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Antiguo 02-08-2008, 01:47:25
Suzudo
 
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Predeterminado La supervivencia de los más falsos

La ciencia sabe ahora que muchos de los pilares de la teoría darwinista
son o bien falsos o engañosos. Sin embargo, hay textos de biología que
siguen presentándolos como una evidencia tangible de la evolución. ¿Qué
implica esto acerca de su criterio científico?

— Jonathan Wells



Si durante mis años de estudio de ciencia en Berkeley alguien me hubiera
preguntado si creía lo que leía en mis libros de texto científicos,
hubiera respondido de una forma muy similar a cualquiera de mis
compañeros de estudios; me hubiera sentido perplejo de que siquiera se
me hiciese una pregunta así. Naturalmente, uno podría encontrar pequeños
errores, erratas y cosas así. Y la ciencia está siempre descubriendo
cosas nuevas. Pero yo creía —lo tenía como un supuesto— que mis libros
de texto científicos contenían el mejor conocimiento científico
disponible en aquel tiempo.



Solo fue cuando acababa mi doctorado en biología celular y del
desarrollo que me di cuenta de lo que al principio consideré como una
extraña anomalía. El libro de texto que yo usaba presentaba de forma
destacada unos dibujos de embriones de vertebrados —peces, gallinas,
seres humanos, etc.— cuyas semejanzas se presentaban como evidencia de
descendencia desde un antecesor común. Desde luego, los dibujos parecían
muy semejantes. Pero yo había estado estudiando embriones durante algún
tiempo, examinándolos al microscopio. Y me di cuenta de que los dibujos
estaban sencillamente equivocados.



Volví a comprobar todos mis otros libros de texto. Todos ellos
presentaban dibujos similares, y todos ellos estaban evidentemente
equivocados. No solo distorsionaban los embriones que representaban,
sino que omitían etapas tempranas en las que los embriones aparecen muy
diferentes entre sí.



Lo mismo que en el caso de la mayoría de los demás estudiantes de
ciencia, y como la mayoría de los científicos mismos, lo dejé pasar. No
afectaba a mi trabajo de manera directa, y di por supuesto que aunque
los textos estaban equivocados en esta cuestión por la razón que fuese,
se trataba de una excepción a la regla. Pero en 1997 mi interés en los
dibujos de los embriones se reavivó cuando el embriólogo británico
Michael Richardson y sus colegas publicaron el resultado de su estudio
en el que comparaban los dibujos de los libros de texto con embriones
reales. Tal como se citó al mismo Richardson en la prestigiosa revista
Science: «parece que está resultando ser uno de los más famosos fraudes
de la biología».



Peor todavía, no se trataba de un fraude reciente. Ni tampoco era un
descubrimiento reciente. Los dibujos de embriones que aparecen en casi
cada libro de texto de bachillerato y de universidad son o bien
reproducciones, o se basan en una famosa serie de dibujos realizados por
el biólogo alemán del siglo 19 y ferviente darwinista, Ernst Haeckel, y
los eruditos acerca de Darwin y de la teoría evolucionista han sabido
que se trataba de falsificaciones durante más de cien años. Pero por lo
que parece, ninguno de ellos consideró oportuno corregir esta falsa
información presente en casi todas partes.



Todavía creyendo que se trataba de una circunstancia excepcional, sentí
curiosidad por ver si podía encontrar otros errores en los textos
normativos de biología que trataban de la evolución. Pero mi
investigación reveló algo sorprendente: Bien lejos de ser excepciones,
estas descaradas tergiversaciones son más frecuentemente la regla. En mi
reciente libro las designo como «Iconos de la Evolución», porque muchas
de ellas están representadas por las clásicas y constantemente repetidas
ilustraciones que, como los dibujos de Haeckel, han servido demasiado
bien para su propósito pedagógico, el de fijar una falsa información
fundamental acerca de la teoría evolucionista en la mente del público.



Todos los recordamos de la clase de biología: el experimento que creó
«los ladrillos de la vida» en un tubo; el «árbol» de la evolución,
arraigado en el lodo primordial y ramificándose a una vida animal y
vegetal. Luego había las estructuras óseas semejantes de, digamos, el
ala de un ave y la mano de un hombre, las polillas del abedul y los
pinzones de Darwin. Y, naturalmente, los embriones de Haeckel.



Lo que sucede es que todos estos ejemplos, así como muchos otros que se
presentan como evidencia de evolución, resultan incorrectos. No solo
ligeramente desviados. No solo ligeramente erróneos. Por lo que respecta
a la cuestión de la evolución darwinista, los textos contenían
distorsiones desmesuradas e incluso alguna evidencia inventada. Y no
estamos hablando solo de textos de bachillerato que algunos pudieran
excusar (aunque no se debiera) por adherirse a un estándar más bajo.
También resultan culpables algunos de los libros de texto universitarios
más prestigiosos y de más circulación, como Evolutionary Biology de
Douglas Futuyma, y la última edición del libro de texto a nivel graduado
Molecular Biology of the Cell, que tiene como coautor al presidente de
la Academia Nacional de las Ciencias, Bruce Alberts. De hecho, cuando se
eliminan las falsas «evidencias», el alegato en favor de la evolución
darwinista, al menos en los libros de texto, queda tan debilitado que se
hace casi invisible.



La vida en una botella


Cualquiera que en 1953 fuese lo suficientemente mayor para comprender la
relevancia de la noticia recuerda lo impresionante, y, para muchos, lo
inspiradora que fue. Los científicos Stanley Miller y Harold Urey habían
tenido éxito en la creación de «los ladrillos» de la vida en una redoma.
Imitando lo que creían que habían sido las condiciones naturales de la
atmósfera de la tierra primitiva, y entonces haciendo pasar una chispa
eléctrica por ella, Miller y Urey habían conseguido unos aminoácidos
simples. Como los aminoácidos son los «ladrillos» de la vida, se creía
que era solo cuestión de tiempo hasta que los mismos científicos
pudieran crear organismos vivos. En aquel tiempo pareció ser una
espectacular confirmación de la teoría evolucionista. La vida no era un
«milagro». No había necesidad de ninguna actividad exterior o de
inteligencia divina. Sólo era necesario juntar los gases necesarios,
añadir electricidad, y la vida tenía que aparecer. Es un acontecimiento
común. De esta manera, Carl Sagan podía así predecir confiadamente en la
radio nacional que los planetas en órbita alrededor de aquellos
«milesssss y milesssss de millonessss» de estrellas en el espacio tenían
que estar abarrotados de vida.



Pero aparecieron problemas. Los científicos nunca pudieron ir más allá
de los más simples aminoácidos en su simulado ambiente primordial, y la
creación de las proteínas comenzó a resultar no un pequeño paso, ni un
par de pasos, sino una gran sima, quizá imposible de salvar.



Pero el golpe de gracia al experimento de Miller-Urey llegó en la década
de 1970, cuando los científicos comenzaron a llegar a la conclusión de
que la atmósfera primitiva de la tierra no se parecía en nada a la
mezcla de gases empleada por Miller y Urey. En lugar de ser lo que los
científicos designan como «reductora», un medio rico en hidrógeno, la
atmósfera primitiva de la tierra estaba probablemente compuesta por
gases liberados por volcanes. Acerca de esta cuestión hay un consenso
casi general entre los geoquímicos. Pero pongamos estos gases volcánicos
en el aparato de Miller y Urey, y el experimento no funciona —en otras
palabras, no aparecen «ladrillos» de la vida.


Aparato y experimento de Miller y Urey

¿Qué dicen los libros de texto acerca de este hecho tan incómodo? De
modo general, lo silencian y siguen usando el experimento de Miller y
Urey para convencer a los estudiantes de que los científicos han
demostrado un importante primer paso en el origen de la vida. Entre
estos libros de texto se encuentran el ya mencionado Molecular Biology
of the Cell, del que uno de los coautores es el presidente de la
Academia Nacional de las Ciencias, Bruce Alberts. La mayoría de los
libros de texto dicen además a los estudiantes que los investigadores
acerca del origen de la vida han hallado abundantes evidencias
adicionales para explicar cómo la vida se originó espontáneamente —en
lugar de decir a los estudiantes que los investigadores mismos reconocen
en la actualidad que la explicación les sigue escapando.



Embriones falseados


Darwin pensaba que «de lejos la clase singular de pruebas más enérgicas
en favor de» su teoría procedían de la embriología. Pero Darwin no era
embriólogo, de modo que se apoyó en el trabajo del biólogo alemán Ernest
Haeckel, que realizó unos dibujos de embriones de diversas clases de
vertebrados para exponer que son virtualmente idénticos en sus etapas
más tempranas, y que se diferencian de forma ostensible solo al
desarrollarse. Fue este patrón el que Darwin encontró tan convincente.



Esta puede que sea la más insigne de las distorsiones, porque los
biólogos han sabido durante más de un siglo que los embriones
vertebrados nunca se parecen tanto como Haeckel los dibujó. En algunos
casos, Haeckel usó el mismo grabado de madera para imprimir embriones
que se suponía que pertenecían a clases diferentes. En otros, retocó sus
dibujos para hacer que los embriones se pareciesen más que en la
realidad. Los coetáneos de Haeckel lo criticaron en repetidas ocasiones
por estas tergiversaciones, y fue objeto de numerosas acusaciones de
fraude a lo largo de su vida. En 1997, el embriólogo británico Michael
Richardson y un equipo internacional de expertos compararon los dibujos
de Haeckel con fotografías de embriones reales de vertebrados, y
demostraron de manera concluyente que los dibujos tergiversan la realidad.



Ilustración falseada de Haeckel sobre los embriones y evolución

Los dibujos son engañosos de otra manera. Darwin fundamentó sus
inferencias de descendencia común sobre la creencia de que las etapas
más tempranas en el desarrollo de los embriones son las más similares.
Pero los dibujos de Haeckel omiten por entero las etapas más tempranas,
que son muy diferentes, y arrancan a partir de un punto medio de mayor
semejanza. El embriólogo William Ballard escribió en 1976 que es «solo
mediante trucos semánticos y selección subjetiva de la evidencia», y
«torciendo los hechos de la naturaleza» que alguien puede argumentar que
las etapas tempranas de los vertebrados «son más semejantes que sus
formas adultas». Pero se puede encontrar alguna versión de los dibujos
de Haeckel en la mayor parte de los libros de texto de biología. Stephen
Jay Gould, uno de los proponentes más visibles de la teoría
evolucionista, escribió recientemente que deberíamos estar «asombrados y
avergonzados por todo el siglo de reciclado irreflexivo que ha llevado a
la persistencia de estos dibujos en una gran cantidad, por no decir que
en una mayoría, de los libros de texto modernos». (Más adelante volveré
a la cuestión de por qué es solo ahora que el Sr. Gould, que ha conocido
estas falsedades durante décadas, ha decidido desenmascararlas ante el
gran público.)



El árbol de la vida según Darwin



Darwin escribió en El Origen de las Especies: «Considero a todos los
seres no como creaciones especiales, sino como los descendientes
lineales de algunos pocos seres» que vivieron en el distante pasado. Él
creía que las diferencias entre las especies modernas surgieron
primariamente por selección natural, o por supervivencia de los más
aptos, y describió todo el proceso como «descendencia con modificación».



Naturalmente, nadie pone en duda que tiene lugar una cierta cantidad de
descendencia con modificación dentro de las especies. Pero la teoría de
Darwin pretende explicar el origen de nuevas especies —de hecho, de
todas las especies, por cuanto las primeras células emergieron del
légamo primordial.



Esta teoría tiene la virtud de hacer una predicción: Si todos los seres
vivos son descendientes por modificación gradual procedentes de una o de
unas pocas formas originales, entonces la historia de la vida tendría
que asemejarse a un árbol que se va ramificando. Desafortunadamente, y a
pesar de declaraciones oficiales, esta predicción ha resultado ser falsa
en algunos aspectos importantes.



El registro fósil muestra la aparición de los grupos más generales de
animales plenamente formados alrededor del mismo tiempo en una
«explosión del Cámbrico», en lugar de una divergencia a partir de un
antecesor común. Esto Darwin lo sabía, y lo consideraba como una grave
objeción a su teoría. Pero él lo atribuía a la imperfección del registro
fósil, y creía que una investigación futura proporcionaría los
antecesores que faltaban.



Pero el transcurso de un siglo y medio de una recolección continuada de
fósiles solo ha servido para agravar el problema. En lugar de la
aparición de ligeras diferencias al principio y luego el posterior
surgimiento de diferencias mayores, las mayores diferencias surgen ya al
mismo principio. Algunos expertos en fósiles describen esto como
«evolución cabeza abajo», y observan que contradice el patrón de «cabeza
arriba» predicho por la teoría de Darwin. Sin embargo, la mayoría de los
libros de texto de biología actuales ni siquiera hacen mención de la
explosión del Cámbrico, y mucho menos señalan al reto que significa para
el evolucionismo darwinista.



Luego vino la evidencia procedente de la biología molecular. En la
década de 1970 los biólogos comenzaron a contrastar el patrón del árbol
ramificado de Darwin comparando moléculas en diversas especies. Cuanto
más semejantes sean las moléculas en dos especies diferentes, tanto más
estrechamente relacionadas se las supone. Al principio este método
parecía confirmar el árbol de la vida de Darwin. Pero al realizar los
científicos más y más moléculas, descubrieron que diferentes moléculas
daban resultados en conflicto. El patrón de ramificación del árbol que
se infiere mediante una molécula contradice con frecuencia el patrón que
se obtiene con otra.



Árbol de la evolución en contradicción con los datos paleontológicos y
bioquímicos


La estructura ramificada del «árbol de la vida» de Darwin ha quedado
seriamente cuestionada por los datos del registro fósil y de la moderna
biología molecular. (Ilustración de Biology, de Miller y Levine,
publicado por Prentice-Hall)

El biólogo molecular canadiense W. Ford Doolittle no cree que el
problema vaya a desaparecer. Quizá los científicos «no han alcanzado a
encontrar el “verdadero árbol”», escribió en 1999, «no debido a que sus
métodos sean inadecuados o porque hayan escogido los genes incorrectos,
sino porque la historia de la vida no se pueda representar de forma
adecuada como un árbol». Sin embargo, los libros de texto de biología
siguen asegurando a los estudiantes que el Árbol de la Vida de Darwin es
un hecho científico abrumadoramente confirmado por la evidencia. Pero a
juzgar por la verdadera evidencia fósil y molecular, es una hipótesis no
acreditada disfrazada de hecho.



Todos se parecen:

La homología en los miembros de los vertebrados



La mayoría de los libros de texto de biología muestran dibujos de
extremidades de vertebrados que exhiben semejanzas en sus estructuras
óseas. Los biólogos anteriores a Darwin habían observado este tipo de
semejanza y la habían llamado «homología», y la atribuían a una
construcción sobre un arquetipo o diseño común. Pero en El Origen de las
Especies Darwin argumentó que la mejor explicación para la homología es
la descendencia con modificación, y la consideró como evidencia en favor
de su teoría.



Los seguidores de Darwin se apoyan en las homologías para ordenar a los
fósiles en árboles ramificados que supuestamente exhiben relaciones de
antecesores y descendientes. En su libro de 1990, Evolution and the Myth
of Creationism [La evolución y el mito del creacionismo], el biólogo Tim
Berra comparó el registro fósil con una serie de modelos de automóvil
Corvette: «Si uno compara un Corvette modelo 1953 y un Corvette modelo
1954, poniéndolos juntos, y luego un modelo 1954 y un modelo 1955, y se
sigue así, la evidencia de la descendencia con modificación resulta
abrumadora»



Pero Berra se olvidó de un punto crucial, y evidente: Los Corvettes, que
se sepa, no dan a luz a pequeños Corvettes. Lo mismo que todos los demás
automóviles, están diseñados por personas que trabajan para las
compañías automovilísticas. En otras palabras, hay una inteligencia
exterior. Así, aunque Berra creía que estaba prestando apoyo a la
evolución darwinista en lugar de a la explicación predarwinista, puso en
evidencia, involuntariamente, que la evidencia de los fósiles es
compatible con ambas cosas. El catedrático de derecho (y crítico del
darwinismo) Phillip E. Johnson lo designó como «La Bobada de Berra».



La lección que debemos aprender de la Bobada de Berra es que es preciso
especificar un mecanismo natural antes de poder excluir científicamente
la construcción por designio como la causa de la homología. Los biólogos
darwinistas han propuesto dos mecanismos: vías de desarrollo y programas
genéticos. Según el primero, las características homólogas surgen de
células y procesos semejantes en el embrión; según el segundo, las
características homólogas están programadas por genes semejantes.



Pero los biólogos han sabido durante cien años que las estructuras
homólogas no las producen vías semejantes de desarrollo. Y han sabido
desde hace treinta años que a menudo tampoco las producen genes
semejantes. De modo que no hay ningún mecanismo demostrado empíricamente
para establecer que las homologías se deban a una descendencia común en
lugar de a un designio común.



En ausencia de mecanismo, los darwinistas modernos han pasado a definir
la homología simplemente como semejanza debido a una descendencia común.
Según Ernst Mayr, uno de los principales arquitectos del moderno
neodarwinismo: «A partir de 1859 solo ha habido una definición de
homólogo que tiene sentido en biología: Los atributos de dos organismos
son homólogos cuando derivan de una característica equivalente del
antecesor común».



En esto tenemos un caso clásico de razonamiento en círculos. Darwin
consideraba la evolución como una teoría, y la homología como evidencia
en favor de la misma. Los seguidores de Darwin dan por supuesta la
evolución como si estuviese establecida de forma independiente, y
consideran la homología como su resultado. Pero entonces uno no puede
usar la homología como prueba en favor de la evolución excepto razonando
en círculos: La semejanza debida a la descendencia común demuestra la
descendencia común.



Los filósofos de la biología han estado criticando este modo de hacer
durante décadas. Como escribió Ronald Brady en 1985: «Al introducir
nuestra explicación en la definición de la condición a explicar, no
expresamos una hipótesis científica sino una creencia. Estamos tan
convencidos de que nuestra explicación es verdadera que ya no vemos
ninguna necesidad de distinguirla de la situación que estábamos
intentando explicar. Las empresas dogmáticas de esta clase han de dejar
finalmente el ámbito de la ciencia».



La homología ha resultado no ser prueba de la descendencia común, sino
un problema para dicho concepto.


De nuevo, ¿cómo afrontan los libros de texto esta controversia? Una vez
más, la pasan por alto. De hecho, dan a los estudiantes la impresión de
que tiene sentido definir la homología en términos de descendencia común
y luego darle la vuelta y usarla como evidencia en favor de la
descendencia común. Y a esto le llaman «ciencia».



No hay nada que no se pueda pegar con un poco de cola:

Las polillas moteadas del abedul



Darwin estaba convencido de que en el curso de la evolución, «la
Selección Natural ha sido el medio más importante, pero no exclusivo, de
modificación», pero no tenía evidencia directa de esto. Lo mejor que
pudo hacer en El Origen de las Especies fue dar «una o dos ilustraciones
imaginarias».



Pero en la década de 1950, el médico británico Bernard Kettlewell
proporcionó lo que parecía constituir una prueba concluyente de la
selección natural. Durante el siglo precedente, las polillas moteadas
del abedul habían cambiado de ser de un color predominante claro a ser
de color oscuro de manera predominante. Se pensó que el cambio había
tenido lugar debido a que las polillas oscuras se camuflan mejor sobre
troncos de árbol oscurecidos por la contaminación, y que son por ello
menos susceptibles a ser devoradas por las aves predadoras.



Para poner a prueba esta hipótesis de forma experimental, Kettlewell
liberó polillas claras y oscuras en troncos de árboles cercanos en
bosques contaminados y no contaminados, y luego observó mientras los
pájaros devoraban las polillas más visibles. Como era de esperar, los
pájaros comieron más polillas claras en el bosque contaminado, y más
polillas oscuras en el bosque incontaminado. En un artículo escrito para
Scientific American, Kettlewell designó esto como «la evidencia que le
faltaba a Darwin». Las polillas moteadas pronto se convirtieron en el
clásico ejemplo de la selección natural en acción, y la historia sigue
apareciendo en la mayor parte de los libros de introducción a la
biología, acompañada de fotografías de las polillas sobre los troncos de
los árboles.



Pero en la década de 1980 unos investigadores encontraron evidencia de
que la historia oficial era defectuosa —incluyendo el hecho
significativo de que las polillas moteadas no se posan normalmente sobre
los troncos de los árboles. Más bien, vuelan de noche y aparentemente se
ocultan bajo las ramas superiores durante el día. Al liberar polillas
sobre troncos de árboles cercanos a la luz del día, Kettlewell creó una
situación artificial que no existe en la naturaleza. En la actualidad,
muchos biólogos consideran nulos sus resultados, e incluso algunos
incluso ponen en duda si la selección natural fue la responsable de los
cambios observados.



Así, ¿de dónde salieron todas aquellas fotografías que aparecen en los
libros de texto de polillas moteadas sobre troncos? Se trata de un
montaje. Para facilitar las cosas, algunos fotógrafos incluso pegaron
polillas muertas a los árboles. Naturalmente, aquellos que realizaron
este montaje antes de la década de 1980 creían que estaban representando
la verdadera situación de forma precisa, pero ahora sabemos que estaban
en un error. Sin embargo, una examen de pasada a casi cualquier libro de
texto de biología actual revela que se siguen empleando todavía como
evidencia de selección natural.



En 1999, un escritor canadiense de libros de texto justificaba esta
práctica: «Es preciso considerar la audiencia. ¿Cuán complicado lo
quieres hacer para el principiante?», en palabras de Bob Ritter, citado
en la publicación Alberta Report Newsmagazine de abril de 1999. Los
estudiantes de instituto «tienen todavía una mentalidad muy concreta en
la forma que aprenden», proseguía Ritter. «Queremos comunicar la idea de
la adaptación selectiva. Más tarde pueden considerar el trabajo de forma
crítica.»



Las polillas moteadas y el melanismo industrial, una evidencia fabricada.


Por lo que parece, esto de «más tarde» puede llegar a ser mucho más
tarde. Cuando el Profesor Jerry Coyne de la Universidad de Chicago se
enteró de la verdad en 1998, estaba bien adentrado en su carrera como
biólogo evolucionista. Su experiencia ilustra cuán insidiosos son
realmente los iconos de la evolución, por cuanto extravían tanto a los
expertos como a los principiantes.



Picos y pájaros:

Los pinzones de Darwin



Un cuarto de siglo antes que Darwin publicase El Origen de las Especies,
estaba formulando sus ideas como naturalista a bordo del barco británico
de exploración H.M.S. Beagle. Cuando el Beagle visitó las Islas
Galápagos en 1835, Darwin recogió especímenes de la fauna y flora
autóctona, incluyendo algunos pinzones.



Aunque los pinzones tuvieron en realidad poco que ver con el desarrollo
de la teoría evolucionista de Darwin, han atraído una considerable
atención de parte de los modernos biólogos evolucionistas como evidencia
adicional de la selección natural. En la década de 1970, Peter y
Rosemary Grant y sus colegas observaron un aumento de un 5 por ciento en
el tamaño de los picos después de una intensa sequía, debido a que los
pinzones se quedaron solo con semillas difíciles de partir. El cambio,
aunque significativo, era pequeño; sin embargo, algunos darwinistas
pretenden que explica incluso el origen primero de la especie de los
pinzones.



Un opúsculo publicado en 1999 por la Academia Nacional de Ciencias de
los Estados Unidos describe los pinzones de Darwin como «un ejemplo
particularmente convincente» del origen de las especies. El opúsculo
cita el trabajo de Gran y explica cómo «un solo año de sequía en las
islas puede llevar a cambios evolutivos en los pinzones». Dicho opúsculo
calcula también que «si se dan sequías alrededor de cada 10 años en las
islas, podría surgir una nueva especie de pinzón en unos meros 200 años».



Pero este opúsculo silencia que los picos de los pinzones revirtieron a
la normalidad después que volvieron las lluvias. No hubo una evolución
neta. De hecho, hay diversas especies de pinzones que actualmente
parecen estar mezclándose mediante hibridación, en lugar de divergiendo
por selección natural tal como lo demanda la teoría de Darwin.



Los pinzones, una evidencia de reversión, no de evolución.


La supresión de la evidencia para dar la impresión de que los pinzones
de Darwin confirman la teoría evolucionista bordea la mala práctica
científica. Según el biólogo de Harvard Louis Guenin (escribiendo en
Nature en 1999), las leyes sobre títulos garantizados de los Estados
Unidos nos proporcionan «nuestra fuente más rica de directrices
experimentales» para definir qué constituye mala práctica científica.
Pero un corredor de bolsa que diga a sus clientes que se puede esperar
de unas acciones determinadas que doblen de valor en veinte años porque
subieron un 5 por ciento en 1998, a la vez que oculta el hecho de que
las mismas acciones descendieron en un 5 por ciento en 1999, podría ser
acusado de fraude con toda razón. Como escribió el catedrático de
derecho de Berkeley Phillip E. Johnson en The Wall Street Journal en
1999: «Cuando nuestros científicos líderes tienen que recurrir a la
especie de distorsión que llevaría a un corredor de bolsa a la cárcel,
es que están en un verdadero aprieto.»



De los simios a los humanos



La teoría darwinista se manifiesta realmente de forma abierta cuando se
aplica a los orígenes de la humanidad. Aunque apenas si mencionó este
tema en El Origen de las Especies, posteriormente Darwin escribió con
profusión acerca de esto en El Linaje del Hombre. «Mi propósito»,
explicaba él, «es demostrar que no existe ninguna diferencia fundamental
entre el hombre y los animales superiores respecto a sus facultades
mentales» — incluso en lo tocante a la moralidad y a la religión. Según
Darwin, la tendencia de un perro a imaginar una agencia oculta en cosas
movidas por el viento «se transmitiría fácilmente a la creencia en la
existencia de uno o más dioses».



Naturalmente, ya mucho antes de Darwin existía el conocimiento de que el
cuerpo humano forma parte de la naturaleza. Pero Darwin iba mucho más
lejos. Lo mismo que los filósofos materialistas desde la antigua Grecia,
Darwin creía que los seres humanos no son nada más que animales.



Pero Darwin necesitaba evidencia para confirmar su conjetura. Aunque los
Neanderthales ya habían sido descubiertos, no se consideraban entonces
como ancestros humanos, de modo que Darwin no tenía evidencia fósil a
favor de su punto de vista. No fue sino hasta 1912 que el paleontólogo
amateur Charles Dawson anunció que había hallado aquello que los
darwinistas estaban buscando, en una cantera de grava en Piltdown,
Inglaterra.



Dawson había encontrado parte de un cráneo humano y parte de un maxilar
inferior de forma simiesca con dos dientes. No fue sino hasta cuarenta
años más tarde que un equipo de científicos demostró que el cráneo de
Piltdown, aunque quizá de miles de años de antigüedad, pertenecía a un
ser humano moderno, mientras que el fragmento de la mandíbula era más
reciente y pertenecía a un orangután moderno. La mandíbula había sufrido
un tratamiento químico para hacerla parecer fósil, y sus dientes habían
sido limados de forma deliberada para hacerlos parecer humanos. El
hombre de Piltdown era un fraude.



La mayoría de los textos modernos de biología ni tan siquiera mencionan
Piltdown. Cuando los críticos del darwinismo suscitan el tema, se les
dice generalmente que este incidente sencillamente demuestra la
capacidad de autocorrección de la ciencia. Y así lo fue en este caso
—aunque la corrección se tomó más de cuarenta años. Pero la lección más
interesante que se puede aprender de Piltdown es que los científicos, lo
mismo que cualquier otra persona, pueden ser engañados a ver lo que
quieren ver.



La misma subjetividad que preparó el camino para Piltdown sigue
infestando las investigaciones acerca de los orígenes humanos. Según la
paleoantropóloga Misia Landau, las teorías de los orígenes humanos
«exceden con mucho a lo que se puede inferir del estudio de los fósiles
solos y de hecho imponen una pesada carga de interpretación sobre el
registro fósil —carga que queda aliviada al colocar los fósiles en
estructuras narrativas preexistentes». En 1996, el conservador del Museo
Americano de Historia Natural, Ian Tattersall, reconoció que «en
paleoantropología, las pautas que percibimos son probablemente tanto el
resultado de nuestras actitudes inconscientes como de la evidencia
misma». El antropólogo Geoffrey Clark, de la Universidad Estatal de
Arizona, se hizo eco de esta postura cuando escribió: «Seleccionamos
entre conjuntos alternativos de conclusiones de las investigaciones
siguiendo nuestros prejuicios y conceptos previamente asumidos». Clark
sugería que «la paleoantropología tiene la forma pero no el fondo de la
ciencia».



Los estudiantes de biología y el público en general son raras veces
informados de la profunda incertidumbre acerca de los orígenes humanos
que aparece reflejada en estas declaraciones de expertos científicos. En
lugar de esto, se les alimenta con las últimas especulaciones como si
fuesen realidades. Y la especulación va generalmente ilustrada con
fantasiosos dibujos de hombres de las cavernas, o con fotografías de
actores humanos muy maquillados.



¿Qué está pasando aquí?



La mayoría de nosotros supone que lo que oímos de parte de científicos
es relativamente digno de confianza. Los políticos podrían distorsionar
o empujar la verdad para respaldar un plan preconcebido, pero los
científicos, se nos dice, tratan acerca de hechos. Sí, pueden
equivocarse en ocasiones, pero la belleza de la ciencia es que se puede
someter a prueba empírica. Si una teoría está equivocada, esto lo
descubrirán otros científicos que realicen experimentos independientes
bien para reproducir o para refutar sus resultados. De esta manera se
examinan constantemente los datos y las hipótesis se transforman en
teorías ampliamente aceptadas. De modo que, ¿cómo explicamos una
distorsión tan extendida y duradera de los datos específicos que se
emplean para respaldar la teoría evolucionista?



Quizá el evolucionismo darwinista ha adoptado una significación en
nuestra cultura que tiene poco que ver con su mérito científico, sea
éste cual sea. Una indicación de ello se observó en la reacción casi
universal y hostil contra la resolución de la Junta Escolar de Kansas de
dar lugar a la disidencia en la enseñanza estándar de la evolución
(mucha de la cual, como acabamos de ver, es sencillamente errónea).



Según los medios de comunicación, solo los fundamentalistas religiosos
ponen en duda el evolucionismo darwinista. Los que critican a Darwin,
según se nos dice, quieren retrotraer a bombazos la ciencia hasta la
Edad de Piedra y sustituirla con la Biblia. El creciente cuerpo de
evidencia que contradice a las pretensiones darwinistas es ignorado
olímpicamente. Cuando el bioquímico Michael Behe observó en el diario
The New York Times el año pasado que la «evidencia» embriológica en
favor de la evolución era un fraude, el darwinista de Harvard Stephen
Jay Gould admitió que había conocido esto durante décadas (como se ha
observado con anterioridad en el presente artículo), pero acusó a Behe
de ser un «creacionista» por manifestarlo públicamente.



Ahora bien, aunque Behe respalda la idea de que algunas características
de los seres vivos se explican mejor mediante un diseño inteligente, no
es un «creacionista» en el sentido en que se emplea normalmente este
término. Behe es un biólogo molecular cuyo trabajo científico le ha
convencido de que la teoría darwinista no se ajusta a la evidencia
observacional y experimental. ¿Por qué Gould, que sabe que los dibujos
de Haeckel son una falsificación, descarta a Behe como creacionista por
criticar dichos dibujos?



Sospecho que existe un interés activo aquí aparte del de la ciencia
pura. Mi evidencia es el mensaje materialista más o menos explícito
entretejido en muchos de los libros de texto. El libro de Futuyma
Evolutionary Biology es típico de esto mismo, al informar a los
estudiantes que «fue la teoría de la evolución de Darwin», junto con la
teoría de Marx acerca de la historia y la teoría de Freud acerca de la
naturaleza humana «lo que proporcionó un trampolín crucial para la
plataforma del mecanismo y del materialismo» que ha sido desde entonces
«el escenario de la mayor parte del pensamiento occidental». Un libro de
texto cita a Gould, que declara abiertamente que los seres humanos no
han sido creados, sino que son meramente las ramitas fortuitas en un
árbol de la vida «contingente» (esto es, accidental). El darwinista
Richard Dawkins, de Oxford, aunque no en libro de texto, lo escribió de
forma más contundente: «Darwin hizo posible el ser un ateo
intelectualmente satisfecho».



Estos son puntos de vista evidentemente filosóficos más que científicos.
Futuyma, Gould y Dawkins tienen derecho a expresar su filosofía. Pero no
tienen derecho a enseñarla como si fuese ciencia. En ciencia todas las
teorías —incluyendo el evolucionismo darwinista— han de contrastarse
mediante la evidencia. Por cuanto Gould sabe que la verdadera evidencia
embriológica contradice los dibujos falseados en los libros de texto de
biología, ¿por qué no adopta un papel más activo en limpiar la educación
científica? Las tergiversaciones y omisiones que he reseñado aquí son
solo una pequeña muestra. Hay muchas más. Durante demasiado tiempo el
debate acerca de la evolución ha dado como supuestos unos «hechos» que
no son ciertos. Es hora de eliminar las mentiras que obstruyen la
discusión de la evolución a nivel popular, y de insistir en que las
teorías se ajusten a la evidencia. En otras palabras, es hora de hacer
ciencia de la forma en que se supone que se debe hacer.

Título: La supervivencia de los más falsos
Título original: Survival of the Fakest

Autor: Jonathan Wells, Ph.D.
Fuente: Survival of the Fakest, artículo aparecido originalmente en The
American Spectator -Diciembre de 2000 / Enero de 2001 - con permiso del
Instituto Discovery - Discovery Institute, www.discovery.org, Discovery
Institute · 1511 Third Ave Suite 808 · Seattle, WA 98101 · EE.UU. de
Norteamérica.

Traducción del inglés: Santiago Escuain
© Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.
SEDIN-Servicio Evangélico
Apartado 126
17244 Cassà de la Selva
(Girona) ESPAÑA
Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a
condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo
anterior y esta nota.


http://www.sedin.org/ID/supervivencia_falsos.html


Shiliam khemen



Siento vergüenza decirlo, pero confirmo y reconozco, que durante mucho
tiempo yo también creí en la grán mentira del evolucionismo, he aquí la
muestra:


- --

De: Suzudo
Fecha: 03/09/2006 23:25 GTM+2
Hilo: Re: Hoy aula de religión: Evolucionismo
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...f?dmode=source



De: Suzudo
Fecha: 30/08/2006 23:09 GTM+2
Hilo: Re: evolución (o la mentira más grande jamás contada)
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...c?dmode=source



De: Suzudo
Fecha: 07/09/2006 22:52 GTM+2
Hilo: Re: Preguntas a los evolucionistas
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...f?dmode=source



De: Suzudo
Fecha: 02/09/2006 16:43 GTM+2
Hilo: Re: Hay Muchos Problemas Con la Teoría De La Evolución
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...f?dmode=source



De: Suzudo
Fecha: 31/08/2006 18:56 GTM+2
Hilo: Re: Hay Muchos Problemas Con la Teoría De La Evolución
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...e?dmode=source

**
http://groups.google.es/group/es.cha...7?dmode=source
**



De: Suzudo
Fecha: 30/08/2006 23:12 GTM+2
Hilo: Re: La Cronologia Del Eslabon Perdido
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...7?dmode=source



De: Suzudo
Fecha: 07/09/2006 22:17 GTM+2
Hilo: Re: Si tuviera una visión
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...b?dmode=source



De: Suzudo
Fecha: Lun 14 ago 2006 - 18:34 GTM+2
Hilo: Evolución Diseño Inteligente
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...f?dmode=source



***************


De: Suzudo
Fecha: 04 Nov 2006 20:30:34 +0100
Hilo: ¿Eres un ser espiritual?
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...9?dmode=source



De: Suzudo
Fecha: 02 May 2006 07:24:34 +0200
Hilo: El más patético intento de responder al reto de la Complejidad
Irreducible
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...e?dmode=source



De: Suzudo
Fecha: 04 Nov 2006 01:11:53 +0100
Hilo: Mutaciones "benéficas" en el cuerpo humano?
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...a?dmode=source



De: Suzudo
Fecha: 30 Aug 2006 23:08:44 +0200
Hilo: Algunos Sapos Refutan La Evolución
En: es.charla.religion

http://groups.google.es/group/es.cha...c?dmode=source
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=50k/
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  #2 (permalink)  
Antiguo 02-08-2008, 09:04:56
Lupus
 
Mensajes: n/a
Predeterminado ¡¡¡¡¡ FALSIFICADO !!!!!!

¡¡¡¡¡ FALSIFICADO !!!!!!

--
Algunos datos de este desgraciado personaje


http://esuntroll.blogspot.com/2005/08/nennito.html
Clasificación: TROLL Especialista en insultos de todo tipos.

Pagina personal
http://www.amigar.com/gente/nennito/

Otros datos:
> Latitud: 50G 48Min 49.26Seg Norte
> longitud: 2G 28Min 28.95Seg Oeste


De sus firmas:
Nennito. (nennito***666.es

Nenn...***UNTARANTANTANya.com

Alguna Perla
http://esuntroll.blogspot.com/2005/1...mara-iigo.html

--
!!! RELIGION = MANIPULACION !!!
!!! FUERA LA RELIGION DE LOS COLEGIOS !!!
!!! ATEISMO ES LIBERTAD !!!
Perlas de los Grupos
http://groups.google.es/group/es.cha...ca9a36e1cf9c85

http://groups.google.es/group/es.cha...39393918bc3535

"Suzudo" <suzudousenet***hotmail.com> escribió en el mensaje news:g70b12$lie$1***news.tornevall.net...
> La ciencia sabe ahora que muchos de los pilares de la teoría darwinista son o bien falsos o
> engañosos. Sin embargo, hay textos de biología que siguen presentándolos como una evidencia
> tangible de la evolución. ¿Qué implica esto acerca de su criterio científico?
>
> — Jonathan Wells
>
>
>
> Si durante mis años de estudio de ciencia en Berkeley alguien me hubiera preguntado si creía lo
> que leía en mis libros de texto científicos, hubiera respondido de una forma muy similar a
> cualquiera de mis compañeros de estudios; me hubiera sentido perplejo de que siquiera se me
> hiciese una pregunta así. Naturalmente, uno podría encontrar pequeños errores, erratas y cosas
> así. Y la ciencia está siempre descubriendo cosas nuevas. Pero yo creía —lo tenía como un
> supuesto— que mis libros de texto científicos contenían el mejor conocimiento científico
> disponible en aquel tiempo.
>
>
>
> Solo fue cuando acababa mi doctorado en biología celular y del desarrollo que me di cuenta de lo
> que al principio consideré como una extraña anomalía. El libro de texto que yo usaba presentaba de
> forma destacada unos dibujos de embriones de vertebrados —peces, gallinas, seres humanos, etc.—
> cuyas semejanzas se presentaban como evidencia de descendencia desde un antecesor común. Desde
> luego, los dibujos parecían muy semejantes. Pero yo había estado estudiando embriones durante
> algún tiempo, examinándolos al microscopio. Y me di cuenta de que los dibujos estaban
> sencillamente equivocados.
>
>
>
> Volví a comprobar todos mis otros libros de texto. Todos ellos presentaban dibujos similares, y
> todos ellos estaban evidentemente equivocados. No solo distorsionaban los embriones que
> representaban, sino que omitían etapas tempranas en las que los embriones aparecen muy diferentes
> entre sí.
>
>
>
> Lo mismo que en el caso de la mayoría de los demás estudiantes de ciencia, y como la mayoría de
> los científicos mismos, lo dejé pasar. No afectaba a mi trabajo de manera directa, y di por
> supuesto que aunque los textos estaban equivocados en esta cuestión por la razón que fuese, se
> trataba de una excepción a la regla. Pero en 1997 mi interés en los dibujos de los embriones se
> reavivó cuando el embriólogo británico Michael Richardson y sus colegas publicaron el resultado de
> su estudio en el que comparaban los dibujos de los libros de texto con embriones reales. Tal como
> se citó al mismo Richardson en la prestigiosa revista Science: «parece que está resultando ser uno
> de los más famosos fraudes de la biología».
>
>
>
> Peor todavía, no se trataba de un fraude reciente. Ni tampoco era un descubrimiento reciente. Los
> dibujos de embriones que aparecen en casi cada libro de texto de bachillerato y de universidad son
> o bien reproducciones, o se basan en una famosa serie de dibujos realizados por el biólogo alemán
> del siglo 19 y ferviente darwinista, Ernst Haeckel, y los eruditos acerca de Darwin y de la teoría
> evolucionista han sabido que se trataba de falsificaciones durante más de cien años. Pero por lo
> que parece, ninguno de ellos consideró oportuno corregir esta falsa información presente en casi
> todas partes.
>
>
>
> Todavía creyendo que se trataba de una circunstancia excepcional, sentí curiosidad por ver si
> podía encontrar otros errores en los textos normativos de biología que trataban de la evolución.
> Pero mi investigación reveló algo sorprendente: Bien lejos de ser excepciones, estas descaradas
> tergiversaciones son más frecuentemente la regla. En mi reciente libro las designo como «Iconos de
> la Evolución», porque muchas de ellas están representadas por las clásicas y constantemente
> repetidas ilustraciones que, como los dibujos de Haeckel, han servido demasiado bien para su
> propósito pedagógico, el de fijar una falsa información fundamental acerca de la teoría
> evolucionista en la mente del público.
>
>
>
> Todos los recordamos de la clase de biología: el experimento que creó «los ladrillos de la vida»
> en un tubo; el «árbol» de la evolución, arraigado en el lodo primordial y ramificándose a una vida
> animal y vegetal. Luego había las estructuras óseas semejantes de, digamos, el ala de un ave y la
> mano de un hombre, las polillas del abedul y los pinzones de Darwin. Y, naturalmente, los
> embriones de Haeckel.
>
>
>
> Lo que sucede es que todos estos ejemplos, así como muchos otros que se presentan como evidencia
> de evolución, resultan incorrectos. No solo ligeramente desviados. No solo ligeramente erróneos.
> Por lo que respecta a la cuestión de la evolución darwinista, los textos contenían distorsiones
> desmesuradas e incluso alguna evidencia inventada. Y no estamos hablando solo de textos de
> bachillerato que algunos pudieran excusar (aunque no se debiera) por adherirse a un estándar más
> bajo. También resultan culpables algunos de los libros de texto universitarios más prestigiosos y
> de más circulación, como Evolutionary Biology de Douglas Futuyma, y la última edición del libro de
> texto a nivel graduado Molecular Biology of the Cell, que tiene como coautor al presidente de la
> Academia Nacional de las Ciencias, Bruce Alberts. De hecho, cuando se eliminan las falsas
> «evidencias», el alegato en favor de la evolución darwinista, al menos en los libros de texto,
> queda tan debilitado que se hace casi invisible.
>
>
>
> La vida en una botella
>
>
> Cualquiera que en 1953 fuese lo suficientemente mayor para comprender la relevancia de la noticia
> recuerda lo impresionante, y, para muchos, lo inspiradora que fue. Los científicos Stanley Miller
> y Harold Urey habían tenido éxito en la creación de «los ladrillos» de la vida en una redoma.
> Imitando lo que creían que habían sido las condiciones naturales de la atmósfera de la tierra
> primitiva, y entonces haciendo pasar una chispa eléctrica por ella, Miller y Urey habían
> conseguido unos aminoácidos simples. Como los aminoácidos son los «ladrillos» de la vida, se creía
> que era solo cuestión de tiempo hasta que los mismos científicos pudieran crear organismos vivos.
> En aquel tiempo pareció ser una espectacular confirmación de la teoría evolucionista. La vida no
> era un «milagro». No había necesidad de ninguna actividad exterior o de inteligencia divina. Sólo
> era necesario juntar los gases necesarios, añadir electricidad, y la vida tenía que aparecer. Es
> un acontecimiento común. De esta manera, Carl Sagan podía así predecir confiadamente en la radio
> nacional que los planetas en órbita alrededor de aquellos «milesssss y milesssss de millonessss»
> de estrellas en el espacio tenían que estar abarrotados de vida.
>
>
>
> Pero aparecieron problemas. Los científicos nunca pudieron ir más allá de los más simples
> aminoácidos en su simulado ambiente primordial, y la creación de las proteínas comenzó a resultar
> no un pequeño paso, ni un par de pasos, sino una gran sima, quizá imposible de salvar.
>
>
>
> Pero el golpe de gracia al experimento de Miller-Urey llegó en la década de 1970, cuando los
> científicos comenzaron a llegar a la conclusión de que la atmósfera primitiva de la tierra no se
> parecía en nada a la mezcla de gases empleada por Miller y Urey. En lugar de ser lo que los
> científicos designan como «reductora», un medio rico en hidrógeno, la atmósfera primitiva de la
> tierra estaba probablemente compuesta por gases liberados por volcanes. Acerca de esta cuestión
> hay un consenso casi general entre los geoquímicos. Pero pongamos estos gases volcánicos en el
> aparato de Miller y Urey, y el experimento no funciona —en otras palabras, no aparecen «ladrillos»
> de la vida.
>
>
> Aparato y experimento de Miller y Urey
>
> ¿Qué dicen los libros de texto acerca de este hecho tan incómodo? De modo general, lo silencian y
> siguen usando el experimento de Miller y Urey para convencer a los estudiantes de que los
> científicos han demostrado un importante primer paso en el origen de la vida. Entre estos libros
> de texto se encuentran el ya mencionado Molecular Biology of the Cell, del que uno de los
> coautores es el presidente de la Academia Nacional de las Ciencias, Bruce Alberts. La mayoría de
> los libros de texto dicen además a los estudiantes que los investigadores acerca del origen de la
> vida han hallado abundantes evidencias adicionales para explicar cómo la vida se originó
> espontáneamente —en lugar de decir a los estudiantes que los investigadores mismos reconocen en la
> actualidad que la explicación les sigue escapando.
>
>
>
> Embriones falseados
>
>
> Darwin pensaba que «de lejos la clase singular de pruebas más enérgicas en favor de» su teoría
> procedían de la embriología. Pero Darwin no era embriólogo, de modo que se apoyó en el trabajo del
> biólogo alemán Ernest Haeckel, que realizó unos dibujos de embriones de diversas clases de
> vertebrados para exponer que son virtualmente idénticos en sus etapas más tempranas, y que se
> diferencian de forma ostensible solo al desarrollarse. Fue este patrón el que Darwin encontró tan
> convincente.
>
>
>
> Esta puede que sea la más insigne de las distorsiones, porque los biólogos han sabido durante más
> de un siglo que los embriones vertebrados nunca se parecen tanto como Haeckel los dibujó. En
> algunos casos, Haeckel usó el mismo grabado de madera para imprimir embriones que se suponía que
> pertenecían a clases diferentes. En otros, retocó sus dibujos para hacer que los embriones se
> pareciesen más que en la realidad. Los coetáneos de Haeckel lo criticaron en repetidas ocasiones
> por estas tergiversaciones, y fue objeto de numerosas acusaciones de fraude a lo largo de su vida.
> En 1997, el embriólogo británico Michael Richardson y un equipo internacional de expertos
> compararon los dibujos de Haeckel con fotografías de embriones reales de vertebrados, y
> demostraron de manera concluyente que los dibujos tergiversan la realidad.
>
>
>
> Ilustración falseada de Haeckel sobre los embriones y evolución
>
> Los dibujos son engañosos de otra manera. Darwin fundamentó sus inferencias de descendencia común
> sobre la creencia de que las etapas más tempranas en el desarrollo de los embriones son las más
> similares. Pero los dibujos de Haeckel omiten por entero las etapas más tempranas, que son muy
> diferentes, y arrancan a partir de un punto medio de mayor semejanza. El embriólogo William
> Ballard escribió en 1976 que es «solo mediante trucos semánticos y selección subjetiva de la
> evidencia», y «torciendo los hechos de la naturaleza» que alguien puede argumentar que las etapas
> tempranas de los vertebrados «son más semejantes que sus formas adultas». Pero se puede encontrar
> alguna versión de los dibujos de Haeckel en la mayor parte de los libros de texto de biología.
> Stephen Jay Gould, uno de los proponentes más visibles de la teoría evolucionista, escribió
> recientemente que deberíamos estar «asombrados y avergonzados por todo el siglo de reciclado
> irreflexivo que ha llevado a la persistencia de estos dibujos en una gran cantidad, por no decir
> que en una mayoría, de los libros de texto modernos». (Más adelante volveré a la cuestión de por
> qué es solo ahora que el Sr. Gould, que ha conocido estas falsedades durante décadas, ha decidido
> desenmascararlas ante el gran público.)
>
>
>
> El árbol de la vida según Darwin
>
>
>
> Darwin escribió en El Origen de las Especies: «Considero a todos los seres no como creaciones
> especiales, sino como los descendientes lineales de algunos pocos seres» que vivieron en el
> distante pasado. Él creía que las diferencias entre las especies modernas surgieron primariamente
> por selección natural, o por supervivencia de los más aptos, y describió todo el proceso como
> «descendencia con modificación».
>
>
>
> Naturalmente, nadie pone en duda que tiene lugar una cierta cantidad de descendencia con
> modificación dentro de las especies. Pero la teoría de Darwin pretende explicar el origen de
> nuevas especies —de hecho, de todas las especies, por cuanto las primeras células emergieron del
> légamo primordial.
>
>
>
> Esta teoría tiene la virtud de hacer una predicción: Si todos los seres vivos son descendientes
> por modificación gradual procedentes de una o de unas pocas formas originales, entonces la
> historia de la vida tendría que asemejarse a un árbol que se va ramificando. Desafortunadamente, y
> a pesar de declaraciones oficiales, esta predicción ha resultado ser falsa en algunos aspectos
> importantes.
>
>
>
> El registro fósil muestra la aparición de los grupos más generales de animales plenamente formados
> alrededor del mismo tiempo en una «explosión del Cámbrico», en lugar de una divergencia a partir
> de un antecesor común. Esto Darwin lo sabía, y lo consideraba como una grave objeción a su teoría.
> Pero él lo atribuía a la imperfección del registro fósil, y creía que una investigación futura
> proporcionaría los antecesores que faltaban.
>
>
>
> Pero el transcurso de un siglo y medio de una recolección continuada de fósiles solo ha servido
> para agravar el problema. En lugar de la aparición de ligeras diferencias al principio y luego el
> posterior surgimiento de diferencias mayores, las mayores diferencias surgen ya al mismo
> principio. Algunos expertos en fósiles describen esto como «evolución cabeza abajo», y observan
> que contradice el patrón de «cabeza arriba» predicho por la teoría de Darwin. Sin embargo, la
> mayoría de los libros de texto de biología actuales ni siquiera hacen mención de la explosión del
> Cámbrico, y mucho menos señalan al reto que significa para el evolucionismo darwinista.
>
>
>
> Luego vino la evidencia procedente de la biología molecular. En la década de 1970 los biólogos
> comenzaron a contrastar el patrón del árbol ramificado de Darwin comparando moléculas en diversas
> especies. Cuanto más semejantes sean las moléculas en dos especies diferentes, tanto más
> estrechamente relacionadas se las supone. Al principio este método parecía confirmar el árbol de
> la vida de Darwin. Pero al realizar los científicos más y más moléculas, descubrieron que
> diferentes moléculas daban resultados en conflicto. El patrón de ramificación del árbol que se
> infiere mediante una molécula contradice con frecuencia el patrón que se obtiene con otra.
>
>
>
> Árbol de la evolución en contradicción con los datos paleontológicos y bioquímicos
>
>
> La estructura ramificada del «árbol de la vida» de Darwin ha quedado seriamente cuestionada por
> los datos del registro fósil y de la moderna biología molecular. (Ilustración de Biology, de
> Miller y Levine, publicado por Prentice-Hall)
>
> El biólogo molecular canadiense W. Ford Doolittle no cree que el problema vaya a desaparecer.
> Quizá los científicos «no han alcanzado a encontrar el “verdadero árbol”», escribió en 1999, «no
> debido a que sus métodos sean inadecuados o porque hayan escogido los genes incorrectos, sino
> porque la historia de la vida no se pueda representar de forma adecuada como un árbol». Sin
> embargo, los libros de texto de biología siguen asegurando a los estudiantes que el Árbol de la
> Vida de Darwin es un hecho científico abrumadoramente confirmado por la evidencia. Pero a juzgar
> por la verdadera evidencia fósil y molecular, es una hipótesis no acreditada disfrazada de hecho.
>
>
>
> Todos se parecen:
>
> La homología en los miembros de los vertebrados
>
>
>
> La mayoría de los libros de texto de biología muestran dibujos de extremidades de vertebrados que
> exhiben semejanzas en sus estructuras óseas. Los biólogos anteriores a Darwin habían observado
> este tipo de semejanza y la habían llamado «homología», y la atribuían a una construcción sobre un
> arquetipo o diseño común. Pero en El Origen de las Especies Darwin argumentó que la mejor
> explicación para la homología es la descendencia con modificación, y la consideró como evidencia
> en favor de su teoría.
>
>
>
> Los seguidores de Darwin se apoyan en las homologías para ordenar a los fósiles en árboles
> ramificados que supuestamente exhiben relaciones de antecesores y descendientes. En su libro de
> 1990, Evolution and the Myth of Creationism [La evolución y el mito del creacionismo], el biólogo
> Tim Berra comparó el registro fósil con una serie de modelos de automóvil Corvette: «Si uno
> compara un Corvette modelo 1953 y un Corvette modelo 1954, poniéndolos juntos, y luego un modelo
> 1954 y un modelo 1955, y se sigue así, la evidencia de la descendencia con modificación resulta
> abrumadora»
>
>
>
> Pero Berra se olvidó de un punto crucial, y evidente: Los Corvettes, que se sepa, no dan a luz a
> pequeños Corvettes. Lo mismo que todos los demás automóviles, están diseñados por personas que
> trabajan para las compañías automovilísticas. En otras palabras, hay una inteligencia exterior.
> Así, aunque Berra creía que estaba prestando apoyo a la evolución darwinista en lugar de a la
> explicación predarwinista, puso en evidencia, involuntariamente, que la evidencia de los fósiles
> es compatible con ambas cosas. El catedrático de derecho (y crítico del darwinismo) Phillip E.
> Johnson lo designó como «La Bobada de Berra».
>
>
>
> La lección que debemos aprender de la Bobada de Berra es que es preciso especificar un mecanismo
> natural antes de poder excluir científicamente la construcción por designio como la causa de la
> homología. Los biólogos darwinistas han propuesto dos mecanismos: vías de desarrollo y programas
> genéticos. Según el primero, las características homólogas surgen de células y procesos semejantes
> en el embrión; según el segundo, las características homólogas están programadas por genes
> semejantes.
>
>
>
> Pero los biólogos han sabido durante cien años que las estructuras homólogas no las producen vías
> semejantes de desarrollo. Y han sabido desde hace treinta años que a menudo tampoco las producen
> genes semejantes. De modo que no hay ningún mecanismo demostrado empíricamente para establecer que
> las homologías se deban a una descendencia común en lugar de a un designio común.
>
>
>
> En ausencia de mecanismo, los darwinistas modernos han pasado a definir la homología simplemente
> como semejanza debido a una descendencia común. Según Ernst Mayr, uno de los principales
> arquitectos del moderno neodarwinismo: «A partir de 1859 solo ha habido una definición de homólogo
> que tiene sentido en biología: Los atributos de dos organismos son homólogos cuando derivan de una
> característica equivalente del antecesor común».
>
>
>
> En esto tenemos un caso clásico de razonamiento en círculos. Darwin consideraba la evolución como
> una teoría, y la homología como evidencia en favor de la misma. Los seguidores de Darwin dan por
> supuesta la evolución como si estuviese establecida de forma independiente, y consideran la
> homología como su resultado. Pero entonces uno no puede usar la homología como prueba en favor de
> la evolución excepto razonando en círculos: La semejanza debida a la descendencia común demuestra
> la descendencia común.
>
>
>
> Los filósofos de la biología han estado criticando este modo de hacer durante décadas. Como
> escribió Ronald Brady en 1985: «Al introducir nuestra explicación en la definición de la condición
> a explicar, no expresamos una hipótesis científica sino una creencia. Estamos tan convencidos de
> que nuestra explicación es verdadera que ya no vemos ninguna necesidad de distinguirla de la
> situación que estábamos intentando explicar. Las empresas dogmáticas de esta clase han de dejar
> finalmente el ámbito de la ciencia».
>
>
>
> La homología ha resultado no ser prueba de la descendencia común, sino un problema para dicho
> concepto.
>
>
> De nuevo, ¿cómo afrontan los libros de texto esta controversia? Una vez más, la pasan por alto. De
> hecho, dan a los estudiantes la impresión de que tiene sentido definir la homología en términos de
> descendencia común y luego darle la vuelta y usarla como evidencia en favor de la descendencia
> común. Y a esto le llaman «ciencia».
>
>
>
> No hay nada que no se pueda pegar con un poco de cola:
>
> Las polillas moteadas del abedul
>
>
>
> Darwin estaba convencido de que en el curso de la evolución, «la Selección Natural ha sido el
> medio más importante, pero no exclusivo, de modificación», pero no tenía evidencia directa de
> esto. Lo mejor que pudo hacer en El Origen de las Especies fue dar «una o dos ilustraciones
> imaginarias».
>
>
>
> Pero en la década de 1950, el médico británico Bernard Kettlewell proporcionó lo que parecía
> constituir una prueba concluyente de la selección natural. Durante el siglo precedente, las
> polillas moteadas del abedul habían cambiado de ser de un color predominante claro a ser de color
> oscuro de manera predominante. Se pensó que el cambio había tenido lugar debido a que las polillas
> oscuras se camuflan mejor sobre troncos de árbol oscurecidos por la contaminación, y que son por
> ello menos susceptibles a ser devoradas por las aves predadoras.
>
>
>
> Para poner a prueba esta hipótesis de forma experimental, Kettlewell liberó polillas claras y
> oscuras en troncos de árboles cercanos en bosques contaminados y no contaminados, y luego observó
> mientras los pájaros devoraban las polillas más visibles. Como era de esperar, los pájaros
> comieron más polillas claras en el bosque contaminado, y más polillas oscuras en el bosque
> incontaminado. En un artículo escrito para Scientific American, Kettlewell designó esto como «la
> evidencia que le faltaba a Darwin». Las polillas moteadas pronto se convirtieron en el clásico
> ejemplo de la selección natural en acción, y la historia sigue apareciendo en la mayor parte de
> los libros de introducción a la biología, acompañada de fotografías de las polillas sobre los
> troncos de los árboles.
>
>
>
> Pero en la década de 1980 unos investigadores encontraron evidencia de que la historia oficial era
> defectuosa —incluyendo el hecho significativo de que las polillas moteadas no se posan normalmente
> sobre los troncos de los árboles. Más bien, vuelan de noche y aparentemente se ocultan bajo las
> ramas superiores durante el día. Al liberar polillas sobre troncos de árboles cercanos a la luz
> del día, Kettlewell creó una situación artificial que no existe en la naturaleza. En la
> actualidad, muchos biólogos consideran nulos sus resultados, e incluso algunos incluso ponen en
> duda si la selección natural fue la responsable de los cambios observados.
>
>
>
> Así, ¿de dónde salieron todas aquellas fotografías que aparecen en los libros de texto de polillas
> moteadas sobre troncos? Se trata de un montaje. Para facilitar las cosas, algunos fotógrafos
> incluso pegaron polillas muertas a los árboles. Naturalmente, aquellos que realizaron este montaje
> antes de la década de 1980 creían que estaban representando la verdadera situación de forma
> precisa, pero ahora sabemos que estaban en un error. Sin embargo, una examen de pasada a casi
> cualquier libro de texto de biología actual revela que se siguen empleando todavía como evidencia
> de selección natural.
>
>
>
> En 1999, un escritor canadiense de libros de texto justificaba esta práctica: «Es preciso
> considerar la audiencia. ¿Cuán complicado lo quieres hacer para el principiante?», en palabras de
> Bob Ritter, citado en la publicación Alberta Report Newsmagazine de abril de 1999. Los estudiantes
> de instituto «tienen todavía una mentalidad muy concreta en la forma que aprenden», proseguía
> Ritter. «Queremos comunicar la idea de la adaptación selectiva. Más tarde pueden considerar el
> trabajo de forma crítica.»
>
>
>
> Las polillas moteadas y el melanismo industrial, una evidencia fabricada.
>
>
> Por lo que parece, esto de «más tarde» puede llegar a ser mucho más tarde. Cuando el Profesor
> Jerry Coyne de la Universidad de Chicago se enteró de la verdad en 1998, estaba bien adentrado en
> su carrera como biólogo evolucionista. Su experiencia ilustra cuán insidiosos son realmente los
> iconos de la evolución, por cuanto extravían tanto a los expertos como a los principiantes.
>
>
>
> Picos y pájaros:
>
> Los pinzones de Darwin
>
>
>
> Un cuarto de siglo antes que Darwin publicase El Origen de las Especies, estaba formulando sus
> ideas como naturalista a bordo del barco británico de exploración H.M.S. Beagle. Cuando el Beagle
> visitó las Islas Galápagos en 1835, Darwin recogió especímenes de la fauna y flora autóctona,
> incluyendo algunos pinzones.
>
>
>
> Aunque los pinzones tuvieron en realidad poco que ver con el desarrollo de la teoría evolucionista
> de Darwin, han atraído una considerable atención de parte de los modernos biólogos evolucionistas
> como evidencia adicional de la selección natural. En la década de 1970, Peter y Rosemary Grant y
> sus colegas observaron un aumento de un 5 por ciento en el tamaño de los picos después de una
> intensa sequía, debido a que los pinzones se quedaron solo con semillas difíciles de partir. El
> cambio, aunque significativo, era pequeño; sin embargo, algunos darwinistas pretenden que explica
> incluso el origen primero de la especie de los pinzones.
>
>
>
> Un opúsculo publicado en 1999 por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos describe
> los pinzones de Darwin como «un ejemplo particularmente convincente» del origen de las especies.
> El opúsculo cita el trabajo de Gran y explica cómo «un solo año de sequía en las islas puede
> llevar a cambios evolutivos en los pinzones». Dicho opúsculo calcula también que «si se dan
> sequías alrededor de cada 10 años en las islas, podría surgir una nueva especie de pinzón en unos
> meros 200 años».
>
>
>
> Pero este opúsculo silencia que los picos de los pinzones revirtieron a la normalidad después que
> volvieron las lluvias. No hubo una evolución neta. De hecho, hay diversas especies de pinzones que
> actualmente parecen estar mezclándose mediante hibridación, en lugar de divergiendo por selección
> natural tal como lo demanda la teoría de Darwin.
>
>
>
> Los pinzones, una evidencia de reversión, no de evolución.
>
>
> La supresión de la evidencia para dar la impresión de que los pinzones de Darwin confirman la
> teoría evolucionista bordea la mala práctica científica. Según el biólogo de Harvard Louis Guenin
> (escribiendo en Nature en 1999), las leyes sobre títulos garantizados de los Estados Unidos nos
> proporcionan «nuestra fuente más rica de directrices experimentales» para definir qué constituye
> mala práctica científica. Pero un corredor de bolsa que diga a sus clientes que se puede esperar
> de unas acciones determinadas que doblen de valor en veinte años porque subieron un 5 por ciento
> en 1998, a la vez que oculta el hecho de que las mismas acciones descendieron en un 5 por ciento
> en 1999, podría ser acusado de fraude con toda razón. Como escribió el catedrático de derecho de
> Berkeley Phillip E. Johnson en The Wall Street Journal en 1999: «Cuando nuestros científicos
> líderes tienen que recurrir a la especie de distorsión que llevaría a un corredor de bolsa a la
> cárcel, es que están en un verdadero aprieto.»
>
>
>
> De los simios a los humanos
>
>
>
> La teoría darwinista se manifiesta realmente de forma abierta cuando se aplica a los orígenes de
> la humanidad. Aunque apenas si mencionó este tema en El Origen de las Especies, posteriormente
> Darwin escribió con profusión acerca de esto en El Linaje del Hombre. «Mi propósito», explicaba
> él, «es demostrar que no existe ninguna diferencia fundamental entre el hombre y los animales
> superiores respecto a sus facultades mentales» — incluso en lo tocante a la moralidad y a la
> religión. Según Darwin, la tendencia de un perro a imaginar una agencia oculta en cosas movidas
> por el viento «se transmitiría fácilmente a la creencia en la existencia de uno o más dioses».
>
>
>
> Naturalmente, ya mucho antes de Darwin existía el conocimiento de que el cuerpo humano forma parte
> de la naturaleza. Pero Darwin iba mucho más lejos. Lo mismo que los filósofos materialistas desde
> la antigua Grecia, Darwin creía que los seres humanos no son nada más que animales.
>
>
>
> Pero Darwin necesitaba evidencia para confirmar su conjetura. Aunque los Neanderthales ya habían
> sido descubiertos, no se consideraban entonces como ancestros humanos, de modo que Darwin no tenía
> evidencia fósil a favor de su punto de vista. No fue sino hasta 1912 que el paleontólogo amateur
> Charles Dawson anunció que había hallado aquello que los darwinistas estaban buscando, en una
> cantera de grava en Piltdown, Inglaterra.
>
>
>
> Dawson había encontrado parte de un cráneo humano y parte de un maxilar inferior de forma simiesca
> con dos dientes. No fue sino hasta cuarenta años más tarde que un equipo de científicos demostró
> que el cráneo de Piltdown, aunque quizá de miles de años de antigüedad, pertenecía a un ser humano
> moderno, mientras que el fragmento de la mandíbula era más reciente y pertenecía a un orangután
> moderno. La mandíbula había sufrido un tratamiento químico para hacerla parecer fósil, y sus
> dientes habían sido limados de forma deliberada para hacerlos parecer humanos. El hombre de
> Piltdown era un fraude.
>
>
>
> La mayoría de los textos modernos de biología ni tan siquiera mencionan Piltdown. Cuando los
> críticos del darwinismo suscitan el tema, se les dice generalmente que este incidente
> sencillamente demuestra la capacidad de autocorrección de la ciencia. Y así lo fue en este
> caso —aunque la corrección se tomó más de cuarenta años. Pero la lección más interesante que se
> puede aprender de Piltdown es que los científicos, lo mismo que cualquier otra persona, pueden ser
> engañados a ver lo que quieren ver.
>
>
>
> La misma subjetividad que preparó el camino para Piltdown sigue infestando las investigaciones
> acerca de los orígenes humanos. Según la paleoantropóloga Misia Landau, las teorías de los
> orígenes humanos «exceden con mucho a lo que se puede inferir del estudio de los fósiles solos y
> de hecho imponen una pesada carga de interpretación sobre el registro fósil —carga que queda
> aliviada al colocar los fósiles en estructuras narrativas preexistentes». En 1996, el conservador
> del Museo Americano de Historia Natural, Ian Tattersall, reconoció que «en paleoantropología, las
> pautas que percibimos son probablemente tanto el resultado de nuestras actitudes inconscientes
> como de la evidencia misma». El antropólogo Geoffrey Clark, de la Universidad Estatal de Arizona,
> se hizo eco de esta postura cuando escribió: «Seleccionamos entre conjuntos alternativos de
> conclusiones de las investigaciones siguiendo nuestros prejuicios y conceptos previamente
> asumidos». Clark sugería que «la paleoantropología tiene la forma pero no el fondo de la ciencia».
>
>
>
> Los estudiantes de biología y el público en general son raras veces informados de la profunda
> incertidumbre acerca de los orígenes humanos que aparece reflejada en estas declaraciones de
> expertos científicos. En lugar de esto, se les alimenta con las últimas especulaciones como si
> fuesen realidades. Y la especulación va generalmente ilustrada con fantasiosos dibujos de hombres
> de las cavernas, o con fotografías de actores humanos muy maquillados.
>
>
>
> ¿Qué está pasando aquí?
>
>
>
> La mayoría de nosotros supone que lo que oímos de parte de científicos es relativamente digno de
> confianza. Los políticos podrían distorsionar o empujar la verdad para respaldar un plan
> preconcebido, pero los científicos, se nos dice, tratan acerca de hechos. Sí, pueden equivocarse
> en ocasiones, pero la belleza de la ciencia es que se puede someter a prueba empírica. Si una
> teoría está equivocada, esto lo descubrirán otros científicos que realicen experimentos
> independientes bien para reproducir o para refutar sus resultados. De esta manera se examinan
> constantemente los datos y las hipótesis se transforman en teorías ampliamente aceptadas. De modo
> que, ¿cómo explicamos una distorsión tan extendida y duradera de los datos específicos que se
> emplean para respaldar la teoría evolucionista?
>
>
>
> Quizá el evolucionismo darwinista ha adoptado una significación en nuestra cultura que tiene poco
> que ver con su mérito científico, sea éste cual sea. Una indicación de ello se observó en la
> reacción casi universal y hostil contra la resolución de la Junta Escolar de Kansas de dar lugar a
> la disidencia en la enseñanza estándar de la evolución (mucha de la cual, como acabamos de ver, es
> sencillamente errónea).
>
>
>
> Según los medios de comunicación, solo los fundamentalistas religiosos ponen en duda el
> evolucionismo darwinista. Los que critican a Darwin, según se nos dice, quieren retrotraer a
> bombazos la ciencia hasta la Edad de Piedra y sustituirla con la Biblia. El creciente cuerpo de
> evidencia que contradice a las pretensiones darwinistas es ignorado olímpicamente. Cuando el
> bioquímico Michael Behe observó en el diario The New York Times el año pasado que la «evidencia»
> embriológica en favor de la evolución era un fraude, el darwinista de Harvard Stephen Jay Gould
> admitió que había conocido esto durante décadas (como se ha observado con anterioridad en el
> presente artículo), pero acusó a Behe de ser un «creacionista» por manifestarlo públicamente.
>
>
>
> Ahora bien, aunque Behe respalda la idea de que algunas características de los seres vivos se
> explican mejor mediante un diseño inteligente, no es un «creacionista» en el sentido en que se
> emplea normalmente este término. Behe es un biólogo molecular cuyo trabajo científico le ha
> convencido de que la teoría darwinista no se ajusta a la evidencia observacional y experimental.
> ¿Por qué Gould, que sabe que los dibujos de Haeckel son una falsificación, descarta a Behe como
> creacionista por criticar dichos dibujos?
>
>
>
> Sospecho que existe un interés activo aquí aparte del de la ciencia pura. Mi evidencia es el
> mensaje materialista más o menos explícito entretejido en muchos de los libros de texto. El libro
> de Futuyma Evolutionary Biology es típico de esto mismo, al informar a los estudiantes que «fue la
> teoría de la evolución de Darwin», junto con la teoría de Marx acerca de la historia y la teoría
> de Freud acerca de la naturaleza humana «lo que proporcionó un trampolín crucial para la
> plataforma del mecanismo y del materialismo» que ha sido desde entonces «el escenario de la mayor
> parte del pensamiento occidental». Un libro de texto cita a Gould, que declara abiertamente que
> los seres humanos no han sido creados, sino que son meramente las ramitas fortuitas en un árbol de
> la vida «contingente» (esto es, accidental). El darwinista Richard Dawkins, de Oxford, aunque no
> en libro de texto, lo escribió de forma más contundente: «Darwin hizo posible el ser un ateo
> intelectualmente satisfecho».
>
>
>
> Estos son puntos de vista evidentemente filosóficos más que científicos. Futuyma, Gould y Dawkins
> tienen derecho a expresar su filosofía. Pero no tienen derecho a enseñarla como si fuese ciencia.
> En ciencia todas las teorías —incluyendo el evolucionismo darwinista— han de contrastarse mediante
> la evidencia. Por cuanto Gould sabe que la verdadera evidencia embriológica contradice los dibujos
> falseados en los libros de texto de biología, ¿por qué no adopta un papel más activo en limpiar la
> educación científica? Las tergiversaciones y omisiones que he reseñado aquí son solo una pequeña
> muestra. Hay muchas más. Durante demasiado tiempo el debate acerca de la evolución ha dado como
> supuestos unos «hechos» que no son ciertos. Es hora de eliminar las mentiras que obstruyen la
> discusión de la evolución a nivel popular, y de insistir en que las teorías se ajusten a la
> evidencia. En otras palabras, es hora de hacer ciencia de la forma en que se supone que se debe
> hacer.
>
> Título: La supervivencia de los más falsos
> Título original: Survival of the Fakest
>
> Autor: Jonathan Wells, Ph.D.
> Fuente: Survival of the Fakest, artículo aparecido originalmente en The American
> Spectator -Diciembre de 2000 / Enero de 2001 - con permiso del Instituto Discovery - Discovery
> Institute, www.discovery.org, Discovery Institute · 1511 Third Ave Suite 808 · Seattle, WA 98101 ·
> EE.UU. de Norteamérica.
>
> Traducción del inglés: Santiago Escuain
> © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.
> SEDIN-Servicio Evangélico
> Apartado 126
> 17244 Cassà de la Selva
> (Girona) ESPAÑA
> Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la
> procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.
>
>
> http://www.sedin.org/ID/supervivencia_falsos.html
>
>
> Shiliam khemen
>
>
>
> Siento vergüenza decirlo, pero confirmo y reconozco, que durante mucho
> tiempo yo también creí en la grán mentira del evolucionismo, he aquí la
> muestra:
>
>
> - --
>
> De: Suzudo
> Fecha: 03/09/2006 23:25 GTM+2
> Hilo: Re: Hoy aula de religión: Evolucionismo
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...f?dmode=source
>
>
>
> De: Suzudo
> Fecha: 30/08/2006 23:09 GTM+2
> Hilo: Re: evolución (o la mentira más grande jamás contada)
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...c?dmode=source
>
>
>
> De: Suzudo
> Fecha: 07/09/2006 22:52 GTM+2
> Hilo: Re: Preguntas a los evolucionistas
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...f?dmode=source
>
>
>
> De: Suzudo
> Fecha: 02/09/2006 16:43 GTM+2
> Hilo: Re: Hay Muchos Problemas Con la Teoría De La Evolución
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...f?dmode=source
>
>
>
> De: Suzudo
> Fecha: 31/08/2006 18:56 GTM+2
> Hilo: Re: Hay Muchos Problemas Con la Teoría De La Evolución
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...e?dmode=source
>
> **
> http://groups.google.es/group/es.cha...7?dmode=source
> **
>
>
>
> De: Suzudo
> Fecha: 30/08/2006 23:12 GTM+2
> Hilo: Re: La Cronologia Del Eslabon Perdido
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...7?dmode=source
>
>
>
> De: Suzudo
> Fecha: 07/09/2006 22:17 GTM+2
> Hilo: Re: Si tuviera una visión
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...b?dmode=source
>
>
>
> De: Suzudo
> Fecha: Lun 14 ago 2006 - 18:34 GTM+2
> Hilo: Evolución Diseño Inteligente
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...f?dmode=source
>
>
>
> ***************
>
>
> De: Suzudo
> Fecha: 04 Nov 2006 20:30:34 +0100
> Hilo: ¿Eres un ser espiritual?
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...9?dmode=source
>
>
>
> De: Suzudo
> Fecha: 02 May 2006 07:24:34 +0200
> Hilo: El más patético intento de responder al reto de la Complejidad
> Irreducible
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...e?dmode=source
>
>
>
> De: Suzudo
> Fecha: 04 Nov 2006 01:11:53 +0100
> Hilo: Mutaciones "benéficas" en el cuerpo humano?
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...a?dmode=source
>
>
>
> De: Suzudo
> Fecha: 30 Aug 2006 23:08:44 +0200
> Hilo: Algunos Sapos Refutan La Evolución
> En: es.charla.religion
>
> http://groups.google.es/group/es.cha...c?dmode=source
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> Comment: Using GnuPG with Mozilla - http://enigmail.mozdev.org
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>



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Antiguo 02-08-2008, 12:17:02
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Predeterminado Re: La supervivencia de los más falsos

Según los medios de comunicación, solo los fundamentalistas
religiosos
ponen en duda el evolucionismo darwinista. Los que critican a Darwin,
según se nos dice, quieren retrotraer a bombazos la ciencia hasta la
Edad de Piedra y sustituirla con la Biblia. El creciente cuerpo de
evidencia que contradice a las pretensiones darwinistas es ignorado
olímpicamente. Cuando el bioquímico Michael Behe observó en el diario
The New York Times el año pasado que la «evidencia» embriológica en
favor de la evolución era un fraude, el darwinista de Harvard Stephen
Jay Gould admitió que había conocido esto durante décadas (como se ha
observado con anterioridad en el presente artículo), pero acusó a
Behe
de ser un «creacionista» por manifestarlo públicamente.


Pero, ¿en qué estaría pensando Michael Behe cuando destapó la mentira
del fraude embriológico?
¿qué se ha creído el creacionista que podrá con los dioses
evolucionistas?
Todavía quedan muchos dioses evolucionistas en los que creer,
a ver qué se ha creído ése....

:-))


On 2 ago, 02:47, Suzudo <suzudouse...***hotmail.com> wrote:
> La ciencia sabe ahora que muchos de los pilares de la teoría darwinista
> son o bien falsos o engañosos. Sin embargo, hay textos de biología que
> siguen presentándolos como una evidencia tangible de la evolución. ¿Qué
> implica esto acerca de su criterio científico?
>
> — Jonathan Wells
>
> Si durante mis años de estudio de ciencia en Berkeley alguien me hubiera
> preguntado si creía lo que leía en mis libros de texto científicos,
> hubiera respondido de una forma muy similar a cualquiera de mis
> compañeros de estudios; me hubiera sentido perplejo de que siquiera se
> me hiciese una pregunta así. Naturalmente, uno podría encontrar pequeños
> errores, erratas y cosas así. Y la ciencia está siempre descubriendo
> cosas nuevas. Pero yo creía —lo tenía como un supuesto— que mis libros
> de texto científicos contenían el mejor conocimiento científico
> disponible en aquel tiempo.
>
> Solo fue cuando acababa mi doctorado en biología celular y del
> desarrollo que me di cuenta de lo que al principio consideré como una
> extraña anomalía. El libro de texto que yo usaba presentaba de forma
> destacada unos dibujos de embriones de vertebrados —peces, gallinas,
> seres humanos, etc.— cuyas semejanzas se presentaban como evidencia de
> descendencia desde un antecesor común. Desde luego, los dibujos parecían
> muy semejantes. Pero yo había estado estudiando embriones durante algún
> tiempo, examinándolos al microscopio. Y me di cuenta de que los dibujos
> estaban sencillamente equivocados.
>
> Volví a comprobar todos mis otros libros de texto. Todos ellos
> presentaban dibujos similares, y todos ellos estaban evidentemente
> equivocados. No solo distorsionaban los embriones que representaban,
> sino que omitían etapas tempranas en las que los embriones aparecen muy
> diferentes entre sí.
>
> Lo mismo que en el caso de la mayoría de los demás estudiantes de
> ciencia, y como la mayoría de los científicos mismos, lo dejé pasar.. No
> afectaba a mi trabajo de manera directa, y di por supuesto que aunque
> los textos estaban equivocados en esta cuestión por la razón que fuese,
> se trataba de una excepción a la regla. Pero en 1997 mi interés en los
> dibujos de los embriones se reavivó cuando el embriólogo británico
> Michael Richardson y sus colegas publicaron el resultado de su estudio
> en el que comparaban los dibujos de los libros de texto con embriones
> reales. Tal como se citó al mismo Richardson en la prestigiosa revista
> Science: «parece que está resultando ser uno de los más famosos fraudes
> de la biología».
>
> Peor todavía, no se trataba de un fraude reciente. Ni tampoco era un
> descubrimiento reciente. Los dibujos de embriones que aparecen en casi
> cada libro de texto de bachillerato y de universidad son o bien
> reproducciones, o se basan en una famosa serie de dibujos realizados por
> el biólogo alemán del siglo 19 y ferviente darwinista, Ernst Haeckel,y
> los eruditos acerca de Darwin y de la teoría evolucionista han sabido
> que se trataba de falsificaciones durante más de cien años. Pero por lo
> que parece, ninguno de ellos consideró oportuno corregir esta falsa
> información presente en casi todas partes.
>
> Todavía creyendo que se trataba de una circunstancia excepcional, sentí
> curiosidad por ver si podía encontrar otros errores en los textos
> normativos de biología que trataban de la evolución. Pero mi
> investigación reveló algo sorprendente: Bien lejos de ser excepciones,
> estas descaradas tergiversaciones son más frecuentemente la regla. En mi
> reciente libro las designo como «Iconos de la Evolución», porque muchas
> de ellas están representadas por las clásicas y constantemente repetidas
> ilustraciones que, como los dibujos de Haeckel, han servido demasiado
> bien para su propósito pedagógico, el de fijar una falsa información
> fundamental acerca de la teoría evolucionista en la mente del público..
>
> Todos los recordamos de la clase de biología: el experimento que creó
> «los ladrillos de la vida» en un tubo; el «árbol» de la evolución,
> arraigado en el lodo primordial y ramificándose a una vida animal y
> vegetal. Luego había las estructuras óseas semejantes de, digamos, el
> ala de un ave y la mano de un hombre, las polillas del abedul y los
> pinzones de Darwin. Y, naturalmente, los embriones de Haeckel.
>
> Lo que sucede es que todos estos ejemplos, así como muchos otros que se
> presentan como evidencia de evolución, resultan incorrectos. No solo
> ligeramente desviados. No solo ligeramente erróneos. Por lo que respecta
> a la cuestión de la evolución darwinista, los textos contenían
> distorsiones desmesuradas e incluso alguna evidencia inventada. Y no
> estamos hablando solo de textos de bachillerato que algunos pudieran
> excusar (aunque no se debiera) por adherirse a un estándar más bajo.
> También resultan culpables algunos de los libros de texto universitarios
> más prestigiosos y de más circulación, como Evolutionary Biology de
> Douglas Futuyma, y la última edición del libro de texto a nivel graduado
> Molecular Biology of the Cell, que tiene como coautor al presidente de
> la Academia Nacional de las Ciencias, Bruce Alberts. De hecho, cuando se
> eliminan las falsas «evidencias», el alegato en favor de la evolución
> darwinista, al menos en los libros de texto, queda tan debilitado que se
> hace casi invisible.
>
> La vida en una botella
>
> Cualquiera que en 1953 fuese lo suficientemente mayor para comprender la
> relevancia de la noticia recuerda lo impresionante, y, para muchos, lo
> inspiradora que fue. Los científicos Stanley Miller y Harold Urey habían
> tenido éxito en la creación de «los ladrillos» de la vida en una redoma.
> Imitando lo que creían que habían sido las condiciones naturales de la
> atmósfera de la tierra primitiva, y entonces haciendo pasar una chispa
> eléctrica por ella, Miller y Urey habían conseguido unos aminoácidos
> simples. Como los aminoácidos son los «ladrillos» de la vida, se creía
> que era solo cuestión de tiempo hasta que los mismos científicos
> pudieran crear organismos vivos. En aquel tiempo pareció ser una
> espectacular confirmación de la teoría evolucionista. La vida no era un
> «milagro». No había necesidad de ninguna actividad exterior o de
> inteligencia divina. Sólo era necesario juntar los gases necesarios,
> añadir electricidad, y la vida tenía que aparecer. Es un acontecimiento
> común. De esta manera, Carl Sagan podía así predecir confiadamente en la
> radio nacional que los planetas en órbita alrededor de aquellos
> «milesssss y milesssss de millonessss» de estrellas en el espacio tenían
> que estar abarrotados de vida.
>
> Pero aparecieron problemas. Los científicos nunca pudieron ir más allá
> de los más simples aminoácidos en su simulado ambiente primordial, y la
> creación de las proteínas comenzó a resultar no un pequeño paso, ni un
> par de pasos, sino una gran sima, quizá imposible de salvar.
>
> Pero el golpe de gracia al experimento de Miller-Urey llegó en la década
> de 1970, cuando los científicos comenzaron a llegar a la conclusión de
> que la atmósfera primitiva de la tierra no se parecía en nada a la
> mezcla de gases empleada por Miller y Urey. En lugar de ser lo que los
> científicos designan como «reductora», un medio rico en hidrógeno, la
> atmósfera primitiva de la tierra estaba probablemente compuesta por
> gases liberados por volcanes. Acerca de esta cuestión hay un consenso
> casi general entre los geoquímicos. Pero pongamos estos gases volcánicos
> en el aparato de Miller y Urey, y el experimento no funciona —en otras
> palabras, no aparecen «ladrillos» de la vida.
>
> Aparato y experimento de Miller y Urey
>
> ¿Qué dicen los libros de texto acerca de este hecho tan incómodo? De
> modo general, lo silencian y siguen usando el experimento de Miller y
> Urey para convencer a los estudiantes de que los científicos han
> demostrado un importante primer paso en el origen de la vida. Entre
> estos libros de texto se encuentran el ya mencionado Molecular Biology
> of the Cell, del que uno de los coautores es el presidente de la
> Academia Nacional de las Ciencias, Bruce Alberts. La mayoría de los
> libros de texto dicen además a los estudiantes que los investigadores
> acerca del origen de la vida han hallado abundantes evidencias
> adicionales para explicar cómo la vida se originó espontáneamente —en
> lugar de decir a los estudiantes que los investigadores mismos reconocen
> en la actualidad que la explicación les sigue escapando.
>
> Embriones falseados
>
> Darwin pensaba que «de lejos la clase singular de pruebas más enérgicas
> en favor de» su teoría procedían de la embriología. Pero Darwin no era
> embriólogo, de modo que se apoyó en el trabajo del biólogo alemánErnest
> Haeckel, que realizó unos dibujos de embriones de diversas clases de
> vertebrados para exponer que son virtualmente idénticos en sus etapas
> más tempranas, y que se diferencian de forma ostensible solo al
> desarrollarse. Fue este patrón el que Darwin encontró tan convincente..
>
> Esta puede que sea la más insigne de las distorsiones, porque los
> biólogos han sabido durante más de un siglo que los embriones
> vertebrados nunca se parecen tanto como Haeckel los dibujó. En algunos
> casos, Haeckel usó el mismo grabado de madera para imprimir embriones
> que se suponía que pertenecían a clases diferentes. En otros, retocó sus
> dibujos para hacer que los embriones se pareciesen más que en la
> realidad. Los coetáneos de Haeckel lo criticaron en repetidas ocasiones
> por estas tergiversaciones, y fue objeto de numerosas acusaciones de
> fraude a lo largo de su vida. En 1997, el embriólogo británico Michael
> Richardson y un equipo internacional de expertos compararon los dibujos
> de Haeckel con fotografías de embriones reales de vertebrados, y
> demostraron de manera concluyente que los dibujos tergiversan la realidad..
>
> Ilustración falseada de Haeckel sobre los embriones y evolución
>
> Los dibujos son engañosos de otra manera. Darwin fundamentó sus
> inferencias de descendencia común sobre la creencia de que las etapas
> más tempranas en el desarrollo de los embriones son las más similares..
> Pero los dibujos de Haeckel omiten por entero las etapas más tempranas,
> que son muy diferentes, y arrancan a partir de un punto medio de mayor
> semejanza. El embriólogo William Ballard escribió en 1976 que es «solo
> mediante trucos semánticos y selección subjetiva de la evidencia», y
> «torciendo los hechos de la naturaleza» que alguien puede argumentar que
> las etapas tempranas de los vertebrados «son más semejantes que sus
> formas adultas». Pero se puede encontrar alguna versión de los dibujos
> de Haeckel en la mayor parte de los libros de texto de biología. Stephen
> Jay Gould, uno de los proponentes más visibles de la teoría
> evolucionista, escribió recientemente que deberíamos estar «asombrados y
> avergonzados por todo el siglo de reciclado irreflexivo que ha llevado a
> la persistencia de estos dibujos en una gran cantidad, por no decir que
> en una mayoría, de los libros de texto modernos». (Más adelante volveré
> a la cuestión de por qué es solo ahora que el Sr. Gould, que ha conocido
> estas falsedades durante décadas, ha decidido desenmascararlas ante el
> gran público.)
>
> El árbol de la vida según Darwin
>
> Darwin escribió en El Origen d