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| Sábado, 21 de Julio, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (SENTIMOS MUCHO EL PESAR DE TODO BRASIL Nuestro más profundo pésame a todas las familias brasileñas por las victimas de la tragedia área en el aeropuerto de Congonhas, en Sao Paulo, Brasil. Nuestros corazones se entristecieron y lamentaron mucho al conocer el sufrir de nuestros hermanos y hermanas, al no poder recibir más a sus muy amados de regreso a sus brazos y en sus casas. (Pues todos nos volveremos a ver, y ésta vez para siempre en el cielo, porque nos conocemos en el SEÑOR y en su Espíritu Santo, a pesar de la distancia, gracias a Jesucristo.) Por ahora, estamos orando por ellos y por sus familias, también, como siempre. Sabemos muy bien, de acuerdo a la escritura y buenas promesas de nuestro Creador, que todas estas vidas preciosas del SEÑOR y de su Jesucristo están viviendo sus nuevas vidas celestiales, en el paraíso de nuestros primeros pasos de vida, de nuestras vidas terrenales y del reino de los cielos, también. Le damos las gracias a nuestro SEÑOR por cada una de ellas, porque sabemos que están con él y con su Árbol de la vida eterna, en donde nuestro SEÑOR "llevo a Adán y a Eva" a que coman y beban de sus frutos de vida y de salud infinita para sus cuerpos eternos, para que no se alejen de él, jamás. Porque así como hizo con Adán y Eva, pues así también nuestro Dios hace con cada hombre, mujer, niño y niña del mundo entero, que sube al paraíso de regreso a su vida celestial, en su día, en el día señalado del SEÑOR, para empezar la nueva eternidad venidera de su flamante reino sempiterno, por ejemplo. Porque es verdad y justicia para nuestro Dios, "de hacer lo mismo que hizo con nuestros primeros padres", de llevarlos por "el camino de la verdad y la vida", para que coman y beban de su fruto de vida, al igual que confió en su corazón santo, de que algún día Adán y Eva lo hiciesen así, para cumplir toda verdad y justicia infinita en sus almas eternas. Realmente, ellos son felices con su Dios y con su fruto de vida eterna, en sus nuevas vidas infinitas, las cuales no conocerán jamás el fin ni el mal de todas las cosas, sino sólo paz, gloria, verdad, justicia, amor y mucha vida con muchas y gloriosas bendiciones de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo. Y todas estas bendiciones de glorias y verdades infinitas, como el fruto de la vida eterna, por ejemplo, en los corazones y en las almas de nuestros desaparecidos hermanos brasileños y hermanas brasileñas, son realmente "gracias al favor sobrenatural y a la gracia infinita" de nuestro gran salvador eterno y de todos los tiempos, ¡el Señor Jesucristo! Hemos de seguir orando y sin cesar por nuestros hermanos brasileños y hermanas brasileñas de siempre, delante del SEÑOR, en el nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro salvador Jesucristo, para que su Espíritu Santo y con sus muchos dones de paz, gozo, felicidad y sosiego abriguen sus almas eternas, también, para que "entiendan" que "sus amados viven". Ellos no están desaparecidos, como muchos de nosotros pensamos, sino que están con el SEÑOR y en el paraíso, también, en su primera casa y hogar familiar del cielo, gozando de sus frutos y del agua de vida y de salud eterna del Árbol de Dios, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! ¡ Amén!) (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo) JUSTICIA: "Es el derecho eterno" a lo que "le pertenece justamente" a una o varias personas. Éste derecho fundamental a que "la vida santa le pertenece a Adán" y a cada uno de sus descendientes, no se lo puede arrebatar nadie, ni ningún poder del más allá. Es por esta razón, que "la motivación que ha movido a Dios", a su Espíritu Santo y con posterioridad "ha restaurarle este derecho único y perpetuo al hombre, "no ha cesado nunca, desde los primeros días de vida del hombre en el paraíso y hasta nuestros días en toda la tierra, por ejemplo. Porque el deseo constante de Dios, para con el hombre, "es de restituirle cada uno de sus derechos celestiales de vida eterna", no sólo "en el paraíso, en la tierra", sino también "en todos los lugares del reino de los cielos", para que "pueda vivir su vida normal" y más no muera jamás. Porque la verdad es que el hombre "tiene derecho a caminar y acceso" a todos los lugares del reino de los cielos y hasta aun en los más recónditos del más allá, los cuales "sólo le pertenecen al SEÑOR", único Creador del cielo y de toda la tierra. Es más, "ni aun los ángeles" más santos del reino "tienen tanto derecho a vivir" en el cielo, y "ha ingresar a los lugares muy santos y muy preferidos" de nuestro Padre Celestial, como el hombre del paraíso y de toda la tierra, también, por ejemplo, lo tienen infinitamente, por inicio propio. Y es por esta razón, mucho más que ninguna otra, que Lucifer y muchos de sus ángeles rebeldes, por ejemplo, "nos envidian tanto" y aun hasta la muerte de cada uno de nosotros, en el paraíso, en la tierra y en el más allá, también (y aunque tú, ni los tuyos, lo crea así, es verdad, mi estimado hermano). En realidad, esta es una de las verdades más guardadas del enemigo de nuestras almas eternas; "ciertamente Lucifer no desea" que tú, ni ninguno de los tuyos, "conozcas esta gran verdad" en tu corazón jamás. Entonces el enemigo "hace todo lo posible para esconderla de ti", con mentiras para que así no sientas deseo de conocer a Dios, ni a su Jesucristo, ni a su Espíritu, ni menos a ninguno de los lugares eternos del reino celestial, de los cuales "sólo a ti te pertenece el derecho" de conocerlos y de caminar por ellos infinitamente. Conocerlos y caminar por siempre por sus lugares para "disfrutar su grandeza y su profunda gloria celestial", en tu corazón y en toda tu alma eterna, mi estimado hermano y mi estimada hermana, de la misma manera como Dios y sus ángeles "viven y disfrutan infinitamente" de cada una de ellas día a día y por siempre, por ejemplo. En verdad, el reino de los cielos "es tan vasto", que realmente "no tiene fronteras" con ningún otro lugar en el más allá; "y todo te pertenece a ti por derecho propio", de acuerdo a la voluntad perfecta de nuestro Dios, desde el día que nos formo en sus manos sagradas, en la tierra santa del cielo. Y, hoy en día, tu corazón, así como tu alma y todo tu cuerpo, espiritualmente hablando, "clama por volver al cielo 'y regresar" a los lugares santos y sagrados" que, por inicio, "nos pertenecen" para vivirlos y gozarlos infinitamente, en nuestras vidas celestiales del paraíso. Y "lo único que nos detiene" para regresar a nuestras casas del cielo, a nuestros hogares eternos del paraíso, por ejemplo, es el mismo pecado original de Adán y Eva en nuestras sangres humanas. Pero esto "no es ningún problema alguno", en nuestras vidas, "si tan sólo creemos" en nuestros corazones y "así confesamos" con nuestros labios: la verdad y la justicia celestial de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo y ¡del Señor Jesucristo! Es por esta razón, que nuestro Padre Celestial, desde mucho antes que separara las aguas de su firmamento y de la tierra, entonces "ya había comisionado, apoderado" a su Espíritu Santo, para que "comience a descender" sobre la tierra seca, porque Él es la vida y la sangre del pacto eterno, entre Dios y el hombre de la humanidad entera. Y luego de que nuestro Dios había enviado al mundo "al espíritu de la sangre" y del Árbol de vida, para que "subyugue" a cada una de las profundas tinieblas del más allá, en todos los lugares de la tierra, entonces "crea al hombre" en su imagen y conforme a su semejanza celestial, para que viva "únicamente su vida infinita". (De hecho, es aquí cuando nuestro Padre Celestial te crea a ti, en sus manos sagradas, mi estimado hermano y mi estimada hermana, para que vivas, no la vida que vives, hoy en día, en la tierra, sino la del paraíso, la de Cristo, su Hijo amado, ¡el Mesías!) Primero Dios crea a Adán en sus manos; y luego "Dios vio que no era bueno que él esté sólo", entonces lo duerme y de su quinta costilla "saco a la compañera" de su vida, Eva; de igual forma, "ambos fueron creados en las manos de Dios", pues, así también tu misma vida, mi estimado hermano y mi estimada hermana. Que Adán haya sido creado primero y luego Eva, para que "posteriormente tú también 'salgas' de sus cuerpos", de sus carnes, de sus sangres, de sus almas y de sus espíritus humanos, no importa (o no es gran diferencia) a nuestro Dios, en el paraíso, en toda la tierra o en el nuevo reino de los cielos, por ejemplo. Es decir, que "no importa quien nació primero o último", en el cielo o en la tierra, lo que importa hoy en día y por siempre, "si has comido" del fruto de la vida eterna, del cuerpo y de la sangre del Árbol de vida. Entonces lo que sí importa aquí y en el cielo, delante de Dios y de su Jesucristo, "es que tú comas y bebas de su fruto de vida eterna, para que tengas vida en abundancia, en la tierra y luego en el paraíso, para entrar en el nuevo reino de Dios y de sus huestes celestiales, en el más allá". Eso, "si es verdad y si es justicia" eterna, por tanto, si importa mucho en el corazón, en el pensar y en el deseo infinito de su Espíritu Santo y de su Hijo amado en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también, mi estimado hermano y mi estimada hermana. Entonces en este día, muy crucial para tu vida, así como lo fue para Adán y Eva, en el paraíso, por ejemplo, "tú tienes que hacer una decisión muy en serio" en tu corazón, y esto es para vida eterna. Es decir, que "debes de creer en tu corazón", en "la verdad y en la justicia infinita: de Dios, de su Espíritu Santo y de su Árbol de la vida, en el paraíso, en la tierra y así también, "igual y eternamente", en la nueva gran ciudad celestial del Gran Rey Mesías, La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo. Porque "si no lo haces así" en tu corazón, para bien eterno de tu alma viviente, mi estimado hermano y mi estimada hermana, entonces "permanecerás infinitamente en la oscuridad de siempre", como en la oscuridad del fondo de la tierra, o la oscuridad del vientre de tu madre, por ejemplo, no para vivir, sino para morir infinitamente en tu pecado. Y nuestro "Dios no desea que sigas perdido" en tus profundas tinieblas del pasado o de la muerte eterna de tu corazón y de tu alma viviente, sino que "regreses a la luz" que, en su gran día: "te vio vivir, por vez primera", como "vio la vida de Adán" santa, perfecta, feliz y pura, por ejemplo, "en el paraíso". Y así no vuelvas jamás, ni ninguno de los tuyos, en sus millares, en todos los lugares de la tierra, "ha alejarte de tu Dios y de su gran verdad y justicia infinita", su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Porque "el alejarse de Dios es alejarse del Árbol de la vida", o viceversa, "alejarse del Árbol de la vida es vivir ciego y lejos de la verdad y de la justicia infinita" de tu Dios y Creador de tu alma eterna, en esta vida y en la venidera, también, eternamente y para siempre. LA JUSTICIA ENGRANDECE EL CIELO Y ASÍ TAMBIÉN LAS NACIONES La justicia "engrandece a la nación" hasta lo sumo delante de Dios, pero "el pecado es afrenta" para los pueblos y "hasta la muerte más cruel posible", en la tierra y en el más allá, como el mismo fuego eterno del infierno y del lago de fuego, también, por ejemplo. Y esta justicia de Dios "no es una justicia cualquiera", sino la que sólo puede provenir del cielo, como del mismo Señor Jesucristo a tu corazón, a tu alma y a toda tu vida, de hoy en día y del futuro, por ejemplo. Porque todo lo que somos, y hemos de ser infinitamente, "si permanecemos fieles a Dios" y a su nombre santo, en nuestros corazones y en nuestras vidas, es, ni más ni menos el mismo Señor Jesucristo de siempre, en cada uno de nosotros, en el paraíso, en la tierra y así también en el nuevo reino celestial. Y somos de Jesucristo, porque "de él hemos salido para vivir la vida" gloriosa y sumamente honrada de nuestro Padre Celestial, en el paraíso primero y así también en la tierra, para posteriormente "entrar por fin": a vivir su gloria y su paz infinita, en su nuevo reino celestial, como en La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo. Y "esto es justicia para Dios" para con cada uno de nosotros, en nuestros millares, en todos los lugares de la tierra, de que "vivamos infinitamente en Él" y más "no muramos en Lucifer", jamás. Y "si hemos de vivir", entonces "ha de ser por el mismo fruto de vida eterna", el cual nuestro Dios mismo (y no un ángel del cielo) le lleva en su día, por el camino, de la verdad, de la vida y de la justicia eterna del paraíso y de toda la tierra, también, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Y nuestro Padre Celestial "le ofreció" comer y beber de su Árbol de vida eterna a Adán y a cada uno de sus descendientes también, "porque era lo justo" en el paraíso y así también, hoy en día, en todos los lugares de la tierra, como en un momento como hoy mismo en tu vida, por ejemplo, mi estimado hermano. Y si nuestro Dios "te habla en su justicia" y, a la vez, "te ofrece comer" del fruto del Árbol de la vida, entonces "no se lo rechaces", jamás, para que no peques como Adán y Eva, y causes más mal no sólo a tu vida, sino a muchos, también. En realidad, este mal proceder de tu vida en contra de la voluntad perfecta de Dios para tu vida y su gran rey Mesías, no seria jamás verdad y justicia para tu vida, ni para la de nadie, jamás. Recuerda una vez más, "antes de volver a pecar" ante Dios y ante su Árbol de la vida eterna. No se lo rechaces como Adán y Eva lo hicieron en sus días, por error y por engaño, por ejemplo, de la mentira mortal del enemigo eterno, Lucifer, sino haz todo lo contrario, para bien de tu alma y de tus nuevos días largos y eternos aun porvenir, en tu futuro celestial de la tierra y, por supuesto, del cielo. Es decir, que tienes que "aceptarla, consentirla, admitirla", en tu corazón y en tu vida, también, para que comience hacer todas esas obras sobrenaturales en tu alma viviente, con el fin de que sanes de tus males y así puedas "comenzar a crecer": espiritualmente, corporalmente y psicológicamente, delante de Dios y de su Espíritu Santo, también, para una vida mejor. Pues nuestro Dios nos ha creado "en su justicia divina" para darnos siempre de él y más no de nadie más; y esto es, de realmente "darnos día y noche" de su corazón, de su espíritu, de su alma y de su misma vida santa e infinitamente gloriosa, llena por siempre de sus muchas y honrosas bendiciones, del cielo. Además, es justicia y, a la vez, correcto de nuestro Dios de siempre "darnos de su Jesucristo" día y noche y por siempre en nuestras vidas en la tierra, y así también en el más allá, en nuestras nuevas vidas celestiales del paraíso y del nuevo reino venidero, para que "crezcamos" con el propósito de conocerle aun más que antes. Porque la comida y bebida de Dios te hace crecer infinitamente, espiritualmente hablando, para que conozcas por siempre su voluntad perfecta para con tu vida infinita, su justicia y su verdad inmortal, su Hijo amado, el gran rey Mesías de todos los tiempos. Por deducción, "la justicia de nuestro Dios" para con sus ángeles del cielo y así también para con cada hombre, mujer, niño y niña de toda la tierra, comenzando con Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo, "es para siempre", para la nueva eternidad venidera de la tierra y del más allá, también. Es decir, que la justicia del corazón de nuestro Dios "no tiene principio ni fin" tampoco en él, ni en ninguno de sus seres creados, como ángeles del cielo y así también como cada ser viviente de la humanidad entera, comenzando con Adán primero, en el paraíso, por supuesto, en sus primeros días de vida y de gloria celestial. Y nuestro Dios comenzó "a manifestar de su justicia" primero con Adán, como en el día que le ofreció comer del fruto del Árbol de la vida, porque él fue "su primer obra" de sus manos santas en el paraíso y, hoy en día, en toda la tierra, también, "sólo por medio" de la fe, de su Hijo, ¡el Mesías! Es por eso, que la justicia de nuestro Dios "ha esperado pacientemente" por cada uno de nosotros, desde mucho antes que fuésemos creados en las manos de Dios, para "llevar su imagen y vivir infinitamente" según su semejanza celestial, en el paraíso, en la tierra y posteriormente en su nueva vida celestial del nuevo reino venidero, por ejemplo. Por lo tanto, "es justo" para nuestro Dios que nosotros "tengamos" todo lo que necesitemos en nuestras vidas, por amor infinito y por justicia propia, porque nuestro Dios "no nos creo" en sus manos santas "para sufrir necesidades" de ninguna naturaleza, en el paraíso, en la tierra, ni menos en el nuevo más allá venidero, sino todo lo contrario. Ciertamente, nuestro Dios "nos ha sacado" del fondo de la tierra y de sus profundas tinieblas con sus manos santas, "para que gocemos" de su vida infinita y de su felicidad eterna, la de su Hijo amado, ¡el Árbol de la vida y de salud eterna del cielo, de la tierra y del nuevo reino celestial! Es por eso, que nuestro Dios "nos ha dado lo mejor de su vida personal" y así también "lo mejor de la vida misma" sumamente honrada e infinitamente gloriosa de su Árbol de vida eterna, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Y esto es algo que Dios "jamás ha hecho con ningún ángel del cielo", desde los días de la antigüedad y hasta nuestros días, por ejemplo, "salvo con el hombre" de toda la tierra, como hoy en día contigo, mi estimado hermano y mi estimada hermana. Y nuestro Dios obra así contigo, por amor a su verdad y a su justicia infinita viviendo en tu corazón, el Señor Jesucristo. Y "como demostración" de que nuestro Dios "nos ha dado" su vida santa y gloriosa de su corazón y del nuevo reino celestial, entonces el Señor Jesucristo "no escatimo su propia vida", cuando caminaba diariamente por las calles de las ciudades de Israel, hablando del amor de Dios a los que tenían sed, de justicia y de su verdad eterna. Ni menos "huyo del fuego ardiente", de los árboles cruzados de Adán y Eva, sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, sino que "enfrento" a la muerte del alma del hombre, "como un buen soldado" del reino de los cielos, para "alcanzar glorias y vida eterna", para la nueva vida de su nueva humanidad celestial. "Matando", al mismo tiempo, "al ángel de la muerte", y a cada una de sus huestes infernales del bajo mundo de los espíritus y almas perdidas, "con su propia vida santa" e infinitamente pura, "de acuerdo a la Ley" de Dios y de Moisés, por ejemplo, "completamente satisfecha" y sumamente honrada, "en su corazón y en su sangre sobrenatural", también. Es decir, que "la Ley de Dios ha triunfado" gloriosamente "sobre el pecado, 'sus maldiciones' y su muerte eterna", en la tierra, en el infierno y en el lago de fuego, también, "para bien de Adán" y cada uno de sus descendientes, en todos los lugares de la tierra, desde la antigüedad y hasta nuestros días, por ejemplo. Y es precisamente "ésta justicia" del más allá, la cual "ninguno de nosotros podía alcanzar jamás" en nuestros corazones, en nuestros espíritus, en nuestras almas y en nuestras vidas infinitas, "hasta que el Señor Jesucristo llega a Israel" y, a la vez, como hoy en día "a nuestras vidas, también", por el poder del Espíritu Santo y la palabra viva. Porque sin el Señor Jesucristo "entonces Israel no podía tener justicia", ni menos ninguna nación de toda la tierra; es más, todos estaban "viviendo en las profundas tinieblas" de siempre, "hasta 'la aparición del Señor Jesucristo' y de su palabra viva", sobrenatural, todopoderosa y muy milagrosa, e infinitamente llena de vida y de salud eterna, para el alma del hombre. Es por eso, que "sólo el Señor Jesucristo", delante de Dios y de su Espíritu Santo, "es la justicia salvadora del alma viviente" del hombre de toda la tierra, hoy en día y como siempre en la eternidad venidera, del nuevo reino de los cielos. Y "sin la justicia manifestada" a nuestras vidas de Dios y de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, entonces "el enemigo eterno" de nuestras vidas, "como Lucifer", por ejemplo, "podía" muy bien "continuar arrebatándonos" todas las cosas, de las cuales "legalmente nos pertenece" a nosotros, para "destruir nuestras vidas y nuestra fe", en Dios y en el Señor Jesucristo. Y "esto es muerte eterna", desde ahora para cualquier hombre, mujer, niño o niña de la humanidad entera; de hecho, "esto es un mal" terriblemente peligroso, "no conocer al Señor Jesucristo", para "la existencia de toda vida humana", en el paraíso y en toda la tierra. Por lo tanto, "es justicia eterna", en contra de todos los males del enemigo, grandes y pequeños, cuantiosos o no, "para el corazón del hombre" delante de Dios y de su Espíritu Santo, "invocar, 'conocer y profesar' el nombre sagrado del Señor Jesucristo", para bendición, protección, sanidad y sobre todas las cosas, "salvación infinita". Porque el Señor Jesucristo "ha descendido del cielo" con "la justicia celestial de nuestro Padre Celestial" y de su vida sumamente santa y honrada del paraíso; pero Lucifer "ha entrado al mundo", para "mentir, robar, matar y destruir" todo lo que es vida y de Dios en el corazón, en el alma y en la vida de la humanidad entera. Es por eso, que "sin el Señor Jesucristo en nuestras vidas", entonces "Lucifer" y cada uno de sus seguidores fieles, "tiene poder" (y la puerta bien abierta) "para seguir mintiéndonos, robándonos, matándonos y destruyéndonos", hasta "que no quede nada de nada" de nosotros en toda la tierra, como en el paraíso, por ejemplo, con Adán y Eva. BENDITOS POR DIOS SON LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DEL ÁRBOL DE LA VIDA Dichosos los que tienen "hambre y pasión por la justicia y la verdad salvadora de Dios", porque "ellos serán saciados por el SEÑOR". Estos son de los que tienen "hambre y anhelo de vivir la vida" gloriosa y sumamente honrada de su Creador y de su Árbol de vida, el Señor Jesucristo, libres de los males del pecado; es decir, que "ellos claman en sus espíritus", en sus corazones y en sus almas eternas, por "la llenura celestial del Mesías" en sus vidas. Esto "es justicia del corazón y del alma eterna" del hombre, "sólo posible en la verdad y en la vida sagrada" de su Árbol de vida eterna, ¡el Señor Jesucristo! De hecho, esto es el Espíritu de Dios "obrando en sus vidas", para que "comiencen a sentir" la bendición de Dios, la cual "los llena de la verdad, la vida y la santidad y de la felicidad celestial" de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Porque es el Espíritu de Dios "quien nos hace sentir 'el deseo' de justicia y de la verdad viviente" del corazón y del alma gloriosa, de nuestro Padre Celestial que está en los cielos; pues de otra manera, "no somos felices jamás", en el cielo, ni menos en la tierra, "sin el sentir del SEÑOR" en nuestras vidas. Y cuando el Espíritu de Dios "comienza a obrar en nuestras vidas", en sus diferentes formas, como lo suele hacer, entonces "esto significa que Dios nos está llamando", para que nos levantemos hacia él y dejemos atrás las tinieblas de siempre, las cuales "nos llevan día y noche hacia la destrucción eterna", del fuego del infierno, en el más allá. En la medida en que, "cada tiniebla" del enemigo "es una distancia larga de recobrar", desde nuestros corazones y hacia nuestro Árbol de vida eterna, ¡el Señor Jesucristo! Es por esta razón, que desde el comienzo de todas las cosas, en el reino de los cielos y en toda la tierra, también, nuestro Padre Celestial "envió a su Espíritu Santo primero", para subyugar todas las profundas tinieblas del más allá, "sobre toda la faz de la tierra y hasta 'levantar al hombre' del subsuelo", con mucho poder celestial. Entonces "sólo el poder sobrenatural" del Espíritu Santo y así también del Señor Jesucristo "podían realmente levantar" al hombre del subsuelo de la tierra, "como en el día que el Espíritu de Dios tuvo" que entrar en el vientre virgen de la hija de David, para que a los nueve meses entonces "darnos vida eterna", ¡el Mesías! Ya que, "sólo el Mesías es la vida eterna" del paraíso y de todo ser creado en toda la creación de Dios, "incluyendo primordialmente al hombre", en toda la tierra, de nuestros días y de siempre, en la nueva eternidad venidera. Entonces "éste mismo Espíritu Santo" de Dios posteriormente "tuvo que levantar al Señor Jesucristo" desde el centro de la tierra, "como en el día que levanto al hombre perdido" de las mismas tinieblas de la tierra, para que "las manos de Dios lo formase en su imagen y conforme a su semejanza celestial e infinita de su nueva vida eterna". Y nuestro Padre Celestial "hizo todas estas cosas" en el principio, y con su Espíritu Santo, también, "para no sólo levantar al hombre" de su condición espiritual de perdición eterna, del bajo mundo de los muertos, sino también "para llenarlo de su verdad y de su justicia infinita" de su nueva vida venidera, para su nuevo reino celestial. Porque nuestro Dios "busca un nuevo reino celestial" desde la antigüedad, no en los ángeles del cielo, sino "en la vida de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera", de los cuales él mismo los "ha formado en sus manos santas", para "este gran propósito venidero" de su nueva vida celestial, sea entonces "una realidad infinita". Y nuestro Dios "los levanto del mismo polvo" de la muerte eterna, de las mismas profundas tinieblas del corazón perdido de Lucifer, "no para que sean de sus enemigos", como Lucifer, por ejemplo, sino que sean "para su nueva vida infinita", la cual ha salido ya de su Árbol de vida para la eternidad, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Entonces tanto el hombre y como Jesucristo fueron levantados por Dios y por su Espíritu para la vida y de las mismas profundas tinieblas de siempre, la única diferencia de entre los dos, fue que Adán peca y Jesucristo no; así Dios comenzó su nueva vida infinita, en la resurrección no del pecador, sino del Mesías fiel, su Hijo amado. Porque por "esta justicia infinita" de su Hijo, fue la razón por la cual "Dios comenzó a amar al hombre en su corazón", para "redimir su alma" del mal del enemigo en el más allá, en toda la tierra y para posteriormente "entregarle su nueva vida celestial", sin jamás escatimar nada de ella hacia su nueva vida celestial e infinita. Y ésta nueva vida celestial, "es la que jamás conocerá el pecado", ni ninguno de sus males en su "nuevo cuerpo glorificado", el cual recibirá del mismo Árbol Viviente, para poder entrar al cielo y vivir su vida angelical, por la cual Dios lo llamo en el comienzo de todas las cosas, por inicio, desde las tinieblas de la tierra. Ni tampoco esta nueva vida celestial del hombre "ha de conocer jamás el fin de sus días", en la tierra "ni menos en el nuevo reino de los cielos", como en La Nueva Jerusalén Celestial e Infinita del cielo, por ejemplo, sino todo lo contrario. Esta vida del hombre "sólo conocerá a su Dios y a su gran rey Mesías", en "los poderes sobrenaturales de la vida misma gloriosa y sumamente honrada de su Espíritu Santo, para sólo ser feliz y gozar la vida eterna, en su corazón y en su alma, por ejemplo, desde ya en la tierra para regresar luego al paraíso pronto". Fue por esta razón, que nuestro Dios "envió primero a su Espíritu Santo", para que subyugue a cada una de las profundas tinieblas del más allá, "sobre toda la faz de la tierra", con el propósito de "redimir, al hombre y a la mujer de sus males eternos", sólo posible "por su justicia sin igual e infinita", ¡el Señor Jesucristo! Y nuestro Dios "fue infinitamente bueno" para con cada uno de nosotros, porque "aun estando muertos" entre las profundas tinieblas del más allá del corazón de la tierra, entonces "oyó nuestro clamor" personal: por la verdad y por la llenura de su espíritu de justicia eterna en nuestras vidas, para que "nos levantemos de nuestra muerte", y veamos la vida. En otras palabras, "quien realmente despertó" este deseo "de ayudarnos y de levantarnos" con sus mismas manos santas, de nuestra condición espiritual de perdición eterna, de entre la profundidad de la tierra, "fuimos nosotros mismos", "al clamarle" a él "por su verdad y por su justicia redentora" y todopoderosa también, sólo posible en su Árbol de vida eterna, ¡su Jesucristo! Porque "esta era la única manera", por la cual nuestro Dios "nos podía redimir" de los males del más allá, para "posteriormente entrar a vivir con él" y así a gozar de los frutos de su Árbol de vida, su gran rey Mesías, la nueva vida celestial e infinita del ángel del cielo y así también de la humanidad entera. Es decir, también, "que éramos nosotros mismos quienes clamaban" día y noche al cielo a través de los siglos, para que nuestro Dios "nos rescatase" con su Espíritu Santo y con la vida misma de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, de los males de las profundas tinieblas de Lucifer en toda la tierra. Y entonces llego el día, cuando nuestro Dios le dijo a su Espíritu "descendamos a la tierra", para "formar al hombre en nuestra imagen y conforme a nuestra semejanza", en el Árbol de la vida eterna, para que el hombre "ya no conozca las tinieblas" del mal, sino "la luz de su nueva vida", por la cual clama a mi. Y desde el día que nuestro Dios "nos libero de los males" del más allá, como de las profundas tinieblas del corazón de la tierra y del corazón de Lucifer, "entonces nos olvidamos de todo" lo que Dios había hecho por nosotros, en los poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo y de su Árbol de la vida eterna del paraíso. Y es aquí "cuando Lucifer se aprovecha del descuido" de Adán y de Eva "para intentar engañarlos" y así "robarles sus vidas infinitas del paraíso", con todos sus derechos de santidad y de justicia celestial de Dios y de su Espíritu Santo, "para que jamás conozcan" a su salvador celestial, ¡el Señor Jesucristo! Pero aunque Lucifer "logro hacer de las suyas" en el paraíso y así también en la vida de muchos en todos los lugares de la tierra, "nuestro Dios tiene la victoria final" sobre él y sobre cada una de sus maldades, "en los poderes sobrenaturales de su Hijo amado", ¡el Señor Jesucristo! Por lo tanto, "benditos han de ser por siempre" por nuestro Padre Celestial, por su Espíritu Santo y por su Jesucristo, "para que con los que 'tienen hambre y sed de justicia' y de vida eterna", en la tierra y en el paraíso, también, desde hoy mismo y para siempre en la eternidad venidera, del nuevo reino de los cielos. EL REINO DE DIOS ES VERDAD, PAZ Y JUSTICIA INFINITA Es por esta razón, que el reino de los cielos "no es comida ni bebida" para ángeles del cielo, ni para la humanidad entera del paraíso, ni de la tierra, tampoco, "sino justicia, paz, gozo y felicidad infinita", únicamente "en el Espíritu Santo de Dios y en el fruto de vida eterna" de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Por lo tanto, nosotros "estamos llamados", por nuestro Creador y Padre Celestial de nuestras almas infinita, "ha creer en la verdad y en la justicia celestial" de su Hijo amado, "para entonces vivir la vida eterna", desde ahora mismo en todos los lugares de la tierra, mucho antes de regresar al paraíso. Ya que, todos los que deseen vivir en sus vidas celestiales del más allá, "entonces tienen que vivir en la verdad y en la justicia eterna" del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo; y si no "han de morir infinitamente" en sus pecados eternos, por los cuales "no hay salvación alguna", ¡salvo en invocar y creer en el Mesías! Porque todo pecado del hombre "es injusticia inmoral" y, es, a la vez, "eterna también", para mal de su alma, en esta vida y en el más allá, para siempre. Fue por esta razón, de que Dios "llamo a Adán a comer y beber del fruto de la vida" y de todos los árboles del paraíso, pero "jamás del árbol de la ciencia" del bien y del mal, "para que su corazón no sufra y su alma no muera nunca", en el paraíso y en todo el reino celestial. Porque "sólo en el fruto del Árbol de la vida hay verdad y hay justicia", para todo ser creado del cielo y de toda la tierra, también, "y más no en el fruto del árbol prohibo", prohibido tajantemente al hombre por Dios y por su justicia eterna, de la vida santa del paraíso y del nuevo reino celestial, por ejemplo. Es por eso, que "cuando Dios hablaba con Adán", entonces "Dios mismo se dio cuenta" de que en el corazón de Adán "faltaba el conocimiento de la verdad y de la justicia celestial de su Hijo amado", para seguir viviendo "y así crecer espiritualmente hacia él y hacia su nueva vida celestial", del nuevo reino venidero del cielo. Y "sin la verdad y la justicia del Señor Jesucristo viviendo" en el corazón del hombre, entonces nuestro Dios "no puede tener ninguna comunicación alguna", con él ni con ninguno de los suyos, tampoco, eternamente para siempre. Además, "Dios decidió llevar" a Adán, por "el camino de la verdad y de la justicia eterna de su Hijo amado" y de toda vida del reino de los cielos, para que "su corazón conociese a su Dios y Creador de su vida", al "tan sólo comer y beber de su Hijo", desde aquel momento y para la eternidad. Y "esto fue algo que Adán ni Eva jamás entendieron" en sus corazones y en sus espíritus humanos, y "sólo hasta que fue demasiado tarde" para ellos y para sus descendientes, por ejemplo, en el paraíso y en la tierra, también (como ha sucedido diariamente con mucha gente a través de los tiempos y hasta nuestros días, por ejemplo). En vista de que, la nueva vida del nuevo reino de los cielos, "sólo se vive en la verdad y en la justicia sobrenatural de su Hijo amado", ¡el Señor Jesucristo! Y "sin esta verdad y justicia celestial de Dios y del Señor Jesucristo", entonces "no es posible la vida de ningún ángel del cielo", ni mucho menos "de ningún hombre o mujer del paraíso" o de la tierra, de nuestros días y de siempre, por ejemplo. En verdad, todo ser que debería estar vivo, entonces estará muerto, porque el SEÑOR no es parte de su vida (o no vive en su corazón), "para cumplir toda verdad y toda justicia celestial", salvadora e infinita para su alma viviente, en la tierra y en el paraíso, también. Por ello, hoy en día más que nunca "necesitas la verdad y la justicia salvadora" para tu alma infinita, mi estimado hermano y mi estimada hermana, "para que te alejes de las profundas tinieblas", como de las que te han estado haciendo daño en tu vida y así puedas ver claramente, "en la luz de Cristo": tu única vida eterna. Y esta vida eterna "no la puedes perder jamás", como Adán perdió la suya, o como perderás tu misma vida terrenal algún día no muy lejano, a causa del pecado o de la muerte de Lucifer o del ángel de la muerte, en el infierno, por ejemplo. "No debes perder jamás" la vida del Señor Jesucristo (o Mesías) en ti, por ninguna mentira (religiosa o no) de Lucifer, ni por ninguna razón de los labios pecadores y pecadoras de toda la tierra, del ayer, de hoy y de siempre. Porque "esta vida eterna" de Dios y de su Espíritu Santo "ha sido creada para ti", "sólo por medio del fruto del Árbol de la vida", su Hijo amado, el gran rey Mesías de todos los tiempos. Además, esta vida nueva "es tan gloriosa y tan honrosa", la cual "no se puede comparar a nada por más glorioso que sea en todo su esplendor infinito del reino de los cielos", salvo a nuestro Dios mismo y a su Hijo amado, por ejemplo, en el poder sobrenatural de la santidad infinita de su Espíritu Santo. Por ende, "tú necesitas" de Dios y de su Jesucristo para seguir viviendo en la tierra y así también posteriormente en tu nueva vida del paraíso y del nuevo reino inmortal, como La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del cielo, por ejemplo, en donde "sólo veras todo por la luz de Cristo", en todos los días de tu vida eterna. (Porque hoy en día, así como Adán y Eva, tú mismo y muchos "ven sus vidas por medio del espíritu de error" y de gran decepción y maldad infinita de Lucifer y de la serpiente antigua del Edén, por ejemplo; y nuestro Dios ha cambiado todo este mal terrible en tu vida, por amor a nuestro salvador Jesucristo.) Por esta razón, nuestro Dios te llama desde siempre, desde los primeros pasos del hombre en el paraíso y por toda la tierra, también, a que veas tu vida sólo por medio de su fruto de vida eterna, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! De otra manera, "no podrás" realmente jamás "tener luz" en tu vida "para ver la vida eterna", por la cual Dios te creo en sus manos santas, en el comienzo de todas las cosas, en el más allá, sino que "seguirás viviendo en tus profundas tinieblas de siempre", de la perdición eterna del infierno y del lago de fuego, también. Y "de sólo ver nuestro Dios" que "tú caminas hacia este terrible destino" de tu vida día y noche y sin parar, del cual "jamás podrás escapar", entonces "él sufre igual" como "su Hijo amado sufrió por ti" (cuando entregaba su sangre santa y toda su vida para redimirte de los males eternos de Lucifer y del más allá, también). Por lo tanto, nuestro Dios "no ha creado", en su verdad y en su justicia celestial, "el fuego eterno" del infierno o del lago de fuego, por ejemplo, "para el alma preciosa" del hombre, "sino para Lucifer y para sus espíritus rebeldes" a Él y a su fruto de vida eterna, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Porque "tanto Lucifer", como cada uno de sus ángeles caídos, en los corazones de los pecadores y pecadoras del mundo eterno, desde la antigüedad y hasta nuestros días, "es infinitamente rebelde a Dios y a su fruto de vida eterna", ¡ el Señor Jesucristo! Es por eso, que nuestro Dios "te ha estado llamando" todos estos tiempos, "por los poderes sobrenaturales de su Espíritu de verdad y de su justicia eterna" de su Árbol de vida, "para que conozcas su amor y sus muchas buenas promesas de vida y de bendiciones infinitas", para tu alma viviente, en esta vida y en la venidera, también. Entonces sin más esperar "afiérrate a la verdad y justicia celestial" de tu Creador y de tu salvador eterno, su Hijo amado, "el gran rey Mesías de tu rectitud infinita", para que "vivas" y así jamás tengas que morir en esta vida, ni en el más allá, tampoco, para siempre. Y sólo así "tú mismo", mi estimado hermano y mi estimada hermana, "veras la vida eterna", en "la justicia, en la gloria, en la paz, en la verdad" de nuestro Dios y de su Árbol de vida infinita, en la tierra y así también en el nuevo reino celestial, como en La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del cielo. LOS ENTENDIDOS DE DIOS POR JESUCRISTO SON LUZ DEL NUEVO REINO Por lo tanto, "los que aman a su Dios" por Jesucristo, "entonces son los entendidos" que resplandecerán con el resplandor del firmamento en la luz de su Espíritu, para gloria infinita del nombre de su Hijo, el Árbol de la vida; y los que "enseñan justicia a sus pueblos", como las estrellas "brillaran en su rectitud celestial", para la eternidad. Ellos son "la luz del nuevo cielo" de Dios y de sus huestes celestiales; pues, "han de vivir infinitamente 'una vida mucho más gloriosa' y honrada" que la de los ángeles del cielo, por ejemplo, porque únicamente "el fruto de la vida eterna (y no ídolos) es parte de sus corazones" y de sus vidas, en la nueva eternidad celestial. Entonces, "ellos son los escogidos de Dios", "para amar y servir su nombre santo" por los siglos de los siglos, no sólo en sus corazones, sino también "con cada uno de sus hermanos y hermanas de toda la tierra", es decir, de los que han recibido al Señor Jesucristo como su único y suficiente salvador de sus vidas infinitas. Y "uno de estos", en sus millares, en la tierra y así también en el nuevo reino celestial, de los que brillaran infinitamente en la justicia y verdad de Dios, y aun mucho más que los ángeles del cielo, "eres tú mismo", hoy en día, "para vivir y gozar la vida eterna", mi estimado hermano y mi estimada hermana. Realmente, "esta vida infinita es", no la que conoces hoy, sino la del Fundador de tu vida, en la tierra y en el más allá, también, como en su nuevo reino celestial, "la que no tendrá fin", porque la justicia de la presencia de Dios "jamás dejara de ser", en tu corazón y en tu alma viviente, también. Y "has de resplandecer en tu corazón" día y noche delante de Dios y de sus huestes celestiales en la tierra y en el paraíso, igual, "porque el Señor Jesucristo vive en tu corazón", desde el momento que "creíste e invocaste" su nombre sagrado, "para que borres tus tinieblas" y jamás dejé de ser en ti, eternamente y para siempre. Y, hoy en día, aunque no lo creas así, "desde el momento que aceptaste en tu corazón el nombre salvador de tu vida eterna", el Señor Jesucristo, "entonces los ángeles ya no ven tinieblas en tu alma", sino "sólo la luz más resplandeciente que el sol", para gloria y para honra eterna de nuestro Dios que está en los cielos. Y así como Dios, los ángeles también "ven tu luz celestial", porque "el nombre del Señor Jesucristo te ha liberado" de todos los males del más allá, para que "ya no vivas y camines por la tierra, en las tinieblas" de la muerte eterna, sino "en la luz de su Árbol de vida" eterna, ¡el Señor Jesucristo! Es decir, también, de que "si vives y caminas en la luz del Árbol de la vida", por tu andar por la tierra, entonces "los ojos de Lucifer y de sus ángeles rebeldes ya no te seguirán", sino "sólo los ojos de Dios", de su Espíritu, de su Jesucristo y de sus huestes celestiales, "para ayudarte y bendecir tu vida". Y "ellos han de ayudarte y han de santificar tu vida" día y noche y por los siglos de los siglos, en la nueva eternidad venidera de Dios y de su nueva humanidad infinita, "porque tu luz 'es igual' a la de ellos", brillante y gloriosa, ni más ni menos, eternamente y para siempre. Por lo tanto, ellos mismos "te ayudaran y te santificaran", con oraciones y con los poderes sobrenaturales del Espíritu Santo que vive en sus corazones, para que "crezcas por siempre, y no te falte nada jamas, en el servicio glorioso de Dios y de su nombre santo e infinitamente glorioso, en tu corazón y en toda tu nueva vida celestial". Y sólo entonces "conocerás y entenderás" por siempre, en tu corazón y en tu alma viviente, también, "porque fue que Dios mismo te saco" en el comienzo de todas las cosas, desde el fondo de la tierra, "para formarte en sus manos" en su imagen y conforme a su semejanza celestial e infinita, del nuevo reino venidero del cielo. En verdad, en aquellos días, "veras lo que jamás tus ojos vieron ni paso por tu mente", tampoco; pues, "entenderás lo que jamás tu corazón, ni tu mente pudieron entender, ni menos conocer", por culpa de la ceguera espiritual de las tinieblas del pasado, de las cuales viven en ti, porque "naciste en pecado", "y Cristo no era tu salvador". Y todo esto "será una realidad infinita" en tu vida, por la cual "fuiste creado en el principio", para que "jamás dejes de amar a tu Dios y Creador de tu alma eterna" en la nueva eternidad venidera, de la nueva vida celestial e infinitamente de Dios y de su Árbol de vida, del nuevo reino de los cielos. Ciertamente, "has de caminar diariamente en los poderes sobrenaturales de la luz de Dios, para que maravillas, milagros y prodigios terrenales y celestiales se manifiesten en tu corazón", aunque no lo sientas así, para que muchas de las bendiciones que no recibiste en tu vida, por culpa del mal de Lucifer, "entonces entren en tu vida, como nunca antes". Y "Dios ha de ayudarte para bendecir tu vida", con los poderes sobrenaturales de su Espíritu y de sus frutos de vida y de salud del Árbol Viviente del paraíso, "porque para esto Dios te ha llamado de las tinieblas" de la tierra "y en las cuales vives", hoy en día, "por falta de conocimiento del nombre del Señor Jesucristo". Además, "nuestro Dios jamás podrá hacer nada por ti", ni por ninguno de los tuyos tampoco, "si no caminas en su verdad y en su justicia celestial" de su fruto de vida eterna, ¡el Señor Jesucristo! Igualmente, "jamás podrás ver, ni menos entender", nada de nada en tu vida, "por la presencia de las muchas tinieblas del pecado", las cuales "te siguen" día y noche, "cegando tu corazón y todo tu espíritu humano", por donde quieras que vayas en toda la tierra y hasta que "te entreguen a tu muerte eterna" del mismo infierno. Pero "lo que debes de entender aquí", mi estimado hermano y mi estimada hermana, "es que nuestro Dios 'no te ha creado para la muerte', ni para la destrucción" de tu alma entre las llamas del infierno o del lago de fuego, (la muerte final de todo pecador), "sino todo lo contrario" a todo este mal terrible del más allá. En realidad, "nuestro Dios te ha creado" y, a la vez, "te ha formado en sus manos santas", en su imagen y conforme a su semejanza celestial, "para que goces de su misma vida eterna", ni más ni menos, "sólo en los poderes sobrenaturales de la verdad y de la justicia infinita" de su fruto de vida eterna. Porque la vida de nuestro Padre Celestial "está llena de la verdad y justicia celestial de su Hijo amado", ¡el Señor Jesucristo! Y así también "cada ángel del cielo vive" su vida infinita, "en la misma vida gloriosa de su Creador": por lo tanto, tú también "tienes que ser lleno de la verdad y de su justicia infinita" de su Árbol de vida eterna, ¡el Señor Jesucristo! Y sólo entonces entenderás por fin toda verdad y toda justicia de Dios en tu corazón para bien de tu vida y de los demás, también, en donde sea que te encuentres viviendo en todos los lugares de la tierra, por ejemplo, de hoy en día y de siempre. Porque "esto es verdad y justicia infinita", de las cuales "edifican, sanan y salvan infinitamente el alma viviente" de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, "sin abandonar la vida de ningún pecador o pecadora de toda la tierra, hoy en día ni jamás, en toda la vida de la tierra, de nuestros días y de siempre. Y esto debe de ser así contigo, desde hoy mismo, "con tan sólo creer en tu corazón y así confesar con tus labios", de que el Señor Jesucristo "es su Hijo amado", para cumplir toda justicia y verdad eterna de nuestro Padre Celestial y Fundador Infinito de tu nueva vida celestial, en la tierra y en la eternidad venidera. ¡Que reine la verdad y la justicia del Señor Jesucristo en tu corazón, para gloria y alegría infinita de nuestro Dios y Creador de nuestras almas infinitas, en la tierra y en el cielo, eternamente y para siempre! El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el Señor Jesucristo. LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, por la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/...player-wm.asp? playertype=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com |
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