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| Sábado, 20 de octubre, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo) BUSCANDO A DIOS: Hemos sido credos por nuestro Padre Celestial en sus manos santas, y con una sabiduría más que perfecta e indescriptible, indescriptible en nuestros corazones y para nuestros espíritus y mentes humanas. Somos un milagro grandioso de sabiduría del más allá, como en el reino de los cielos y como en el paraíso, por ejemplo, en el corazón, en las manos y en el Espíritu de nuestro Padre Celestial que está en los cielos. Y nuestro Dios lo hizo todo así en cada uno de nosotros, sin equivocarse en nada, para poner su espíritu de fe, de buscarle a Él, por siempre, en nuestras vidas por la tierra y posteriormente en nuestras nuevas vidas celestiales, infinitamente regeneradas por la vida gloriosa y sumamente sobrenatural de nuestro Árbol de vida eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo! Es como si nuestro Padre Celestial, desde el momento que nos comenzó a formar del lodo de la tierra en sus manos santas y, aunque parezca incorrecto decirlo: «aun no termina su obra infinita de gran gloria eternal en cada uno de todos nosotros, únicamente si Cristo vive en nuestros corazones». En verdad, cada uno de nosotros es «una obra santa y perfecta en sus manos benditas», la cual le ha tomado siglos, para algún día (y muy pronto, también), completarla cabalmente, para gloria y para honra de su nombre muy santo, en el cielo y en la tierra, para siempre. Porque «nuestro Dios nos ha llamado de las profundas tinieblas del polvo de la tierra», para poner en nosotros de su Espíritu, de su imagen y de su semejanza celestial, por medio de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo: «para que lo busquemos día y noche y por siempre en la eternidad celestial y hasta que lo encontremos en su luz perfecta». Ciertamente, hemos sido creados «para buscar a nuestro Dios aún en los peores y más oscuros días de nuestras vidas», para encontrarlo: «encontrarlo a como de lugar, sólo en el Espíritu de fe, de nuestro Señor Jesucristo». Porque el encontrar a nuestro Padre Celestial en nuestras vidas pecadoras es casi un imposible, pero no así en la vida de nuestro Señor Jesucristo; justamente, sólo «en la vida de nuestro Señor Jesucristo, por su gracia, por su misericordia, por su bondad infinita y por su amor sin igual, le encontraremos para verle cara a cara», en la eternidad. Por ende, «en nosotros está el espíritu de buscar a nuestro Creador, para encontrarlo», en la manera que nuestro Padre Celestial sólo desea ser encontrado por cada uno de nosotros, únicamente «por medio de su fruto de vida, su Hijo amado», ¡el Árbol de la vida eterna! Por eso, nuestro «Dios creo a Adán y a Eva, por ejemplo, para ser encontrados por ellos, exclusivamente por medio del comer y beber del fruto del Árbol de la vida, su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, en el paraíso y en el resto de la creación de Dios». En verdad, «desde mucho antes que nuestros Dios nos formase en sus manos santas o en el vientre de nuestras madres, por ejemplo, ya nuestro espíritu humano buscaba a nuestro Creador», para conocerle tal como él siempre ha sido y como ha de ser en la eternidad venidera. Y, de cuando a acá, «buscamos a nuestro Dios, desde mucho antes de la formación de nuestros cuerpos y de nuestras almas infinitas, en las profundas tinieblas del lodo de la tierra y aún, hoy en día, con el mismo espíritu y con el mismo fervor de siempre, pues así, seguimos buscándole», para encontrar nuestro sentido (o propósito) de vivir infinitamente. Muy pronto, si no es ya, gracias a la ayuda idónea de Cristo y del Espíritu de Dios: «Encontraremos a nuestro Padre Celestial cara a cara para conocerle tal como siempre ha sido para con cada uno de nosotros, en un día, no muy lejano y escogido por él y más no por el hombre pecador de la tierra». Pues buscamos a nuestro Dios, porque «somos amantes» de la luz y de la vida; en verdad, «tenemos el potencial de amarle a él, como jamás ha sido amado por nadie, ni aún por los ángeles del cielo», salvo nuestro Árbol de la vida eterna, nuestro Señor Jesucristo, claramente. ¿Será por eso, que nuestro Padre Celestial nos ama mucho, quizás? Y nos ama tanto, nuestro Padre Celestial, hasta el punto de entregarnos lo más valioso de su vida infinita, en esta vida y en la venidera, también, su Hijo amado, su único Árbol de vida eterna, para los ángeles del cielo y para la humanidad eterna, en el paraíso, en la tierra y así también en La Nueva Jerusalén Celestial. Buscamos a nuestro Dios, en nuestros corazones y en nuestros espíritus humanos, porque tenemos el potencial de amar sobrenaturalmente aquel que nos creo, para librarnos eternamente y para siempre de las profundas tinieblas del polvo de la tierra y así entonces establecernos como sus hijos y como sus hijas en el nuevo reino venidero, de su nueva vida infinita. ¿Será, pues, por este motivo de que el Señor Jesucristo descendido del cielo, para morir por la culpa de nuestros pecados, en la manera más cruel posible en las manos de pecadores, sobre los árboles cruzados de Adán y Eva y sobre la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel! Creo que si, sin duda alguna. Porque nosotros, como seres humanos que somos, en verdad, sabemos amar a nuestro Dios y Creador de nuestros espíritus y de cuerpos humanos, en el cielo y en la tierra aun con un amor mayor al de los ángeles del cielo; y esto es gloria eterna para nuestro Padre Celestial, para su Espíritu Santo y para su Hijo amado. Esta es la gloria que nuestro Padre Celestial siempre ha buscado a través de las edades, para encontrarla sólo en los que le buscan a Él, en el espíritu y en la verdad de su Hijo amado, ¡el gran rey Mesías de todos los tiempos, el Hijo de David! En realidad, «nuestro Padre Celestial nos creo para la eternidad venidera, porque nos amaba profundamente, sabiendo en su corazón santísimo que creaba en sus manos sagradas a unos seres muy especiales», quienes le amarían sobrenaturalmente y a través de los siglos, en el mismo espíritu de fe y de amor de su Hijo amado, ¡nuestro Árbol de vida eterna! Aquí, «nuestro Dios no se equivoco con nosotros, sino que Satanás hizo de las suyas para que nuestro Dios no sea glorificado en nuestros corazones y en nuestras nuevas vidas infinitas, del nuevo reino venidero del Árbol de la vida y del Espíritu de Dios, rodeado por siempre de huestes angelicales del reino sempiterno de los cielos, por ejemplo». Ciertamente, buscamos a nuestro Padre Celestial que está en los cielos aún en nuestros peores momentos de nuestras vidas, aunque estemos muy ciegos, espiritualmente hablando, y aún así buscamos a nuestro Dios, para que de una manera u otra encontrarlo a él, para entonces encontrar nuestra vida y nuestra felicidad infinita, sólo posible por medio de su Hijo, ¡nuestro Señor Jesucristo! Buscamos, pues, a nuestro Dios, «porque deseamos ser amados por él y sentir su amor infinitamente en nuestros corazones, en nuestros espíritus y en nuestros cuerpos humanos para ser felices y así comenzar a vivir nuestras vidas, sobrenaturalmente: «y esta vez seria para la nueva eternidad celestial de La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo». ENTONCES SI DESEAMOS SER FELICES, PUES BIEN, BUSQUEMOS EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA: NUESTRO REY MESÍAS, ¡NUESTRO JESUCRISTO! Ya que, nuestro Mesías, el Árbol de la vida eterna es el reino de los cielos para ángeles y para la humanidad entera, de todos los tiempos, comenzando con Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo, para siempre. Y sin el Señor Jesucristo para los ángeles del cielo y así también para la humanidad entera la vida no es posible, jamás. Ciertamente, nuestro Padre Celestial «nos ha creado en sus manos santas, de acuerdo al designio de su corazón sagrado para que le amemos, le sirvamos y le busquemos siempre en nuestros corazones y en nuestras almas vivientes, en el paraíso, en la tierra y así también en la nueva vida infinita del nuevo reino de los cielos», de la Jerusalén Eternal. Entonces «todos pongan el don de Dios de amarle, de honrarle, de servirle y de buscarle siempre, a obrar en sus vidas, para que los bendiga día y noche y así crezcan en el poder sobrenatural de su Espíritu Santo, para comenzar a gozar desde ya», de las bendiciones más gloriosas de la vida eterna. Dado que, la nueva vida infinita de nuestro Padre Celestial, «la cual siempre ha soñado alcanzar en su vida, desde los días de la antigüedad, es sólo posible para con los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, como los que ha formado en sus manos santas, para que vengan a Él, por medio de su Árbol de vida». Porque «sólo el camino, de la verdad y de la justicia infinita de su Hijo amado, es realmente el verdadero encuentro entre Dios y su nueva creación inmortal, de ángeles del cielo y de la humanidad entera de toda la tierra, de nuestros días y de toda la vida, también». Entonces «todos, sin que nadie falte, siempre busquen primeramente el reino de nuestro Padre Celestial y de su justicia infinita, para que todas las cosas que le pidan a Él, en el Espíritu maravilloso del nombre sagrado de su Hijo amado, les sean concedidas, sin más demora alguna». Porque nuestro Dios es sumamente rico de todas las riquezas de la vasta creación celestial y de la tierra, también, y no hay nada que no sea de su creación personal, ya sea por su palabra, por su nombre, por su Espíritu Santo y por sus manos» (el hombre del paraíso y de la tierra, de nuestros días, por ejemplo). Por lo tanto, nuestro Dios desea suplirte todo lo que necesites en tu vida, si tan sólo se lo pides a él, por medio de su fruto de vida eterna, su Hijo amado, nuestro salvador Jesucristo. Porque si él no está en tu corazón y en todo tu espíritu humano, también, entonces Dios no podrá jamás suplirte nada, de todo lo que necesites en tu vida, en el paraíso, en la tierra y así también en la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo, por ejemplo. Y nuestro Dios nos ha dado, no sólo la habilidad de necesitar muchas cosas de la vida de la tierra, sino también las del paraíso y las de La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del cielo, por ejemplo. Es por esta razón, «que desde mucho antes de crear las cosas en el paraíso y en la tierra, también, entonces nos dio de su Espíritu en abundancia, para que descendiese sobre los lugares de la tierra y así subyugué a cada una de las profundas tinieblas, de Satanás y de su reino de gran mentira y de maldad eterna. Para entonces poder comenzar a crear el primer día y los demás (días) y en adelante y hasta el fin de las cosas en la tierra, para que sólo a la luz del día, crear al hombre del hueco de la tierra y en sus manos santas, también, para saborear en su corazón sagrado nuevas glorias eternas en su vida bendita. Con el fin de que el hombre de su creación inmortal entonces, entonces lleve en él (o en ella) su imagen y todo conforme a su semejanza celestial e infinita, en cada uno de nosotros, de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, comenzando con Adán y Eva primero, lógicamente, en el paraíso. Y cuando nuestro Dios ya nos había formado en sus manos santas, entonces «estábamos llenos de su Espíritu Santo, para conocer a su Árbol de la vida y posteriormente su Ley Divina, para más tarde realmente comenzar a vivir su vida gloriosa con él y con las huestes celestiales de su Espíritu Santo», por ejemplo, de su nueva Jerusalén Celestial. Es decir, que «nuestro Dios nos lleno de su Espíritu Santo desde el comienzo de nuestra creación en sus manos santas en el cielo, para que vivamos por él, por su Espíritu Santo y así llegar a conocer a su Hijo amado», nuestro único fruto de vida eterna, para realmente llegar a conocer su Ley Divina, la de toda la vida. Porque sin la bendición de nuestro Padre Celestial, y la llenura de su Espíritu Santo y de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, entonces jamás podremos realmente recibir, vivir y honrar infinitamente su Ley Eternal del cielo y de toda la creación, para siempre. Por lo tanto, para nosotros poder realmente comenzar a recibir de nuestro Padre Celestial todas las cosas que necesitemos en nuestras vidas del paraíso y así también en la tierra y en la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén del cielo y de su gran rey Mesías, pues, obviamente tenemos que estar llenos de su Espíritu Santísimo. Y esto significa de estar llenos infinitamente de su fruto de vida eterna y de la santidad de su Ley Eterna, sólo posibles en el Espíritu de Cristo, nuestro salvador Jesucristo. Pues bien, entiende a nuestro Dios y a su Escritura (la Santa Biblia): Si Dios quiso que la tierra esté llena de su Espíritu Santo, desde el comienzo de las cosas (génesis 1:3), entonces también desea mucho que la obra de sus manos, el hombre y la mujer del paraíso y de la tierra, estén también llenos de su Espíritu Santo. (No lo crees así, mi estimado hermano y mi estimada hermana.) Además, nuestro Dios lleno a la tierra de su Espíritu Santísimo, primero, porque del lodo de ella iba a levantar al hombre, a la mujer, al niño y a la niña de la humanidad entera, comenzando con Adán y Eva, por ejemplo. Es decir, también, «que el mismo lodo de la tierra, en las manos de nuestro Padre Celestial, antes que comenzase a crear al hombre en su imagen y conforme a su semejanza celestial, ya Él mismo había derramado de su Espíritu Santo sobre ella, para que desde el primer día el hombre sea lleno de su Espíritu Santo». Entonces sin que te des cuanta de Dios y de su Espíritu Santo, ya Dios había llenado tu vida de Él, para posteriormente darte de comer y de beber de su fruto de vida eterna, su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Es por eso, que el Espíritu Santo de Dios es de suma importancia en nuestros corazones, en nuestras almas vivientes y así también en todo nuestro ser interior e exterior, también, porque así Dios lo quiso desde el comienzo de todas las cosas en nuestras vidas celestiales y terrenales. Ahora, está del hombre conllevar con él el Espíritu de Dios, en su corazón y en todo su ser también, todos los días de su vida, en la tierra y en el paraíso, igual, para que nuestro Dios esté alegre y contento con cada uno de nosotros, en todos los lugares de la tierra; de otra manera, no viviremos jamás. De otra manera, no recibiremos nada de nada jamás de nuestro Padre Celestial, ni de su Espíritu Santo, ni de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo que está en los cielos; y esto es muerte eterna para cualquier ser viviente sea ángel del cielo u hombre de la tierra, por ejemplo. Entonces busquen a su Dios en sus corazones, en sus almas infinitas, porque el Espíritu de nuestro Padre Celestial ya está en cada uno de ustedes, desde el primer día de sus vidas en el paraíso y así también en toda la tierra. Y esto es realmente para que vivan por él día y noche y por siempre en la nueva vida infinita del nuevo reino celestial, sólo por medio de las riquezas gloriosas y sumamente infinitas del fruto de su Árbol de vida eterna, nuestro gran rey Mesías, ¡el Cristo! Porque sólo en el Espíritu de la sangre y de la vida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo es que realmente podemos encontrar a nuestro Dios y así también la felicidad infinita de una nueva vida celestial, en la tierra, en el paraíso y en La Nueva Jerusalén del nuevo reino de los cielos, de Dios y de su humanidad infinita. NUESTRO PADRE CELESTIAL TIENE PLANES COLOSALES PARA NOSOTROS Y estos planes de Dios, para con cada uno de todos nosotros, en nuestros millares, de todas las razas, familias, pueblos, tribus, ciudades y reinos de la tierra y del paraíso, son sólo en el Espíritu de la sangre y de la vida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, ¡el Santo de Israel y de la humanidad entera! "Porque yo sé los planes que tengo acerca de ustedes", dice nuestro Padre Celestial, "planes de bien y no de mal, planes de vida y de salud infinita y planes para darles porvenir y esperanza, en la tierra y en sus nuevos días largos y eternos en el paraíso y en La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del cielo. Entonces me invocaran, por el Espíritu de amor a mi nombre santo, el cual vive en sus corazones por la vida y por la obra sobrenatural de amor y de fe eterna, del gran rey Mesías de todos los tiempos, ¡el Árbol de la vida! Ciertamente vendrán y oraran a mí, a su Dios y Fundador de sus vidas, y yo les escucharé todas sus oraciones, sus suplicas, sus ruegos y sus intercesiones por ustedes mismos y por los suyos, también, en todos los lugares de la tierra, y les responderé con muchas y grandes bendiciones infinitas, sin más tardar. Me buscaran y me hallaran, en la tierra y así también en el cielo, porque siempre he estado esperando por ustedes; y, además, oirán de mí, cuando vengan a mí, porque me buscaran con todo su corazón, lleno del nombre sagrado de su salvador celestial, su Mesías eterno, ¡el Cristo! Y porque yo soy su Dios, en el cielo y en la tierra, entonces vivirán, igual, eternamente y para siempre". Ciertamente, «nuestro Padre Celestial siempre está pensando en cada uno de nosotros, por amor a su nombre santo, para ayudarnos y para bendecirnos con su Espíritu Santo y con sus dones sobrenaturales, de sanidad y de salud infinita. Y, además de todo, «él mismo nos ama con su amor sobrenatural, el cual siempre ha sendito en su corazón por su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo»: porque quiere que cada uno de nosotros sea como Él, perfecto e infinitamente santo, en la tierra y así también en el cielo, para siempre, por los poderes sobrenaturales de su sangre santísima. Pues «para esto nuestro Padre Celestial nos ha creado en sus manos santas, para que seamos igual que su Hijo amado, en santidad, en pureza, en honor y en gloria infinita, en la tierra y en el cielo, para vivir la nueva vida celestial, del nuevo reino de los cielos. Porque «todo lo que nuestro Padre Celestial ha comenzando a hacer, desde el comienzo de todas las cosas, ha sido para empezar la nueva vida eterna del nuevo reino de los cielos, desde la tierra de nuestros días y hasta por siempre en la nueva eternidad venidera, por ejemplo». Puesto que, nuestro Dios nos ha llamado desde las profundidades de la tierra para ejecutar sus mayores y poderosos planes de vida y de santidad infinita, en la tierra para vivirla en la nueva eternidad celestial de La Nueva Jerusalén Santa y Eternal del cielo, para los ángeles y para la humanidad entera y de todos los tiempos, también. Porque nuestro Padre Celestial va a vivir su nueva vida santa y sumamente honrada por el Espíritu de la sangre de su Hijo amado con cada hombre, con cada mujer, con cada niño y con cada niña de la humanidad entera, empezando con Adán y Eva, por ejemplo, en el paraíso de la antigüedad. Es por eso, que, hoy mismo, «todos podemos regresar al paraíso, para comer y beber mucho más que antes del Árbol de la vida y así entonces encontrar y conocer a nuestro Padre Celestial que está en los cielos, como en los días de Adán y Eva, por ejemplo, pero esta vez con mayor gloria que antes. Porque la verdad es que «los mejores pensamientos del corazón sumamente santo e infinitamente glorioso de nuestro Padre Celestial no los ha llevado acabo con sus ángeles del cielo, sino que lo ha hecho con el hombre de la tierra y, por ende, lo seguirá haciendo así en la nueva vida infinita del nuevo reino de los cielos». Y estos son «pensamientos de gloria y de paz infinita de su nueva vida eternal, de su gran ciudad celestial del más allá, La Jerusalén Perfecta de toda la vida del gran rey Mesías y de sus hijos e hijas de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de toda la tierra». Aquí es «cuando nuestro Padre Celestial ha de llevar acabo los mejores pensamientos de su corazón santísimo, para bendecir grandiosamente la vida de cada uno de sus ángeles y así también la de sus hijos e hijas de la humanidad entera». Y estos son realmente de todos ellos «de los que han creído en sus corazones y han confesado con sus labios el nombre sagrado de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo», ¡el único gran rey Mesías posible de Israel y de las naciones!, quien realmente cumple las escrituras y la Ley de Moisés, para hacer feliz el corazón de Dios, infinitamente. Dado que, «no hay nada más que pueda hacer el corazón de nuestro Dios muy feliz, si no es de ver que el nombre de su Hijo amado es sumamente honrado e infinitamente glorificado en los corazones de los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera», como de los que ha creado en sus manos, en el cielo. Es por eso, que «si realmente deseas en tu corazón, mi estimado hermano y mi estimada hermana, hacer que los planes santos de vida y de salud, de gloria y de paz, de porvenir y de esperanza, sean hechas una realidad en tu vida, entonces tienes que serle fiel a Él», sólo por medio del Espíritu de fe, de su nombre santísimo. Y «éste nombre muy santo de Dios es el mismo nombre sagrado de su Hijo amado de todos los tiempos del cielo y de la tierra», ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque sólo por medio del Espíritu de fe, del nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, es que verdaderamente nuestro Padre Celestial oye las oraciones de sus ángeles del cielo (porque los ángeles del cielo si oran) y así también las de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera». Es decir, también, para ser más claro, que nuestro Dios jamás oirá tus palabras, tus oraciones, tus ruegos, tus peticiones, tus necesidades, sino se las entregas sólo a Él, en el nombre de su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Y, en otro nombre, «nuestro Dios no oye la oración de nadie, como a Lucifer (cuando era ángel del cielo con sus ángeles seguidores) o como Adán y Eva (cuando ellos vivan en paz con su Creador en el paraíso hasta que se encontró maldad en ellos en contra de Cristo, por ejemplo)». Porque «como Lucifer y sus ángeles caídos del reino y así también Adán y Eva en el paraíso, por no comer del fruto del Árbol de la vida, entonces tuvieron que abandonar sus vidas celestiales para vivir en tierras de tinieblas: Lucifer en el bajo mundo de los perdidos y el hombre en la tierra, de nuestros días, por ejemplo. «Nuestro Dios tuvo misericordia del hombre, pero no de los ángeles caídos; aunque todos ellos pecaron igualmente delante de Dios, al no disfrutar del nombre glorioso y sumamente honrado de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, en sus corazones y en el paraíso. Pero «de los ángeles del cielo y así también los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, que han comido y bebido del fruto del Árbol de Dios, nuestro Señor Jesucristo, entonces nuestro Dios tiene planes de vida y de salud, planes de gozo y de felicidad y planes de gloria y de paz, en La Nueva Jerusalén Celestial». Es por eso, «de que desde el día que nuestro Señor Jesucristo comenzó a predicar éste evangelio de gloria, paz, bendición y de salud eterna para los hombres, mujeres, niños y niñas de Israel y de las naciones de toda la tierra, no ha parado hasta tocar tu corazón y toda tu vida», mi estimado hermano y mi estimada hermana. Y, «así mismo ha de seguir siempre, aunque los imperios, los reinos y naciones de la tierra dejen de ser, la palabra de vida y de salud eterna ira hacia delante, para perdonar pecados y para redimir las almas preciosas de los hombres y de las mujeres de la tierra; redimirlos del fuego candente e infinitamente tormentoso del infierno eternal». OBSERVEN A SU DIOS Y A SU JESUCRISTO, PARA QUE EL DIABLO ABANDONE SUS VIDAS Porque la verdad es que «Satanás jamás saldrá de sus vidas», en el paraíso con Adán y Eva, ni en la tierra con todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, que no haya aceptado en su corazón al Señor Jesucristo. Aceptar al Señor Jesucristo, «en el corazón en el espíritu y en la verdad de la justicia infinita de nuestro Padre Celestial, como el fruto de la vida, como su único Hijo amado del paraíso, para perdonar nuestros pecados y para colmarnos de bendiciones y de salud eterna», en la tierra y en la nueva vida de La Jerusalén Grandiosa. Observen, pues, a nuestro Padre Celestial que está en los cielos, «únicamente por medio de nuestro Señor Jesucristo, para que los poderes sobrenaturales de su nombre y de su Espíritu Santo actúen en sus corazones, en sus almas y en toda sus vidas, también, día y noche y por siempre». Resistan a Satanás en todos sus intentos de ataques hacia ustedes y hacia los suyos, también, «y Él se echara a volar lo más lejos posible de cada uno de ustedes, porque el Espíritu del Señor Jesucristo es poderoso en sus corazones y en sus almas vivientes», mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas. En efecto, «esto es algo que cada ángel caído lo sabe muy bien en su corazón perdido (además de los ángeles nobles y muy fieles a Dios y a su Jesucristo en el cielo), en la tierra y en el más allá, también». Es por eso, «que cada vez que el nombre sagrado de nuestro Señor Jesucristo es invocado por nuestros corazones y por nuestros labios, entonces lo único que le queda a Satanás es huir como un cobarde», porque la verdad y la justicia de nuestro Padre Celestial se hacen presentes en nuestras vidas, para defendernos de todos los males del enemigo. Y «no hay fuerza posible del enemigo de nuestras vidas, que realmente nos puedan hacer algún mal, si estamos pensando siempre en nuestro Padre Celestial y en el Espíritu de amor sobrenatural de su fruto de vida eterna», ¡nuestro Señor Jesucristo! Pues entonces, «acérquense a su Dios y Fundador de sus vidas, y Él se acercará a ustedes, también, en el Espíritu de amor, de verdad y de justicia infinita de su Hijo amado», ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque para esto «nuestro Señor Jesucristo descendió del paraíso, para acercarse él a nosotros y así nosotros a nuestro Padre Celestial, porque de otra manera no era posible el acercamiento de nosotros a Dios, ni de Dios a nosotros, para siempre, por culpa de las mentiras de Satanás, en el paraíso y en la tierra, de nuestros tiempos, por ejemplo». Por ello, «limpien sus corazones pecadores, invocando a su Hijo amado; y purifiquen sus almas, ustedes de doble ánimo, porque es Dios quien los ayuda siempre» para llevar su obra hacia delante: «con el fin de alcanzar nuevas glorias y nuevas santidades infinitas, para su nombre santísimo en sus corazones y en sus almas eternas», mis estimados hermanos y hermanas. Puesto que, «poderoso es nuestro Padre Celestial para luchar por cada uno de ustedes delante de Satanás y de sus ángeles caídos, y derrotarlos en gran medida espiritual, por medio de la misma vida gloriosa y sumamente honrada de su Hijo amado», nuestro salvador del paraíso y de toda la tierra, también, ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque mayor que nuestro Señor Jesucristo no hay otro igual, para derrotar a Satanás y a cada uno de sus seguidores: «ángeles caídos del cielo o gentes de gran mentira y de maldad eterna en toda la tierra, de nuestros días y de siempre, por ejemplo». Es por eso, «que nuestro Dios desea que nosotros resistamos al diablo en cada momento de nuestras vidas, invocando siempre el nombre sobrenatural de su Hijo amado, para que se aleje de nosotros y no nos haga ningún mal más». Porque cada vez que el enemigo de nuestras almas nos hace algún mal, entonces «nuestro Padre Celestial se duele mucho en su corazón sagrado, porque somos obras perfectas de sus manos santas, para vivir la nueva vida infinita del nuevo reino venidero», en la nueva eternidad celestial de La Colosal Jerusalén del cielo y del gran rey Mesías, ¡nuestro Cristo! Además, «nuestro Dios no desea, por ninguna razón, que caigamos en las trampas, en los males de siempre, del enemigo de nuestra verdad, de nuestra justicia y de nuestro derecho a vivir y a serle útil a nuestro Dios (y Padre Celestial de nuestras almas eternas) que está en el cielo», sino todo lo contrario. Nuestro Padre Celestial «desea que seamos siempre fuertes ante el enemigo», para derrotarlo a él y a cada uno de sus secuaces en cualquier hora del día o de la noche y en cualquier lugar de toda la tierra. Es por eso, que nuestro Padre Celestial «nos ha entregado poderes sobrenaturales de los dones de su Espíritu Santo y del mismo espíritu de la sangre y de la vida de nuestro Señor Jesucristo, porque hay poder y más para ser siempre victorioso sobre todos nuestros enemigos», en la tierra y en el más allá, también, eternamente y para siempre. En verdad, «tenemos poderes sobrenaturales para no sólo pedir perdón de nuestros pecados, sino también para sanar nuestros corazones, nuestras almas infinitas y nuestros cuerpos, también, en el paraíso y en la tierra, para siempre, para gloria y para honra eterna de nuestro Padre Celestial». Porque en el nombre del Señor Jesucristo, «nuestro Padre Celestial nos libra de los males más terribles del enemigo de nuestras vidas, en la tierra y en el paraíso, también», por amor al Espíritu de su nombre muy santo, en el corazón de su Árbol de la vida, ¡nuestro Señor Jesucristo! Es por eso, que «tenemos poderes y autoridades sobrenaturales del nombre de nuestro Señor Jesucristo para orar no sólo por nosotros mismos, sino también por los demás, en nuestros hogares y hasta en tierras lejanas, también, para que Dios les ayude y les vaya bien siempre, aún más allá de la eternidad venidera del nuevo reino de Dios». Ya que, «hay poderes y autoridades sobrenaturales, en el nombre del Señor Jesucristo para destruir cada una de las obras de Satanás y de sus ángeles perdidos y así salvar, sanar y bendecir infinitamente vidas como las nuestras y hasta de las que no conocemos aún, por ejemplo, en tierras lejanas». Y todo esto «lo hace nuestro Dios desde su trono santo de la gracia y de la misericordia infinita del cielo, sólo por medio del Espíritu de amor de la sangre y de la vida honrada y sumamente gloriosa de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, en nuestros corazones, en nuestros espíritus y, muy importante, en nuestros labios humanos, por ejemplo. Es decir, sean quienes sean ellos, ya sean familiares nuestros o amistades, nuestro Dios los salva, los sana de sus males y los bendice ricamente para su nueva vida infinita, para La Nueva Jerusalén Sagrada de los ángeles y de los pueblos de la tierra, como Israel, por ejemplo, como de los que aman a su Árbol Mesías, ¡a Jesucristo! Y, por lo tanto, «cualquier enfermedad que esté afligiendo sus corazones, sus espíritus y sus cuerpos humanos, entonces podemos hacerlos libres, en el nombre todopoderoso de nuestro salvador Jesucristo»: si tan sólo oramos a nuestro Dios y confesamos nuestras necesidades a él con nuestros labios, en el nombre de su Hijo amado, ¡el salvador de tu vida, hoy y siempre! Por ejemplo, «en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, nuestro Padre Celestial puede hacer que los cojos caminen, que los ciegos vuelvan a ver, que los sordos vuelvan a oír, que los enfermos de cualquier tipo de enfermedad vuelvan a ser sanos de sus enfermedades; y, también, nuestro Dios puede hacer que los muertos se levanten de sus tumbas». Es decir, que «para nuestro Padre Celestial», para que los que creen en su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, «no hay ningún imposible, sino que todas las cosas le son posibles a él, por medio de su Hijo amado, en nuestros corazones y en nuestros labios hoy en día y por siempre, en la nueva eternidad celeste». Visto que, «en el Espíritu de nuestra fe, hay poder, hay autoridad celestial, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, en la tierra y en el cielo, para desatar y destruir cada uno de todos los males del enemigo que afligen el espíritu y el cuerpo humano de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera». Porque «con tan sólo oír la invocación del Señor Jesucristo, en nuestros corazones, en nuestras mentes, en nuestros espíritus y en nuestros labios humanos, entonces el enemigo tiene que abandonar inmediatamente su obra de maldad hecha en contra de nosotros y huir muy lejos de nosotros, para siempre». En vista de que, «el Espíritu de la sangre y de la vida de nuestro Señor Jesucristo tiene poder sobre todos los males de la presencia terrible de Satanás y de cada uno de sus demonios, para que no nos hagan ningún mal jamás, en la tierra, ni en el paraíso, para siempre». Fue por esta razón, «que nuestro Dios deseaba que Adán y Eva comiesen y bebiesen del fruto del Árbol de la vida lo más pronto posible, como en el día que los creo. Porque el enemigo de su verdad, de su derecho y de su justicia estaba como león rugiente rondando, sediento y hambriento, para ver como atacarlos y a cada uno de sus descendientes, también, y así destruir sus vidas, infinitamente». Es decir, también, «de que si Adán y Eva hubiesen obedecido a la voz de nuestro Padre Celestial de no comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, entonces ellos no hubiesen jamás caído en ningún mal de Satanás». Porque «todo aquel que come del fruto del Árbol de la vida eterna, entonces ninguno de los males del enemigo, como sus muchas mentiras y engaños y decepciones terribles en sus corazones y en sus espíritus humanos, no hubiesen tenido efecto alguno en sus vidas jamás, como para robarles, como para destruirlos y como finalmente para matarlos a sangre fría». Eso es verdad, la mentira de Satanás no vale nada en contra del fruto del Árbol de la vida eterna, nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, ¡el Mesías del cielo!, viviendo en nuestros corazones y en nuestras almas infinitas, en el paraíso, en la tierra y en la nueva creación de Dios. Es por eso, «que el fruto del Árbol de la vida fue tan importante para Adán en el paraíso, como lo es hoy en día, por ejemplo, en los corazones de los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, comenzando con Israel, para que ninguna mentira o maldad de Satanás tenga efecto alguno de sus vidas, hoy ni nunca». Fue por esta razón, «que nuestro Dios urgía a Adán y a Eva a que coman del fruto del Árbol de la vida, su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, lo más pronto posible, para que sean totalmente libres de todos los poderes de sus enemigos eternos, en el paraíso y en todos los lugares de la vasta creación celeste». Y «estos eran realmente, como hoy en día en todos los lugares del infierno por ejemplo, poderes sobrenaturales de las mentiras y de los engaños de gran maldad del corazón y del espíritu de error de Satanás y de sus ángeles caídos», en el paraíso, en la tierra y en cualquier lugar de toda la creación de Dios. Y, en estos días, «lo mismo es verdad con cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, nuestro Dios desea que cada uno de ellos coma y beba únicamente de su fruto de vida, de la misma manera, que se lo pidió a Adán y Eva que lo hiciesen así, en el paraíso, para biende sus vidas». Para que «ninguna de las mentiras de Satanás pudiese tener ningún efecto malvado en sus corazones y en sus espíritus y cuerpos humanos para engañarlos mortalmente, por ejemplo, sino que siguiesen viviendo infinitamente en el paraíso y en la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del gran rey Mesías de Israel y de las naciones, ¡Jesucristo! LA IRA DEL CIELO Y DE DIOS ES PARA LOS QUE BUSCAN AYUDA EN ÍDOLOS Ciertamente, «la ira de nuestro Dios se enciende en contra de aquellos que buscan ayudas para sus vidas y para los suyos, en gentes que sólo sirven a los dioses muertos del bajo mundo, como imágenes de talla e ídolos de todas clases, las cuales ofenden día y noche al Espíritu Divino de la Ley de Dios y de Moisés. ¡Alas de los que van a gentes (o líderes espirituales) que aman a dioses extraños, que sirven a doctrinas de Satanás y de demonios en sus corazones errados: y buscan en ellos ayuda, cuando no la tienen, porque están lejos de toda ayuda verdadera de Dios y de su Jesucristo! Buscan apoyo en sus ídolos, «como si fuesen dioses de alguna clase o poderes del cielo; confían en sus consejos, por ser numerosos, pero sin sabiduría de Dios alguna ni en sus mejores términos de sus labios; y en sus obras se apoyan, por ser muy poderosas, pero no saben (ni les paso por la mente) que son obras muertas». Y por su error «no miran al Santo de Israel, ni buscan a su Padre Celestial que está en los cielos, para mal de sus vidas eternas y de los tuyos, también», en la tierra y en el más allá. Esto es pecado, para castigo; esto es un desmán (casi imperdonable) a su Dios, Creador del cielo y de la tierra. Porque «sólo nuestro Dios es poderoso, y a quien debería ser consultado, por cualquier problema o situación en la vida de cualquier hombre, mujer, niño o niña de la humanidad entera». Por lo tanto, es una ofensa muy seria, «cuando el hombre busca ayuda (y no la de su Dios) en donde no la hay, sino sólo mentiras y engaños tras engaños, para robar, para matar y para destruir todo lo que es verdadero, lo que es justo y lo que es de Dios, en el paraíso y en la tierra». Porque la verdad es que «Satanás fue tirado al bajo mundo de la tierra, por su pecado, para no volver jamás a su estado de gloria y de honra de las cuales disfrutaba en su vida celestial delante de Dios, custodiando siempre el trono de la gracia y de la misericordia infinita, en el cielo». Y desde aquellos días, lo único que hace Satanás es robar, matar y destruir a todo lo que es de Dios y de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, en los corazones mentirosos de los pecadores y de las pecadoras de la tierra, para que no se encuentren jamás con su verdad y con su vida celestial, sino con el infierno». Pero no es así, con nuestro Señor Jesucristo para con Adán y para con cada uno de sus descendientes, en sus millares, de todas las razas, familia, pueblos, tribus, linajes y reinos de la tierra. Porque «desde el día que nuestro Señor Jesucristo fue manifestado al hombre por Dios mismo, como el Árbol de la vida, bueno para comer para el hombre y para cada uno de sus descendientes, entonces sólo ha salido bondad, misericordia, gracia, salud y vida infinita con muchas de sus más ricas bendiciones del paraíso, para los que buscan a Dios». Porque «el designio del corazón de nuestro Señor Jesucristo, como el Espíritu Verdadero de la Ley de Dios y de Moisés, es, sin duda alguna, que todos busquen a su Dios y Fundador de sus vidas con sus fueras, con sus mentes, con sus corazones y con todas sus vidas, para que haya luz y vida en abundancia siempre». Porque «los que no buscan a su Dios y Creador de sus vidas, por medio del fruto del Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, entonces sus corazones lo único que hacen es producir tinieblas tras tinieblas, para que no haya paz ni vida, en todos los lugares de lo alto y de lo bajo de la tierra, por ejemplo». Además, «nuestro Dios no ha creado al hombre en sus manos santas del polvo de la tierra, para que sea productor / fabricante de tinieblas, sino de la luz del fruto del Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, en el paraíso, en la tierra y así igual, en la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa del cielo». Pero «Satanás ha hecho con sus mentiras y con sus engaños que el hombre sufra, sin el conocimiento de la verdad y de la justicia del Señor Jesucristo en su corazón, para que su alma y su cuerpo corporal no vivan en paz con su Dios en el cielo y así también en la tierra, de nuestros días y de siempre». Entonces «el hombre y así también la mujer sufren día y noche la aflicción pesada del pecado de su corazón y de su alma viviente, delante de su Dios y Creador de sus vidas y hasta que finalmente mueren (por falta de conocimiento) para regresar al polvo de la tierra, de donde Dios los saco en el día de su creación». Pero «nuestro Señor Jesucristo ha descendido del paraíso, no para regresar nuestros cuerpos y nuestras almas eternas al polvo de la muerte de la tierra, sino para darnos el perdón de nuestros pecados, salud, gracia, misericordias eternas y vida santa y perfecta para amar a nuestro Dios y en el futuro no muy lejano conocer su nombre santísimo en el cielo». Es decir, que «con el Señor Jesucristo nosotros tenemos vida y salud en abundancia aseguradas en él, en la tierra y así también en la nueva vida infinita del nuevo reino celestial de Dios y de su Jerusalén Santa y Perfecta del cielo». Por ello, «todo lo que nosotros necesitemos en nuestras vidas, Él está muy cerca de nosotros mismo, como tan cerca y tan dentro de nuestros corazones, para suplir cada una de ellas, para que jamás nos falte ningún bien del cielo ni de la tierra, en todos los días de nuestras vidas y hasta aún más allá dela eternidad venidera». Es por eso, «que podemos confiar en nuestro Padre Celestial por cada una de nuestras necesidades, sólo por medio del Espíritu de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, en el paraíso, en la tierra y así también en la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Celestial, en donde nos encontraremos cara a cara con nuestro Padre Celestial. Porque «así como el Señor Jesucristo era la respuesta a los problemas o necesidades espirituales y humanas de Adán y Eva, por ejemplo, en el cielo: pues así también, nuestro Señor Jesucristo es la solución perfecta para cada uno de nuestras necesidades, grandes y pequeñas, hoy en día y para siempre, en la tierra y en la eternidad venidera». Entonces «si tienes la necesidad de algún buen consejo en tu vida, no lo busques en gentes extrañas que sirven y adoran a dioses que tú no conoces, ni conocerás jamás, porque no existen, sino que son una mentira más de Satanás en tu vida y en la vida de los que se pierden en sus tinieblas eternas del infierno». Busca, pues, apoyo en tu Padre Celestial y en tu salvador eterno, nuestro Señor Jesucristo y así jamás te faltara ningún bien en tu vida ni en la vida de ninguno de los tuyos; porque «nuestro Padre Celestial es muy rico para bendecir a todos los tuyos, en tus tierras y hasta en tierras muy lejanas, también». Nuestro Padre Celestial «siempre está presto para oír tus oraciones, tus ruegos, tus suplicas y tus intercesiones por ti mismos y por los tuyos, para contestarte en el nombre sagrado de su Árbol de vida eterna, su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, cada una de ellas, sin jamás faltar a ninguna de sus buenas promesas para tu vida inmortal». Porque «así como Dios desea que le pidamos a él, en el nombre de su Hijo amado, pues así también él mismo nos habla y nos ayuda día y noche en el mismo nombre milagroso de su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!» Ahora, «si tú no puedes creer en su Hijo amado en tu corazón, entonces nuestro Padre Celestial no puede simplemente hacer nadad por ti, en el nombre de nadie, que no sea su Hijo amado, el Árbol de la vida eterna, ¡el único Mesías posible de todos los tiempos! Es decir, que «asícomo todo hombre fiel y mujer fiel a él, en el nombre del Señor Jesucristo, los bendice porque se acercan a él, en el Espíritu de amor de su Hijo amado». Pues «así también él mismo se acerca a ti, en el nombre yen el Espíritu de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, porque está en ti indudablemente, para contestar cada una de tus oraciones, de tus ruegos, de tus peticiones y de tus intercesiones para ti mismo y para los tuyos, en tu país y lejos de él, también». Es por eso, «que el creer desde el comienzo de todas las cosas de nuestro Creador, en el nombre sagrado de nuestro Señor Jesucristo, es de suma importancia para el crecimiento corporal, intelectual e espiritual de cada ángel del cielo y así también de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera». Entonces «no confíes jamás en los consejos de ningún hombre, sino sólo en el consejo sagrado de su palabra viva, la cual se encuentra siempre en su Escritura y en el Espíritu de su Ley Santísima: Los Diez Mandamientos de Dios y de Moisés, por ejemplo». Porque el hombre que confía en otro hombre maldito es para nuestro Padre Celestial que está en los cielos... (Jeremías 17: 5). Porque «en el único que nosotros debemos confiar siempre es en Él, nuestro Dios, (y más no en el espíritu y en la carne del hombre o de la mujer de pecado de toda la tierra), sólo por medio del Espíritu de fe, de la sangre y de la vida gloriosa y sumamente honrada de su Hijo amado», ¡nuestro Señor Jesucristo! SIN EL ESPÍRITU DE FE, NUESTRO DIOS NO ES FELIZ CON NADIE Porque «es el Espíritu de fe, sólo posible en el corazón del ángel del cielo y así también de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, por medio del espíritu del pacto de la sangre y de la vida vivida perfectamente en la Ley de Dios y de Moisés, de nuestro Señor Jesucristo». Y «esta es la fe que agrada a nuestro Padre Celestial de comer y de beber día y noche y por siempre en la eternidad venidera, del Árbol de la vida del paraíso, tal como se lo ordeno a Adán y a Eva, por ejemplo, en sus primeros días de vida del reino celestial». Por ello, «sin fe es imposible agradar a nuestro Padre Celestial, porque es necesario que el que se acerca al Creador de su vida, entonces crea que Él mismo existe y que, a la vez, es gratificador de los que le buscan, únicamente en el espíritu y en la verdad de la vida gloriosa de su Árbol Salvador», ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque «es el Espíritu de fe, del fruto del Árbol de la vida, el cual mueve a nuestro Padre Celestial a hacer muchas cosas por cada uno de nosotros, en nuestros millares, en todos los lugares de la tierra y hasta alcanza y supera lo imposible también, en nuestros espíritus, en nuestros corazones y en nuestros cuerpos eternos». En la medida que, «cada vez que no podemos resolver cualquier tipo de problema o dificultad en nuestros corazones y en nuestras vidas normales, de nosotros mismos o de alguien más, es por que es hora de Dios entrar a obrar en nuestras vidas, por medio de su Espíritu de fe, sólo posible en la invocación gloriosa de nuestro Jesucristo». Y «éste espíritu de fe, del nombre y de la vida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo ya está en vigencia» en nuestros corazones, en nuestros espíritus y en nuestros cuerpos humanos: «lo único que tenemos que hacer es despertarlo, para gloria y para honra eterna de nuestro Padre Celestial y de su nombre muy santo en nuestras vidas, por ejemplo». Y «esto es poder del cielo, para alcanzar muchos milagros, maravillas y prodigios sobrenaturales en nuestras vidas, en todos los lugares y en todo tiempo de la tierra». (Porque la verdad es que cada uno de nosotros es sobrenatural, infinitamente sobrenatural y fuera del mundo en que vivimos, hoy en día, (ya que descendimos del paraíso, del cielo y de nuestro Creador Celestial); es decir, (somos sobrenaturales) si permanecemos en nuestro Padre Celestial, por medio del Espíritu de fe, ¡de nuestro salvador Jesucristo!) Pero «el que piense que está falto de fe, entonces invoque al SEÑOR: porque él mismo le dará de su Espíritu en abundancia y sin medida alguna en el paraíso, en la tierra y así también en la nueva vida infinita de la Gran Jerusalén Colosal del cielo, para conocer toda verdad, derecho y justicia celestial en su vida». Y, además, «en el paraíso nuestro Dios quiso darle más y más de se su Espíritu Santo y de su misma fe, a Adán y a cada uno de sus descendientes (aunque no habían nacido todavía), por el fruto del Árbol de la vida, el Espíritu de vida eterna de su Hijo, nuestro único redentor del paraíso, ¡el Señor Jesucristo! Pero «como Adán junto con su esposa Eva rehúso comer y beber del fruto de la vida eterna, entonces Dios no pudo entregarle más de su Espíritu Santo, salvo de lo que ya le había dado antes», como en el día de su creación, por ejemplo, en sus manos santas. Y «es por eso, que Adán junto con Eva y sus descendientes por venir en generaciones venideras se lleno de las tinieblas del pecado y de la rebelión a Cristo, igual que Lucifer y sus ángeles caídos, por ejemplo, en el reino de los cielos, en el paraíso y en la tierra, de nuestros días». Porque «para Adán comenzar a gozar de su vida junto con su Esposa Eva entonces necesitaba del Espíritu de Dios, sólo posible al comer y beber del Árbol de la vida, su único salvador posible en el paraíso y en toda la creación de Dios», ¡el Señor Jesucristo! Y «cuando nuestro Señor Jesucristo estuvo en la tierra, viviendo y predicando la Ley de Dios y de Moisés para salvación de muchos, entonces les dijo a sus apóstoles y a todos los que le habían recibido, de una manera u otra: «Y si yo fuere levantado una vez más al paraíso, entonces rogare al Padre para que les envíe su confortador». Y «esto es la llenura infinita (y no sólo por un tiempo, sino para la eternidad de su Espíritu), el Espíritu Santo, para poderle hacer frente a Satanás y a cada una de sus amenazas que viene a la vida del hombre día a día por culpa del pecado todavía, así como en el caso de Adán en el paraíso. «Amenazas que vienen día y noche a la vida del hombre, por medio de sus espíritus de gran mentira y de maldad eterna», en todos los lugares de la tierra (y aún en lugares que nosotros ni lo pensamos, de entre los nuestros y en algunos lugares en la tierra, también, y como en el paraíso o el cielo, por ejemplo). Porque «el pecado y la rebelión que Satanás empezó con los suyos enel cielo, no la va a terminar en la tierra, como algunos piensan, sino en el mismo lugar en donde empezó todo el mal de la creación y de su Árbol de vida eterna, en el cielo y delante de Dios y de sus ángeles gloriosos». Y Satanás será derrotado una vez más y como siempre en el cielo y en la tierra, pero esta vez morirá en el lago de fuego junto con el profeta falso y la gente de gran mentira y de gran maldad de sangre fría y eterna del más allá, como del bajo mundo de las almas perdidas por ejemplo. Porque «el mismo nombre muy santo de nuestro Dios, del cual se rebelo con mentiras y gran maldad en el cielo y delante de los ángeles de Dios y de su gran rey Mesías, el Cristo, entonces lo derrotara infinitamente y para siempre». Es por eso, «que nuestro Padre Celestial nos ha entregado de su nombre muy santo, en el corazón y en el Espíritu de la sangre y de la vida del gran rey Mesías, nuestro salvador Jesucristo, para vencer a toda serpiente, escorpión y poderes terribles de Satanás en la tierra y en el más allá, y nada nos dañara jamás». Porque «así como Dios se gozaba en bendecir a su pueblo y a sus gentes de la antigüedad, en todos los lugares de la tierra, comenzando con Israel, por ejemplo: entregándoles maravillas tras maravillas, prodigios tras prodigios en los cielos y en la tierra, para que vean que tienen un Dios Todopoderoso en cielo». Pues «así también es nuestro Padre Celestial, hoy en día, con todos los que le buscan por amor a Él, sólo por medio de la vida gloriosa y sumamente honrada de su Hijo amado, el Hijo de David», ¡nuestro salvador Jesucristo! Porque «nuestro Dios se place mucho en su corazón santo, en regalar de sus más ricas y gloriosas bendiciones infinitas de su Árbol de la vida, a los que le invocan y le buscan a Él, únicamente por medio del nombre santísimo de su Hijo amado», ¡nuestro Señor Jesucristo! Es decir, que «con tan sólo nosotros invocar el nombre sagrado del Señor Jesucristo entonces Dios permite que muchas de sus más ricas y poderosas bendiciones de la vida santa del reino de los cielos, comiencen a descender una a una en nuestros corazones, en nuestros espíritus y cuerpos humanos, para llenarnos de gozo y de salud infinita, por ejemplo». Porque «nuestro Dios nos ha creado en sus manos, para que le llevemos gozo, alegría, gloria, honra y santidades infinitas, aún jamás alcanzadas por los corazones y por los espíritus gloriosos y nobles de los ángeles, desde la antigüedad y hasta nuestros días, por ejemplo, hasta que naciste tú en el reino del Árbol de la vida, ¡nuestro Mesías! Entonces «el Señor Jesucristo es trascendental en nuestro diario vivir por la tierra y así también en el paraíso y en La Nueva Jerusalén del nuevo reino celestial, para entregarle a nuestro Dios esas glorias infinitas, las cuales son solamente posibles en nuestros corazones, gracias a la obra perfecta de nuestro Señor Jesucristo sobre el madero y en nuestras vidas». Porque «nuestro Señor Jesucristo no sólo es el Espíritu de la Ley de Dios y de Moisés, sino que también es el mismo espíritu de fe, de nuestros corazones y de nuestros espíritus humanos, para alcanzar maravillas, milagros y formidables prodigios celestiales y terrenales en nuestras vidas, hoy en día y por siempre, en la eternidad celeste». Y «el Espíritu de fe existe en nosotros, porque nuestro Dios mismo lo puso ahí, en su lugar, para ser usado por cada uno de nosotros, como hoy mismo en tu vida, mi estimado hermano, para buscarle y creer en él, siempre y hasta aun más allá de la eternidad venidera, por ejemplo; porque somos eternos, así como Dios es eterno». Ya que, «el enemigo (Satanás) de toda verdad, de todo derecho y de toda justicia celestial y terrenal de nuestro Señor Jesucristo no se cansa de atacar a Dios y así también a todos los que le puedan servir a él, por medio de su Hijo amado, el salvador de nuestras vidas y de nuestro mundo, por ejemplo». Por ello, «el que se acerca a su Dios, tiene que creer que Él existe en el cielo, por medio del Espíritu de fe, de nuestro Señor Jesucristo, para que de esta manera única entonces todas sus oraciones, peticiones, ruegos e intercesiones le sean contestadas a él (o a ella), hoy y siempre, para que no le falte ningún bien jamás». Porque «nuestro Dios es galardonador de todos los que le buscan de todo corazón, en el nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, en el paraíso, en la tierra y así también ha de ser igual en La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo». Entonces «si estas buscando al Dios de tu vida», mi estimado hermano y mi estimada hermana, pues, «lo encontraras sin más demora alguna, sólo por el espíritu de tu fe, centrada en Jesucristo, desde tu corazón y que se levante por tus labios hacia el cielo, al oído de nuestro Dios, para que te abrace infinitamente para su nuevo reino celestial». El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el Señor Jesucristo. LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLEAL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque éstaes la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, por la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/...pe=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com |
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