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Predeterminado RESTOS FÓSILES: ¿PRUEBAS SIMIESCAS O FRAUDES DESCARADOS?

Autor: J. Enrique Cáceres-Arrieta

Fecha de publicación: Agosto 20, 2008



Como sabemos, los creyentes evolucionistas sacan a colación restos
fósiles para, según ellos, evidenciar la teoría de la evolución. ¿Son
los restos fósiles hallados en distintos lugares del planeta evidencia
de la evolución del ser humano? ¿Tenemos ancestros simiescos como
creen muchos? Lo primero que debemos expresar es que en no pocas
ocasiones el científico naturalista ha fabricado los restos fósiles.

De igual modo, ante la falta de fósiles intermedios que constituyen un
poderoso argumento contra la creencia evolutiva, la propuesta de Niles
Eldredge y Stephen Jay Gould denominada teoría del equilibrio
puntuado, que no necesita fósiles intermedios, ha sido esgrimida por
los creyentes evolucionistas. El gran inconveniente de tal postulado
es que no existe evidencia alguna que la apoye, quedándose -como
muchas teorías y afirmaciones del evolucionismo- en explicaciones
retóricas sin ningún respaldo experimental o de laboratorio.

Más aún, la explosión cámbrica (en la cual una abundante variedad de
nuevas formas de vida aparece completamente formada en el registro
fósil sin ninguno de los ancestros requeridos por el darvinismo)
representa un salto cuántico increíble en la complejidad biológica.
Esto es, los fósiles de la explosión cámbrica contradicen por completo
la creencia darvinista que predijo un desarrollo lento y gradual a lo
largo de muchos años. La explosión cámbrica no ha podido ser explicada
por el concepto de “equilibrio puntual” y preocupó al mismísimo
Darwin, quien -contrario a los neodarvinistas, entre ellos el
cientificista Richard Dawkins- no creía que la naturaleza diera
“saltos” y “brincos” y pensaba que futuros descubrimientos de restos
fósiles le darían la razón. En realidad, la situación ha empeorado
para él y sus fieles creyentes.

Pues bien, si vas a museos, ves dibujos de libros de texto, entras a
sitios y blogs en la Red y observas documentales y películas puedes
arribar -a la ligera- que los creyentes evolucionistas han hallado
fósiles de hombres monos y que es un hecho “probado” que venimos de
una especie de simio y por tanto tenemos antepasados simiescos. Pero,
en honor a la verdad, hasta el Sol de hoy no hay evidencia real alguna
de fósiles de esqueletos y cráneos completos de hombres monos. Lo que
sí hay es mucha especulación y escandalosos fraudes alrededor del
tema.

Además, ¿quién estuvo en los inicios de la especie humana para afirmar
categórica y dogmáticamente que descendemos de un tipo de simio o del
mico? ¿Hay algún testigo ocular que dé fe de lo que se afirma con
tanto dogmatismo? ¿Será verdad que el hallazgo de unos cráneos, huesos
y dientes pueden revelar que venimos de un mal oliente y piojoso simio
o algo parecido? ¿Qué tan efectivos son los métodos del uranio-plomo,
potasio-argón y del carbono 14 para determinar la edad de la Tierra,
rocas, cráneos, huesos, dientes y demás cosas descubiertas? ¿Cuántode
lo que se afirma tan dogmáticamente es ciencia y cuánto es filosofía,
presupuestos o simples creencias? Ya hemos aseverado que la teoría de
la evolución es extremadamente especulativa y metafísica. Tan
metafísica es que nadie -ni el más fanático evolucionista- puede
probar nada de lo que asegura tan radical y dogmáticamente. Asimismo,
los restos fósiles hallados hasta el momento en lugar de apoyar la
teoría de la evolución la han dejado mal parada.

Te invito a ver los fraudes más sonados en cuanto a supuestos
descubrimientos de los antepasados del ser humano. Desde luego, los
creyentes evolucionistas han tratado de subestimar los engaños
argumentado que las cosas no son como se dieron, sino como ellos las
cuentan. (Recuerda el carácter tautológico del mito transformista)
Igual sucede cuando el periodista científico descubre algo (léase un
chicharrón político) al investigar y los involucrados contraatacan
acusándole de calumniarles e injuriarles, para distraer y evitar que
las autoridades competentes investiguen y así salirse con la suya.

Veamos alguno fraudes de las creencias evolucionistas:

Hombre de Nebraska: Descubierto en 1922 por Harold Crook en Nebraska.
Gran cantidad de literatura se publicó acerca de este presunto eslabón
perdido, el cual, supuestamente, vivió hace un millón de años. Sin
embargo, lo impresionante es que el supuesto hombre de Nebraska fue
una reconstrucción bastante imaginativa que se hizo a partir de ¡un
diente!

Los más “eminentes” científicos examinaron el diente y declararon que
era una evidencia de la existencia de una raza prehistórica en Estados
Unidos. Este fue un típico caso de excesiva imaginación. O sea, de
ciencia-ficción.

Años después se halló el esqueleto completo del animal del cual
provenía el famoso diente “científico”. Una prolija investigación
reveló que el diente pertenecía a una extinta especie de cerdo.
¡Dientes veredes, Sancho!

Hombre-mono de Java: El Pithecanthropus erectus u “hombre-mono” de
Java (Sumatra, Indonesia) fue descubierto en 1891 por Eugene Dubois,
frenético evolucionista. El hallazgo de Dubois consistió en una
pequeña porción de la parte superior del cráneo, un fragmento del
fémur izquierdo y tres dientes molares. ¡De nuevo los dientes! Era una
evidencia fragmentaria. Además, los restos no se encontraron juntos
sino en un área de más de veintiún metros. Para remachar el clavo, los
restos fueron hallados en el lecho de un río, mezclados con huesos de
animales extintos. ¿Cómo podía el “experto” Dubois estar tan seguro de
que lo hallado eran partes de un mismo animal?

A raíz de esto hubo opiniones encontradas en cuanto a la
identificación de estos fragmentarios fósiles. De 24 paleontólogos
alemanes reunidos para evaluar el hallazgo, diez dijeron que los
restos provenían de un mono; siete, que eran de un hombre; y siete,
que eran un eslabón perdido. ¡Estaban adivinando! ¿De qué color erael
caballo blanco de Bolívar? ¡Era “azul”!

Luego de que se comprobó que el hallazgo de Dubois era un
pitecántropo, no un hombre-mono, Dubois admitió que los restos
hallados no eran de un hombre-mono y que había encontrado restos de
hombres modernos en el mismo lugar. Pero sucede que hasta el día de
hoy los libros de texto colegiales y universitarios y mucha gente
sigue creyendo en el fraude de Dubois. No solo eso; no pocos libros de
biología del siglo XXI también presentan todavía los fraudulentos
símbolos de la evolución (el experimento de Miller, el árbol de la
vida de Darwin, los embriones de Haeckel, el Archaeopteryx o eslabón
perdido, el Archaeoraptor o supuesto eslabón entre las aves y los
dinosaurios, la similitud de la estructura ósea entre las alas de un
murciélago, la aleta de la marsopa, la pata de un caballo y la mano
humana, etc.) y los siembran en las mentes de nuestros jóvenes
estudiantes como “apoyo” al mito de la evolución. ¿Hasta cuándo tanta
falsedad con tintes de ciencia? (Lo terriblemente malévolo es que en
media humanidad civilizada es obligatorio enseñar el mito evolutivo en
centros de estudios secundarios y universitarios como si fuera un
hecho probado. Los creyentes evolucionistas filosóficamente dan como
un hecho lo que deberían demostrar científicamente. Pregunto: ¿será
que en esos planes de estudio está contemplada la enseñanza del
creacionismo? ¡No! Y hasta está prohibido hablar de creacionismo. Pues
muchos educadores y centros de estudio quieren vender la creencia de
ser científicos, o no desean ser etiquetados de “fanáticos
religiosos”. Otros optan por ser eclécticos al tomar la creencia en la
evolución pero con la creencia en Dios, creyendo equivocadamente que
las dos posiciones son compatibles. Tanto los educadores y colegios y
universidades creacionistas como los creyentes evolucionistas deben
dar a conocer al estudiante las dos corrientes. Y si toman partido por
alguna, que sustenten su postura con honestidad y genuina ciencia, no
con criterios y emociones cargados. ¡Amemos y respetemos la verdad sin
importar quien la diga!)

En 1926 se descubrió otro pitecántropo en Java. Tal descubrimiento fue
anunciado -como los anteriores “grandes avances” y “pruebas” de la
evolución- como el “eslabón perdido”. Pero, a pesar de los bombos y
platillos con que se proclamó, lo descubierto no era otra cosa que la
¡rótula! de un elefante extinto. “ ¿Qué tal el efelante?”, diría
Winnie Pooh.

Hombre de Piltdown: Los restos del Hombre de Piltdown (Inglaterra)
fueron hallados en 1912 por Charles Dawson, un paleontólogo
¡aficionado!, y Arthur Keith, quienes mostraron algunos huesos,
dientes y utensilios primitivos, de los cuales aseguraron era un
hombre-mono. Estos señores llevaron los restos encontrados al
paleontólogo Arthur Smith Woodward, del Museo Británico, donde se
exhibieron durante ¡catorce años! como auténticos restos de un hombre-
mono. Los antropólogos declararon que los restos tenían 500,000 años
de antigüedad.

Corría 1953 cuando John Winer y Samuel Oakley a través de un minucioso
examen dieron por descubierto el engaño de tal creencia. La quijada
pertenecía a un mono que había muerto hacía solo 50 años, el cráneo
era de un hombre moderno. Los dientes habían sido limados, y tanto los
dientes como los huesos habían sido desteñidos con bicromato de potasa
para encubrir su verdadera identidad. ¿Qué te parece? ¿Todavía tienen
el descaro de pedir que creamos en ellos y en sus supuestos hallazgos
del hombre-mono? ¡Más monos serán ellos!

Es ineludible notar que el Hombre de Piltdown, de Heidelberg, de
Pekín, de Nueva Guinea, de Cromagnon y otros fraudes han sido y aún
son exhibidos en importantes museos (en televisión e internet) y
estudiados en importantes libros de texto colegiales y universitarios
como supuestos antepasados del hombre moderno. M. Bowden señala
directamente a Teilhard de Chardin como el que colocó los falsos
fósiles en Piltdown. Cierto o no, este fraude pudo engañar a la
ciencia moderna durante más de ¡40! años. Pregunto: ¿cómo fue posible
pasar por alto durante tanto tiempo los hechos que demuestran que el
supuesto hombre de Piltdown y los demás son engaños? De algo estoy
seguro, los creyentes evolucionistas lo sabían, mas su fanatismo era y
es tan inmenso que no querían (ni quieren hoy) desapegarse de la
falacia mayúscula llamada evolución.

La mentira, de tanto repetirla, creía Goebbels y creen muchos en el
siglo XXI, se convierte en verdad y se transmuta en ley. Esto implica
que la “objetividad” y “ciencia” de muchos deben ser objetadas por
faltar a la verdad cónsona con la realidad empírica.

Hombre Neandertal: Fue descubierto a fines del siglo XIX en una cueva
cercana a Dusseldorf, Alemania. Fue representado como un sujeto en
posición semierecta, con el pecho hundido y con apariencia que indica
falta de inteligencia (no es de extrañar, pues el ser humano moderno
ve a los humanos de los tiempos de Adán y Eva, o “prehistoria”, la
llaman, como imbéciles) al que tomaron como el supuesto eslabón
intermedio entre el simio y el hombre.

Tras otros descubrimientos de esqueletos neandertales, no se sabe si
el hombre de Neandertal estaba totalmente erecto y si era totalmente
humano. El tamaño de su cráneo excede al del humano moderno por más
del trece por ciento. Pero ello no es ningún inconveniente para los
creyentes del mito evolutivo. En efecto, en 1958 A. J. E. Cave dijo
que un examen realizado al Hombre de Neandertal demostró que era un
anciano que sufría de artritis.

Los antiguos conceptos equivocados sobre el Hombre de Neandertal se
debieron a dos factores: primero, la parcialidad de los antropólogos
evolucionistas que lo reconstruyeron; y segundo, la persona en la cual
se hizo la evaluación inicial padecía de osteoartritis y raquitismo.
Hoy el Hombre Neandertal es clasificado como Homo Sapiens, totalmente
humano y omnisapiente que cree que por estudiar unos huesitos puede
saber y entender quiénes son sus antepasados. Lo que no dicen es que
el Hombre Neandertal siempre ha sido humano, no mono ni simio.

Ahora bien, ¿será que la inclinación y parecidos al mono del hombre de
Heidelberg, el de Neandertal y otros no demuestra que se hallan en la
línea de ascensión de la molécula al hombre? ¿Qué decir del
descubrimiento de que los estudios genéticos demuestran a humanos y
simios compartiendo entre el 80 y 98 por ciento de sus genes? Eso no
prueba nada de lo que insinúan los ateos evolucionistas, puesto que
aun cuando la investigación ha comprobado que la diferencia en la
secuencia de ADN entre humanos y chimpancés es solo entre un 1 y un 2
por ciento, la cantidad es lo que menos importa en este como en otros
estudios. La investigación revela un dato fundamental e imprevisto:
aunque son pocas las diferencias, las que hay son tan esenciales que
tienen muchísimo peso. El problema es que los denominados genes
constructores del cuerpo se encuentran entre el noventa y ocho por
ciento. El otro dos por ciento son más bien genes triviales que tienen
poca incidencia en la anatomía. De modo que la supuesta similitud del
ADN humano y los chimpancés es un gran inconveniente para los
neodarvinistas. Además, no es de sorprender que cuando se observa a
dos organismos similares anatómicamente, con frecuencia se halla que
son similares genéticamente. Lo que significa que el Creador decidió
utilizar materiales de construcción comunes para crear organismos
diferentes. Cada nuevo descubrimiento suele demostrar que las cosas
son más complicadas de lo que el investigador había creído. Los monos
tienen ciertos comportamientos semejantes a los nuestros, mas ello no
los convierte en humanos. El mono Charlie aprendió kárate con su
entrenador, pero eso no lo hace igual a Chuck Norris. El loro puede
repetir hasta 20 palabras y eso no lo hace humano ni colega del
locutor colombiano Édgar Perea.

El humano contemporáneo presenta diferentes características faciales y
corporales, pero sigue siendo humano. Ejemplos: el hombre alto Watusi
del África; el pigmeo, el asiático de nariz chata y el negro con sus
características peculiares son variaciones en la familia humana.

En 1959, Louis B. Leakey anunció el hallazgo de los restos de un
hombre primitivo en África, y lo llamó zinjatropo. Al inicio calculó
600.000 años, pero más tarde al aplicar el método del potasio/argónsu
cálculo fue en más de un millón de años. Antes de su muerte en 1972,
Leakey admitió que el cráneo era de un mono. ¿Curioso no?

Lucy: La especulación acerca de la pretendida evolución del ser humano
gira también alrededor de un grupo de fósiles llamados
Australopithecos; en particular, de un espécimen llamado Lucy cuyo
esqueleto se conserva en un 40 por ciento. Lucy fue descubierta por
Donald C. Johanson en Hadar, Etiopía, durante investigaciones
realizadas entre 1972 y 1977.

En un artículo de la revista National Geographic (luego de supuestos
descubrimientos y las metidas de pata del grupo Natgeo, no les tengo
confianza. El Archaeoraptor en 1999 y el “Evangelio de Judas” en abril
de 2006 son apenas dos ejemplos.) aparecido en diciembre de 1976,
Johanson declaró: “El ángulo del fémur y la superficie aplanada al
final de la juntura del codillo… prueban que ella caminaba sobre dos
piernas”.

Sin embargo, debemos mencionar que la juntura usada para “probar” que
Lucy caminaba erecta fue hallada en un nivel inferior en el estrato -
una diferencia de más de 60 metros-, y a una distancia de más de 3
kilómetros. Además, el extremo del fémur que se une a la rodilla
estaba seriamente maltratado; por consiguiente, la conclusión de
Johanson es pura especulación. Una creencia. Charles Oxnard,
especialista en anatomía, empleó una técnica computarizada para
analizar las uniones en el esqueleto. Su conclusión fue que los
australopithecos no caminaban erectos, al menos no de la misma forma
que los humanos. Al respecto, debemos mencionar que el chimpancé
camina erecto durante una considerable cantidad de tiempo y eso no lo
hace humano. Por tanto, no hay ninguna base científica válida para
concluir que Lucy caminaba sobre dos pies. Lo más seguro es que Lucy y
sus parientes eran solo variedades de monos. De hecho, casi todos los
expertos concuerdan que Lucy fue solo un chimpancé de 90 centímetros.

Por último, hay evidencia de que la gente caminaba erguida desde antes
del tiempo de Lucy. Entre ellos están el homínido de Kanapoi y el
Hombre de Castenedolo. Obviamente, si las personas caminaban erguidas
antes del período de Lucy, esta no puede ser considerada como ancestro
evolutivo. (1)

A pesar de estos fraudes (y de otros no mencionados aquí) y de su
extremada parcialidad, hay quienes en el siglo XXI piden que creamos
ingenuamente en sus “pruebas” y nuevos “descubrimientos” de que
“venimos de una especie de simio”, tal como escriben en periódicos los
fanáticos del mito evolutivo y afirman desde 2003 los investigadores
de Atapuerca, España, por hallar fósiles que consideran restos de sus
antepasados. ¿Hasta cuándo las mentiras en nombre de las ciencias
naturales?

De hecho, los restos fósiles del Homo antecessor como los anteriores
al Homo neanderthalensis descubiertos por los investigadores en
cuestión pueden ser considerados como lo que son: restos fósiles de
verdaderos humanos. Tanto los paleontólogos como los demás creyentes
evolucionistas ateos dan por hecho (creen) lo que deben demostrar
científicamente.

En setiembre de 2006, hubo un nuevo descubrimiento de un supuesto
descendiente del ser humano. Se trata de los restos de un niño que -
según los creyentes evolucionistas- vivió hace 3 millones de años,
denominado Australopithecus Afarensis. Los restos fueron hallados en
la región de Afar, en la República de Djibouti (frontera con Etiopía),
el mismo sitio donde encontraron a Lucy. Los detalles del
descubrimiento se dieron al público en el Museo Nacional de Etiopía,
en Addis Abeba, por medio de Zeresenay Alemseged, jefe del cuerpo de
investigadores y creyente evolucionista.

Unas palabras al respecto: a) Nota cómo se apresura este investigador
a afirmar tajantemente que se trata de un niño. (Y los medios y
periodistas hacen eco de supuestos como si fueran hechos probados.
¡Creencias, Sancho! Hay muchísimos ejemplos, pero veamos uno solo: La
revista National Geographic, noviembre de 2006, tituló en su portada:
“El hijo del eslabón perdido: Este bebé [foto de la portada] tiene más
de tres millones de años”. Es obvio que la revista busca vender basada
en sensacionalismo y despertando la curiosidad humana. Al ver tal
portada no pude evitar reírme de tal creencia proclamada como ciencia)
¿Quién puede probar que no se trata de los restos de un monito? La
foto del cráneo -reconstruida en el supuesto niño- francamente parece
un chimpancé, no un pequeño. Desde luego, fue elaborada de tal manera
que apoyara el supuesto; b) El grupo de investigadores pone edad al
“niño” sin estar seguro de que en realidad tenga esos años. Ya
analizamos que ningún método para determinar edad o años -utilizado
hasta el día de hoy- es infalible y se fundamentan en muchos
supuestos. Entonces, ¿por qué ser tan dogmático y exhibir en público
unos restos como si fueran lo que afirmo? ¿Sabes qué sucede? La mayor
parte de estos investigadores y hombres de ciencia dan como un hecho
probado que venimos de una especie de simio; o sea, son creyentes de
la teoría de la evolución. Por consiguiente, todo nuevo hallazgo lo
interpretan conforme al supuesto: “el hombre tiene ancestros
simiescos”. Lo que ignora Trueno (de él hablamos en Trueno, el ateo
que dice no creer en Dios) es que quien espera encontrar lo que quiere
encontrar, hallará solo lo que quiere encontrar, y pasará por alto lo
que esté contra sus presuposiciones y resentimientos. Hemos hablado de
algunos fraudes sobre el tema; solo Dios sabe de las montañas de
deshonestidad intelectual de estos “científicos” cuando están
investigando. ¡Ya no hacen a los científicos como antes!

Hablando de Úrsula Iguarán, el Nobel Gabriel García Márquez la
describe así en su obra cumbre Cien años de Soledad: “Llegó a ser tan
sincera en el engaño que ella misma acabó consolándose con sus propias
mentiras”. (2)

Igual que Úrsula Iguarán, hay científicos que se consuelan
inventándose una ciencia a su imagen y semejanza. Mi abuela lo dice de
esta manera: “Hay gente tan mentirosa [experta en la mentira] que
ellos mismos se creen sus propias mentiras”. Esa abuela mía es sabia y
proverbista.

Muchos pasan por alto la navaja de Ockham, principio rector de la
ciencia natural de Occidente, que sostiene que la explicación más
plausible es la que contiene las ideas más simples y la menor cantidad
de presuposiciones.

Algo más, desde hace muchos años la fabricación de restos fósiles es
un excelente negocio. De hecho, se conoce de fábricas de restos
fósiles instaladas en China. De manera que cuando vas a un museo no
sabes cuáles son fraudes o cuáles no lo son. ¡Cuidado con los dientes
de un simio!

En 1998, en la población china de Sihetun, hallaron los restos fósiles
del Caudipteryx, que inmediatamente fue situado muy cerca de las aves,
e incluso algunos creyentes evolucionistas lo catalogaron como
“sólidos indicios” de que las aves actuales descienden de los
dinosaurios (igual se decía y todavía hay quienes lo repiten por no
actualizarse del Archaeoraptor). Pero varios paleontólogos, entre
ellos Paul Sereno, propusieron que en realidad el Caudipteryx era
pariente cercano del famoso dinosaurio mongol Oviraptor. En efecto, en
2005 una investigación de G. J. Dike y de M. A. Norell confirmó que el
Caudipteryx pertenecía al Oviraptoridae y no tenía ningún parentesco
con las aves como proponían algunos creyentes evolucionistas, y
aparece todavía en textos de biología. No te extrañes que Trueno el
ateo lo utilice para escribir un “sesudo” artículo sobre el “origen”
de la vida, Por ahí otro Trueno ateo escribió que el Archaeopteryx, el
Australopithecus, el Homo habilis, el Homo erectus y el Homo sapiens
son “evidencias” del mito evolutivo. ¡La gran flauta! Los creyentes
evolucionistas van a tener que estudiar e investigar de nuevo las
“pruebas” evolucionistas para actualizarse, pues ya observamos la
cantidad considerable de fraudes en supuestos restos fósiles de
hombres simios, y el universo de especulaciones tomadas como pruebas
del mito evolución. La pregunta es: ¿cuánto de lo que se asegura tan
radical y dogmáticamente se ha demostrado en el laboratorio? La
respuesta sigue siendo la misma: nada. Solo se basan en supuestos,
opiniones y creencias infundadas.

Desde hace un tiempo, se ha estado hablando del terosaurio, que, según
se cree, era una especie de dinosaurio volador (sin plumas) de 12
metros de largo. ¿Acaso puedes imaginar que un ave tan inmensa pueda
volar? ¡Eso solo lo creen los crédulos creyentes evolutivos! En abril
de 2008, la ¿prestigiosa? (mi abuela dice: “Cría fama y acuéstate a
dormir”) revista Science publicó que un primer análisis de proteínas
extraídas de huesos de dinosaurio “confirmó” que las aves de hoy son
los descendientes más cercanos del temido Tiranosaurio o Tyrannosaurus
rex (T. rex). ¡La gran flauta!

No sé si recordarás que a inicios de 2003 Science tituló: “Los
dinosaurios y los pavos: ¿Conectados por el ADN?”. Resultado de tan
extravagante título: los huesitos hallados por biólogos moleculares
eran huesos de un pavo de esos que comemos en Navidad o Año Nuevo con
huesos de un dinosaurio; los huesos de donde se extrajo el ADN no
tenían ninguna relación con los ancestros de pájaros… ¡eran cien por
ciento ADN de pavo!, y la publicación fue tan solo una ligereza de la
revista con el objeto de vender y apoyar su creencia evolucionista.
Science es la misma que en mayo de 2005 tuvo que publicar un artículo
retractándose sobre la histórica investigación de células madre
embrionarias, porque los datos eran falsificados. Esta revista no es
la única en caer en la trampa de publicar hipotéticos descubrimientos
y avances naturalistas inflados, pues otras han cometido el mismo
desliz varias veces como la ya mencionada National Geographic. Lo
triste es que por intereses monetarios persisten en lo mismo. Si en
las revistas llueve, en los diarios no escampa. Recogiendo la
sugerencia del biólogo español Antonio Cruz, diríamos que el
periodista científico y los medios deben evitar crear falsas
expectativas y esperanzas al receptor, profundizando en la información
antes de darla a conocer a fin de ser fieles a la verdad.

Sin duda, seguirán apareciendo restos fósiles de supuestos hombres
monos y de dinosaurios con capacidades inusuales, fantásticas, mágicas
y tan sonsas como el niño brujo Harry Potter. No faltará quien
afincado en algunos huesos construirá hipótesis y teorías al respecto..
Pero, de la creencia al hecho hay mucho trecho. (Ojo, no he dicho que
no crea en los dinosaurios. Creo que hay suficientes restos fósiles
que apoyan su existencia, aunque no he visto ninguno. No obstante, no
te extrañes que también haya fraudes en ciertos fósiles de algunos
“dinosaurios”. La existencia de los dinosaurios es uno de los temas
para los cuales aún no tengo una clara explicación. Si llego a
tenerla, te la comunico)

Muchos creyentes evolucionistas actúan como ciertos grupos religiosos
que para reforzar dogmas toman por los cabellos pensamientos de la
Biblia o fundamentan su doctrina en un versículo aislado que
interpretan a su manera y a la luz del paradigma o dogma de su grupo
religioso. No pocos erigen toda una estructura de pensamiento
seudocientífico basados en un par de huesitos o en un “gran”
descubrimiento “científico” a fin de apoyar su particular y
condicionado modo de pensar, que llaman “ciencia”. Y los medios de
comunicación -con tal de vender- publican cualquier supuesto
descubrimiento sin darse el tiempo de investigar o esperar si tal
hallazgo o invento es genuino. Prefieren correr el riesgo de hacer el
ridículo por publicar falsedades antes que perder la “primicia”.

Te confieso algo: a raíz de tantos fraudes y gente falsa, soy
escéptico en cuanto a religiones, religiosos y filósofos; pero también
de científicos naturalistas y medios de comunicación especializados en
ciencias naturales. Todo lo examino; dudo de todo y no creo en lo que
diga ni Fulano ni Sutano ni la revista equis por mucha fama o renombre
que tengan. Como dice Anaxágoras, “si me engañas una vez, es culpa
tuya; si me engañas dos veces, es culpa mía”.

Que sea escéptico de todos y de todo no quiere decir que sea
irracional. Hay gentes que se escudan en un falso escepticismo para no
escuchar razones ni investigar reales evidencias. ¿Será que tienen
miedo a la verdad? ¡Pareciera!

Por otra parte, Antonio Cruz escribe:

Lo más espectacular viene ahora. En la prestigiosa revista Nature en
marzo [07] de 2002, el evolucionista molecular Alan Templeton, de la
Universidad de Washington, hizo público un estudio acerca de las
comparaciones de ADN en los seres humanos actuales. [Ver su hipótesis
titulada “Out of Africa again and again” en el sitio web ]http://
cogweb.ucla.edu/ep/Templeton_02.html] Sus conclusiones revolucionan
completamente la antropología. Ya no se habla de huesos fósiles, sino
de genes presentes en los humanos actuales que se consideran fósiles
del pasado. Si Templeton tiene razón, todas las especies de fósiles
conocidas, tales como Homo erectus, Homo antecessor, Homo
Hedelbergiensis, Homo neanderthalensis y Homo sapiens, son en realidad
la misma y única especie humana. Esto supone un cambio fundamental de
paradigma dentro de la antropología, que confirma que los pretendidos
eslabones fósiles no eran más que variedades humanas. En otras
palabras, no existe evidencia de que el hombre haya evolucionado a
partir del primate. Las personas siempre han sido personas; los monos,
monos. (3)

Si no venimos de una especie de simio, ¿cómo explicamos las evidencias
de los cavernícolas? Para responder ese interrogante debemos
remontarnos a Génesis capítulos 6 al 10, donde Noé construye el Arca y
se salvan él, su mujer, sus hijos y las mujeres de sus hijos. Luego de
salir todos del arca, se multiplican y pueblan la Tierra de nuevo. (El
descubrimiento de capas de tierras húmedas y el hallazgo del Arca de
Noé en el monte Ararat, actual Turquía, debieran cerrar la boca a los
que radical y dogmáticamente han objetado la narración del Diluvio, de
Noé y su familia en un gran barco)

Los creacionistas creemos que los cavernícolas y las razas fueron
descendientes de los hijos de Noé. No olvidemos que en la torre de
Babel (Génesis 11) la única lengua hablada por todos fue confundida y
Dios dispersó a nuestros antepasados hasta los más recónditos lugares
del planeta. Esto es, a los cinco continentes: América, Europa, Asia,
Oceanía, África.

En su ya citada obra El colapso de la evolución, editada por Chick
Publications, Huse escribe que algunos descendientes de Noé “al no
enfrentar la presión del resto de la población, posiblemente
abandonaron la agricultura y se dedicaron a cazar y a recoger frutos.
Las cuevas pudieron haberles servido de refugio durante los fríos
inviernos” y los ataques de otros grupos. (4)

Huse y otros autores hacen referencia de los tasaday -descubiertos en
1966 en el sur de la isla Mindanao, la más meridional del archipiélago
de las Filipinas- como ejemplo moderno de nativos que viven al nivel
de la edad de piedra.

Los tasaday no cultivaban la tierra, no cazaban, no conocían los
metales. Su dieta se reducía a raíces y frutos, ranas, cangrejos y
larvas que anidaban en los troncos podridos. Para encender el fuego
[utilizaban] una rama dentro de una madera agujereada. No realizaban
cerámica ni artesanía. Sus utensilios eran de bambú. En la tribu sólo
había cinco mujeres, pero igual eran monógamos [tienen más elevada
moral que los que quieren tener más de un consorte]. Se tapaban los
genitales con hojas de plátano. [¡Ironía! En el siglo XXI muchos
quieren andar en cueros] (5)

En la actualidad, hay indios estadounidenses que viven en cuevas y en
las montañas de Arizona. Siempre ha habido gentes viviendo en las
cuevas de diferentes lugares del planeta. De manera que los tasaday no
son los únicos.

Corría marzo de 2006, y un personal de televisión e investigadores
descubrían en una remota aldea de Turquía una familia con cinco hijos
que camina en cuatro, con los pies y las manos. Tienen un lenguaje
reducido, grave retraso mental y escasa conciencia de sí. Las
hipótesis van desde que el caso puede ofrecer información sobre la
creencia y religión evolucionista y “es” el eslabón perdido; que
podría tratarse de un defecto congénito, y que esta forma de andar
pudiera ser fruto de una mutación genética que les llevara a ser
cuadrúpedos. Lo curioso es que en pleno siglo XXI puede que sea cierto
que existe un fenómeno en una familia humana que jamás a nadie se le
hubiera ocurrido.

Ahora bien, luego de los tantos fraudes de las ciencias naturales,
¿qué hay de raro que todo este show de la familia que camina en cuatro
sea un colosal engaño? (Ya hay quienes pelean la paternidad del
peculiar hallazgo) Ya vimos lo que expresó Anaxágoras: “Si me engañas
una vez, es culpa tuya; si me engañas dos veces, es culpa mía”.
Abramos los ojos y no creamos todo lo que dicen los “investigadores de
la verdad” y “benefactores de la humanidad”, como los llamara
Feyerabend en tono irónico. No creamos todo, pero tampoco dejemos de
creer. “Examínenlo todo, retengan lo bueno”, escribió san Pablo.

Por otro lado, está demostrado hasta la saciedad que la Biblia es
fiable histórica, geográfica, teológica y científicamente. (Hasta el
día de hoy, nadie ha demostrado que la Biblia esté equivocada ni
ninguna ciencia convencional ha desmentido ninguna afirmación de
carácter histórico, geográfico y naturalista de la Biblia; si alguien
te dice lo contrario, ten por seguro que no sabe de lo que habla o
miente deliberadamente. Recuerda, no es lo mismo cuestionar que
rebatir. Y muchos no pasan de ser criticastros que se conforman con
leer literatura de autores donde puedan hallar “fundamento” a sus
presupuestos y prejuicios.) Entonces, ¿por qué creer que la Biblia
revela la verdad en unas cosas y en otras no? ¿O por qué se empecinan
en minimizar a Dios? Actuar de esa manera es ser inconsistente y tener
oscuros intereses.

La pala del arqueólogo, las experiencias religiosas de millones de
seres humanos a lo largo de la historia humana y los más recientes
descubrimientos de las ciencias naturales dan testimonio de la
veracidad histórico-geográfico-naturalista de las escrituras
judeocristianas. Si ello es así, y de hecho lo es, ¿por qué no creer
que la narración bíblica sobre la creación es cierta y literal como
vimos en el capítulo 2? Nunca lo harán porque no les conviene y no
desean someterse a la moral universal objetiva de Dios, pues la moral
elevada a la categoría de ciencia moral está cimentada en un valor
absoluto. De ahí que sea equivocado creer que toda moral es
determinada por los tiempos y las culturas.

Para muchos científicos naturalistas hoy y para mí, el creacionismo
tiene más peso y base científica porque hay suficientes evidencias de
las ciencias naturales que apuntan a que somos producto de una Mente
extraordinaria y no de millones de años de evolución. Lo segundo no
tiene real asidero científico porque las ciencias naturales se basan
en hechos probados, no en conjeturas. Y la teoría de la evolución -
expresamos- más que ciencia es especulación, mito; tanto que el mismo
Darwin estaba consciente de no poder probar su teoría. Tampoco hoy
ningún creyente evolucionista o neodarvinista está en capacidad de
probar sus postulados.

En 1863, Darwin escribió: “Cuando vamos a los detalles, podemos probar
que ni una sola especie ha cambiado [es decir, no podemos probar que
una sola especie haya cambiado]; ni siquiera podemos probar que los
supuestos cambios sean beneficiosos, que es la razón fundamental de la
teoría. Tampoco podemos probar por qué algunas especies han cambiado y
otras no”. (6)

Esto es, el creyente en la hipotética evolución no puede probar nada,
pero sigue creyendo el dogma o el cuento por razones personales y
porque le parece científica. Además, Adán y Eva le suena a cuento de
hadas como quien cree en fantasmas, olvidando que en la literatura
evolucionista hay peores cuentos que la narración del Génesis. Yo
elijo creerle al Libro de Dios.

También escribió Darwin en el libro “sagrado” de los evolucionistas,
El origen de las especies:

“[...] Según esta teoría, tienen que haber existido innumerables
formas de transición, ¿por qué no las encontramos enterradas en
números incontables en la corteza terrestre? [...]”. (7)

Escribe más y pregunta: “¿Por qué la naturaleza no se encuentra en
estado de confusión sino que, por el contrario, y tal y como la vemos,
está compuesta de especies bien definidas? La investigación geológica
no nos brinda las infinitas detalladas gradaciones entre las especies
pasadas y las especiales actuales, tal cual lo requiere la teoría; y
esta es la más obvia de las numerosas objeciones que pueden esgrimirse
en su contra”. (8)

Para cerrar esta sección, sugiero las obras aparecidas en la
bibliografía de este capítulo tales como la obra de Scott M. Huse El
colapso de la evolución (The Collapse of Evolution), editorial Chick
Publications, Estados Unidos: 2001, donde aparece una interesante
bibliografía en inglés utilizada por Huse. De igual manera, el libro
El caso del Creador de Lee Strobel, Editorial Vida, Estado Unidos,
2005. La ciencia, ¿encuentra a Dios? de Antonio Cruz, editorial Clie,
España, 2004. Y ¿Hay alguien ahí? De David Galcerá, también de la
editorial Clie, 2006.

Quien siga creyendo en el mito darvinista luego de leer sin
apasionamiento y con honestidad intelectual las múltiples obras
antievolucionistas, simplemente está predispuesto a creer lo que
quiere creer. De ahí que se diga que los evolucionistas son tan
fanáticos de la hipótesis como el más radical fanático religioso.

Citaré las palabras con las cuales Darwin recapituló y concluyó su
controvertido libro El origen de las especies:

“Hay grandiosidad en esta concepción de que la vida, con sus
diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un corto número
de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando
según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se
están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, infinidad
de formas las más bellas y maravillosas”. (9) (Las negritas son mías)

Allan Rex Sandage, el más grande cosmólogo observacional y uno de los
científicos más respectados, y que en 1985 conmovió al mundo
científico naturalista al declarar públicamente ser creyente en Cristo
y partidario del real diseño inteligente en el cosmos, afirma: “El
mundo es demasiado complicado en todas sus partes e interconexiones
como para que se deba solamente al azar. Estoy convencido de que la
existencia de la vida, con todo su orden en cada uno de sus
organismos, simplemente está demasiado bien estructurada. Cada parte
de un organismo vivo depende de todas sus otras partes para funcionar.
¿Cómo es que cada una de ellas lo sabe? ¿Cómo es que cada parte se
especifica en la concepción? Mientras más se aprende de la bioquímica,
más increíble se vuelve a menos que exista algún tipo de principio
organizativo -un Arquitecto para los creyentes- lo cual es un misterio
para que lo resuelva la ciencia (inclusive hasta el grado del por qué)
en algún momento del indefinido futuro para los reduccionistas
materialistas”. (10) (La negrita es mía)

Así como hay humanos de gran capacidad intelectual que porfían contra
¨Dios, otros -no solo con inteligencia natural, sino además con
entendimiento- no se avergüenzan de aceptar públicamente ser creyentes
en Dios y cristianos comprometidos con el resucitado Cristo histórico.
Sandage y muchos más son vívidos ejemplos del segundo grupo.

Bibliografía:

(1) Gabriel García Márquez. Cien años de soledad, p. 129. Santillana
Ediciones Generales, S. L. Colombia, 2007.

(2) Op cit., Cruz, Darwin no..., p. 157.

(3) Op cit., Huse, p. 142.

(4) Inés Bortagaray, Caso Tasaday, consultado en la Red.

(5) Op cit., Hill, p. 48.

(6) Op cit., Darwin, p. 238.

Notas:
Fuente: http://lacomunidad.elpais.com/earrie...es-descarados-

20 de agosto de 2008

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