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| Sábado, 09 de febrero, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo) LA JUSITCIA ENRIQUECE LA VIDA, PERO EL PECADO LA EMPOBRECE: La justicia engrandece a la nación <<porque es el Espíritu del Señor Jesucristo en su función espiritual>>, pero el pecado es afrenta para sus pueblos y para la humanidad entera, también, <<porque proviene directamente de Satanás>>. La justicia es como el fruto del Árbol de la vida eterna, nuestro Señor Jesucristo, <<enriqueciendo siempre para bien>>: pero el pecado es como lo de siempre, el fruto prohibido <<para no tocar ni menos comer de él jamás>>, para no desagradar a nuestro Padre Celestial, como Adán le desagrado amargamente su corazón santo en el día de su desobediencia. En verdad, la justicia es de Dios de medio a medio, como lo más precioso de su corazón santísimo y, por tanto, <<enriquece profundamente>> el corazón, el espíritu, el alma y el cuerpo humano de todas las familias de las naciones de la tierra, y jamás hace excepción alguna de ninguna persona o personas. Pero el pecado <<es el mal de Satanás>>, como lo más horrendo de la vida pecadora y rebelde a Dios y a su Ley Santísima, por el cual la humanidad entera jamás ha deseado vivirlo para no sufrir pobreza alguna, desde los días del paraíso y hasta nuestros tiempos, por ejemplo. Ciertamente, el pecado <<es esa vergüenza sin valor espiritual>> que Adán y Eva sintieron primero delante de la presencia de nuestro Dios y de su Árbol de vida, después de haber comido del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, para mal de sus vidas celestiales y para mal eterno de muchos, a la vez. Y, desde entonces acá, <<la mancha del pecado habita en la sangre del pecador y de la pecadora>>, para sólo conocer tinieblas tras tinieblas, de mentiras y de calumnias terribles, como el mismo corazón de Satanás, por ejemplo, en la tierra y así también en el más allá, como en el fuego eterno del infierno y del lago de fuego. Porque la verdad es que en el pecado, sea grande o pequeño, <<no tiene luz alguna, ni menos bien alguno para nadie>>, en esta vida, ni menos en la venidera tampoco, eternamente y para siempre. Y esto es verdad para todo ser viviente del cielo, como los ángeles caídos o como Adán y Eva del paraíso y sus descendientes en todos los lugares de la tierra, para <<sólo conocer la vida de Satanás y de su pecado original>> y más no el Espíritu enriquecido y prospero del fruto de la vida de nuestro Salvador Jesucristo. Es por eso que <<el hombre sufre todas clases de males de las enfermedades terribles de Satanás y de sus ángeles caídos>>, también, día a día en su vida por la tierra, y hasta que finalmente cae abatido y muere por sus muchos errores y por sus males terribles entre las llamas ardientes del fuego eterno del infierno. Y <<el infierno no es como el paraíso de Adán y Eva>>, en donde se puede comer libremente, como en la tierra de nuestros días, por ejemplo, de la palabra de vida de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo y de su Hijo amado, ¡el Árbol de la vida! El infierno es real e igual de candente como el Sol de nuestros cielos y de nuestro sistema solar, para devorar las almas pecadoras para siempre, <<porque gusta mucho del sabor del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal, en el pecador y en la pecadora de toda la tierra>>. Y el infierno es una masa gigante y destructiva del más allá, la cual nada ni nadie la podrá satisfacer jamás <<de tragar espíritus caídos del cielo y de almas perdidas y sin Jesucristo>> en sus corazones; es más, y hasta aún Satanás y sus ángeles caídos le temen formidablemente. Entonces el que no come de Dios, ni del Espíritu de su palabra viva, ni de la sangre de su Árbol de vida eterna, pues simplemente <<muere como todo rebelde y pecador del paraíso o de la tierra>>, para no vivir más con Dios en el cielo, sino en otro lugar, como el infierno o el lago de fuego, por ejemplo. Porque el fin de todo pecado <<es la muerte>>, en el paraíso, en la tierra y así también en el más allá: en donde el pecador espera por la muerte de su corazón y de su alma infinita, para <<no volver a ver la luz del día jamás>>, sino sólo las hondas tinieblas de la muerte eterna. El infierno inhumano y fiero, en donde <<no hay justicia>>, sino sólo la injusticia tras injusticia interminable y terrible de los corazones rebeldes y pecadores, de los cuales vivieron sus vidas en la tierra siempre desafiando y menospreciando a Dios y al nombre sagrado de su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Por lo tanto, en el infierno no hay justicia alguna, sino todo lo contrario, como de lo que seria haber comido y bebido del fruto del Árbol de la vida eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo!, en obediencia perfecta e infinita a nuestro Dios y a su Espíritu Santo, para que <<sólo así entonces seamos parte eternal de la rectitud imperecedera del cielo>>. Es por eso que cuando la alma pecadora y sin Jesucristo en su corazón muere y desciende al infierno, entonces lo primero que siente en su espíritu y en su ser viviente <<es una sed y hambre más allá de todo sentido humano en su corazón>>: por la justicia viva del fruto del Árbol de la vida, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Y no la encontrara ya más, como en su frecuente caminar por la tierra, porque <<su tiempo de creer en el Señor Jesucristo en su corazón, como su único y suficiente salvador de su alma eterna ya termino en su vida>>, delante de Dios y de su Espíritu Santo para no regresar a su vida normal del paraíso jamás. Por lo tanto, lo único que le resta a esa alma sin Jesucristo en su corazón y entre los terribles lugares del infierno, <<es esperar por su juicio final>>: en donde nuestro Padre Celestial decidirá su veredicto final para la eternidad venidera (de acuerdo a lo que esté escrito de él o de ella, en los libros del cielo, por ejemplo). Porque en los libros de los cielos, todo lo que el hombre piense, haga, diga, sienta y, por lo tanto, viva en su corazón y en todo su ser viviente <<está escrito por los ángeles del SEÑOR>>, para ser leídos por vez primera en el juicio final de nuestro Dios, para juzgar todas las cosas, grandes y pequeñas. Para que de esta manera, <<todo pecado>> y, por ello, <<toda injusticia sean llevados juntos a su justo juicio final>> de nuestro Dios y de su Cordero Inmolado para su condena eterna, en el lago de fuego: en donde no volverán a hacer de las suyas jamás, como siempre, en la vida de todo ser viviente de la creación de Dios. Y así <<nadie jamás se habrá burlado de Dios y de su Jesucristo>> ni el paraíso, ni la tierra, ni menos en el más allá, como entre las llamas de la ira de Dios y de su Espíritu Santo en el infierno y en el lago de fuego (la muerte de la muerte, para que ya no haya más injusticia). En verdad, cuando el ángel de la muerte muera, entonces <<habrá acabo infinitamente la injusticia de todo pecado y de cada una de sus hondas tinieblas de Satanás y de cada pecador y de cada pecadora>> del paraíso y de toda la tierra, también. Y sólo entonces finalmente <<el ángel de la muerte tendrá que morir su muerte>>, como todo vil pecador, delante de Dios y de su Jesucristo: en la medida en que, fue el Señor Jesucristo quien le manifestó a la muerte, por vez primera en su vida mesiánica en Israel, por ejemplo, que moriría por su poder y por su justicia. Y le dijo abiertamente y sin más preámbulos: <<Muerte, yo soy tu muerte>>. Y <<estas son palabras de gran temor para el ángel de la muerte>>, las cuales no conocía aún, ni le habían pasado por su mente jamás, sino hasta que Dios se las revelo a él, por medio de su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Y la razón porque nuestro Señor Jesucristo puede destruir a la muerte eternamente, será porque no sólo es el Hijo de Dios, sino porque <<él es la justicia fundamental del corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera>>, en la tierra y así también en el juicio final de las cosas y para siempre en la eternidad. Por lo tanto, la justicia viviente de Dios en nuestros corazones, la cual siempre ha sido nuestro Señor Jesucristo, pues <<destruirá finalmente al ángel de la muerte>>, en su lugar único y eterno del más allá, en el lago de fuego. Es decir, como cuando así la muerte se agradaba en matar, destruir y de lanzar almas perdidas y sin Jesucristo en sus corazones al infierno, en los días de sus muertes: <<pues, la justicia divina del cielo hará lo mismo con él en su día final para suprema justicia final de nuestro Padre Celestial y de su humanidad entera>>. En verdad, la justicia real y verdadera de nuestro padre Celestial y de su Espíritu Santo, la cual existe en el corazón de cada una de las victimas de la muerte, lo entienda o no, lo matara a él mismo, para destruirlo y lanzarlo al lago de fuego, para que guste de su propio mal eterno y entonces muera por fin. Ahora la justicia de nuestro Señor Jesucristo sea que creamos en él o no, en realidad esa misma justicia celestial, sagrada y bendita, la cual nuestro Padre Celestial le entrego a Adán y así también a cada uno de sus descendientes, también, pues acabara para siempre con el mal del ángel de la muerte: <<lanzándolo al lago de fuego eterno>>. Y sólo entonces ya nadie morirá, ni menos los animales de la tierra, ni los seres vivientes del más allá, tampoco, por ejemplo; pues la felicidad total del corazón de Dios ha llegado a cada uno de nosotros, por fin. Por ello, gracias a nuestro Señor Jesucristo, por su grandeza y por su justicia infinita, entonces nosotros mismos, seamos pecadores o no, terminaremos con el ángel de la muerte: <<destruyéndolo en su día final y lanzándolo al lago de fuego, para que no vuelva a afligir a ninguno de los seres creados por las manos de nuestro Dios: ¡el hombre>>! Pues quizás tú no creas que has de destruir a la muerte en su ultimo día de vida, pero así ha de ser, sea que creas o no en el Señor Jesucristo en tu corazón, porque <<esto es obra para justicia eterna de nuestro Dios, por medio de su Árbol de vida eterna del paraíso y de toda la tierra>>. Porque es el mismo Espíritu de la justicia infinita y muy santa de nuestro Señor Jesucristo, la cual le ha de dar gloria y honra a nuestro Padre Celestial que está en los cielos: <<en el día que elimine al ángel de la muerte, junto con el pecado y con cada una de sus hondas tinieblas del corazón de Satanás>>. Y sólo así entonces <<la humanidad entera gozara su primer día de vida, de paz y de felicidad infinita y sin Satanás en su derredor>>, para vivir por siempre y para siempre para nuestro Padre Celestial que está en los cielos, únicamente por medio del Espíritu de su fruto de su nueva vida infinita, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Y este ha de ser nuestro primer día lleno de gozo, de gran altura e inmensurable de bendiciones, la cual <<sólo la puede impartir una vida humana pura y santa, como nuestro Jesucristo para nuestro Dios>>, en cada uno de nosotros, en nuestros millares, en el paraíso y así también en la tierra, sin el espíritu de injusticia de Satanás, para siempre. Es por eso que toda nación que ama a su Dios y a su Jesucristo, verdaderamente, <<es engrandecida por éste gran Espíritu de justicia eterna>>, en los corazones y en las vidas de cada uno de sus ciudadanos, delante de nuestro Dios y de su Espíritu Santo, para que haya por siempre paz, gozo, felicidad y poder en sus días porvenir. Porque en el mundo en que vivimos necesitamos cada una de estas cosas maravillosas, gloriosas y hasta milagrosas de Dios y de su Árbol de vida y sobre todas las cosas poder, siempre mucho poder: <<para poder entonces vivir una vida compatible y agradable a nuestro Dios y al único Espíritu Santo de su Ley Viviente>>. Y el pecado de cada nación finalmente ha de morir en el lago de fuego, después del gran juicio final de nuestro Padre Celestial y de su Cordero Escogido, para que <<la humanidad tenga su primer día lleno de gozo y de felicidad infinita por vez primera, sin la presencia terrible de Satanás y de su ángel de la muerte>>. Porque Satanás y el ángel de la muerte han de morir, <<en el día que cada injusticia y cada pecado sea juzgado por nuestro Dios>>, de acuerdo a cada palabra y acción de Adán y de sus descendientes, en el paraíso y en la tierra, para que por fin reine la justicia con libertad eterna sobre los pueblos de la tierra. EL QUE NO HACE EL BIEN PECA Y VIVE EN OPOSICIÓN DE JESUCRISTO Por tanto, al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, pues <<eso le es contado por maldad, por pecado y por injusticia eterna>>, si no se arrepiente, cuanto antes mejor, del mal terrible de su corazón ciego por las tinieblas de su pecado original. Es decir, que cuando no hace lo que aún sabe hacer en su vida, aquella persona para alcanzar el bien de otros, entonces <<es como si hubiese cometido algún tipo de crimen delante de Dios y de su Jesucristo>>, por ende, le es contado como injusticia, como falta de equidad para ser castigado estrictamente por la palabra de la Ley Viviente. Porque nuestro Padre Celestial no le ha dado dones a los hombres y muchas otras habilidades especiales en sus vidas, para hacer el mal, sino <<para trabajar y promover siempre el bienestar de los demás, comenzando con ellos mismos para ser el buen ejemplo a seguir de sus semejantes, por ejemplo>>. Y nuestro Dios desea que cada uno de nosotros descubramos nuestros dones y habilidades especiales en nuestras vidas, para <<derrotar a cada una de las tinieblas del pecado y de la injusticia en la vida de muchos desdichados de la tierra>> (como de los que aún no conocen lo que es comer del Árbol de la vida en oración, por ejemplo). En vista de que, todos los que hacen el mal siempre, <<es porque no conocen en sus corazones al Hijo amado de Dios>>, nuestro Señor Jesucristo: <<como el Hijo de David para la nueva eternidad venidera de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo>>. Y esto es realmente para vivir desde ya, como si estuviéramos ya viviendo en el paraíso o en la nueva Jerusalén del cielo, para <<alimentarnos día y noche sólo en el espíritu de la verdad, de la justicia y del derecho de comer y de beber del Árbol de la vida eterna, nuestro único gran rey Mesías posible>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! Y como las multitudes y sus pueblos eternos no conocen ésta gran verdad firme e imparcial del paraíso en sus vidas, entonces <<pecan y obran siempre día y noche para mal de sus vidas y para la injusticia de muchos, también, desdichadamente>>. Es por eso que sobreabunda en muchos lugares el pecado y la injusticia de aquellos que no han conocido jamás en sus corazones: <<la justicia divina de Dios y de su nueva vida venidera, ¡nuestro Señor Jesucristo!, el único Santo del cielo y de la humanidad entera>>. Es decir, también, que mucha gente actúa mal y peca indiscriminadamente y, por tanto, hace muchas malas obras en sus vidas, porque no conocen al Señor Jesucristo, como deberían conocerle a él, como <<su único y suficiente salvador de sus vidas>>, ¡el fruto de vida eterna de nuestro Padre Celestial para sus almas hambrientas y sedientas por la justicia perpetua! Y el que come del Señor Jesucristo día y noche en oración, entonces <<ya no vive para las tinieblas y su injusticia de siempre, como la injusticia destructora de pueblos del pasado, por ejemplo, sino que vive para la luz y para la verdad infinita de la nueva vida eterna de Dios y de sus ángeles gloriosos, del nuevo reino celestial>>. Porque con el Señor Jesucristo en los corazones de las multitudes de los pueblos de la tierra, entonces <<ya no hay injusticia ni pecado alguno>>, tan sólo desde el momento maravilloso, prodigioso y milagroso, como cuando comienzan a orar y a creer en sus corazones y a confesar con sus labios, por ejemplo, el nombre sagrado de nuestro Salvador Jesucristo. Por eso los que aman a nuestro Padre Celestial verdaderamente en sus corazones eternos, entonces <<esto significa que nuestro Señor Jesucristo ya no es desconocido en sus espíritus humanos>>, sino que vive para darles poder continuamente para caminar por siempre: <<únicamente en la verdad y en la justicia salvadora del paraíso y del nuevo reino de los cielos, por ejemplo>>. Y, de esta manera, <<ya no abunde la mentira, la calumnia, el pecado y la muerte del corazón de muchos>>, sino sólo la verdad de Dios y la justicia infinita de su Hijo amado, nuestro Árbol de vida eterna, en la tierra y en el paraíso, para siempre. Para que entonces así: <<únicamente abunde mucho más la luz del Árbol de la vida, que las tinieblas de Satanás>>, no sólo en los corazones de las multitudes de los pueblos, sino también en los vastos espacios de la tierra; es decir, para que el mundo entonces <<sea la luz del unigénito y más no de las tinieblas de Satanás>>. En otras palabras, cuando el pecado y la maldad abundan en algunos lugares de la tierra, <<es porque Jesucristo no está en sus corazones, sino Satanás>>; y, por ello, la gente sufre males terribles, <<sin tener que sufrirlos jamás realmente, por voluntad sagrada de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, porque han sido declarados eternamente libres en su Jesucristo>>. Además, cuando la gente por todos lados abunda en muchas buenas obras, entonces <<esto significa que el Espíritu del nombre y de la sangre del Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, está en sus corazones y en sus vidas>>, para dar buenos frutos y en abundancia también, siempre para facilitar milagros, sanidades sobrenaturales y el bien eterno de muchos. Y, de esta manera única, entonces <<la tierra ya no seria tinieblas por culpa del pecado y de la injusticia de Satanás, sino luz, vida, alegría, fe y salud en abundancia>>, porque muchas gentes han de estar haciendo la voluntad de Dios, y esto es de creer e invocar el nombre de su Jesucristo constantemente, como en el paraíso, por ejemplo. Por ello, fue que nuestro Padre Celestial llevo de la mano a Adán al pie del Árbol de la vida, <<para que haya siempre luz de vida y de salud infinita en el paraíso y más no tiniebla de ningún mal de Satanás>>, como las enfermedades del infierno y hasta la muerte del ángel de la muerte, por ejemplo. Además, nuestro Padre Celestial quería que Adán comiese y bebiese del Árbol de la vida eterna, cuanto antes mejor, <<para que ninguna tiniebla de Satanás nazca en el paraíso>>, como sucedió con los ángeles caídos en el reino de los cielos, amenazando / amargando así la paz y la gloria de toda una vida antigua y muy santa del cielo. Y los ángeles caídos se perdieron con el pecado y las muchas tinieblas de Satanás en sus corazones, <<porque sabiendo hacer lo bueno no lo hicieron>>, como escapar de la maldad del enemigo numero uno de Dios en sus mismos corazones, por ejemplo: <<con tan sólo aceptar a Jesucristo en sus vidas antes que el mal del pecado rebelde de Satanás>>. Y como los ángeles caídos no hicieron el bien que sabían perfectamente hacer, para derrotar a Satanás y su plan diabólico de transformar el reino celestial en un mundo de tinieblas, entonces <<nuestro Padre Celestial los desecho de su presencia y no quiso perdonar sus pecados>>, aunque muchos lo buscaron de todo corazón y con grande llanto en sus espíritus celestes. Y a muchos de estos ángeles caídos en la iniquidad y en el desdeño de sus tinieblas imperdonables, por ser muy poderosos en si, entonces <<nuestro Padre Celestial los encadeno en calabozos terribles en los hondos abismos del infierno, para ser llevados a su juicio final muy pronto>>. Porque si Dios no los hubiese encadenado a estos ángeles poderosos de gran maldad, entonces <<la vida de la tierra fuera aún mucho más terrible que los días de Noé, por ejemplo>>: en donde el Espíritu de su palabra viva y del sacrificio eterno de su Hijo amado no hubiese sido posible predicar a las gentes, para perdón de sus almas. Es por eso que nuestro Padre Celestial tiene a muchos de estos ángeles caídos amarrados en el Abismo aún, reservados para el día de su juicio final para ser juzgados: <<por lo que pensaron, por lo que sintieron, por lo que dijeron con sus labios en contra de él y de su Árbol de vida eterna, nuestro único Salvador Jesucristo>>. Y su acusación celestial será entonces en aquel día: ¿Por qué hicieron el mal de rebelarse en contra del Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, conociendo en sus corazones que únicamente él es el Hijo de Dios, para gloria y honra infinita de su nombre santísimo en el reino de los cielos y en la nueva era venidera, también? Y los ángeles rebeldes <<no tendrán defensa alguna para justificar su mal proceder>> ante Dios y ante su Espíritu Santo y su Árbol de vida eterna de todo ser viviente, nuestro Salvador Jesucristo; por lo tanto, en el día del juicio <<no tendrán perdón alguno por sus pecados e injusticias>>, sino sólo un lugar asegurado en el lago de fuego. Y, básicamente, <<es la misma denuncia en contra de todo pecador y de toda pecadora de toda la tierra>>, los cuales estarán en su día del juicio final delante de Dios y de su Cordero Escogido, para ser juzgados finalmente por su mal proceder en contra de Él y de su Jesucristo. Y nuestro Padre Celestial y su Espíritu Santo <<no desean que estemos ahí, condenados juntos con los ángeles caídos>>, en aquel día del juicio final, sino que <<estemos con su Jesucristo de nuevo de regreso a la vida santísima del cielo y del paraíso, sólo por haber invocado con nuestros labios en oración su nombre salvador y milagroso, ¡nuestro Señor Jesucristo! Dado que, sólo nuestro Señor Jesucristo <<tiene los poderes y autoridades sobrenaturales en el Espíritu de su sangre y de su nombre milagroso, para perdonarnos nuestras injusticias y pecados>>, para hacernos libres, limpios y llenarnos a la vez, infinitamente de su nueva vida eterna, la cual nuestro Dios ama de todo corazón desde siempre, para cada uno de nosotros. Y, además, <<escaparemos el mal del juicio final>> de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo para todo pecador de toda la vida de la tierra, porque <<nuestros nombres han de estar escritos en el libro de la vida>> (el cual es el libro del Cordero Escogido de Dios, su Hijo amado y nuestro único Salvador del cielo, ¡Jesucristo!) En la medida en que, con la sangra santa y sumamente gloriosa, con la cual nos limpio y nos lavo de nuestros pecados y de nuestras injusticias, entonces <<con ella misma habrá escrito nuestro Salvador Jesucristo nuestros nombres en el libro de su vida eterna, para vivir por siempre y para siempre, y más no para morir jamás>>. Ciertamente, <<viviremos una vida y una gloria que no nos merecíamos jamás>> por nuestras culpas, por nuestros pecados, por nuestras rebeliones e injusticias, delante de un Dios tan Santo y tan Bueno, como siempre lo ha sido nuestro Padre Celestial y su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Pero nuestro Padre Celestial nos ha dado su perdón eterno en su unigénito, su fruto de Árbol de vida eterna para todo ángel del cielo y así también para Adán y para cada uno de sus descendientes, porque <<su Jesucristo nos ama abundantemente por justicia a su sangre, a pesar de nuestros pecados, de nuestras rebeliones y de nuestras injusticias, también>>. Y nos ama tanto nuestro Señor Jesucristo, porque siendo el Hijo de Dios no escatimo jamás ser mayor que el hombre de la tierra para venir a salvarlo: <<derramando su sangre santa sobre los árboles cruzados de Adán y Eva en la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para que hoy hagamos lo correcto en nuestros corazones>>. Y esto es <<de dejarlo entrar en nuestras vidas con mucha confianza y con mucho gozo en nuestros corazones y espíritus humanos, para que siga haciendo todo lo bueno para nuestras vidas>>, en la tierra y para nuestras nuevas vidas eternales del cielo, igual, por y por siempre. Porque <<solamente nuestro Señor Jesucristo sabe hacer muy bien>>, cómo nadie más, <<sólo todo lo que es bueno para cada uno de nosotros>>, en nuestros millares, de todas las razas, familias, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra. Es decir, también, que como nuestro Señor Jesucristo nadie sabe hacer lo bueno para con nosotros, ni aún los ángeles santos, <<si no son guiados por él y por su Espíritu Santo>>, en el paraíso, en la tierra y así también en La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del cielo, para el bien eterno de los que aman a Dios. Y cuando una persona puede hacer algún bien para él mismo o para los demás, será porque nuestro Padre Celestial, por medio de su Espíritu Santo, <<le está dando dones y habilidades sobrenaturales, para que lo haga así para él y para su prójimo, para que las tinieblas mueran y la luz de la verdad de Jesucristo viva en nosotros siempre>>. Es por eso que nuestro Padre Celestial siempre se ha puesto en contra de todo aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace, porque <<en su ignorancia está realmente haciendo que el mal de muchas gentes inocentes abunde y sin control alguno, también>>, y así vidas preciosas para su reino celestial sean afectadas y dañadas, como si nada. Y hay muchas gentes sufriendo algún mal en sus vidas, hoy en día, en muchos lugares de la tierra, porque <<simplemente alguien no hizo lo correcto, lo justo, lo que sabe hacer con su corazón, con su mente y con sus manos>>, cuando tuvo la oportunidad de hacerlo así para si mimo o para el bien de los demás, por ejemplo. Es decir, que las tinieblas de siempre van en aumento una tras otra, <<para terminar de hacer de la tierra y de toda vida humana otro infierno de tinieblas eternas, como el del más allá>>, por ejemplo, para que no haya luz alguna en todos sus contornos, sino únicamente muerte y destrucción total de todo lo creado por nuestro Padre Celestial. Y nuestro Dios no está en el cielo <<para ver a la tierra volverse en otro infierno injusto, como el mundo de los muertos, violento, destructivo y sin vida o gloria alguna>>, por ejemplo, sino en convertirla en un paraíso terrenal para la satisfacción y la honra de su nombre santo y de su Hijo amado, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Además, nuestro Padre Celestial tiene todo el poder de vida y de justicia infinita para logarlo así en toda la tierra, es decir, <<si logra hacer que cada corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de la humanidad entera, comenzando con Adán, crea profundamente en su fruto de vida>>, su unigénito y nuestro único Salvador Jesucristo. Porque ya sea en el paraíso o en el reino celestial, todos sus seres creados hacen su perfecta voluntad en sus corazones, en sus mentes, en sus espíritus y en sus vidas celestes y normales de cada día del cielo, <<para alcanzar aún mayores glorias y honras que en el pasado, para nuestro Padre Celestial y para su Espíritu Santo>>. Y esto es no sólo de creer en su Árbol de vida, sino de comer y de beber de él, para bien de sus vidas y para el bien común de los demás, en todos los vastos espacios celestiales del reino, <<para que nuestro Padre Celestial sólo vea en todo su derredor verdad y justicia infinita de su Hijo Mesías>>. Y lo mismo nuestro Padre Celestial desea ver en toda la tierra, pero ya. Nuestro Padre Celestial no quiere ver más tinieblas en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad, porque así como se dolió de ver tinieblas en el corazón de Adán y de Eva, <<así pues, contigo, hoy en día, mi estimado hermano y mi estimada hermana>>. En verdad, <<nuestra tierra está existiendo en días de gracia>>, como en días o tiempos extendidos por nuestro Padre Celestial para que todo pecador y para que toda pecadora se salve, igual como todos los demás que le aman a él desde la antigüedad acá, por medio de su fruto de vida eterna del paraíso, ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque sólo en creer con el corazón y confesar con los labios su nombre salvador, el de su unigénito, <<es que verdaderamente hay verdad y justicia infinita, para perdón de pecados y para sanidad y salvación inmortal para todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera>>. Puesto que, confiar siempre, como creer profundamente en nuestro Señor Jesucristo, <<es como comer y beber de sus manos santas, del fruto de la vida y del agua de la salud eterna>> del cielo y de toda la tierra, también. Para que todo ser viviente de la tierra <<entonces viva su vida sin Satanás y muy feliz, también, como los ángeles del cielo>>, aunque todavía esté viviendo en la tierra, por ejemplo, pero infinitamente libre de todo mal del pecado y de sus muchas injusticia de Satanás en su corazón y en su espíritu humano, esta vez. Por todo ello, nuestro Padre Celestial les ha provisto a cada uno de sus millares de ángeles, arcángeles, serafines, querubines y demás seres muy santos del cielo: poderes y sabidurías muy especiales <<para hacer siempre todo lo que es bueno y para el bien común de sus semejantes, por siempre y para siempre, en el reino de los cielos>>. Pues así también con todo hombre, mujer, niño y niña de las familias de las naciones de la tierra, <<para que haya siempre luz en sus vidas y más no tinieblas>>, tinieblas que ciegan, como las tinieblas de siempre, que no sólo destruyeron mucha vida angelical sino también a Adán y a muchos de sus descendientes, desde entonces acá, por ejemplo. Ahora si tú mismo, mi estimado hermano y mi estimada hermana, <<deseas encontrar tu habilidad muy especial de parte de nuestro Padre Celestial>>, la cual te la proveyó a ti, en el día de tu formación en sus manos santas en el reino de los cielos, pues necesitas a Jesucristo en tu vida, hoy más que nunca, para encontrarlas. Y cuando las encuentres te harán muy feliz para hacer verdad y justicia para ti mismo en tu vida y en la vida de muchos también, aunque ellos no descubran nada aún, <<para que comiencen a desaparecer automáticamente muchas tinieblas satánicas>>, las cuales no deberían estar entre nosotros, sino en su lugar las hondas profundidades del infierno, por ejemplo. Porque sólo nuestro Señor Jesucristo te puede enseñar <<cuales son las habilidades de tu corazón y de toda tu vida, también>>, como con las que te ha provisto para que le sirvas a él en su Espíritu Santo, en la tierra y así también en el paraíso, por siempre y para siempre, en la nueva eternidad venidera. Y esto es algo que tú muy bien puedes comenzar hoy mismo en tu corazón y en toda tu vida, también, <<si tan sólo le pides a nuestro Dios que te enseñe, que te manifieste con cuales habilidades de su Espíritu Santo te ha datado para servirle a él, en la tierra, en el cielo y en la nueva eternidad celestial>>. Porque la verdad es que si tú encuentras las habilidades especiales que nuestro Dios te ha puesto en tu vida, y las pones a la obra de su servicio para bien de muchos, entonces <<harás que muchas tinieblas mueran al momento y, entonces, sólo la luz de la verdad del Árbol de la vida aumente y prospere constantemente siempre>>. Porque toda tiniebla que está actuando libremente por toda la tierra, <<es porque alguien no hizo lo correcto en el pasado, cuando tuvo la oportunidad de hacerlo así>>, así pues, encendiendo el mal de muchos y el crecimiento del pecado y de sus tinieblas de injusticias, en los corazones de mucha gente totalmente inocente y ciega a la realidad de Satanás. Pero si cada uno hace de su corazón lo correcto y con sus labios lo lleva a su obra final, entonces <<las tinieblas dejaran de ser en muchos corazones de hombres, mujeres, niños y niñas, para que la luz de Jesucristo brille en sus espíritus humanos mucho más que la brillantes del Sol y de las estrellas de la inmensidad>>. Porque <<nuestro Padre Celestial es sumamente poderoso para hacer todas estas cosas y mucho más, también>>, con cada uno de nosotros de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la humanidad entera, para gloria y para honra eterna de su nombre muy santo, por ejemplo, en nuestras vidas de día a día por el mundo entero. Entonces el que recibe al Señor Jesucristo en su corazón, como su única verdad y como su única justicia eterna, como Dios manda, <<entonces ha empezado a destruir no sólo en su vida sino en la de muchos, también, muchas tinieblas de maldad y de gran injusticia>>, en la tierra y así mismo en el más allá, eternamente y para siempre. Y es por eso que tú eres muy importante para nuestro Dios, desde siempre; pues, tan importante eres para nuestro Dios <<que dejo correr su sangre y toda su vida santa en su altar de tierra, para tocar tu corazón y tu espíritu humano con su verdad y con su justicia, para que tu sólo conozcas la vida eterna, pero ya>>. NUESTRO DIOS SINTIO EL PECADO Y SU INJUSTICIA UNIVERSALMENTE Ciertamente, nuestro Padre Celestial vio desde el cielo <<que la inmoralidad del hombre era en extremo aún más allá de lo tolerable por su Espíritu Santo>> y, además, que toda tendencia de los pensamientos de su corazón era en si de continuo sólo de mal en peor, para con él mismo y para con su prójimo en la tierra. Y nuestro Padre Celestial se comenzó a sentir tan mal y hasta que más no pudo su Espíritu, porque <<jamás había sido llamada su atención hacia tanta maldad del corazón, no tanto de los ángeles caídos, sino del mismo hombre>>, (la obra perfecta de sus manos santas del cielo y la esperanza de nuevas glorias, para su nueva era venidera). Esto realmente movió a nuestro Padre Celestial ha hacer algo por el hombre, cuanto antes mejor, <<para que no se sigua perdiendo su vida, como en su mala manera de pensar y de vivir para con él mismo y para con sus semejantes, por ejemplo>>. Entonces nuestro Dios vio que sólo tenía una manera de cambiar la vida del hombre, y esto era sólo posible a través de su misma muerte, es decir, <<terminando con toda vida de carne pecadora, humana y animal, para empezar de nuevo una vez más --pero esta vez--con el Espíritu de justicia del descenso de su Árbol de vida al mundo>>. Como quien dice, comenzar todo desde el fondo hacia arriba una vez más, pero esta vez, <<esperando que no haya complicación de pecado para nadie, como en el principio del paraíso o de la tierra con todo hombre que volvió a alejarse cada vez más del fruto de su vida eterna, su Cordero Escogido, su Hijo Santo, por ejemplo>>. Y para hacer esta gran obra monumental, entonces <<nuestro Dios tenia que hacer que la tierra sea llena de agua en vez de su Espíritu>>, para que toda vida humana y animal cese, cuanto antes mejor, para ya no sentir el peso y la presencia del pecado en su derredor en el cielo, y para posteriormente volver a rehacer al hombre. Pero esta vez, el hombre seria amoldado paso a paso de su vida con las mismas manos gloriosas de su Espíritu Santo, <<para que reciba la gloria del cielo en su corazón, su Hijo amado>>, para que así ya no conozca tanto el mal de las tinieblas, sino el bien de la luz viviente del Árbol de la vida eterna. Y sólo así el hombre podría realmente vivir mejor en la tierra y delante de la presencia sagrada de su Dios y Fundador de su nueva vida infinita, por medio de su Espíritu Santo, y posteriormente <<amoldado a perfección celestial esta vez también, por los poderes sobrenaturales del Espíritu de la sangre y del nombre glorioso de nuestro Señor Jesucristo>>. Y nuestro Dios tenía que hacer todo esto por el hombre, para que el pecado ya no sobreabunde sobre toda la faz de la tierra y suba hacia su presencia santa en el cielo, como siempre, <<para que entonces el hombre encuentre su camino de vida y de salud infinita, por medio de su insustituible fruto de vida>>, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Porque para el hombre no hay otra manera de reformar su corazón celestial y volver a la vida de sus primeros pasos en el paraíso, con Dios y con sus ángeles fieles a él y a su gran verdad eterna, <<si no es sólo por la fe, de sus espíritus humanos por su Árbol de vida eterna>>, ¡nuestro Salvador Jesucristo! En efecto, esta era la única manera, como nuestro Padre Celestial realmente podía salvar al hombre de su estado espiritual, <<el cual lo estaba llevando día a día hacia un caos total, de su vida en la tierra y en el más allá también y para siempre>>. Sí, estos días sobre toda la tierra y con todo pecador delante de Dios, fue casi <<como cuando Adán y Eva comieron por primera vez del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal>>, y nuestro Dios tuvo que ponerle fin a sus vidas en el paraíso, para salvarlos de un mal aún peor que el primero. Y esto era <<de que podían comer del fruto del Árbol de la vida eterna, pero esta vez con consecuencias aún mayores y muy terribles para sus almas infinitas>>, después de haber comido del fruto prohibido para entonces vivir para siempre en su pecado de rebelión y de desobediencia total a su Dios y a su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Asimismo, pues, fueron los días difíciles para nuestro Dios, cuando el pecado sobreabundaba sobre toda la faz de la tierra, <<porque el pensamiento del corazón del hombre era de mal en peor para hacerse daño a si mismo y así también a su prójimo, sin tener temor alguno de las consecuencias terribles de sus malas palabras y de sus injustas acciones>>. Y nuestro Dios no iba a permitir que el pecado y la injusticia reinen por completo en la tierra para mal de la humanidad entera, <<porque aún su Hijo amado no había nacido de la virgen de su siervo fiel, David, para ponerle fin al pecado y a su injusticia, y así entonces redimir al hombre del lago de fuego>>. Pues entonces, Dios tuvo que hacer lo correcto, lo mismo que hizo con Adán y Eva en el paraíso, pero esta vez era con sus hijos e hijas de él, <<pues aún mucho más rebeldes que ellos mismos en contra de él y de su Árbol de vida eterna, ¡nuestro Salvador Jesucristo!, para no comer de la vida eterna jamás>>. En aquel entonces, la palabra del Señor Jesucristo se le predicaba a todo ser viviente moral o no, para que se arrepientan de sus malas maneras de pensar en sus corazones y de vivir para con sus prójimos, <<para que su vidas progresen hacia el bien y más no hacia el mal, como vemos en nuestro mundo de siempre, por ejemplo>>. Y <<este no era, por cierto, un trato humano que nuestro Padre Celestial quería para su Hijo amado, cuando descendiese del cielo>> para nacer de una de las hijas vírgenes de su siervo David, por ejemplo, en la tierra escogida de Canaán para su pueblo y para su humanidad entera. Pues entonces, nuestro Padre Celestial tuvo que hacer lo correcto, cuanto antes mejor, <<para que el recibimiento de su Hijo amado en el mundo no sea tan hostil e injusto y así su obra pudiese llevarse acabo, sin más complicaciones que antes>>, para evitar aún males peores que los anteriores para su corazón santo y para toda la tierra, también. Aquí es cuando nuestro Dios ve que todo era diferente con su siervo Noe. En su siervo fiel, nuestro Dios vio un mundo nuevo, <<libre de las muchas injusticias de las naciones de aquellos días y de la propagación del pecado, en los corazones de sus ciudadanos>>. Pues <<Noé era un hombre que amaba a Dios y a su Cordero Escogido en su corazón>>, para que su sangre santa lo limpie del pecado cada día, para que finalmente algún día volver a vivir su vida normal en el paraíso, comiendo no del fruto prohibido como Adán, por ejemplo, sino del fruto de la vida, ¡nuestro Señor Jesucristo! En verdad, <<Noé era un predicador valiente, decidido, valeroso, justo y sin temor alguno del Señor Jesucristo para las multitudes de la antigüedad rebeldes a Dios y a su Espíritu Santo>>. Para que cada uno de ellos recibía a su único Salvador Celestial en su corazón, <<como su único gran rey Mesías de su vida, en la tierra y en el paraíso, también, por siempre y para siempre>>. Y Noé era un hombre fuerte y valeroso con la palabra del Señor Jesucristo para darle gloria a nuestro Padre Celestial no sólo por medio de su vida, sino también por medio de la vida de los demás, para que no se ahoguen en el diluvio que venia y desciendan perdidos, sin Jesucristo en sus corazones, al infierno eterno. Ya que, <<sólo en nuestro Señor Jesucristo no hay inmoralidad de pecado, ni de injusticia alguna>>, tampoco: es decir, que nuestro Señor Jesucristo nació santo y puro del vientre virgen de una mujer <<para jamás mentir, ni calumniar, ni falsar la verdad en contra de nadie, ni aun del mismo diablo, por ejemplo>>. Porque nuestro Señor Jesucristo jamás le mintió, ni falseo su verdad con ningún pecador, ni con ninguna pecadora en el paraíso, ni en la tierra, ni menos con Satanás de siempre del mundo de las tinieblas y de los muertos, por ejemplo, del más allá. Es por eso que nuestro Padre Celestial amo y cuido mucho a Noé y a su familia también, <<para salvar al remanente de la humanidad y de los animales de toda la tierra>>, de la injusticia del pecado de los pecadores viles y sin amor al Señor Jesucristo en sus corazones de aquellos días, por ejemplo. Y Noé fue el hombre junto con su familia, el cual nuestro Padre Celestial escogió de toda una antigüedad humillante y rebelde a él y a su palabra viva: <<porque Noé amaba en su corazón la venida del gran rey Mesías de todos los tiempos, el Hijo de David, Cristo Jesús, Señor nuestro, en el paraíso y en la tierra infinitamente>>. Pues entonces, Dios le dijo a Noé que escogiera dos parejas de machos y hembras de todos los animales, para que sean salvos del diluvio venidero y entrasen en el arca que habría de construir, <<para él salvarse con su familia de la ira venidera, por culpa de la injusticia de las naciones y de la inmoralidad espiritual del hombre ofensor>>. Y Noé le creyó a su Dios, porque hizo todo lo que le ordeno hacer palabra por palabra y hasta que todo se cumplió, <<para gloria de Dios y para salvación de su vida y de la vida de muchos también, de aquellos días tan cortos de luces y, juntamente, cruciales para la humanidad entera>>. Y sólo así nuestro Padre Celestial podría asegurar la venida de su Hijo amado a la tierra, <<para brindar verdad y justicia infinita a todo aquel que cree en su Creador>>, sólo por medio del Espíritu de su amor, palabra y nombre santo y sumamente milagroso, para el bien del corazón y de la vida de todo hombre, ¡nuestro Jesucristo! Es por eso que, hoy en día, mi estimado hermano y mi estimada hermana, vives en un ambiente mucho mejor de los días de Noé, <<para respirar libertad de conocer a Dios, únicamente por medio de su fruto de vida eterna>>, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Para que entonces nuestro Padre Celestial vuelva a ver, en el pensamiento del corazón del hombre: <<sólo verdad, justicia y santidad del Espíritu de su Árbol de vida, su Hijo Mesías y nuestro único salvador posible para nuestras almas vivientes>>, en la tierra y así también de regreso al cielo, al paraíso de la antigüedad de nuestros antepasados, Adán y Eva. Y sólo de esta manera, nuestro Padre Celestial no se volverá a doler en su corazón, por haberte creado a ti, sino que <<será lleno su corazón santísimo, como el lugar de nuestro ideal nacimiento, repleto de sólo amor, verdad, justicia, honra y nuevas santidades jamás alcanzadas ni aún por los ángeles, para exaltación y adoración de su nombre santo y recto>>. Porque nuestro Padre Celestial ama lo más grande de nuestros corazones y de nuestras almas infinitas, <<la verdad de su Jesucristo palpitando verdad, justicia y sobre todo vida y salud en abundancia para enriquecernos a cada uno de nosotros>>, de todas las familias, pueblos y reinos de la tierra, para empezar ya su nueva vida infinita de su Gran Jerusalén Colosal. Y Dios desea que tú estés con él y con tu familia muy amada, también, <<para gozar con él por siempre y para siempre en la justicia y en la verdad de su fruto de vida eterna, nuestro único gran rey Mesías y Salvador de la humanidad entera>>, ¡nuestro único Jesucristo de La Gran Jerusalén Encantadora, la nueva alegría del cielo! El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo. LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, para la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/...pe=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com |
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