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| Sábado, 20 de enero, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo) (Muchas felicidades a todo el Ecuador, por haber elegido a uno de sus hijos, como presidente para cambiar la vida de la república y de sus ciudadanos, también, que sólo desean vivir día y noche creyendo sólo a la verdad y a la justicia de sus leyes, de sus cosas y de su cultura, dentro y fuera de sus territorios. Que el gobierno entrante sea lo mejor que le haya pasado a nuestros pueblos en estos días, es mi esperanza, para alcanzar un grado de vida mejor que la de siempre. Y así toda su gente pueda vivir como Dios desea que sea así con cada uno de los nuestros, como su vida santa del paraíso, por ejemplo, y no de luchar para tratar de vivir o de sobrevivir, porque los lideres de gobiernos antiguos no han estado para el bien de ellos, en ningún tiempo. Entonces lo mejor de su tierra y de sus hijos e hijas, pues, que gobiernen en los próximos años y por siempre, para que el pueblo deje de sufrir y de desconfiar tanto en quienes debería confiar y, por fin, viva dignamente en sus propias tierras y con sus propios recursos naturales, sin temor al mal ni a la corrupción de nadie. Recursos de sus tierras, de las cuales Dios mismos les ha entregado a ellos, como una nación soberana que es en nuestro continente americano, por ejemplo. Pues lo mejor de Dios sea para nuestro nuevo mandatario, al señor eco. Rafael Correa Delgado y su flamante gobierno entrante. (Todo lo bueno viene del cielo y directamente del SEÑOR y de su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo.) (Y, por cierto, gracias al Dr. Alfredo Palacios por todo lo bueno que ha hecho por la nación, en su corto tiempo presidencial; salvándola así, casi de males desconocidos con sus prontas acciones y, por supuesto, con la ayuda de Dios y con la asistencia profesional de gente de buena voluntad, de nuestros pueblos ecuatorianos de corazón.) Pues entonces que Dios esté con cada uno de ustedes, de nuestros lideres entrantes, en cada momento de sus vidas, y que ejerzan sus funciones ministeriales para el desarrollo de la nación y de su gente en general, también, es nuestra oración a nuestro Dios. Porque la gracia del Señor Jesucristo y los dones sobrenaturales del Espíritu de Dios jamás han de faltar sobre toda la nación, ni en la vida de ninguna de sus familias, o ciudadanos en particular, para que hagan siempre el bien, para ellos mismos y para los demás, también. Con el fin de que ellos mismo cumplan toda verdad y toda justicia de nuestro Dios, en sus vidas y en la vida de toda la nación por regla general, por inicio moral al estado de animo de la nación y a sus leyes establecidas y por establecerse, también. Una vez más y por siempre, que Dios bendiga nuestros pasos para el desarrollo de nuestros pueblos, en el Ecuador y en todo nuestro continente iberoamericano. Muchas felicidades a todos, en todo el Ecuador por luchar por un cambio que ayudara a muchos a educarse y a crecer, en sus corazones y en sus espíritus humanos, como hijos e hijas de un Dios tan grande y tan glorioso que los ama mucho aun más allá de la muerte. Es decir, de un Dios tan bueno, como siempre lo ha sido nuestro Padre Celestial, y su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en la potencia gloriosa de la Omnipresencia de su Espíritu Santo, en nuestros corazones y en nuestro diario vivir en nuestras tierras ecuatorianas y en toda América Continental, por igual, por ejemplo. ¡Amén! Nuestro Dios es grande y nos ama tanto, que sólo desea vernos crecer siempre hacia lo alto, día y noche en la vida gloriosa y sumamente honrada de su Árbol de vida y de eterna salud, su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en la potencia infinita de la presencia de su Espíritu Santo, del diario vivir de nuestra república iberoamericana. Como Dios manda, éste libro se lo dedico a todo el Ecuador de siempre y a los que aman al SEÑOR, por tener la voluntad en sus corazones de querer caminar por el camino del bien social y de la justicia del SEÑOR y de su Jesucristo, para que no le falte ningún bien de su Espíritu Santo y de su reino celestial a nadie. Es decir, que no le falte ningunos de los bienes sobrenaturales a su gente jamás de los que están cerca (y de los que están lejos, también), en todos los días de su vida por la tierra. ¡Amén, que así sea!) ESPEREN EN EL SEÑOR Siempre esperen en la venida del Señor Jesucristo a Israel, porque esto incrementa nuestro espíritu de fe, en toda la tierra, para que ésta promesa se cumpla ya, no sólo en Israel sino en toda la tierra, también, en tu vida y en la vida de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera. Porque nuestro Padre Celestial desea que ya su Hijo amado descienda al mundo, en su persona santa; pero si lo hace así, entonces muchos se perderán en sus tinieblas eternas, porque el tiempo de la gracia y de las bendiciones especiales de Dios hacia Israel y la humanidad entera, ha de llegar a una pausa de un corto tiempo. Y en éste corto tiempo, de unos tres años y medio, el enemigo eterno de Dios y de toda la verdad de su Hijo amado, Lucifer, se podría aprovechar para destruir más vidas de la humanidad entera, como lo ha venido haciendo desde los días del paraíso con Adán y Eva y hasta nuestros tiempos, por ejemplo. Por lo tanto, nuestro Padre Celestial es paciente para con cada uno de nosotros, y no ha dejado que su Hijo amado descienda todavía a Israel para que regresemos a Él y así cumplir con su promesa a los antiguos y con los que le aman a Él, por Jesucristo, en todos las naciones de toda la tierra. Es por eso, que mientras esperan por el retorno del Señor Jesucristo a Israel, entonces no dejen de hacerle el bien a nadie, en ningún momento de sus vidas ni por ninguna razón, tampoco. Porque cada vez que hacen el bien, entonces el corazón de Dios se agrada y "se engrandecen" su misericordia y su verdad, para con cada uno de nosotros, en nuestros millares, de todas las familias, razas, linajes, tribus y reinos del mundo entero, para redimirnos con los poderes sobrenaturales, del espíritu de amor de su Hijo, del mal del pecado. Porque día y noche nuestro Dios tiene que "protegernos y redimirnos" del mal del pecado del corazón perdido, de Lucifer y de sus ángeles caídos, para no volvernos a perder como perdió en el día de la gran caída de Adán y Eva, en el paraíso, por ejemplo, miles de años atrás. Entonces es bueno para nuestros corazones y para nuestros espíritus humanos de enseñarles a siempre esperar y, a la vez, ha confiar en los poderes sobrenaturales de milagros, maravillas y de prodigios en los cielos y en la tierra del espíritu de la Ley y del nombre de Jesucristo, el único Hijo Divino de Israel y de la humanidad entera. Porque sin el Señor Jesucristo en nuestros corazones, entonces realmente no sabremos jamás "esperar en Dios" por nada, para recibir de su amor y de sus muchas y poderosas bendiciones de perdón y de salud eterna, en nuestros corazones y en nuestras almas, en esta vida y en la venidera, también, del nuevo reino de los cielos, por ejemplo. Y así estaríamos tan perdidos como antes, como antes que Dios nos rescatara de las profundas tinieblas, del lodo del polvo de la muerte, para formarnos en sus manos santas, en su imagen y conforme a su semejanza eterna, en el cielo y en la tierra, también, para su nueva vida infinita de la nueva eternidad venidera, del más allá. Entonces como ven que ese día se acerca cada vez más que antes a sus vidas, pues afirmen sus corazones en la fe sobrenatural, de nuestro Señor Jesucristo, delante de nuestro Padre Celestial que está en los cielos (y en su corazón obediente), para que Él siempre tenga misericordia en su presencia santa por nosotros, en toda la tierra. Y así Él no nos deje caer jamás en ninguna de las trampas tradicionales de Lucifer y de sus ángeles caídos, ni de ninguno de sus enemigos de siempre, a su palabra y a su nombre sagrado, en la tierra ni menos en el más allá, para siempre. Porque poderoso es nuestro Padre Celestial para con cada uno de nosotros, si tan sólo esperamos en Él, en el nombre de su Hijo, viviendo en nuestros corazones y nuestros espíritus humanos, con que siempre le hemos amado a Él, a pesar del pecado y de las profundas tinieblas del mal eterno en nuestras vidas, de hoy y de siempre. Ciertamente bendita por Dios es la nación que espera en el nombre del Señor Jesucristo, delante de su presencia santa, para recibir día a día y sin más demora alguna, de su protección divina y de sus muchas y ricas bendiciones, de vida y de salud infinita, para sus familias, en todos los lugares de la tierra. Podemos recordar a Israel de la antigüedad y de siempre, por ejemplo, por su historia y por su cultura, de cómo nuestro Padre Celestial ha derrotado a sus enemigos con los poderes sobrenaturales, de la sangre del "Cordero Eterno", su Hijo amado, el Cristo de la vida y de la humanidad entera. Porque cada vez que Israel obedeció a la sangre del Cordero Eterno, en sus millares de sacrificios y de holocaustos ante la presencia de Dios, entonces sólo había de parte de Dios y de su Espíritu Santo perdón por sus pecados y bendiciones tras bendiciones, para redimirlos de sus enfermedades y salvarlos por siempre del mal de sus enemigos. Es decir, bendiciones sobrenaturales de protección de su nombre santo y de sus dones de milagros, maravillas y de prodigios de su Espíritu Santo, para mantenerlos siempre fieles a Él y al nombre sagrado de su Hijo amado, en todos los lugares de la tierra, para que las tinieblas dejen de seguir destruyendo la vida del hombre en la tierra. Por lo tanto, no nos cansemos jamás de hacer el bien para nadie, para que el fruto de bendición y de ayuda oportuna, de los dones del Espíritu de Dios no disminuya, ni tampoco dejen de ser en nuestras vidas ni en las vidas de los nuestros, en nuestras tierras y lejos de ellas, también, en otras tierras. En vista de que, poderoso es nuestro Dios para ayudarnos hacer el bien también a todos los demás, de ellos que siempre están entre nosotros y en tierras lejanas. Porque tenemos a un Dios muy paciente con su amor, para con cada uno de nosotros, en nuestros millares de todas las familias, razas, linajes, tribus, pueblos y reinos de la tierra, ya sea que estemos en nuestras tierras o en otras tierras. Porque nuestro Dios se ha de gloriar en nuestras vidas día y noche, para que no nos falte su protección jamás, ni ningún bien de sus muchos dones sobrenaturales, en nuestros espíritus humanos, si el nombre de su Hijo amado permanece siempre en nuestros corazones, delante de su presencia santa, en el cielo y en la tierra, también. Porque si hacemos el bien para ayudar a los demás, sean familiares, amistades o no, entonces el Espíritu y sus dones sobrenaturales, que han estado siempre en nuestras vidas, por el conocimiento del Espíritu de la Ley y del Señor Jesucristo, aumentaran sin medida alguna en toda la tierra, para que bajen las tinieblas del más allá, hasta que desaparezcan. Y sólo así todo hombre, mujer, niño y niña, que ha esperado por el perdón y la bendición infinita del fruto de vida del Árbol Viviente, Jesucristo, entonces sea una realidad de luz y de felicidad en sus corazones y en sus espíritus humanos y más no tinieblas, como hoy en día sucede, en donde Cristo no es el rey. Pues sabiendo ésta verdad, entonces hagamos siempre el bien para que el Espíritu de Dios y sus muchos dones sobrenaturales de maravillas, milagros y prodigios en el cielo y en la tierra se manifiesten entonces día y noche, para sanar y levantar a muchos de sus tinieblas, a la luz más brillante que el sol de nuestros días, Jesucristo. Porque sólo en esperar en el nombre sagrado del Señor Jesucristo, en nuestros corazones y en nuestros espíritus humanos, entonces Dios mismo con los dones poderosos de su Espíritu ha de remover de nuestras vidas, cada una de las profundas tinieblas de Lucifer y de sus ángeles caídos, para hacernos eternamente libres y así entonces ver la luz del reino. ES NECESARIA LA PERSEVERANCIA EN LA VIDA Porque les es necesario la llenura del espíritu de constancia en su diario vivir, mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas, para que habiendo hecho la voluntad de Dios en sus corazones, pues entonces obtengan lo prometido por el Señor Jesucristo en sus almas vivientes y en sus nuevas vidas, en la tierra y en el reino del cielo, también. Porque si son firmes, en su manera de pensar y en su manera de hablar y de hacer las cosas, entonces el espíritu de la fe viva, del nombre del Señor Jesucristo, ha de fluir en sus corazones y en sus espíritus humanos con grandes poderes sobrenaturales, para cambiar sus vidas drásticamente y a los suyos, también. Porque poderoso es nuestro Dios para hacer estos cambios para la eternidad, para los que esperan y aman su nombre y a su Hijo amado. Ciertamente, ha de fluir el Espíritu de vida y de salud infinita en sus corazones, momento a momento y sin cesar jamás, porque ha de saber el Espíritu mismo de Dios que están obedeciendo a su Dios y Creador de sus vidas, para alcanzar lo que deseen en sus corazones, directamente de su mano santa, por ejemplo. Porque la verdad es que Dios bendice al que espera por Él, sólo creyendo en su corazón y confesando con sus labios: el nombre del Señor Jesucristo y sus promesas de las Escrituras, por ejemplo, para satisfacer las necesidades de su vida, sean grandes o pequeñas. Entonces como dice en las Escrituras por el SEÑOR mismo: Bendita la nación que espera en su Dios; pues Él no se ha de olvidar de ella jamás, por amor a su nombre santo. Porque todas nuestras bendiciones se hacen realidades en nuestras vidas día y noche y sin cesar, de la mano poderosa de nuestro Dios y Padre Celestial que está en los cielos, porque creemos en Él, a través de la vida y del nombre sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo. Es por eso, que sin la diestra poderosa de la mano de nuestro Dios, entonces somos débiles en nuestras vidas, porque nada hemos de recibir de parte de Él, sino hacemos lo correcto con nuestros corazones y con nuestros espíritus humanos, como creer en su gran obra redentora y en su nombre salvador, en nuestros corazones, el Señor Jesucristo. Puesto que esto es fe, de creer en nuestros corazones, en todo lo que su Hijo amado ha hecho en la tierra y en el cielo, por igual, para bien de cada uno de nosotros, en nuestros millares, en todos los lugares de la tierra, comenzando con Adán y Eva, por ejemplo, en el paraíso. Para entonces así poder hablar siempre, en este espíritu de la verdad de Dios, todo lo que el espíritu de fe, de nuestro Padre Celestial, desea oír en nuestros corazones y en nuestros espíritus humanos, para Él entonces obrar en nuestras vidas, sin limite alguno con los poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo. Dado que, las obras de nuestro Padre Celestial, en cada uno de nosotros, son poderosas y eternamente sobrenaturales, de las cuales jamás han de dejar de ser en nuestras vidas de siempre, si tan sólo le creemos a Él, en el nombre sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo. Y estas obras en nuestras vidas, son directamente del Espíritu, con sus milagros, maravillas y prodigios celestiales y terrenales, de los cuales necesitamos de ellos día y noche en la tierra, como en el reino de Dios, también, como en la vida de los ángeles y de Adán y Eva, por ejemplo, en el paraíso, para vencer el mal eterno. Es más, sin los dones sobrenaturales del Espíritu Santo, en la vida de los ángeles y en la vida de los hombres, mujeres, niños y niñas de la tierra, entonces la vida no fuese posible para ninguno de ellos, no importando jamás todos lo gloriosos o poderosos que sean en sus vidas particulares, en el paraíso o en la tierra. Entonces "el Espíritu de Dios es tan importante en la vida del hombre", como en la de los ángeles del reino o como lo ha sido desde siempre, también, en la vida de toda la tierra o de toda una nación, como la nación de Israel, en la antigüedad y de hoy en día, por ejemplo. Puesto que, sin el Espíritu de Dios, entonces la tierra no hubiese podía jamás recibir tanta gloria y tanta honra, de todas las cosas que Dios ha hecho sobre ella con su palabra, con su nombre y con sus manos santas, el hombre y sus muchas cosas, por ejemplo, que le facilitan su manera de vivir día a día. Es decir, que el hombre necesita del "derramamiento" del Espíritu de Dios y de sus muchos dones sobrenaturales, para vencer por siempre el mal, como sucedió en los primeros días del génesis de toda la tierra, cuando el Espíritu comenzó a descender sin medida alguna, hasta nuestros días por ejemplo, para abrirle el camino al hombre y al Señor Jesucristo. Pues entonces así también las naciones de la tierra, ellas necesitan "del derramamiento del Espíritu Santo y de su muchos dones sobrenaturales", para que entonces Dios se pueda manifestar en sus vidas, como en la vida de cada hombre, mujer, niño y niña de todas sus familias, grandes y pequeñas en todos los lugares de la tierra. Es por eso, que el hombre también tiene que esperar en su Dios, para que Él entonces le envíe el derramamiento de su Espíritu Santo con sus muchos dones sobrenaturales, de milagros, maravillas y de prodigios, en la tierra y en el cielo, para que él mismo, como la tierra y como sus naciones, entonces pueda vivir protegido del mal. Vivir por siempre para Dios y para su Jesucristo, por ejemplo, y sólo así entonces sus vidas serian eternamente y por siempre agradables a su Dios y a su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, en el reino de los cielos y en toda la tierra, también, para siempre. Y de estos poderes sobrenaturales, en nuestras vidas de día a día, son realmente, como en el más allá también, por ejemplo, para triunfar por siempre, en contra del mal del pecado y de la presencia terrible de Lucifer y de sus ángeles caídos, para que no nos hagan tanto daño, como se lo hicieron a Adán y a Eva. Porque el enemigo nos ha atacado ya, sin saber nosotros lo que ha estado haciendo en contra de nosotros y en contra de nuestro Señor Jesucristo, para destruir nuestras vidas, mucho antes que nos demos cuenta, de todo lo que Dios significa para nuestros corazones y para nuestras almas eternas, por ejemplo, en el paraíso y en la tierra, también. Porque para poderle hacer frente a nuestros enemigos (y a los enemigos de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo), en el paraíso y en la tierra, también, entonces "tenemos que ser fuertes en el espíritu de la palabra y del nombre sagrado de su santa Escritura", la de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, por ejemplo. Porque de Él han hablado todos los siervos y todas las siervas de Dios, desde los días de la antigüedad y hasta nuestros días. Por cierto, esta es la única manera que nosotros vamos a ser realmente muy fuertes día y noche en contra de nuestros enemigos, de los que vemos en la tierra y de los que no (vemos), como en el más allá, a Lucifer y a sus ángeles caídos, enemigos de siempre, de Dios y de Jesucristo, por ejemplo. Entonces si somos fuertes ante el enemigo, entonces nuestro Dios nos ha de ayudar día a día con cada una de sus grandes poderes de su palabra y de su nombre, en nuestros corazones y en nuestros espíritus humanos, para que no enfermemos con ningún mal del enemigo, sino para que siempre crezcamos saludables en su Espíritu de vida eterna. Y sólo así entonces tener las armas poderosas de los dones de nuestro Dios "activados en nuestros corazones y en nuestros espíritus", para actuar siempre en contra de los poderes, de las profundas tinieblas de Lucifer y de sus mentiras, que nos atacan día a día para alejarnos de Dios y de su Jesucristo, hasta destruir nuestras vidas por completo. Palabras de enfermedades y de muertes eternas son estas, de las cuales han salido de su corazón perdido, sin Dios y sin Cristo, para no sólo destruir a Eva y a Adán, en el paraíso, sino también a todos nosotros, de sus descendientes, de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de las naciones del mundo entero. Por cuanto, el propósito de Lucifer y de su espíritu de error y de muerte eterna es de destruir toda vida en el reino de los cielos, en el paraíso y en toda la tierra, también, del ayer y de siempre. Y de este mal terrible en su corazón perdido, Lucifer no desea desistir ni por un sólo instante, en contra de ninguno de nosotros, porque somos muy peligrosos para él y para su reino, si amamos a nuestro Dios y Creador de nuestras vidas celestiales y terrenales, por medio del nombre de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Es por eso, que cuando Dios nos crea, entonces también nos hizo guerreros perfectos, solo en los poderes de su Árbol de vida eterna, su Hijo amado, para enfrentar a cada uno de sus enemigos, como Lucifer, por ejemplo, y derrotarlo una y otra vez, solo con invocar el nombre de Jesucristo, en nuestros corazones y con nuestros labios, también. Entonces es bueno para el corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de toda la tierra, esperar en su Dios y en sus dones sobrenaturales de su Espíritu Santo, creyendo en su corazón e invocando con sus labios: el nombre más alto que los dones del Espíritu de Dios, ¡el Señor Jesucristo! Porque el nombre del Señor Jesucristo se hace cada vez más poderoso que antes, en cada corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de la humanidad entera, sólo de la fe del espíritu de Dios, en la tierra y en el cielo, también, eternamente y para siempre. Por lo tanto, para enfrentar éste terrible mal del enemigo día y noche en nuestras vidas por la tierra, entonces Dios nos ha provisto de sus muchos poderes sobrenaturales sin medida alguna, si tan sólo esperamos en él y, a la vez, somos firmes por siempre en su palabra y en el nombre sagrado de su Hijo, el Señor Jesucristo. Porque sólo en creer en nuestros corazones y de invocarle con nuestros labios, es que realmente tenemos poderes sobrenaturales, de la vida santa del reino de los cielos, disponibles para cada uno de nosotros, a toda hora del día y de la noche, para escapar el mal del pecado y de la presencia del enemigo eterno, Lucifer. Además, estos son poderes del más allá, de la vida del cielo, como de los ángeles y del paraíso como del fruto de la vida eterna, por ejemplo, es el mismo Señor Jesucristo, ni más ni menos, para obrar día y noche para bien y protección constante de nuestras vidas y de nuestras almas ante tan terribles males del infierno. Males constantes del más allá, como el de Lucifer y de sus palabras de gran mentira y de destrucción eterna de nuestras vidas celestiales y terrenales, también, en el paraíso y en la tierra, de nuestros días y de siempre, por ejemplo, que jamás se han ido de nosotros, ni nos han dejado de hacer mal, hasta hoy en día. Porque las mentiras de Lucifer y de Adán viven en ti, si es que Cristo aun no ha entrado en tu corazón y en toda tu vida, por ejemplo, mi estimado hermano y mi estimada hermana de toda la tierra; por lo tanto, éste es el mayor problema de todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera. Entonces tenemos que confiar en nuestro Padre Celestial, siempre esperando en Él, en el nombre sagrado del espíritu de su palabra y de su nombre santo y eternamente honrado, el Señor Jesucristo, para librarnos del mal, de las mentiras de Lucifer y del mal de la serpiente antigua del Edén, por ejemplo. Porque así como el hombre que espera en su Dios, entonces Dios lo bendice grande y ricamente, como sólo Él lo sabe hacer con su corazón lleno de su Espíritu Santo y de sus muchos dones sobrenaturales de la vida eterna, para tocar nuestras vidas y sanarnos de toda mentira, en un instante de fe, del nombre de su Hijo. Porque si no creemos en nuestro Señor Jesucristo en nuestros corazones, entonces las palabras que destruyeron primero a Eva y luego a Adán y a cada uno de sus descendientes, como tú y yo, hoy en día, por ejemplo, nos harán daño también siempre, hasta quitarnos la vida por completo y tirarnos al fuego eterno del infierno. Es decir, que entonces jamás se han de ir de nosotros, ni menos nos dejaran de atacar, cada una de las mentiras y de muertes eternas del corazón perdido de Lucifer, para seguir haciéndonos daño, como siempre, hasta destruir nuestras vidas por completo, de sobre la faz de la tierra, del paraíso y de nuestros días, también. Entonces la mentira de Lucifer es algo serio en nuestras vidas, la cual nos hace mentira siempre, sin que nos demos cuenta de nada, hasta que ya es muy tarde. Pero jamás es tarde para los que reciben la verdad de Cristo en sus corazones, para ocupar el mal eterno de la mentira de Lucifer. Es por eso, que es de suma importancia que el hombre y su nación crean en su Dios y Creador de sus vidas, por los poderes sobrenaturales de salud y de vida eterna del reino celestial, del paraíso y de toda la tierra, también, hoy en día y por siempre, en la eternidad venidera del nuevo reino de los cielos. Entonces bendita es la nación que ha sabido esperar en su Dios, como el hombre y la mujer fieles a su Dios y salvador de sus vidas, en la tierra y en el paraíso, el único, el Santo, el salvador del mundo, ¡el Señor Jesucristo! Porque "sólo la verdad del Señor Jesucristo" puede destruir las mentiras de Lucifer y de la serpiente antigua en la vida de Adán, en nuestros corazones, en nuestras sangres y en nuestras vidas, en el paraíso, en la tierra y en el más allá, como en nuestra nueva vida eterna e infinita del nuevo reino de los cielos. Y esta verdad de Dios y de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, sólo puede venir a nuestras vidas, con los dones sobrenaturales de su Espíritu, cada vez que creemos en nuestros corazones y así confesamos con nuestros labios su nombre santo, el nombre salvador y eternamente gloriosos de nuestras vidas, en la tierra y el paraíso, ¡el Señor Jesucristo! CALLEN DELANTE DE DIOS, EN JESUCRISTO, PORQUE ÉL OBRA / LUCHA POR USTEDES Por esta razón, callen delante de nuestro Padre Celestial que está en los cielos, y esperen en Él, siempre en el nombre sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, y no tardara en responder jamás a ninguna de sus oraciones, peticiones, ruegos, suplicas y demás pedidos ante Él y ante su altar de gracia infinita de su "Cordero Eterno". En verdad, él siempre está en el lugar y en la hora, en donde debe de estar por amor a su nombre santo y por amor a sus fieles, a sus hijos e hijas, de los que han creído en Él, por el conocimiento sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en sus corazones. Además, sólo nuestro Dios es poderoso para ordenar a los poderes del mal que se alejen de nosotros y no nos hagan daño alguno, en el nombre de Jesucristo, el cual ha entrado en nuestros corazones y le hemos confesado con nuestros labios, por ejemplo, en el día que comenzamos a creer en el espíritu vivo de su palabra poderosa. Por lo tanto, no se alteren con motivo alguno de los que prosperan en sus caminos de rebelión y de maldad hacia nuestro Dios y hacia su Hijo amado, nuestro salvador eterno, el Señor Jesucristo: porque los que hacen maldades ya tienen su recompensa, de parte de nuestro Dios que está en los cielos, en el día final. Y nuestro Dios no se ha de olvidar de ninguna de sus maldades, sino que los ha de juzgar en su justo momento, para que entiendan sus enemigos eternos, que nos ha amado desde siempre, a cada uno de nosotros, en nuestros millares, en el único amor de su corazón sagrado, el Santo de Israel y de las naciones, ¡Jesucristo! Y éste amor de Dios es único y sagrado para nuestros corazones y para nuestras almas eternas, en el paraíso y en toda la tierra, también, y aun hasta en el más allá del nuevo infinito venidero de su Árbol de vida eterna y de su humanidad redimida, por la sangre santísima del único Cordero Eterno, ¡el Señor Jesucristo! Entonces ningún mal ha de tocar tu morada ni menos tu corazón, porque Dios mismo vela por ti, porque siempre sus ojos santos han de estar contemplando: el nombre sagrado de su Hijo amado, en lo intimo de tu corazón, para ver que ningún bien de sus dones sobrenaturales te falte a ti ni a los tuyos, tampoco, para siempre. Porque para esto Dios mismo te ha llamado, de las profundas tinieblas del más allá, cuando tomaba tu cuerpo del fango de la tierra, por ejemplo, para formarte en un hombre o en una mujer para su bien eterno de su nombre, su gloria santa e infinita, en toda su santa creación, hoy más que nunca y hasta siempre. Es decir, que Dios te ha amado desde mucho antes que fundase el cielo y la tierra con todas sus cosas, para que en tu corazón "sólo viva" el nombre sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, para vida y felicidad infinita de tu alma eterna y de tu nueva vida en Él y en su Espíritu Santo. Por lo tanto, nuestro Dios ha esperado por ti, con gran paciencia en su corazón santo, para que en un día como hoy, por ejemplo, si Cristo no vive en tu corazón, entonces lo recibas ya, sin posponerlo ni por un sólo instante más, porque los días sin Cristo son cada vez más peligrosos que antes para todos. Y debes recibir a Jesucristo, para que Él mismo comience a gozarse en tu nueva vida celestial, (¡sí, Cristo se goza en ti!), la cual Dios mismo ha guardado por ti, para que la comiences a vivir y a gozar desde ahora, para que muy pronto, sin más demora alguna entonces entres a su presencia, en su nuevo reino celestial. Porque el reino de los cielos, así como el paraíso y su nueva ciudad celestial: ¡La Gran Jerusalén!, la ha formado Dios con sus propias manos, como cuanto te creaba a ti, mi estimado hermano y mi estimada hermana, para que tú vivas en ella con los tuyos, siempre sirviéndole a Él, por amor a su Hijo, el Señor Jesucristo. Por eso, no te enojes por el que prospera en su maldad, sólo espera en tu Dios y Creador de tu vida, que él mismo hará juicio y justicia por ti y los tuyos, sin ninguna demora alguna. Él no se ha de tardar, aunque muchos lo tengan por tardanza; él siempre actúa a tiempo, para hacer lo que es correcto por amor a sus hijos e hijas, en todos los lugares de la tierra, comenzando con la casa de Israel, por ejemplo. Porque sólo Él es el juez de toda la tierra, en el día del juicio para exaltar, a los que hacen verdad y justicia en sus vidas, para bien de muchos y para gloria y honra de su nombre santo, en la tierra y en el cielo, también, hoy en día y por siempre, en la eternidad venidera. Visto que, grande es nuestro Dios, Jehová de los Ejércitos es su nombre, en batalla ante el enemigo de su Hijo amado y de su causa justa, la vida eterna del reino de los cielos, para el corazón, de cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de toda la tierra. Por esta razón, porque el bien de Dios y de su fruto de vida eterna está a tu favor, entonces no te preocupes por los enemigos de Dios, porque Él es quien está haciendo todo lo justo y todo lo correcto, por amor a ti y por amor a la vida de los tuyos, también, en toda la tierra. Por lo tanto, espera en tu Dios, siempre creyendo en tu corazón, en el espíritu de los dones sobrenaturales de su nombre y de su causa justa, por amor a tu misma vida de hoy, y la que has de recibir en el paraíso, también, totalmente glorificada y sumamente hornada, en la vida santa y perfecta del Señor Jesucristo. Causa bendita de sangre sagrada, la cual ha derramado sobre su altar santo, en la tierra y en el paraíso, también, para que todo mal sea destruido junto con el pecado de Adán y Eva, en tu corazón y en toda tu vida, mi estimado hermano y mi estimada hermana. Y seas por siempre libre de toda atadura del mal del enemigo y de su mundo de los muertos, como el infierno o el lago de fuego eterno, la segunda muerte de todo ángel rebelde y de todo pecador y de toda pecadora. Y sólo así entonces puedas vivir feliz con tu Dios y Creador de tu vida, en la tierra y en el paraíso, también, desde hoy mismo y por siempre, en la eternidad venidera, en tu nuevo reino celestial, para el cual Dios te ha creado en sus manos santas para que entres en ella, lo más pronto posible. Y si puedes entrar en su nuevo reino celestial ya, como en esta hora, por ejemplo, entonces muy bien, adelante, nadie te lo está impidiendo sólo tu falta de amor a la verdad y a la justicia celestial, Jesús viviendo en tu corazón. Por eso, es muy bueno siempre esperar en nuestro Dios, por amor a su Hijo amado, y callar ante el mal del enemigo sin que ninguna palabra de juicio y de condenación salga de nuestros labios, en contra de ninguno de ellos, jamás. Porque nuestro Dios es justo, por lo tanto, todo juicio le pertenece a Él, el Dios del cielo y de toda la tierra, hoy en día y para siempre, en el más allá. Pues entonces en momentos del mal, sea el nombre de nuestro Dios y de su Hijo amado bendito en nuestros corazones y en nuestras vidas, para que ninguna palabra de juicio de mal eterno salga de nuestros corazones y de nuestros labios, para mal de nadie, ni aun de nuestros adversarios más terribles, sino sólo salga el amor del SEÑOR. Porque todo juicio le pertenece sólo a nuestro Dios y Creador de nuestras vidas, el Dios del cielo y de toda la tierra, nuestro Padre Celestial, Jehová de los Ejércitos es su nombre eternamente y para siempre. Entonces como Él, ninguno de nosotros podrá jamás tener un Dios igual, ni menos mejor que Él en nuestros corazones y en nuestras vidas, en la tierra y en el más allá, también. Porque sólo nuestro Padre Celestial es el Todopoderoso de las vidas celestiales de los ángeles y de las vidas de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de todas las naciones de la humanidad entera, para perdonar, para bendecir, para sanar y para volver a dar vida en abundancia a los que creen Él, por amor a su Jesucristo. Por el momento, esperen en el Señor Jesucristo, en el espíritu de la paciencia perdurable de nuestro Dios y Padre Celestial que está en los cielos, porque nos ama con su amor de siempre. Además, porque su venida está más cerca que nunca, para levantarnos bien en alto, hasta los cielos más allá de los cielos de los ángeles, a nuestra nueva morada celestial e infinita, en donde el mal ya no es, sino sólo la verdad, el amor, la felicidad y el gozo de conocer a nuestro Dios cara a cara, para siempre. Y hemos de conocer a nuestro Dios y Padre Celestial de nuestras almas eternas, porque hemos esperado por Él, a través de los tiempos, sólo con la fe de su Hijo amado viviendo en nuestros corazones día y noche y hasta por siempre, en la llegada de su nuevo reino celestial. ESPEREN EN EL SEÑOR, PORQUE SU HIJO REGRESA A ISRAEL Por lo tanto, hermanos, tengan mucha resignación en sus corazones, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo, porque él no tarda en cumplir su promesa, de regresar a nosotros, en todos los lugares de la tierra, para llevarnos con Él a su nuevo reino celestial. Como el labrador fiel, por ejemplo, que espera el precioso fruto de la tierra que ha labrado, aguardándolo con paciencia hasta que reciba las lluvias tempranas y tardías, para que entonces en su día y en su hora, poner sus manos a la obra de recoger todos sus frutos, para alimentar su cuerpo y de muchos, también. Pues así también tengan ustedes paciencia delante de Dios y de su Jesucristo, siempre confiando en Él y en su palabra, porque se ha de cumplir en su hora y sin más demora alguna, su promesa divina de redimirnos de los males del más allá, no obstante, los que son imposibles de resolver ya los ha resuelto en su nombre. Y, además, afirmen sus corazones, porque la venida del Señor está más cerca de lo que nosotros hemos pensado jamás; es más, el Señor Jesucristo está más ansioso en su corazón santísimo, de regresar a nosotros a la tierra, de que nosotros deseemos en nuestros corazones de que él regrese ya a nuestras vidas nuevas e infinitas, en la tierra. Porque toda palabra de la Escritura apunta al regreso del Señor Jesucristo a Israel, para levantarse con ellos hasta lo sumo, hasta la misma presencia de nuestro Dios, y hasta el lugar en donde nos comenzó a crear en sus manos, para que seamos sus siervos y sus siervas, todos los hombres, mujeres, niños y niñas, de la humanidad entera. Y como sabemos que el regreso del Señor Jesucristo a la tierra está mas cerca que nunca, entonces seamos pacientes con nosotros mismos y con nuestro Dios, para que nos bendiga grandemente, en nuestros corazones y en nuestros cuerpos espirituales y carnales, de acuerdo a los poderes sobrenaturales, de los dones de su Espíritu Santo. Ya que necesitamos de sus ricas y poderosas bendiciones del reino, siempre para redimir nuestras vidas de los males eternos de nuestros enemigos de siempre, Lucifer y sus seguidores brutales e inhumanos, por inicio y por su naturaleza del espíritu de error, de ser eternamente malvados contra gentes inocentes y amantes de Dios y de su verdad y justicia infinita. Y de estos escogidos y muy amados por Dios y por su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, es cada uno de nosotros, como tú y yo, mi estimado hermano y mi estimada hermana, en nuestros millares, de todas las razas, familias, tribus, linajes, pueblos y reinos de la tierra, del ayer y de toda la vida, también. Por ello, nuestro Padre Celestial espera con gran paciencia en su corazón para redimirnos, sólo por medio de la vida y del sacrificio de sangre que su Hijo amado ha llevado acabo, sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para podernos amar mucho más que antes, pero sin la aflicción del pecado. Además, porque los dones del Espíritu de Dios han descendido del cielo, desde los días del génesis (génesis 1:2), por ejemplo, para subyugar a cada una de las profundas tinieblas, de Lucifer y de sus ángeles caídos, para amarnos mucho más que antes. Y también, para preparar la pronta venida de nuestro salvador eterno de siempre, el Señor Jesucristo, a nuestras tierras y a nuestras vidas eternas, también. Porque hoy más que nunca, los dones del Espíritu Santo tienen que obrar día y noche, en los corazones y en las almas vivientes, de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y de cada niña de todas las familias del mundo entero, para prepararnos para el reino de los cielos, pero con mayor abundancia de su amor eterno. En otras palabras, para prepararnos para la pronta llegada física de nuestro único salvador posible, de nuestras vidas y de nuestras almas eternas, en el paraíso y en la tierra, también, el Señor Jesucristo, hoy en día y para siempre, en la eternidad venidera. Porque para nuestro Dios no hay nadie mayor en su corazón, ni para el corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la niña, que no sea Él, su Hijo amado, el Señor Jesucristo, para rescatarnos de todo mal, de la vida de las palabras mentirosas de Lucifer, en la sangre de Adán y de sus descendientes. Es decir, para rescatarnos en un día como hoy, por ejemplo, de cada uno de los males terribles de Lucifer, en la tierra y en el más allá, como el infierno o como el lago de fuego, la segunda muerte del hombre, para que no se pierda jamás su alma, sino que vea la vida, desde hoy mismo y eternamente. Y esta vida que todo hombre, mujer, niño y niña, ha de ver en su día, es realmente la misma vida que nuestro Padre Celestial le ofreció a Adán y luego a Eva, para que coman de Él, por siempre, en todos los lugares de su creación, en donde sea que viviesen, para servir y para adorar a su Dios. En otras palabras, para que coman día y noche de su fruto de vida eterna, su Hijo amado, el Señor Jesucristo, su Árbol de vida infinita, y así jamás ninguno de ellos vea la muerte, en el paraíso ni en ningún lugar de toda su creación, como la tierra de nuestros días y de toda la vida, por ejemplo. Porque esta es la vida perfecta y completa que Dios siempre ha deseado para todo ángel, arcángel, serafín, querubín y demás seres santos del reino de los cielos, para poder vivir con Él, en su tierra santa, llena de paz, gozo, felicidad, poder, sabiduría, amor y sobre todas las cosas vida en abundancia para todos, eternamente y para siempre. Pues así también, nuestro Padre Celestial desea que todo fuese así con su primera creación de sus manos santas, el hombre, Adán y sus descendientes, en el paraíso y en todos los lugares de la tierra. Y esto es, que cada una de ellos, comenzado con Adán entonces, recibiese en su corazón "la vida misma", la sangre santísima de la vida perfecta y por siempre completa, la cual sólo puede hacer feliz el corazón santo de Dios y de su Espíritu Santo, en la tierra así como en el reino de Dios, también, para la eternidad. Pero esto no lo entendió una tercera parte de los ángeles del reino de los cielos, porque ellos decidieron, junto con Lucifer, de que deseaban vivir sus mismas vidas, sin la vida del Árbol de la vida, en sus corazones y en sus días por venir, en la nueva eternidad celestial de su nueva Jerusalén Santa y Eterna. Y aquí, los ángeles caídos tropezaron con Dios y con su Jesucristo, para rebelarse en contra de su voluntad perfecta, de que su Hijo amado "viviese en sus corazones", para cumplir toda verdad y toda justicia infinita a perfección, en el reino de los cielos, con su Dios y Creador de sus nuevas vidas celestiales. Entonces Lucifer intento exaltar su vida y su nombre inicuo más alto que la vida del Árbol de la vida y de su nombre sagrado, en el corazón santo de nuestro Padre Celestial y en el corazón del Espíritu Santo, también, en todos los lugares del reino de los cielos y del resto de la creación celestial. Esto fue un delirio / ilusión imposible en el corazón de Lucifer, y él lo sabia muy bien también, porque todo estaba en contra de él y de sus seguidores; pero, sin embargo, quiso llevarlo acabo a pesar de toda oposición, porque pensó que realmente podía más que Dios y más que su Árbol de vida eterna, ¡el Señor Jesucristo! En verdad, los ángeles caídos creyeron en que Lucifer podía exaltar su vida y su nombre inicuo más alto que la vida y que el nombre sagrado del Señor Jesucristo, en reino de los cielos y en cualquier lugar de toda la creación infinita. (Es por eso, que la vida del hombre pecador de la tierra no podrá jamás ser más rica, más alta, más gloriosa o perfecta que la vida santa del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo, para siempre. Y el que crea que su vida es mayor que la del Señor Jesucristo, entonces está eternamente equivocado, confundido y perdido en sus tinieblas de siempre.) Y al ver nuestro Padre Celestial su pecado y su rebelión eterna, en contra de su voluntad santa y perfecta, para con ellos, entonces los rechazo por completo, para que no sigan viviendo sus vidas celestiales los ángeles caídos, en el reino de los cielos, como siempre, sino que muriesen para la vida eterna, santa y perfecta, para siempre. Y es aquí, cuando la misma tierra santa del reino de los cielos ya no los pudo aceptar ni por un sólo momento más, porque los pasos de los ángeles caídos no eran de lo mejor para nuestro Dios, ni menos eran los pasos de su Árbol de vida, el Señor Jesucristo, como debería de ser con ellos. Por lo tanto, Lucifer con su tercera parte de los ángeles caídos tuvo que abandonar la tierra santa del reino de los cielos y sin Dios, para jamás volver a ella, por su pecado, por su rebelión y por su maldad infinita en contra de la vida y del nombre sagrado de su Árbol de vida, ¡el Señor Jesucristo! Y lo mismo les sucedió a Adán y a Eva, por ejemplo, en el paraíso. Porque a ellos, Dios los había formado con sus manos santas, para que viviese la vida de su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, y más no otra vida extraña o diferente a la de su voluntad santa y perfecta de la tierra eterna, del reino de los cielos. Y como Adán y Eva no recibieron la vida del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo, en sus corazones, entonces la misma tierra santa del paraíso los rechazo, para que no sigan viviendo en el cielo, hasta que se arrepientan de su mal y reciban a Cristo en sus corazones, para cumplir toda verdad y justicia divina en ellos. Pero mientras tanto, tuvieron que salir del paraíso, porque en sus pasos no estaban los pasos del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo, sino los pasos extraños y totalmente diferentes a los de Dios, los pasos de maldición y de muerte eterna, de Lucifer y de su árbol de la ciencia del bien y del mal. Es por eso, que tanto los ángeles caídos en el reino de los cielos y Adán y Eva en el paraíso se rebelaron, sin saber realmente que era lo que estaban haciendo, en contra de la perfecta voluntad de Dios, el fruto de vida y de salud eterna, en sus corazones y en sus vidas gloriosas, felices y celestiales. Ellos pecaron, ángeles y hombres, por igual, porque "no supieron esperar" en su fruto de vida, en su salvador infinito, en su Dios y Creador de sus espíritus celestiales con los ángeles y de sus almas eternas con los hombres de toda la vida, comenzando con Adán y Eva, por ejemplo, en el comienzo de sus vidas en el paraíso. Y esto fue verdad, en aquellos días del más allá, y lo es en la tierra hoy, ni más ni menos, de que aun tienen que comer y beber por siempre, de los frutos de vida y de salud eterna, de la vida y del nombre sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, para ver la vida real. Es decir, para que ellos al haber creído en sus corazones y confesado con sus labios, que el Señor Jesucristo es su única vida perfecta y agradable para el corazón de Dios, entonces ser aceptados por las tierras y por los cielos santos del reino de los cielos o del paraíso, por ejemplo, hoy y por siempre, en la eternidad. Y sólo así entonces cada uno de ellos, ángeles del reino como hombres de la humanidad entera, también, en sus millares, entonces pueda recibir la verdadera vida que agrada a la palabra de la Ley Viviente y el espíritu glorioso y eternamente santísimo, del corazón de nuestro Padre Celestial, en el reino de los cielos. En otras palabras, de que si Lucifer y sus ángeles caídos, y así también Adán y Eva, sólo hubiesen esperado en el SEÑOR, para comer de su fruto de vida y beber por siempre de Él, entonces no hubiesen pecado, ni menos se hubiesen rebelado jamás en contra de su Dios y Creador de sus vidas, en el más allá. Realmente, cada uno de ellos, hoy en día, estuviese vivo y viviendo eternamente y para siempre, en el seno de nuestro Dios y Padre Celestial que está sentado en su trono santo, en el reino de los cielos, para sólo conocer con Él: el amor, la verdad, la justicia, la sabiduría y la vida infinita, de su nuevo reino celestial. HAGAMOS EL BIEN SIEMPRE, SIN DESMAYAR, PORQUE JESÚS NOS AYUDA Por este motivo, no nos cansemos, pues, de hacer el bien en ningún momento de nuestras vidas; más bien, alentémonos los uno a los otros, con buenas palabras, con buenas acciones de fe y de buena voluntad, para hacer siempre, lo que le agrada a nuestro Dios y Padre Celestial que está en los cielos. Y esto es, que el nombre de su Hijo amado esté siempre en nuestros corazones, para cumplir toda verdad y toda justicia, en cada una de todas las cosas que emprendamos en nuestros días de vida por la tierra; porque a su tiempo cosecharemos, la bendición de ver a nuestro Dios cara a cara, si no desmayamos en esperar. Por eso, es bueno para nuestros espíritus humanos en esperar en nuestro Dios y en su Hijo amado, para que nos bendiga y nos ayuda en cada una de nuestras cosas, cualquiera que sean todas ellas en nuestro diario vivir, con los poderes sobrenaturales de sus dones de maravillas, milagros y de prodigios, en el cielo y en la tierra. Porque nuestro Dios es Todopoderoso en el cielo y en toda la tierra, también, para hacer muchas cosas grandes y pequeñas; por eso, para él jamás ha existido nada difícil ni imposible para alcanzarlo y lograrlo, en la vida de sus ángeles, en el cielo ni para los hombres, mujeres, niños y niñas en la tierra. En verdad, cada vez que hacemos el bien, entonces la presencia del Espíritu Santo y de sus dones sobrenaturales ha de abundar en nuestras vidas, para bendición de nuestras almas eternas y de muchas gentes por doquier, para gloria y honra del nombre sagrado de nuestro Dios y Padre Celestial que habita en nuestras alturas. Porque nuestro Dios nos ha regalado de su Espíritu Santo, desde el comienzo de todas las cosas, en el cielo, con todos los poderes de sus dones celestiales y terrenales, para que sean usados en nuestras vidas, según sean nuestras necesidades de día a día, en la tierra y en la eternidad venidera, en el nuevo reino de los cielos. Y estos dones de nuestro Dios han de actuar en nuestras vidas, cada uno de ellos, sin jamás fallarnos por ninguna razón, si tan sólo creemos en nuestros corazones y así confesamos con nuestros labios: el nombre sagrado de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Porque los poderes de los dones del Espíritu de Dios han sido entregados a nosotros, para glorificar aun mucho más que antes: la vida gloriosa de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en nuestros corazones y en nuestras vidas de siempre, en la tierra y en el paraíso, también, por los siglos de los siglos. Puesto que, estos dones del Espíritu de Dios no sólo son para nuestras vidas terrenales, sino fundamentalmente para nuestras vidas eternas, en el más allá, como en el paraíso o como en la nueva ciudad celestial del gran rey Mesías, La Nueva Jerusalén Santa e Infinita, del nuevo reino de los cielos, por ejemplo. Entonces tenemos que aprender a esperar y a vivir con ellos, con los dones del Espíritu de Dios, para comenzar a acostumbrarnos a sus presencias y a sus frutos sobrenaturales y fabulosos en nuestras vidas y en la vida de los demás, como familiares y hasta amistades de toda la vida, por ejemplo, de lejos y de cerca, también. Es por eso, que nuestro Dios nos comenzó a entregar de su Espíritu Santo y sin media alguna, para "regar nuestras vidas", en todos los lugares de la tierra, para luego entonces ayudarnos a regresar por nuestro camino antiguo del paraíso y así jamás perdernos en la tierra ni menos en el más allá. Porque los que caminan en la tierra, como los que caminan en el paraíso, si no caminan en el camino del Señor Jesucristo, entonces se han de perder para siempre, en el mundo de lo desconocido, el mundo de los muertos, como el infierno o como el lago de fuego, por ejemplo. Por este motivo, siempre le ha sido bueno al ángel del cielo y al hombre del paraíso y de la tierra de nuestros días, caminar en la palabra y en el nombre del SEÑOR, porque como éste camino único y antiguo no hay otro igual, en el reino de los cielos, en el paraíso ni menos en la tierra. Además, éste camino único y antiguo del paraíso es, ni más ni menos, la vida santa de nuestro salvador, Jesucristo, viviendo en nuestros corazones y en nuestras almas eternas, que han esperado tanto para alcanzar tan gran bendición en nuestras vidas, por amor a Dios y a su perfecta voluntad de vida y de salud para todo nosotros, para siempre. Porque Cristo ha de vivir por nosotros, en el cielo, como vivió en la tierra (por nuestras vidas eternas) para complacer toda verdad y toda justicia infinita de la Ley y del corazón sagrado y eternamente perfecto, de nuestro Padre Celestial que está en los cielos, para la nueva vida eterna del nuevo reino de los cielos. Entonces no nos cansemos nunca, de hacer el bien a los demás, en el nombre sagrado de nuestro único salvador, de nuestras vidas y de nuestras almas eternas, en el paraíso y por toda la tierra, también, el Señor Jesucristo. Vivamos ya, como si estuviésemos viviendo en el cielo, en el paraíso de siempre, por ejemplo, de Adán y Eva. Porque en el tiempo de nuestro Dios, hemos de recibir nuestra justa recompensa de: amor, poder, gloria, santidad, verdad, sabiduría y muchas ricas bendiciones, de su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, si no desmayamos de esperar por Él y en su muchas y buenas promesas de vida y de salud infinita, de acuerdo a sus buenas palabras fieles. Porque Dios mismo nos ha entregado poderes especiales de su nombre y de su palabra fiel, para nosotros siempre esperar por Él y por los dones de su Espíritu Santo, para que actúen en nuestras vidas, sin medida alguna, jamás. Es decir, que el Espíritu de Dios es para cada uno de nosotros para la eternidad, para que se quede con nosotros y jamás deje de descender sobre nuestras vidas, de hoy en día en la tierra y de nuestras nuevas vidas infinitas, en el cielo o en la Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del más allá. Y esto ha de ser en nosotros, de los mismos dones de su Espíritu divino que actuaron en la vida del Señor Jesucristo, en el paraíso y en Israel, también, por ejemplo, para bendecirnos por siempre a tiempo y fuera de tiempo, para ayudarnos a crecer cada día más hacia Él y hacia su nueva vida infinita, del más allá. Y sólo así entonces enriquecernos a cada uno de nosotros mismos, en todos los lugares de la tierra, nuestras almas eternas en su presencia santa y en la nueva vida celestial de su Hijo amado, su Árbol de vida y de salud eterna, en el paraíso y en su Nueva Jerusalén Santa y Perfecta, del nuevo reino de los cielos. Por lo tanto, ahora más que nunca tenemos que serle fieles a nuestro Padre Celestial por medio de la vida y del nombre sagrado de su Jesucristo, para que su corazón compruebe de que si le amamos, porque esperamos por Él, en las buenas y en las malas, para que nos ayude a vencer por siempre: ¡el mundo de siempre! Porque si no esperamos para vivir por Dios y por su Hijo, en nuestras vidas terrenales, entonces éste mismo mundo que ya ha sido vencido por el cumplimiento de las profecías en la vida perfecta y santa de Jesucristo, realmente nos podría hacer mucho daño de lo esperado, y hasta quitarnos la vida también, si fuese posible que sucediese así. Es por eso, hacer su primer voluntad del paraíso para con el corazón del hombre, es lo mejor para todos. Es decir, amar primero a su Hijo amado, Jesucristo, sobre todas las cosas en nuestros corazones y en nuestras vidas de siempre del paraíso o de la tierra de nuestros días, para que nuestro Dios sea feliz por siempre con nosotros, en nuestros millares, en todos los tiempos y lugares de la tierra. SI HACEN LA VOLUNTAD DE DIOS, ENTONCES SÓLO HAY BENDICIÓN Y esto es bendición tras bendición, hasta que sobreabunde en toda la tierra, en el corazón y en el alma viviente de todo hombre, mujer, niño y niña, de la humanidad entera y hasta en el paraíso también, para los que han regresado a sus vidas celestiales de siempre, por las cuales Dios mismo los creo en sus manos sagradas. Por eso, es siempre de buen esperar en nuestro Padre Celestial, que con toda la confianza de nuestros corazones, centrada en la vida de su Hijo amado y de su nombre santo y eternamente sobrenatural, para perdonar nuestros pecados y llenarnos de vida y de salud eterna, en la tierra y en el cielo, también, para la eternidad venidera. ¿Porque de donde va a sacar nuestro Dios poder sobrenatural, para perdonar nuestros pecados y para llenarnos día y noche de sus dones sobrenaturales de su Espíritu Santo? Si no es sólo de la vida misma, de toda la vida del reino de los cielos, del Árbol de la vida, su Hijo amado, el Cristo de Israel y de la humanidad entera. Por eso, el que hace la voluntad de Dios, y esto es de creer en su corazón que Jesucristo es su Hijo amado, entonces tiene perdón de sus pecados, para pasar de las tinieblas, a la luz de la vida abundante del paraíso o del nuevo reino de los cielos, como La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del más allá. Dado que, sólo el Señor Jesucristo viviendo en nuestros corazones y en nuestro diario vivir, delante de Él y del mundo en que vivimos, es, realmente, toda la voluntad perfecta de su corazón celestial y de su Espíritu Santo, en el cielo y por toda la tierra y hasta aun más allá del nuevo infinito venidero, por ejemplo. Por esta razón, todo aquel que espera en su Dios y Creador de su vida, en el nombre del Señor Jesucristo, entonces los dones sobrenaturales del Espíritu comenzaran a obrar en su vida, para que todo lo que ha esperado de Dios, se le haga realidad en su vida, si no es hoy pues lo más pronto posible desde luego. En vista de que, ésta voluntad perfecta que Dios nos ha pedido, comenzando con Adán y Eva, en el paraíso, no es diferente en nada a lo que Dios mismo les ha pedido a sus ángeles del reino de los cielos, grandes y pequeños, a todos por igual, desde los días de la antigüedad y hasta nuestros días, por ejemplo. Y esto es, de que el Señor Jesucristo sea el rey Mesías de sus corazones y de sus vidas celestiales, en la tierra y en el más allá, también, como en el paraíso o como en el reino de los cielos, para miles de siglos venideros, en su nueva eternidad venidera. Por lo tanto, lo que Dios le pidió a Adán y a cada uno de sus descendientes ha sido real y verdadero, lo justo, lo suficiente, como en el corazón de cada ángel, arcángel, serafín, querubín y demás seres santos, del reino de los cielos, que sólo le amen a Él, por medio de su Hijo amado, el Señor Jesucristo. Porque fuera del Señor Jesucristo, Él no podrá jamás atender ni menos conocer a nadie, como Dios soberano de sus vidas, sea ángel del cielo u hombre del paraíso o de la tierra, de nuestros días y de siempre, por ejemplo. Por esta razón, desde los primeros días de la antigüedad y hasta nuestros días, todo aquel que espera en Él, en la vida y en el nombre sagrado de su Hijo amado, su único Árbol de vida eterna, en el reino de los cielos y en su nueva creación venidera, entonces tiene una nueva vida infinita asegurada en su Hacedor. Una vida totalmente nueva a la suya a la de siempre en la tierra, toda repleta de bendiciones celestiales y terrenales para su corazón y para su alma viviente, de hoy en adelante, en la tierra y en el paraíso, también, como en su nuevo lugar eterno del más allá y de siempre, en el reino de los cielos. Por eso, es muy bueno para la vida del hombre hacer la voluntad perfecta de Dios en su corazón, lo mucho antes posible, desde hoy mismo, por ejemplo, si fuese posible hacerlo así para complacer a nuestro Padre Celestial y a su Ley Viva de su corazón santísimo. Y esto es de recibirle a su Hijo y, a la vez, de amarle diariamente para que no mueran sus almas por sus caminos antes que entren al más allá, a las tinieblas de sus vidas de siempre, para volver a morir, pero esta vez para siempre, sin la posibilidad de resucitar para ver la nueva vida infinita del cielo. Peligrosamente, para volver a morir todos ellos, como cuando estaban muertos y perdidos en las profundas tinieblas del polvo de la muerte, en el día que Dios comenzó a formarlos en su imagen y conforme a su semejanza perfecta, por ejemplo. Y esto es para volver a morir por segunda vez, no de la carne sino de su alma eterna, en el lago de fuego, en su segunda muerte final, por no haber amado a su Dios y Creador de sus almas eternas, mientras vivían sus vidas normales y hasta pecadoras en la tierra, de nuestros días, por ejemplo. Y, además, también, porque sus nombres no han de estar escritos en "el libro de la vida eterna", en el reino de los cielos, por culpa de su rebelión a Cristo, para poder entonces entrar a la vida infinita del nuevo reino de los cielos, con Dios y con su Árbol de vida, su Hijo amado, el Señor Jesucristo. Pues para evitar juicios y condena de esta naturaleza, entonces es mejor mantenerse callados ante la presencia de Dios y no dejar que ninguna palabra o acción negativa salga de nosotros, para que no seamos encontrados culpables y dignos de juicio eterno, de parte de nuestro Padre Celestial de nuestras almas eternas, y único juez justo de la humanidad entera. Por este motivo, no se alteren jamás sus corazones ni de ustedes salgan palabras que les lleven a juicio y condena eterna de sus almas vivientes, porque nuestro Dios es quien realmente lucha día y noche por nosotros, para que nuestros enemigos de siempre dejen de ser eternamente y para siempre, en la tierra y en el más allá, también. Es por esta razón, que el infierno y así también el lago de fuego vino a existir, para hacer desaparecer, de una vez por todas y para siempre, a cada uno de los enemigos de Dios y de su Jesucristo, en el reino de los cielos, en el paraíso y por toda la tierra, también. Porque ya muy pronto no los verán en ningún lugar de la tierra, porque Dios mismos los habrá borrado con su borrador santo de los dones sobrenaturales de su Espíritu Santo, de sobre toda la faz de la tierra; y sus nombres no han de ser conocidos nunca más, por nadie, ni menos se han de volver a mencionar, tampoco. Porque es nuestro Dios quien juzga toda palabra y acción del pecador y de la pecadora, enemigos eternos de Dios y de su Jesucristo, en la tierra y en el más allá, también, entre las llamas eternas del fuego eterno del infierno, por ejemplo. Es por eso, que cuando vean al malvado hacer sus cosas como de costumbre en contra de gente inocente, entonces no se alteren sus corazones por sus palabras o por sus acciones, solamente dejen que los poderes sobrenaturales de los dones del Espíritu de la palabra y del nombre de nuestro Dios, como el Señor Jesucristo, hagan sus obras justas. Para que entonces Dios mismo obre a su favor, para entregarles su victoria justo en su día y en su momento, sin más demora alguna. Y sólo así entonces entenderán sus corazones y sus almas, de que no sólo Él los ha amado con su amor eterno de toda una vida celestial y eternamente gloriosa, desde la antigüedad y hasta nuestros tiempos, sino que también guarda sus vidas, como la de Él mismo y la de su Hijo, con gran celo en su corazón santísimo. Es por eso, que todo aquel que espera en su Dios y Creador de su vida, en el nombre sagrado de su Hijo amado, entonces tiene vida eterna asegurada en Él, en esta vida y en la venidera también, como en su nueva ciudad celestial e infinita del nuevo reino de los cielos. Además, esta ciudad única, formada de acuerdo al corazón santo de Dios, para vivir con todos los que le aman a Él, en el espíritu y en la verdad de su justicia infinita de su pacto eterno, el Señor Jesucristo, es La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del nuevo reino de los cielos, en el más allá. Por esta razón, todo aquel que espera en el Señor sea hombre, mujer, niño o niña de toda la tierra, ha de recibir perdón de sus pecados día y noche, bendiciones tras bendiciones, en cada momento de su vida por la tierra, hasta que entre a su nuevo lugar eterno, en el perfecto amor de Cristo, al reino de Dios. En verdad, la nación que ama el nombre de Dios, ciertamente ha de ser llena de vida eterna, hasta que sobre abunde en todas las más ricas bendiciones: de amor, paz, gozo, felicidad, poder, sabiduría, de parte de Dios y de su Árbol de vida eterna, en esta vida y en la venidera, también, del nuevo reino de los cielos. Por eso, calle todo hombre, mujer, niño y niña de todas las familias, razas, linajes, tribus, pueblos y reinos de la tierra, delante de su Dios y Creador de sus vidas, para que no salga hacia nadie ninguna palabra ni acción ofensiva / negativa de sus cuerpos santificados por el espíritu de la palabra y del nombre del Señor Jesucristo. Porque el SEÑOR es quien realmente cuida y lucha por ustedes, por medio de los dones de su Espíritu Santo y de la sangre bendita y eternamente honrada de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, ¡el único Hijo posible, Sumamente santo y perfecto para Israel y para la humanidad entera! Por eso, sigan esperando por el SEÑOR, en el nombre del Señor Jesucristo, porque él está más cerca que nunca de sus vidas. Puesto que, mientras esperan en Él, entonces ha de estar obrando incansablemente en sus en sus corazones y en sus vidas, estén cerca o lejos de Él, para perdonarles sus pecados y así llenarnos de vida abundante, para que sus corazones sanen y sus cuerpos ya no sufran más el flagelo del mal del enemigo de Dios y de sus almas eternas. El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el Señor Jesucristo. LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, por la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/...player-wm.asp? playertype=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com |
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