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Antiguo 02-08-2008, 11:46:26
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Predeterminado EVOLUCIÓN, LA CIENCIA Y SUS LÍMITES.

El mito del evolucionismo propuesto por Darwin se ha venido
utilizando, durante todo el siglo XX, por los partidarios del
materialismo puro para corroer la creencia en un Dios Creador. Muchos
pensadores cristianos, como Pierre Teilhard de Chardin y otros,
procuraron hacer frente a tal ataque conciliando la teoría
transformista con la fe, abundando en la posibilidad de que la
creación hubiera ocurrido mediante un proceso de evolución darwinista
dirigido por Dios. Se elaboró así una moderna cosmogonía evolucionista-
teísta que suavizaba el relato bíblico, reduciéndolo a una especie de
parábola constituida por verdades simbólicas que no debían
interpretarse en sentido literal.

De esta manera se pretendía que la Biblia no entrara en conflicto con
los enunciados transformistas de la ciencia que, en aquella época, se
consideraban verdaderos.

Tal como resalta el catedrático de Antropología Social de Cambridge,
Ernest Gellner: “ [...] los creyentes “modernos” no se preocupan por
la incompatibilidad entre el libro del Génesis y el darwinismo o la
astrofísica contemporánea. Dan por sentado que los enunciados, si bien
en apariencia tratan de los mismos sucesos -la creación del mundo y
los orígenes del hombre-, están en realidad en niveles muy distintos o
incluso, como dirían algunos, en lenguajes completamente distintos, en
tipos de “discurso” diferenciados o separados. Hablando en general,
las doctrinas y las exigencias morales de la fe se convierten así en
algo que, debidamente interpretado, apenas está “curiosamente” en
conflicto con la sabiduría secular de la época, o con nada en
realidad. Así descansa la paz y la vacuidad doctrinal” (Gellner, 1994,
Posmodernismo, razón y religión, Paidós, Barcelona: 16).

Sin embargo, a principios del siglo XXI, los últimos descubrimientos
de la ciencia parecen sugerir que esta batalla era innecesaria. Hay
evidencia de la variabilidad que existe dentro de las especies, pero
no la suficiente como para explicar las profundas transformaciones
requeridas por el darwinismo. Los seres vivos prosiguen
reproduciéndose según su género y no salen del cuadro estructural al
que pertenecen, tal como afirma el relato del Génesis. Los cambios
observados tampoco van siempre de lo simple a lo complejo, como se
suponía, sino que desde el principio las estructuras celulares y los
procesos metabólicos demuestran una alta complejidad que se mantiene
hasta hoy y que sólo puede ser interpretada apelando a un Creador
inteligente.

Toda la información de que dispone la ciencia en la actualidad apunta
hacia un principio del universo en el tiempo y el espacio. La física y
la cosmología han descubierto que la materia no es eterna como antes
se creía, sino que empezó a existir en un momento determinado. Miles
de acontecimientos físicos y químicos se dan la mano de forma
asombrosa en el planeta Tierra para hacer posible la vida humana y del
resto de los organismos. Pero, a la vez, la ciencia ha demostrado que
en ningún lugar del planeta aparece actualmente le vida de manera
espontánea, como consecuencia de las leyes naturales.

El descubrimiento del ADN y de la sofisticación del genoma humano, así
como de la complejidad irreductible que hay en cada célula viva,
sugieren también la necesidad de un diseñador que lo haya planificado
todo. No obstante, el acto mismo de la creación sigue envuelto en la
bruma del misterio y aunque nos fuera explicado por el mismo Dios,
seguramente tampoco seríamos capaces de entenderlo. El nivel de los
conocimientos científicos actuales no está a la altura requerida,
aunque lo que cada vez resulta más evidente es que tal proceso creador
no es ni mucho menos el transformismo lento y azaroso propuesto por
Darwin, sino que más bien se perfila como un diseño perfecto, complejo
y consumado desde el primer momento.

El estudio de los orígenes continúa siendo uno de los principales
retos para la ciencia del tercer milenio. En lo más hondo del alma
humana sigue latiendo el deseo de desentrañar los misterios que hay
detrás de las leyes que rigen el universo y de los seres vivos que lo
habitan. Es el eterno desafío de intentar comprender la mente del
Creador. Pero conviene reconocer que hay cosas que la ciencia nunca
podrá hacer, como revelar el carácter del supremo diseñador o su plan
de salvación para la criatura humana. Esto es algo que pertenece a la
teología.

A pesar de ello, la evidencia de designio y propósito en la naturaleza
interpela directamente a cada ser humano. De tal manera que como
afirma el apóstol Pablo: “las cosas invisibles de él, su eterno poder
y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo,
siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen
excusa” (Ro. 1:20). El diseño inteligente demanda una respuesta de
cada persona. Una actitud de aceptación o de rechazo. Dios se ha
manifestado también en el mundo natural y, por tanto, no valen las
ambigüedades. La creación es la evidencia del Creador y seguirá siendo
el fundamento de la visión cristiana del mundo.


Antonio Cruz Suárez es biólogo, profesor y escritor.


© A. C. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2008)



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Antiguo 02-08-2008, 16:54:31
Lupus
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: EVOLUCIÓN, LA CIENCIA Y SUS LÍMITES.

idiota

--
Algunos datos de este desgraciado personaje


http://esuntroll.blogspot.com/2005/08/nennito.html
Clasificación: TROLL Especialista en insultos de todo tipos.

Pagina personal
http://www.amigar.com/gente/nennito/

Otros datos:
> Latitud: 50G 48Min 49.26Seg Norte
> longitud: 2G 28Min 28.95Seg Oeste


De sus firmas:
Nennito. (nennito***666.es

Nenn...***UNTARANTANTANya.com

Alguna Perla
http://esuntroll.blogspot.com/2005/1...mara-iigo.html

--
!!! RELIGION = MANIPULACION !!!
!!! FUERA LA RELIGION DE LOS COLEGIOS !!!
!!! ATEISMO ES LIBERTAD !!!
Perlas de los Grupos
http://groups.google.es/group/es.cha...ca9a36e1cf9c85

http://groups.google.es/group/es.cha...39393918bc3535

"libera" <libera.dios***gmail.com> escribió en el mensaje
news:077d0d33-392d-4c6b-9118-c2443e5c3697***f63g2000hsf.googlegroups.com...
El mito del evolucionismo propuesto por Darwin se ha venido
utilizando, durante todo el siglo XX, por los partidarios del
materialismo puro para corroer la creencia en un Dios Creador. Muchos
pensadores cristianos, como Pierre Teilhard de Chardin y otros,
procuraron hacer frente a tal ataque conciliando la teoría
transformista con la fe, abundando en la posibilidad de que la
creación hubiera ocurrido mediante un proceso de evolución darwinista
dirigido por Dios. Se elaboró así una moderna cosmogonía evolucionista-
teísta que suavizaba el relato bíblico, reduciéndolo a una especie de
parábola constituida por verdades simbólicas que no debían
interpretarse en sentido literal.

De esta manera se pretendía que la Biblia no entrara en conflicto con
los enunciados transformistas de la ciencia que, en aquella época, se
consideraban verdaderos.

Tal como resalta el catedrático de Antropología Social de Cambridge,
Ernest Gellner: “ [...] los creyentes “modernos” no se preocupan por
la incompatibilidad entre el libro del Génesis y el darwinismo o la
astrofísica contemporánea. Dan por sentado que los enunciados, si bien
en apariencia tratan de los mismos sucesos -la creación del mundo y
los orígenes del hombre-, están en realidad en niveles muy distintos o
incluso, como dirían algunos, en lenguajes completamente distintos, en
tipos de “discurso” diferenciados o separados. Hablando en general,
las doctrinas y las exigencias morales de la fe se convierten así en
algo que, debidamente interpretado, apenas está “curiosamente” en
conflicto con la sabiduría secular de la época, o con nada en
realidad. Así descansa la paz y la vacuidad doctrinal” (Gellner, 1994,
Posmodernismo, razón y religión, Paidós, Barcelona: 16).

Sin embargo, a principios del siglo XXI, los últimos descubrimientos
de la ciencia parecen sugerir que esta batalla era innecesaria. Hay
evidencia de la variabilidad que existe dentro de las especies, pero
no la suficiente como para explicar las profundas transformaciones
requeridas por el darwinismo. Los seres vivos prosiguen
reproduciéndose según su género y no salen del cuadro estructural al
que pertenecen, tal como afirma el relato del Génesis. Los cambios
observados tampoco van siempre de lo simple a lo complejo, como se
suponía, sino que desde el principio las estructuras celulares y los
procesos metabólicos demuestran una alta complejidad que se mantiene
hasta hoy y que sólo puede ser interpretada apelando a un Creador
inteligente.

Toda la información de que dispone la ciencia en la actualidad apunta
hacia un principio del universo en el tiempo y el espacio. La física y
la cosmología han descubierto que la materia no es eterna como antes
se creía, sino que empezó a existir en un momento determinado. Miles
de acontecimientos físicos y químicos se dan la mano de forma
asombrosa en el planeta Tierra para hacer posible la vida humana y del
resto de los organismos. Pero, a la vez, la ciencia ha demostrado que
en ningún lugar del planeta aparece actualmente le vida de manera
espontánea, como consecuencia de las leyes naturales.

El descubrimiento del ADN y de la sofisticación del genoma humano, así
como de la complejidad irreductible que hay en cada célula viva,
sugieren también la necesidad de un diseñador que lo haya planificado
todo. No obstante, el acto mismo de la creación sigue envuelto en la
bruma del misterio y aunque nos fuera explicado por el mismo Dios,
seguramente tampoco seríamos capaces de entenderlo. El nivel de los
conocimientos científicos actuales no está a la altura requerida,
aunque lo que cada vez resulta más evidente es que tal proceso creador
no es ni mucho menos el transformismo lento y azaroso propuesto por
Darwin, sino que más bien se perfila como un diseño perfecto, complejo
y consumado desde el primer momento.

El estudio de los orígenes continúa siendo uno de los principales
retos para la ciencia del tercer milenio. En lo más hondo del alma
humana sigue latiendo el deseo de desentrañar los misterios que hay
detrás de las leyes que rigen el universo y de los seres vivos que lo
habitan. Es el eterno desafío de intentar comprender la mente del
Creador. Pero conviene reconocer que hay cosas que la ciencia nunca
podrá hacer, como revelar el carácter del supremo diseñador o su plan
de salvación para la criatura humana. Esto es algo que pertenece a la
teología.

A pesar de ello, la evidencia de designio y propósito en la naturaleza
interpela directamente a cada ser humano. De tal manera que como
afirma el apóstol Pablo: “las cosas invisibles de él, su eterno poder
y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo,
siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen
excusa” (Ro. 1:20). El diseño inteligente demanda una respuesta de
cada persona. Una actitud de aceptación o de rechazo. Dios se ha
manifestado también en el mundo natural y, por tanto, no valen las
ambigüedades. La creación es la evidencia del Creador y seguirá siendo
el fundamento de la visión cristiana del mundo.


Antonio Cruz Suárez es biólogo, profesor y escritor.


© A. C. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2008)





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  #3 (permalink)  
Antiguo 03-08-2008, 10:42:02
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Predeterminado Re: EVOLUCIÓN, LA CIENCIA Y SUS LÍMITES.

El mito del evolucionismo propuesto por Darwin se ha venido
utilizando, durante todo el siglo XX, por los partidarios del
materialismo puro para corroer la creencia en un Dios Creador. Muchos
pensadores cristianos, como Pierre Teilhard de Chardin y otros,
procuraron hacer frente a tal ataque conciliando la teoría
transformista con la fe, abundando en la posibilidad de que la
creación hubiera ocurrido mediante un proceso de evolución darwinista
dirigido por Dios. Se elaboró así una moderna cosmogonía
evolucionista-
teísta que suavizaba el relato bíblico, reduciéndolo a una especie de
parábola constituida por verdades simbólicas que no debían
interpretarse en sentido literal.

De esta manera se pretendía que la Biblia no entrara en conflicto con
los enunciados transformistas de la ciencia que, en aquella época, se
consideraban verdaderos.


Tal como resalta el catedrático de Antropología Social de Cambridge,
Ernest Gellner: “ [...] los creyentes “modernos” no se preocupan por
la incompatibilidad entre el libro del Génesis y el darwinismo o la
astrofísica contemporánea. Dan por sentado que los enunciados, si
bien
en apariencia tratan de los mismos sucesos -la creación del mundo y
los orígenes del hombre-, están en realidad en niveles muy distintos
o
incluso, como dirían algunos, en lenguajes completamente distintos,
en
tipos de “discurso” diferenciados o separados. Hablando en general,
las doctrinas y las exigencias morales de la fe se convierten así en
algo que, debidamente interpretado, apenas está “curiosamente” en
conflicto con la sabiduría secular de la época, o con nada en
realidad. Así descansa la paz y la vacuidad doctrinal” (Gellner,
1994,
Posmodernismo, razón y religión, Paidós, Barcelona: 16).


Sin embargo, a principios del siglo XXI, los últimos descubrimientos
de la ciencia parecen sugerir que esta batalla era innecesaria. Hay
evidencia de la variabilidad que existe dentro de las especies, pero
no la suficiente como para explicar las profundas transformaciones
requeridas por el darwinismo. Los seres vivos prosiguen
reproduciéndose según su género y no salen del cuadro estructural al
que pertenecen, tal como afirma el relato del Génesis. Los cambios
observados tampoco van siempre de lo simple a lo complejo, como se
suponía, sino que desde el principio las estructuras celulares y los
procesos metabólicos demuestran una alta complejidad que se mantiene
hasta hoy y que sólo puede ser interpretada apelando a un Creador
inteligente.


Toda la información de que dispone la ciencia en la actualidad apunta
hacia un principio del universo en el tiempo y el espacio. La física
y
la cosmología han descubierto que la materia no es eterna como antes
se creía, sino que empezó a existir en un momento determinado. Miles
de acontecimientos físicos y químicos se dan la mano de forma
asombrosa en el planeta Tierra para hacer posible la vida humana y
del
resto de los organismos. Pero, a la vez, la ciencia ha demostrado que
en ningún lugar del planeta aparece actualmente le vida de manera
espontánea, como consecuencia de las leyes naturales.


El descubrimiento del ADN y de la sofisticación del genoma humano,
así
como de la complejidad irreductible que hay en cada célula viva,
sugieren también la necesidad de un diseñador que lo haya planificado
todo. No obstante, el acto mismo de la creación sigue envuelto en la
bruma del misterio y aunque nos fuera explicado por el mismo Dios,
seguramente tampoco seríamos capaces de entenderlo. El nivel de los
conocimientos científicos actuales no está a la altura requerida,
aunque lo que cada vez resulta más evidente es que tal proceso
creador
no es ni mucho menos el transformismo lento y azaroso propuesto por
Darwin, sino que más bien se perfila como un diseño perfecto,
complejo
y consumado desde el primer momento.


El estudio de los orígenes continúa siendo uno de los principales
retos para la ciencia del tercer milenio. En lo más hondo del alma
humana sigue latiendo el deseo de desentrañar los misterios que hay
detrás de las leyes que rigen el universo y de los seres vivos que lo
habitan. Es el eterno desafío de intentar comprender la mente del
Creador. Pero conviene reconocer que hay cosas que la ciencia nunca
podrá hacer, como revelar el carácter del supremo diseñador o su plan
de salvación para la criatura humana. Esto es algo que pertenece a la
teología.


A pesar de ello, la evidencia de designio y propósito en la
naturaleza
interpela directamente a cada ser humano. De tal manera que como
afirma el apóstol Pablo: “las cosas invisibles de él, su eterno poder
y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo,
siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no
tienen
excusa” (Ro. 1:20). El diseño inteligente demanda una respuesta de
cada persona. Una actitud de aceptación o de rechazo. Dios se ha
manifestado también en el mundo natural y, por tanto, no valen las
ambigüedades. La creación es la evidencia del Creador y seguirá
siendo
el fundamento de la visión cristiana del mundo.


Antonio Cruz Suárez es biólogo, profesor y escritor.


© A. C. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2008)






On 2 ago, 12:46, libera <libera.d...***gmail.com> wrote:
> El mito del evolucionismo propuesto por Darwin se ha venido
> utilizando, durante todo el siglo XX, por los partidarios del
> materialismo puro para corroer la creencia en un Dios Creador. Muchos
> pensadores cristianos, como Pierre Teilhard de Chardin y otros,
> procuraron hacer frente a tal ataque conciliando la teoría
> transformista con la fe, abundando en la posibilidad de que la
> creación hubiera ocurrido mediante un proceso de evolución darwinista
> dirigido por Dios. Se elaboró así una moderna cosmogonía evolucionista-
> teísta que suavizaba el relato bíblico, reduciéndolo a una especie de
> parábola constituida por verdades simbólicas que no debían
> interpretarse en sentido literal.
>
> De esta manera se pretendía que la Biblia no entrara en conflicto con
> los enunciados transformistas de la ciencia que, en aquella época, se
> consideraban verdaderos.
>
> Tal como resalta el catedrático de Antropología Social de Cambridge,
> Ernest Gellner: “ [...] los creyentes “modernos” no se preocupan por
> la incompatibilidad entre el libro del Génesis y el darwinismo o la
> astrofísica contemporánea. Dan por sentado que los enunciados, si bien
> en apariencia tratan de los mismos sucesos -la creación del mundo y
> los orígenes del hombre-, están en realidad en niveles muy distintos o
> incluso, como dirían algunos, en lenguajes completamente distintos, en
> tipos de “discurso” diferenciados o separados. Hablando en general,
> las doctrinas y las exigencias morales de la fe se convierten así en
> algo que, debidamente interpretado, apenas está “curiosamente” en
> conflicto con la sabiduría secular de la época, o con nada en
> realidad. Así descansa la paz y la vacuidad doctrinal” (Gellner, 1994,
> Posmodernismo, razón y religión, Paidós, Barcelona: 16).
>
> Sin embargo, a principios del siglo XXI, los últimos descubrimientos
> de la ciencia parecen sugerir que esta batalla era innecesaria. Hay
> evidencia de la variabilidad que existe dentro de las especies, pero
> no la suficiente como para explicar las profundas transformaciones
> requeridas por el darwinismo. Los seres vivos prosiguen
> reproduciéndose según su género y no salen del cuadro estructural al
> que pertenecen, tal como afirma el relato del Génesis. Los cambios
> observados tampoco van siempre de lo simple a lo complejo, como se
> suponía, sino que desde el principio las estructuras celulares y los
> procesos metabólicos demuestran una alta complejidad que se mantiene
> hasta hoy y que sólo puede ser interpretada apelando a un Creador
> inteligente.
>
> Toda la información de que dispone la ciencia en la actualidad apunta
> hacia un principio del universo en el tiempo y el espacio. La física y
> la cosmología han descubierto que la materia no es eterna como antes
> se creía, sino que empezó a existir en un momento determinado. Miles
> de acontecimientos físicos y químicos se dan la mano de forma
> asombrosa en el planeta Tierra para hacer posible la vida humana y del
> resto de los organismos. Pero, a la vez, la ciencia ha demostrado que
> en ningún lugar del planeta aparece actualmente le vida de manera
> espontánea, como consecuencia de las leyes naturales.
>
> El descubrimiento del ADN y de la sofisticación del genoma humano, así
> como de la complejidad irreductible que hay en cada célula viva,
> sugieren también la necesidad de un diseñador que lo haya planificado
> todo. No obstante, el acto mismo de la creación sigue envuelto en la
> bruma del misterio y aunque nos fuera explicado por el mismo Dios,
> seguramente tampoco seríamos capaces de entenderlo. El nivel de los
> conocimientos científicos actuales no está a la altura requerida,
> aunque lo que cada vez resulta más evidente es que tal proceso creador
> no es ni mucho menos el transformismo lento y azaroso propuesto por
> Darwin, sino que más bien se perfila como un diseño perfecto, complejo
> y consumado desde el primer momento.
>
> El estudio de los orígenes continúa siendo uno de los principales
> retos para la ciencia del tercer milenio. En lo más hondo del alma
> humana sigue latiendo el deseo de desentrañar los misterios que hay
> detrás de las leyes que rigen el universo y de los seres vivos que lo
> habitan. Es el eterno desafío de intentar comprender la mente del
> Creador. Pero conviene reconocer que hay cosas que la ciencia nunca
> podrá hacer, como revelar el carácter del supremo diseñador o su plan
> de salvación para la criatura humana. Esto es algo que pertenece a la
> teología.
>
> A pesar de ello, la evidencia de designio y propósito en la naturaleza
> interpela directamente a cada ser humano. De tal manera que como
> afirma el apóstol Pablo: “las cosas invisibles de él, su eterno poder
> y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo,
> siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen
> excusa” (Ro. 1:20). El diseño inteligente demanda una respuesta de
> cada persona. Una actitud de aceptación o de rechazo. Dios se ha
> manifestado también en el mundo natural y, por tanto, no valen las
> ambigüedades. La creación es la evidencia del Creador y seguirá siendo
> el fundamento de la visión cristiana del mundo.
>
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>
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