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| Sábado, 29 de septiembre, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (Deseamos recordar y orar por las familias de las victimas fatales de accidentes que han ocurrido recientemente en nuestro Ecuador, especialmente en Manabí: En donde once personas de una sola familia, aparentemente, perdieron sus vidas trágicamente, en la carretera de regreso a sus hogares. Evidentemente no llegaron a sus hogares terrenales, pero si al de nuestro Padre Celestial y de su Árbol de vida eterna, en el cielo, nuestro paraíso celestial, en el más allá. Recordamos también a nuestros hermanos que viven en el extranjero y algunos de ellos son miembros de sus ejércitos y que, además, han entregado sus vidas en el cumplimiento de sus deberes por su patria adoptiva y por defender la vida y la paz mundial en tierras lejanas y estañas a ellos, a la vez. No podemos de dejar de recordar a Marcel Marceau, renovador de la pantomima europea antigua, francesa y de nuestro mundo hispano, también, quien se fue con el SEÑOR hace unos días atrás. Así como Marcel Marceau, todos los demás viven en la perfecta gloria infinita de un mundo mayor y mejor de nuestro Padre Celestial que está en los cielos: Gracia al Espíritu de amor, pasión, de vida y salud inmortal de nuestro fruto de vida eterna, ¡nuestro salvador Jesucristo! ¡Amén!) (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo) EL PRINCIPE DE LAS TINIEBLAS: Éste es Satanás, "el enemigo numero uno de Dios y de tu vida infinita", el Árbol de la vida del paraíso y de la tierra, también, mi estimado lector. Éste es quien actúa y obra sus artimañas más terribles, de tras de cada uno de los que te hagan mal (sea que lo sepan o no), para que "Jesucristo no sea tu fruto de vida eternal", en tu corazón y en toda tu alma viviente. Porque sólo «nuestro salvador Jesucristo es el gran rey Mesías de tu vida», en la tierra y en el paraíso, también, delante de Dios y de su Espíritu Santo, desde los primeros días de la antigüedad y hasta por siempre aun más allá de la nueva gloria venidera a tu alma eterna. Y sin el Señor Jesucristo, como tu Árbol de vida y de salud infinita, entonces sólo tinieblas hay en ti siempre y aún en el más allá, también, como en el bajo mundo de los condenados, el infierno y el lago de fuego, para que jamás conozcas a tu Dios, ni a su nombre santísimo, por medio de su Hijo. En aquellos días, el Señor Jesucristo les manifestaba a sus discípulos, asegurándoles: --Yo veía a Satanás caer del cielo al suelo de la tierra, como un rayo perdido: porque ya no encuentra lugar para sentar sus pies, en toda la tierra santa del reino de Dios y de sus seres muy amados, también. Además, «Satanás es expulsado» de todos los lugares celestiales del más allá: «para que ya no exista más su presencia, ni su pecado amenazador», en contra de Dios y de sus ángeles muy fieles a su nombre santísimo y a su Hijo amado, ¡el Árbol de la vida eterna! Pues lo que tenia Santas en el cielo y aún hasta lo muy poco que podía ser de él, ya no es de él: «porque lo ha perdido todo, desde el día que se rebelo en contra de Dios y de su nombre muy santo», el cual existe en perfecta santidad, en el corazón de nuestro salvador Jesucristo. Lo único que Santas posee son tinieblas tras tinieblas en su corazón y en todo su espíritu inicuo: «espíritu del pecado», el cual en su día fue muy santo para Dios: tan santo y tan perfecto era él, en su espíritu angelical, que nuestro Dios mismo le confío salvaguardar su trono santísimo, por un tiempo, en el reino de los cielos. Esto era algo que «sólo el Señor Jesucristo tenia derecho a hacer en su vida santísima», pero nuestro Padre Celestial entonces se la cedió a Lucifer, como arcángel y como salvaguarda de su trono, porque para esto lo había creado Dios, en el poder sobrenatural de su palabra y de su nombre muy santo, en los días de la antigüedad. Y al ver Lucifer «la gloria muy alta del nombre santo de nuestro Padre Celestial», el cual sólo manifestaba luz y maravillas tras maravillas desde el corazón del Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, entonces «desea también poseer esta gloria sin igual» en su mismo corazón incompatible (o no muy santo para llevar el nombre de nuestro Dios). Y Satanás se sentía humillado, «muy humillado, ante el nombre muy santo de nuestro Padre Celestial, viviendo en el corazón de su Hijo amado», el único Árbol de la vida eterna en toda la creación del reino de los cielos, por cuanto «se rebelo en contra de él ciegamente y con mucha enemistad a Dios», en su espíritu celeste. Y Satanás sólo podía ver la gloria del nombre de nuestro Padre Celestial en aquellos días, pero no podía tocarlo en la vida de nuestro Señor Jesucristo: «porque por más que lo deseo hacer así, no pudo nunca» en sus días de su vida en el reino celestial, como arcángel guardián del trono de la misericordia eterna, de nuestro Padre Celestial. Realmente, ésta es una gloria muy sagrada, por cierto, la cual sólo le pertenece a nuestro Padre Celestial por amor y por inicio propio a él y a su nombre santísimo, desde el corazón glorioso de su Hijo amado, nuestro salvador Jesucristo. En verdad, ésta es una gloria que los ángeles del cielo la ven y la disfrutan, a la vez, en sus corazones, pero no la pueden tocar, ni menos poseer en sus corazones y en sus espíritus celestes; dado que, la santidad del nombre de nuestro Padre Celestial es muy alta, demasiado alta para cada uno de ellos. Es más, un nombre más santo que el nombre de nuestro Padre Celestial no es posible, jamás, en gloria y en santidad celestial e infinita. Y aquí, Satanás les dice a sus ángeles aliados (y rebeldes a Cristo): -- Yo soy perfecto en todos mis caminos y, además, soy muy sabio, tan sabio como yo no lo hay entre todos los ángeles del cielo, fieles a Dios y a su Hijo amado, ¡el Mesías! Por lo tanto, pienso que yo puedo exaltar mi nombre aún más alto que el nombre de Dios, el cual vive en perfecta santidad en el corazón de su gran rey Mesías, el Árbol de la vida eterna del paraíso y de toda la creación celestial. Por tanto, yo voy a tomar el nombre santísimo de Dios para que sea para mí; y exaltare mi nombre más alto que el nombre de Dios en toda su creación, como ningún otro nombre jamás ha sido exaltado en toda la historia de vida del reino de Dios; voy ha ser aún mayor que Jesucristo, ¡el Santo de Dios! Mi nombre será más alto que el nombre de Jesucristo, les decía Satanás a sus ángeles caídos, en el día de su rebelión celestial, en el reino de los cielos. Y es aquí, cuando el conflicto entre Dios y Satanás comenzó: «en el corazón del Árbol de la vida, Jesucristo, para exaltar su nombre inicuo mucho más alto que el nombre de nuestro Padre Celestial», no sólo en los ángeles del cielo, sino también en todos los seres que Dios crearía posteriormente, como Adán, por ejemplo y su humanidad infinita. De hecho, ésta es una obstinación, ceguedad espiritual, la cual Satanás siente en su corazón perdido por el nombre santísimo de nuestro Padre Celestial, para poder ser mayor que nuestro Dios infinitamente y así por fin establecer su reino de iniquidad eternal. Y para satisfacer su deseo desordenado e irreverente ante Dios y ante su nombre muy santo en su corazón perdido en tinieblas profundas: «entonces ataca incesantemente a Jesucristo y a como de lugar, para ser mayor que él en el cielo con los ángeles y así también en la tierra entre todos los hombres». Y sólo entonces «habrá alcanzado su meta diabólica de ser mayor que Dios», en el cielo y en todo el resto de la creación, incluyendo la tierra y la nueva vida eternal de La Nueva Jerusalén Santísima del nuevo reino venidero, por ejemplo. Y por más que Satanás intento hacerlo así, «no pudo en contra del Señor Jesucristo, ni menos en contra del nombre muy santo de nuestro Padre Celestial», para desgracia infinita de su vida (la cual por un tiempo fue gloria para el trono santo de nuestro Padre Celestial, en el cielo). Porque aunque Satanás era perfecto, sabio y hasta muy santo entre todos los ángeles del reino de los cielos, «pero jamás lo suficientemente santo para enfrentarse en contra del corazón de nuestro Árbol de la vida eterna», para arrebatarle el nombre de nuestro Padre Celestial del lugar de su gloria y santidad infinita. Aquí Satanás peca terriblemente en contra de Dios, para ser condenado para siempre por su maldad, lejos de su gloria antigua y en un mundo totalmente terrible y desconocido para su espíritu celeste, como lo es el bajo mundo del más allá, el infierno y el lago de fuego. Por cierto, estos son lugares tan terribles para Satanás y su espíritu celeste, el cual estaba acostumbrado a vivir y a gozar la gloria de la presencia muy santo del trono de la gracia y de la misericordia infinita de nuestro Padre Celestial y de su Hijo amado, el gran rey Mesías de todos los tiempos, por ejemplo. Realmente, esto era algo que Satanás «no sabia en su corazón, ni aún después de lo que ha dicho y hecho», desde el día de su gran rebelión en contra del nombre santísimo de nuestro Dios y hasta nuestros días: «ni mucho menos aún lo entiende hoy en día, por ejemplo, en su corazón de tinieblas y de maldades infinitas». Es decir, que Satanás no entiende aún todavía: «la santidad de nuestro Padre Celestial y de su nombre muy santo, viviendo en el corazón de nuestro Señor Jesucristo», porque no tiene la mente, ni la entraña, ni la suficiente sabiduría, ni menos suficiente santidad, ni aún el Espíritu celeste para entenderlo en su totalidad, en su corazón de tinieblas eternas. Satanás está en profundas tinieblas terribles del más allá, «cuando piensa en el nombre muy santo de nuestro Padre Celestial, viviendo en perfecta gloria infinita en el corazón de nuestro salvador Jesucristo»; y no entiende nada de nada de Dios, de su Espíritu Santo, ni de su Mesías Celestial, para la nueva vida infinita de su nueva humanidad inmortal. Porque la verdad es que «el misterio o el secreto de la santidad» de nuestro Dios y de su nombre muy santo, viviendo en el corazón de nuestro Señor Jesucristo: «es sumamente insondable (o sin fondo) para el corazón y para el espíritu rebelde y sumamente oscuro de Satanás y de cada uno de sus seguidores fieles a sus mentiras». Es decir, que la santidad de nuestro Padre Celestial y de su nombre santo, viviendo en el corazón de nuestro Señor Jesucristo, es «muy alta e inalcanzable para rebeldes como Satanás o para cualquiera de sus ángeles caídos o pecadores y pecadoras de toda la tierra, por ejemplo». Es por esta razón, que el hombre pecador o la mujer pecadora que vive en las tinieblas de su pecado, entonces «no le es fácil discernir en su corazón, ni en su espíritu humano: la grandeza y lo glorioso del nombre muy santo de nuestro Padre Celestial, para con cada uno de nosotros», en todos los lugares de la tierra. Y «esto es verdad en cada uno de ellos» (pecadores y pecadoras, grandes y pequeños, entendidos o no, pobres o ricos), «porque no tienen a Cristo viviendo en sus corazones», como debió de ser con Adán y Eva, en el paraíso, por ejemplo, para bien eterno de sus vidas, en la tierra y de nuevo de regreso en el cielo. Porque para entender las cosas de Dios, sean grandes o pequeñas (como las que se ven o no) «se necesita entonces la ayuda idónea del Espíritu Santo de Dios viviendo en nuestros corazones, por los poderes sobrenaturales, milagrosos y maravillosos, en el nombre bendito de nuestro fruto de vida eterna, nuestro único salvador del paraíso», ¡el Señor Jesucristo! Porque la verdad es que «nuestro único regreso posible a nuestras vidas celestiales del paraíso», sea hombre, mujer, niño o niña y hasta el mismo Adán y Eva, por ejemplo, es «nuestro fruto de vida eterna», ¡el gran rey Mesías de todos los tiempos! Y éste fruto de vida eterna para Adán y para la humanidad entera «es nuestro Señor Jesucristo», porque sólo en el Hijo de David, el gran rey Mesías (muy esperado por todos): «habita el nombre muy santo de nuestro Padre Celestial, en su corazón, en su sangre y en su espíritu de vida eterna, para bien de todos nosotros». Además, «Satanás jamás conoció, ni menos entendió ésta gran verdad en su corazón muy oscuro», para mal de su vida; es por eso, «que tropezó y cayó de la gloria que poseía en el reino de los cielos», con su Dios y con cada uno de los ángeles del cielo. Es más, aunque Satanás no lo entienda así en su corazón perdido, pues, «sigue cayendo (y muriendo poco a poco) aun mucho más profundo que antes en el bajo mundo de los muertos», de su condena final y eterna, en el lago de fuego, cada vez que peca en contra del Señor Jesucristo y del nombre santísimo de nuestro Dios. Ya que, el que peca en contra del Señor Jesucristo «entonces está realmente ofendiendo al nombre muy santo de nuestro Padre Celestial que está en los cielos»; y esto es muerte para cualquier ser viviente, sea ángel caído u hombre pecador o mujer pecadora de toda la tierra. Es decir, también, que «Satanás es cada vez más ciego que antes»,cada vez que peca en contra de Dios y de su nombre santísimo, al ofender a su Árbol de vida eterna, nuestro Señor Jesucristo (el único posible Santo de Dios y de Israel, hoy en día y eternamente y para siempre). Entonces «Satanás tropieza en sus propias tinieblas de siempre y cae en su propio mal, en su propio pecado de rebelión y de profunda oscuridad, para hundirse aún en tinieblas más profundas que las de antes»; de hecho, estas son profundas tinieblas jamás alcanzas por nadie, sólo por Satanás, ni aún todavía por sus poderosos ángeles caídos, por ejemplo. Porque la verdad es que, el hombre o la mujer de toda la tierra, «no tiene santidad alguna en su corazón para recibir, ver y hasta disfrutar de los milagros, maravillas y prodigios muy sagrados también, por cierto, del nombre de nuestro Padre Celestial, el cual vive en perfecta santidad en el corazón del gran rey Mesías», ¡nuestro Señor Jesucristo! Y es por eso, que nuestro Dios no sólo ha creado al hombre en su imagen y conforme a su semejanza celestial, «sino que también le ha entregado de su santidad perfecta y muy santa, por cierto, por medio de su Hijo amado», para que en un día como hoy, entonces «su nombre muy sagrado pueda llegar a su corazón». Es más, Dios ha creado al hombre en su imagen y conforme a su semejanza celestial, únicamente «para entregarle toda su santidad celestial e infinita, sólo posible en el corazón, en la sangre y en la vida de nuestro salvador Jesucristo, para que su nombre llegue a su corazón y a su vida infinita, también, y se quedé con él eternamente. Porque nuestro Dios nos ha creado en sus manos santas: «para vivir y servirle por siempre a su nombre muy sagrado, por medio de la sangre y de la vida misma de su Árbol de vida eterna, su Hijo amado», ¡nuestro Señor Jesucristo! Y Satanás conoce esta gran verdad de parte de nuestro Padre Celestial, desde el principio, para «con Adán y para con cada uno de sus descendientes, en todos los lugares de la tierra, en sus millares», de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y reinos, comenzando con Eva, por ejemplo: «y nos odia por ello --hasta la muerte eterna». Porque Satanás «ve» en cada uno de nosotros: «la gloria del nombre muy santo de nuestro Dios», lo que deseo ver y tener en su corazón inicuo y rebelde, desde el comienzo de todas las cosas, en el más allá, en el reino de los cielos y con sus ángeles seguidores: «y más no lo alcanzo nunca», sino todo lo contrario. Lo único que Satanás logro «fue que fuese lazando de todos los lugares del reino de los cielos», para caer finalmente no sólo en la tierra sino en sus profundidades terribles, como el bajo mundo de los muertos, el infierno candente e infinitamente violento y como el mismo lago de fuego eterno, su muerte final. Y Satanás no desea estar en ninguno de estos lugares, sino «arriba en el cielo, como en el comienzo de vida de sus primeros días, al lado del trono de Dios y de su nombre muy santo, también». Pero «todo esto le es un imposible para Satanás» y para cada uno de sus ángeles caídos, también, porque «jamás nuestro Señor Jesucristo le permitirá que se vuelva acercar al trono de Dios, ni menos a su nombre santísimo», para que no lo vaya a manchar con ninguno de sus pecados de siempre, como mentiras y maldades escondidas, por ejemplo. Entonces Satanás, hoy en día, aunque ha pasado mucho tiempo: «aún cree que puede exaltar su nombre inicuo mucho más alto que el nombre santísimo de nuestro Padre Celestial», y nos quiere destruir a cada uno de nosotros, porque «somos una amenaza constante para él», cada vez que nosotros recibimos y adoramos a Cristo en nuestros corazones. Por cierto, «esto es algo que Satanás jamás deseo ver» en ninguno de los ángeles del cielo, ni menos en el hombre, la mujer, el niño y la niña, de hoy en día y de siempre, de la humanidad entera. Por esta razón, también, «Satanás no puede regresar al cielo, jamás», eternamente y para siempre. SATANÁS FUE EXPULSADO DEL CIELO, PARA SIEMPRE Entonces «fue arrojada de los lugares altos del cielo, la serpiente antigua», la que engaño a Eva y luego a Adán, la cual se llama diablo y Satanás y engaña al mundo entero, también, como es normal para su espíritu inicuo, por rebelión y por desamor a lo que es verdad, derecho y justicia, en la tierra y el cielo. Fue entonces «arrojado el diablo a la tierra y junto con él sus ángeles rebeldes al nombre del Señor Jesucristo», para que ya no caminen por los lugares celestes, sino en la tierra: porque el tiempo del juicio final y del comienzo del nuevo reino de los cielos se acerca a su gran día de manifestación, al pueblo del SEÑOR. En la medida en que, «el tiempo del pecado y de la vida inicua de Satanás y de sus seguidores, ángeles caídos y pecadores y pecadoras de la humanidad entera, llega a su fin para destrucción eterna de todos los males de la creación», como en el infierno y como en el lago de fuego, también, eternamente y para siempre. Porque la verdad es que desde el día que el Señor Jesucristo venció a Satanás sobre la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel, entonces «Dios comenzó a contar los días de Satanás y de sus ángeles caídos en el cielo y el resto de su creación», como la tierra de nuestros días y de siempre, por ejemplo. Y estos días del fin de Satanás «están más cerca de lo que pensamos», les decía nuestro Jesucristo a sus apóstoles y discípulos, en todos los lugares de Israel, por donde Dios y su Espíritu Santo lo guiaba con su palabra de bendición y de gran poder, para sanar los corazones y redimir las almas perdidas de la humanidad entera. Nuestro Jesucristo predicaba la palabra de la Ley a diestra y a siniestra, porque« sabia que nuestro Padre Celestial que está en los cielos se estaba gozando por su gran obra mesiánica en todo Israel», para bien eterno de la humanidad entera y, por supuesto, para gloria infinita de su nombre muy santo, también. Además, ésta obra de nuestro Padre Celestial y de nuestro Señor Jesucristo, «es que por fin Satanás va a ser derrotado, por los poderes sobrenaturales de su nombre muy santo y por la sangre viviente e infinitamente gloriosa del corazón de su Árbol de vida eterna, nuestro Mesías Celestial», el Hijo de David, ¡el único Cristo posible del hombre viviente! Porque «la obra de nuestro Señor Jesucristo no sólo le puso fin al pecado de Satanás en Adán y en cada uno de sus descendientes», en sus millares, en todos los rincones de la creación, sino que también «destruyo los poderes terribles del ángel de la muerte», en la tierra y en el más allá, como en el infierno. De hecho, «ésta victoria del Señor Jesucristo no sólo ha sido para gloria y para honra infinita del nombre sagrado de nuestro Padre Celestial», el cual vive en perfecta santidad en su corazón muy sagrado, sino que «también es la victoria de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera», comenzando con Adán y Eva, por ejemplo. Es decir, de igual forma, mi estimado hermano y mi estimada hermana, que «desde el descenso del cielo»: de su vida, nacimiento (puro, santo y santificador por el vientre virgen de una de las hijas de David, de la tribu de Judá), crucifixión, muerte, resurrección y ascensión al paraíso de nuestro Señor Jesucristo, «es tuya también, ni más ni menos». Es decir, también, de que cada una de las victorias de Dios, en su Hijo amado y en su Espíritu Santo, además de sus ángeles fieles a él y a su nombre, «Dios mismo las ha hecho tuyas, en el cielo y así igual en la tierra», para la nueva eternidad venidera del nuevo reino celestial, de su Jerusalén Inmortal. Y «Satanás sabe estas verdades muy bien en su corazón inicuo, pero quiere que tú jamás las conozcas en el tuyo», en todos los días de tu vida y hasta aun más allá después de tu muerte, en la tierra y en el infierno, también, por ejemplo. Realmente, «Satanás sólo ambiciona que permanezcas en sus profundas tinieblas de siempre y no entiendas nada de Dios, ni de su Ley, ni de su gran rey Mesías, ni de su Espíritu Santo, para siempre». Porque «a Satanás no le conviene tenerte a ti, ni a ningún hombre, mujer, niño o niña con éste verdadero conocimiento en su corazón, de que él ya ha sido derrotado y destruido por el hombre sagrado de nuestro Padre Celestial, por medio de la sangre y la vida de su "Cordero Escogido", nuestro salvador Jesucristo». Y es por eso, que «Satanás te teme a ti, mucho más que a sus ángeles caídos o a los ángeles santos y fieles al nombre sagrado de nuestro Padre Celestial, porque eres infinitamente poderoso», únicamente cuando Cristo vive en ti, por el poder sobrenatural del Espíritu de fe, de su sangre y de su nueva vida infinita, por ejemplo. Porque la verdad es que «cuando tú recibes en tu corazón al Señor Jesucristo, por medio de su Espíritu de fe y de bendición eternal y perdón de tus pecados, entonces realmente has entrado en el conocimiento a toda la verdad, derecho y justicia del nombre muy santo de nuestro Padre Celestial, para derrotar a tus enemigos en todo tiempo». Porque «así como Satanás está perdido delante de Dios y de su Árbol de vida, pues así también se encontrara perdido delante de ti», porque «el nombre muy santo de Dios, por medio del Espíritu del nombre, la sangre y la vida del Señor Jesucristo, vive en ti, en tu corazón, para que ningún mal del enemigo toque tu vida jamás». En verdad, «Satanás sabe muy bien en su corazón inicuo, que tú has de ser tan bendito por Dios mismo, porque el Espíritu de su nombre muy santo mora en tu corazón y en toda tu vida, también, por medio del Espíritu del nombre, la sangre y la vida victoriosa de nuestro salvador Jesucristo». Y «Satanás ha luchado días y noches muy largas para él y para sus ángeles caídos, para que tu corazón y tu alma también permanezcan en constante tinieblas y así no puedas jamás tocar el nombre muy santo de tu Dios, por medio de su fruto de vida eterna, nuestro Mesías», ¡el Cristo de ángeles y de la humanidad entera! Y así tú, ni ninguno de los tuyos, «jamás veas la luz de la verdad del Espíritu Viviente del nombre muy santo de nuestro Padre Celestial», el cual habita en perfecta santidad en la vida de nuestro Señor Jesucristo, «y hoy habita en ti, igual»: ¡Gracias al Espíritu de fe, el cual siente y vive por Dios y por su Jesucristo! Es por eso, que «Satanás te odia y hasta aún más allá de la muerte, también».Porque «desea comer de tu carne y beber de tu sangre y así ofender al nombre muy santo de nuestro Padre Celestial, el cual vive por ti y en ti»: Gracias a nuestro fruto de vida eterna, nuestro salvador del paraíso, el gran rey Mesías de todos los tiempos, ¡el Hijo de Dios! SATANÁS COMO LEON SEDIENTO QUIERE BEBER SANGRE DEL HOMBRE Por todo ello, «sean siempre bien aconsejados y vigilen por sus vidas (y de los suyos, también) a diestra y a siniestra», para que ningún mal del enemigo se acerque a ustedes y destruya su fe, en Dios y en su gran rey Mesías, ¡el Cristo de todos los tiempos! Porque su adversario, Satanás, el diablo, «como león ruidoso y hambriento, camina por todos lados y en derredor de ustedes mismos, sin que se den cuenta de él, ni de ninguno de los suyos, ni de nada, buscando a quién devorar, para satisfacer su corazón malvado y su espíritu inicuo». Y «como es un cobarde por inicio o por su naturaleza rebelde, farsante y malvada, entonces busca incansablemente por los que están desprotegidos, como los enfermos, como los decaídos y como los extraviados, para devorar sus carnes, sus corazones, sus espíritus y cuerpos humanos, como cualquier bestia salvaje de la selva o del bajo mundo de los muertos», por ejemplo. Y «todo lo hace con un gran desamor por Dios y por su Jesucristo en su corazón oscuro», el cual está infinitamente lleno de tinieblas y del espíritu de sangre fría del pecador malvado y de la pecadora malvada de la tierra, «para mentir, robar, matar y destruir con sus artimañas y muchas falsedades muy antiguas y de siempre». Dado que, «los que están con Dios y con el nombre del Señor Jesucristo viviendo en sus corazones, entonces no se acerca a ninguno de ellos, por ninguna razón»: aún por más hambriento y sediento que esté Satanás no se atreve acercase a ninguno de ellos (sino no es con el permiso de nuestro Dios, únicamente). Porque sabe muy bien en su corazón inicuo «que Dios está con cada uno de ellos», en sus millares, en toda la tierra, y los dones todopoderosos de su Espíritu Santo, también, «para salvaguardarlos de sus artimañas de siempre», es decir: si tan sólo creen en sus corazones y confiesan con sus labios a su Hijo Santo, a su Jesucristo. Ya que, «el creer en Jesucristo y confesar su nombre santísimo y todopoderoso es poder del cielo y sobre toda la tierra, también», delante de Dios y de su Espíritu Santo, hoy en día y como siempre, desde los primeros días de la antigüedad, por ejemplo. Porque «sabe muy bien Satanás en su corazón perdido e infinitamente confundido, que en contra del Espíritu de fe, del nombre milagroso e infinitamente sobrenatural del Señor Jesucristo jamás ha podido derrotarlo, ni por un sólo instante en su vida inicua, ni en sus mejores momentos o sueños», (es decir, si es que Satanás tiene sueños buenos, cuando duerme). Porque «Satanás puede engañar sólo al que no está protegido con el Espíritu del nombre, la sangre y la vida sumamente honrada y gloriosa de nuestro Árbol de vida eterna», ¡nuestro Señor Jesucristo! Es decir, que el que está sin Cristo en su corazón, entonces «es una presa fácil de devorar para Satanás, cuando tenga hambre o esté sediento, por la carne pecadora, la sangre y el alma viviente del hombre del mundo»; pero no así con los que aman a su Dios, por medio de la santidad no superada aún de nuestro Jesucristo. Y, además, «como no quiere ser quemado por la presencia gloriosa del nombre muy santo de Dios, entonces se aleja para buscar su próxima comida del corazón y del alma humana del hombre pecador o de la mujer pecadora en otro lugar de la tierra, especialmente por donde Cristo no es conocido o su nombre invocado, por ejemplo». Es por eso, que «vemos tanta maldad por muchos lugares del mundo, porque Satanás y sus ángeles caídos están haciendo de las suyas, como de costumbre: «porque las gentes, en sus cegueras espirituales, no invocan el nombre del Señor Jesucristo delante de Dios y de su Espíritu Santo, para ser librados del mal del enemigo de sus vidas y de siempre». Porque «saben muy bien en sus corazones inicuos, que si no atacan a sus adversarios, como cualquier hombre, mujer, niño o niña de la humanidad entera, entonces la luz del Espíritu de fe, de la sangre y de la vida gloriosa y sumamente poderosa del Árbol de la vida, entonces comenzaría a tomar su lugar de origen, en la tierra». Es decir, que «la gloria de Dios y de su Jesucristo seria tan real en los corazones de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, así como lo ha sido en los corazones de los ángeles del cielo, por ejemplo, desde la antigüedad y hasta nuestros días, que la tierra se convertiría literalmente en un paraíso celestial». Y «Satanás no quiere perder más terreno del que ya perdió con el Señor Jesucristo y con su Espíritu Santo, en el corazón de muchos ángeles del cielo y hombres, mujeres, niños y niñas de la tierra» (como los que aman a su Dios de todo corazón, tal como fueron formados en las manos de Dios, en el cielo). Realmente, «lo que Satanás desea hacer con cada uno de ellos, lo mismo que ha hecho desde siempre con los ángeles del cielo, por ejemplo», los cuales son muy poderosos en Dios, pero aún así los ataca igual, «para que el corazón y el alma del hombre no crezcan jamás, en el Espíritu de la verdad y la justicia del Mesías». Y esto es «de crecer literalmente: en la verdad y en la justicia celestial del Espíritu de Dios y de su fruto de vida eterna, su gran rey Mesías», ¡el Cristo de Israel y de la humanidad entera!, para perdón de pecados y para bendición infinita de sus almas viviente, en la tierra y en el paraíso, también y para siempre. Es decir, también, que «la pelea que Satanás comenzó en el reino de los cielos con sus ángeles caídos para derrotar al Señor Jesucristo y así el nombre santísimo de nuestro Padre Celestial aún sigue en vigencia, hoy en día, tal cual como comenzó en su gran día de rebelión, en el más allá, para destruir toda vida consagrada a Dios». Porque la verdad es que «si Satanás logra su objetivo de destruir toda vida humana en la tierra», de la misma manera que la destruyo en el paraíso y en el reino de los ángeles, entonces «habrá triunfando en contra del Espíritu Santo y de su Jesucristo y por ende también en contra del nombre santísimo de nuestro Padre Celestial. Porque los ataques de Satanás en contra de Dios y de su Jesucristo «son para destruir el Espíritu de fe, del nombre muy santo que llega día y noche a cada hombre, mujer, niño y niña de todas las naciones de la tierra, para entrar en sus corazones y quedarse a vivir con ellos infinitamente, para la eternidad venidera». Es decir, que «cada vez que vez algún mal desarrollarse en tu vida o en la vida de cualquier persona es realmente el enemigo de tu alma viviente y de toda verdad y justicia de Dios, obrando para mal, para que el Espíritu de fe, del nombre muy santo de Dios no sea una realidad en tu vida, jamás». Es más, «si miras hacia atrás, haciatu pasado, cuando algún mal se desarrollaba en tu vida, por alguna mentira, falsedad, calumnia, realmente era Satanás con los suyos, haciendo de las suyas, como de costumbre, para robarte, matarte y hasta destruirte por completo»: para que el Espíritu de fe, del nombre santísimo de nuestro Dios no entre en tu vida. Porque «sabe perfectamente Satanás que si el nombre de Dios entra en tu corazón y en toda tu vida, Dios mismo comenzaría a perdonarte tus males para así entonces llenarte de bendiciones infinitas, de milagros, maravillas y hasta de prodigios en los cielos y en el tierra para tu alma»: tal como lo quiso hacer con Adán, en el principio. Porque «lo que Dios quiso hacer con Adán en el paraíso, lo quiere hacer igual con cada hombre, con cada mujer, con cada niño y con cada niña de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra», desde ya y sin perder más tiempo, por ejemplo, para bien de muchos y de toda la tierra, también. Y esto es, literalmente, «de comer y beber del Árbol Vivo siempre y sin cesar jamás, para gloria y honra eternal, de su nombre muy santo» y así no pequen más en contra de su Creador, ni de sus mismas almas infinitas delante de él y de su Espíritu Santo, por ejemplo, en la tierra, ni en la eternidad venidera. Porque «todo aquel que peca en contra de su palabra, de su Ley Viviente, en realidad, no sólo está pecando en contra de su Dios y Creador de su vida, sino también en contra de su Hijo amado, su fruto de vida eterna, su Espíritu Santo y hasta su misma nueva vida infinita, del nuevo reino de los cielos». Y esto es terrible para Dios, «lo cual no desea ver nunca en la vida de ninguno de los suyos, por ninguna razón». Porque la verdad es también, que «todo aquel que peca, realmente es presa fácil de Satanás, para satisfacer su corazón oscuro y su espíritu inicuo e infinitamente perdido en las profundas tinieblas del más allá», del bajo mundo de los muertos, como el infierno y como el lago de fuego eterno, por ejemplo. Por ello, «el que peca no es de Dios jamás, sino de Satanás, el diablo y la serpiente antigua del Jardín del Edén, para perdición eterna de su alma viviente», eternamente y para siempre. Ya que, «todo aquel que peca es porque nuestro Señor Jesucristo no es aún conocido en su corazón ni en su alma viviente, para mal de su vida», en esta vida y en la venidera, también, eternamente y para siempre. EL QUE PRACTICA EL PECADO ES DIABLO TAMBIÉN, PARA DIOS Por lo tanto, «el que practica el pecado, en el mundo, entonces es del diablo su corazón y su alma perdida, también», porque el diablo peca desde el principio, como lo hizo con los ángeles inmortales y así igual con Adán y Eva, en el paraíso, para que se perdieran infinitamente, sin conocer a su Dios, en sus espíritus eternales. Pues «para esto fue manifestado el Hijo de Dios, nuestro salvador del paraíso, en Israel, nuestro Señor Jesucristo: para deshacer las obras de Satanás, en los corazones de cada uno de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra». Y día y noche, «desde que nuestro Señor Jesucristo descendió del paraíso, muchas (si no todas) de las mentiras, de las calumnias, de los robos, de las muertes y de todas las destrucciones de vida humana, han sido destruidas por el Espíritu de fe, del nombre sagrado de nuestro Padre Celestial». Por lo tanto, «la victoria es de nuestro Padre Celestial y de su nombre muy santo en contra de Satanás y de cada una de sus artimañas para destruir nuestro Espíritu de fe, del nombre y de la sangre y de vida eterna de nuestro Señor Jesucristo, en nuestros corazones eternos». Verdaderamente, «después de que se haya dicho todas las palabras y hechos todas las obras, ya sean de Dios, del hombre y de nuestro salvador celestial, el Señor Jesucristo, entonces el nombre muy santo de nuestro Padre Celestial será infinitamente glorificado en nuestras vidas»: para la nueva vida venidera del nuevo reino de los cielos. Y «Satanás será lanzado al lago de fuego eterno, para que su espíritu inicuo no vuelva a engañar más a ninguno de los ángeles del cielo, ni a ningún hombre o mujer del paraíso ni de la tierra, también, eternamente y para siempre». En verdad, «todo pecado cesara infinitamente, porque el padre de toda mentira y de toda maldad y de muerte eterna, ya sea de ángeles caídos o de pecadores y pecadoras de la humanidad entera, habrá muerto para siempre»: por los poderes sobrenaturales del nombre sagrado de nuestro Señor Jesucristo. Porque fue nuestro Señor Jesucristo quien le anuncio al ángel de la muerte, para decirle: -- ¡Muerte! Yo soy tu muerte... Y «si el Señor Jesucristo es la muerte del ángel de la muerte, pues también lo ha de ser para Satanás y para cada uno de sus ángeles caídos», y más no del hombre de la humanidad entera, por más pecador que sea su corazón y su alma infinita. Porque «nuestro Señor Jesucristo no vino a Israel para destruir la vida del hombre, sino para llenarla de vida humana y de vida celestial en abundancia», para gloria y para honra infinita del nombre muy santo de nuestro Padre Celestial que está en los cielos. Entonces «nuestro Señor Jesucristo es nuestra única vida, que nosotros conocemos día a día en nuestras vidas por la tierra y así también por nuestras nuevas vidas infinitas, en el nuevo reino de los cielos»: como en La Nueva Jerusalén Celestial e Infinita del gran rey Mesías de todos los tiempos, Jesucristo, ¡nuestro único Árbol de vida en la eternidad! Y «fuera de nuestro Señor Jesucristo no hay otro Árbol de vida eterna», para ángeles del cielo, ni para hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, eternamente y para siempre, en la nueva eternidad venidera del nuevo reino de Dios y de sus huestes angelicales, en el más allá, por ejemplo. Entonces «tenemos que creer en nuestros corazones y confesar con nuestros labios: el único nombre salvador del paraíso, el cual nuestro Dios nos confió a todos nosotros, para que creamos en Él y así comencemos a gozar de una nueva vida infinita»: tal cual Él mismo soñó entregarnos, desde el día que nos formo en sus manos, en el cielo. Porque la verdad es que «nuestro Dios nos creo para vivir infinitamente su nueva vida eterna de su nuevo reino celestial»: La única vida infinita de la Jerusalén del cielo, la cual sólo será posible con el corazón y con la sangre infinita del Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, viviendo en nuestros corazones inmortales, desde ya. Y fue por ésta razón, que nuestro Dios, después de haber creado al hombre «entonces lo llevo de la mano al pie del Árbol de la vida, con el fin de comenzar una nueva vida infinita ya y desde el paraíso, también»: para la nueva eternidad venidera, de su Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del nuevo reino celestial. Pero «Adán no entendió jamás el plan de Dios en su corazón, porque Satanás se le acerco a él con mentiras en los labios de la Serpiente antigua del Edén y finalmente con los labios de Eva igual, para engañarlo»: Engañarlo no sólo a él, sino también a cada uno de sus descendientes, en sus millares, en toda la tierra. Para que entonces «cada uno de ellos se pierda en sus mentiras de siempre, como no creer, ni menos comer del fruto del Árbol de la vida, nuestro salvador del paraíso, nuestro Señor Jesucristo, para que no siga viviendo su vida y entre a la gloria celestial de la nueva vida de nuestro Dios y de su nombre muy santo». Porque «una de las mayores mentiras de Satanás para el hombre de toda la tierra, es de hacerle creer que el Señor Jesucristo no es el Hijo de Dios o el gran rey Mesías y salvador no sólo de Israel, sino también de las naciones del mundo entero». Y «Satanás hace todo esto en contra de Dios y de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, para que las tinieblas aumenten en la tierra y no la luz de la verdad, el derecho y la justicia celestial de Dios y de su Hijo amado», nuestro único redentor del paraíso, ¡el Señor Jesucristo! Y sólo así «entonces poco a poco la tierra sea destruida y no perdure la gloria infinita del nombre muy santo de nuestro Padre Celestial en la vida y en la obra gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, viviendo por el Espíritu de fe, de su nombre sobrenaturalmente santo, en nuestros corazones infinitos, por ejemplo». Es decir, «que la batalla que Satanás mismo empezó en el reino de los cielos en contra de los ángeles de Dios para engañarlos a todos, y hasta si fuese posible a nuestro Árbol de vida eterna, también, no ha cesado aún en el cielo, ni menos en la tierra, de nuestros días y de siempre». Además, «todas estas mentiras y artimañas, como las que han hecho mucho daño al hombre de toda la tierra, comenzaron en el paraíso y de los labios de Satanás mismo, por medio de la boca de la serpiente antigua y de la boca de Eva, también, para mentir, robar, matar y destruir». «Mentir, robar, matar y destruir, realmente en cada momento de la vida del hombre, todo lo que es del Espíritu de fe, del nombre santísimo de nuestro Dios, en la tierra y así también en el paraíso, para que la nueva vida infinita, la cual Dios quiso empezar en Adán, al pie de su Árbol Vivo, entonces no empiece jamás». Para que de esta manera «entonces no haya más gloria eterna, ni nuevas honras de santidades infinitas, de la nueva vida del nuevo reino celestial, como La Nueva Jerusalén del cielo, por ejemplo, para el nombre muy santo de nuestro Dios, en los corazones de ángeles fieles del cielo y de la humanidad entera, también. SATANÁS SE DISFRAZA COMO ÁNGEL DE LUZ, PARA APRESAR AL HOMBRE Y no es de extrañarse, mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas, porque «Satanás mismo, siendo aún el peor enemigo de toda verdad, de todo derecho, de toda justicia y de toda luz del cielo y de la tierra, se disfraza como ángel de luz, para engañar más que antes a sus victimas»: con sus mentiras y falsedades de siempre. Porque «esa ha sido siempre su mejor arma de fuego en contra de sus adversarios, desde el día que se rebelo en contra de Dios y de su nombre santísimo»: la mentira (como cualquier mentira, como las que primero se pronunciaron de sus labios en el reino de los ángeles o en el paraíso, pues así también en la tierra). Y «la mentira existe en los labios de los ángeles caídos y así también de todo pecador y pecadora, para seguir tratando de hacerle daño al nombre glorioso de nuestro Padre Celestial que está en los cielos y además reina por siempre»: sólo en la vida de nuestro Cristo Celestial, ¡el Santo de Dios y de la humanidad entera! Porque la verdad es que «tanto la primer mentira de Satanás y así las ultimas que se han oído en la vida del hombre son para atacar a Dios y al Espíritu de alabanza, gloria y honra de su nombre santísimo, el cual vive desde la antigüedad del cielo en perfecta santidad, en el corazón del Árbol de la vida». Y sin la mentira, entonces «Satanás no puede hacer ninguno de sus males que suele hacer para truncar el espíritu vigente de la voluntad perfecta de Dios, o destruir la vida de cualquier ser viviente»: sea ángel del cielo u hombre del paraíso o de la tierra, de nuestros días y de siempre. Y «Satanás ataca al hombre, la mujer, el niño y la niña de la humanidad entera, de la misma manera que ataco a los ángeles del cielo y así también a Adán y a Eva en el paraíso, para que ellos pierdan el Espíritu de Cristo»: Espíritu de amor, fidelidad y alabanza al nombre muy sagrado de nuestro Padre celestial. Y «esto es realmente el Espíritu Eterno de alabar y de honrar por siempre el nombre muy santo de nuestro Padre Celestial en sus corazones y en sus vidas del día a día, el cual ha descendido del cielo, en la vida de nuestro salvador Jesucristo»: para alcanzar aún mayores glorias y honras jamás alcanzadas por nadie, desde la antigüedad. Y, además, «mientras el nombre muy santo de nuestro Padre Celestial permanezca en perfecta santidad en el corazón de su Árbol de la vida, su Hijo amado, el gran rey Mesías, entonces el espíritu de error de Satanás y de sus ángeles caídos va a seguir haciendo de las suyas, para atacarlo y humillarlo, en nuestros corazones humanos». Y esto ha de ser, «como en los primeros ataques de mentira y de blasfemias en contra del Espíritu de Cristo en el cielo, para que el nombre de nuestro Dios sea manchado de pecado y así deje de ser muy santo, como siempre lo ha sido desde tiempos inmemoriales de la eternidad celestial y hasta nuestros días», por ejemplo. Y es por esta razón, que «el espíritu de pecado y de error ha sobreabundado en la vida del hombre, desde la antigüedad y hasta nuestros días, para que el nombre santísimo de nuestro Dios sea manchado con las mentiras y las calumnias de las profundas tinieblas de Satanás y de todo pecador y de toda pecadora de la tierra». Pecador y pecadora de la humanidad entera, «como tú mismo, mi estimado hermano y mi estimada hermana, para que el nombre muy santo de nuestro Dios no sea reconocido, ni menos honrado en nuestras vidas, como debió de ser desde el comienzo de las cosas en el cielo y así también en la tierra», de nuestros días y de siempre. Entonces «Jesucristo es muy importante en nuestros corazones y en nuestras vidas, para que el nombre santísimo de nuestro Dios, el cual nadie lo conoce, ni nadie lo puede pronunciar con sus labios, sólo Dios mismo, nuestro Señor Jesucristo y su Espíritu Santo, porque se requiere de perfecta santidad»: para conocerlo y honrarlo, pues, lo pronuncies tú también, en tu día. Y «en la nueva vida infinita del nuevo reino celestial, como en La Nueva Jerusalén del cielo, prometida a los antiguos y a los que aman a Dios de todo corazón, por ejemplo, entonces se conocerá y se pronunciara en la perfecta santidad del fruto del Árbol de la vida, el nombre muy santo de nuestro Dios», en la nueva eternidad. Entonces «nuestro Padre Celestial lleva a cada hombre, mujer, niño y niña día y noche a los pies del Árbol de la vida, para que coman y beban de Él y de su fruto de vida infinita»: para que muy pronto ya, el nombre muy santo de nuestro Dios sea una realidad latente en sus corazones, eternamente y para siempre. Porque la verdad es que «nadie puede acercarse al Señor Jesucristo si no es enviado por Dios mismo primero»: Esto lo declaro nuestro Señor Jesucristo a sus apóstoles y discípulos, en sus días de predica en la tierra de Israel, por ejemplo. Porque es nuestro Padre Celestial quien llevo de la mano y por el camino de la verdad, el derecho y la justicia celestial, al pie del Árbol de la vida, su gran rey Mesías del paraíso, para que Adán coma y beba de él, infinitamente y así también sus descendientes por doquier, para vivir ya, ¡la nueva vida celestial! Una vez más, «nuestro salvador Jesucristo tiene que entrar en tu corazón y en toda hora de los días de tu vida por la tierra, también, para que el nombre santísimo de nuestro Creador sea conocido por tu corazón y pronunciado por tu espíritu humano»: sólo por medio de nuestro Señor Jesucristo a lo largo y lo ancho del cielo». Para que entonces «nuestro Padre Celestial sea glorificado en los cielos y en la tierra y así derrame mucho más de su poder celestial y sobrenatural»: llena de gracia, misericordia y sanidad para enriquecer tu vida y la vida de todos nosotros, también, y de las naciones del mundo entero, para que nadie se quede sin su bendición redentora jamás. Por ende, «el nombre de nuestro Creador viene a cada uno de nosotros, en nuestros millares, en todos los lugares de la tierra, únicamente por medio del corazón, la sangre y la vida perfecta y sumamente gloriosa de nuestro salvador Jesucristo»: para que se instale en nuestros corazones, con el mismo sentir del corazón glorioso del fruto del Árbol Viviente. Y «nuestro Hacedor hace todo esto no sólo por amor a su nombre santísimo, sino también por amor a cada uno de nosotros, de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, para que viva (su nombre santísimo) en nuestros corazones y en nuestras vidas celestiales desde ya»: en la tierra y así también en la eternidad venidera. Puesto que, «cada uno de nosotros ha sido formado en las manos gloriosas de nuestro Padre Celestial, para que llevemos su nombre muy santo en nuestros corazones así como su Hijo amado lo ha llevado en su corazón santísimo desde siempre, desde los primeros días de la antigüedad y hasta nuestros días, por ejemplo»: ¡para tocar tu vida poderosamente! Y «el único que está parado entre tú y el nombre muy santo de nuestro Dios, para que no entre en tu corazón y en toda tu vida, para que comience a obrar milagros, maravillas y prodigios en los cielos y en la tierra, es realmente Satanás»: ¡el enemigo eterno de tu corazón, de tu alma y de tu vida terrenal y celestial! Es por esta razón, que en todo tiempo «tienes que rechazar a todo lo que es mentira, maldad, robo, calumnia, muerte y destrucción en tu vida y en la vida de los demás»: para que Satanás no gane terreno jamás, sino por lo contrario. «Sólo permite la verdad, el derecho y la justicia infinita de nuestro Padre Celestial en la vida gloriosa de su Hijo amado, viviendo en tu corazón, por el poder del Espíritu de fe, de su gran rey Mesías, nuestro salvador de toda la tierra, Cristo, el Santo de Dios y de la humanidad entera», ¡eternamente y para siempre! ¡Amén! El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el Señor Jesucristo. LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLEAL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque éstaes la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, por la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/...pe=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com |
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