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  #1 (permalink)  
Antiguo 20-07-2008, 20:48:43
Pinet
 
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Predeterminado El castellano: traicionero, opresor y marrano

MANIFIESTO A FAVOR DEL PLURILINGÜISMO
Nuestras lenguas comunes

Catalán, euskara y gallego conviven de forma desigual con los
consolidados privilegios del castellano

Un grupo de catedráticos y profesores de varias universidades constata
que el castellano, lejos de estar en peligro, mantiene tales ventajas
sobre el catalán, el gallego y el euskara que su exacerbada defensa
sólo puede tener un móvil ideológico.

Asistimos en estos días a una nueva oleada de nacionalismo lingüístico
español de la que el principal botón de muestra es el Manifiesto por
la lengua común que ha promovido una veintena de intelectuales de
prestigio. El texto en cuestión se asienta en certezas que nacen de
aquello que, al parecer, no puede someterse a discusión, como ocurre,
por lo demás, en muchos ámbitos de la vida de un Estado que presume de
su condición democrática. En las disputas correspondientes adquiere
singular relieve la Constitución de 1978, producto de un pacto en el
que, en ámbitos sensibles como éste, se impusieron normas sin recabar
la opinión de los afectados. Aun en el caso de que aceptásemos la
condición inequívocamente democrática del referendo constitucional de
aquel año, habría que preguntarse si tres decenios después no es
legítimo reclamar, en sentido bien diferente del que invocan los
promotores del manifiesto mencionado, una revisión de las normas
entonces instituidas. Las cosas como fueren, es significativo que la
nueva oleada de nacionalismo lingüístico español prefiera esconder que
las reglas que hace suyas no son precisamente neutras.

Llama poderosamente la atención que las mismas personas que afirman
con particular insistencia y frente a toda evidencia, tal y como lo
revelan las leyes que afectan entre nosotros a las lenguas que los
derechos no acompañan ni a éstas ni a los territorios, sino a las
personas, no aprecien problema alguno en el enunciado que se ha
convertido en guía principal del Manifiesto por la lengua común: el de
que, mientras todos los ciudadanos españoles están obligados a conocer
el castellano esto no es, al parecer, una imposición, sino un hecho
cuya consistencia, sin más, se supone, los hablantes de otras lenguas
disfrutan, sin más, del derecho a emplear estas últimas. Si sobran las
razones para concluir que semejante enunciación contradice
palmariamente lo que afirma el artículo 139.1 de la Constitución en
vigor Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en
cualquier parte del territorio del Estado,más inquietante es que en la
España de hoy se dé por demostrada, al parecer hasta el final de los
tiempos, la adhesión popular a reglas como la invocada, en un
escenario en el que se hace valer una oposición cerril al despliegue
de mecanismos que permitan conocer si la ciudadanía acata esas reglas
o, por el contrario, las repudia.

Quienes defienden que el castellano es superior, natural y útil
olvidan su imposición
Para el nacionalismo lingüístico español la lengua castellana es
superior, cómoda, fácil y útil, virtudes todas ellas que son siempre
el producto de circunstancias naturales, nunca de la imposición y la
represión. Las lenguas de los demás son, por el contrario, molestas,
arcaicas, antieconómicas y francamente prescindibles. Al tiempo que la
defensa del castellano se ajusta por definición a un impulso
democrático, la de las restantes lenguas responde cabe entender a
espurios y cavernarios intereses marcados por esa felonía que
identifica el Manifiesto por la lengua común; si en las segundas se
revelan por doquier los espasmos negativos de los nacionalismos, por
detrás de la primera no habría, en cambio, nacionalismo alguno.

La estrategia principal no nos engañemos apunta a ratificar la
situación de incómoda marginación y minoría de las lenguas no
castellanas, y a hacerlo de la mano de medidas que tienen un cariz
visiblemente asimétrico. Baste como botón de muestra el recordatorio
de que los firmantes del manifiesto que nos ocupa entienden que, aun
siendo recomendable que en las comunidades calificadas de bilingües la
rotulación de edificios y vías públicas se registre en las dos
lenguas, en modo alguno podrá realizarse en exclusiva en la lengua
propia del país en cuestión, sin que,por omisión, y cabe entender, se
rechace la posibilidad de que la rotulación se produzca únicamente en
castellano.

El idioma y la fuerza

Conocer el español es obligatorio; los hablantes de otras lenguas sólo
tienen derecho a su uso
A los ojos de los nacionalistas lingüísticos españoles, la lengua
común no se impone por la fuerza tal horizonte es ontológicamente
inimaginable,frente a lo que ocurre, al parecer, con las lenguas no
castellanas. Mientras se rechazan determinadas políticas alentadas por
los gobiernos autonómicos que se limitan a reclamar para las lenguas
respectivas las mismas prerrogativas de las que disfruta el castellano
en Madrid, en Sevilla o en Valladolid, se prefiere olvidar cómo, en el
pasado y en el presente, medidas aplicadas a menudo con saña y
violencia han beneficiado de siempre al castellano y explican,
siquiera parcialmente, su condición de visible preeminencia
contemporánea. Mientras se manipulan y magnifican, en suma, los
problemas que los castellanohablantes puedan encontrar en algunos
lugares, se esquiva toda consideración en lo relativo a la delicada
situación en la que se encuentran el catalán, el gallego y el vasco, y
ello sobre la base de la increíble afirmación de que los objetivos de
dignificación de esas lenguas ya han sido, al parecer, satisfechos.

No consta que los nacionalistas lingüísticos españoles, de siempre
interesados en defender en exclusiva su lengua, se hayan pronunciado
en momento alguno en favor de los legítimos derechos de los hablantes
de las lenguas no castellanas. Que en los hechos el principio de libre
elección lingüística en el sistema educativo sólo se postula para los
castellanohablantes lo certifica la ausencia, dramática, de toda
consideración en lo que atañe a ese principio aplicado, por ejemplo,
en las personas de los hablantes de catalán, gallego y vasco que
residen fuera de los territorios en los que las lenguas
correspondientes son oficiales. Al cabo parece obligado concluir que
esas lenguas no son percibidas como propias, circunstancia que da al
traste, de paso, con cualquier proyecto creíble de bilingüismo:
llamativo es que, mientras los nacionalistas lingüísticos españoles se
desenvuelven orgullosamente como monolingües en castellano, se rechaza
que los hablantes de catalán, gallego y vasco puedan comportarse como
monolingües en las lenguas respectivas. Lo que en los hechos se
reivindica un monolingüismo de facto es percibido en cambio como una
afrenta cuando se sobreentiende que es la apuesta de los gobernantes
de las comunidades autónomas que disponen de lenguas propias.

Una curiosa defensa

El Manifiesto por la lengua común configura, en fin, una curiosa
defensa de una lengua que pareciera no tener a su disposición ningún
tipo de apoyo. Para certificar lo contrario ahí están la maquinaria
del Estado, el sistema educativo, un sinfín de rancias instituciones,
el grueso de los medios de comunicación, buena parte de la jerarquía
de la Iglesia católica, el respaldo de intelectuales de prestigio y,
en fin, las propias fuerzas armadas. Por si poco fuere, y a tono con
los tiempos, el manifiesto que nos interesa recaba para sus promotores
la doble condición de luchadores por los derechos humanos y de
defensores de los desheredados. Pena es que, por muchos esfuerzos que
se hagan, el texto no acierte a ocultar la defensa obscena de
privilegios tan impuestos como asentados, y la ritual demonización,
también a tono con los tiempos, de quienes disienten, paradójicamente
tildados, a menudo, de fascistas y totalitarios. Que semejante campaña
sea atizada, en suma, desde medios de comunicación y cenáculos de la
derecha más montaraz dice mucho de su sentido más profundo.



Firmantes:


Carlos Fernández Liria
profesor de Filosofía UCM


Montserrat Galcerán
catedrática de Filosofía, UCM


Pedro Ibarra
catedrático de Ciencias Políticas, UPV


Juan Carlos Moreno Cabrera
catedrático de Lingüística, UAM


Arcadi Oliveres
profesor de Ciencias Políticas, UAB


Jaime Pastor
profesor de Ciencias Políticas, UNED


Carlos Taibo
profesor de Ciencias Políticas, UAM

http://www.publico.es/135707/lenguas/comunes
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  #2 (permalink)  
Antiguo 20-07-2008, 21:00:09
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: El castellano: traicionero, opresor y marrano

Marrana será tu mama.
Es un manifiesto justo

--
--
"Pinet" <Pinet***correu.vilaweb.com> escribió en el mensaje
news:b639287e-d142-42b0-b790-f40944236bad***e39g2000hsf.googlegroups.com...
MANIFIESTO A FAVOR DEL PLURILINGÜISMO
Nuestras lenguas comunes

Catalán, euskara y gallego conviven de forma desigual con los
consolidados privilegios del castellano

Un grupo de catedráticos y profesores de varias universidades constata
que el castellano, lejos de estar en peligro, mantiene tales ventajas
sobre el catalán, el gallego y el euskara que su exacerbada defensa
sólo puede tener un móvil ideológico.

Asistimos en estos días a una nueva oleada de nacionalismo lingüístico
español de la que el principal botón de muestra es el Manifiesto por
la lengua común que ha promovido una veintena de intelectuales de
prestigio. El texto en cuestión se asienta en certezas que nacen de
aquello que, al parecer, no puede someterse a discusión, como ocurre,
por lo demás, en muchos ámbitos de la vida de un Estado que presume de
su condición democrática. En las disputas correspondientes adquiere
singular relieve la Constitución de 1978, producto de un pacto en el
que, en ámbitos sensibles como éste, se impusieron normas sin recabar
la opinión de los afectados. Aun en el caso de que aceptásemos la
condición inequívocamente democrática del referendo constitucional de
aquel año, habría que preguntarse si tres decenios después no es
legítimo reclamar, en sentido bien diferente del que invocan los
promotores del manifiesto mencionado, una revisión de las normas
entonces instituidas. Las cosas como fueren, es significativo que la
nueva oleada de nacionalismo lingüístico español prefiera esconder que
las reglas que hace suyas no son precisamente neutras.

Llama poderosamente la atención que las mismas personas que afirman
con particular insistencia y frente a toda evidencia, tal y como lo
revelan las leyes que afectan entre nosotros a las lenguas que los
derechos no acompañan ni a éstas ni a los territorios, sino a las
personas, no aprecien problema alguno en el enunciado que se ha
convertido en guía principal del Manifiesto por la lengua común: el de
que, mientras todos los ciudadanos españoles están obligados a conocer
el castellano esto no es, al parecer, una imposición, sino un hecho
cuya consistencia, sin más, se supone, los hablantes de otras lenguas
disfrutan, sin más, del derecho a emplear estas últimas. Si sobran las
razones para concluir que semejante enunciación contradice
palmariamente lo que afirma el artículo 139.1 de la Constitución en
vigor Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en
cualquier parte del territorio del Estado,más inquietante es que en la
España de hoy se dé por demostrada, al parecer hasta el final de los
tiempos, la adhesión popular a reglas como la invocada, en un
escenario en el que se hace valer una oposición cerril al despliegue
de mecanismos que permitan conocer si la ciudadanía acata esas reglas
o, por el contrario, las repudia.

Quienes defienden que el castellano es superior, natural y útil
olvidan su imposición
Para el nacionalismo lingüístico español la lengua castellana es
superior, cómoda, fácil y útil, virtudes todas ellas que son siempre
el producto de circunstancias naturales, nunca de la imposición y la
represión. Las lenguas de los demás son, por el contrario, molestas,
arcaicas, antieconómicas y francamente prescindibles. Al tiempo que la
defensa del castellano se ajusta por definición a un impulso
democrático, la de las restantes lenguas responde cabe entender a
espurios y cavernarios intereses marcados por esa felonía que
identifica el Manifiesto por la lengua común; si en las segundas se
revelan por doquier los espasmos negativos de los nacionalismos, por
detrás de la primera no habría, en cambio, nacionalismo alguno.

La estrategia principal no nos engañemos apunta a ratificar la
situación de incómoda marginación y minoría de las lenguas no
castellanas, y a hacerlo de la mano de medidas que tienen un cariz
visiblemente asimétrico. Baste como botón de muestra el recordatorio
de que los firmantes del manifiesto que nos ocupa entienden que, aun
siendo recomendable que en las comunidades calificadas de bilingües la
rotulación de edificios y vías públicas se registre en las dos
lenguas, en modo alguno podrá realizarse en exclusiva en la lengua
propia del país en cuestión, sin que,por omisión, y cabe entender, se
rechace la posibilidad de que la rotulación se produzca únicamente en
castellano.

El idioma y la fuerza

Conocer el español es obligatorio; los hablantes de otras lenguas sólo
tienen derecho a su uso
A los ojos de los nacionalistas lingüísticos españoles, la lengua
común no se impone por la fuerza tal horizonte es ontológicamente
inimaginable,frente a lo que ocurre, al parecer, con las lenguas no
castellanas. Mientras se rechazan determinadas políticas alentadas por
los gobiernos autonómicos que se limitan a reclamar para las lenguas
respectivas las mismas prerrogativas de las que disfruta el castellano
en Madrid, en Sevilla o en Valladolid, se prefiere olvidar cómo, en el
pasado y en el presente, medidas aplicadas a menudo con saña y
violencia han beneficiado de siempre al castellano y explican,
siquiera parcialmente, su condición de visible preeminencia
contemporánea. Mientras se manipulan y magnifican, en suma, los
problemas que los castellanohablantes puedan encontrar en algunos
lugares, se esquiva toda consideración en lo relativo a la delicada
situación en la que se encuentran el catalán, el gallego y el vasco, y
ello sobre la base de la increíble afirmación de que los objetivos de
dignificación de esas lenguas ya han sido, al parecer, satisfechos.

No consta que los nacionalistas lingüísticos españoles, de siempre
interesados en defender en exclusiva su lengua, se hayan pronunciado
en momento alguno en favor de los legítimos derechos de los hablantes
de las lenguas no castellanas. Que en los hechos el principio de libre
elección lingüística en el sistema educativo sólo se postula para los
castellanohablantes lo certifica la ausencia, dramática, de toda
consideración en lo que atañe a ese principio aplicado, por ejemplo,
en las personas de los hablantes de catalán, gallego y vasco que
residen fuera de los territorios en los que las lenguas
correspondientes son oficiales. Al cabo parece obligado concluir que
esas lenguas no son percibidas como propias, circunstancia que da al
traste, de paso, con cualquier proyecto creíble de bilingüismo:
llamativo es que, mientras los nacionalistas lingüísticos españoles se
desenvuelven orgullosamente como monolingües en castellano, se rechaza
que los hablantes de catalán, gallego y vasco puedan comportarse como
monolingües en las lenguas respectivas. Lo que en los hechos se
reivindica un monolingüismo de facto es percibido en cambio como una
afrenta cuando se sobreentiende que es la apuesta de los gobernantes
de las comunidades autónomas que disponen de lenguas propias.

Una curiosa defensa

El Manifiesto por la lengua común configura, en fin, una curiosa
defensa de una lengua que pareciera no tener a su disposición ningún
tipo de apoyo. Para certificar lo contrario ahí están la maquinaria
del Estado, el sistema educativo, un sinfín de rancias instituciones,
el grueso de los medios de comunicación, buena parte de la jerarquía
de la Iglesia católica, el respaldo de intelectuales de prestigio y,
en fin, las propias fuerzas armadas. Por si poco fuere, y a tono con
los tiempos, el manifiesto que nos interesa recaba para sus promotores
la doble condición de luchadores por los derechos humanos y de
defensores de los desheredados. Pena es que, por muchos esfuerzos que
se hagan, el texto no acierte a ocultar la defensa obscena de
privilegios tan impuestos como asentados, y la ritual demonización,
también a tono con los tiempos, de quienes disienten, paradójicamente
tildados, a menudo, de fascistas y totalitarios. Que semejante campaña
sea atizada, en suma, desde medios de comunicación y cenáculos de la
derecha más montaraz dice mucho de su sentido más profundo.



Firmantes:


Carlos Fernández Liria
profesor de Filosofía UCM


Montserrat Galcerán
catedrática de Filosofía, UCM


Pedro Ibarra
catedrático de Ciencias Políticas, UPV


Juan Carlos Moreno Cabrera
catedrático de Lingüística, UAM


Arcadi Oliveres
profesor de Ciencias Políticas, UAB


Jaime Pastor
profesor de Ciencias Políticas, UNED


Carlos Taibo
profesor de Ciencias Políticas, UAM

http://www.publico.es/135707/lenguas/comunes

Responder Con Cita
  #3 (permalink)  
Antiguo 20-07-2008, 21:08:53
gamo
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: El castellano: traicionero, opresor y marrano

On Sun, 20 Jul 2008, Pinet wrote:

> MANIFIESTO A FAVOR DEL PLURILINGÜISMO


> Una curiosa defensa
>
> El Manifiesto por la lengua común configura, en fin, una curiosa
> defensa de una lengua que pareciera no tener a su disposición ningún
> tipo de apoyo. Para certificar lo contrario ahí están la maquinaria
> del Estado, el sistema educativo, un sinfín de rancias instituciones,
> el grueso de los medios de comunicación, buena parte de la jerarquía
> de la Iglesia católica, el respaldo de intelectuales de prestigio y,
> en fin, las propias fuerzas armadas. Por si poco fuere, y a tono con
> los tiempos, el manifiesto que nos interesa recaba para sus promotores
> la doble condición de luchadores por los derechos humanos y de
> defensores de los desheredados. Pena es que, por muchos esfuerzos que
> se hagan, el texto no acierte a ocultar la defensa obscena de
> privilegios tan impuestos como asentados, y la ritual demonización,
> también a tono con los tiempos, de quienes disienten, paradójicamente
> tildados, a menudo, de fascistas y totalitarios. Que semejante campaña
> sea atizada, en suma, desde medios de comunicación y cenáculos de la
> derecha más montaraz dice mucho de su sentido más profundo.
>


Coño, pues me habeis convencido colegas: voy a firmarlo ipso facto, en
defensa de las rancias instituciones a las que perteneceis.


>
>
> Firmantes:
>
>
> Carlos Fernández Liria
> profesor de Filosofía UCM
>
>
> Montserrat Galcerán
> catedrática de Filosofía, UCM
>
>
> Pedro Ibarra
> catedrático de Ciencias Políticas, UPV
>
>
> Juan Carlos Moreno Cabrera
> catedrático de Lingüística, UAM
>
>
> Arcadi Oliveres
> profesor de Ciencias Políticas, UAB
>
>
> Jaime Pastor
> profesor de Ciencias Políticas, UNED
>
>
> Carlos Taibo
> profesor de Ciencias Políticas, UAM
>
> http://www.publico.es/135707/lenguas/comunes
>


--
http://www.telecable.es/personales/gamo/
perl -E 'say 111_111_111**2;'
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  #4 (permalink)  
Antiguo 21-07-2008, 00:03:10
superateo86
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: El castellano: traicionero, opresor y marrano

Pues yo firmaría de buena gana ese contramanifiesto.
Pero cuando se me pide la firma con un ataque hacia otro idioma que
quiero tanto como al catalán el sentido comín me indica que no debo
entrar en la provocación.
El tema ha rebasado el interés académico para convertirse en arma
arrojadiza. Si los catalanoparlantes tienen razón al sentirse molestos
con el anterior manifiesto de defensa del no atacado castellano, la
pierden si intentan conseguir apoyos por medio del insulto.

Despues de firmar cualquiera de los dos manifiestos ¡Tiren de la
cadena!

Superateo86

Responder Con Cita
  #5 (permalink)  
Antiguo 21-07-2008, 00:26:16
CENTRINO
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: El castellano: traicionero, opresor y marrano

Es que me lo estoy pensando, pero tengo una curiosidad:
¿ La firma tiene que estar en valenciano, euskera, gallego o español ?
disculpe, no me aclaro.





"Pinet" <Pinet***correu.vilaweb.com> escribió en el mensaje
news:b639287e-d142-42b0-b790-f40944236bad***e39g2000hsf.googlegroups.com...
MANIFIESTO A FAVOR DEL PLURILINGÜISMO
Nuestras lenguas comunes

Catalán, euskara y gallego conviven de forma desigual con los
consolidados privilegios del castellano

Un grupo de catedráticos y profesores de varias universidades constata
que el castellano, lejos de estar en peligro, mantiene tales ventajas
sobre el catalán, el gallego y el euskara que su exacerbada defensa
sólo puede tener un móvil ideológico.

Asistimos en estos días a una nueva oleada de nacionalismo lingüístico
español de la que el principal botón de muestra es el Manifiesto por
la lengua común que ha promovido una veintena de intelectuales de
prestigio. El texto en cuestión se asienta en certezas que nacen de
aquello que, al parecer, no puede someterse a discusión, como ocurre,
por lo demás, en muchos ámbitos de la vida de un Estado que presume de
su condición democrática. En las disputas correspondientes adquiere
singular relieve la Constitución de 1978, producto de un pacto en el
que, en ámbitos sensibles como éste, se impusieron normas sin recabar
la opinión de los afectados. Aun en el caso de que aceptásemos la
condición inequívocamente democrática del referendo constitucional de
aquel año, habría que preguntarse si tres decenios después no es
legítimo reclamar, en sentido bien diferente del que invocan los
promotores del manifiesto mencionado, una revisión de las normas
entonces instituidas. Las cosas como fueren, es significativo que la
nueva oleada de nacionalismo lingüístico español prefiera esconder que
las reglas que hace suyas no son precisamente neutras.

Llama poderosamente la atención que las mismas personas que afirman
con particular insistencia y frente a toda evidencia, tal y como lo
revelan las leyes que afectan entre nosotros a las lenguas que los
derechos no acompañan ni a éstas ni a los territorios, sino a las
personas, no aprecien problema alguno en el enunciado que se ha
convertido en guía principal del Manifiesto por la lengua común: el de
que, mientras todos los ciudadanos españoles están obligados a conocer
el castellano esto no es, al parecer, una imposición, sino un hecho
cuya consistencia, sin más, se supone, los hablantes de otras lenguas
disfrutan, sin más, del derecho a emplear estas últimas. Si sobran las
razones para concluir que semejante enunciación contradice
palmariamente lo que afirma el artículo 139.1 de la Constitución en
vigor Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en
cualquier parte del territorio del Estado,más inquietante es que en la
España de hoy se dé por demostrada, al parecer hasta el final de los
tiempos, la adhesión popular a reglas como la invocada, en un
escenario en el que se hace valer una oposición cerril al despliegue
de mecanismos que permitan conocer si la ciudadanía acata esas reglas
o, por el contrario, las repudia.

Quienes defienden que el castellano es superior, natural y útil
olvidan su imposición
Para el nacionalismo lingüístico español la lengua castellana es
superior, cómoda, fácil y útil, virtudes todas ellas que son siempre
el producto de circunstancias naturales, nunca de la imposición y la
represión. Las lenguas de los demás son, por el contrario, molestas,
arcaicas, antieconómicas y francamente prescindibles. Al tiempo que la
defensa del castellano se ajusta por definición a un impulso
democrático, la de las restantes lenguas responde cabe entender a
espurios y cavernarios intereses marcados por esa felonía que
identifica el Manifiesto por la lengua común; si en las segundas se
revelan por doquier los espasmos negativos de los nacionalismos, por
detrás de la primera no habría, en cambio, nacionalismo alguno.

La estrategia principal no nos engañemos apunta a ratificar la
situación de incómoda marginación y minoría de las lenguas no
castellanas, y a hacerlo de la mano de medidas que tienen un cariz
visiblemente asimétrico. Baste como botón de muestra el recordatorio
de que los firmantes del manifiesto que nos ocupa entienden que, aun
siendo recomendable que en las comunidades calificadas de bilingües la
rotulación de edificios y vías públicas se registre en las dos
lenguas, en modo alguno podrá realizarse en exclusiva en la lengua
propia del país en cuestión, sin que,por omisión, y cabe entender, se
rechace la posibilidad de que la rotulación se produzca únicamente en
castellano.

El idioma y la fuerza

Conocer el español es obligatorio; los hablantes de otras lenguas sólo
tienen derecho a su uso
A los ojos de los nacionalistas lingüísticos españoles, la lengua
común no se impone por la fuerza tal horizonte es ontológicamente
inimaginable,frente a lo que ocurre, al parecer, con las lenguas no
castellanas. Mientras se rechazan determinadas políticas alentadas por
los gobiernos autonómicos que se limitan a reclamar para las lenguas
respectivas las mismas prerrogativas de las que disfruta el castellano
en Madrid, en Sevilla o en Valladolid, se prefiere olvidar cómo, en el
pasado y en el presente, medidas aplicadas a menudo con saña y
violencia han beneficiado de siempre al castellano y explican,
siquiera parcialmente, su condición de visible preeminencia
contemporánea. Mientras se manipulan y magnifican, en suma, los
problemas que los castellanohablantes puedan encontrar en algunos
lugares, se esquiva toda consideración en lo relativo a la delicada
situación en la que se encuentran el catalán, el gallego y el vasco, y
ello sobre la base de la increíble afirmación de que los objetivos de
dignificación de esas lenguas ya han sido, al parecer, satisfechos.

No consta que los nacionalistas lingüísticos españoles, de siempre
interesados en defender en exclusiva su lengua, se hayan pronunciado
en momento alguno en favor de los legítimos derechos de los hablantes
de las lenguas no castellanas. Que en los hechos el principio de libre
elección lingüística en el sistema educativo sólo se postula para los
castellanohablantes lo certifica la ausencia, dramática, de toda
consideración en lo que atañe a ese principio aplicado, por ejemplo,
en las personas de los hablantes de catalán, gallego y vasco que
residen fuera de los territorios en los que las lenguas
correspondientes son oficiales. Al cabo parece obligado concluir que
esas lenguas no son percibidas como propias, circunstancia que da al
traste, de paso, con cualquier proyecto creíble de bilingüismo:
llamativo es que, mientras los nacionalistas lingüísticos españoles se
desenvuelven orgullosamente como monolingües en castellano, se rechaza
que los hablantes de catalán, gallego y vasco puedan comportarse como
monolingües en las lenguas respectivas. Lo que en los hechos se
reivindica un monolingüismo de facto es percibido en cambio como una
afrenta cuando se sobreentiende que es la apuesta de los gobernantes
de las comunidades autónomas que disponen de lenguas propias.

Una curiosa defensa

El Manifiesto por la lengua común configura, en fin, una curiosa
defensa de una lengua que pareciera no tener a su disposición ningún
tipo de apoyo. Para certificar lo contrario ahí están la maquinaria
del Estado, el sistema educativo, un sinfín de rancias instituciones,
el grueso de los medios de comunicación, buena parte de la jerarquía
de la Iglesia católica, el respaldo de intelectuales de prestigio y,
en fin, las propias fuerzas armadas. Por si poco fuere, y a tono con
los tiempos, el manifiesto que nos interesa recaba para sus promotores
la doble condición de luchadores por los derechos humanos y de
defensores de los desheredados. Pena es que, por muchos esfuerzos que
se hagan, el texto no acierte a ocultar la defensa obscena de
privilegios tan impuestos como asentados, y la ritual demonización,
también a tono con los tiempos, de quienes disienten, paradójicamente
tildados, a menudo, de fascistas y totalitarios. Que semejante campaña
sea atizada, en suma, desde medios de comunicación y cenáculos de la
derecha más montaraz dice mucho de su sentido más profundo.



Firmantes:


Carlos Fernández Liria
profesor de Filosofía UCM


Montserrat Galcerán
catedrática de Filosofía, UCM


Pedro Ibarra
catedrático de Ciencias Políticas, UPV


Juan Carlos Moreno Cabrera
catedrático de Lingüística, UAM


Arcadi Oliveres
profesor de Ciencias Políticas, UAB


Jaime Pastor
profesor de Ciencias Políticas, UNED


Carlos Taibo
profesor de Ciencias Políticas, UAM

http://www.publico.es/135707/lenguas/comunes



Responder Con Cita
  #6 (permalink)  
Antiguo 21-07-2008, 09:42:49
Tiberio
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: El castellano: traicionero, opresor y marrano

CENTRINO escribió:
> Es que me lo estoy pensando, pero tengo una curiosidad:
> ¿ La firma tiene que estar en valenciano, euskera, gallego o español ?
> disculpe, no me aclaro.


Sin ánimo de molestar aconsejaría que nadie de estos grupos respondiera
al tal Pinet, si observais los hilos de conversación coloca encabezados
polémicos pero no responde a ninguno, no sé si porque no sabe aunque
intuyo que es porque le damos asco por españoles y esta es su infantil
forma de despreciarnos, insultarnos e irse.

Tiberio.
Responder Con Cita
  #7 (permalink)  
Antiguo 21-07-2008, 11:13:49
CENTRINO
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: El castellano: traicionero, opresor y marrano

Tampoco es cuestión de callarnos los que sentimos y queremos a España.

Que se sepa, que somos y estamos.

Hubo un día en que realmente me acomplejaba de sentirme español, pero, eso
pasó hace largo tiempo.

No debemos callarnos, ni ser confundidos con extremistas.

Las respuestas, por tanto, no deben estar a la altura guerracivilista y
revanchista que
emplea el tal Pinet, eso es, precisamente, lo que busca.

Saludos.





"Tiberio" <pmenchen***terra.es> escribió en el mensaje
news:g61i67$f9f$1***aioe.org...
> CENTRINO escribió:
>> Es que me lo estoy pensando, pero tengo una curiosidad:
>> ¿ La firma tiene que estar en valenciano, euskera, gallego o español ?
>> disculpe, no me aclaro.

>
> Sin ánimo de molestar aconsejaría que nadie de estos grupos respondiera al
> tal Pinet, si observais los hilos de conversación coloca encabezados
> polémicos pero no responde a ninguno, no sé si porque no sabe aunque
> intuyo que es porque le damos asco por españoles y esta es su infantil
> forma de despreciarnos, insultarnos e irse.
>
> Tiberio.




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  #8 (permalink)  
Antiguo 21-07-2008, 11:42:14
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: El castellano: traicionero, opresor y marrano

No creo que hayas leído el manifiesto, de lo contrario ... (prefiero no decirlo)

--
--
"superateo86" <erpm***able.es> escribió en el mensaje
news:70e0c9ce-1d9f-49a4-af92-49d911d0da62***y21g2000hsf.googlegroups.com...
Pues yo firmaría de buena gana ese contramanifiesto.
Pero cuando se me pide la firma con un ataque hacia otro idioma que
quiero tanto como al catalán el sentido comín me indica que no debo
entrar en la provocación.
El tema ha rebasado el interés académico para convertirse en arma
arrojadiza. Si los catalanoparlantes tienen razón al sentirse molestos
con el anterior manifiesto de defensa del no atacado castellano, la
pierden si intentan conseguir apoyos por medio del insulto.

Despues de firmar cualquiera de los dos manifiestos ¡Tiren de la
cadena!

Superateo86

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  #9 (permalink)  
Antiguo 21-07-2008, 14:54:53
Xavier Llobet
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: El castellano: traicionero, opresor y marrano

In article <g61ngd$31i$1***aioe.org>, "CENTRINO" <nadie***agunolandia.com>
wrote:


> Las respuestas, por tanto, no deben estar a la altura guerracivilista y
> revanchista que emplea el tal Pinet, eso es, precisamente, lo que busca.
>
> Saludos.


De hecho, la única contribución de Pinet ha sido el título, que es
ciertamente ofensivo, provocador, e inadecuado.

_x.

--
Only one "o" in my e-mail address
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  #10 (permalink)  
Antiguo 21-07-2008, 18:27:53
Morpheo
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: El castellano: traicionero, opresor y marrano

Hombre, lod e traicionero y opresor, pues queda así como un poco
estúpido. Nada mas, tampoco voy a darle mayor imporancia.

Pero lo de marrano te ha quedado de un nacionalsocialista que flipas,
de verdad.


¿Tu no seras colega del Michael Laudam y Oposition, verdad?
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