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Antiguo 20-01-2007, 12:49:38
IVAN VALAREZO
 
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Predeterminado (IVÁN): ESPEREN EN EL SEÑOR


Sábado, 20 de enero, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica


(Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo)


(Muchas felicidades a todo el Ecuador, por haber elegido a
uno de sus hijos, como presidente para cambiar la vida de la
república y de sus ciudadanos, también, que sólo desean vivir
día y noche creyendo sólo a la verdad y a la justicia de sus
leyes, de sus cosas y de su cultura, dentro y fuera de sus
territorios.

Que el gobierno entrante sea lo mejor que le haya pasado a
nuestros pueblos en estos días, es mi esperanza, para
alcanzar un grado de vida mejor que la de siempre. Y así toda
su gente pueda vivir como Dios desea que sea así con cada uno
de los nuestros, como su vida santa del paraíso, por ejemplo,
y no de luchar para tratar de vivir o de sobrevivir, porque
los lideres de gobiernos antiguos no han estado para el bien
de ellos, en ningún tiempo.

Entonces lo mejor de su tierra y de sus hijos e hijas, pues,
que gobiernen en los próximos años y por siempre, para que el
pueblo deje de sufrir y de desconfiar tanto en quienes
debería confiar y, por fin, viva dignamente en sus propias
tierras y con sus propios recursos naturales, sin temor al
mal ni a la corrupción de nadie. Recursos de sus tierras, de
las cuales Dios mismos les ha entregado a ellos, como una
nación soberana que es en nuestro continente americano, por
ejemplo.

Pues lo mejor de Dios sea para nuestro nuevo mandatario, al
señor eco. Rafael Correa Delgado y su flamante gobierno
entrante. (Todo lo bueno viene del cielo y directamente del
SEÑOR y de su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo.)

(Y, por cierto, gracias al Dr. Alfredo Palacios por todo lo
bueno que ha hecho por la nación, en su corto tiempo
presidencial; salvándola así, casi de males desconocidos con
sus prontas acciones y, por supuesto, con la ayuda de Dios y
con la asistencia profesional de gente de buena voluntad, de
nuestros pueblos ecuatorianos de corazón.)

Pues entonces que Dios esté con cada uno de ustedes, de
nuestros lideres entrantes, en cada momento de sus vidas, y
que ejerzan sus funciones ministeriales para el desarrollo de
la nación y de su gente en general, también, es nuestra
oración a nuestro Dios. Porque la gracia del Señor Jesucristo
y los dones sobrenaturales del Espíritu de Dios jamás han de
faltar sobre toda la nación, ni en la vida de ninguna de sus
familias, o ciudadanos en particular, para que hagan siempre
el bien, para ellos mismos y para los demás, también.

Con el fin de que ellos mismo cumplan toda verdad y toda
justicia de nuestro Dios, en sus vidas y en la vida de toda
la nación por regla general, por inicio moral al estado de
animo de la nación y a sus leyes establecidas y por
establecerse, también.

Una vez más y por siempre, que Dios bendiga nuestros pasos
para el desarrollo de nuestros pueblos, en el Ecuador y en
todo nuestro continente iberoamericano. Muchas felicidades a
todos, en todo el Ecuador por luchar por un cambio que
ayudara a muchos a educarse y a crecer, en sus corazones y en
sus espíritus humanos, como hijos e hijas de un Dios tan
grande y tan glorioso que los ama mucho aun más allá de la
muerte.

Es decir, de un Dios tan bueno, como siempre lo ha sido
nuestro Padre Celestial, y su Hijo amado, el Señor
Jesucristo, en la potencia gloriosa de la Omnipresencia de su
Espíritu Santo, en nuestros corazones y en nuestro diario
vivir en nuestras tierras ecuatorianas y en toda América
Continental, por igual, por ejemplo.

¡Amén! Nuestro Dios es grande y nos ama tanto, que sólo desea
vernos crecer siempre hacia lo alto, día y noche en la vida
gloriosa y sumamente honrada de su Árbol de vida y de eterna
salud, su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en la potencia
infinita de la presencia de su Espíritu Santo, del diario
vivir de nuestra república iberoamericana.

Como Dios manda, éste libro se lo dedico a todo el Ecuador de
siempre y a los que aman al SEÑOR, por tener la voluntad en
sus corazones de querer caminar por el camino del bien social
y de la justicia del SEÑOR y de su Jesucristo, para que no le
falte ningún bien de su Espíritu Santo y de su reino
celestial a nadie. Es decir, que no le falte ningunos de los
bienes sobrenaturales a su gente jamás de los que están cerca
(y de los que están lejos, también), en todos los días de su
vida por la tierra.

¡Amén, que así sea!)


ESPEREN EN EL SEÑOR

Siempre esperen en la venida del Señor Jesucristo a Israel,
porque esto incrementa nuestro espíritu de fe, en toda la
tierra, para que ésta promesa se cumpla ya, no sólo en Israel
sino en toda la tierra, también, en tu vida y en la vida de
cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera.
Porque nuestro Padre Celestial desea que ya su Hijo amado
descienda al mundo, en su persona santa; pero si lo hace así,
entonces muchos se perderán en sus tinieblas eternas, porque
el tiempo de la gracia y de las bendiciones especiales de
Dios hacia Israel y la humanidad entera, ha de llegar a una
pausa de un corto tiempo.

Y en éste corto tiempo, de unos tres años y medio, el enemigo
eterno de Dios y de toda la verdad de su Hijo amado, Lucifer,
se podría aprovechar para destruir más vidas de la humanidad
entera, como lo ha venido haciendo desde los días del paraíso
con Adán y Eva y hasta nuestros tiempos, por ejemplo. Por lo
tanto, nuestro Padre Celestial es paciente para con cada uno
de nosotros, y no ha dejado que su Hijo amado descienda
todavía a Israel para que regresemos a Él y así cumplir con
su promesa a los antiguos y con los que le aman a Él, por
Jesucristo, en todos las naciones de toda la tierra.

Es por eso, que mientras esperan por el retorno del Señor
Jesucristo a Israel, entonces no dejen de hacerle el bien a
nadie, en ningún momento de sus vidas ni por ninguna razón,
tampoco. Porque cada vez que hacen el bien, entonces el
corazón de Dios se agrada y "se engrandecen" su misericordia
y su verdad, para con cada uno de nosotros, en nuestros
millares, de todas las familias, razas, linajes, tribus y
reinos del mundo entero, para redimirnos con los poderes
sobrenaturales, del espíritu de amor de su Hijo, del mal del
pecado.

Porque día y noche nuestro Dios tiene que "protegernos y
redimirnos" del mal del pecado del corazón perdido, de
Lucifer y de sus ángeles caídos, para no volvernos a perder
como perdió en el día de la gran caída de Adán y Eva, en el
paraíso, por ejemplo, miles de años atrás. Entonces es bueno
para nuestros corazones y para nuestros espíritus humanos de
enseñarles a siempre esperar y, a la vez, ha confiar en los
poderes sobrenaturales de milagros, maravillas y de prodigios
en los cielos y en la tierra del espíritu de la Ley y del
nombre de Jesucristo, el único Hijo Divino de Israel y de la
humanidad entera.

Porque sin el Señor Jesucristo en nuestros corazones,
entonces realmente no sabremos jamás "esperar en Dios" por
nada, para recibir de su amor y de sus muchas y poderosas
bendiciones de perdón y de salud eterna, en nuestros
corazones y en nuestras almas, en esta vida y en la venidera,
también, del nuevo reino de los cielos, por ejemplo. Y así
estaríamos tan perdidos como antes, como antes que Dios nos
rescatara de las profundas tinieblas, del lodo del polvo de
la muerte, para formarnos en sus manos santas, en su imagen y
conforme a su semejanza eterna, en el cielo y en la tierra,
también, para su nueva vida infinita de la nueva eternidad
venidera, del más allá.

Entonces como ven que ese día se acerca cada vez más que
antes a sus vidas, pues afirmen sus corazones en la fe
sobrenatural, de nuestro Señor Jesucristo, delante de nuestro
Padre Celestial que está en los cielos (y en su corazón
obediente), para que Él siempre tenga misericordia en su
presencia santa por nosotros, en toda la tierra. Y así Él no
nos deje caer jamás en ninguna de las trampas tradicionales
de Lucifer y de sus ángeles caídos, ni de ninguno de sus
enemigos de siempre, a su palabra y a su nombre sagrado, en
la tierra ni menos en el más allá, para siempre.

Porque poderoso es nuestro Padre Celestial para con cada uno
de nosotros, si tan sólo esperamos en Él, en el nombre de su
Hijo, viviendo en nuestros corazones y nuestros espíritus
humanos, con que siempre le hemos amado a Él, a pesar del
pecado y de las profundas tinieblas del mal eterno en
nuestras vidas, de hoy y de siempre. Ciertamente bendita por
Dios es la nación que espera en el nombre del Señor
Jesucristo, delante de su presencia santa, para recibir día a
día y sin más demora alguna, de su protección divina y de sus
muchas y ricas bendiciones, de vida y de salud infinita, para
sus familias, en todos los lugares de la tierra.

Podemos recordar a Israel de la antigüedad y de siempre, por
ejemplo, por su historia y por su cultura, de cómo nuestro
Padre Celestial ha derrotado a sus enemigos con los poderes
sobrenaturales, de la sangre del "Cordero Eterno", su Hijo
amado, el Cristo de la vida y de la humanidad entera. Porque
cada vez que Israel obedeció a la sangre del Cordero Eterno,
en sus millares de sacrificios y de holocaustos ante la
presencia de Dios, entonces sólo había de parte de Dios y de
su Espíritu Santo perdón por sus pecados y bendiciones tras
bendiciones, para redimirlos de sus enfermedades y salvarlos
por siempre del mal de sus enemigos.

Es decir, bendiciones sobrenaturales de protección de su
nombre santo y de sus dones de milagros, maravillas y de
prodigios de su Espíritu Santo, para mantenerlos siempre
fieles a Él y al nombre sagrado de su Hijo amado, en todos
los lugares de la tierra, para que las tinieblas dejen de
seguir destruyendo la vida del hombre en la tierra. Por lo
tanto, no nos cansemos jamás de hacer el bien para nadie,
para que el fruto de bendición y de ayuda oportuna, de los
dones del Espíritu de Dios no disminuya, ni tampoco dejen de
ser en nuestras vidas ni en las vidas de los nuestros, en
nuestras tierras y lejos de ellas, también, en otras tierras.

En vista de que, poderoso es nuestro Dios para ayudarnos
hacer el bien también a todos los demás, de ellos que siempre
están entre nosotros y en tierras lejanas. Porque tenemos a
un Dios muy paciente con su amor, para con cada uno de
nosotros, en nuestros millares de todas las familias, razas,
linajes, tribus, pueblos y reinos de la tierra, ya sea que
estemos en nuestras tierras o en otras tierras. Porque
nuestro Dios se ha de gloriar en nuestras vidas día y noche,
para que no nos falte su protección jamás, ni ningún bien de
sus muchos dones sobrenaturales, en nuestros espíritus
humanos, si el nombre de su Hijo amado permanece siempre en
nuestros corazones, delante de su presencia santa, en el
cielo y en la tierra, también.

Porque si hacemos el bien para ayudar a los demás, sean
familiares, amistades o no, entonces el Espíritu y sus dones
sobrenaturales, que han estado siempre en nuestras vidas, por
el conocimiento del Espíritu de la Ley y del Señor
Jesucristo, aumentaran sin medida alguna en toda la tierra,
para que bajen las tinieblas del más allá, hasta que
desaparezcan. Y sólo así todo hombre, mujer, niño y niña, que
ha esperado por el perdón y la bendición infinita del fruto
de vida del Árbol Viviente, Jesucristo, entonces sea una
realidad de luz y de felicidad en sus corazones y en sus
espíritus humanos y más no tinieblas, como hoy en día sucede,
en donde Cristo no es el rey.

Pues sabiendo ésta verdad, entonces hagamos siempre el bien
para que el Espíritu de Dios y sus muchos dones
sobrenaturales de maravillas, milagros y prodigios en el
cielo y en la tierra se manifiesten entonces día y noche,
para sanar y levantar a muchos de sus tinieblas, a la luz más
brillante que el sol de nuestros días, Jesucristo. Porque
sólo en esperar en el nombre sagrado del Señor Jesucristo, en
nuestros corazones y en nuestros espíritus humanos, entonces
Dios mismo con los dones poderosos de su Espíritu ha de
remover de nuestras vidas, cada una de las profundas
tinieblas de Lucifer y de sus ángeles caídos, para hacernos
eternamente libres y así entonces ver la luz del reino.

ES NECESARIA LA PERSEVERANCIA EN LA VIDA

Porque les es necesario la llenura del espíritu de
constancia en su diario vivir, mis estimados hermanos y mis
estimadas hermanas, para que habiendo hecho la voluntad de
Dios en sus corazones, pues entonces obtengan lo prometido
por el Señor Jesucristo en sus almas vivientes y en sus
nuevas vidas, en la tierra y en el reino del cielo, también.
Porque si son firmes, en su manera de pensar y en su manera
de hablar y de hacer las cosas, entonces el espíritu de la fe
viva, del nombre del Señor Jesucristo, ha de fluir en sus
corazones y en sus espíritus humanos con grandes poderes
sobrenaturales, para cambiar sus vidas drásticamente y a los
suyos, también. Porque poderoso es nuestro Dios para hacer
estos cambios para la eternidad, para los que esperan y aman
su nombre y a su Hijo amado.

Ciertamente, ha de fluir el Espíritu de vida y de salud
infinita en sus corazones, momento a momento y sin cesar
jamás, porque ha de saber el Espíritu mismo de Dios que están
obedeciendo a su Dios y Creador de sus vidas, para alcanzar
lo que deseen en sus corazones, directamente de su mano
santa, por ejemplo. Porque la verdad es que Dios bendice al
que espera por Él, sólo creyendo en su corazón y confesando
con sus labios: el nombre del Señor Jesucristo y sus promesas
de las Escrituras, por ejemplo, para satisfacer las
necesidades de su vida, sean grandes o pequeñas. Entonces
como dice en las Escrituras por el SEÑOR mismo: Bendita la
nación que espera en su Dios; pues Él no se ha de olvidar de
ella jamás, por amor a su nombre santo.

Porque todas nuestras bendiciones se hacen realidades en
nuestras vidas día y noche y sin cesar, de la mano poderosa
de nuestro Dios y Padre Celestial que está en los cielos,
porque creemos en Él, a través de la vida y del nombre
sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo. Es por eso,
que sin la diestra poderosa de la mano de nuestro Dios,
entonces somos débiles en nuestras vidas, porque nada hemos
de recibir de parte de Él, sino hacemos lo correcto con
nuestros corazones y con nuestros espíritus humanos, como
creer en su gran obra redentora y en su nombre salvador, en
nuestros corazones, el Señor Jesucristo.

Puesto que esto es fe, de creer en nuestros corazones, en
todo lo que su Hijo amado ha hecho en la tierra y en el
cielo, por igual, para bien de cada uno de nosotros, en
nuestros millares, en todos los lugares de la tierra,
comenzando con Adán y Eva, por ejemplo, en el paraíso. Para
entonces así poder hablar siempre, en este espíritu de la
verdad de Dios, todo lo que el espíritu de fe, de nuestro
Padre Celestial, desea oír en nuestros corazones y en
nuestros espíritus humanos, para Él entonces obrar en
nuestras vidas, sin limite alguno con los poderes
sobrenaturales de su Espíritu Santo.

Dado que, las obras de nuestro Padre Celestial, en cada uno
de nosotros, son poderosas y eternamente sobrenaturales, de
las cuales jamás han de dejar de ser en nuestras vidas de
siempre, si tan sólo le creemos a Él, en el nombre sagrado de
su Hijo amado, el Señor Jesucristo. Y estas obras en nuestras
vidas, son directamente del Espíritu, con sus milagros,
maravillas y prodigios celestiales y terrenales, de los
cuales necesitamos de ellos día y noche en la tierra, como en
el reino de Dios, también, como en la vida de los ángeles y
de Adán y Eva, por ejemplo, en el paraíso, para vencer el mal
eterno.

Es más, sin los dones sobrenaturales del Espíritu Santo, en
la vida de los ángeles y en la vida de los hombres, mujeres,
niños y niñas de la tierra, entonces la vida no fuese posible
para ninguno de ellos, no importando jamás todos lo gloriosos
o poderosos que sean en sus vidas particulares, en el paraíso
o en la tierra. Entonces "el Espíritu de Dios es tan
importante en la vida del hombre", como en la de los ángeles
del reino o como lo ha sido desde siempre, también, en la
vida de toda la tierra o de toda una nación, como la nación
de Israel, en la antigüedad y de hoy en día, por ejemplo.

Puesto que, sin el Espíritu de Dios, entonces la tierra no
hubiese podía jamás recibir tanta gloria y tanta honra, de
todas las cosas que Dios ha hecho sobre ella con su palabra,
con su nombre y con sus manos santas, el hombre y sus muchas
cosas, por ejemplo, que le facilitan su manera de vivir día a
día. Es decir, que el hombre necesita del "derramamiento" del
Espíritu de Dios y de sus muchos dones sobrenaturales, para
vencer por siempre el mal, como sucedió en los primeros días
del génesis de toda la tierra, cuando el Espíritu comenzó a
descender sin medida alguna, hasta nuestros días por ejemplo,
para abrirle el camino al hombre y al Señor Jesucristo.

Pues entonces así también las naciones de la tierra, ellas
necesitan "del derramamiento del Espíritu Santo y de su
muchos dones sobrenaturales", para que entonces Dios se pueda
manifestar en sus vidas, como en la vida de cada hombre,
mujer, niño y niña de todas sus familias, grandes y pequeñas
en todos los lugares de la tierra. Es por eso, que el hombre
también tiene que esperar en su Dios, para que Él entonces le
envíe el derramamiento de su Espíritu Santo con sus muchos
dones sobrenaturales, de milagros, maravillas y de prodigios,
en la tierra y en el cielo, para que él mismo, como la tierra
y como sus naciones, entonces pueda vivir protegido del mal.

Vivir por siempre para Dios y para su Jesucristo, por
ejemplo, y sólo así entonces sus vidas serian eternamente y
por siempre agradables a su Dios y a su Árbol de vida eterna,
el Señor Jesucristo, en el reino de los cielos y en toda la
tierra, también, para siempre. Y de estos poderes
sobrenaturales, en nuestras vidas de día a día, son
realmente, como en el más allá también, por ejemplo, para
triunfar por siempre, en contra del mal del pecado y de la
presencia terrible de Lucifer y de sus ángeles caídos, para
que no nos hagan tanto daño, como se lo hicieron a Adán y a
Eva.

Porque el enemigo nos ha atacado ya, sin saber nosotros lo
que ha estado haciendo en contra de nosotros y en contra de
nuestro Señor Jesucristo, para destruir nuestras vidas, mucho
antes que nos demos cuenta, de todo lo que Dios significa
para nuestros corazones y para nuestras almas eternas, por
ejemplo, en el paraíso y en la tierra, también. Porque para
poderle hacer frente a nuestros enemigos (y a los enemigos de
nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo), en el paraíso y
en la tierra, también, entonces "tenemos que ser fuertes en
el espíritu de la palabra y del nombre sagrado de su santa
Escritura", la de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, por
ejemplo. Porque de Él han hablado todos los siervos y todas
las siervas de Dios, desde los días de la antigüedad y hasta
nuestros días.

Por cierto, esta es la única manera que nosotros vamos a ser
realmente muy fuertes día y noche en contra de nuestros
enemigos, de los que vemos en la tierra y de los que no
(vemos), como en el más allá, a Lucifer y a sus ángeles
caídos, enemigos de siempre, de Dios y de Jesucristo, por
ejemplo. Entonces si somos fuertes ante el enemigo, entonces
nuestro Dios nos ha de ayudar día a día con cada una de sus
grandes poderes de su palabra y de su nombre, en nuestros
corazones y en nuestros espíritus humanos, para que no
enfermemos con ningún mal del enemigo, sino para que siempre
crezcamos saludables en su Espíritu de vida eterna.

Y sólo así entonces tener las armas poderosas de los dones de
nuestro Dios "activados en nuestros corazones y en nuestros
espíritus", para actuar siempre en contra de los poderes, de
las profundas tinieblas de Lucifer y de sus mentiras, que nos
atacan día a día para alejarnos de Dios y de su Jesucristo,
hasta destruir nuestras vidas por completo. Palabras de
enfermedades y de muertes eternas son estas, de las cuales
han salido de su corazón perdido, sin Dios y sin Cristo, para
no sólo destruir a Eva y a Adán, en el paraíso, sino también
a todos nosotros, de sus descendientes, de todas las
familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de las
naciones del mundo entero.

Por cuanto, el propósito de Lucifer y de su espíritu de error
y de muerte eterna es de destruir toda vida en el reino de
los cielos, en el paraíso y en toda la tierra, también, del
ayer y de siempre. Y de este mal terrible en su corazón
perdido, Lucifer no desea desistir ni por un sólo instante,
en contra de ninguno de nosotros, porque somos muy peligrosos
para él y para su reino, si amamos a nuestro Dios y Creador
de nuestras vidas celestiales y terrenales, por medio del
nombre de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!

Es por eso, que cuando Dios nos crea, entonces también nos
hizo guerreros perfectos, solo en los poderes de su Árbol de
vida eterna, su Hijo amado, para enfrentar a cada uno de sus
enemigos, como Lucifer, por ejemplo, y derrotarlo una y otra
vez, solo con invocar el nombre de Jesucristo, en nuestros
corazones y con nuestros labios, también. Entonces es bueno
para el corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la
niña de toda la tierra, esperar en su Dios y en sus dones
sobrenaturales de su Espíritu Santo, creyendo en su corazón e
invocando con sus labios: el nombre más alto que los dones
del Espíritu de Dios, ¡el Señor Jesucristo! Porque el nombre
del Señor Jesucristo se hace cada vez más poderoso que antes,
en cada corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la
niña de la humanidad entera, sólo de la fe del espíritu de
Dios, en la tierra y en el cielo, también, eternamente y para
siempre.

Por lo tanto, para enfrentar éste terrible mal del enemigo
día y noche en nuestras vidas por la tierra, entonces Dios
nos ha provisto de sus muchos poderes sobrenaturales sin
medida alguna, si tan sólo esperamos en él y, a la vez, somos
firmes por siempre en su palabra y en el nombre sagrado de su
Hijo, el Señor Jesucristo. Porque sólo en creer en nuestros
corazones y de invocarle con nuestros labios, es que
realmente tenemos poderes sobrenaturales, de la vida santa
del reino de los cielos, disponibles para cada uno de
nosotros, a toda hora del día y de la noche, para escapar el
mal del pecado y de la presencia del enemigo eterno, Lucifer.

Además, estos son poderes del más allá, de la vida del cielo,
como de los ángeles y del paraíso como del fruto de la vida
eterna, por ejemplo, es el mismo Señor Jesucristo, ni más ni
menos, para obrar día y noche para bien y protección
constante de nuestras vidas y de nuestras almas ante tan
terribles males del infierno. Males constantes del más allá,
como el de Lucifer y de sus palabras de gran mentira y de
destrucción eterna de nuestras vidas celestiales y
terrenales, también, en el paraíso y en la tierra, de
nuestros días y de siempre, por ejemplo, que jamás se han ido
de nosotros, ni nos han dejado de hacer mal, hasta hoy en
día. Porque las mentiras de Lucifer y de Adán viven en ti, si
es que Cristo aun no ha entrado en tu corazón y en toda tu
vida, por ejemplo, mi estimado hermano y mi estimada hermana
de toda la tierra; por lo tanto, éste es el mayor problema de
todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera.

Entonces tenemos que confiar en nuestro Padre Celestial,
siempre esperando en Él, en el nombre sagrado del espíritu de
su palabra y de su nombre santo y eternamente honrado, el
Señor Jesucristo, para librarnos del mal, de las mentiras de
Lucifer y del mal de la serpiente antigua del Edén, por
ejemplo. Porque así como el hombre que espera en su Dios,
entonces Dios lo bendice grande y ricamente, como sólo Él lo
sabe hacer con su corazón lleno de su Espíritu Santo y de sus
muchos dones sobrenaturales de la vida eterna, para tocar
nuestras vidas y sanarnos de toda mentira, en un instante de
fe, del nombre de su Hijo.

Porque si no creemos en nuestro Señor Jesucristo en nuestros
corazones, entonces las palabras que destruyeron primero a
Eva y luego a Adán y a cada uno de sus descendientes, como tú
y yo, hoy en día, por ejemplo, nos harán daño también
siempre, hasta quitarnos la vida por completo y tirarnos al
fuego eterno del infierno. Es decir, que entonces jamás se
han de ir de nosotros, ni menos nos dejaran de atacar, cada
una de las mentiras y de muertes eternas del corazón perdido
de Lucifer, para seguir haciéndonos daño, como siempre, hasta
destruir nuestras vidas por completo, de sobre la faz de la
tierra, del paraíso y de nuestros días, también. Entonces la
mentira de Lucifer es algo serio en nuestras vidas, la cual
nos hace mentira siempre, sin que nos demos cuenta de nada,
hasta que ya es muy tarde. Pero jamás es tarde para los que
reciben la verdad de Cristo en sus corazones, para ocupar el
mal eterno de la mentira de Lucifer.

Es por eso, que es de suma importancia que el hombre y su
nación crean en su Dios y Creador de sus vidas, por los
poderes sobrenaturales de salud y de vida eterna del reino
celestial, del paraíso y de toda la tierra, también, hoy en
día y por siempre, en la eternidad venidera del nuevo reino
de los cielos. Entonces bendita es la nación que ha sabido
esperar en su Dios, como el hombre y la mujer fieles a su
Dios y salvador de sus vidas, en la tierra y en el paraíso,
el único, el Santo, el salvador del mundo, ¡el Señor
Jesucristo!

Porque "sólo la verdad del Señor Jesucristo" puede destruir
las mentiras de Lucifer y de la serpiente antigua en la vida
de Adán, en nuestros corazones, en nuestras sangres y en
nuestras vidas, en el paraíso, en la tierra y en el más allá,
como en nuestra nueva vida eterna e infinita del nuevo reino
de los cielos. Y esta verdad de Dios y de su Hijo amado, el
Señor Jesucristo, sólo puede venir a nuestras vidas, con los
dones sobrenaturales de su Espíritu, cada vez que creemos en
nuestros corazones y así confesamos con nuestros labios su
nombre santo, el nombre salvador y eternamente gloriosos de
nuestras vidas, en la tierra y el paraíso, ¡el Señor
Jesucristo!

CALLEN DELANTE DE DIOS, EN JESUCRISTO, PORQUE ÉL OBRA / LUCHA
POR USTEDES

Por esta razón, callen delante de nuestro Padre Celestial que
está en los cielos, y esperen en Él, siempre en el nombre
sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, y no tardara
en responder jamás a ninguna de sus oraciones, peticiones,
ruegos, suplicas y demás pedidos ante Él y ante su altar de
gracia infinita de su "Cordero Eterno". En verdad, él siempre
está en el lugar y en la hora, en donde debe de estar por
amor a su nombre santo y por amor a sus fieles, a sus hijos e
hijas, de los que han creído en Él, por el conocimiento
sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en sus
corazones.

Además, sólo nuestro Dios es poderoso para ordenar a los
poderes del mal que se alejen de nosotros y no nos hagan daño
alguno, en el nombre de Jesucristo, el cual ha entrado en
nuestros corazones y le hemos confesado con nuestros labios,
por ejemplo, en el día que comenzamos a creer en el espíritu
vivo de su palabra poderosa. Por lo tanto, no se alteren con
motivo alguno de los que prosperan en sus caminos de rebelión
y de maldad hacia nuestro Dios y hacia su Hijo amado, nuestro
salvador eterno, el Señor Jesucristo: porque los que hacen
maldades ya tienen su recompensa, de parte de nuestro Dios
que está en los cielos, en el día final.

Y nuestro Dios no se ha de olvidar de ninguna de sus
maldades, sino que los ha de juzgar en su justo momento, para
que entiendan sus enemigos eternos, que nos ha amado desde
siempre, a cada uno de nosotros, en nuestros millares, en el
único amor de su corazón sagrado, el Santo de Israel y de las
naciones, ¡Jesucristo! Y éste amor de Dios es único y sagrado
para nuestros corazones y para nuestras almas eternas, en el
paraíso y en toda la tierra, también, y aun hasta en el más
allá del nuevo infinito venidero de su Árbol de vida eterna y
de su humanidad redimida, por la sangre santísima del único
Cordero Eterno, ¡el Señor Jesucristo!

Entonces ningún mal ha de tocar tu morada ni menos tu
corazón, porque Dios mismo vela por ti, porque siempre sus
ojos santos han de estar contemplando: el nombre sagrado de
su Hijo amado, en lo intimo de tu corazón, para ver que
ningún bien de sus dones sobrenaturales te falte a ti ni a
los tuyos, tampoco, para siempre. Porque para esto Dios mismo
te ha llamado, de las profundas tinieblas del más allá,
cuando tomaba tu cuerpo del fango de la tierra, por ejemplo,
para formarte en un hombre o en una mujer para su bien eterno
de su nombre, su gloria santa e infinita, en toda su santa
creación, hoy más que nunca y hasta siempre.

Es decir, que Dios te ha amado desde mucho antes que fundase
el cielo y la tierra con todas sus cosas, para que en tu
corazón "sólo viva" el nombre sagrado de su Hijo amado, el
Señor Jesucristo, para vida y felicidad infinita de tu alma
eterna y de tu nueva vida en Él y en su Espíritu Santo. Por
lo tanto, nuestro Dios ha esperado por ti, con gran paciencia
en su corazón santo, para que en un día como hoy, por
ejemplo, si Cristo no vive en tu corazón, entonces lo recibas
ya, sin posponerlo ni por un sólo instante más, porque los
días sin Cristo son cada vez más peligrosos que antes para
todos.

Y debes recibir a Jesucristo, para que Él mismo comience a
gozarse en tu nueva vida celestial, (¡sí, Cristo se goza en
ti!), la cual Dios mismo ha guardado por ti, para que la
comiences a vivir y a gozar desde ahora, para que muy pronto,
sin más demora alguna entonces entres a su presencia, en su
nuevo reino celestial. Porque el reino de los cielos, así
como el paraíso y su nueva ciudad celestial: ¡La Gran
Jerusalén!, la ha formado Dios con sus propias manos, como
cuanto te creaba a ti, mi estimado hermano y mi estimada
hermana, para que tú vivas en ella con los tuyos, siempre
sirviéndole a Él, por amor a su Hijo, el Señor Jesucristo.

Por eso, no te enojes por el que prospera en su maldad, sólo
espera en tu Dios y Creador de tu vida, que él mismo hará
juicio y justicia por ti y los tuyos, sin ninguna demora
alguna. Él no se ha de tardar, aunque muchos lo tengan por
tardanza; él siempre actúa a tiempo, para hacer lo que es
correcto por amor a sus hijos e hijas, en todos los lugares
de la tierra, comenzando con la casa de Israel, por ejemplo.
Porque sólo Él es el juez de toda la tierra, en el día del
juicio para exaltar, a los que hacen verdad y justicia en sus
vidas, para bien de muchos y para gloria y honra de su nombre
santo, en la tierra y en el cielo, también, hoy en día y por
siempre, en la eternidad venidera.

Visto que, grande es nuestro Dios, Jehová de los Ejércitos es
su nombre, en batalla ante el enemigo de su Hijo amado y de
su causa justa, la vida eterna del reino de los cielos, para
el corazón, de cada hombre, mujer, niño y niña de todas las
familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de toda la
tierra. Por esta razón, porque el bien de Dios y de su fruto
de vida eterna está a tu favor, entonces no te preocupes por
los enemigos de Dios, porque Él es quien está haciendo todo
lo justo y todo lo correcto, por amor a ti y por amor a la
vida de los tuyos, también, en toda la tierra.

Por lo tanto, espera en tu Dios, siempre creyendo en tu
corazón, en el espíritu de los dones sobrenaturales de su
nombre y de su causa justa, por amor a tu misma vida de hoy,
y la que has de recibir en el paraíso, también, totalmente
glorificada y sumamente hornada, en la vida santa y perfecta
del Señor Jesucristo. Causa bendita de sangre sagrada, la
cual ha derramado sobre su altar santo, en la tierra y en el
paraíso, también, para que todo mal sea destruido junto con
el pecado de Adán y Eva, en tu corazón y en toda tu vida, mi
estimado hermano y mi estimada hermana. Y seas por siempre
libre de toda atadura del mal del enemigo y de su mundo de
los muertos, como el infierno o el lago de fuego eterno, la
segunda muerte de todo ángel rebelde y de todo pecador y de
toda pecadora.

Y sólo así entonces puedas vivir feliz con tu Dios y Creador
de tu vida, en la tierra y en el paraíso, también, desde hoy
mismo y por siempre, en la eternidad venidera, en tu nuevo
reino celestial, para el cual Dios te ha creado en sus manos
santas para que entres en ella, lo más pronto posible. Y si
puedes entrar en su nuevo reino celestial ya, como en esta
hora, por ejemplo, entonces muy bien, adelante, nadie te lo
está impidiendo sólo tu falta de amor a la verdad y a la
justicia celestial, Jesús viviendo en tu corazón. Por eso, es
muy bueno siempre esperar en nuestro Dios, por amor a su Hijo
amado, y callar ante el mal del enemigo sin que ninguna
palabra de juicio y de condenación salga de nuestros labios,
en contra de ninguno de ellos, jamás. Porque nuestro Dios es
justo, por lo tanto, todo juicio le pertenece a Él, el Dios
del cielo y de toda la tierra, hoy en día y para siempre, en
el más allá.

Pues entonces en momentos del mal, sea el nombre de nuestro
Dios y de su Hijo amado bendito en nuestros corazones y en
nuestras vidas, para que ninguna palabra de juicio de mal
eterno salga de nuestros corazones y de nuestros labios, para
mal de nadie, ni aun de nuestros adversarios más terribles,
sino sólo salga el amor del SEÑOR. Porque todo juicio le
pertenece sólo a nuestro Dios y Creador de nuestras vidas, el
Dios del cielo y de toda la tierra, nuestro Padre Celestial,
Jehová de los Ejércitos es su nombre eternamente y para
siempre.

Entonces como Él, ninguno de nosotros podrá jamás tener un
Dios igual, ni menos mejor que Él en nuestros corazones y en
nuestras vidas, en la tierra y en el más allá, también.
Porque sólo nuestro Padre Celestial es el Todopoderoso de las
vidas celestiales de los ángeles y de las vidas de todos los
hombres, mujeres, niños y niñas de todas las naciones de la
humanidad entera, para perdonar, para bendecir, para sanar y
para volver a dar vida en abundancia a los que creen Él, por
amor a su Jesucristo.

Por el momento, esperen en el Señor Jesucristo, en el
espíritu de la paciencia perdurable de nuestro Dios y Padre
Celestial que está en los cielos, porque nos ama con su amor
de siempre. Además, porque su venida está más cerca que
nunca, para levantarnos bien en alto, hasta los cielos más
allá de los cielos de los ángeles, a nuestra nueva morada
celestial e infinita, en donde el mal ya no es, sino sólo la
verdad, el amor, la felicidad y el gozo de conocer a nuestro
Dios cara a cara, para siempre. Y hemos de conocer a nuestro
Dios y Padre Celestial de nuestras almas eternas, porque
hemos esperado por Él, a través de los tiempos, sólo con la
fe de su Hijo amado viviendo en nuestros corazones día y
noche y hasta por siempre, en la llegada de su nuevo reino
celestial.

ESPEREN EN EL SEÑOR, PORQUE SU HIJO REGRESA A ISRAEL

Por lo tanto, hermanos, tengan mucha resignación en sus
corazones, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo,
porque él no tarda en cumplir su promesa, de regresar a
nosotros, en todos los lugares de la tierra, para llevarnos
con Él a su nuevo reino celestial. Como el labrador fiel, por
ejemplo, que espera el precioso fruto de la tierra que ha
labrado, aguardándolo con paciencia hasta que reciba las
lluvias tempranas y tardías, para que entonces en su día y en
su hora, poner sus manos a la obra de recoger todos sus
frutos, para alimentar su cuerpo y de muchos, también.

Pues así también tengan ustedes paciencia delante de Dios y
de su Jesucristo, siempre confiando en Él y en su palabra,
porque se ha de cumplir en su hora y sin más demora alguna,
su promesa divina de redimirnos de los males del más allá, no
obstante, los que son imposibles de resolver ya los ha
resuelto en su nombre. Y, además, afirmen sus corazones,
porque la venida del Señor está más cerca de lo que nosotros
hemos pensado jamás; es más, el Señor Jesucristo está más
ansioso en su corazón santísimo, de regresar a nosotros a la
tierra, de que nosotros deseemos en nuestros corazones de que
él regrese ya a nuestras vidas nuevas e infinitas, en la
tierra.

Porque toda palabra de la Escritura apunta al regreso del
Señor Jesucristo a Israel, para levantarse con ellos hasta lo
sumo, hasta la misma presencia de nuestro Dios, y hasta el
lugar en donde nos comenzó a crear en sus manos, para que
seamos sus siervos y sus siervas, todos los hombres, mujeres,
niños y niñas, de la humanidad entera. Y como sabemos que el
regreso del Señor Jesucristo a la tierra está mas cerca que
nunca, entonces seamos pacientes con nosotros mismos y con
nuestro Dios, para que nos bendiga grandemente, en nuestros
corazones y en nuestros cuerpos espirituales y carnales, de
acuerdo a los poderes sobrenaturales, de los dones de su
Espíritu Santo.

Ya que necesitamos de sus ricas y poderosas bendiciones del
reino, siempre para redimir nuestras vidas de los males
eternos de nuestros enemigos de siempre, Lucifer y sus
seguidores brutales e inhumanos, por inicio y por su
naturaleza del espíritu de error, de ser eternamente malvados
contra gentes inocentes y amantes de Dios y de su verdad y
justicia infinita. Y de estos escogidos y muy amados por Dios
y por su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, es cada
uno de nosotros, como tú y yo, mi estimado hermano y mi
estimada hermana, en nuestros millares, de todas las razas,
familias, tribus, linajes, pueblos y reinos de la tierra, del
ayer y de toda la vida, también.

Por ello, nuestro Padre Celestial espera con gran paciencia
en su corazón para redimirnos, sólo por medio de la vida y
del sacrificio de sangre que su Hijo amado ha llevado acabo,
sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén,
en Israel, para podernos amar mucho más que antes, pero sin
la aflicción del pecado. Además, porque los dones del
Espíritu de Dios han descendido del cielo, desde los días del
génesis (génesis 1:2), por ejemplo, para subyugar a cada una
de las profundas tinieblas, de Lucifer y de sus ángeles
caídos, para amarnos mucho más que antes.

Y también, para preparar la pronta venida de nuestro salvador
eterno de siempre, el Señor Jesucristo, a nuestras tierras y
a nuestras vidas eternas, también. Porque hoy más que nunca,
los dones del Espíritu Santo tienen que obrar día y noche, en
los corazones y en las almas vivientes, de cada hombre, de
cada mujer, de cada niño y de cada niña de todas las familias
del mundo entero, para prepararnos para el reino de los
cielos, pero con mayor abundancia de su amor eterno.

En otras palabras, para prepararnos para la pronta llegada
física de nuestro único salvador posible, de nuestras vidas y
de nuestras almas eternas, en el paraíso y en la tierra,
también, el Señor Jesucristo, hoy en día y para siempre, en
la eternidad venidera. Porque para nuestro Dios no hay nadie
mayor en su corazón, ni para el corazón del hombre, de la
mujer, del niño y de la niña, que no sea Él, su Hijo amado,
el Señor Jesucristo, para rescatarnos de todo mal, de la vida
de las palabras mentirosas de Lucifer, en la sangre de Adán y
de sus descendientes.

Es decir, para rescatarnos en un día como hoy, por ejemplo,
de cada uno de los males terribles de Lucifer, en la tierra y
en el más allá, como el infierno o como el lago de fuego, la
segunda muerte del hombre, para que no se pierda jamás su
alma, sino que vea la vida, desde hoy mismo y eternamente. Y
esta vida que todo hombre, mujer, niño y niña, ha de ver en
su día, es realmente la misma vida que nuestro Padre
Celestial le ofreció a Adán y luego a Eva, para que coman de
Él, por siempre, en todos los lugares de su creación, en
donde sea que viviesen, para servir y para adorar a su Dios.

En otras palabras, para que coman día y noche de su fruto de
vida eterna, su Hijo amado, el Señor Jesucristo, su Árbol de
vida infinita, y así jamás ninguno de ellos vea la muerte, en
el paraíso ni en ningún lugar de toda su creación, como la
tierra de nuestros días y de toda la vida, por ejemplo.
Porque esta es la vida perfecta y completa que Dios siempre
ha deseado para todo ángel, arcángel, serafín, querubín y
demás seres santos del reino de los cielos, para poder vivir
con Él, en su tierra santa, llena de paz, gozo, felicidad,
poder, sabiduría, amor y sobre todas las cosas vida en
abundancia para todos, eternamente y para siempre.

Pues así también, nuestro Padre Celestial desea que todo
fuese así con su primera creación de sus manos santas, el
hombre, Adán y sus descendientes, en el paraíso y en todos
los lugares de la tierra. Y esto es, que cada una de ellos,
comenzado con Adán entonces, recibiese en su corazón "la vida
misma", la sangre santísima de la vida perfecta y por siempre
completa, la cual sólo puede hacer feliz el corazón santo de
Dios y de su Espíritu Santo, en la tierra así como en el
reino de Dios, también, para la eternidad.

Pero esto no lo entendió una tercera parte de los ángeles del
reino de los cielos, porque ellos decidieron, junto con
Lucifer, de que deseaban vivir sus mismas vidas, sin la vida
del Árbol de la vida, en sus corazones y en sus días por
venir, en la nueva eternidad celestial de su nueva Jerusalén
Santa y Eterna. Y aquí, los ángeles caídos tropezaron con
Dios y con su Jesucristo, para rebelarse en contra de su
voluntad perfecta, de que su Hijo amado "viviese en sus
corazones", para cumplir toda verdad y toda justicia infinita
a perfección, en el reino de los cielos, con su Dios y
Creador de sus nuevas vidas celestiales.

Entonces Lucifer intento exaltar su vida y su nombre inicuo
más alto que la vida del Árbol de la vida y de su nombre
sagrado, en el corazón santo de nuestro Padre Celestial y en
el corazón del Espíritu Santo, también, en todos los lugares
del reino de los cielos y del resto de la creación celestial.
Esto fue un delirio / ilusión imposible en el corazón de
Lucifer, y él lo sabia muy bien también, porque todo estaba
en contra de él y de sus seguidores; pero, sin embargo, quiso
llevarlo acabo a pesar de toda oposición, porque pensó que
realmente podía más que Dios y más que su Árbol de vida
eterna, ¡el Señor Jesucristo!

En verdad, los ángeles caídos creyeron en que Lucifer podía
exaltar su vida y su nombre inicuo más alto que la vida y que
el nombre sagrado del Señor Jesucristo, en reino de los
cielos y en cualquier lugar de toda la creación infinita. (Es
por eso, que la vida del hombre pecador de la tierra no podrá
jamás ser más rica, más alta, más gloriosa o perfecta que la
vida santa del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo, para
siempre. Y el que crea que su vida es mayor que la del Señor
Jesucristo, entonces está eternamente equivocado, confundido
y perdido en sus tinieblas de siempre.) Y al ver nuestro
Padre Celestial su pecado y su rebelión eterna, en contra de
su voluntad santa y perfecta, para con ellos, entonces los
rechazo por completo, para que no sigan viviendo sus vidas
celestiales los ángeles caídos, en el reino de los cielos,
como siempre, sino que muriesen para la vida eterna, santa y
perfecta, para siempre.

Y es aquí, cuando la misma tierra santa del reino de los
cielos ya no los pudo aceptar ni por un sólo momento más,
porque los pasos de los ángeles caídos no eran de lo mejor
para nuestro Dios, ni menos eran los pasos de su Árbol de
vida, el Señor Jesucristo, como debería de ser con ellos. Por
lo tanto, Lucifer con su tercera parte de los ángeles caídos
tuvo que abandonar la tierra santa del reino de los cielos y
sin Dios, para jamás volver a ella, por su pecado, por su
rebelión y por su maldad infinita en contra de la vida y del
nombre sagrado de su Árbol de vida, ¡el Señor Jesucristo!

Y lo mismo les sucedió a Adán y a Eva, por ejemplo, en el
paraíso. Porque a ellos, Dios los había formado con sus manos
santas, para que viviese la vida de su Árbol de vida eterna,
el Señor Jesucristo, y más no otra vida extraña o diferente a
la de su voluntad santa y perfecta de la tierra eterna, del
reino de los cielos. Y como Adán y Eva no recibieron la vida
del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo, en sus corazones,
entonces la misma tierra santa del paraíso los rechazo, para
que no sigan viviendo en el cielo, hasta que se arrepientan
de su mal y reciban a Cristo en sus corazones, para cumplir
toda verdad y justicia divina en ellos.

Pero mientras tanto, tuvieron que salir del paraíso, porque
en sus pasos no estaban los pasos del Árbol de la vida, el
Señor Jesucristo, sino los pasos extraños y totalmente
diferentes a los de Dios, los pasos de maldición y de muerte
eterna, de Lucifer y de su árbol de la ciencia del bien y del
mal. Es por eso, que tanto los ángeles caídos en el reino de
los cielos y Adán y Eva en el paraíso se rebelaron, sin saber
realmente que era lo que estaban haciendo, en contra de la
perfecta voluntad de Dios, el fruto de vida y de salud
eterna, en sus corazones y en sus vidas gloriosas, felices y
celestiales.

Ellos pecaron, ángeles y hombres, por igual, porque "no
supieron esperar" en su fruto de vida, en su salvador
infinito, en su Dios y Creador de sus espíritus celestiales
con los ángeles y de sus almas eternas con los hombres de
toda la vida, comenzando con Adán y Eva, por ejemplo, en el
comienzo de sus vidas en el paraíso. Y esto fue verdad, en
aquellos días del más allá, y lo es en la tierra hoy, ni más
ni menos, de que aun tienen que comer y beber por siempre, de
los frutos de vida y de salud eterna, de la vida y del nombre
sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, para ver la
vida real.

Es decir, para que ellos al haber creído en sus corazones y
confesado con sus labios, que el Señor Jesucristo es su única
vida perfecta y agradable para el corazón de Dios, entonces
ser aceptados por las tierras y por los cielos santos del
reino de los cielos o del paraíso, por ejemplo, hoy y por
siempre, en la eternidad. Y sólo así entonces cada uno de
ellos, ángeles del reino como hombres de la humanidad entera,
también, en sus millares, entonces pueda recibir la verdadera
vida que agrada a la palabra de la Ley Viviente y el espíritu
glorioso y eternamente santísimo, del corazón de nuestro
Padre Celestial, en el reino de los cielos.

En otras palabras, de que si Lucifer y sus ángeles caídos, y
así también Adán y Eva, sólo hubiesen esperado en el SEÑOR,
para comer de su fruto de vida y beber por siempre de Él,
entonces no hubiesen pecado, ni menos se hubiesen rebelado
jamás en contra de su Dios y Creador de sus vidas, en el más
allá. Realmente, cada uno de ellos, hoy en día, estuviese
vivo y viviendo eternamente y para siempre, en el seno de
nuestro Dios y Padre Celestial que está sentado en su trono
santo, en el reino de los cielos, para sólo conocer con Él:
el amor, la verdad, la justicia, la sabiduría y la vida
infinita, de su nuevo reino celestial.

HAGAMOS EL BIEN SIEMPRE, SIN DESMAYAR, PORQUE JESÚS NOS AYUDA

Por este motivo, no nos cansemos, pues, de hacer el bien en
ningún momento de nuestras vidas; más bien, alentémonos los
uno a los otros, con buenas palabras, con buenas acciones de
fe y de buena voluntad, para hacer siempre, lo que le agrada
a nuestro Dios y Padre Celestial que está en los cielos. Y
esto es, que el nombre de su Hijo amado esté siempre en
nuestros corazones, para cumplir toda verdad y toda justicia,
en cada una de todas las cosas que emprendamos en nuestros
días de vida por la tierra; porque a su tiempo cosecharemos,
la bendición de ver a nuestro Dios cara a cara, si no
desmayamos en esperar.

Por eso, es bueno para nuestros espíritus humanos en esperar
en nuestro Dios y en su Hijo amado, para que nos bendiga y
nos ayuda en cada una de nuestras cosas, cualquiera que sean
todas ellas en nuestro diario vivir, con los poderes
sobrenaturales de sus dones de maravillas, milagros y de
prodigios, en el cielo y en la tierra. Porque nuestro Dios es
Todopoderoso en el cielo y en toda la tierra, también, para
hacer muchas cosas grandes y pequeñas; por eso, para él jamás
ha existido nada difícil ni imposible para alcanzarlo y
lograrlo, en la vida de sus ángeles, en el cielo ni para los
hombres, mujeres, niños y niñas en la tierra.

En verdad, cada vez que hacemos el bien, entonces la
presencia del Espíritu Santo y de sus dones sobrenaturales ha
de abundar en nuestras vidas, para bendición de nuestras
almas eternas y de muchas gentes por doquier, para gloria y
honra del nombre sagrado de nuestro Dios y Padre Celestial
que habita en nuestras alturas. Porque nuestro Dios nos ha
regalado de su Espíritu Santo, desde el comienzo de todas las
cosas, en el cielo, con todos los poderes de sus dones
celestiales y terrenales, para que sean usados en nuestras
vidas, según sean nuestras necesidades de día a día, en la
tierra y en la eternidad venidera, en el nuevo reino de los
cielos.

Y estos dones de nuestro Dios han de actuar en nuestras
vidas, cada uno de ellos, sin jamás fallarnos por ninguna
razón, si tan sólo creemos en nuestros corazones y así
confesamos con nuestros labios: el nombre sagrado de su Hijo
amado, ¡el Señor Jesucristo! Porque los poderes de los dones
del Espíritu de Dios han sido entregados a nosotros, para
glorificar aun mucho más que antes: la vida gloriosa de su
Hijo amado, el Señor Jesucristo, en nuestros corazones y en
nuestras vidas de siempre, en la tierra y en el paraíso,
también, por los siglos de los siglos.

Puesto que, estos dones del Espíritu de Dios no sólo son para
nuestras vidas terrenales, sino fundamentalmente para
nuestras vidas eternas, en el más allá, como en el paraíso o
como en la nueva ciudad celestial del gran rey Mesías, La
Nueva Jerusalén Santa e Infinita, del nuevo reino de los
cielos, por ejemplo. Entonces tenemos que aprender a esperar
y a vivir con ellos, con los dones del Espíritu de Dios, para
comenzar a acostumbrarnos a sus presencias y a sus frutos
sobrenaturales y fabulosos en nuestras vidas y en la vida de
los demás, como familiares y hasta amistades de toda la vida,
por ejemplo, de lejos y de cerca, también.

Es por eso, que nuestro Dios nos comenzó a entregar de su
Espíritu Santo y sin media alguna, para "regar nuestras
vidas", en todos los lugares de la tierra, para luego
entonces ayudarnos a regresar por nuestro camino antiguo del
paraíso y así jamás perdernos en la tierra ni menos en el más
allá. Porque los que caminan en la tierra, como los que
caminan en el paraíso, si no caminan en el camino del Señor
Jesucristo, entonces se han de perder para siempre, en el
mundo de lo desconocido, el mundo de los muertos, como el
infierno o como el lago de fuego, por ejemplo.

Por este motivo, siempre le ha sido bueno al ángel del cielo
y al hombre del paraíso y de la tierra de nuestros días,
caminar en la palabra y en el nombre del SEÑOR, porque como
éste camino único y antiguo no hay otro igual, en el reino de
los cielos, en el paraíso ni menos en la tierra. Además, éste
camino único y antiguo del paraíso es, ni más ni menos, la
vida santa de nuestro salvador, Jesucristo, viviendo en
nuestros corazones y en nuestras almas eternas, que han
esperado tanto para alcanzar tan gran bendición en nuestras
vidas, por amor a Dios y a su perfecta voluntad de vida y de
salud para todo nosotros, para siempre. Porque Cristo ha de
vivir por nosotros, en el cielo, como vivió en la tierra (por
nuestras vidas eternas) para complacer toda verdad y toda
justicia infinita de la Ley y del corazón sagrado y
eternamente perfecto, de nuestro Padre Celestial que está en
los cielos, para la nueva vida eterna del nuevo reino de los
cielos.

Entonces no nos cansemos nunca, de hacer el bien a los demás,
en el nombre sagrado de nuestro único salvador, de nuestras
vidas y de nuestras almas eternas, en el paraíso y por toda
la tierra, también, el Señor Jesucristo. Vivamos ya, como si
estuviésemos viviendo en el cielo, en el paraíso de siempre,
por ejemplo, de Adán y Eva. Porque en el tiempo de nuestro
Dios, hemos de recibir nuestra justa recompensa de: amor,
poder, gloria, santidad, verdad, sabiduría y muchas ricas
bendiciones, de su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo,
si no desmayamos de esperar por Él y en su muchas y buenas
promesas de vida y de salud infinita, de acuerdo a sus buenas
palabras fieles.

Porque Dios mismo nos ha entregado poderes especiales de su
nombre y de su palabra fiel, para nosotros siempre esperar
por Él y por los dones de su Espíritu Santo, para que actúen
en nuestras vidas, sin medida alguna, jamás. Es decir, que el
Espíritu de Dios es para cada uno de nosotros para la
eternidad, para que se quede con nosotros y jamás deje de
descender sobre nuestras vidas, de hoy en día en la tierra y
de nuestras nuevas vidas infinitas, en el cielo o en la Nueva
Jerusalén Santa y Perfecta del más allá.

Y esto ha de ser en nosotros, de los mismos dones de su
Espíritu divino que actuaron en la vida del Señor Jesucristo,
en el paraíso y en Israel, también, por ejemplo, para
bendecirnos por siempre a tiempo y fuera de tiempo, para
ayudarnos a crecer cada día más hacia Él y hacia su nueva
vida infinita, del más allá. Y sólo así entonces
enriquecernos a cada uno de nosotros mismos, en todos los
lugares de la tierra, nuestras almas eternas en su presencia
santa y en la nueva vida celestial de su Hijo amado, su Árbol
de vida y de salud eterna, en el paraíso y en su Nueva
Jerusalén Santa y Perfecta, del nuevo reino de los cielos.

Por lo tanto, ahora más que nunca tenemos que serle fieles a
nuestro Padre Celestial por medio de la vida y del nombre
sagrado de su Jesucristo, para que su corazón compruebe de
que si le amamos, porque esperamos por Él, en las buenas y en
las malas, para que nos ayude a vencer por siempre: ¡el mundo
de siempre! Porque si no esperamos para vivir por Dios y por
su Hijo, en nuestras vidas terrenales, entonces éste mismo
mundo que ya ha sido vencido por el cumplimiento de las
profecías en la vida perfecta y santa de Jesucristo,
realmente nos podría hacer mucho daño de lo esperado, y hasta
quitarnos la vida también, si fuese posible que sucediese
así.

Es por eso, hacer su primer voluntad del paraíso para con el
corazón del hombre, es lo mejor para todos. Es decir, amar
primero a su Hijo amado, Jesucristo, sobre todas las cosas en
nuestros corazones y en nuestras vidas de siempre del paraíso
o de la tierra de nuestros días, para que nuestro Dios sea
feliz por siempre con nosotros, en nuestros millares, en
todos los tiempos y lugares de la tierra.

SI HACEN LA VOLUNTAD DE DIOS, ENTONCES SÓLO HAY BENDICIÓN

Y esto es bendición tras bendición, hasta que sobreabunde en
toda la tierra, en el corazón y en el alma viviente de todo
hombre, mujer, niño y niña, de la humanidad entera y hasta en
el paraíso también, para los que han regresado a sus vidas
celestiales de siempre, por las cuales Dios mismo los creo en
sus manos sagradas. Por eso, es siempre de buen esperar en
nuestro Padre Celestial, que con toda la confianza de
nuestros corazones, centrada en la vida de su Hijo amado y de
su nombre santo y eternamente sobrenatural, para perdonar
nuestros pecados y llenarnos de vida y de salud eterna, en la
tierra y en el cielo, también, para la eternidad venidera.

¿Porque de donde va a sacar nuestro Dios poder sobrenatural,
para perdonar nuestros pecados y para llenarnos día y noche
de sus dones sobrenaturales de su Espíritu Santo? Si no es
sólo de la vida misma, de toda la vida del reino de los
cielos, del Árbol de la vida, su Hijo amado, el Cristo de
Israel y de la humanidad entera. Por eso, el que hace la
voluntad de Dios, y esto es de creer en su corazón que
Jesucristo es su Hijo amado, entonces tiene perdón de sus
pecados, para pasar de las tinieblas, a la luz de la vida
abundante del paraíso o del nuevo reino de los cielos, como
La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del más allá.

Dado que, sólo el Señor Jesucristo viviendo en nuestros
corazones y en nuestro diario vivir, delante de Él y del
mundo en que vivimos, es, realmente, toda la voluntad
perfecta de su corazón celestial y de su Espíritu Santo, en
el cielo y por toda la tierra y hasta aun más allá del nuevo
infinito venidero, por ejemplo. Por esta razón, todo aquel
que espera en su Dios y Creador de su vida, en el nombre del
Señor Jesucristo, entonces los dones sobrenaturales del
Espíritu comenzaran a obrar en su vida, para que todo lo que
ha esperado de Dios, se le haga realidad en su vida, si no es
hoy pues lo más pronto posible desde luego.

En vista de que, ésta voluntad perfecta que Dios nos ha
pedido, comenzando con Adán y Eva, en el paraíso, no es
diferente en nada a lo que Dios mismo les ha pedido a sus
ángeles del reino de los cielos, grandes y pequeños, a todos
por igual, desde los días de la antigüedad y hasta nuestros
días, por ejemplo. Y esto es, de que el Señor Jesucristo sea
el rey Mesías de sus corazones y de sus vidas celestiales, en
la tierra y en el más allá, también, como en el paraíso o
como en el reino de los cielos, para miles de siglos
venideros, en su nueva eternidad venidera.

Por lo tanto, lo que Dios le pidió a Adán y a cada uno de sus
descendientes ha sido real y verdadero, lo justo, lo
suficiente, como en el corazón de cada ángel, arcángel,
serafín, querubín y demás seres santos, del reino de los
cielos, que sólo le amen a Él, por medio de su Hijo amado, el
Señor Jesucristo. Porque fuera del Señor Jesucristo, Él no
podrá jamás atender ni menos conocer a nadie, como Dios
soberano de sus vidas, sea ángel del cielo u hombre del
paraíso o de la tierra, de nuestros días y de siempre, por
ejemplo.

Por esta razón, desde los primeros días de la antigüedad y
hasta nuestros días, todo aquel que espera en Él, en la vida
y en el nombre sagrado de su Hijo amado, su único Árbol de
vida eterna, en el reino de los cielos y en su nueva creación
venidera, entonces tiene una nueva vida infinita asegurada en
su Hacedor. Una vida totalmente nueva a la suya a la de
siempre en la tierra, toda repleta de bendiciones celestiales
y terrenales para su corazón y para su alma viviente, de hoy
en adelante, en la tierra y en el paraíso, también, como en
su nuevo lugar eterno del más allá y de siempre, en el reino
de los cielos.

Por eso, es muy bueno para la vida del hombre hacer la
voluntad perfecta de Dios en su corazón, lo mucho antes
posible, desde hoy mismo, por ejemplo, si fuese posible
hacerlo así para complacer a nuestro Padre Celestial y a su
Ley Viva de su corazón santísimo. Y esto es de recibirle a su
Hijo y, a la vez, de amarle diariamente para que no mueran
sus almas por sus caminos antes que entren al más allá, a las
tinieblas de sus vidas de siempre, para volver a morir, pero
esta vez para siempre, sin la posibilidad de resucitar para
ver la nueva vida infinita del cielo.

Peligrosamente, para volver a morir todos ellos, como cuando
estaban muertos y perdidos en las profundas tinieblas del
polvo de la muerte, en el día que Dios comenzó a formarlos en
su imagen y conforme a su semejanza perfecta, por ejemplo. Y
esto es para volver a morir por segunda vez, no de la carne
sino de su alma eterna, en el lago de fuego, en su segunda
muerte final, por no haber amado a su Dios y Creador de sus
almas eternas, mientras vivían sus vidas normales y hasta
pecadoras en la tierra, de nuestros días, por ejemplo.

Y, además, también, porque sus nombres no han de estar
escritos en "el libro de la vida eterna", en el reino de los
cielos, por culpa de su rebelión a Cristo, para poder
entonces entrar a la vida infinita del nuevo reino de los
cielos, con Dios y con su Árbol de vida, su Hijo amado, el
Señor Jesucristo. Pues para evitar juicios y condena de esta
naturaleza, entonces es mejor mantenerse callados ante la
presencia de Dios y no dejar que ninguna palabra o acción
negativa salga de nosotros, para que no seamos encontrados
culpables y dignos de juicio eterno, de parte de nuestro
Padre Celestial de nuestras almas eternas, y único juez justo
de la humanidad entera.

Por este motivo, no se alteren jamás sus corazones ni de
ustedes salgan palabras que les lleven a juicio y condena
eterna de sus almas vivientes, porque nuestro Dios es quien
realmente lucha día y noche por nosotros, para que nuestros
enemigos de siempre dejen de ser eternamente y para siempre,
en la tierra y en el más allá, también. Es por esta razón,
que el infierno y así también el lago de fuego vino a
existir, para hacer desaparecer, de una vez por todas y para
siempre, a cada uno de los enemigos de Dios y de su
Jesucristo, en el reino de los cielos, en el paraíso y por
toda la tierra, también.

Porque ya muy pronto no los verán en ningún lugar de la
tierra, porque Dios mismos los habrá borrado con su borrador
santo de los dones sobrenaturales de su Espíritu Santo, de
sobre toda la faz de la tierra; y sus nombres no han de ser
conocidos nunca más, por nadie, ni menos se han de volver a
mencionar, tampoco. Porque es nuestro Dios quien juzga toda
palabra y acción del pecador y de la pecadora, enemigos
eternos de Dios y de su Jesucristo, en la tierra y en el más
allá, también, entre las llamas eternas del fuego eterno del
infierno, por ejemplo.

Es por eso, que cuando vean al malvado hacer sus cosas como
de costumbre en contra de gente inocente, entonces no se
alteren sus corazones por sus palabras o por sus acciones,
solamente dejen que los poderes sobrenaturales de los dones
del Espíritu de la palabra y del nombre de nuestro Dios, como
el Señor Jesucristo, hagan sus obras justas. Para que
entonces Dios mismo obre a su favor, para entregarles su
victoria justo en su día y en su momento, sin más demora
alguna.

Y sólo así entonces entenderán sus corazones y sus almas, de
que no sólo Él los ha amado con su amor eterno de toda una
vida celestial y eternamente gloriosa, desde la antigüedad y
hasta nuestros tiempos, sino que también guarda sus vidas,
como la de Él mismo y la de su Hijo, con gran celo en su
corazón santísimo. Es por eso, que todo aquel que espera en
su Dios y Creador de su vida, en el nombre sagrado de su Hijo
amado, entonces tiene vida eterna asegurada en Él, en esta
vida y en la venidera también, como en su nueva ciudad
celestial e infinita del nuevo reino de los cielos.

Además, esta ciudad única, formada de acuerdo al corazón
santo de Dios, para vivir con todos los que le aman a Él, en
el espíritu y en la verdad de su justicia infinita de su
pacto eterno, el Señor Jesucristo, es La Nueva Jerusalén
Santa y Perfecta del nuevo reino de los cielos, en el más
allá. Por esta razón, todo aquel que espera en el Señor sea
hombre, mujer, niño o niña de toda la tierra, ha de recibir
perdón de sus pecados día y noche, bendiciones tras
bendiciones, en cada momento de su vida por la tierra, hasta
que entre a su nuevo lugar eterno, en el perfecto amor de
Cristo, al reino de Dios.

En verdad, la nación que ama el nombre de Dios, ciertamente
ha de ser llena de vida eterna, hasta que sobre abunde en
todas las más ricas bendiciones: de amor, paz, gozo,
felicidad, poder, sabiduría, de parte de Dios y de su Árbol
de vida eterna, en esta vida y en la venidera, también, del
nuevo reino de los cielos. Por eso, calle todo hombre, mujer,
niño y niña de todas las familias, razas, linajes, tribus,
pueblos y reinos de la tierra, delante de su Dios y Creador
de sus vidas, para que no salga hacia nadie ninguna palabra
ni acción ofensiva / negativa de sus cuerpos santificados por
el espíritu de la palabra y del nombre del Señor Jesucristo.

Porque el SEÑOR es quien realmente cuida y lucha por ustedes,
por medio de los dones de su Espíritu Santo y de la sangre
bendita y eternamente honrada de su Hijo amado, el Señor
Jesucristo, ¡el único Hijo posible, Sumamente santo y
perfecto para Israel y para la humanidad entera! Por eso,
sigan esperando por el SEÑOR, en el nombre del Señor
Jesucristo, porque él está más cerca que nunca de sus vidas.
Puesto que, mientras esperan en Él, entonces ha de estar
obrando incansablemente en sus en sus corazones y en sus
vidas, estén cerca o lejos de Él, para perdonarles sus
pecados y así llenarnos de vida abundante, para que sus
corazones sanen y sus cuerpos ya no sufran más el flagelo del
mal del enemigo de Dios y de sus almas eternas.

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su
Jesucristo es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en
el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman,
Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para
siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el
Señor Jesucristo.

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo
a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un
tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en
tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre
Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un
fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos
termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es
verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán
atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego
del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de
Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí
contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo.
Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en
Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos
de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de
espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de
los tuyos también, en la eternidad del reino de Dios. Porque
en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y
exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos
ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra,
cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de
bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad,
cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada
vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas
bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa
del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo
amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de
las naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en
tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha
venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza
de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas
ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos,
sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a
los que me aman y guardan mis mandamientos".

TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová
tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre
en vano".

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para
santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero
el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en
ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está
dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del
sábado y lo santificó".

QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que
tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te
da".

SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de
tu prójimo".

DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu
prójimo".

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno
de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus
ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así,
en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos,
también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde
los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas,
en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos
males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en
abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas
familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y
digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de
la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y
salvador de todas nuestras almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el
cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en
tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre
Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no
perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará
vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO,
sino es POR MÍ". Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA
TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de
éste MUNDO y su MUERTE.

Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al
tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que
entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ
DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di:
Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a
venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No
_____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con
Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate
en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de
Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del
evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender
más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros
cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes
temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio,
entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia,
para ver que clase de libros están a tu disposición, para que
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti,
para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su
Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de
hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la
paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras
oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras
bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y
nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos
los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis
hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre
Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en
el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de salmos 150, en la Santa Biblia, declara el
Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y
asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de
Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo
corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas,
como antes y como siempre, por la eternidad.



http://www.supercadenacristiana.com/...player-wm.asp?
playertype=wm%20%20///




http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx




http://radioalerta.com



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