Newsgrupos.com  

Retroceder   Newsgrupos.com > Forum > Newsgroup es.charla.* Foro > Newsgroup es.charla.medio-ambiente
Registrarse Preguntas Frecuentes Lista de Foreros Calendario Buscar Temas de Hoy Marcar Foros Como Leídos




Respuesta
 
LinkBack Herramientas Desplegado
  #1 (permalink)  
Antiguo 29-09-2007, 23:58:21
valarezo
 
Mensajes: n/a
Predeterminado (IVÁN): EL PRINCIPE DE LAS TINIEBLAS


Sábado, 29 de septiembre, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica

(Deseamos recordar y orar por las familias de las victimas fatales de
accidentes que han ocurrido recientemente en nuestro Ecuador,
especialmente en Manabí: En donde once personas de una sola familia,
aparentemente, perdieron sus vidas trágicamente, en la carretera de
regreso a sus hogares. Evidentemente no llegaron a sus hogares
terrenales, pero si al de nuestro Padre Celestial y de su Árbol de
vida eterna, en el cielo, nuestro paraíso celestial, en el más allá.

Recordamos también a nuestros hermanos que viven en el extranjero y
algunos de ellos son miembros de sus ejércitos y que, además, han
entregado sus vidas en el cumplimiento de sus deberes por su patria
adoptiva y por defender la vida y la paz mundial en tierras lejanas y
estañas a ellos, a la vez.

No podemos de dejar de recordar a Marcel Marceau, renovador de la
pantomima europea antigua, francesa y de nuestro mundo hispano,
también, quien se fue con el SEÑOR hace unos días atrás. Así como
Marcel Marceau, todos los demás viven en la perfecta gloria infinita
de un mundo mayor y mejor de nuestro Padre Celestial que está en los
cielos: Gracia al Espíritu de amor, pasión, de vida y salud inmortal
de nuestro fruto de vida eterna, ¡nuestro salvador Jesucristo! ¡Amén!)


(Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo)


EL PRINCIPE DE LAS TINIEBLAS:

Éste es Satanás, "el enemigo numero uno de Dios y de tu vida
infinita", el Árbol de la vida del paraíso y de la tierra, también, mi
estimado lector. Éste es quien actúa y obra sus artimañas más
terribles, de tras de cada uno de los que te hagan mal (sea que lo
sepan o no), para que "Jesucristo no sea tu fruto de vida eternal", en
tu corazón y en toda tu alma viviente.

Porque sólo «nuestro salvador Jesucristo es el gran rey Mesías de tu
vida», en la tierra y en el paraíso, también, delante de Dios y de su
Espíritu Santo, desde los primeros días de la antigüedad y hasta por
siempre aun más allá de la nueva gloria venidera a tu alma eterna. Y
sin el Señor Jesucristo, como tu Árbol de vida y de salud infinita,
entonces sólo tinieblas hay en ti siempre y aún en el más allá,
también, como en el bajo mundo de los condenados, el infierno y el
lago de fuego, para que jamás conozcas a tu Dios, ni a su nombre
santísimo, por medio de su Hijo.

En aquellos días, el Señor Jesucristo les manifestaba a sus
discípulos, asegurándoles: --Yo veía a Satanás caer del cielo al suelo
de la tierra, como un rayo perdido: porque ya no encuentra lugar para
sentar sus pies, en toda la tierra santa del reino de Dios y de sus
seres muy amados, también. Además, «Satanás es expulsado» de todos los
lugares celestiales del más allá: «para que ya no exista más su
presencia, ni su pecado amenazador», en contra de Dios y de sus
ángeles muy fieles a su nombre santísimo y a su Hijo amado, ¡el Árbol
de la vida eterna!

Pues lo que tenia Santas en el cielo y aún hasta lo muy poco que podía
ser de él, ya no es de él: «porque lo ha perdido todo, desde el día
que se rebelo en contra de Dios y de su nombre muy santo», el cual
existe en perfecta santidad, en el corazón de nuestro salvador
Jesucristo. Lo único que Santas posee son tinieblas tras tinieblas en
su corazón y en todo su espíritu inicuo: «espíritu del pecado», el
cual en su día fue muy santo para Dios: tan santo y tan perfecto era
él, en su espíritu angelical, que nuestro Dios mismo le confío
salvaguardar su trono santísimo, por un tiempo, en el reino de los
cielos.

Esto era algo que «sólo el Señor Jesucristo tenia derecho a hacer en
su vida santísima», pero nuestro Padre Celestial entonces se la cedió
a Lucifer, como arcángel y como salvaguarda de su trono, porque para
esto lo había creado Dios, en el poder sobrenatural de su palabra y de
su nombre muy santo, en los días de la antigüedad. Y al ver Lucifer
«la gloria muy alta del nombre santo de nuestro Padre Celestial», el
cual sólo manifestaba luz y maravillas tras maravillas desde el
corazón del Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, entonces
«desea también poseer esta gloria sin igual» en su mismo corazón
incompatible (o no muy santo para llevar el nombre de nuestro Dios).

Y Satanás se sentía humillado, «muy humillado, ante el nombre muy
santo de nuestro Padre Celestial, viviendo en el corazón de su Hijo
amado», el único Árbol de la vida eterna en toda la creación del reino
de los cielos, por cuanto «se rebelo en contra de él ciegamente y con
mucha enemistad a Dios», en su espíritu celeste. Y Satanás sólo podía
ver la gloria del nombre de nuestro Padre Celestial en aquellos días,
pero no podía tocarlo en la vida de nuestro Señor Jesucristo: «porque
por más que lo deseo hacer así, no pudo nunca» en sus días de su vida
en el reino celestial, como arcángel guardián del trono de la
misericordia eterna, de nuestro Padre Celestial.

Realmente, ésta es una gloria muy sagrada, por cierto, la cual sólo le
pertenece a nuestro Padre Celestial por amor y por inicio propio a él
y a su nombre santísimo, desde el corazón glorioso de su Hijo amado,
nuestro salvador Jesucristo. En verdad, ésta es una gloria que los
ángeles del cielo la ven y la disfrutan, a la vez, en sus corazones,
pero no la pueden tocar, ni menos poseer en sus corazones y en sus
espíritus celestes; dado que, la santidad del nombre de nuestro Padre
Celestial es muy alta, demasiado alta para cada uno de ellos. Es más,
un nombre más santo que el nombre de nuestro Padre Celestial no es
posible, jamás, en gloria y en santidad celestial e infinita.

Y aquí, Satanás les dice a sus ángeles aliados (y rebeldes a Cristo):
-- Yo soy perfecto en todos mis caminos y, además, soy muy sabio, tan
sabio como yo no lo hay entre todos los ángeles del cielo, fieles a
Dios y a su Hijo amado, ¡el Mesías! Por lo tanto, pienso que yo puedo
exaltar mi nombre aún más alto que el nombre de Dios, el cual vive en
perfecta santidad en el corazón de su gran rey Mesías, el Árbol de la
vida eterna del paraíso y de toda la creación celestial.

Por tanto, yo voy a tomar el nombre santísimo de Dios para que sea
para mí; y exaltare mi nombre más alto que el nombre de Dios en toda
su creación, como ningún otro nombre jamás ha sido exaltado en toda la
historia de vida del reino de Dios; voy ha ser aún mayor que
Jesucristo, ¡el Santo de Dios! Mi nombre será más alto que el nombre
de Jesucristo, les decía Satanás a sus ángeles caídos, en el día de su
rebelión celestial, en el reino de los cielos.

Y es aquí, cuando el conflicto entre Dios y Satanás comenzó: «en el
corazón del Árbol de la vida, Jesucristo, para exaltar su nombre
inicuo mucho más alto que el nombre de nuestro Padre Celestial», no
sólo en los ángeles del cielo, sino también en todos los seres que
Dios crearía posteriormente, como Adán, por ejemplo y su humanidad
infinita. De hecho, ésta es una obstinación, ceguedad espiritual, la
cual Satanás siente en su corazón perdido por el nombre santísimo de
nuestro Padre Celestial, para poder ser mayor que nuestro Dios
infinitamente y así por fin establecer su reino de iniquidad eternal.

Y para satisfacer su deseo desordenado e irreverente ante Dios y ante
su nombre muy santo en su corazón perdido en tinieblas profundas:
«entonces ataca incesantemente a Jesucristo y a como de lugar, para
ser mayor que él en el cielo con los ángeles y así también en la
tierra entre todos los hombres». Y sólo entonces «habrá alcanzado su
meta diabólica de ser mayor que Dios», en el cielo y en todo el resto
de la creación, incluyendo la tierra y la nueva vida eternal de La
Nueva Jerusalén Santísima del nuevo reino venidero, por ejemplo.

Y por más que Satanás intento hacerlo así, «no pudo en contra del
Señor Jesucristo, ni menos en contra del nombre muy santo de nuestro
Padre Celestial», para desgracia infinita de su vida (la cual por un
tiempo fue gloria para el trono santo de nuestro Padre Celestial, en
el cielo). Porque aunque Satanás era perfecto, sabio y hasta muy santo
entre todos los ángeles del reino de los cielos, «pero jamás lo
suficientemente santo para enfrentarse en contra del corazón de
nuestro Árbol de la vida eterna», para arrebatarle el nombre de
nuestro Padre Celestial del lugar de su gloria y santidad infinita.

Aquí Satanás peca terriblemente en contra de Dios, para ser condenado
para siempre por su maldad, lejos de su gloria antigua y en un mundo
totalmente terrible y desconocido para su espíritu celeste, como lo es
el bajo mundo del más allá, el infierno y el lago de fuego. Por
cierto, estos son lugares tan terribles para Satanás y su espíritu
celeste, el cual estaba acostumbrado a vivir y a gozar la gloria de la
presencia muy santo del trono de la gracia y de la misericordia
infinita de nuestro Padre Celestial y de su Hijo amado, el gran rey
Mesías de todos los tiempos, por ejemplo.

Realmente, esto era algo que Satanás «no sabia en su corazón, ni aún
después de lo que ha dicho y hecho», desde el día de su gran rebelión
en contra del nombre santísimo de nuestro Dios y hasta nuestros días:
«ni mucho menos aún lo entiende hoy en día, por ejemplo, en su corazón
de tinieblas y de maldades infinitas». Es decir, que Satanás no
entiende aún todavía: «la santidad de nuestro Padre Celestial y de su
nombre muy santo, viviendo en el corazón de nuestro Señor Jesucristo»,
porque no tiene la mente, ni la entraña, ni la suficiente sabiduría,
ni menos suficiente santidad, ni aún el Espíritu celeste para
entenderlo en su totalidad, en su corazón de tinieblas eternas.

Satanás está en profundas tinieblas terribles del más allá, «cuando
piensa en el nombre muy santo de nuestro Padre Celestial, viviendo en
perfecta gloria infinita en el corazón de nuestro salvador
Jesucristo»; y no entiende nada de nada de Dios, de su Espíritu Santo,
ni de su Mesías Celestial, para la nueva vida infinita de su nueva
humanidad inmortal. Porque la verdad es que «el misterio o el secreto
de la santidad» de nuestro Dios y de su nombre muy santo, viviendo en
el corazón de nuestro Señor Jesucristo: «es sumamente insondable (o
sin fondo) para el corazón y para el espíritu rebelde y sumamente
oscuro de Satanás y de cada uno de sus seguidores fieles a sus
mentiras».

Es decir, que la santidad de nuestro Padre Celestial y de su nombre
santo, viviendo en el corazón de nuestro Señor Jesucristo, es «muy
alta e inalcanzable para rebeldes como Satanás o para cualquiera de
sus ángeles caídos o pecadores y pecadoras de toda la tierra, por
ejemplo». Es por esta razón, que el hombre pecador o la mujer pecadora
que vive en las tinieblas de su pecado, entonces «no le es fácil
discernir en su corazón, ni en su espíritu humano: la grandeza y lo
glorioso del nombre muy santo de nuestro Padre Celestial, para con
cada uno de nosotros», en todos los lugares de la tierra.

Y «esto es verdad en cada uno de ellos» (pecadores y pecadoras,
grandes y pequeños, entendidos o no, pobres o ricos), «porque no
tienen a Cristo viviendo en sus corazones», como debió de ser con Adán
y Eva, en el paraíso, por ejemplo, para bien eterno de sus vidas, en
la tierra y de nuevo de regreso en el cielo. Porque para entender las
cosas de Dios, sean grandes o pequeñas (como las que se ven o no) «se
necesita entonces la ayuda idónea del Espíritu Santo de Dios viviendo
en nuestros corazones, por los poderes sobrenaturales, milagrosos y
maravillosos, en el nombre bendito de nuestro fruto de vida eterna,
nuestro único salvador del paraíso», ¡el Señor Jesucristo!

Porque la verdad es que «nuestro único regreso posible a nuestras
vidas celestiales del paraíso», sea hombre, mujer, niño o niña y hasta
el mismo Adán y Eva, por ejemplo, es «nuestro fruto de vida eterna»,
¡el gran rey Mesías de todos los tiempos! Y éste fruto de vida eterna
para Adán y para la humanidad entera «es nuestro Señor Jesucristo»,
porque sólo en el Hijo de David, el gran rey Mesías (muy esperado por
todos): «habita el nombre muy santo de nuestro Padre Celestial, en su
corazón, en su sangre y en su espíritu de vida eterna, para bien de
todos nosotros».

Además, «Satanás jamás conoció, ni menos entendió ésta gran verdad en
su corazón muy oscuro», para mal de su vida; es por eso, «que tropezó
y cayó de la gloria que poseía en el reino de los cielos», con su Dios
y con cada uno de los ángeles del cielo. Es más, aunque Satanás no lo
entienda así en su corazón perdido, pues, «sigue cayendo (y muriendo
poco a poco) aun mucho más profundo que antes en el bajo mundo de los
muertos», de su condena final y eterna, en el lago de fuego, cada vez
que peca en contra del Señor Jesucristo y del nombre santísimo de
nuestro Dios.

Ya que, el que peca en contra del Señor Jesucristo «entonces está
realmente ofendiendo al nombre muy santo de nuestro Padre Celestial
que está en los cielos»; y esto es muerte para cualquier ser viviente,
sea ángel caído u hombre pecador o mujer pecadora de toda la tierra.
Es decir, también, que «Satanás es cada vez más ciego que antes»,cada
vez que peca en contra de Dios y de su nombre santísimo, al ofender a
su Árbol de vida eterna, nuestro Señor Jesucristo (el único posible
Santo de Dios y de Israel, hoy en día y eternamente y para siempre).

Entonces «Satanás tropieza en sus propias tinieblas de siempre y cae
en su propio mal, en su propio pecado de rebelión y de profunda
oscuridad, para hundirse aún en tinieblas más profundas que las de
antes»; de hecho, estas son profundas tinieblas jamás alcanzas por
nadie, sólo por Satanás, ni aún todavía por sus poderosos ángeles
caídos, por ejemplo. Porque la verdad es que, el hombre o la mujer de
toda la tierra, «no tiene santidad alguna en su corazón para recibir,
ver y hasta disfrutar de los milagros, maravillas y prodigios muy
sagrados también, por cierto, del nombre de nuestro Padre Celestial,
el cual vive en perfecta santidad en el corazón del gran rey Mesías»,
¡nuestro Señor Jesucristo!

Y es por eso, que nuestro Dios no sólo ha creado al hombre en su
imagen y conforme a su semejanza celestial, «sino que también le ha
entregado de su santidad perfecta y muy santa, por cierto, por medio
de su Hijo amado», para que en un día como hoy, entonces «su nombre
muy sagrado pueda llegar a su corazón». Es más, Dios ha creado al
hombre en su imagen y conforme a su semejanza celestial, únicamente
«para entregarle toda su santidad celestial e infinita, sólo posible
en el corazón, en la sangre y en la vida de nuestro salvador
Jesucristo, para que su nombre llegue a su corazón y a su vida
infinita, también, y se quedé con él eternamente.

Porque nuestro Dios nos ha creado en sus manos santas: «para vivir y
servirle por siempre a su nombre muy sagrado, por medio de la sangre y
de la vida misma de su Árbol de vida eterna, su Hijo amado», ¡nuestro
Señor Jesucristo! Y Satanás conoce esta gran verdad de parte de
nuestro Padre Celestial, desde el principio, para «con Adán y para con
cada uno de sus descendientes, en todos los lugares de la tierra, en
sus millares», de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y reinos,
comenzando con Eva, por ejemplo: «y nos odia por ello --hasta la
muerte eterna».

Porque Satanás «ve» en cada uno de nosotros: «la gloria del nombre muy
santo de nuestro Dios», lo que deseo ver y tener en su corazón inicuo
y rebelde, desde el comienzo de todas las cosas, en el más allá, en el
reino de los cielos y con sus ángeles seguidores: «y más no lo alcanzo
nunca», sino todo lo contrario. Lo único que Satanás logro «fue que
fuese lazando de todos los lugares del reino de los cielos», para caer
finalmente no sólo en la tierra sino en sus profundidades terribles,
como el bajo mundo de los muertos, el infierno candente e
infinitamente violento y como el mismo lago de fuego eterno, su muerte
final.

Y Satanás no desea estar en ninguno de estos lugares, sino «arriba en
el cielo, como en el comienzo de vida de sus primeros días, al lado
del trono de Dios y de su nombre muy santo, también». Pero «todo esto
le es un imposible para Satanás» y para cada uno de sus ángeles
caídos, también, porque «jamás nuestro Señor Jesucristo le permitirá
que se vuelva acercar al trono de Dios, ni menos a su nombre
santísimo», para que no lo vaya a manchar con ninguno de sus pecados
de siempre, como mentiras y maldades escondidas, por ejemplo.

Entonces Satanás, hoy en día, aunque ha pasado mucho tiempo: «aún cree
que puede exaltar su nombre inicuo mucho más alto que el nombre
santísimo de nuestro Padre Celestial», y nos quiere destruir a cada
uno de nosotros, porque «somos una amenaza constante para él», cada
vez que nosotros recibimos y adoramos a Cristo en nuestros corazones.
Por cierto, «esto es algo que Satanás jamás deseo ver» en ninguno de
los ángeles del cielo, ni menos en el hombre, la mujer, el niño y la
niña, de hoy en día y de siempre, de la humanidad entera. Por esta
razón, también, «Satanás no puede regresar al cielo, jamás»,
eternamente y para siempre.

SATANÁS FUE EXPULSADO DEL CIELO, PARA SIEMPRE

Entonces «fue arrojada de los lugares altos del cielo, la serpiente
antigua», la que engaño a Eva y luego a Adán, la cual se llama diablo
y Satanás y engaña al mundo entero, también, como es normal para su
espíritu inicuo, por rebelión y por desamor a lo que es verdad,
derecho y justicia, en la tierra y el cielo. Fue entonces «arrojado el
diablo a la tierra y junto con él sus ángeles rebeldes al nombre del
Señor Jesucristo», para que ya no caminen por los lugares celestes,
sino en la tierra: porque el tiempo del juicio final y del comienzo
del nuevo reino de los cielos se acerca a su gran día de
manifestación, al pueblo del SEÑOR.

En la medida en que, «el tiempo del pecado y de la vida inicua de
Satanás y de sus seguidores, ángeles caídos y pecadores y pecadoras de
la humanidad entera, llega a su fin para destrucción eterna de todos
los males de la creación», como en el infierno y como en el lago de
fuego, también, eternamente y para siempre. Porque la verdad es que
desde el día que el Señor Jesucristo venció a Satanás sobre la roca
eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel, entonces «Dios comenzó
a contar los días de Satanás y de sus ángeles caídos en el cielo y el
resto de su creación», como la tierra de nuestros días y de siempre,
por ejemplo.

Y estos días del fin de Satanás «están más cerca de lo que pensamos»,
les decía nuestro Jesucristo a sus apóstoles y discípulos, en todos
los lugares de Israel, por donde Dios y su Espíritu Santo lo guiaba
con su palabra de bendición y de gran poder, para sanar los corazones
y redimir las almas perdidas de la humanidad entera. Nuestro
Jesucristo predicaba la palabra de la Ley a diestra y a siniestra,
porque« sabia que nuestro Padre Celestial que está en los cielos se
estaba gozando por su gran obra mesiánica en todo Israel», para bien
eterno de la humanidad entera y, por supuesto, para gloria infinita de
su nombre muy santo, también.

Además, ésta obra de nuestro Padre Celestial y de nuestro Señor
Jesucristo, «es que por fin Satanás va a ser derrotado, por los
poderes sobrenaturales de su nombre muy santo y por la sangre viviente
e infinitamente gloriosa del corazón de su Árbol de vida eterna,
nuestro Mesías Celestial», el Hijo de David, ¡el único Cristo posible
del hombre viviente! Porque «la obra de nuestro Señor Jesucristo no
sólo le puso fin al pecado de Satanás en Adán y en cada uno de sus
descendientes», en sus millares, en todos los rincones de la creación,
sino que también «destruyo los poderes terribles del ángel de la
muerte», en la tierra y en el más allá, como en el infierno.

De hecho, «ésta victoria del Señor Jesucristo no sólo ha sido para
gloria y para honra infinita del nombre sagrado de nuestro Padre
Celestial», el cual vive en perfecta santidad en su corazón muy
sagrado, sino que «también es la victoria de cada hombre, mujer, niño
y niña de la humanidad entera», comenzando con Adán y Eva, por
ejemplo. Es decir, de igual forma, mi estimado hermano y mi estimada
hermana, que «desde el descenso del cielo»: de su vida, nacimiento
(puro, santo y santificador por el vientre virgen de una de las hijas
de David, de la tribu de Judá), crucifixión, muerte, resurrección y
ascensión al paraíso de nuestro Señor Jesucristo, «es tuya también, ni
más ni menos».

Es decir, también, de que cada una de las victorias de Dios, en su
Hijo amado y en su Espíritu Santo, además de sus ángeles fieles a él y
a su nombre, «Dios mismo las ha hecho tuyas, en el cielo y así igual
en la tierra», para la nueva eternidad venidera del nuevo reino
celestial, de su Jerusalén Inmortal. Y «Satanás sabe estas verdades
muy bien en su corazón inicuo, pero quiere que tú jamás las conozcas
en el tuyo», en todos los días de tu vida y hasta aun más allá después
de tu muerte, en la tierra y en el infierno, también, por ejemplo.
Realmente, «Satanás sólo ambiciona que permanezcas en sus profundas
tinieblas de siempre y no entiendas nada de Dios, ni de su Ley, ni de
su gran rey Mesías, ni de su Espíritu Santo, para siempre».

Porque «a Satanás no le conviene tenerte a ti, ni a ningún hombre,
mujer, niño o niña con éste verdadero conocimiento en su corazón, de
que él ya ha sido derrotado y destruido por el hombre sagrado de
nuestro Padre Celestial, por medio de la sangre y la vida de su
"Cordero Escogido", nuestro salvador Jesucristo». Y es por eso, que
«Satanás te teme a ti, mucho más que a sus ángeles caídos o a los
ángeles santos y fieles al nombre sagrado de nuestro Padre Celestial,
porque eres infinitamente poderoso», únicamente cuando Cristo vive en
ti, por el poder sobrenatural del Espíritu de fe, de su sangre y de su
nueva vida infinita, por ejemplo.

Porque la verdad es que «cuando tú recibes en tu corazón al Señor
Jesucristo, por medio de su Espíritu de fe y de bendición eternal y
perdón de tus pecados, entonces realmente has entrado en el
conocimiento a toda la verdad, derecho y justicia del nombre muy santo
de nuestro Padre Celestial, para derrotar a tus enemigos en todo
tiempo». Porque «así como Satanás está perdido delante de Dios y de su
Árbol de vida, pues así también se encontrara perdido delante de ti»,
porque «el nombre muy santo de Dios, por medio del Espíritu del
nombre, la sangre y la vida del Señor Jesucristo, vive en ti, en tu
corazón, para que ningún mal del enemigo toque tu vida jamás».

En verdad, «Satanás sabe muy bien en su corazón inicuo, que tú has de
ser tan bendito por Dios mismo, porque el Espíritu de su nombre muy
santo mora en tu corazón y en toda tu vida, también, por medio del
Espíritu del nombre, la sangre y la vida victoriosa de nuestro
salvador Jesucristo». Y «Satanás ha luchado días y noches muy largas
para él y para sus ángeles caídos, para que tu corazón y tu alma
también permanezcan en constante tinieblas y así no puedas jamás tocar
el nombre muy santo de tu Dios, por medio de su fruto de vida eterna,
nuestro Mesías», ¡el Cristo de ángeles y de la humanidad entera!

Y así tú, ni ninguno de los tuyos, «jamás veas la luz de la verdad del
Espíritu Viviente del nombre muy santo de nuestro Padre Celestial», el
cual habita en perfecta santidad en la vida de nuestro Señor
Jesucristo, «y hoy habita en ti, igual»: ¡Gracias al Espíritu de fe,
el cual siente y vive por Dios y por su Jesucristo! Es por eso, que
«Satanás te odia y hasta aún más allá de la muerte, también».Porque
«desea comer de tu carne y beber de tu sangre y así ofender al nombre
muy santo de nuestro Padre Celestial, el cual vive por ti y en ti»:
Gracias a nuestro fruto de vida eterna, nuestro salvador del paraíso,
el gran rey Mesías de todos los tiempos, ¡el Hijo de Dios!

SATANÁS COMO LEON SEDIENTO QUIERE BEBER SANGRE DEL HOMBRE

Por todo ello, «sean siempre bien aconsejados y vigilen por sus vidas
(y de los suyos, también) a diestra y a siniestra», para que ningún
mal del enemigo se acerque a ustedes y destruya su fe, en Dios y en su
gran rey Mesías, ¡el Cristo de todos los tiempos! Porque su
adversario, Satanás, el diablo, «como león ruidoso y hambriento,
camina por todos lados y en derredor de ustedes mismos, sin que se den
cuenta de él, ni de ninguno de los suyos, ni de nada, buscando a quién
devorar, para satisfacer su corazón malvado y su espíritu inicuo».

Y «como es un cobarde por inicio o por su naturaleza rebelde, farsante
y malvada, entonces busca incansablemente por los que están
desprotegidos, como los enfermos, como los decaídos y como los
extraviados, para devorar sus carnes, sus corazones, sus espíritus y
cuerpos humanos, como cualquier bestia salvaje de la selva o del bajo
mundo de los muertos», por ejemplo. Y «todo lo hace con un gran
desamor por Dios y por su Jesucristo en su corazón oscuro», el cual
está infinitamente lleno de tinieblas y del espíritu de sangre fría
del pecador malvado y de la pecadora malvada de la tierra, «para
mentir, robar, matar y destruir con sus artimañas y muchas falsedades
muy antiguas y de siempre».

Dado que, «los que están con Dios y con el nombre del Señor Jesucristo
viviendo en sus corazones, entonces no se acerca a ninguno de ellos,
por ninguna razón»: aún por más hambriento y sediento que esté Satanás
no se atreve acercase a ninguno de ellos (sino no es con el permiso de
nuestro Dios, únicamente). Porque sabe muy bien en su corazón inicuo
«que Dios está con cada uno de ellos», en sus millares, en toda la
tierra, y los dones todopoderosos de su Espíritu Santo, también, «para
salvaguardarlos de sus artimañas de siempre», es decir: si tan sólo
creen en sus corazones y confiesan con sus labios a su Hijo Santo, a
su Jesucristo.

Ya que, «el creer en Jesucristo y confesar su nombre santísimo y
todopoderoso es poder del cielo y sobre toda la tierra, también»,
delante de Dios y de su Espíritu Santo, hoy en día y como siempre,
desde los primeros días de la antigüedad, por ejemplo. Porque «sabe
muy bien Satanás en su corazón perdido e infinitamente confundido, que
en contra del Espíritu de fe, del nombre milagroso e infinitamente
sobrenatural del Señor Jesucristo jamás ha podido derrotarlo, ni por
un sólo instante en su vida inicua, ni en sus mejores momentos o
sueños», (es decir, si es que Satanás tiene sueños buenos, cuando
duerme).

Porque «Satanás puede engañar sólo al que no está protegido con el
Espíritu del nombre, la sangre y la vida sumamente honrada y gloriosa
de nuestro Árbol de vida eterna», ¡nuestro Señor Jesucristo! Es decir,
que el que está sin Cristo en su corazón, entonces «es una presa fácil
de devorar para Satanás, cuando tenga hambre o esté sediento, por la
carne pecadora, la sangre y el alma viviente del hombre del mundo»;
pero no así con los que aman a su Dios, por medio de la santidad no
superada aún de nuestro Jesucristo.

Y, además, «como no quiere ser quemado por la presencia gloriosa del
nombre muy santo de Dios, entonces se aleja para buscar su próxima
comida del corazón y del alma humana del hombre pecador o de la mujer
pecadora en otro lugar de la tierra, especialmente por donde Cristo no
es conocido o su nombre invocado, por ejemplo». Es por eso, que «vemos
tanta maldad por muchos lugares del mundo, porque Satanás y sus
ángeles caídos están haciendo de las suyas, como de costumbre: «porque
las gentes, en sus cegueras espirituales, no invocan el nombre del
Señor Jesucristo delante de Dios y de su Espíritu Santo, para ser
librados del mal del enemigo de sus vidas y de siempre».

Porque «saben muy bien en sus corazones inicuos, que si no atacan a
sus adversarios, como cualquier hombre, mujer, niño o niña de la
humanidad entera, entonces la luz del Espíritu de fe, de la sangre y
de la vida gloriosa y sumamente poderosa del Árbol de la vida,
entonces comenzaría a tomar su lugar de origen, en la tierra». Es
decir, que «la gloria de Dios y de su Jesucristo seria tan real en los
corazones de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad
entera, así como lo ha sido en los corazones de los ángeles del cielo,
por ejemplo, desde la antigüedad y hasta nuestros días, que la tierra
se convertiría literalmente en un paraíso celestial».

Y «Satanás no quiere perder más terreno del que ya perdió con el Señor
Jesucristo y con su Espíritu Santo, en el corazón de muchos ángeles
del cielo y hombres, mujeres, niños y niñas de la tierra» (como los
que aman a su Dios de todo corazón, tal como fueron formados en las
manos de Dios, en el cielo). Realmente, «lo que Satanás desea hacer
con cada uno de ellos, lo mismo que ha hecho desde siempre con los
ángeles del cielo, por ejemplo», los cuales son muy poderosos en Dios,
pero aún así los ataca igual, «para que el corazón y el alma del
hombre no crezcan jamás, en el Espíritu de la verdad y la justicia del
Mesías».

Y esto es «de crecer literalmente: en la verdad y en la justicia
celestial del Espíritu de Dios y de su fruto de vida eterna, su gran
rey Mesías», ¡el Cristo de Israel y de la humanidad entera!, para
perdón de pecados y para bendición infinita de sus almas viviente, en
la tierra y en el paraíso, también y para siempre. Es decir, también,
que «la pelea que Satanás comenzó en el reino de los cielos con sus
ángeles caídos para derrotar al Señor Jesucristo y así el nombre
santísimo de nuestro Padre Celestial aún sigue en vigencia, hoy en
día, tal cual como comenzó en su gran día de rebelión, en el más allá,
para destruir toda vida consagrada a Dios».

Porque la verdad es que «si Satanás logra su objetivo de destruir toda
vida humana en la tierra», de la misma manera que la destruyo en el
paraíso y en el reino de los ángeles, entonces «habrá triunfando en
contra del Espíritu Santo y de su Jesucristo y por ende también en
contra del nombre santísimo de nuestro Padre Celestial. Porque los
ataques de Satanás en contra de Dios y de su Jesucristo «son para
destruir el Espíritu de fe, del nombre muy santo que llega día y noche
a cada hombre, mujer, niño y niña de todas las naciones de la tierra,
para entrar en sus corazones y quedarse a vivir con ellos
infinitamente, para la eternidad venidera».

Es decir, que «cada vez que vez algún mal desarrollarse en tu vida o
en la vida de cualquier persona es realmente el enemigo de tu alma
viviente y de toda verdad y justicia de Dios, obrando para mal, para
que el Espíritu de fe, del nombre muy santo de Dios no sea una
realidad en tu vida, jamás». Es más, «si miras hacia atrás, haciatu
pasado, cuando algún mal se desarrollaba en tu vida, por alguna
mentira, falsedad, calumnia, realmente era Satanás con los suyos,
haciendo de las suyas, como de costumbre, para robarte, matarte y
hasta destruirte por completo»: para que el Espíritu de fe, del nombre
santísimo de nuestro Dios no entre en tu vida.

Porque «sabe perfectamente Satanás que si el nombre de Dios entra en
tu corazón y en toda tu vida, Dios mismo comenzaría a perdonarte tus
males para así entonces llenarte de bendiciones infinitas, de
milagros, maravillas y hasta de prodigios en los cielos y en el tierra
para tu alma»: tal como lo quiso hacer con Adán, en el principio.
Porque «lo que Dios quiso hacer con Adán en el paraíso, lo quiere
hacer igual con cada hombre, con cada mujer, con cada niño y con cada
niña de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la
tierra», desde ya y sin perder más tiempo, por ejemplo, para bien de
muchos y de toda la tierra, también.

Y esto es, literalmente, «de comer y beber del Árbol Vivo siempre y
sin cesar jamás, para gloria y honra eternal, de su nombre muy santo»
y así no pequen más en contra de su Creador, ni de sus mismas almas
infinitas delante de él y de su Espíritu Santo, por ejemplo, en la
tierra, ni en la eternidad venidera. Porque «todo aquel que peca en
contra de su palabra, de su Ley Viviente, en realidad, no sólo está
pecando en contra de su Dios y Creador de su vida, sino también en
contra de su Hijo amado, su fruto de vida eterna, su Espíritu Santo y
hasta su misma nueva vida infinita, del nuevo reino de los cielos».

Y esto es terrible para Dios, «lo cual no desea ver nunca en la vida
de ninguno de los suyos, por ninguna razón». Porque la verdad es
también, que «todo aquel que peca, realmente es presa fácil de
Satanás, para satisfacer su corazón oscuro y su espíritu inicuo e
infinitamente perdido en las profundas tinieblas del más allá», del
bajo mundo de los muertos, como el infierno y como el lago de fuego
eterno, por ejemplo.

Por ello, «el que peca no es de Dios jamás, sino de Satanás, el diablo
y la serpiente antigua del Jardín del Edén, para perdición eterna de
su alma viviente», eternamente y para siempre. Ya que, «todo aquel que
peca es porque nuestro Señor Jesucristo no es aún conocido en su
corazón ni en su alma viviente, para mal de su vida», en esta vida y
en la venidera, también, eternamente y para siempre.

EL QUE PRACTICA EL PECADO ES DIABLO TAMBIÉN, PARA DIOS

Por lo tanto, «el que practica el pecado, en el mundo, entonces es del
diablo su corazón y su alma perdida, también», porque el diablo peca
desde el principio, como lo hizo con los ángeles inmortales y así
igual con Adán y Eva, en el paraíso, para que se perdieran
infinitamente, sin conocer a su Dios, en sus espíritus eternales. Pues
«para esto fue manifestado el Hijo de Dios, nuestro salvador del
paraíso, en Israel, nuestro Señor Jesucristo: para deshacer las obras
de Satanás, en los corazones de cada uno de todos los hombres,
mujeres, niños y niñas de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y
reinos de la tierra».

Y día y noche, «desde que nuestro Señor Jesucristo descendió del
paraíso, muchas (si no todas) de las mentiras, de las calumnias, de
los robos, de las muertes y de todas las destrucciones de vida humana,
han sido destruidas por el Espíritu de fe, del nombre sagrado de
nuestro Padre Celestial». Por lo tanto, «la victoria es de nuestro
Padre Celestial y de su nombre muy santo en contra de Satanás y de
cada una de sus artimañas para destruir nuestro Espíritu de fe, del
nombre y de la sangre y de vida eterna de nuestro Señor Jesucristo, en
nuestros corazones eternos».

Verdaderamente, «después de que se haya dicho todas las palabras y
hechos todas las obras, ya sean de Dios, del hombre y de nuestro
salvador celestial, el Señor Jesucristo, entonces el nombre muy santo
de nuestro Padre Celestial será infinitamente glorificado en nuestras
vidas»: para la nueva vida venidera del nuevo reino de los cielos. Y
«Satanás será lanzado al lago de fuego eterno, para que su espíritu
inicuo no vuelva a engañar más a ninguno de los ángeles del cielo, ni
a ningún hombre o mujer del paraíso ni de la tierra, también,
eternamente y para siempre».

En verdad, «todo pecado cesara infinitamente, porque el padre de toda
mentira y de toda maldad y de muerte eterna, ya sea de ángeles caídos
o de pecadores y pecadoras de la humanidad entera, habrá muerto para
siempre»: por los poderes sobrenaturales del nombre sagrado de nuestro
Señor Jesucristo. Porque fue nuestro Señor Jesucristo quien le anuncio
al ángel de la muerte, para decirle: -- ¡Muerte! Yo soy tu muerte...

Y «si el Señor Jesucristo es la muerte del ángel de la muerte, pues
también lo ha de ser para Satanás y para cada uno de sus ángeles
caídos», y más no del hombre de la humanidad entera, por más pecador
que sea su corazón y su alma infinita. Porque «nuestro Señor
Jesucristo no vino a Israel para destruir la vida del hombre, sino
para llenarla de vida humana y de vida celestial en abundancia», para
gloria y para honra infinita del nombre muy santo de nuestro Padre
Celestial que está en los cielos.

Entonces «nuestro Señor Jesucristo es nuestra única vida, que nosotros
conocemos día a día en nuestras vidas por la tierra y así también por
nuestras nuevas vidas infinitas, en el nuevo reino de los cielos»:
como en La Nueva Jerusalén Celestial e Infinita del gran rey Mesías de
todos los tiempos, Jesucristo, ¡nuestro único Árbol de vida en la
eternidad! Y «fuera de nuestro Señor Jesucristo no hay otro Árbol de
vida eterna», para ángeles del cielo, ni para hombres, mujeres, niños
y niñas de la humanidad entera, eternamente y para siempre, en la
nueva eternidad venidera del nuevo reino de Dios y de sus huestes
angelicales, en el más allá, por ejemplo.

Entonces «tenemos que creer en nuestros corazones y confesar con
nuestros labios: el único nombre salvador del paraíso, el cual nuestro
Dios nos confió a todos nosotros, para que creamos en Él y así
comencemos a gozar de una nueva vida infinita»: tal cual Él mismo soñó
entregarnos, desde el día que nos formo en sus manos, en el cielo.
Porque la verdad es que «nuestro Dios nos creo para vivir
infinitamente su nueva vida eterna de su nuevo reino celestial»: La
única vida infinita de la Jerusalén del cielo, la cual sólo será
posible con el corazón y con la sangre infinita del Árbol de la vida,
nuestro Señor Jesucristo, viviendo en nuestros corazones inmortales,
desde ya.

Y fue por ésta razón, que nuestro Dios, después de haber creado al
hombre «entonces lo llevo de la mano al pie del Árbol de la vida, con
el fin de comenzar una nueva vida infinita ya y desde el paraíso,
también»: para la nueva eternidad venidera, de su Nueva Jerusalén
Santa y Perfecta del nuevo reino celestial. Pero «Adán no entendió
jamás el plan de Dios en su corazón, porque Satanás se le acerco a él
con mentiras en los labios de la Serpiente antigua del Edén y
finalmente con los labios de Eva igual, para engañarlo»: Engañarlo no
sólo a él, sino también a cada uno de sus descendientes, en sus
millares, en toda la tierra.

Para que entonces «cada uno de ellos se pierda en sus mentiras de
siempre, como no creer, ni menos comer del fruto del Árbol de la vida,
nuestro salvador del paraíso, nuestro Señor Jesucristo, para que no
siga viviendo su vida y entre a la gloria celestial de la nueva vida
de nuestro Dios y de su nombre muy santo». Porque «una de las mayores
mentiras de Satanás para el hombre de toda la tierra, es de hacerle
creer que el Señor Jesucristo no es el Hijo de Dios o el gran rey
Mesías y salvador no sólo de Israel, sino también de las naciones del
mundo entero».

Y «Satanás hace todo esto en contra de Dios y de cada hombre, mujer,
niño y niña de la humanidad entera, para que las tinieblas aumenten en
la tierra y no la luz de la verdad, el derecho y la justicia celestial
de Dios y de su Hijo amado», nuestro único redentor del paraíso, ¡el
Señor Jesucristo! Y sólo así «entonces poco a poco la tierra sea
destruida y no perdure la gloria infinita del nombre muy santo de
nuestro Padre Celestial en la vida y en la obra gloriosa de nuestro
Señor Jesucristo, viviendo por el Espíritu de fe, de su nombre
sobrenaturalmente santo, en nuestros corazones infinitos, por
ejemplo».

Es decir, «que la batalla que Satanás mismo empezó en el reino de los
cielos en contra de los ángeles de Dios para engañarlos a todos, y
hasta si fuese posible a nuestro Árbol de vida eterna, también, no ha
cesado aún en el cielo, ni menos en la tierra, de nuestros días y de
siempre». Además, «todas estas mentiras y artimañas, como las que han
hecho mucho daño al hombre de toda la tierra, comenzaron en el paraíso
y de los labios de Satanás mismo, por medio de la boca de la serpiente
antigua y de la boca de Eva, también, para mentir, robar, matar y
destruir».

«Mentir, robar, matar y destruir, realmente en cada momento de la vida
del hombre, todo lo que es del Espíritu de fe, del nombre santísimo de
nuestro Dios, en la tierra y así también en el paraíso, para que la
nueva vida infinita, la cual Dios quiso empezar en Adán, al pie de su
Árbol Vivo, entonces no empiece jamás». Para que de esta manera
«entonces no haya más gloria eterna, ni nuevas honras de santidades
infinitas, de la nueva vida del nuevo reino celestial, como La Nueva
Jerusalén del cielo, por ejemplo, para el nombre muy santo de nuestro
Dios, en los corazones de ángeles fieles del cielo y de la humanidad
entera, también.

SATANÁS SE DISFRAZA COMO ÁNGEL DE LUZ, PARA APRESAR AL HOMBRE

Y no es de extrañarse, mis estimados hermanos y mis estimadas
hermanas, porque «Satanás mismo, siendo aún el peor enemigo de toda
verdad, de todo derecho, de toda justicia y de toda luz del cielo y de
la tierra, se disfraza como ángel de luz, para engañar más que antes a
sus victimas»: con sus mentiras y falsedades de siempre. Porque «esa
ha sido siempre su mejor arma de fuego en contra de sus adversarios,
desde el día que se rebelo en contra de Dios y de su nombre
santísimo»: la mentira (como cualquier mentira, como las que primero
se pronunciaron de sus labios en el reino de los ángeles o en el
paraíso, pues así también en la tierra).

Y «la mentira existe en los labios de los ángeles caídos y así también
de todo pecador y pecadora, para seguir tratando de hacerle daño al
nombre glorioso de nuestro Padre Celestial que está en los cielos y
además reina por siempre»: sólo en la vida de nuestro Cristo
Celestial, ¡el Santo de Dios y de la humanidad entera! Porque la
verdad es que «tanto la primer mentira de Satanás y así las ultimas
que se han oído en la vida del hombre son para atacar a Dios y al
Espíritu de alabanza, gloria y honra de su nombre santísimo, el cual
vive desde la antigüedad del cielo en perfecta santidad, en el corazón
del Árbol de la vida».

Y sin la mentira, entonces «Satanás no puede hacer ninguno de sus
males que suele hacer para truncar el espíritu vigente de la voluntad
perfecta de Dios, o destruir la vida de cualquier ser viviente»: sea
ángel del cielo u hombre del paraíso o de la tierra, de nuestros días
y de siempre. Y «Satanás ataca al hombre, la mujer, el niño y la niña
de la humanidad entera, de la misma manera que ataco a los ángeles del
cielo y así también a Adán y a Eva en el paraíso, para que ellos
pierdan el Espíritu de Cristo»: Espíritu de amor, fidelidad y alabanza
al nombre muy sagrado de nuestro Padre celestial.

Y «esto es realmente el Espíritu Eterno de alabar y de honrar por
siempre el nombre muy santo de nuestro Padre Celestial en sus
corazones y en sus vidas del día a día, el cual ha descendido del
cielo, en la vida de nuestro salvador Jesucristo»: para alcanzar aún
mayores glorias y honras jamás alcanzadas por nadie, desde la
antigüedad. Y, además, «mientras el nombre muy santo de nuestro Padre
Celestial permanezca en perfecta santidad en el corazón de su Árbol de
la vida, su Hijo amado, el gran rey Mesías, entonces el espíritu de
error de Satanás y de sus ángeles caídos va a seguir haciendo de las
suyas, para atacarlo y humillarlo, en nuestros corazones humanos».

Y esto ha de ser, «como en los primeros ataques de mentira y de
blasfemias en contra del Espíritu de Cristo en el cielo, para que el
nombre de nuestro Dios sea manchado de pecado y así deje de ser muy
santo, como siempre lo ha sido desde tiempos inmemoriales de la
eternidad celestial y hasta nuestros días», por ejemplo. Y es por esta
razón, que «el espíritu de pecado y de error ha sobreabundado en la
vida del hombre, desde la antigüedad y hasta nuestros días, para que
el nombre santísimo de nuestro Dios sea manchado con las mentiras y
las calumnias de las profundas tinieblas de Satanás y de todo pecador
y de toda pecadora de la tierra».

Pecador y pecadora de la humanidad entera, «como tú mismo, mi estimado
hermano y mi estimada hermana, para que el nombre muy santo de nuestro
Dios no sea reconocido, ni menos honrado en nuestras vidas, como debió
de ser desde el comienzo de las cosas en el cielo y así también en la
tierra», de nuestros días y de siempre. Entonces «Jesucristo es muy
importante en nuestros corazones y en nuestras vidas, para que el
nombre santísimo de nuestro Dios, el cual nadie lo conoce, ni nadie lo
puede pronunciar con sus labios, sólo Dios mismo, nuestro Señor
Jesucristo y su Espíritu Santo, porque se requiere de perfecta
santidad»: para conocerlo y honrarlo, pues, lo pronuncies tú también,
en tu día.

Y «en la nueva vida infinita del nuevo reino celestial, como en La
Nueva Jerusalén del cielo, prometida a los antiguos y a los que aman a
Dios de todo corazón, por ejemplo, entonces se conocerá y se
pronunciara en la perfecta santidad del fruto del Árbol de la vida, el
nombre muy santo de nuestro Dios», en la nueva eternidad. Entonces
«nuestro Padre Celestial lleva a cada hombre, mujer, niño y niña día y
noche a los pies del Árbol de la vida, para que coman y beban de Él y
de su fruto de vida infinita»: para que muy pronto ya, el nombre muy
santo de nuestro Dios sea una realidad latente en sus corazones,
eternamente y para siempre.

Porque la verdad es que «nadie puede acercarse al Señor Jesucristo si
no es enviado por Dios mismo primero»: Esto lo declaro nuestro Señor
Jesucristo a sus apóstoles y discípulos, en sus días de predica en la
tierra de Israel, por ejemplo. Porque es nuestro Padre Celestial quien
llevo de la mano y por el camino de la verdad, el derecho y la
justicia celestial, al pie del Árbol de la vida, su gran rey Mesías
del paraíso, para que Adán coma y beba de él, infinitamente y así
también sus descendientes por doquier, para vivir ya, ¡la nueva vida
celestial!

Una vez más, «nuestro salvador Jesucristo tiene que entrar en tu
corazón y en toda hora de los días de tu vida por la tierra, también,
para que el nombre santísimo de nuestro Creador sea conocido por tu
corazón y pronunciado por tu espíritu humano»: sólo por medio de
nuestro Señor Jesucristo a lo largo y lo ancho del cielo». Para que
entonces «nuestro Padre Celestial sea glorificado en los cielos y en
la tierra y así derrame mucho más de su poder celestial y
sobrenatural»: llena de gracia, misericordia y sanidad para enriquecer
tu vida y la vida de todos nosotros, también, y de las naciones del
mundo entero, para que nadie se quede sin su bendición redentora
jamás.

Por ende, «el nombre de nuestro Creador viene a cada uno de nosotros,
en nuestros millares, en todos los lugares de la tierra, únicamente
por medio del corazón, la sangre y la vida perfecta y sumamente
gloriosa de nuestro salvador Jesucristo»: para que se instale en
nuestros corazones, con el mismo sentir del corazón glorioso del fruto
del Árbol Viviente. Y «nuestro Hacedor hace todo esto no sólo por amor
a su nombre santísimo, sino también por amor a cada uno de nosotros,
de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera,
para que viva (su nombre santísimo) en nuestros corazones y en
nuestras vidas celestiales desde ya»: en la tierra y así también en la
eternidad venidera.

Puesto que, «cada uno de nosotros ha sido formado en las manos
gloriosas de nuestro Padre Celestial, para que llevemos su nombre muy
santo en nuestros corazones así como su Hijo amado lo ha llevado en su
corazón santísimo desde siempre, desde los primeros días de la
antigüedad y hasta nuestros días, por ejemplo»: ¡para tocar tu vida
poderosamente! Y «el único que está parado entre tú y el nombre muy
santo de nuestro Dios, para que no entre en tu corazón y en toda tu
vida, para que comience a obrar milagros, maravillas y prodigios en
los cielos y en la tierra, es realmente Satanás»: ¡el enemigo eterno
de tu corazón, de tu alma y de tu vida terrenal y celestial!

Es por esta razón, que en todo tiempo «tienes que rechazar a todo lo
que es mentira, maldad, robo, calumnia, muerte y destrucción en tu
vida y en la vida de los demás»: para que Satanás no gane terreno
jamás, sino por lo contrario. «Sólo permite la verdad, el derecho y la
justicia infinita de nuestro Padre Celestial en la vida gloriosa de su
Hijo amado, viviendo en tu corazón, por el poder del Espíritu de fe,
de su gran rey Mesías, nuestro salvador de toda la tierra, Cristo, el
Santo de Dios y de la humanidad entera», ¡eternamente y para siempre!
¡Amén!

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo
es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, el Señor Jesucristo.

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para
que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la
voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero
todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu
vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos
termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad.
Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y
noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber
desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos
estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor
Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe
en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la
presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus
infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también,
en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley
santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas
las huestes de sus santos ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado
hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar
cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de
bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada
señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y
celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra,
del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino
de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de
Israel y de las naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos".

TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano".

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó".

QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da".

SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo".

DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo".

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ".
Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.

Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLEAL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque éstaes
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, por la eternidad.


http://www.supercadenacristiana.com/...pe=wm%20%20///



http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx



http://radioalerta.com

Responder Con Cita
Alt Today
Advertising
Google Adsense
 
This advertising will not be shown
in this way to registered members.
Register your free account today
and become a member on
Newsgrupos.com
Standard Sponsored Links

Respuesta


Herramientas
Desplegado

Normas de Publicación
no Puedes crear nuevos temas
no Puedes responder a temas
no Puedes adjuntar archivos
no Puedes editar tus mensajes

El código vB está habilitado
Las caritas están habilitado
Código [IMG] está habilitado
Código HTML está deshabilitado
Trackbacks are habilitado
Pingbacks are habilitado
Refbacks are habilitado


Temas Similares
Tema Autor Foro Respuestas Último mensaje
El Principe de las tinieblas abra.ricerca2@libero.it Newsgroup es.soc.misc 0 29-07-2008 17:15:11
El Principe de las tinieblas abra.ricerca2@libero.it Newsgroup es.charla.misc 0 29-07-2008 09:32:57
(IVÁN): EL PRINCIPE DE LAS TINIEBLAS valarezo Newsgroup es.charla.enfermedad.diabetes 0 29-09-2007 19:49:53
(IVÁN): EL PRINCIPE DE LAS TINIEBLAS valarezo Newsgroup es.charla.enfermedad.cancer 0 29-09-2007 19:47:42
(IVÁN): EL PRINCIPE DE LAS TINIEBLAS valarezo Newsgroup es.charla.cooperacion 0 29-09-2007 19:46:32





Powered by: vBulletin, Versión 3.6.8
Derechos de Autor ©2000 - 2008, Jelsoft Enterprises Ltd.

LinkBacks Enabled by vBSEO 3.1.0 © 2007, Crawlability, Inc.