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| Sábado, 30 de diciembre, año 2006 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo) (Feliz Prospero Año Nuevo 2007 a todos. Que nuestro Padre Celestial y su Hijo amado sigan siendo una gran realidad poderosa en sus corazones y en sus almas eternas, también, para que su Espíritu Santo con sus muchos dones de regalos maravillosos, de milagros y de prodigios sobrenaturales nunca deje de ser en sus nuevos días venideros, para que sus vidas crezcan por siempre delante de Dios. Porque este es el crecer de sus corazones y de sus espíritus humanos que Dios siempre ha deseado ver en cada uno de ustedes, mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas, para que vean la vida infinita, tal como siempre ha sido y ha de ser en el infinito, en el cielo. Para que verdaderamente vean la vida grandiosa, libre de pecado y libre de mentira, de su Dios y Creador y, además, por siempre llena de muchas y grandes bendiciones de su corazón y de su alma santísima, para que sus corazones siempre sientan gozo, felicidad y muchas más bendiciones de amor de su Hijo amado y de su Espíritu Santo. Ya que, la vida misma de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, ha vencido al mundo y a la eternidad, también, del más allá, para bien eterno de todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, en los días largos y sin fin, de nuestro próximo futuro celestial, por ejemplo. Pues gócense sus corazones grandemente ante su Dios y Creador de sus almas eternas, dándole gloria y honra a Él, sólo por medio del nombre sagrado de su Hijo amado en sus corazones, porque el mundo ha sido vencido por el Espíritu de vida y de poder eterno del "Cordero Eterno de nuestro Dios y Padre Celestial. Y Feliz Prospero Año Nuevo 2007 a todos, amén.) TRIUNFANDO SOBRE EL MUNDO Nuestro Señor Jesucristo nos ha hablado, como él sólo lo sabe hacer, para que tengamos paz los unos a los otros, en todos los lugares de la tierra. Ya que, vivimos en un mundo lleno de profundas tinieblas, que sólo hacen que el corazón del hombre pierda su paz, por cosas que no tienen ningún sentido, en muchos casos. Y aunque esto es verdad, en la vida del corazón del hombre que no conoce a Dios ni la salvación perfecta de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, entonces Dios nos pide que seamos fuertes. Porque siendo fuertes en Él, y en su nombre sagrado, entonces seremos llenos de su espíritu de valor y de gran fe, para enfrentarnos día a día a la realidad de este mundo vil, y vencerlo, de una vez por todas y para siempre, por la gracia y la misericordia de Dios. Gracia y misericordia infinita de Dios, de las cuales son solamente posibles en el corazón del hombre, al creer en su corazón y al invocar con sus labios su nombre bendito, ¡el nombre inviolable del Señor Jesucristo! Por esta razón, siempre abunden en toda buena obra, de las que sólo le agradan a Dios, en su corazón santo, en el nombre sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, sabiendo que ninguna obra de sus manos será en vano en la tierra ni en la eternidad venidera del nuevo reino de los cielos, por ejemplo. Porque todo lo que hagas a favor de los que aman a Dios y hasta aun a los que no le aman, porque nadie jamás les ha predicado la buena palabra del Señor Jesucristo, entonces Dios te ha de recompensar igualmente y grandemente, también, para siempre. Y esto ha de ser en ti, abundancia de muchas cosas, en la tierra y en el cielo, de las cuales le agrada mucho a tu corazón y a tu espíritu humano, también, por el bien que hayas hecho a cada uno de tus semejantes, para gloria infinita de su nombre santo, en tu nueva eternidad venidera. Y todas estas, de tus buenas obras, son bendición y felicidad ante los ojos de Dios y de sus huestes angelicales en el cielo, las cuales te han de seguir por siempre en tu nueva vida infinita, en el más allá, en el nuevo reino de Dios. Pero como Lucifer aun no ha descendido a su lugar de condenación eterna, entonces ha de seguir luchando en contra de todo lo que honre y glorifique a Dios y a su fruto de vida eterna, el Señor Jesucristo, para causarle daño en ti. Para hacerle daño una y otra vez al Señor Jesucristo y a nuestro Padre Celestial, ya que no tiene nada que perder en su vida eternamente condenada, es decir, tal como se lo hizo, por ejemplo, en su día de gran mentira, en la vida de Adán en el paraíso, para destruir entonces toda vida humana, eternamente y para siempre. Por esta razón, el mismo espíritu de gran maldad, el cual primero ataca al Señor Jesucristo en el reino de los cielos, en el día de la gran rebelión de Lucifer y de su cortejo de ángeles rebeldes, en contra del nombre sagrado de Dios, entonces te ha de atacar a ti, también, aun cuando menos lo pienses. En verdad, te ha de atacar a ti también, como ataco primero a la mujer y luego a Adán, para destruir la semilla de vida de la humanidad entera, es decir, tu misma vida, desde los días de gloria en el paraíso, hasta tocar tu alma en el día de hoy, en donde sea que estés en toda la tierra. Y esto ha de ser en ti, una realidad hoy mismo, si tan sólo fuese esto posible en ti y así destruirte eternamente y para siempre, para que el nombre de Dios ni de su Jesucristo sean jamás honrados en tu vida ni en la vida de ninguno de los tuyos, tampoco, para siempre. Por esta razón, por causa del nombre del Señor Jesucristo muchos ingenuos, sin saber lo que están diciendo o haciendo, se levantaran en contra de ti, con odio. Con oído antiguo, el cual se manifestó en el reino de Dios y luego en el paraíso, por ejemplo, del corazón perdido del enemigo de toda verdad y de toda justicia infinita, Lucifer, para alejarte de Dios y de su Jesucristo, como lo hizo con Adán, y así no le puedas dar gloria ni honra a su nombre, para siempre. Y este ataque del enemigo no es nada nuevo para ningún hombre, porque el Señor Jesucristo ya lo venció en su propio terreno y con sus propias palabras mentirosas. Por lo tanto, el que venciere este mal en su vida, con los poderes sobrenaturales del Señor Jesucristo, entonces éste será salvo para Dios y para su nueva vida infinita, en el nuevo reino de los cielos. TU FE EN JESÚS VENCE AL MUNDO Ya que, todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo, es por eso que tu alma aun vive, mi estimado hermano y mi estimada hermana. Y ésta es la gloria que ha vencido al mundo: nuestra misma fe, la cual hemos recibido de parte de Dios, por medio de su Espíritu Santo: al creer en nuestros corazones y confesar con nuestros labios: el nombre sagrado de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Entonces: ¿Quién es el que vence al mundo desde lo profundo de su corazón, sino sólo el que cree que el Señor Jesucristo es su Hijo amado, el Hijo Viviente de Dios? Porque esta es una verdad celestial, que las profundas tinieblas jamás han podido confesar con sus labios, desde los días de Lucifer y de sus ángeles caídos en el reino de los cielos, como también desde los días de Adán y Eva, en el paraíso, por ejemplo, y hasta en nuestros días, también, en todos los lugares de la tierra. Porque los únicos que realmente pueden confesar con sus labios, creyendo en sus corazones, de que el Señor Jesucristo es el Hijo amado de Dios, son los que aman a Dios, sólo por medio de la "unción" (o la llenura) santa del Espíritu de Dios. De otra manera, es totalmente imposible que el corazón crea y que con sus labios invoque el nombre salvador de su vida, ¡el Señor Jesucristo! Puesto que, las profundas tinieblas de las palabras mentirosas de Lucifer y de la serpiente antigua, de las cuales creyeron de todo corazón: Eva primero y luego Adán para mancharnos a todos nosotros del espíritu de error y de muerte eterna, aun vive en sus tinieblas originales en nuestros corazones y, por tanto, en nuestras sangres humanas e imperfectas, también. Es por eso, que estamos llamados por Dios mismo, desde mucho antes que nos sacase del fango de la tierra y nos moldease en sus manos santas, para que venzamos a las profunda tinieblas del mundo: al invocar con nuestros labios y creer en nuestros corazones, de que "el Señor Jesucristo es su Hijo amado". Dado que, mayor gloria de milagros, bendiciones, maravillas y prodigios tras prodigios en nuestras vidas no existe en el cielo ni en la tierra, tampoco, hoy en día ni en la eternidad venidera del nuevo reino de los cielos, en el más allá, si no creemos que el Señor Jesucristo es el "Ungido de Dios y su unigénito", para siempre. Porque el creer con el corazón y el confesar con los labios, de que el Señor Jesucristo es el Hijo de Dios, es como una puerta que se abre con un camino angosto, largo y eternamente glorioso hacia el cielo y su Dios Viviente, para comenzarnos a comunicar con él, de persona a persona, desde hoy y por siempre. Con el fin de que nos bendiga y nos ayude siempre en todas las cosas que necesitemos, en nuestras vidas terrenales y celestiales también, por ejemplo. Por esta razón, si nuestro Señor Jesucristo no hubiese nacido en Israel, entonces el mundo jamás hubiese sido vencido con todas sus profundas tinieblas del más allá; y esto es peligroso para la subsistencia de vida, en toda la creación de Dios del reino, de los hombres y hasta del reino de los animales, también, por ejemplo. Realmente todo fuera destrucción tras destrucción y muerte tras muerte, en todos los lugares de la tierra, hasta que la humanidad deje de ser humanidad, sino otra cosa. ¿Qué cosa? Quizá preguntes con un profundo miedo de incertidumbre en tu corazón, por todo lo desconocido. En verdad, no lo sé, ni me pasa por el pensamiento la más mínima idea; realmente sólo Dios lo sabe todo muy bien, en su corazón santo y muy sabio, por cierto. Porque los planes de maldad y de destrucción eterna han sido en el corazón de Lucifer, desde el principio, para no sólo destruir la vida santa del reino celestial, como lo intento en su primer ataque a Dios y a su Árbol de vida, sino que también lo ha sido así en el paraíso y en toda la creación humana. Como en la tierra de nuestros días, por ejemplo, cuando vemos al hombre siempre desesperadamente tratando de aniquilarse el uno al otro, a través de su historia, para enriquecerse a sí mismo y a los suyos también, con lo que jamás le perteneció, sin importarle nada de nada por el bienestar de los demás. Y éste espíritu de error y de mentira, en el corazón del pecador y de toda pecadora de la tierra, del ayer y de siempre, es el espíritu de pecado de Lucifer, el cual comenzó en el paraíso, cuando Eva le creyó a las palabras de la serpiente, por vez primera, de parte de Lucifer, para mal de muchos. Y sólo el nombre de Cristo, en el corazón de Adán, por inicio, ha podido vencer eternamente ésta gran maldad, éste espíritu terrible de error de Lucifer y de la serpiente antigua del Edén, por ejemplo. Entonces la verdadera victoria que ha vencido al mundo está solamente en la vida perfecta y eternamente santa del Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, viviendo en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, como Dios lo intento hacer así en el principio con Adán y Eva, en el paraíso, por ejemplo. Es más, es por eso que todos los ángeles, arcángeles, serafines, querubines y demás seres santos del reino de los cielos siempre han sido gloriosos, en todos sus asuntos personales ante Dios y ante el Espíritu Santo, en todos los rincones del reino de los cielos. Porque la verdad es que el Señor Jesucristo vive en sus corazones, desde siempre, desde el día que Dios los llamo a su vida santa, en el reino de los cielos, por los poderes sobrenaturales de su palabra viva y de su nombre santo. Entonces la gloria de cada ángel del cielo es de Dios mismo y de su Árbol de vida eterna, también, por principio, ¡el Señor Jesucristo! Por lo tanto, sólo el nombre del Señor Jesucristo viviendo, en el corazón de los ángeles y en el corazón de los hombres, mujeres, niños y niñas de toda la tierra, es que realmente vence al mundo y a cada una de sus profundas tinieblas, en todos los lugares de la tierra. Es decir, en donde sea que levanten sus cabezas horribles, las tinieblas de Lucifer, para hacer daño a todo lo que Dios y su Jesucristo aman, en los ángeles del reino y en los hombres, mujeres, niños y niñas, de toda la tierra, también. Es por eso, que el espíritu de fe, en el nombre del Señor Jesucristo, viviendo en nuestros corazones y en cada momento de nuestras vidas, aunque nos demos cuenta o no, es poder de Dios, para derribar los más terribles males del corazón perdido de Lucifer y de sus ángeles caídos, que nos quieran hacer daño y destruirnos, para siempre. Entonces el que cree en su corazón y así confiesa ante su Padre Celestial y su Espíritu Santo, de que el Señor Jesucristo es su Hijo amado, en realidad, ha vencido al mundo no sólo de nuestros días, sino el de siempre y en el más allá, también, como en el mundo de los muertos, el infierno eterno y candente. En otras palabras, el que cree en el Señor Jesucristo y en su obra santa y sublimemente gloriosa, la cual lleva acabo sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para ponerle fin al pecado, entonces ha vencido a Satanás, al mundo y al fuego eterno de la segunda muerte, en el más allá. Es decir, también, que el hombre con Cristo Jesús, salvador nuestro, es totalmente libre ante Dios y en toda su creación para vivir y para crecer por siempre hacia la estatura, perfecta y divina de Dios mismo. Y sólo así entonces abrirle paso libre a la nueva vida bendita y eternamente honrada de nuestro Padre Celestial en su nuevo reino celestial, en el más allá, como La Nueva Jerusalén Santa e Infinita de su gran rey Mesías y de sus naciones de familias eternas, que sólo aman la verdad y la justicia de su Creador Eterno. Por ello, el hombre que ha nacido de Dios, entonces ha nacido de nuevo no para morir, sino para ver la vida eterna, desde ya, en la tierra y en el más allá, también, como en su nuevo lugar infinito, en el reino de los cielos. Porque es nuestro espíritu de fe, centrado en el nombre del Señor Jesucristo, en lo intimo de nuestros corazones y de nuestras almas viviente de Dios y de su Espíritu Santo, es que realmente vence al mundo en nuestras vidas terrenales y celestiales, desde hoy mismo y por siempre, en la eternidad venidera. Y como nuestro Padre Celestial es mayor que todos en el cielo y en toda la tierra, también, para siempre, entonces la victoria está de nuestra parte día a día y por siempre; es más, escrito está que jamás perderemos ninguna batalla en contra de nuestros enemigos eternos, comenzando con Lucifer, por ejemplo. EL QUE VIVE EN USTEDES ES MAYOR QUE TODO ENEMIGO Por esta razón, ustedes mismos son de Jesucristo día a día y por siempre en el más allá, por lo tanto, han vencido al mundo en su amor y en su espíritu único de fe, porque el que está en ustedes es mayor que el que está en el mundo. Ya la oscuridad no reina en sus vidas, como antes. Hoy, sólo la luz que ha descendido del Padre Celestial, en la vida gloriosa de nuestro salvador Jesucristo, es que vive en cada uno de sus corazones, para entrar desde ahora mismo a la vida eterna, de su nuevo reino celestial, en el nuevo más allá, de Dios y de su Árbol de vida eterna. Por eso es que cada momento que pasa en sus vidas por la tierra, entonces es una victoria más para la nueva eternidad de nuestro Dios que está en los cielos. Porque lo que Dios ha ganado en su Hijo amado, entonces, sin duda alguna, le ha ganado todo al maligno, por amor a cada uno de nosotros, en nuestros millares, de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra, para jamás vivir en la oscuridad, sino sólo en la luz más brillante que el sol, Jesucristo. Ya que, fue el Señor Jesucristo mismo quien les declara abiertamente a sus fieles y sin comparación alguna, de que "sólo él es la luz del mundo". Entonces si el Señor Jesucristo es la luz del mundo, ciertamente ha vencido a cada una de las tinieblas de Lucifer y de sus ángeles caídos, en todos los lugares de la tierra, porque la oscuridad ya no ha de reinar. La oscuridad ya no ha de reinar, como en la antigüedad o como siempre, en nuestros días, por ejemplo, sino sólo el Señor Jesucristo, en la vida de todo ser viviente, en toda la creación de Dios, comenzando en tu misma vida, mi estimado hermano, como lo intento con Adán en el paraíso, por ejemplo. Entonces si realmente vivimos en la luz del Señor Jesucristo, de acuerdo a los poderes sobrenaturales, de los dones de su Espíritu de fe y de su vida triunfante sobre Lucifer, en la tierra de Israel, pues muy pronto y sin más demora alguna, hemos de ver de persona a persona a nuestro Padre Celestial que está en los cielos. Porque hay poderes milagrosos en el nombre del Señor Jesucristo, no sólo para vencer al enemigo y a sus secuaces en nuestras vidas cotidianas, sino también para ser santos y suficientemente benditos por el Espíritu de Dios mismo, para ver a nuestro Dios, en su lugar santo, en el cielo, desde hoy mismo, si sólo Dios nos lo permitiese. Por esta razón, ustedes mismos son de Dios, porque no sólo han salido de sus manos santas, sino de su vida gloriosa, la de su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, para que dominen al enemigo día y noche y por siempre, hasta el fin de todas las cosas, para alcanzar nuevas glorias infinitas para nuestro Dios. Para que entonces luchen fielmente por su gloria santísima en sus corazones y en sus almas eternas día y noche, en el paraíso y por toda la tierra, también, para alcanzar aun mayores santidades y honras infinitas para su nombre, el nombre único y sumamente glorioso de nuestro Padre Celestial que está en los cielos, el Señor Jesucristo, indudablemente. Porque aun las tinieblas del más allá han de dar gloria al Padre Celestial, de una manera u otra, pero lo han de hacer antes de proceder a su muerte y destrucción eterna, en el lago de fuego, su segunda y final muerte, de sus vidas rebeldes a Dios y a su Jesucristo, por ejemplo. Porque la verdad es que aun Lucifer y cada uno de sus ángeles caídos tendrá que arrodillarse ante el Señor Jesucristo y declarar que él es el Hijo de Dios, desde tiempos inmemoriales y hasta por siempre en la nueva eternidad venidera. Para que entonces éste espíritu de maldad y de gran error que se ha regado por toda la tierra, en los corazones y en los labios de los que no conocen ni aman a Dios, para negar erróneamente diciendo siempre, de que el Señor Jesucristo no es el Hijo de Dios, pues entonces muera en ellos eternamente y para siempre. Porque la verdad es que el día se acerca, en el cual, todo pecador perdido y toda pecadora perdida, antes de entrar a su condena eterna, en el más allá, como en el lago de fuego, a su segunda muerte final, por ejemplo, entonces ha de tener que por fin confesar con sus labios: la verdad de las verdades infinitas. Y esta verdad infinita, la cual ya no podrá limpiarle de su pecado ni menos salvar su alma de su castigo eterno al corazón condenado, para decir abiertamente ante los oídos de todos de los que están en los cielos y de los que están en la tierra y debajo de la tierra: de que Jesucristo es el SEÑOR. Y esto ha de ser declarado abiertamente, para que todos oigan y contemple la verdad salir de los corazones perdidos y aun en sus tinieblas antiguas del más allá, para gloria y para honra infinita de nuestro Padre Celestial que está en los cielos. (Es por eso, que hoy en día, si aun no has creído en tu corazón ni has confesado con tus labios, ésta gran justicia y ésta gran verdad celestial, la cual ha descendido del cielo, en la vida de nuestro Señor Jesucristo, para perdonar nuestros pecados y así salvarnos de nuestra condena, en el fuego del infierno, entonces hazlo ya. Confiesa tu verdad y tu justicia redentora que ha venido a ti, desde los lugares santos del cielo, de donde nuestro Padre Celestial vive, para darte vida y vida en abundancia y así no mueras jamás perdido en tus profundas oscuridades de las palabras mentirosas, de Lucifer y de sus ángeles caídos, por ejemplo.) Y porque son ustedes hechura perfecta de Dios, entonces Dios mismo lucha por la vida de cada uno de ustedes día y noche y sin cesar jamás, ni por un sólo instante, para derrotar a cada una de las profundas tinieblas de Lucifer y de sus ángeles caídos, en sus corazones y en sus vidas, en toda de la tierra. Porque Dios mismo los necesita limpios del pecado y sumamente santos para entrar a su presencia santa, es decir, a su vida eterna, en el más allá, en su nuevo reino celestial, en una hora crucial de sus vidas, como en estos días más que nunca, por ejemplo, mucho antes que sea tarde en sus vidas, de hoy en día. Por cuanto, Dios los quiere sanar de todos sus males y hasta de las enfermedades más rebeldes de sus corazones, de sus cuerpos corporales e espirituales, porque para Dios no hay nada imposible, en la vida del hombre, de la mujer, del niño, de la niña y de toda la tierra, también. Porque es Dios quien sana al hombre y a su tierra también. Además, porque Él mismo (y no otro) ha vencido a cada una de las tinieblas del más allá, como la muerte y sus muchas enfermedades eternas, en la sangre y en la vida de todo hombre, por el poder sobrenatural de la sangre sagrada de su Hijo amado, su Árbol de vida y de salud infinita, el Señor Jesucristo. En vista de que, las enfermedades del corazón del hombre no sólo son de esta vida de nuestros tiempos, sino de la venidera también, como en el fuego eterno del infierno y como el lago de fuego, en su segunda muerte final, por ejemplo. Pero Dios ya las ha vencido a cada una de ellas, con el amor de Cristo; es decir, que Dios ha sanado cada una de tus enfermedades rebeldes de tu corazón, de tu cuerpo y de tu espíritu humano, si tan sólo crees en la vida santa y eternamente honrada de su Hijo amado, el Señor Jesucristo. Y esta fe, de su nombre bendito e inviolable tiene que ser en tu corazón y en tu vida, también, hoy y en la eternidad venidera, para ser libre de los males del enemigo de tu vida eterna, Lucifer; y sólo así puedas entonces entrar a la vida santa de Dios y de su Jesucristo sano y salvo, para siempre. En verdad, muy pronto, Dios mismo (y no otro) ha de levantar a todos aquellos que viven en el polvo de la muerte, en todos los lugares de la tierra y, también, levantara a todos los que duermen en el fondo del mar, para volverles a dar vida y vida en abundancia. Porque sólo Él es el soberano de sus vidas, en el paraíso y por toda la tierra y aun en sus sepulcros, también, por ejemplo; y como Cristo le dijo en su día al ángel de la muerte, enemigo eterno de todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera (de todos los tiempos): -¡Muerte, Yo soy tu muerte! Por lo tanto, todo corazón y todo espíritu del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de toda la tierra, tiene que estar limpio y libre de toda maldad y de todo pecado eterno ya, para poder ver la vida, en su luz viviente, es decir, la luz misma del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo. Y ésta renovación del cuerpo y del espíritu interno del hombre no lo podrá lograr jamás el hombre: con todos sus conocimientos de filosofía, de religión o de ciencias en sus diferentes ramas, a no ser que Dios mismo le ayude, por medio de su Espíritu Santo y la vida gloriosa de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Porque la frase de volver "a nacer" no ha salido del corazón del hombre, sino de Dios mismo, desde sus lugares santo del reino de los cielos. Y esta palabra vino a nosotros, cuando el Señor Jesucristo le decía a un líder israelí, por ejemplo: Nicodemo tú tienes que volver a nacer, para ver la luz de la vida eterna, con tu corazón y con tu alma limpia y, a la vez, libre de todo mal de las tinieblas del pecado. Y Nicodemo se sorprendió en su corazón, al oír estas palabras salir de la boca del Señor Jesucristo hacia él; un termino que jamás había oído de nadie, ni de sus amigos más sabios de Israel, en aquellos días, por ejemplo. Porque la verdad es que estas palabras jamás las habían hablado los hombres de toda la tierra, de aquellos días, hasta que Cristo mismo descendió del más allá, del trono de Dios y de su vida santa del reino de los cielos, para manifestarlas a Israel y a la humanidad entera su verdad infinita, redentora y toda poderosa. Por lo tanto, para Nicodemo éste concepto era totalmente nuevo y, a la vez, muy curioso; porque era totalmente contrario a su pensamiento y al pensamiento de todo hombre de aquella época, religioso e intelectual. Por ello, el Señor Jesucristo le hablaba así a Nicodemo, no para ofenderlo de ninguna manera, por su manera de ser (o pensar) o por sus pecados, sino porque era necesario hablarle así, para entonces hacerlo despertar de sus profundas tinieblas, las cuales le llevaban a él, como a cualquier pecador a su muerte segura y eterna, en el infierno. Realmente tinieblas antiguas que tenían su corazón y su mente "dormida para Dios" y para la vida eterna de su nuevo amanecer, en el más allá, del desconocido reino de los cielos, por ejemplo, como La Nueva Jerusalén Infinita de Dios y de su nueva humanidad celestial, redimida para siempre con la sangre viviente, del "Cordero Escogido de Dios", Jesucristo. Propiamente, Nicodemo tenia que entender en su corazón, de que todo hombre es tan vil y pecador en los ojos de nuestro Padre Celestial, que necesita ser regenerada su alma y todo su espíritu manchado por las palabras llenas de mentira y de gran maldad eterna, de la boca de Lucifer. Palabras hostiles que no sólo hablo Lucifer en rebelión a sus ángeles caídos, para convencerlos a que le sigan, sino que también le hablo a Eva primero y luego a Adán por boca de ella misma y así toda la semilla de la humanidad entera fuese contaminada eternamente y para siempre, de su mal eterno. Un mal tan horrendo, que nada ni nadie podrá jamás limpiar de su corazón y de su alma eterna, sino sólo invoca el nombre y la sangre bendita y sobrenatural de Cristo en su corazón y con los labios de su boca, para que su vida sea librada de todos los males del más allá. Entonces Lucifer mancha de pecado a Adán, para que sus descendientes también "siguiesen", como tú y yo hoy en día, por ejemplo, estas palabras llenas de enfermedad y de muerte eterna, no sólo en el paraíso sino también en la tierra y en el más allá, como en el infierno y finalmente la segunda muerte, el lago de fuego. Es por eso, que Dios le ha dado de su Espíritu sin medida alguna al hombre, para que su cuerpo espiritual y carnal, entonces sean regenerados, recreados y renovados solamente posible en un nuevo nacimiento no de la carne de sus progenitores, sino de la misma carne, huesos, vida, sangre, espíritu y alma de nuestro Árbol Viviente, ¡el Señor Jesucristo! Por esta razón, ustedes son de Dios, no tanto porque Dios los formo en sus manos santas, en el día de su creación, sino porque tienen un corazón que verdaderamente aman su verdad y su justicia infinita, para vencer cada una de las tinieblas de toda la tierra, en el nombre soberano del Señor Jesucristo. Y si Dios es con ustedes, entonces: ¿Quién podrá jamás levantarse en contra de ustedes, esta vida y en la venidera? Por eso, han vencido al mundo, por la fe que sólo es posible en Cristo Jesús, Señor nuestro en sus vidas; han vencido al mundo, porque mayor es el que vive en sus corazones, que el que vive en este mundo perdido en las profundas tinieblas, de Lucifer y de sus secuaces de gran maldad y de engaño eterno. TEN VALOR: CRISTO HA VENCIDO TU MUNDO Por eso, les he hablado de estas cosas verdaderas y reales de Dios y de su Jesucristo, como siempre, para que en Dios tengan paz sus corazones y sus almas infinitas. Porque la verdad es que, en el mundo tendrán aflicción, de una manera u otra, pero ¡tengan valor sus corazones! Háganse fuertes siempre en el SEÑOR, para que jamás les falten el valor de Cristo y las fuerzas sobrenaturales de los dones de su Espíritu Santo. Si, ¡tengan valor siempre, sobre todas las cosas poder de Dios y poder de su Espíritu Santo, porque nuestro libro eterno, La Santa Biblia, jamás ha mentido, por lo tanto, nos declara la verdad de nuestro Dios y de sus tiempos por venir e infinitos! ¡Y esto es, de que "venceremos al enemigo", para que no se vuelva a levantar jamás a hacer ninguna de sus artimañas, en el paraíso, en la tierra, ni menos en el nuevo reino de los cielos! Entonces: ¡Tenga valor sus corazones vivientes a pesar de todo, mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas, porque nuestro Señor Jesucristo ya ha vencido al mundo, para bien de Adán y de cada uno de sus descendientes, en sus millares, en todos los lugares de la tierra y de su humanidad infinita, también, para siempre! Porque sólo Dios, por medio de su Jesucristo, podía realmente vencer al mundo con sus profundas tinieblas por doquier. Y esta es una obra de Dios, que comenzó con su Espíritu Santo, cuando descendía del cielo para subyugar cada una de las tinieblas eternas sobre toda la tierra (Génesis 1:2), por ejemplo; y esta obra la ha cumplido Dios, en cada uno de nosotros, sólo con el nombre del Señor Jesucristo en nuestros corazones y en nuestros labios, también. Por lo tanto, el hombre estaba totalmente perdido en sus profundas tinieblas, como en los días antes que Dios lo rescatase de las profundas tinieblas de la tierra, cuando estaba enterrado y perdido eternamente y para siempre en el polvo de la muerte, por ejemplo, sin vida y sin fe alguna, de ver la luz de su futuro venidero. Es decir, que cuando Dios toma al hombre de la tierra, en el puño de lodo de sus manos, entonces estaba redimiendo realmente a todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, por vez primera, para que su vida ya no sea tinieblas, sino ahora luz en abundancia, en su corazón y en todo su ser viviente, también. Para que entonces pueda vivir su vida normal, no ciego, sino con sus ojos abiertos, siempre viendo a su Dios y a su Árbol de vida infinita y así entonces pueda ver su fruto de vida y de salud eterna delante de sus ojos, para comer de él, por siempre. Es decir, alimentarse de Dios y de su Hijo amado, el Cristo, día a día y por siempre, en la tierra y en la eternidad venidera, del nuevo reino de los cielos y de su gran rey Mesías, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Por eso, Dios nos ha llamado a la paz, para vivir con él. Y esto no es a la paz del mundo, como si la tuviera. (No estoy diciendo que no haya paz en el mundo), sino a la (paz) de la vida santa, del reino de los cielos. Porque la paz del reino de los cielos no es la misma ("paz") de la tierra, de nuestros días o de siempre, por ejemplo. Porque sólo hay uno que le da paz a la vida santa del reino de los cielos y a la humanidad entera, también. Y este es el Árbol de la vida, el único dador de paz, en el cielo y en la tierra, hoy en día y por siempre, en la eternidad venidera, ¡el Señor Jesucristo! Entonces el que está en Cristo Jesús tiene vida y paz eterna, a la vez, en la tierra y en el reino de los cielos, para siempre; es más, esta es la paz que Adán busco y jamás la encontró porque rehusó comer de Cristo. Porque la paz que Dios nos ha dado, a cada uno de nosotros, es realmente la misma paz que el corazón de Dios goza día y noche con cada uno de sus ángeles santos y eternos, del reino de los cielos. En otras palabras, no hay otra paz igual a la de Dios y de su Árbol Viviente, en el corazón de los ángeles y de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, es decir, de todos ellos que sólo amen a su Dios y Creador de sus vidas, en la tierra y en el cielo, eternamente. Porque cualquier otra "paz" humana, es, realmente, transitoria, es decir, de corto tiempo o de corto alcance en la vida del hombre, de la mujer, del niño y de la niña, de la humanidad entera. Es más, esta paz provisional y mundana no tiene espacio suficiente para recibir y, juntamente, darle al corazón del hombre: alegría, gozo, felicidad, descanso, sosiego; ni menos puede sanar su corazón ni su cuerpo ni su alma, porque es fugaz, comparada con la paz de Cristo que puede hacerlo todo perfectamente diariamente y hasta siempre en la eternidad venidera. Entonces si aman a su Dios y Creador de sus almas eternas, pues dejen que su Espíritu Santo rejuvenezca sus corazones, sus sentimientos y sus vidas para Dios y para la vida santa e infinita de su "Cordero Amado", el Cristo de Israel y de las naciones del mundo entero. Porque es la actividad de los dones con sus poderes sobrenaturales, en sus espíritus humanos, llenos de la fe, del nombre del Señor Jesucristo, que hace que muchos milagros, maravillas y hasta prodigios en los cielos y en la tierra, tomen lugar a favor de cada uno de ustedes. Y esto es así siempre en el cielo o en el paraíso, porque así siempre lo ha querido Dios, por su buen corazón, por su buen amor, para con cada uno de sus seres creados, por su palabra, por su nombre y por sus manos santas, por ejemplo. Porque ningún enemigo de Dios entiende palabra alguna del hombre, sino sólo el poder autoritario / dominante, en el más allá, de la palabra viva de Dios y de su Hijo, el Señor Jesucristo, para que salga de su vida y no regrese jamás; como tampoco podrá regresar jamás a nuestro Padre Celestial que está en los cielos, por ejemplo. Es por eso, que el nombre del Señor Jesucristo es muy importante en nuestros corazones; es más, un corazón sin Cristo Jesús no ha de conocer la vida jamás, por más rico o sabio que sea en todas las cosas que suele ocupar su vida día a día en toda la tierra. Como ejemplo, podemos recordar al rey Salomón de Israel: él tenía muchas riquezas e innumerables; y una de sus mayores riquezas de su vida fue su corazón sabio, como ningún otro ante Dios y toda su creación, también. Porque Dios le prometió a él, que él iba a ser tan sabio, como jamás habrá otro igual a él debajo del cielo y en toda la tierra. Y siendo el rey Salomón muy sabio, aun así, en su sabiduría se aparto de Dios, porque dejo que las cosas del mundo llenaran su corazón de sus sabidurías y de los deseos de muchas mujeres también. Y cuando Salomón se vino a dar cuenta, en done estaba y, a la vez, todo lo lejos que se encontraba de Dios y de sus mandamientos santos, entonces contemplo en su vida, por vez primera, que todas las cosas son vanidades de vanidades. Y que lo único que realmente el hombre puede tener en su vida para alegrar su corazón y todo su espíritu humano, en todos los días de su vida por la tierra, es obedecer a su Dios y a sus Santos mandatos, día y noche y por siempre, hasta entrar a la eternidad venidera, del nuevo reino celestial. Por eso, todo es vanidad para el corazón del hombre en toda la tierra, por más rico o pobre que sea, o por más necio o sabio que sea su espíritu humano, hasta que finalmente se da cuenta, en lo intimo de su corazón, que sólo Dios y su nombre santo, es lo mejor de su vida. Y esto es verdad, como ninguna otra (verdad), en él (o en ella) día a día y por siempre, para vivir su vida sana y saludable eternamente y para siempre, delante de la presencia santa de su Dios y Creador de su alma viviente, en la tierra y en el cielo, también, ¡el Todopoderoso de Israel y de la humanidad entera! EL TRABAJO DEL HOMBRE, EN CRISTO JESÚS, VENCE AL MUNDO Así que, mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas, estén firmes y constantes, abundando siempre en las cosas del SEÑOR que sólo le agrada a él, en sus corazones y en sus vidas por la tierra, sabiendo que invariablemente su arduo trabajo en Él, no es en vano, de ningún modo. Porque la verdad es que toda buena obra llevada acabo, en el nombre del Señor Jesucristo, también, vence al mundo y a los enemigos de Dios uno a uno, hasta que no quede ninguna de sus maldades y mentiras mortales, delante de su presencia santa y la de sus pueblos de toda la tierra, también, por ejemplo. Porque nuestro Dios es un Dios de venganza en contra del pecado y de la mentira de cada uno de sus enemigos, de los que siempre han cometido maldades en contra de los demás, es decir, de gentes inocentes en todos los lugares de la tierra, que jamás desearon hacerle ningún mal a sus enemigos ni a nadie, tampoco. Y esto es un mal eterno, que nuestro Padre Celestial siempre ha deseado ponerle fin, de una manera u otra, en todo hombre, mujer, niño y niña de toda la tierra, por el poder de su palabra viva y por los dones divinos del nombre santo de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Pero nuestro Dios ha sido muy paciente para con cada uno de todos nosotros, no esperando ningún mal que toque nuestras vidas jamás, por ninguna razón. Pero, además de todo, siempre esperando, en fin de cuentas (o a pesar del pecado de su vida), que el hombre le obedezca sólo a él, por medio de su Jesucristo. Porque su Hijo amado es "el único posible canal" de comunicación entre el cielo y la tierra, de sus corazones y de sus vidas, para vencer sus pecados y la muerte eterna de sus cuerpos corporales e espirituales, también, en la tierra y en el más allá, también, día a día y para siempre. De otra manera, han de seguir perdidos eternamente y para siempre, en las profundas tinieblas de sus corazones, en todos los días de sus vidas por la tierra, hasta que finalmente caigan en su lugar eterno y sin Cristo Jesús en sus vidas, en el más allá, en el mundo de los muertos, el infierno candente y eternamente violento. Y de este lugar no se salva nadie, una vez que su alma perdida caiga entre sus llamas de la ira y del castigo eterno, por sus pecados y por sus culpas eternas, a no ser que sea Jesucristo, porque Jesucristo ha sido el único que descendió muerto al infierno y salió de él triunfante, para librar a los muertos. Y, además, nuestro Dios jamás ha deseado éste terrible mal, la muerte eterna del infierno, para ningún hombre, mujer, niño o niña de la humanidad entera, sino todo lo contrario. Podemos recordar, en estos momentos, al hombre rico, por ejemplo, en el infierno. Este hombre rico tuvo todo y de todo en su vida; ningún gozo y felicidad de su corazón le falto jamás. Pero fue muy duro con sus hermanos y hermanas, no queriendo compartir nunca de sus bienes con ninguno de ellos, cuando estaban necesitados de él. Por ejemplo, Lázaro, éste hombre fue muy pobre y hasta enfermo en sus últimos días de vida, por la tierra. (Y Dios estaba viendo todo, desde sus lugares santos, en el cielo, para ver, quien le ayudaba y quien no.) En realidad, este hombre era pobre, muy pobre, por cierto, que no tenía que comer ni menos donde vivir para recostar su cabeza y descansar del dolor de sus enfermedades naturales de su cuerpo. Lázaro andaba pidiéndoles a otros siempre que le ayuden; y la gente de buena voluntad, le ayudaba en todo momento; así él pudo vivir el resto de sus días con menos dolor posible, hasta que finalmente murió. Lázaro fue recibido en el seno de Abraham, en donde esta también nuestro Árbol de vida eterna, por ejemplo, en el día que la luz de nuestro mundo termino para él. Entonces en el paraíso Lázaro comenzó su nueva vida sin dolor alguno, sino lleno de felicidad infinita en su corazón, como el hombre más rico del reino de los cielos, porque Cristo sigue viviendo en su corazón y jamás le ha abandonado. Pero cuando el hombre rico murió, entonces su corazón perdido y sin Cristo descendió a las llamas eternas del infierno. Porque en su vida peco, no tampoco por ser rico sino porque desprecio a su prójimo, como a Lázaro, por ejemplo, y porque Cristo no había entrado en su corazón nunca. Porque nuestro Dios no es Dios de los ricos en su maldad, en su pecado eterno, ya que él mismo es tan rico en el reino de los cielos y por toda la tierra, como nadie más, sino que es rico para con los que aman a su Hijo amado, en lo intimo de sus corazones; en verdad, Dios si es muy rico para con ellos, en la tierra y en el cielo, para siempre. Porque todo lo ha creado nuestro Padre Celestial, sólo para el bien del hombre que le sabe amar a él y a su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, día a día y por siempre, en su corazón y en toda su vida eterna en la tierra y en el paraíso, también, para siempre. Empero, esto jamás lo entendió el hombre rico, pues estaba en sus tinieblas eternas de las riquezas de su mundo infame y egoísta; pues tan perdido como el mismo diablo del infierno, Lucifer, por ejemplo. Por ende, el hombre rico murió en su maldad, de no haber vencido jamás en su vida al mundo, el mundo en donde vivía y le rodeaba día y noche con los afanes de sus muchas riquezas que cegaban su corazón, sin ver jamás como ayudar a su prójimo, para agradar a su Dios, que siempre lo ve todo. Pero, sin embargo, Lázaro venció al mundo, aun siendo pobre y sin ningún poder en su corazón, salvo el nombre de Cristo. Porque Lázaro amaba a Dios en su corazón, con su espíritu de fe pobre, aun más pobre que todos los pobres de la tierra, de aquellos días, pero su amor por Dios siempre fue sólo por medio de Jesucristo cada día de su vida, hasta que dejo de existir para el mundo. Entonces Dios le amaba a Lázaro, también, eternamente y para siempre por amor a su Jesucristo y por amor a sus muchas buenas promesas de vida y de salud eterna, para con los que le son fieles a él y a su vida santa y eternamente gloriosa de su Jesucristo, por ejemplo, en el paraíso y en la tierra. Y, hoy en día, Dios sigue amando a Lázaro, con el mismo amor de siempre y hasta quizá mucho más que antes, porque el nombre del Señor Jesucristo es mucho mayor que antes en su corazón y en su nueva vida infinita, en el paraíso. Es decir, también, que el corazón de Lázaro, como cualquier otro corazón del hombre, una vez, que el nombre del Señor Jesucristo entra en su vida, entonces "el amor de Dios empieza", para jamás dejar de ser, sino que ha de crecer por siempre, en la nueva eternidad venidera. En verdad, como el Señor Jesucristo siempre les enseñaba a sus apóstoles y discípulos por doquier, en todo Israel: una vez, que su nombre santo entra en sus vidas; es decir, que crean que Él es el Hijo amado de Dios en sus corazones, «sólo entonces el amor de nuestro Padre Celestial empieza en sus vidas en serio». Entones el amor de Dios empieza con formalidad celestial, en cada uno de sus corazones y de sus vidas no sólo en Israel sino que en todos los rincones del mundo, para jamás dejar de ser, sino que ha de crecer día y noche e infinitamente aun en sus nuevas vidas infinitas, como en el nuevo reino celestial, por ejemplo. (Y en esta vida nueva e infinita, cada una de las buenas obras de los hombres, mujeres, niños y niñas, ha de ser recordada una a una delante de Dios y de sus ángeles santos; y todas las malas obras habrán desaparecido, en el fondo del abismo, para jamás volverlas a ver o recordar, eternamente y para siempre.) Ahora, si desean que todas sus obras siempre permanezcan para siempre en sus vidas terrenales y así como en sus vidas celestiales, como en el paraíso o como en La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del nuevo reino de los cielos, por ejemplo, entonces hagan todo siempre para agradar a Dios, en el nombre bendito de su Hijo amado. Porque sólo el nombre sagrado del Señor Jesucristo "ha vencido al mundo" y, a la vez, permanece para siempre en el corazón de Dios y de cada uno de sus hijos e hijas. Y esto es de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de todas las naciones, comenzando con Israel, de hoy y de siempre, por ejemplo. Porque fue con la familia de Israel que Dios primero empezó a manifestar su amor por la bendición y la salvación de la humanidad entera, la cual comenzó con Adán, en el paraíso, para que luego se regase en toda la tierra, como sucede hoy en día, cada vez, que el nombre de Cristo es predicado para bien de muchos. Además, esta predicación de Cristo ha sido igual día a día, en todos los lugares del mundo entero, cada vez que nacía un niño o una niña y hasta que llegaste tú mismo, mi estimado hermano y mi estimada hermana, para conocer tu salvación y vencer al mundo, para gloria y para honra infinita, de nuestro Padre Celestial. Ya que, Dios ha puesto a Adán y a cada uno de sus descendientes, comenzando con Eva delante de su presencia santa, por ejemplo, para vencer al mundo, sólo por medio de la invocación y del espíritu de fe, del nombre del Señor Jesucristo, en el corazón de todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera. Y una vez que todo el mundo haya sido vencido, en el corazón de cada uno de sus hijos e hijas, de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra, entonces comenzar la nueva vida, en la tierra, de nuestros tiempos, por ejemplo, para que nunca muera en su nuevo reino celestial, en el más allá. Y esto ha de ser realmente, con nuevos cielos y con nuevas tierras, para honrar y para glorificar a nuestro Dios y Padre Celestial por siempre, en nuestros corazones y en nuestras vidas, limpias y libres de toda posible contaminación de las palabras del pecado original, de Lucifer y de Adán, por ejemplo. Entonces mis estimados hermanos permanezcan por siempre fieles a Dios, porque han vencido al mundo, al creer en sus corazones y así confesar con sus labios, que el Señor Jesucristo es su Hijo amado, para gloria y para honra infinita de nuestro Padre Celestial que está en los cielos, siempre esperando por ustedes, que reciban su "dádiva" de vida eterna. EL QUE PERMANECE EN CRISTO JESÚS VENCE AL MUNDO DIARIAMENTE Y serán vistos con malos ojos de todos, en muchos lugares de la tierra, por causa de mi nombre, les decía el Señor Jesucristo a sus apóstoles y discípulos, por donde sea que fuese en todo Israel. Ni aun en sus últimos momentos de su vida santa y mesiánica dejo de hablarles así a sus fieles de siempre y de los que habían de venir después, por ejemplo, por el testimonio santo y firme de su vida perfecta manifestadas por las palabras de sus siervos y de sus siervas fieles a Él y a su nombre redentor. Porque las tinieblas del corazón del hombre pecador y de la mujer pecadora son muchas, pero jamás más poderosas que Dios y que su Jesucristo. Porque toda palabra de Dios es vida, por lo tanto, su contenido en el corazón del hombre es de poder en poder, de gloria en gloria, para manifestar las abundantes maravillas, milagros y prodigios indescriptibles de Dios en toda la tierra, para bien eterno de todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera. Porque ellos han vencido al mundo también, como todos los ángeles santos del reino y como todos los patriarcas y fieles a Dios de la antigüedad y de siempre, sólo por medio del nombre y de la sangre bendita del Señor Jesucristo. Es por eso, como está escrito en las escrituras: el que persevere hasta el fin, amando a Dios y a su Hijo, en lo profundo de su corazón, entonces éste será salvo para la vida santa, del nuevo reino de los cielos, en el más allá, para la eternidad venidera. Y quien le ayuda a perseverar hasta su último soplo de vida por la tierra, al hombre, a la mujer, al niño y a la niña, ha de ser Dios mismo con sus dones de su Espíritu Santo y con la vida misma, llena de glorias, de santidades y de honras perfectas de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Para que entonces sus hijos e hijas vivan y no caigan jamás en la maldad de sus enemigos habituales, en esta vida ni en la venidera, tampoco, para siempre. En verdad, el poder del enemigo ha sido desde siempre "odiar a Dios y el nombre sagrado de su Hijo amado"; un nombre tan santo y tan glorioso, que jamás ha sido menor que ningún otro nombre en el reino de los cielos ni menos en toda la tierra. Realmente, este es el nombre celestial que Lucifer intenta humillar, exaltando su nombre inicuo en el corazón de sus ángeles rebeldes y así también en el corazón de Adán, para alcanzar, al fin, a cada uno de sus descendientes, de todos ellos que habrían de nacer para vivir en el paraíso y en toda la tierra, también, por ejemplo. Porque el designio del corazón perdido de Lucifer era de humillar y hasta destruir por completo el nombre santo del Señor Jesucristo, por la simple razón de que sólo él es su Hijo amado, en el reino de los cielos, en la tierra y en toda su creación eternamente y para siempre. Y como el Señor Jesucristo no hay otro igual, tan glorioso y tan santo para honrar y para agradar por siempre, el corazón santísimo de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, entonces el odio de Lucifer hacia Cristo es cada vez mayor que antes. El cual se ha regado por toda la tierra, como flor silvestre, en todos los corazones de gran error, de los pecadores y pecadoras perdidos en su maldad eterna, para odiar a los que tienen sed de justicia y hambre por la verdad de Dios y de su Jesucristo, por ejemplo, en la tierra y en el paraíso, para siempre. Además, ésta gran verdad es justicia infinita de bendición y de salvación eterna para el corazón, no sólo de los ángeles del reino de los cielos sino también para todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, comenzando con Adán, en el paraíso, por ejemplo. Porque ésta es una verdad de justicia celestial e infinita, la cual hará crecer el corazón del ángel y así también el corazón del hombre de toda la tierra, para no sólo amar a su Dios, sino para conocerle cara a cara, tal como Él siempre ha sido desde los días de la antigüedad y hasta nuestros tiempos, por ejemplo. Es decir, esto es de conocerle a nuestro Padre Celestial, de la misma manera, como siempre le ha conocido su Hijo amado, ni más ni menos, a través de los siglos y hasta nuestros días, por ejemplo, en el reino de los cielos y en toda su creación. Porque sólo el Señor Jesucristo tiene en si, el espíritu de la verdad, de la justicia infinita, para conocer a nuestro Padre Celestial, en su perfecta santidad y gloria celestial, en el reino de los cielos, en la tierra y en toda su nueva creación, como La Nueva Jerusalén Santa y Eterna, por ejemplo, del más allá. Es por eso, que el espíritu de error envidia extremadamente a todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, porque cada uno de ellos tiene "el potencial" en su corazón y, a la vez, la promesa divina del mismo Señor Jesucristo para conocer a su Padre Celestial, en su día celestial, en el cielo. Y esto ha de ser una realidad muy pronto con cada uno de ellos, sus fieles eternos al nombre santo del Señor Jesucristo, en sus corazones y en sus vidas en la tierra. Porque Dios ama y añora cada día conocer personalmente a cada uno de sus hijos e hijas, de los fieles perfectos en sus corazones: al nombre santo de su Hijo amado, quien verdaderamente ha traído tanta honra, tanta alegría, tanta paz y tanto amor con muchas más de sus glorias y santidades infinitas al corazón de nuestro Padre Celestial. Es decir, entonces de conocer a Dios, de la misma manera como su Hijo amado, el Señor Jesucristo, siempre le ha conocido a Él, como a su único Padre Celestial, a través de siglos inmemorables, de eternidades olvidadas, del más allá, de su viejo reino celestial y hasta de nuestros tiempos modernos, también, por ejemplo. Por esta razón, para nosotros poder conocer a Dios, entonces tenemos que conocer al Señor Jesucristo no de vista ni de oído, sino desde lo profundo de nuestros corazones y con todos los dones de poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo; porque de otra manera, entonces jamás veremos a Dios, ni menos le vamos a conocer, como nuestras almas pueden. Es por eso, que el odio del espíritu de error de Lucifer, en su corazón y en los corazones de sus seguidores, como ángeles caídos u hombres y mujeres de gran pecado y de gran mentira de toda la tierra, del ayer y de siempre, es tan grande hacia todo lo que es de Cristo o que ame a Dios. Por esta razón, el Señor Jesucristo les aseguraba no tanto a los ángeles del cielo, sino a los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, que serán aborrecidas por mucha gente, por causa de su nombre inviolable. Porque el enemigo ha de querer humillar a Dios y al nombre santo de su Hijo amado, pero no podrá jamás, como no pudo en el reino de los cielos, en el día de su gran rebelión hacia Dios y hacia su Árbol de vida eterna, por ejemplo, el Cristo de Adán y de la humanidad entera. Porque el nombre del Señor Jesucristo es "inviolable", y esto es algo que Lucifer jamás logra entenderlo en su corazón perdido en sus profundas tinieblas, por lo cual, es imposible de humillar y de esclavizar, en el cielo ni menos en la tierra. Ni menos en la tierra, de nuestros tiempos, como en Israel, por ejemplo, porque es en donde su sangre santa ha salpicado, desde su cruz redentora, su Árbol de Vida infinita, para ponerle fin a todo pecado y cada una de las tinieblas eternas, con tan sólo invocarle a Él, en su nombre santo y eternamente sobrenatural. Dado que, Cristo es tan glorioso y tan honrado, que el corazón de Lucifer, como los corazones de los ángeles caídos, sólo deseaban tenerlo en sus pechos o ser como él mismo: ¡El Santo de Dios!, ¡El Ungido de Dios! Pero esto es imposible para cada uno de ellos; dado que, no hay misericordia alguna posible de parte de Dios, para ninguno de ellos, jamás, en esta vida ni en la venidera, tampoco, para siempre. Entonces como los ángeles caídos no podían con él ni menos con su sabiduría infinita, por su inferioridad a la naturaleza eterna de Cristo, en la vida santa del reino de los cielos, entonces decidieron odiarle por siempre, con un espíritu eterno de rebelión indescifrable, no sólo en sus corazones sino también en los corazones de gentes de mentira eterna. Es decir, también, de que si tú amas a Dios, mi estimado hermano y mi estimada hermana, ha de ser porque el nombre santísimo de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, vive en ti. Y si el nombre del Señor Jesucristo vive en ti, entonces no sólo eres conocido por Dios, sino también por sus ángeles santos y hasta por sus enemigos eternos, en el más allá. Y ellos no están ahí para amarte, sino para odiarte, por causa del nombre sagrado del Señor Jesucristo; pero no les temas, ellos jamás podrán hacerte ningún mal; es más, es por eso que te odian tanto, porque deseando hacerte el mal, entonces no pueden, porque el nombre de Cristo es inviolable en tu vida, para siempre. Entonces ahora como amas a Dios y a su Jesucristo en tu corazón, no sólo eres conocido y amado en el cielo, sino que también eres conocido en el bajo mundo de los muertos y odiado por su espíritu de error que reina en cada uno de ellos. Es por eso, que has de ser odiado por todos, en todos los lugares, en donde la gente no ama a Dios ni a su Jesucristo, tan sólo por causa del nombre salvador e inviolable de nuestro redentor eterno, nuestro gran rey Mesías, el Hijo de David, el Cristo. Pero no te importe jamás, cuanto te odia Lucifer y su espíritu de error en los corazones de sus ángeles caídos o de la gente de gran mentira de la tierra, porque tu salvador eterno, el Señor Jesucristo, ya venció tu mundo y el mundo personal de todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, para que vivan. Es decir, si cada uno de ellos tan sólo cree en Jesucristo, en lo profundo de su corazón y, también, en su gran obra infinita, llevada acabo en las afueras de Jerusalén, para cumplir la Ley Celestial con sangre, para entonces ponerle fin al pecado de la tierra y de su humanidad infinita, y sólo entonces vean la vida eternamente. Porque el Señor Jesucristo no sólo ha vencido la vida pecadora y el mundo entero, cruel y lleno de trampas mentirosas del enemigo, sino también la eternidad. Si, nuestro Señor Jesucristo ha vencido por siempre la eternidad venidera, para bien de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, que tan sólo le invoque a Él, en su nombre santo, en lo profundo de su corazón, para gloria infinita de nuestro Dios, de su Espíritu Santo y de sus huestes celestiales del reino del cielo. LO QUE NACE DE CRISTO EN TI, VENCE AL MUNDO En verdad, nada que ha nacido de Dios, jamás ha sido superado por Lucifer ni por ninguno de sus ángeles caídos, ni menos por el hombre de pecado de toda la tierra. Por lo tanto, si el nombre del Señor Jesucristo nace en tu corazón, con el nuevo amanecer de la nueva resurrección de Dios y de su Espíritu Santo en Jesucristo, entonces jamás el enemigo de tu alma y de toda tu vida te podrá vencer; es más, nadie podrá vencerte nunca, si Cristo vive en tu corazón. Porque lo que ha nacido en ti, en el día que el Señor Jesucristo entro en tu vida, entonces es el comienzo de tu nueva vida infinita, la cual perdiste en el paraíso (y no en la tierra) por culpa de las palabras mentirosas, en el corazón de Eva y de Adán, para que muera tu alma para siempre. Es decir, que Lucifer ya quería destruir tu vida, desde los primeros días de vida de Adán, en el paraíso celestial, pero Cristo lo venció por amor ti, siempre por a ti, mi estimado hermano y mi estimada hermana; para que vivas y jamás veas al ángel de la muerte en tu corazón, ni menos en tu alma eterna. Pero Dios te ha redimido venciendo a Lucifer y cada una de sus profundas tinieblas en toda la tierra y en el más allá, también, como el ángel de la muerte, el infierno y la segunda muerte de tu alma viviente, en el lago de fuego, por ejemplo. Todas estas grandes maldades de Lucifer y de su castigo eterno, el Señor Jesucristo las ha vencido por amor a ti, destruyendo los poderes sobrenaturales del pecado y de sus muchas enfermedades, en la tierra y en el más allá, también, para siempre, para que tu alma viva y no vea el mal del ángel de la muerte, jamás. Es por eso, que cada vez, que el nombre del Señor Jesucristo es creído en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña, entonces una nueva vida infinita empieza formalmente con el espíritu de amor eterno, de Dios y de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, para jamás morir en su nuevo reino celestial, en el más allá. Y esto ha de ser, por ejemplo, como en el paraíso o como en su nueva ciudad celestial, La Nueva Jerusalén Santa e Infinita de su gran rey Mesías, el Hijo de David, ¡el único Cristo posible para Israel y para la humanidad entera! Por esta razón, cada uno de ustedes ha sido formado en las manos de Dios, en el día que formaba a Adán, por ejemplo, en el reino de los cielos, para que tenga vida y en abundancia, hoy en día y por siempre, en la eternidad venidera. Es por eso, que Dios jamás les ha abandonado a pesar de sus pecados y de sus muchas rebeliones en contra de él y de su fruto de vida eterna, el Señor Jesucristo, como Adán y Eva lo hicieron en sus días de vida y de ceguera espiritual, en el paraíso, por ejemplo. Porque mayor es el espíritu de vida de Dios que está en ustedes y con ustedes, que aquel que está en el mundo, Lucifer, perdido eternamente y para siempre en sus profundas tinieblas del más allá, de su segunda muerte infinita, del lago de fuego. (Feliz Prospero Año Nuevo 2007 para todos. Amén.) El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el Señor Jesucristo. LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida de acuerdo, a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino santo de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender mas de Jesús y su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros está a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, por la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/...pe=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com |
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