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Antiguo 14-10-2004, 04:21:56
irichc
 
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Predeterminado Sobre la incapacidad de amar de las mujeres

Recuerdo que Weininger decía, hablando de los judíos, que en ningún
otro pueblo se dan tantos matrimonios de conveniencia, sin amor, y
ofrecía eso como prueba de que "carecen de alma". Hay que especificar
que para Weininger "alma" es individualidad en sentido fuerte. Pues
bien, insistiré en esta tesis centrándola en el ámbito de las mujeres.

I.

Afirmo que las mujeres nunca aman a un hombre: aman un paradigma. Un
hombre siempre ama a la mujer completamente individualizada, mientras
que éstas sólo buscan "príncipes azules". ¿Acaso habéis escuchado a
alguien que busque a su "princesa rosa"? Un hombre puede tener una
idea preconcebida, ya que es inevitable, pero cualquiera de ellos se
enamorará del ser irrepetible y no de la categoría abstracta. La
mujer, por el contrario, se limita a representar a su complemento como
modelo, es decir, como engendrador potencial o actual de sus hijos.

Y aún más: Para el hombre el ser amado es una gran incógnita hasta que
se presenta ("La reconoceré cuando la tenga delante", suele decirse).
Sin embargo, una mujer podría dibujar al hombre que desea, y de ahí su
predilección por las muñecas (paradigmas simples) en la infancia y por
los personajes novelescos (paradigmas complejos) en la adolescencia y
la edad adulta.

Subrayo que hablamos de amor y no de simple lujuria. La obsesión por
el sexo, ciertamente, también se da en los hombres, pero más durante
los ardores de la juventud que en etapas posteriores. Raramente
permanece en los viejos. Sí, en cambio, en las viejas, que siguen
ejerciendo de celestinas -observa Weininger.



II.

El movimiento feminista ha visto como una "imposición falocéntrica"
las trabas que se han opuesto a la promiscuidad inercial de su sexo.
Pero, ¿no será que sin esos obstáculos externos, sin esas convenciones
petrificadas, la mujer es incapaz de desarrollar una moral propia?

Digo, pues, que la mujer ama al paradigma, que se enamora de algo que
aprende, de un constructo cultural, que es la forma que la sociedad
tiene de canalizar la líbido femenina, por lo demás desbocada. Así
como la castidad masculina es un requisito para el amor y algo que el
hombre se exige a sí mismo, la mujer lo aprende como ardid para
seducir al "príncipe", de modo parecido a los camaleones, que se
adaptan a su entorno en vistas a no ser descubiertos.

Un hombre opone su amada al resto de mujeres; una mujer opone su amado
al resto de paradigmas. Dice, por ejemplo: "este hombre es feo, es
derrochador, es violento, etc.". Jamás se acepta al hombre porque es
el que es, sino porque es como es. Una mujer, entonces, sólo es fiel
al paradigma, a lo adquirido, y tal virtud no es en ella nada
connatural. Recalco que ser fiel, ser íntegro y ser veraz es lo mismo,
puesto que el que traiciona miente, y el que miente se desdobla. De lo
que se sigue que la mujer es naturalmente mendaz, como ya estableció
Weininger.

Nuevos argumentos en favor de esta postura innatista es la gran
capacidad seductora de las niñas, inexistente en los niños. Su
habilidad precoz para imitar modelos de amante y amado es asombrosa, y
al presentarse en edades tan tempranas, no podemos atribuirla a una
malicia consciente. Se adhieren al paradigma fingiendo querer al
hombre objeto de su atención; se sienten estimuladas sólo por el rol
específico, no por el que lo interpreta. Nada tiene de extraño que la
sexualidad femenina sea mucho más proclive a la homosexualidad que la
masculina, al amarse no al sujeto propiamente dicho, sino a la función
que éste lleva a cabo.

Señalar, por último, el hecho de que haya, por abrumadora mayoría, más
mujeres guapas que salen o se casan con hombres feos que hombres
guapos que, a su vez, sigan tal preferencia. Alguien podría contestar
alegando la objeción de que eso es, precisamente, porque el paradigma
de la belleza está mucho más presente en el hombre, mientras que la
mujer se penetra en las características únicas del individuo. Pero
ello es falso y no hace más que confirmar la teoría que expongo, dado
que la belleza es un factor individualizador de primer orden: Toda
belleza es única, toda fealdad es común.

Saludos.

Daniel.


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