, para crearlo
en su imagen y conforme a su semejanza celestial, «para que el
servicio a su nombre muy santo continúe hacia la eternidad, sin más
interrupciones de sus enemigos eternos», como Lucifer y sus ángeles
caídos. Y ésta imagen y semejanza de nuestro Padre celestial es su
Hijo amado, nuestro Salvador Jesucristo, en el cielo y en la tierra y
entre los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera; es
decir, «que cada uno de nosotros es infaliblemente la imagen y la
semejanza perfecta de Dios y de su Hijo unigénito», ¡nuestro Salvador
Jesucristo!

Y es por esta razón que Satanás nos odia así mismo como siempre odio a
nuestro Padre celestial y a su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo,
en cada uno de nosotros; es más, cada vez que Satanás nos ve, en
realidad, está viendo la misma imagen y semejanza santísima de Dios y
de su Hijo unigénito en cada uno de nosotros. Y esto es de nosotros de
todas las familias, tribus, naciones y reinos de la tierra, para
envidiarnos incontrolablemente con las fuerzas de su espíritu y
corazón infame y, a la vez odiarnos asimismo con las fuerzas de sus
más terribles profundas tinieblas del más allá también: «porque somos
infaliblemente la gloria inmortal de vida eterna de nuestro rey
Mesías».

Es decir, que Satanás nos odia con el mismo odio con el cual se
comenzó a rebelar en contra de Dios y de su Hijo amado, en el día de
su rebelión en el reino celestial, para hacer que una tercera parte de
los millares de ángeles creyeran en su pecado y en su maldad, «para
alcanzar un fin terrible para todos». Y sólo nuestro Padre celestial
conoce éste mal terrible, el cual Satanás lo planeo desde mucho tiempo
atrás para lanzarlo en contra de él y de su Jesucristo y sin piedad
alguna también, «para destruir todo lo que es bueno y glorioso en el
cielo y en la tierra para siempre, para que el alma preciosa del
hombre muera infinitamente».

Con el fin de que la humanidad entera ya no ame más a su Dios y
Fundador de su vida, ni menos que su gloria florezca más, sino que se
rebele en contra de Él y de su plan de perdón, salvación y de
bendición eterna eternamente y para siempre, para que jamás haya paz
sino sólo violencia eterna por doquier. Porque la verdad es que
nuestro Padre celestial tenia que salvar a los ángeles de las mentiras
de Satanás primeramente, asimismo como intento salvar a Adán y a Eva
de las mentiras torcidas de la serpiente antigua posteriormente, por
ejemplo, «para que el mal parara en su lugar muerto y así no avanzara
más hacia la tierra, para destruir al hombre.

Por cuanto, Satanás lo quiere todo para él: el reino de los cielos, el
paraíso del hombre y del Árbol de la vida, la tierra y La Nueva
Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo, «para que así nuestro Dios ya no
sea más conocido por los ángeles ni menos por los hombres, mujeres,
niños y niñas de la humanidad entera». Simplemente Satanás tiene tanto
interés como en el principio, de destruir la gloria de Dios y de su
Jesucristo a como de lugar en la tierra y posiblemente en el nuevo
reino celestial de Dios y de su nueva humanidad infinita, regenerada
por el nacimiento del Espíritu Santo, ¡gracias al Espíritu de la
sangre sacrificada de nuestro Señor Jesucristo! Pero no lograra
Satanás jamás, porque la sangre sacrificada de nuestro Salvador
Jesucristo ya lo venció de una vez por todas y para siempre sobre los
árboles cruzados de Adán y Eva y sobre el monte santo de Jerusalén, en
Israel, «para el fin eterno de su maldad infinita del paraíso en
contra del hombre de toda la tierra».

Entonces Satanás lucha en contra de Dios y de su Jesucristo cada día
como en los primeros días del cielo, para que los ángeles se pierdan
infinitamente y así también cada hombre, mujer, niño y niña de la
humanidad entera, comenzando con Adán y Eva en el paraíso, por
ejemplo, «para que no crean jamás en la sangre salvadora de
Jesucristo». Y esto fue así en la antigüedad con los ángeles y hoy con
la humanidad entera también, para establecer su reino infernal en la
tierra y en la vasta creación infinita, para que el nombre muy santo
de nuestro Padre celestial ya no sea honrado por medio del nombre y de
la vida gloriosa de su Jesucristo, «sino para deshonrarlo
inhumanamente».

Ahora, sí Satanás logra deshonrar el nombre santísimo de nuestro Padre
celestial en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la
tierra, entonces habrá humillado la gloria de Dios; ésta es la gloria
eterna, «la cual nuestro Dios envió a la tierra por medio de su Hijo
amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!, para que vivamos y no muramos
jamás». Además, la verdad es que los ángeles sólo pueden honrar y
exaltar el nombre muy santo de nuestro Padre celestial, por medio del
Espíritu de la sangre y de la vida gloriosa del Árbol de la vida,
nuestro Salvador Jesucristo; de otra manera, «los ángeles no pueden
honrar ni menos exaltar a nuestro Dios ni a su nombre santísimo
jamás».

Dado que, sólo por medio del conocimiento del Espíritu de la sangre
inmolada, de nuestro Señor Jesucristo y de su vida gloriosa, es que
realmente los ángeles celestiales y así también los hombres, mujeres,
niños y niñas de la humanidad entera, pueden honrar, exaltar,
glorificar y amar sobrenaturalmente a nuestro Padre celestial, desde
hoy y para siempre en la eternidad venidera. Por ello, el nombre
milagroso de nuestro Señor Jesucristo es muy importante para nuestras
vidas día y noche para que crezcamos continuamente en su imagen y
conforme a su semejanza celestial, «las cuales hemos heredado de
nuestro Dios y Creador de nuestras vidas en el reino celestial para
vivirlas hoy en la tierra y en el paraíso también, para siempre».

Ahora, sin el Espíritu de la sangre inmolada de nuestro Señor
Jesucristo y de su vida victoriosa sobre los árboles cruzados de Adán
y Eva y sobre el monte santo de Jerusalén, en Israel, entonces «no
sólo que no viviremos más, sino que moriremos para seguir viviendo en
nuestros pecados eternos en el bajo mundo de los muertos», ¡el
infierno! Y nuestro Dios no nos creo para que muramos y descendamos al
bajo mundo de los muertos, sino que vivamos infinitamente ante él y
sus huestes angelicales para ascender hacia la nueva vida eterna de su
Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, «clavado con su sangre
santificada sobre los cuerpos cruzados de Adán y Eva para jamás
separarnos de él».

En vista de que, somos la transformación de la gloria de buena fuente
de nuestro Padre celestial, de su Espíritu Santo y de su Hijo amado,
su único gran rey Mesías de todos los tiempos, el Hijo de David,
¡nuestro Redentor Jesucristo! Y así cada uno de nosotros será por
siempre y para siempre la gloria creciente de nuestro Dios y de su
Espíritu Santo, en el cielo, en la tierra y en La Nueva Jerusalén
Colosal del cielo, «gracias al Espíritu de la sangre sacrificada y de
la gracia infinita que emana de ella para todos nosotros, su
unigénito», ¡nuestro Salvador Jesucristo!

Sí, todos somos transformados milagrosamente para nuestro Padre
celestial día a día, por el renacimiento de la gloria infinita del
Espíritu Santo de Dios, ¡gracias al Espíritu de la sangre y de la vida
mesiánica del Hijo de David, nuestro Salvador Jesucristo! Ahora, sí
deseas ser transformado de la vida de tinieblas a la luz más brillante
que el sol, pues entonces «tienes que creer por fin en tu corazón y
confesar con tus labios lo que está en tu alma, el nombre santísimo
del único salvador de tu vida», ¡nuestro Señor Jesucristo!

Y sólo así tu nombre será escrito en “el libro de la vida eterna”del
nuevo reino de los cielos, como en La Nueva Jerusalén Colosal, para
que por fin vivas infinitamente libre de Satanás y de los pecadores y
pecadoras de gran mentira y de decepción eterna de toda la tierra. Y,
por tanto el Señor te dice a ti hoy, como se lo dijo a los antiguos
fieles a la sangre sacrificada de su Cordero Santísimo, su Hijo amado:
Bienvenido a la vida eterna del nuevo reino de los cielos; no te
quedes atrás, entra ya en el gozo eterno de tu Dios y Fundador de tu
nueva vida infinita.


El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo
es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.

LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):

“‘¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
perfecta de nuestro Padre Celestial), y la tenga en un lugar secreto!’
Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!’ Y
todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!’ Y todo el pueblo
dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano yde
la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!’ Y todo
el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dirá:
‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Creeen
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: “No tendrás otros dioses delante de mí”.

SEGUNO MANDAMIENTO: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

TERCER MANDAMIENTO: “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano”.

CUARTO MANDAMIENTO: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo..
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó”.

QUINTO MANDAMIENTO: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”.

SEXTO MANDAMIENTO: “No cometerás homicidio”.

SEPTIMO MANDAMIENTO: “No cometerás adulterio”.

OCTAVO MANDAMIENTO: “No robarás”.

NOVENO MANDAMIENTO: “No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo”.

DECIMO MANDAMIENTO: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo”.

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ”.
Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.

Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLEAL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque éstaes
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: “Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén”. Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: “Haya paz en ti, siempre Jerusalén”. Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.


http://www.supercadenacristiana.com/...pe=wm%20%20///


http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx


http://radioalerta.com


Responder Con Cita
Alt Today
Advertising
Google Adsense
 
This advertising will not be shown
in this way to registered members.
Register your free account today
and become a member on
Newsgrupos.com
Standard Sponsored Links

Respuesta


Herramientas
Desplegado

Normas de Publicación
no Puedes crear nuevos temas
no Puedes responder a temas
no Puedes adjuntar archivos
no Puedes editar tus mensajes

El código vB está habilitado
Las caritas están habilitado
Código [IMG] está habilitado
Código HTML está deshabilitado
Trackbacks are habilitado
Pingbacks are habilitado
Refbacks are habilitado


Temas Similares
Tema Autor Foro Respuestas Último mensaje
(IVÁN): LA GLORIA DE DIOS NOS DA UN CORAZÓN NUEVO, PARA EL CIELO valarezo Newsgroup es.humanidades.literatura 10 14-07-2008 08:45:57
(IVÁN): LA GLORIA DE DIOS NOS DA UN CORAZÓN NUEVO, PARA EL CIELO valarezo Newsgroup es.charla.actualidad 0 13-07-2008 02:16:21
“Gloria de Dios es encubrir un asunto; Pero honra del rey es escudriñarlo.” Proverbios 25:2 libera Newsgroup es.charla.religion 4 16-05-2008 09:10:57
(IVÁN): LA PAZ DE DIOS IVAN VALAREZO Newsgroup es.news.admin 0 29-01-2007 04:28:06
(IVÁN): LA PAZ DE DIOS IVAN VALAREZO Newsgroup es.news.misc 0 29-01-2007 04:27:15





Powered by: vBulletin, Versión 3.6.8
Derechos de Autor ©2000 - 2008, Jelsoft Enterprises Ltd.

LinkBacks Enabled by vBSEO 3.1.0 © 2007, Crawlability, Inc.