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| Sábado, 14 de Julio, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo) APOLOGIA DEL PERDÓN La apología aceptable del "arrepentimiento del corazón pecador" delante de Dios, de su Espíritu Santo, de su gran rey Mesías y de sus huestes celestiales, es, indiscutiblemente, "la sangre" que se derramo gota a gota sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para "la reconciliación" del hombre con "la Ley Divina" de Dios. Y "sin derramamiento de sangre", entonces "no hay perdón de Dios" para ningún hombre, mujer, niño o niña de la humanidad entera, en el paraíso, ni en la tierra, para siempre. Nuestro Dios es un Dios de gracia y perdón eterno, sólo por medio de su fruto del Árbol de la vida, o del los árboles cruzados de Adán y Eva, con Él crucificado y muerto, para luego resucitar en el Tercer Día, con la "Ley consumada, satisfecha en sus manos", y lleno del Espíritu de la vida eterna para todos. Pues esta era la única manera, de salvar la vida del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de toda la tierra, simplemente "sustituyendo la suya", como pecadora eterna, por "la vida infinita y eternamente gloriosa", libre de toda mancha del pecado, su Hijo amado, ¡ el Señor Jesucristo! Y nuestro Padre Celestial hizo todo esto con su Hijo, "entregándolo a la muerte" del pecador de toda la tierra, "en vez de que el pecador muriese por sus pecados", fue porque sólo el Señor Jesucristo, en el cielo y en toda la tierra, "era moralmente perfecto para el sacrificio eterno", sobre la roca eterna, en las afueras de Jerusalén. Por lo tanto, sólo el Señor Jesucristo "fue el cumplimiento moral y perfecto" del sacrificio de Abraham y de su hijo Isaac, sobre la cima de uno de los Montes del Moriah, y así también finalmente "cumplió moralmente todos los sacrificios" de la humanidad entera, desde Abel y hasta el ultimó sacrificio del Tabernáculo y de todo Israel", también. Entonces en nuestro Señor Jesucristo tenemos perdón de pecado y bendición de vida eterna, porque cuando descendió al infierno en el día de su muerte, entonces se llevo con él cada uno de todos los pecados de la humanidad entera, del pasado, del presente y del futuro. Y cuando "resucito en el Tercer Día", entonces "se levanto con la Ley de Moisés, completamente satisfecha y sin ningún pecado" del hombre del paraíso o del hombre de toda la tierra, para que la palabra de la Ley ya no sea ofendida más, como antes y como siempre por el pagano de todos los tiempos, por ejemplo. Es decir, también, que nuestro Señor Jesucristo "se llevo con él cada uno de nuestros pecados", para "abandonarlos en sus lugares eternos", de entre las llamas de la ira de Dios en el infierno, para que "jamás se vuelvan a acordar de ninguno de ellos", en la tierra, ni menos en el paraíso o en La Nueva Jerusalén Celestial. Y es por eso, que la Ley de Moisés ya puede "vivir o existir" en nuestros corazones infinitamente, porque el Señor Jesucristo "la levanto del corazón de la tierra", pero "sin ninguna ofensa del pecado" del hombre sobre ella, para que "ya no haya condena alguna" para el hombre, sino "sólo vida eterna y muchas ricas bendiciones de salud infinita". La Biblia es "el único libro" de todos los libros religiosos de la historia de la humanidad entera, el cual realmente "habla del perdón de Dios" para el pecado de la humanidad entera. Y este perdón del pecado del hombre "se inicia" del carácter sagrado y del amor infinito de Dios, porque él "es lleno de gracia y de perdón" para todo el que desee vivir su vida en perfecta santidad delante de su presencia, en el paraíso, en la tierra o en la nueva eternidad venidera, del nuevo reino celestial. Y, por lo tanto, ese es el carácter, "por inicio propio", de santidad y de perfección, siempre lleno de amor y de bondad del verdadero hombre y de la verdadera mujer del paraíso y de toda la tierra, también. Pero, hoy en día, estamos manchados por el pecado, porque Lucifer le mintió a la vida, al corazón, a la sangre, al alma y a todo el cuerpo o ser viviente de Adán y así también de cada uno de sus descendientes, en la tierra, comenzando con Eva, para que no conozcan jamás el arrepentimiento de sus pecados a Jesucristo. Entonces es el deber del hombre de "aceptar responsabilidad" por sus actos equivocados delante de Dios y de su prójimo también, en todos los días de su vida por la tierra, para que ningún mal "estorbe su calidad humana", es decir, su calidad de haber sido formado en las manos de Dios, en su imagen y conforme a su semejanza. Porque Dios desea que todo hombre y toda mujer "crezcan hacia arriba", hacia su nueva vida infinita del paraíso, por ejemplo, el cual Dios mismo se lo ha entregado a él, como se lo entrego a Adán en el más allá, no para que la rechace, sino para que la reciba y la acepte como su Árbol de vida eterna. Es por eso, que nuestro Dios ha llamado a todo hombre, como llamo a Adán y a Eva en sus días, para que "se juzguen" a sí mismos delante de él, de su Árbol de vida y de su fruto de vida y salud eterna. Porque sólo el fruto del Árbol de Dios es la verdad y la justicia infinita de la nueva vida venidera del nuevo reino de los cielos, para sus huestes celestiales y para su nueva humanidad infinita, libre de todos los males del más allá. Por lo tanto, nuestro Dios "requiere" del hombre que "confiese" a su Jesucristo en su corazón y con sus labios, cuanto más antes mejor para él y para ella, en esta vida y en la venidera, también, eternamente y para siempre. Porque todo pecado, todo error, toda falta y toda maldad, "tienen que ser juzgados" por su mismo corazón humano, pero con la ayuda de Dios, de su Espíritu Santo, de su Jesucristo y de su Ley Santísima e Irrompible del paraíso. En la medida en que, la Ley de Dios no se rompe, sino que se "la cumple al pie" de cada palabra, cada letra, cada tilde y cada significado divino en el paraíso, en la tierra y así también en la nueva vida gloriosa de La Nueva Jerusalén Eterna del cielo. La ley de Dios es "la guía exacta", ni más ni menos, para la nueva vida eterna del nuevo hombre y de la nueva mujer, en Dios y en su gran rey Mesías, el Hijo de David, el Cristo, ¡el Árbol de la vida eterna! Y sin la Ley de Dios, tal como es (y ha de ser) por siempre, en la vida de Dios y de su nueva humanidad infinita del reino de los cielos, entonces "no hay vida posible" para nadie, sea ángel del cielo u hombre del paraíso o de la tierra, para siempre. Entonces cuando Adán y Eva "rehusaron comer" del fruto de la vida, realmente, "estaban quebrantando la Ley del paraíso", es decir, la Ley Redentora, la cual recibió Israel sobre las faldas del Sinaí para "entregársela al Mesías", en sus días de vida en Israel, para que la cumpla, y así "salga de ella": el perdón y la salvación del hombre. Entonces el pecador o pecadora que "se juzgue" a sí mismo por la palabra de la Ley del paraíso, pues, "se encontrara culpable" de cada uno de sus malas palabras y de cada una de sus malas acciones también, para destrucción de su vida y para muerte eterna de su alma, en el fuego eterno del infierno. Pero si el mismo pecador y la misma pecadora "se juzgasen" a sí mismos por "la Ley Viviente", cumplida, satisfecha y glorificada infinitamente en el corazón, en la sangre y en la vida del Señor Jesucristo, entonces su vida "no será juzgada" para mal de su vida, ni su alma morirá jamás, sino que "vera la vida eterna" de Dios. Ahora, los que "no pueden juzgarse" a sí mismos por sus pecados y por sus muchas tinieblas de sus vidas, entonces "no aman" la verdad y la justicia infinita de Dios, manifestada a cada uno de nosotros, en la vida llena del Espíritu de Dios del Señor Jesucristo y de la Ley Celestial de Moisés y de Israel, por ejemplo. Es decir, que ninguno de ellos "reconoce" en su corazón a su Dios, ni menos a su Espíritu Santo, ni a su Jesucristo, ni mucho menos a la Ley Eterna, de la nueva vida de Dios y de sus huestes celestiales del nuevo reino de los cielos; y esto es pecado para muerte eterna. (Pues entonces el vaticano "tiene que honrar la Ley del paraíso" algún día y sin los ídolos e imágenes de talla de siempre, para gloria infinita de Dios y salvación de mucha gente, también.) Por cuanto, nuestro Dios no está deseoso de "ver el pecado" de nadie a que prospere y viva, sino a que muera y mengue en la oscuridad de la eternidad, para siempre. Para que el mal de las tinieblas no se siga "expandiendo" sobre todos los aspectos de la vida humana y de toda la tierra, también. Lo que nuestro Dios busca "es un corazón arrepentido" de sus ofensas, de sus malas palabras y malas acciones, también, para que ningún error perdure jamás en su vida, como alguna tiniebla del más allá de Lucifer o de sus ángeles caídos, por ejemplo, para "manchar y así destruir" su vida en la tierra y en la eternidad venidera. Porque todo pecado "trae tinieblas tras tinieblas" a la vida del hombre, para arrancarla de Dios y, al mismo tiempo, alejarla lo más lejos posible de su Árbol de vida eterna y de sus muchas promesas de perdón y de salvación infinita, también. Y Dios nos ha entregado de su luz celestial, para que esto no siga así en la vida de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, sino que "vean la verdad" y su luz y más no "la mentira y las tinieblas" de la falsedad de Lucifer, por ejemplo, como sucedió con Adán en el paraíso. Es por eso, que nuestro Dios "busca el arrepentimiento" de nuestros corazones, "únicamente aceptando la crucifixión, muerte y resurrección de su Hijo amado, el Señor Jesucristo", en nuestras vidas día a día y por siempre, en la nueva eternidad celestial; en donde viviremos infinitamente, porque fuimos "creados para el cielo", para el paraíso, y libres de los males del enemigo. Entonces nos debemos al SEÑOR para recibir de su gracia y de su perdón, "sólo posibles" en nuestros corazones y con nuestros labios, en "invocar" el nombre del Señor Jesucristo, en esta vida y así también en la venidera del paraíso o de La Nueva Jerusalén Infinita del cielo; y "no volver al error" de Adán y Eva jamás. Porque sólo el Señor Jesucristo "puede perdonar", limpiar y librar del poder del pecado al corazón y al alma eterna del hombre de toda la tierra, por "los poderes sobrenaturales" de su Espíritu Santo y de su gracia infinita. Y "nada ni nadie podrá jamás perdonar", limpiar y salvar el corazón y el alma eterna del hombre, de los poderes del pecado y de las fuerzas terribles del más allá, como los de Lucifer y de sus ángeles caídos, por ejemplo, si no es sólo el Señor Jesucristo, viviendo en el corazón y en el alma eterna del hombre. Por lo tanto, para poder perdonarnos nuestro Padre Celestial de nuestros pecados, entonces "tuvo que hacer" que la verdad, la justicia y la perfecta santidad de su Hijo amado sean "hechas una realidad", sólo por medio del espíritu de la fe, de su nombre santo, en nuestros corazones. Y este nombre santo de Dios y de la vida gloriosa del reino de los cielos, en nuestros corazones, como en los corazones de los antiguos patriarcas de Israel, por ejemplo, quienes conocieron y amaron a Dios y a su "gran rey Mesías", es el mismo nombre del Señor Jesucristo, ni más ni menos. Porque sin este nombre glorioso "viviendo" en los corazones de los patriarcas de Israel de la antigüedad, como en el corazón de Abraham, Isaac, Jacobo, Moisés, Josué, David y muchos más, entonces "no hubiesen jamás, ninguno de ellos, haber conocido el amor de la verdad y de la justicia redentora de su Dios y Fundador de sus vidas", ¡el Todopoderoso! Entonces así como en la antigüedad y con sus gentes inmortales, porque ellos viven en el cielo (o más bien en el paraíso), pues entonces así también nosotros, hoy en día, "no podremos tampoco jamás conocer a nuestro Creador y salvador de nuestras vidas, sino invocamos su nombre santo con nuestros labios primero y desde lo profundo de nuestros corazones". Por eso, es mejor recibir a Jesucristo en nuestras vidas, y no pecar como algunos antiguos (y no todos), por ejemplo. JESUCRISTO SE VIO OBLIGADO A REPRENDER A ALGUNAS CIUDADES DE ISRAEL, POR SU FALTA DE FE, EN ÉL Entonces comenzó a "reprender" a las ciudades el Señor Jesucristo, en las cuales se realizaron muchos de sus milagros poderosos por los poderes sobrenaturales del Espíritu Santo de Dios, para sanar a los enfermos y hasta para levantar a los muertos de sus tumbas, también; y para sorpresa del SEÑOR no se habían arrepentido de sus pecados aun. Y el Señor Jesucristo entonces se pregunta a sí mismo: ¿ Qué más debo hacer para que estas gentes salgan de sus tinieblas y abandonen sus pecados, por la luz infinita de la gracia y el amor de Dios que está en sus corazones y en los cielos, también, aunque no lo entiendan así, todavía? Pues como vio el Señor Jesucristo que nadie le respondía, sino que todos se miraban a sí mismos y hacia a él, también, entonces siguió su camino con gran tristeza en su corazón, por la sorpresa que acogía a su espíritu y a su alma santísima, de ver tanta ceguera espiritual en todos ellos, cuando no debía ser así. Por lo tanto, el Señor Jesucristo se sintió muy herido en su corazón, por el espíritu indiferente de muchos de ellos, de los que habían recibido sanidades en sus cuerpos y, a la vez, habían visto maravillas también manifestarse en la predicación de la palabra viva, en todas las gentes que se acercaban a él, por una razón u otra. Es más, el Espíritu de Dios se sentía herido también, porque maravillas así, de las cuales no había ejecutado en otras regiones de Israel, pero, sin embargo, "se habían arrepentido" de sus pecados y aceptado al Señor Jesucristo, como su único y suficiente redentor de sus vidas, delante de Dios y para gloria infinita de su nombre santo. Algo irónico para el Señor Jesucristo y para su Espíritu Santo también, pero muy cierto -porque así fue en aquellos días y con aquellas ciudades de Israel-, después de haber visto tanta gloria celestial desplegarse en todas sus tierras y entre muchas de sus gentes, y aun así no mostraron vergüenza o arrepentimiento alguno por sus pecados. Ciertamente nuestro Dios ha enviado a su Hijo amado a Israel y al mundo entero, para "alcanzar grandes glorias a su nombre santo", de los corazones de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la tierra, y así engrandecer su reino celestial mucho más que antes, para "terminar" con las tinieblas de siempre, en las vidas de muchos. Pero para que esto sea una realidad en la tierra y así también en el paraíso o en el nuevo reino de los cielos, como en La Nueva Jerusalén del gran rey Mesías, entonces "el corazón del hombre tiene que arrepentirse" de sus pecados, para que "las tinieblas mueran". Porque la verdad es que "las tinieblas no van a morir jamás", si el corazón del pecador y el corazón de la pecadora no se arrepienten de sus males de siempre y hasta de sus muy mínimos errores, por ejemplo, delante de Dios y de su Espíritu Santo, con tan sólo invocar el nombre sagrado del Señor Jesucristo. En vista de que, todo error, maldad, mentira, injuria, calumnia, "es pecado mortal" para Dios y para su nombre santo, aun por muy pequeño o insignificante que sea (el pecado), pues, aun así acarrea muerte eterna, para el corazón y para el alma viviente del hombre de toda la tierra y de los suyos, del mismo modo. Y nuestro Dios para hacer que el hombre pecador y la mujer pecadora "cambien sus maneras de pensar", entonces tienen que "cambiar sus corazones y sus espíritus", a la vez, milagrosamente. Y esto sólo es posible por los poderes sobrenaturales de los dones del Espíritu Santo; es por eso, que el Señor Jesucristo en todas las regiones, valles, aldeas, pueblos y ciudades de Israel, "hizo" milagros, maravillas y hasta prodigios con su nombre santo, y aun así algunos pecadores se "resistían" a su Dios, para "recibir el perdón" de sus pecados. Es decir, que por más que nuestro Padre Celestial "manifestó su amor" y la gracia redentora de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, por los poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo, haciendo que los enfermos "sanen" de sus enfermedades y las gentes poseídas por el espíritu de maldad sean "libres", algunos de ellos se resistían a la verdad de Dios. Entonces muchos si no todos los pecadores "veían" la mano de Dios y los poderes sobrenaturales del Espíritu Santo hacer grandes cosas, "cosas como las cuales que jamás se habían hecho en todo Israel", y ni aun así sus corazones no eran movidos "al arrepentimiento justo" de Dios, para "sanar" sus vidas y "salvar" sus almas, de la muerte segura. Porque todo pecador y como toda pecadora, también, que "aun no ha recibido" al Señor Jesucristo en su corazón, ni menos ha confesado su nombre sagrado con sus labios, "de acuerdo al evangelio sobrenatural de Dios", entonces "va camino hacia el bajo mundo" de las profundas tinieblas del más allá, el fuego eterno del infierno. Y nuestro Dios no ha enviado a su Hijo a Israel para "perder al mundo, en 'las mentiras' de Lucifer", sino para salvarlo de su mal eterno, como de sus profundas tinieblas, las cuales viven en las gentes de las cuales aun no han "oído", ni menos "conocido" en sus vidas: la luz de la verdad eterna, ¡el Señor Jesucristo! Es por eso, que "la lucha de Dios" en contra de las mentiras y de las maldades de Lucifer "es justa y verdadera", la cual comenzó en el reino con los ángeles, y luego se expandió al paraíso para "tocar" la vida del hombre y así posteriormente continuar en la tierra, como hoy en día, por ejemplo, con el pecador. Y no es que nuestro Dios no pueda terminar con el pecado del hombre y de Lucifer en toda la tierra y en el más allá, también, sino que nuestro Dios es "paciente y profundamente misericordioso", no queriendo que el pecador muera en su maldad, sino que "se arrepienta", "invocando" con sus labios "el nombre salvador" de su Hijo amado. Por esta razón, nuestro Dios aun no ha destruido al mundo entero y a su humanidad también, como debió haberlo hecho en la antigüedad, como en los días de Noé, o como en los días de Sodoma y Gomorra, por ejemplo, por mencionar únicamente unas cuantas ocasiones en las cuales muy bien lo pudo haber hecho, por razones de justicia. Y, sin embargo, nuestro "Dios no lo hizo" por amor a su nombre santo, el cual vive en el corazón de su Hijo amado y en el corazón de cada uno de sus ángeles fieles del cielo y así también en el corazón de cada uno de los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera. Y estos son, realmente, como hoy en día, en toda la tierra, de los que aun "no han doblado sus rodillas" ante "el príncipe de la maldad", quien justamente es Lucifer, desde la antigüedad, por ejemplo, por amor y por temor al nombre sagrado e infinitamente sobrenatural de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Porque "todo falso", como embustero, mendaz, calumniador, amante de lo ajeno, truhán, odioso de lo bueno, odioso de la verdad y de la justicia infinita de la Ley para con la humanidad entera, limpiamente, "ha doblado ya su rodilla" ante el príncipe de toda mentira y de toda maldad del más allá y del bajo mundo de los perdidos, Lucifer. Además, "algunas gentes", como en algunos pueblos y aldeas de Israel, por ejemplo, después de Dios haber hecho muchas cosas gloriosas del cielo, en su nombre santo y por las manos de su Hijo y de su Espíritu, para "subyugar los males" del más allá, entonces decidieron "unánimemente no arrepentirse" de sus pecados, sino seguir en sus vidas de siempre. Y es aquí, cuando Dios mismo "se enoja con ellos", una vez más, como se enojo varias veces en la antigüedad, por ejemplo, por culpa de sus errores y por no conocer los poderes sobrenaturales del Espíritu de la Ley de Dios, infinitamente cumplida en su fe propia, en tan sólo creer en la sangre de su gran rey Mesías. Porque la promesa del Mesías viene a Israel desde la antigüedad, por ejemplo, y aun hasta nuestros días, también. Y éste es el Espíritu de Dios, el cual ciertamente "se manifestó a Israel" en la vida misma del Árbol de la vida, el gran rey Mesías, el Hijo de David, para "cumplir la escritura" y las promesas hechas a los antiguos, como a David, para empezar una nueva vida celestial en la tierra, para vivirla infinitamente en el cielo. Y es por eso, que el Señor Jesucristo reprendió a las ciudades de Israel, como a Corazín y a Betsaida y otras, porque no quisieron "aceptar la verdad y la justicia del sacrificio eterno", sino que prefirieron pagar mal por bien, a quien sólo les había hecho bien de su espíritu bueno y muy noble, por cierto, para con ellos. Por lo tanto, "la ira de Dios" en contra de estas ciudades y de sus gentes "fue grande", pero por amor al Señor Jesucristo y a su obra muy importante en todo Israel, entonces Dios "aplazo su ira", para otros días. Porque en ellas el Señor Jesucristo hizo muchos milagros y maravillas con su mismo nombre santo, el cual te bendice y te sana de todos tus males eternos, desde hoy mismo, para salvar tu vida y tu alma viviente, también, para la nueva vida venidera del nuevo reino de Dios y de sus huestes celestiales, ¡el Señor Jesucristo! Y ninguna de estas ciudades se arrepintió jamás, sino que decidieron darle la espalda y hablar mentiras de él, para destrucción de sus mismas vidas, en esta vida y en el más allá, también, para cumplir "el castigo de la Ley de Dios y de Moisés" para con cada una de ellas, eternamente y para siempre, en su juicio final. Porque todo alma que pecare, en el día del juicio Dios "demandara de su pecado", para cumplir toda verdad y toda justicia en aquella vida antes de enviarla a su destino final, en el más allá, como en el fuego eterno del infierno o finalmente la segunda muerte, el lago de fuego. Es decir, que así como Dios no quiso perdonar a Sodoma y Gomorra en el día de sus maldades, pues así también, el Señor Jesucristo no quiso perdonar a Corazín y a Betsaida, por ejemplo; ni tampoco perdonara jamás a ningún pecador o pecadora que se acerque a él, sin el Señor Jesucristo viviendo en su corazón. Porque para nuestro Dios ningún ídolo e imagen de talla, que ofenden y violentan su Ley Divina, podrá jamás mediar por el perdón y la salvación de ningún hombre, mujer, niño o niña de toda la tierra. RECHAZA TUS PECADOS Y RECIBE UN CORAZÓN NUEVO Y UN ESPÍRITU NUEVO Entonces nuestro Padre Celestial desea que cada uno de ustedes, "eche de sus vidas", de sus corazones y de sus espíritus y mentes humanas "todos sus pecados", para que no vean tinieblas ya más, sino la vida eterna, la cual sólo es posible en creer en el corazón y en confesar con sus labios: "el nombre 'salvador' del Señor Jesucristo". Porque esta confesión de fe, de nuestros corazones y de nuestros labios, es lo que realmente hace descender del cielo cada una de las bendiciones que necesitemos en nuestras vidas, día y noche en la tierra y así también en nuestras nuevas vidas eternas del cielo. Porque, además, sólo el Señor Jesucristo es "la verdad y la justicia celestial" que bendice y salva el alma viviente del hombre de toda la tierra, en esta vida y en la venidera, también, eternamente y para siempre. Por lo tanto, mientras tengan tiempo, "abran sus corazones a Dios y a su Jesucristo", para que adquieran "un corazón nuevo y un espíritu nuevo", también, para gloria y para honra bendita de su Dios y Fundador de sus vidas; porque si no lo hacen así, entonces desobedecen a su Creador, y sus almas peligran ante el mal del pecado. Por ende, esto es "muy peligroso", para cualquier ser viviente, ya sea en el cielo con los ángeles o con los hombres en el paraíso o en toda la tierra, de nuestros días, por ejemplo. Es decir, que están "desobedeciendo y, a la vez, "deshonrado" al Señor Jesucristo, delante de Dios y de su Espíritu Santo, para mal eterno de sus almas. Por lo tanto, ha de morir irremediablemente cada uno de ustedes, en toda la tierra y aun en el más allá también, en su segunda muerte final, en el lago de fuego eterno, si no se arrepienten delante de Dios y en el nombre sagrado de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Por lo tanto, nuestro Padre Celestial "no desea ver a la muerte" del pecador por su culpa y por sus muchos pecados, sino todo lo contrario. Nuestro Dios sólo desea ver al hombre "arrepentido de sus pecados" y, al mismo tiempo, "llena su vida" de la vida gloriosa de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, porque esto es "justicia y verdad infinita" para él, en la tierra y así también en su nueva vida eterna, del nuevo reino celestial. Porque para esto Dios ha enviado a su Hijo al mundo, para que la vida del mundo y así también la del hombre "cambie a la vida sagrada" de su alma santa, como lo es así en el cielo, lleno por doquier de la "vida del Árbol Celestial", por ejemplo, para alcanzar nuevas glorias infinitas a su nombre santo. Porque donde está el Señor Jesucristo hay arrepentimiento y dolor por el pecado y su culpa eterna, por lo tanto, sin duda alguna "hay vida y salud" en abundancia, para el corazón de cada ángel del cielo y así también para cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, sin jamás hacer excepción de persona alguna jamás. Entonces sin el Señor Jesucristo "no hay vida alguna posible" para Adán en el paraíso, como en el día que rechazo comer de su fruto viviente y así también para los ángeles del cielo y para la humanidad entera, de hoy en día y de siempre, en la nueva eternidad venidera. Es por eso, que Dios desea que el hombre "reciba la vida única" de su Jesucristo, cuanto antes mejor, como hoy mismo, por ejemplo, con tan sólo creer en su corazón y así confesar con sus labios su nombre sagrado y salvador, para que las puertas del cielo se abran, para su vida y para la de los suyos, también. Dado que, en donde Dios "salve a un solo hombre o a una sola mujer", por los poderes sobrenaturales de la gracia infinita de su Hijo amado, entonces hay vida en abundancia para los suyos, también, no importando su numero jamás, en esta vida ni menos en la venidera, también, eternamente y para siempre. Porque la escritura declara abiertamente, diciéndole al hombre de toda la tierra: "Cree en el Señor Jesucristo, para gloria y para honra del nombre sagrado de Dios y, entonces, 'tú y tu casa serán salvos' de los males del pecado, desde el momento que comienzas a creer en tu corazón, en la verdad y en la justicia del Señor Jesucristo". Puesto que, "la verdad y la justicia" de nuestro Dios, en el cielo y así también en el paraíso y en toda la tierra, "es sólo el Señor Jesucristo viviendo" en el corazón del ángel o del hombre fiel a él y a su nueva vida sagrada, como en su nueva ciudad celestial e infinita: La Nueva Jerusalén del cielo. Por lo tanto, todo aquel que ha "creído" en la obra sagrada de su Hijo amado, entonces ha alcanzado en su vida "el perdón eterno de Dios"; es decir, también que sólo el Señor Jesucristo es "el verdadero arrepentimiento" del corazón del hombre, para Dios y para su Espíritu Santo infinitamente, en la tierra y para la nueva eternidad venidera. En otras palabras, "mayor arrepentimiento" del corazón del pecador y de la pecadora para Dios no hay otro igual, que no sea "únicamente" su Hijo amado, "el Señor Jesucristo", viviendo en el corazón del hombre y de la mujer de toda la tierra, de hoy y de siempre, por ejemplo. Porque "sólo el Señor Jesucristo es el verdadero y único arrepentimiento" de todo pecado del corazón del hombre y de su alma viviente, también, para complacer a su perfección: "toda verdad y toda justicia infinita del corazón sagrado de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, también, en esta vida y en la venidera, eternamente y para siempre. Y sin "éste arrepentimiento celestial del Señor Jesucristo" en el corazón del hombre o de la mujer, entonces no entrara ninguno de ellos a su nueva vida del nuevo reino de Dios, tal como le sucedió a Adán y a Eva, por ejemplo, en el paraíso, en el día que no comieron del fruto del Árbol de la vida, ¡ Jesucristo! Es por eso, que todo aquel que cree en su corazón y así confiesa con sus labios el nombre del Señor Jesucristo, entonces muchas "bendiciones celestiales" de la vida santa del reino de los cielos comienzan a descender sobre toda la vida de aquel hombre, mujer, niño o niña, sobrenaturalmente fiel a su Dios y a su Espíritu Santo. Porque para nuestro Dios todo aquel que ama a su Jesucristo, entonces no sólo le es fiel a él y a su vida sagrada, sino que también le ama de verdad y en la justicia sobrenatural del Árbol Vivo de la crucifixión y sacrificio único y eterno del Mesías, sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén. Es decir, también, que todo aquel que ama al Señor Jesucristo en su corazón, entonces le está realmente a Él, el Creador del cielo y de toda la tierra, a nuestro Dios y Padre Celestial que está en los cielos, por ejemplo. Y "mayor prueba de amor" para Dios no hay otro igual, en el cielo, ni menos en la tierra, "salvo el Señor Jesucristo", su único y eterno amor que su corazón y su alma santísima "conocen", desde siempre. Es por eso, que el Señor Jesucristo es no sólo nuestro arrepentimiento perfecto de nuestro corazón delante de Dios, sino que simplemente no hay mayor (o no existe arrepentimiento más alto) para el corazón del hombre delante de Dios y de su Espíritu Santo, hoy en día y para siempre, en la nueva eternidad celestial e infinita, por ejemplo. Además, nuestro Padre Celestial "hace esta misericordia y gracia infinita" de su corazón santísimo hacia cada uno de todos nosotros, en todos los lugares de la tierra día y noche: "Únicamente gracias a la bondad y gracia infinita del Señor Jesucristo 'operando' en nuestras vidas, para perdón de nuestros pecados y para sanidad infinita de nuestras almas vivientes, también". Y sin el Señor Jesucristo viviendo en nuestros corazones, entonces "Dios jamás nos podría perdonar ningún pecado", ni menos llenar nuestras vidas de sus muy ricas y gloriosas bendiciones sobrenaturales de sanidades infinitas, de nuestros corazones, de nuestros espíritus y de nuestros cuerpos humanos, en la tierra y en el paraíso, también, desde el momento que rechazamos a su Jesucristo. Entonces el que cree en su corazón, de que puede "recibir algo de Dios", creyendo en los ídolos e imágenes de talla, de los paganos de la antigüedad, entonces se está equivocando terriblemente delante de Dios y de su Espíritu Santo, para vergüenza y deshonra eterna de su alma viviente, en la tierra y así también en el más allá. Porque todo aquel que "confía en los ídolos e imágenes de talla" en su corazón, entonces su destino final ha de ser el de aquel mismo ídolo o misma imagen de talla del más allá, como del infierno, por ejemplo, por haber creído en su corazón por error, para acercarse así a su Dios y recibir algo de Él. Y lo único que puede recibir de parte de Dios, el pagano que se acerca a él, con sus ídolos e imágenes de talla, ha de ser su castigo justo y eterno, según la Ley Eterna de Moisés y de Israel, por ejemplo. Porque la verdad es que "jamás ha existido", ni menos existirá nada, para los que se acercan a su Dios, por medio de ídolos e imágenes de talla, como las que arden entre las llamas de la ira de Dios, en el fuego eterno del infierno o del bajo mundo de los muertos, por ejemplo, en el más allá. Y este lugar es, ni más ni menos, para todo pecador y para toda pecadora idolatra delante de Dios y de su Árbol de vida, el mismo infierno de los ídolos y finalmente, después del juicio eterno, el lago de fuego, para que muera junto con sus ídolos e imágenes, en el fuego del juicio eterno de Dios, para siempre. SÍ HABRÁ GOZO EN EL CIELO, CUANDO TE ARREPIENTAS DE TUS MALES Pero los que "abandonan a sus ídolos" y a las imágenes de tallas del pasado mentiroso y contradictor, a la palabra de la Ley de Dios, por ejemplo, entonces Dios tiene 'muchas y ricas bendiciones" para sus corazones y para sus almas vivientes, también, desde ya, "si tan sólo confían" en su Hijo amado, en lo intimo de sus corazones. Porque no hay mayor confianza agradable al corazón de Dios y a su Espíritu Santo, que el espíritu de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, "actuando día y noche y con gran poder sobrenatural", en sus corazones y en sus espíritus humanos, para acercarnos a él, y pedirle lo que necesiten de su "gracia y de su misericordia infinita". Es por eso, que les digo, también, de que "habrá más gozo", que cualquier cosa gloriosa del cielo, por un pecador que "se arrepiente y se aleja" de la maldad de sus ídolos y de sus imágenes de talla, por ejemplo, para "honrar el espíritu" de la Ley Celestial y de su nueva vida infinita, del nuevo reino venidero. Porque "el espíritu de la Ley Viviente", el cual es el Espíritu de Dios, que Dios mismo ha instalado en nuestros corazones, tiene que ser "glorificado y exaltado" en nuestras vidas, para entonces cumplir con ella infinitamente, sólo por medio de la fe, del gran rey Mesías y así al fin entrar a la vida eterna, del nuevo reino celestial. Y es precisamente "el cumplimiento de la Ley de Dios", por "la invocación" del nombre glorioso e infinitamente milagroso del gran rey Mesías, en nuestros corazones y con nuestros labios humanos, entonces "hace que la bendición y el perdón infinito" de la Ley Satisfecha sea una realidad en nuestras vidas infinitamente y delante de nuestro Dios, también, para siempre. Entonces "si hay gozo y fiesta" en el cielo, en el corazón y en el Espíritu de Dios y de sus ángeles, ha de ser porque "vuelve al lado" de su Árbol de vida, aquel pecador, a quien Dios creo y amo en el principio, "abandonando" así por su bien su pasado de tinieblas, de sus ídolos e imágenes de talla. En efecto, esto es algo "muy glorioso y honroso" para nuestro Dios, para su Espíritu Santo y para su nueva vida gloriosa del cielo, porque las tinieblas que estaban llevando al abismo y a la destrucción de "una vida", preciosa y gloriosa para Dios, al mundo de los muertos, entonces ahora "vive en el paraíso". Es decir, que ahora es salva, esa alma eterna del hombre pecador o de la mujer pecadora; salva por la sangre infinita del paraíso por el "cumplimiento glorioso de la Ley de Dios y de Moisés en su nueva vida celestial del nuevo reino de Dios, por ejemplo". Porque la Ley de Dios, para que el hombre, la mujer, el niño y la niña de la humanidad, pueda desde ya entrar a la vida eterna del reino de Dios, entonces "tiene que haber pagado" por su alma eterna a la misma Ley de Dios, sólo por medio del fruto del Árbol de la vida, ¡el Señor Jesucristo! Es por eso, que "hay gozo en el alma" del hombre o de la mujer, cuando "ha sido pagado el precio" infinito de su alma y por el perdón de sus pecados, también, con la sangre bendita del gran rey Mesías, ¡el Señor Jesucristo! Y este gozo sublime del corazón del hombre, después de haberse "reconciliado con Dios y con su Ley Sagrada", entonces no se la puede quitar nadie (ese gozo espiritual) a esa alma del hombre, mujer, niño o niña de la humanidad entera, en la tierra, ni menos en el reino de los cielos. Es por eso, que "sólo el Señor Jesucristo es la reconciliación única y perfecta de la Ley del paraíso", para con el corazón y el alma viviente del hombre de toda la tierra. Y "sin el Señor Jesucristo", entonces "el corazón vive" triste, afligido y "sin la reconciliación perfecta de la paz de su vida", para con la Ley Eterna del cielo y de la tierra. Es más, "éste gozo celestial" de Dios y de sus huestes infinitas no se puede comparar a ninguna gloria del más allá, porque "es la obra perfecta" de las manos de Dios, la cual está "levantando" nuevas glorias y honras a su nombre santo y al nombre glorioso de su Hijo, en el cielo y por toda la tierra, también. Y estas glorias de honras y de exaltación del nombre de Dios "son muy santas" para el corazón de Dios y de su Espíritu Santo, por que no solamente "salen" del corazón del hombre "arrepentido" y de la mujer "arrepentida" de sus pecados, sino que salen también "llenas del espíritu de la gracia, misericordia y vida infinita" de su Jesucristo. Y todo esto es "sólo posible" en el corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de toda la tierra, cuando la Ley de Dios ha sido "cumplida, satisfecha, consumada y pagado", con el precio de la sangre del Señor Jesucristo, por el perdón de su vida y la salvación infinita de su alma eterna, también. Realmente, esta nueva vida del hombre "regenerada por el espíritu", de la palabra y de la vida gloriosa del Señor Jesucristo, ha de hacer que "el servicio al nombre" santo de Dios en el cielo y en la tierra", sea entonces mayor como nunca antes" en toda la historia de la vida de los ángeles y de la humanidad entera. Además, nuestro Dios "ha de recibir" cada gloria y cada honra que nosotros le entreguemos a Él, "en el nombre del Señor Jesucristo", porque por esto nos ha creado en sus manos santas, en el comienzo de todas las cosas, en el cielo y en toda la tierra, también, para que seamos "vasos perfectos" y "amigos" de su Ley Eterna. Y sólo así entonces nuestro Dios ha de ser "sumamente feliz" con nuestras vidas y con nuestras obras infinitas, en la tierra y en el paraíso, también, por medio del Señor Jesucristo, desde hoy mismo y para siempre en su nueva vida celestial, de su nuevo reino venidero. Porque el nuevo reino de los cielos ha de ser "un reino", para sus huestes celestiales de siempre y para su nueva humanidad infinita de todos los tiempos, "lleno por siempre de su Espíritu Santo y de su 'Ley Sumamente Cumplida y realizada' en sus almas eternas", para gloria y para honra infinita de su nombre sagrado. Es por esta razón, que "el Espíritu Santo y la Ley Viviente" son muy importantes en nuestras vidas, para que nuestros corazones sean llenos no sólo de la luz de la vida eterna del reino de los cielos, sino también para que nuestros corazones "comiencen" ha hacer "esas glorias y esas honras tan gloriosas", para nuestro Creador y Padre Celestial. Glorias y honras infinitamente santas "escondidas en nuestros corazones", desde los primeros días de la antigüedad en las profundidades de la tierra, desde donde nuestro salvador Jesucristo "levanto la Ley Celestial" hasta el cielo, y por las cuales nuestro Dios "nos rescato del fondo del polvo de la muerte", también, para que "se la entreguemos únicamente a él", hoy mismo. Para que "se la entreguemos solamente a él", por medio de la "invocación del Señor Jesucristo", en un día como hoy, por ejemplo, para "exaltación y para adoración infinita" de su nombre santo no sólo en nuestros corazones, como debe de ser siempre, sino también en el corazón de sus ángeles santos e infinitamente perfectos, del reino de los cielos. Porque la verdad es que "sólo por medio de la invocación de nuestros labios del nombre glorioso y sumamente milagroso del Señor Jesucristo es que salen estas glorias y estas honras escondidas, en cada uno de nuestros corazones", desde mucho antes de la fundación del reino de los cielos y de toda la tierra, también. Porque "cada una de estas glorias y honras de nuestros corazones ha estado escondida en las profundas tinieblas de nuestros corazones, como las piedras preciosas o como los diamantes", las cuales se forman en las profundidades de la tierra a través de los tiempos y con gran presión entre las rocas también, para que sean sumamente "maravillosas" en nuestras manos. Y cada una de estas glorias y honras "no son iguales" en grandeza y valor, así como las piedras preciosas y diamantes en sus diferentes tamaños y brillos de sus colores únicos y propios de ellas mismas, por ejemplo. Realmente, sólo nuestro Dios conoce "el valor real y verdadero" de cada una de estas glorias y honras del corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de toda la tierra, cuando "se levantan hacia Él y hacia su altar santo", en el reino celestial, por "la invocación única y sumamente sagrada" de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Es por eso, que "el arrepentimiento 'del corazón' del hombre es muy importante" para el Espíritu Santo de Dios, para que su vida vuelva a nacer, una vez más, pero esta vez del poder glorioso y sumamente honrado de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Y cuando nos hayamos arrepentido de nuestro pecados y mala manera de vivir, por medio de "nuestro arrepentimiento perfecto" de nuestros males eternos, delante de Dios y de su Espíritu Santo, en el nombre glorioso de nuestro Señor Jesucristo, entonces "saldrán" una a una "esas glorias y esas honras", de las cuales sólo le pertenecen a Dios, infinitamente en el cielo. Y sólo entonces Dios "habrá recibido tu 'apología y reconciliación' para con él y para con su Ley Sagrada", la cual es la vida perfecta de su Árbol de vida eterna, para que puedas entrar, ver y vivir asimismo la vida eterna de su nuevo reino celestial, en la nueva eternidad venidera. En fin, tu "única apología perfecta" delante de Dios, de su Espíritu Santo, de sus ángeles y así también de todos los demás, en todos los lugares del cielo y de la tierra, ha de ser como siempre y para el infinito venidero de tu alma eterna, ¡el Señor Jesucristo! El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el Señor Jesucristo. LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, por la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/...player-wm.asp? playertype=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com |
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