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| Sábado, 28 de Julio, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo) RECTITUD: Nuestro Señor Jesucristo es "el maestro de la rectitud" no sólo de los ángeles del reino de los cielos, sino también de cada hombre, mujer, niño y niña del paraíso y de toda la tierra, también, de nuestros días, desde los días de la antigüedad y hasta por siempre en la nueva eternidad venidera. Porque en el reino de los cielos, el Señor Jesucristo ha de seguir siendo "el estandarte de rectitud", amor, verdad, justicia y santidad infinita en el corazón y en la vida de cada uno de sus siervos y siervas, del paraíso y de la humanidad entera, eternamente y para siempre. Y es aquí, para donde nuestro Dios te "crea" y, a la vez, te "llama" también, para que estés con él y así entonces veas tu misma vida eterna, por la cual te formo en sus manos santas, en el día de tu creación y de todas tus cosas, también, en el paraíso y en la tierra, por ejemplo. Es por esta razón, que nuestro Padre Celestial siempre "deseo", que así como los ángeles poderosos en santidad y rectitud infinita de sus corazones y de sus espíritus infinitos, sea también para con sus hijos e hijas del paraíso y de la tierra (incluyendo a ti, mi estimado hermano y mi estimada hermana, ya que eres obra de sus manos). Para que entonces cada uno de ellos, comenzando con Adán y Eva, por ejemplo, "llegue" a verle y a conocerle, tal como siempre ha sido (y ha de ser) a través de los siglos y hasta por siempre, en la nueva vida celestial e infinita del nuevo mundo venidero del más allá, por ejemplo, como La Jerusalén Gloriosa del Mesías. Porque sin la rectitud del Señor Jesucristo, entonces ningún ángel, como Lucifer y sus ángeles rebeldes podrán "jamás ver, conocer o sentir" en sus vidas a su Dios, ni a su Espíritu Santo, para siempre. Y esto es, realmente, profundas "tinieblas" del más allá, como del bajo mundo, en donde moran los espíritus rebeles y las almas perdidas y sin Cristo en sus corazones, en el Abismo, reservados cada uno de ellos para el juicio final de Dios y de todas sus cosas, en el cielo, por ejemplo. Por otra parte, lo mismo ha sido verdad, desde siempre, para todo pecador y para toda pecadora de toda la tierra, desde la antigüedad y hasta nuestros tiempos, también. Es por esta razón, que nuestro Padre Celestial "lleva antes que nada" a Adán al pie del Árbol de la vida, su Hijo amado, ¡el gran rey Mesías!, para que "conozca" su verdadera comida y su verdadera bebida de su corazón y de su alma infinita, para vivir la vida eterna del paraíso. Y así hace, nuestro Padre Celestial día y noche con cada corazón y con cada alma del hombre, mujer, niño y niña, descendientes de Adán, en todas las naciones del mundo entero, para "ofrecerles" sobre sus mesas: el fruto de vida eterna (la salvación perfecta de sus vidas infinitas) en la tierra y en el paraíso, también, para siempre. Porque la rectitud del Mesías era de suma importancia para el crecimiento espiritual, intelectual y corporal, también, para Adán y para cada uno de sus descendientes, en sus millares, de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y reinos eternos, en el cielo y en toda la tierra, también, eternamente y para siempre. Y sin la rectitud del Señor Jesucristo, entonces Dios no desea (o no podía) tener "ninguna relación verdadera" entre Adán y sus criaturas, ya sean ángeles del reino u hombres del paraíso y de la humanidad entera, en toda su creación. Y ésta "rectitud" del Árbol de la vida estaba, ni más ni menos, en su fruto de vida y de salud eterna, su único Hijo amado, el gran rey Mesías de todas las edades, en el más allá y en toda la tierra, también, de nuestros días y de siempre, por ejemplo. Es por eso, que nuestro Padre Celestial se la "ofreció" a Adán primero, para que coma y beba de él, en aquel momento y en todos los días de su vida para la eternidad, para que sus pasos sean por siempre "santos, rectos", delante de su presencia sagrada y en todos los tiempos del reino de los cielos, por igual. Pero Adán no llega a "entender" esta gran verdad espiritual y justa en su corazón, para mal de su vida y la de sus retoños, en sus millares, en todos los lugares de la creación de Dios, comenzando en el cielo, en donde "el pecado primero toma vida", en los ángeles y luego en el hombre, para mal de muchos. Y aunque Adán no comió y bebió de su Árbol de vida eterna en el paraíso, para que sus pasos sean justos y rectos todos los días de su vida delante de su presencia, ya sea en el cielo o en la tierra, entonces Dios aun así "espera de él" que sea justo y recto de corazón, delante de él. Entonces esa es la "fe infinita", de nuestro Dios, desde siempre, de que así ha de ser con cada pecador del mundo entero, para que posteriormente se "reconcilie" con su verdad y justicia infinita, y regrese a su vida normal del paraíso para que sea perfecto y recto en santidad delante de su Ley y de su nueva vida eternal. Porque el hombre de toda la tierra, después de haber llevado acabo y dicho todo que haya de vivir, hacer y decir en su vida, entonces tiene que tener un "encuentro personal" con su Dios y Fundador de su vida, por medio de su Árbol de vida eterna, ¡el Señor Jesucristo!, para reencontrarse con la felicidad celestial de su corazón. (Encuentro personal con Dios significa tener una relación recta con el Señor Jesucristo, tu único fruto de vida eterna, en el paraíso, en la tierra y así también en el nuevo reino celestial de Dios y de sus huestes angelicales.) Además, para que esto se cumpla en la vida del hombre, entonces Dios "envió" a su Hijo amado al mundo, para que sólo de él aprendan: verdad, amor, justicia y rectitud en todas las cosas de su vida, para gloria y para honra infinita de su nombre santo, en la tierra y así también en el nuevo reino venidero. Y, hoy en día, más que nunca el hombre "necesita" infinitamente: del espíritu de amor, verdad, justicia y rectitud del Señor Jesucristo, para escapar cada uno de sus pecados delante de Dios y así entonces poder ver la vida eterna, desde ya en la tierra, para posteriormente, en el día del SEÑOR, entrar nuevamente al reino de su felicidad celestial. En la medida en que, el reino de los cielos, así como la tierra de nuestros días y de siempre, "no fue creado" para los ángeles del cielo jamás, aunque no lo creas así, mi estimado hermano y mi estimada hermana, sino para Adán y para cada uno de sus hijos e hijas de todas las naciones de la tierra. Y es por esta razón, que hoy en día vives en la tierra tu vida delante de la Ley de Dios, sólo por la gracia infinita de su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, para que muy pronto ya te encuentres de nuevo unido a tu Dios y a sus huestes celestiales del paraíso. Porque la Ley de Dios mata (declara culpable) al pecador, por su culpa, por su pecado, por su ofensa a Dios y a su vida santa del reino celestial, pero el Señor Jesucristo te protege de ella, por los poderes y autoridades sobrenaturales de su sangre y vida muy santa, para el cielo y para la tierra, también. Entonces el hombre descendió del paraíso, así como el Señor Jesucristo posteriormente, pero con el pecado de las tinieblas en su corazón y en su sangre contaminada, para morir y reencontrarse con el mismo Señor Jesucristo de siempre, sobre la cima de la roca eterna, pero esta vez clavado a él, para que no evada al Señor más, como antes. Y sólo entonces Jesucristo pudo finalmente, no tanto por la fe de Adán, ya que lo había rechazado en su primer error humano, para ahora darle "rectitud de amor", verdad, justicia y santidad infinita a él y a todo aquel que ame a su Creador, con tan sólo creer en su corazón y confesar con sus labios su nombre redentor. Y "éste nombre salvador" del hombre, en la tierra y así también del paraíso y del nuevo reino sempiterno, como La Nueva Jerusalén Gloriosa del Mesías, es, ni más ni menos, el mismo de ayer, de hoy y de siempre, su majestad de Israel y de la humanidad entera, el Cristo, el Hijo amado de Dios, ¡el Hijo de David! Porque sólo el Señor Jesucristo "cumplió rectamente" con su nacimiento, con su vida, con su crucifixión: muerte y resurrección en el Tercer Día, cada una de las promesas y palabras de los profetas, en las escrituras de la antigüedad de Israel, para bien de muchos y gloria infinita de nuestro Dios y de su Espíritu Santo, en nuestras vidas. NUESTRO DIOS AMA LA RECTITUD DE SU HIJO AMADO EN EL HOMBRE Porque nuestro Padre Celestial es "sumamente justo" y, a la vez, "ama" de todo corazón, a los que con verdad y rectitud de espíritu de fe, "aman también" a su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en el paraíso y en todos los lugares de la tierra. Por lo tanto, nuestro Padre Celestial desea que en la nueva vida infinita del nuevo reino de los cielos, entonces "los rectos 'contemplen' su rostro", infinitamente y para siempre, para que se gocen de su rectitud divina y así crezcan en su luz y en su gloria eterna, para nunca más alejar de su Dios y de su hogar celeste. Y éste es un privilegio celestial de "ver y conocer" el rostro de nuestro Padre Celestial, el cual sólo le pertenece a su Hijo amado, por inicio divino, ¡el gran rey Mesías de todas las edades! Porque a través de los siglos, "nadie 'pudo' contemplar" el rostro del SEÑOR, ni los ángeles perfectos, salvo ¡el Señor Jesucristo!, por que sólo él es digno de tanta gloria y honra, en el cielo, en la tierra y en la nueva eternidad venidera, también. Es más, sólo Jesucristo posee en sí mismo la santidad insuperable, para creer y ver a Dios infinitamente en nuestros corazones y en nuestras nuevas vidas eternales del cielo. Y esta verdad siempre fue así, a través de los siglos, en el reino celestial: Dado que, el rostro sagrado de nuestro Dios es tan "santo", que ninguno de los ángeles del cielo posee en si, tanta santidad y tanta pureza espiritual y de luz divina, como el Mesías, para ver y conocer el rostro sagrado de nuestro Dios. Por esta razón, sólo el Señor Jesucristo conoce a Dios, y sólo Dios conoce realmente al Señor Jesucristo en su Espíritu Santo; por lo tanto, ningún ángel del cielo puede decir realmente que conoce a Dios, como únicamente el Señor Jesucristo le conoce, desde siempre. Es por eso, también, que sólo el Señor Jesucristo "puede" darle de conocer a Dios al hombre de toda la tierra y más no los ángeles del cielo, por ejemplo. Porque los ángeles "no sabrían" como empezar a manifestar a Dios, por su falta de santidad perfecta en cada uno de ellos y por falta de conocimiento de Él y de su deidad infinita, también; es más, sin Jesucristo en sus corazones, entonces los ángeles, como los pecadores de la tierra, "no podrían ver" a Dios, ni menos conocerle jamás. Ni menos ningún ángel del cielo "puede decir", realmente, que conoce al Señor Jesucristo, como sólo nuestro Padre Celestial le conoce a Él, en su pureza y en su santidad perfecta, de su espíritu y de su sangre viviente, desde los primeros días de la antigüedad y hasta nuestros tiempos, por ejemplo. Y "éste privilegio" de conocer al Señor Jesucristo, el Padre Celestial nos lo ha entregado a nosotros, también, si tan solamente "le amamos a él", por medio del espíritu de fe, de su sangre del sacrificio del pacto eterno, el cual toma lugar en su día, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para el fin de la ceguera espiritual. Puesto que, la ceguera espiritual del hombre y así también de muchos ángeles del cielo, es "profundamente grande" y nadie la pueda quitar del corazón (del hombre o de los ángeles), si no es solamente por la fe viviente, de "creer" en el corazón y así "invocar" con los labios: el nombre sagrado de nuestro salvador eterno, ¡el Señor Jesucristo! Y el corazón del hombre "tiene que creer" en el Señor Jesucristo, por inicio propio, como los ángeles del cielo, y así también invocar su nombre santo, porque sólo el Señor Jesucristo es "la luz" del cielo para destruir cada una de "las tinieblas" del corazón malvado de Lucifer y de sus seguidores, en toda la creación de Dios. Porque en el día que los ángeles "pecaron" en contra del SEÑOR y de su gran rey Mesías, en el reino de los cielos, fue entonces bajo el liderazgo y engaño perdido del corazón en tinieblas de Lucifer, para "humillar" el nombre del Señor Jesucristo y así exaltar su nombre inicuo más alto que el nombre de nuestro Padre Celestial. Algo sumamente horrible y hasta imposible de alcanzar, también, por lo tanto, el Espíritu Santo de Dios "no se lo permitió" en ningún momento, sino que lo paro seco en su camino de gran maldad y de ceguera espiritual, con la luz sumamente brillante y todopoderosa de su Espíritu Sagrado del Árbol de la vida, ¡el Señor Jesucristo! Porque en su santidad celestial y fidelidad infinita hacia el Padre Celestial y hacia su Hijo amado, entonces el Espíritu Santo de Dios se "enfrenta" a Lucifer y a cada una de sus profundas tinieblas de su corazón, para que este mal terrible jamás ocurra en el reino de Dios, con él, ni con ninguno de sus ángeles, por ejemplo. Porque delante de Dios y de su reino celestial sólo puede existir el "espíritu recto" de su Hijo amado, el Árbol de la vida eterna, de todos los seres vivientes del cielo y así también del paraíso, de toda la tierra y del nuevo reino de los cielos, como La Nueva Jerusalén Sagrada e Infinitamente Honrada del cielo. Además, fue así como el Espíritu Santo de Dios, en su rectitud celestial e infinitamente divina, entonces pudo "ponerle fin" a la rebelión de la ceguera espiritual de Lucifer y de sus ángeles caídos en el reino de los cielos, para que luego sean juzgados por su ceguera espiritual y crímenes en el día del juicio de todas las cosas. Y esta ceguera espiritual entra al paraíso, para "cegar" el corazón, el espíritu y la vida de Adán y de cada uno de sus descendientes, para alcanzar el mismo fin, como intento con los ángeles del reino de Dios, para que el nombre del Señor Jesucristo ya no sea en sus corazones, sino sólo el suyo, para mal de muchos. Entonces es por esta razón, que el camino del hombre delante de Dios comenzó a ser "un camino torcido" y más no recto, para mal de su vida y de muchos en el paraíso y también en todos los lugares de la tierra, de nuestros días, como hoy en día vemos pecadores y pecadores haciendo siempre de las suyas. Y la única manera que el hombre puede "cambiar" su camino torcido por el camino recto, por el cual Dios mismo lo formo en sus manos, en el comienzo de su vida y de todas las cosas, en el paraíso y en la tierra, también, fue "el camino hacia el Árbol Viviente" y más no el camino hacia el mal. Por tanto, éste camino que lleva día y noche a todo ser viviente hacia el mal eterno, ya sea ángeles caídos del cielo u hombres pecadores o mujer pecadoras de toda la tierra, es "el camino rebelde" hacia el árbol de la ciencia del bien y del mal, por ejemplo. Porque el camino hacia todos los males de la vida de los ángeles del cielo y así también de la vida de los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, "no fue jamás" el camino hacia el Árbol de la vida, sino el camino hacia el árbol del fruto prohibido de la ciencia del bien y del mal. Y de este árbol prohibido fue, realmente, del cual Lucifer hizo que los ángeles rebeldes, como una tercera parte de ellos en el reino de Dios, "abandonaran" su santidad para comer de él, en vez, de comer del Árbol de la vida, para rendirle gloria y honra a nuestro Dios y Padre Celestial que está en los cielos, por ejemplo. Y así también, con sus pasos torcidos de su vida llena de tinieblas, como del infierno o del bajo mundo de los condenados, entonces entro Lucifer al paraíso para "engañar" a Eva y luego a Adán, para que ambos coman de su fruto prohibido, y pequen en contra del Señor Jesucristo, ofendiendo así a Dios y a su Espíritu Santo. Puesto que, desde el día que Eva primero y luego Adán "comieron" del fruto prohibido, entonces no sólo sus caminos cambiaron hacia el mal eterno de sus vidas, como todo ángel caído del cielo, sino también para mal eterno de cada paso de sus descendientes, en sus millares, en todos los lugares de la tierra. Y este es un mal terrible del corazón y del alma viviente del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de la humanidad entera, el cual "sólo la sangre" del Señor Jesucristo puede cambiar, si tan sólo se cree en el corazón y se confiesa su nombre sagrado con nuestros labios, para perdón y salud eterna. Y sólo así entonces se "confiesa" el nombre sagrado de "la luz del cielo", la cual "destruye" cada una de las tinieblas de Lucifer y de sus ángeles caídos, en nuestros caminos, como en nuestro andar cotidiano por la tierra, para que los pasos de Adán ya no sean los nuestros, sino únicamente los de nuestro Señor Jesucristo. En realidad, son estos pasos del Señor Jesucristo los que nos "llevan" por el camino de la rectitud eterna, no solamente para escapar el mal terrible de los pasos de Lucifer en nuestras vidas, sino también mucho más que todo esto. En verdad, los pasos del Señor Jesucristo nos encaminan paso a paso hacia el cielo más alto que el paraíso y el reino de los ángeles, en donde nuestro Padre Celestial se "encontrara" con nosotros para verle y conocerle, tal como su Hijo amado siempre le ha visto y le ha conocido desde siempre y hasta nuestros días, por ejemplo. Por lo tanto, los pasos verdaderos, por los cuales nuestro Padre Celestial nos formo en sus manos, en el comienzo de nuestras vidas, en el paraíso, "son los pasos" de su Hijo amado, el Árbol de la vida y más no los pasos del Árbol prohibido del conocimiento del mal y del bien. Es por esta razón, que para nosotros "encontrar" el reino de los cielos y su santidad infinita, además de su justicia y rectitud celestial para vivir la felicidad eterna, entonces tenemos que caminar, sin duda alguna, en los pasos celestiales e infinitos de nuestro salvador celestial, ¡el Señor Jesucristo! Y, hoy en día, tú muy bien, mi estimado hermano y mi estimada hermana, "puedes hacer", que espiritualmente hablando, para complacer toda justicia y toda rectitud celestial de nuestro Padre Celestial, de acuerdo a su Ley y a su voluntad perfecta en su vida muy sagrada, entonces comenzar a caminar paso a paso con Cristo hacia tu nueva eternidad celestial. BUSQUEN EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA PARA VIVIR LA ETERNIDAD No señoree, pues, el pecado en sus corazones de ninguna manera, ni en sus cuerpos mortales, tampoco, "de modo" que obedezcan a sus malos deseos, para mal de sus vidas y de los demás, también. Más bien, "busquen" primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las buenas bendiciones del Árbol de la vida, entonces les serán entregada a sus corazones y a sus almas eternas, también, para que sus cuerpos "vivan en la rectitud" de su Dios y amante de sus vidas infinitas, en la tierra y en su nuevo reino celestial. Porque el que "se deja llevar" por el pecado, entonces le está dando cabida a sus tinieblas, para que hagan todo lo que deseen hacer en su corazón y en su cuerpo humano, para que no haya más bendiciones de Dios en su nombre santo, sino sólo mal para su vida en la tierra y en el más allá, también. Y nuestro Dios "no es de los que busca" el mal de nadie, sino sólo el bien glorioso y sumamente honrado de su Hijo amado, ¡ el Señor Jesucristo!, para que la gloria infinita de su nombre santo entonces sea mayor que antes, en la tierra y así también en el nuevo reino celestial, en los corazones de sus ángeles. Comenzando con todos los que buscan agradar a su Dios, entonces están "buscando" su verdad y su justicia infinita, las cuales sólo se pueden encontrar en la vida perfecta y sumamente gloriosa, no de sus millares de ángeles del cielo, sino en la vida misma de su Árbol de vida eterna, ¡el Señor Jesucristo! Porque "únicamente en creer", e invocar, en comer y en beber el fruto de la vida de Dios y de su Árbol de vida, es que realmente hay vida (y vida eterna) en abundancia, para los ángeles del reino y así también para cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, comenzando con Adán y Eva, primero. Y estos son los que "caminan" en la rectitud del Espíritu del SEÑOR, los que aman el creer, en confesar, en comer y en beber del fruto de la vida de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Porque fue el Señor Jesucristo quien les manifestó a sus apóstoles, sobre la mesa de la "cena del SEÑOR", cuando tomando el pan en sus manos y lo partió, para decirles: Este es mi cuerpo, el cual es traspasado, roto, fragmentado por ustedes, en el día de hoy y en presencia de nuestro Padre Celestial que está en los cielos. De éste pan coman, para que "no vuelvan" a tener hambre jamás, en esta vida ni en la venidera del más allá, eternamente y para siempre. Porque todo aquel que "come" de éste pan de vida eterna, el cual descendió del cielo, no tendrá hambre jamás, como los que comieron del maná en el desierto, y luego volvieron a tener hambre. Y levantando el pan al cielo, entonces se lo "ofreció" al SEÑOR primero. Y luego de haber hecho una oración delante de Dios para los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, comenzando con la Casa de Israel, naturalmente, entonces lo "partió él mismo" (como dijo, yo mismo pongo mi vida y nadie me la quita), para entregárselo a sus apóstoles y hasta al que lo traicionaba, Judas, también. Porque Judas estaba ahí con el Señor Jesucristo "participando de la mesa del SEÑOR" y con sus apóstoles (hermanos misioneros) para posteriormente, guiado por el espíritu de error (el cual engaña a Eva y luego a Adán en el paraíso, para que coman del fruto prohibido), entonces haría que los que viven en las tinieblas, coman de su maldad infinitamente. (Y esto seria para muerte eterna de Israel y de muchos (o quizás la humanidad entera) en toda la tierra, para siempre.) Entonces después de haber ofrecido su pan de vida eterna a Dios primero y luego a sus seguidores, el Señor Jesucristo toma en sus manos "la copa de vino". La levanto al cielo también para ofrecérsela al SEÑOR, para que le dé su aprobación y bendición (como dejándola derramar desde del paraíso, el espíritu de la sangre sobrenatural sobre Israel y la humanidad entera); pues, así como hizo con el pan de vida primero delante de sus hermanos eternos, en Israel, y luego la entrego a al mundo entero. En el acto, después de haber hecho una oración de gracias al SEÑOR del cielo y de toda la tierra, entonces "tomo de la copa de vida", y le dio de beber a cada uno de sus apóstoles y hasta el mismo apóstol que lo traicionaba, Judas, el calumniador. Porque Judas antes de entregar al Señor Jesucristo, en manos rebeldes de los enemigos del SEÑOR y de su sagrado evangelio, "comió del pan de vida y bebido de la copa sagrada del SEÑOR", también, junto con los demás apóstoles, como si no estaba sucediendo nada en contra del Señor Jesucristo y de todo Israel, incluyendo a la humanidad entera. (Judas se estaba engañando a sí mismo, "sin saber" lo que realmente hacia con su alma y la de su salvador, porque el Señor Jesucristo y nuestro Dios sabían muy bien que era lo que había hecho, y que era lo que iba hacer momentos después, para cumplir la palabra del SEÑOR, en la tierra y en el paraíso, también.) Por lo tanto, en la mesa del SEÑOR, el Señor Jesucristo no fue engañado por las palabras de Judas, pues, "Él sabia" que era lo que tramaban los enemigos del SEÑOR y de su evangelio de vida y de salud eterna, no sólo para Israel, sino también para la humanidad entera (aun sin que lo pensaran así sus enemigos). Y después de haber visto Jesucristo que Judas "compartía" con el pan viviente y con su sangre salvadora, entonces lo deja ir, a que haga lo que estaba escrito en su corazón y en su sangre rebelde, para que se cumpla la escritura de los profetas, en referencia a Él y a su disimulada participación para con Jesucristo e Israel. Judas, aunque había comido y bebido de la mesa del SEÑOR, salió de la presencia del Señor Jesucristo "por su camino sombrío", por el camino del árbol de la ciencia del bien y del mal, para vender a su mejor amigo (y hermano) que en vida jamás había conocido antes a otro igual, y abandonarlo por treinta piezas de plata. Entonces momentos más tarde, Judas cobra la plata y entrega al Señor Jesucristo con "un beso poco sincero" en su mejilla, en manos de los enemigos que deseaban matarle (a como de lugar), para "deshonrar" su nombre santo y salvador no sólo para Israel sino también para la humanidad entera, en esta vida y en la vendiera, para siempre. Realmente, Judas caminaba por un camino torcido y muy extraño a Dios y a su nueva vida santa e infinitamente gloriosa de su nuevo reino celestial, el cual "conducía" hacia el mal, por lo tanto, no era inspiración del Señor Jesucristo, ni del hombre tampoco. Este camino que Judas tuvo que caminar todos los días de su vida en Israel, "aun cuando vivió", camino y conocido día y noche con el Señor Jesucristo y su evangelio de poder y de salud eterna, también, y hasta que finalmente consumió del mismo cuerpo del "Cordero del SEÑOR" y para finalmente entregarlo al deseo malvado de sus enemigos. Y todo esto sucedió así con Judas, en la vida del Señor Jesucristo, porque "estaba escrito" que sucediese así, para que el pan que había comido y para que la sangre que había bebido de él, entonces bajase a la tierra para ser levantada después, por los pecadores: clavado a los árboles cruzados de Adán y Eva para Dios. Porque fue Dios quien buscaba "este sacrificio" de su Hijo amado, clavado a los árboles sin vida de Adán y Eva, para que entonces no sólo nuestros progenitores recobren sus vidas y sus bendiciones eternas del paraíso, sino también cada uno de sus descendientes, en sus millares, en todos los lugares de la tierra y hasta aun Judas, el detractor. Fue por esta razón, que el Señor Jesucristo primero "le dio" de comer de su pan de vida eterna y luego (le dio) de beber de su copa de la sangre del pacto eterno, para que Judas, aunque peque una vez más delante de su presencia sagrada y del SEÑOR del cielo, entonces "no se pierda infinitamente" su alma preciosa. (Muchos dicen que Judas se perdió en su pecado y en su maldad eterna, cuando por engaño entonces entrega a Cristo a sus enemigos, cuando la escritura declara públicamente que él comió y bebió de la vida eterna antes de morir. Porque todo aquel que come y bebe del "Cordero Escogido de Dios, entonces el mismo fuego eterno del infierno lo vomita de sus tierras y la muerte no lo puede retener en sus manos, así como no pudo retener al Señor Jesucristo, sino que en el Tercer Día resucita para una vida eterna.) Por lo tanto, nuestro Padre Celestial es un Dios de amor y de misericordia infinita, y pienso que Judas no murió en su camino torcido, sino en el camino del Señor Jesucristo. Además, si el Señor Jesucristo "se asegura primero" que Judas comiese de su pan de vida eterna y luego beba de su copa de la sangre del pacto eterno, fue para salvar su vida eterna a pesar de su doblez, engaño, mentira, calumnia, maldad y fingimiento de amar a Dios, cuando lo contrario era la mera verdad. "Fingimiento errado" de las tinieblas en Judas, como de la vida perdida de Lucifer, en el reino de Dios antes de su rebelión, manifestando así lealtad al gran rey Mesías y al Dios del cielo y de la tierra, para salvar a Israel de sus pecados y a la humanidad entera, cuando la verdad era otra en todo el tiempo. Porque el Señor Jesucristo había descendido del cielo, "para redimir su alma" del poder del pecado y de sus tinieblas, asimismo como deseo redimir a Adán y a Eva, clavado a sus palos sin vida, sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para ponerle fin al pecado original, y cumplir la Ley Divina. Pero Judas "jamás se dio cuenta de su ceguera espiritual", sino hasta que ya fue demasiado tarde, después de haber caído en su propia trampa infinitamente mortal, de saber que sus pasos por la tierra y delante de Dios habían sido conocidos por el mismo Señor Jesucristo, desde mucho antes de la fundación del mundo y de sus cosas, también. Entonces cuando Judas "se da cuenta de su terrible mal", el cual lo llevada aceleradamente (y a cada minuto de su vida) hacia el fin de sus días, no sólo en la tierra, sino también al infierno y con posterioridad al lago de fuego, su segunda muerte, "se arrepiente" de su mentira malvada e infinitamente cruel, para con su salvador. Y fue el pan de vida que partió con el Señor Jesucristo y la copa de la sangre del pacto eterno sobre la mesa del SEÑOR, pienso yo, lo que hace que Judas "recapacite", en sus últimos momentos de vida, para "enderezar" sus pasos, para entonces entrar a la eternidad en su ultimo día de vida en la tierra. Porque, pienso que si el Señor Jesucristo deseaba que Judas se pierda en su mentira y en su calumnia cruel, entonces "jamás hubiese permitido" que él coma de su pan de vida eterna, ni menos beba de su copa de la sangre del pacto eterno, también, para perdón y para entrar a la vida infinita sin más tardar, por ejemplo. Entonces como el Señor Jesucristo, y nuestro Padre Celestial junto con su Espíritu Santo, también, "sabia muy bien" que era lo que Judas iba a hacer con su vida y la vida de su salvador eterno, pues, le dio de comer y de beber de Él mismo, mucho antes que su hora llegue y camine hacia la eternidad infinitamente perdido. Por lo tanto, pienso que Dios "rescata a Judas", en sus últimos momentos de vida y con problemas y dificultades de todas clases, pero "lo salva de su mal eterno", aun a pesar de su mentira, de su calumnia y de todo el mal que conlleva todo ello, porque se "arrepintió" al fin de su maldad a su redentor celestial. Porque "la verdad es" que Judas comió y bebió del fruto de la vida eterna en la mesa del SEÑOR, y no la rechazo jamás como sabemos muy bien que Adán y Eva lo hicieron así en el paraíso y delante de Dios, también, para mal de sus vidas y de muchos también (como Judas mismo, por ejemplo). Ahora, Judas "murió casi inmediatamente" después de haber pecado en contra de su salvador celestial, el Señor Jesucristo, como ya lo sabemos muy bien (porque estaba escrito de él, en las escrituras, de que él mismo le entregaría a sus enemigos por treinta piezas de plata). Sin embargo, Judas no murió inmediatamente por pecar en contra de Dios y de su Jesucristo, sino porque "había hecho algo muy terrible", lleno de muchas tinieblas, las cuales hubiesen perdurado con él, si hubiese seguido viviendo en Israel, y hasta aun muerto seguidores fieles a él hubiesen seguido sus pasos de maldad hasta hoy en día, por ejemplo. Haciendo así que muchos se pierdan en las mismas tinieblas del más allá, las cuales terminaron con su vida mesiánica y con su único amigo y salvador de su vida, el Señor Jesucristo, por engaño, por mentira, por calumnia y por treinta piezas de plata (las cuales no le sirvieron para nada jamás, ni menos para su sepultura.) Es decir, de que "si Judas hubiese seguido viviendo", entonces muchos lo hubiesen aceptado como alguien grande, quien destruye al Señor Jesucristo con una mentira, con una calumnia cruel e infinitamente malvada, para engrandecer mucho más que antes el reino de Lucifer y de sus ángeles caídos, en toda la tierra. Es más, una nueva secta religiosa en su honor, en su nombre, "se hubiese levantado", y aun estuviera con nosotros, también, predicando sus pasos de maldad infinita, al nivel quizás que el evangelio del gran rey Mesías; pues entonces, seria una secta para destruir en lugar de edificar la vida del hombre, para que regrese al paraíso. Es por eso, que cuando Judas peca en contra del Señor Jesucristo, aunque Dios lo rescata de su maldad por los poderes sobrenaturales del pan de vida eterna y de la copa de la sangre del pacto eterno entre el paraíso y toda la humanidad del hombre en toda la tierra, entonces Dios lo salva antes de morir. Para que de esta manera, las tinieblas que se habían levantado del infierno, para "deshonrar y humillar" al Señor Jesucristo y su vida consagrada a Dios, a su Ley y a Israel junto con la humanidad entera, posteriormente entonces regresen a sus lugares eternos del más allá, como el mismo infierno, para que no se perpetúen más sobre la tierra. Y así nadie podría "seguir" a Judas en su pecado, ni menos "engrandecer" sus tinieblas, ni su nombre inicuo más alto que el nombre del Señor Jesucristo, por ejemplo, eternamente y para siempre. Porque toda gloria y honra del corazón del pecador y de la pecadora de toda la tierra, le pertenece solamente a nuestro Padre Celestial, por medio del espíritu de vida y de la sangre gloriosa y sumamente honrada de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Por lo tanto, a Judas nuestro Dios lo "rescato" de su mal eterno, porque sólo Él es misericordioso e infinitamente bondadoso, gracias al nacimiento, a la vida gloriosa y sumamente honrada del Señor Jesucristo en Israel, para cumplir la Ley del paraíso, destruyendo así al pecado y a ángel de la muerte, para siempre. Y así las "tinieblas" que lo guiaban día y noche a "Judas", buscando como destruir la vida gloriosa e infinitamente honrada del siervo fiel y eterno de Dios, entonces "no sigan", ni un sólo momento más en Israel, ni en ningún lugar de toda la tierra, para que otros (como Judas) no cometan el mismo pecado terrible e infinitamente mortal. Porque Dios desea que todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, "brillen infinitamente" como las estrellas del firmamento, en la nueva eternidad venidera del cielo y de su Árbol de vida eterna, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Y "esa estrella" más brillante que el sol (quizás junto con Judas en el firmamento) "eres tú" mismo, mi estimado hermano y mi estimada hermana, porque nuestro Dios te forma en sus manos santas, en su día, para que vivas con él y con su Hijo amado, en su nueva vida infinita del cielo, para gloria de su nombre santo. SI, LOS JUSTOS DEL SEÑOR BRILLARÁN INMORTALMENTE COMO EL SOL Entonces "los justos resplandecerán" como el sol en el reino de nuestro Padre Celestial, para nunca más volver a ver las tinieblas, como las de Adán y Eva, por ejemplo, que "afligían" sus corazones y sus espíritus humanos, porque el Señor Jesucristo no vivía en sus almas vivientes, para complacer toda verdad y justicia redentora de nuestro Creador Celestial. Pues entonces el que tiene oídos, que "oiga firmemente" y con gran confianza en su corazón: lo que el Espíritu Santo de Dios le dice a su espíritu humano, de entre las profundas tinieblas de su alma viviente, para que "vea la vida eterna", desde hoy mismo y en adelante. En la medida en que, es el Espíritu de Dios, quien realmente "le habla en 'la rectitud' de la verdad y de la justicia", sólo de nuestro Señor Jesucristo al corazón el hombre pecador y al corazón de la mujer pecadora, para que "despierten" delante de su Dios y Creador de sus vidas, para "entrar enseguida" a la vida celestial. Porque es solamente en "creer" en el corazón y así "confesar" con los labios, que el corazón del hombre "despertara" para perdón, salud y vida eterna, en las manos de nuestro Padre Celestial, por los poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo y la gracia infinita de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Ya que, nuestro Padre Celestial "envió" a su Hijo amado al mundo, para que lo que está "torcido en el andar" del hombre, entonces sea "enderezado" en su vida y en la vida de cada uno de los suyos, también, para que "camine recto" en la tierra y así también en su nueva vida celestial, del nuevo reino venidero. Porque sólo los que "caminan en el espíritu del 'nombre y de la sangre sagrada' del Árbol de la vida", entonces podrán ingresar a la vida eterna del nuevo reino de Dios y de sus huestes celestiales, para que no vuelvan a conocer los pasos de rebelión de Adán y Eva, sino sólo los del Señor Jesucristo, para la eternidad. Y el hombre y así también la mujer, el niño y la niña de la humanidad entera, están "llamados a conocer", por inicio divino, los pasos Jesucristo en sus corazones primeramente, para comenzar a caminar en sus pasos normales, en la tierra y también en el paraíso, en los pasos de la verdad y la justicia infinita del Árbol Viviente. Porque no es posible que nadie "camine en el reino celestial" y pise lugares muy santos de Dios y de su Árbol de vida eterna, con los pasos (o el caminar) de Lucifer y de sus ángeles caídos, por ejemplo. Esto es totalmente inaceptable, injusto, absurdo e ilógico infinitamente, para nuestro Padre Celestial, para su Espíritu Santo, para su Árbol de vida, para sus ángeles infinitos y, por ultimo, también para el hombre y la mujer de fe, que han llegado a conocer la rectitud de la verdad y la justicia del nuevo reino celestial. En efecto, esto es "abominación infinita", en la mayoría de los casos para el corazón sumamente sagrado de Dios, de su Espíritu Santo, del Señor Jesucristo, de sus huestes celestiales y de su nueva humanidad infinita (lavada, justificada y santificada por la sangre sagrada del pacto eterno), en sus millares, por todos lados, en el reino de los cielos. Y nuestro Dios no está "buscando la abominación" del pecador, ni menos ver a sus siervos fieles "ofendidos", una vez más, por las palabras mentirosas y llenas de maldad de Lucifer y de sus ángeles rebeldes, sino sólo "la rectitud de 'la verdad y la justicia eterna' de su Hijo", en la vida de cada uno de sus muy amados. Y estos muy amados por Dios, por su Espíritu Santo y por su Hijo amado, el Señor Jesucristo, "no son tantos 'los ángeles' del cielo", (porque Jesucristo no murió por ellos), sino que eres "tú mismo", mi estimado hermano y mi estimada hermana, en esta misma hora del día y para el infinito. (Porque la verdad (y la justicia infinita) de la vida santa y recta del reino de los cielos es que nuestro Dios "te ama tanto", como el Señor Jesucristo y así también su Espíritu Santo, cuando Dios mismo deja correr la sangre de su "Cordero Escogido", para tocarte, redimirte de tus males eternos, como la muerte del infierno, por ejemplo.) Y sólo así tú puedas "vivir tu vida 'santa, recta' y sobrenaturalmente normal", no sólo en la tierra, sino en tu nueva vida angelical e infinita del nuevo reino de los cielos, como en La Nueva Jerusalén Gloriosa de la nueva eternidad venidera, por ejemplo, en donde "no existen" los malos pasos del enemigo, sino sólo los pasos del Mesías. Porque "no es justo" que nadie camine por estas tierras santas del cielo "con otros pasos" en su vida celestial, terrenal o del mismo paraíso, "que no sean" los de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Por lo tanto, "nuestro Dios no es un Dios de injusticia, sino un Dios infinitamente verdadero, amante de lo bueno y muy justo con todos sus hijos e hijas en toda la tierra", sólo por medio del espíritu de amor y de rectitud de su Hijo amado, ¡el Cristo! Entonces la tierra sagrada del nuevo reino venidero "vomitaría" a cada infractor, de la misma manera que el antiguo reino celestial "expulso" a Lucifer y a sus ángeles rebeldes, y así también como sucedió con Adán y Eva, en el paraíso, en el día que pecaron delante del Señor Jesucristo, cuando torcieron sus pasos al no creer en Él. Por eso, el hombre "tuerce sus pasos 'por su caminar' en la tierra", así como Adán y Eva torcieron sus pasos en sus andares en el paraíso, fue porque "únicamente no creyeron" en el Señor Jesucristo, para mal de sus pasos eternos en la eternidad venidera y así también para con cada uno de sus descendientes, en toda la tierra. Porque la verdad es que la tierra sagrada del paraíso "se entristeció mucho", cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido y posteriormente los "vomita" de sus tierras sagradas, aun cuando no querían hacerlo así, para que "no la contaminasen más" con sus malos pasos del enemigo eterno del Señor Jesucristo, Lucifer. Por lo tanto, en todos los lugares, en donde nuestro Dios desciende con su Espíritu Santo, para hacer su obra infinita en la vida del hombre, entonces "ese lugar es muy santo" para Dios, y el hombre tiene que manifestar "reverencia hacia su Dios" y Creador de su vida, para que "vengan 'días buenos y de refrigerio' a su vida". Por ejemplo, podemos recordar cuando el Señor Jesucristo descendió del paraíso, como "el Árbol extraño que 'ardía entre llamas' al lado del Sinaí", y la zarza en su derredor no se quemaba, por muy intenso que fuese el fuego y su calor, también. Y cuando Moisés vio "la luz del fuego", después de algunos días, entonces se acercaba un poco más, como cada vez más que el día anterior; es decir, que la luz del Mesías "estaba 'destruyendo' las tinieblas del corazón y de los ojos de Moisés", para que finalmente lo viese frontalmente, rectamente, para gloria de Dios y salvación de Israel. Porque a nuestro Dios sólo lo podemos "ver 'rectamente' con nuestro corazón y con nuestros ojos", no por medio de ídolos e imágenes de talla, sino por el camino recto de la verdad y la justicia infinita del Señor Jesucristo. Pues Moisés se acercaba a la luz del fuego cada vez más y con "gran curiosidad" en su corazón, porque "veía 'el árbol de la vida ardiendo' sobre el Monte Sinaí" (como quien ve a Cristo sobre lo alto del monte sangrando y nos ve no con juicio eterno, sino con un espíritu recto de amor, justicia y verdad infinita). Y entonces Moisés pensaba que pronto se apagaría el fuego del Árbol en llamas (como los otros fuegos que había visto arder por un tiempo y hasta que se extinguían finalmente). Pero luego de varias veces de ver el fuego, el cual ardía pero no consumía, ni hacía daño en todo su alrededor, entonces esto despertó mucho más que antes la curiosidad del corazón de Moisés, como que las tinieblas que estaban en su corazón, en su alma eterna, entonces comenzaron a irse de él, para siempre, por ejemplo. Y entonces comenzó a caminar recto Moisés hacia donde estaba el fuego del Árbol Ardiente, pero con mayor luz que antes en su corazón, porque la misma luz del fuego del Árbol Ardiendo en llamas le ayudaba a disipar las tinieblas que segaban su vida y la de los suyos, también. Entonces una vez bien cerca del Árbol en llamas, volvió a oír una voz que le decía a Moisés: ¡El lugar en donde te encuentras Moisés, santo es! (Moisés se asusta esta vez más que antes, al oír la voz que venia a él, directamente desde el Árbol y entre las llamas extrañas a su corazón y a sus ojos, también.) Una vez más, la voz celestial habla, la cual quemaba su corazón y su alma entera sin hacerle daño alguno, y le dice: Moisés, quítate las sandalias, para que no profanes el suelo con tus pasos mundanos y torcidos por el pecado, porque sólo yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacobo. Moisés se estremece al oír lo que Dios mismo le manifestaba a su corazón "para hacerle entender" quien realmente era Él (o delante de quien él estaba parado en aquel lugar y en aquel instante); y entonces sin decir nada, Moisés obedeció a su voz, la cual le continuaba hablando desde el Árbol Ardiendo, y prosiguió a quitarse las sandalias. Y una vez que Moisés se quita las sandalias de sus pies, entonces el SEÑOR "le comenzó a hablar a su vida" para bien de todo Israel, como nunca antes Dios le había hablado al hombre de toda la tierra, en aquellos días, y hasta que Cristo vino a nosotros para entregarnos el camino recto hacia la vida eterna. Por lo tanto, desde aquel día que Moisés se removió sus sandalias de sus pies, delante de Dios y de su Árbol de vida ardiendo en llamas en el Sinaí, entonces "los nuevos pasos hacia una vida nueva comenzó no sólo con Israel, sino también para la humanidad entera y sus naciones en todos los lugares de la tierra". Es decir, que los pasos de Moisés no sólo cambiaron en su vida, sino también la de los israelíes por miles de siglos venideros, para por fin (y muy pronto también) "recibir al gran rey Mesías en sus corazones", para su liberación total e infinita de sus enemigos eternos de toda la vida. Y estos nuevos pasos de Dios en la vida del hombre son los pasos del Señor Jesucristo, desde la antigüedad y hasta nuestros días, "llenos de bendiciones y de milagros gloriosos" para derrotar al enemigo y a cada una de sus tinieblas, con los poderes sobrenaturales de su evangelio eterno y con los dones de su Espíritu Santo, por ejemplo. Porque el Señor Jesucristo es "el cambio total" de los pasos torcidos del hombre pecador y de la mujer pecadora, "para recibir sus pasos eternos", de su nueva vida infinita del paraíso y de La Nueva Jerusalén Santa e Inmortal del cielo, para perdón de pecados y para sanidad total del corazón, del alma y del cuerpo del hombre. Porque "sólo estos pasos", del Señor Jesucristo en el paraíso y así también en la tierra, "son los que han de llevar" paso a paso hacia la vida eterna e infinitamente gloriosa de nuestro Dios, a todo hombre y a toda mujer, también, para entrar a la vida eterna y vivirla, gozarla y crecer en ella, eternamente y para siempre. E infinitamente "caminaremos en los pasos del Señor Jesucristo" en la tierra y así también en nuestras nuevas vidas eternas, como Dios "decidió que fuese así" en la vida de Adán y en la vida de cada uno de sus descendientes, de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, desde antes de la fundación del cielo. Es por eso, que "el caminar de la verdad, la justicia", es la rectitud de la nueva vida eterna del hombre en la tierra y así también en La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo, para todos los ángeles y para la nueva humanidad celestial e infinita de la nueva eternidad venidera. Es por esta razón, que nuestro Dios "te llama a ti", de la misma manera que "llamo a sus 'hijos e hijas' de la antigüedad", para que le sigas sólo a él paso a paso hacia la eternidad desde hoy mismo y para siempre, en el infinito de Dios y de su nueva humanidad celestial e infinita. El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el Señor Jesucristo. LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, por la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/...player-wm.asp? playertype=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com |
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