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Predeterminado LA RESURRECCIÓN.

La biblia recalca que el galardón de los justos
será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).

La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.

Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
resurrección.

Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la única
forma de galardón.
Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los fieles
vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).

A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
Jerusalén).
Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
también nosotros compartiremos un galardón similar.

Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
5:10).

Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
convertirse en polvo;
mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán vida
eterna" (Gal. 6:8)
en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.

Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
corporal,
se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
y se le dé entonces la naturaleza de Dios.

La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
tierra
para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
sepulcro
y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).

Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
Cristo,
mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
galardón
que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
galardón:

"Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte de
Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
cuerpos" (2 Co. 4:10).
"El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
esperanza, por lo tanto, esperamos
"la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
inmortalizado.

Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza en
un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería revivificado
y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.

Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).

Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló del
día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaré en
el día postrero" (Jn. 6:44,45).


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"libera" <tzebaot***gmail.com> escribió en el mensaje
news:13480feb-5627-4671-b188-76873bd255e8***e53g2000hsa.googlegroups.com...
La biblia recalca que el galardón de los justos
será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).

La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.

Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
resurrección.

Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la única
forma de galardón.
Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los fieles
vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).

A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
Jerusalén).
Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
también nosotros compartiremos un galardón similar.

Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
5:10).

Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
convertirse en polvo;
mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán vida
eterna" (Gal. 6:8)
en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.

Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
corporal,
se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
y se le dé entonces la naturaleza de Dios.

La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
tierra
para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
sepulcro
y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).

Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
Cristo,
mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
galardón
que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
galardón:

"Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte de
Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
cuerpos" (2 Co. 4:10).
"El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
esperanza, por lo tanto, esperamos
"la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
inmortalizado.

Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza en
un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería revivificado
y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.

Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).

Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló del
día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaré en
el día postrero" (Jn. 6:44,45).




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"libera" <tzebaot***gmail.com> escribió en el mensaje
news:13480feb-5627-4671-b188-76873bd255e8***e53g2000hsa.googlegroups.com...
La biblia recalca que el galardón de los justos
será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).

La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.

Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
resurrección.

Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la única
forma de galardón.
Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los fieles
vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).

A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
Jerusalén).
Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
también nosotros compartiremos un galardón similar.

Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
5:10).

Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
convertirse en polvo;
mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán vida
eterna" (Gal. 6:8)
en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.

Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
corporal,
se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
y se le dé entonces la naturaleza de Dios.

La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
tierra
para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
sepulcro
y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).

Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
Cristo,
mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
galardón
que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
galardón:

"Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte de
Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
cuerpos" (2 Co. 4:10).
"El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
esperanza, por lo tanto, esperamos
"la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
inmortalizado.

Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza en
un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería revivificado
y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.

Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).

Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló del
día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaré en
el día postrero" (Jn. 6:44,45).




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"libera" <tzebaot***gmail.com> escribió en el mensaje
news:13480feb-5627-4671-b188-76873bd255e8***e53g2000hsa.googlegroups.com...
La biblia recalca que el galardón de los justos
será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).

La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.

Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
resurrección.

Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la única
forma de galardón.
Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los fieles
vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).

A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
Jerusalén).
Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
también nosotros compartiremos un galardón similar.

Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
5:10).

Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
convertirse en polvo;
mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán vida
eterna" (Gal. 6:8)
en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.

Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
corporal,
se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
y se le dé entonces la naturaleza de Dios.

La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
tierra
para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
sepulcro
y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).

Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
Cristo,
mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
galardón
que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
galardón:

"Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte de
Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
cuerpos" (2 Co. 4:10).
"El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
esperanza, por lo tanto, esperamos
"la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
inmortalizado.

Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza en
un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería revivificado
y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.

Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).

Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló del
día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaré en
el día postrero" (Jn. 6:44,45).




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La biblia recalca que el galardón de los justos
será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).

La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.


Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
resurrección.


Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la
única
forma de galardón.
Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los
fieles
vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).


A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
Jerusalén).
Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
también nosotros compartiremos un galardón similar.


Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
5:10).


Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
convertirse en polvo;
mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán
vida
eterna" (Gal. 6:8)
en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.


Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
corporal,
se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
y se le dé entonces la naturaleza de Dios.


La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
tierra
para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
sepulcro
y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).


Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
Cristo,
mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
galardón
que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
galardón:


"Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte
de
Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
cuerpos" (2 Co. 4:10).
"El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
esperanza, por lo tanto, esperamos
"la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
inmortalizado.


Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza
en
un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería
revivificado
y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.


Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).


Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló
del
día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaré en
el día postrero" (Jn. 6:44,45).




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Predeterminado LA RESURRECCIÓN.



La biblia recalca que el galardón de los justos
será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).

La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.


Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
resurrección.


Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la
única
forma de galardón.
Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los
fieles
vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).


A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
Jerusalén).
Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
también nosotros compartiremos un galardón similar.


Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
5:10).


Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
convertirse en polvo;
mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán
vida
eterna" (Gal. 6:8)
en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.


Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
corporal,
se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
y se le dé entonces la naturaleza de Dios.


La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
tierra
para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
sepulcro
y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).


Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
Cristo,
mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
galardón
que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
galardón:


"Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte
de
Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
cuerpos" (2 Co. 4:10).
"El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
esperanza, por lo tanto, esperamos
"la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
inmortalizado.


Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza
en
un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería
revivificado
y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.


Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).


Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló
del
día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaré en
el día postrero" (Jn. 6:44,45).




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Predeterminado LA RESURRECCIÓN.



La biblia recalca que el galardón de los justos
será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).

La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.


Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
resurrección.


Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la
única
forma de galardón.
Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los
fieles
vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).


A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
Jerusalén).
Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
también nosotros compartiremos un galardón similar.


Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
5:10).


Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
convertirse en polvo;
mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán
vida
eterna" (Gal. 6:8)
en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.


Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
corporal,
se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
y se le dé entonces la naturaleza de Dios.


La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
tierra
para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
sepulcro
y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).


Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
Cristo,
mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
galardón
que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
galardón:


"Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte
de
Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
cuerpos" (2 Co. 4:10).
"El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
esperanza, por lo tanto, esperamos
"la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
inmortalizado.


Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza
en
un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería
revivificado
y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.


Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).


Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló
del
día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaré en
el día postrero" (Jn. 6:44,45).




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Predeterminado LA RESURRECCIÓN.

La biblia recalca que el galardón de los justos
será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).


La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.


Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
resurrección.


Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la
única
forma de galardón.
Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los
fieles
vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).


A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
Jerusalén).
Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
también nosotros compartiremos un galardón similar.


Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
5:10).


Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
convertirse en polvo;
mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán
vida
eterna" (Gal. 6:8)
en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.


Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
corporal,
se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
y se le dé entonces la naturaleza de Dios.


La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
tierra
para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
sepulcro
y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).


Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
Cristo,
mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
galardón
que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
galardón:


"Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte
de
Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
cuerpos" (2 Co. 4:10).
"El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
esperanza, por lo tanto, esperamos
"la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
inmortalizado.


Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza
en
un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería
revivificado
y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.


Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).


Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló
del
día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaré en
el día postrero" (Jn. 6:44,45).





On Jul 26, 1:10***am, "libera" <tzeb...***gmail.com> wrote:
> --
> --
> "libera" <tzeb...***gmail.com> escribió en el mensajenews:13480feb-5627-4671-b188-76873bd255e8***e53g2000hsa.googlegroups.com...
> La biblia recalca que el galardón de los justos
> será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).
>
> La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
> será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.
>
> Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
> resurrección.
>
> Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
> por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
> Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
> recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
> implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la única
> forma de galardón.
> Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los fieles
> vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).
>
> A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
> un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
> Jerusalén).
> Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
> energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
> también nosotros compartiremos un galardón similar.
>
> Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
> y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
> por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
> 5:10).
>
> Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
> con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
> convertirse en polvo;
> mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
> a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán vida
> eterna" (Gal. 6:8)
> en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.
>
> Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
> será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
> la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
> Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
> si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
> corporal,
> se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
> hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
> y se le dé entonces la naturaleza de Dios.
>
> La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
> una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
> explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
> tierra
> para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
> para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
> sepulcro
> y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
> también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).
>
> Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
> Cristo,
> mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
> galardón
> que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
> Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
> galardón:
>
> "Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte de
> Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
> cuerpos" (2 Co. 4:10).
> "El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
> vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
> esperanza, por lo tanto, esperamos
> "la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
> inmortalizado.
>
> Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza en
> un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
> personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
> como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
> Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
> que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería revivificado
> y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.
>
> Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
> cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
> galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
> se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
> de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
> forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
> ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
> mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
> cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).
>
> Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
> un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
> hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló del
> día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
> inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
> apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
> sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
> 11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
> una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
> complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
> postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
> todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaréen
> el día postrero" (Jn. 6:44,45).


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La biblia recalca que el galardón de los justos
será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).


La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.


Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
resurrección.


Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la
única
forma de galardón.
Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los
fieles
vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).


A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
Jerusalén).
Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
también nosotros compartiremos un galardón similar.


Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
5:10).


Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
convertirse en polvo;
mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán
vida
eterna" (Gal. 6:8)
en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.


Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
corporal,
se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
y se le dé entonces la naturaleza de Dios.


La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
tierra
para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
sepulcro
y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).


Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
Cristo,
mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
galardón
que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
galardón:


"Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte
de
Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
cuerpos" (2 Co. 4:10).
"El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
esperanza, por lo tanto, esperamos
"la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
inmortalizado.


Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza
en
un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería
revivificado
y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.


Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).


Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló
del
día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaré en
el día postrero" (Jn. 6:44,45).





On Jul 26, 1:10***am, "libera" <tzeb...***gmail.com> wrote:
> --
> --
> "libera" <tzeb...***gmail.com> escribió en el mensajenews:13480feb-5627-4671-b188-76873bd255e8***e53g2000hsa.googlegroups.com...
> La biblia recalca que el galardón de los justos
> será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).
>
> La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
> será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.
>
> Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
> resurrección.
>
> Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
> por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
> Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
> recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
> implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la única
> forma de galardón.
> Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los fieles
> vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).
>
> A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
> un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
> Jerusalén).
> Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
> energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
> también nosotros compartiremos un galardón similar.
>
> Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
> y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
> por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
> 5:10).
>
> Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
> con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
> convertirse en polvo;
> mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
> a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán vida
> eterna" (Gal. 6:8)
> en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.
>
> Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
> será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
> la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
> Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
> si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
> corporal,
> se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
> hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
> y se le dé entonces la naturaleza de Dios.
>
> La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
> una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
> explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
> tierra
> para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
> para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
> sepulcro
> y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
> también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).
>
> Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
> Cristo,
> mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
> galardón
> que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
> Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
> galardón:
>
> "Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte de
> Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
> cuerpos" (2 Co. 4:10).
> "El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
> vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
> esperanza, por lo tanto, esperamos
> "la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
> inmortalizado.
>
> Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza en
> un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
> personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
> como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
> Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
> que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería revivificado
> y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.
>
> Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
> cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
> galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
> se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
> de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
> forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
> ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
> mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
> cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).
>
> Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
> un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
> hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló del
> día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
> inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
> apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
> sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
> 11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
> una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
> complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
> postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
> todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaréen
> el día postrero" (Jn. 6:44,45).


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Antiguo 26-07-2008, 00:37:12
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Predeterminado LA RESURRECCIÓN.

La biblia recalca que el galardón de los justos
será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).


La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.


Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
resurrección.


Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la
única
forma de galardón.
Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los
fieles
vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).


A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
Jerusalén).
Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
también nosotros compartiremos un galardón similar.


Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
5:10).


Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
convertirse en polvo;
mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán
vida
eterna" (Gal. 6:8)
en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.


Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
corporal,
se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
y se le dé entonces la naturaleza de Dios.


La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
tierra
para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
sepulcro
y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).


Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
Cristo,
mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
galardón
que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
galardón:


"Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte
de
Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
cuerpos" (2 Co. 4:10).
"El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
esperanza, por lo tanto, esperamos
"la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
inmortalizado.


Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza
en
un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería
revivificado
y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.


Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).


Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló
del
día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaré en
el día postrero" (Jn. 6:44,45).





On Jul 26, 1:10***am, "libera" <tzeb...***gmail.com> wrote:
> --
> --
> "libera" <tzeb...***gmail.com> escribió en el mensajenews:13480feb-5627-4671-b188-76873bd255e8***e53g2000hsa.googlegroups.com...
> La biblia recalca que el galardón de los justos
> será en la resurrección, a la venida de Cristo (1 Ts. 4:16).
>
> La resurrección de los muertos responsables (véase el Estudio 4.8)
> será lo primero que hará Cristo; a continuación ocurrirá el juicio.
>
> Si el ‘alma’ fue al cielo al morir, no habría necesidad de la
> resurrección.
>
> Pablo dijo que si no hay resurrección, entonces todo esfuerzo
> por ser obediente a Dios es fútil (1 Co. 15:32).
> Sin duda él no habría razonado así si hubiese creído que también
> recibiría como galardón que su ‘alma’ iría al cielo al morir. La
> implicación es que él creía que la resurrección del cuerpo es la única
> forma de galardón.
> Cristo nos animó con la esperanza de que la recompensa para los fieles
> vivos sería en "la resurrección" (Lc. 14:14).
>
> A su regreso, Cristo "transfigurará este miserable cuerpo nuestro en
> un cuerpo glorioso como el suyo" (Fil. 3:20,21 – Biblia de
> Jerusalén).
> Tal como él tiene ahora un cuerpo físico literal,
> energizado únicamente por el espíritu más bien que por la sangre,
> también nosotros compartiremos un galardón similar.
>
> Los que han muerto y se han convertido en polvo despertarán
> y cantarán (Is. 26:19). En el juicio recibiremos una recompensa
> por la forma en que hemos llevado esta vida en forma corporal (2 Co.
> 5:10).
>
> Aquellos que han llevado una vida carnal serán dejados
> con su actual cuerpo mortal, el cual se volverá a corromper hasta
> convertirse en polvo;
> mientras que aquellos que en sus vidas han tratado de vencer
> a la mente de la carne con la del Espíritu, "del Espíritu segarán vida
> eterna" (Gal. 6:8)
> en la forma de un cuerpo activado por el Espíritu.
>
> Hay amplia evidencia adicional de que el galardón de los justos
> será en una forma corporal. Una vez que se acepta esto,
> la importancia vital de la resurrección se hace evidente.
> Nuestro cuerpo actual claramente cesa de existir al morir;
> si sólo podemos experimentar vida eterna e inmortalidad en una forma
> corporal,
> se desprende que la muerte debe ser un estado de inconsciencia
> hasta aquel tiempo en que nuestro cuerpo sea re-creado
> y se le dé entonces la naturaleza de Dios.
>
> La totalidad de 1 Co. 15 trata en detalle acerca de la resurrección;
> una cuidadosa lectura será siempre provechosa. 1 Corintios 15:35-44
> explica que así como una semilla se siembra y luego emerge de la
> tierra
> para que Dios le dé un cuerpo, así también se levantarán los muertos
> para que se les recompense con un cuerpo. Como Cristo se levantó del
> sepulcro
> y su cuerpo mortal fue transformado en un cuerpo inmortalizado,
> también los verdaderos creyentes compartirán su galardón (Fil. 3:21).
>
> Por medio del bautismo tomamos parte en la muerte y resurrección de
> Cristo,
> mostrando nuestra creencia de que también nosotros compartiremos el
> galardón
> que él recibió por medio de su resurrección (Ro. 6:3-5).
> Al compartir ahora sus sufrimientos, también compartiremos su
> galardón:
>
> "Llevando en el cuerpo [ahora y] siempre por todas partes la muerte de
> Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros
> cuerpos" (2 Co. 4:10).
> "El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también
> vuestros cuerpos mortales por su Espíritu" (Ro. 8:11). Con esta
> esperanza, por lo tanto, esperamos
> "la redención de nuestro cuerpo" (Ro. 8:23), cuando ese cuerpo sea
> inmortalizado.
>
> Desde tiempos remotos el pueblo de Dios ha entendido esta esperanza en
> un galardón corporal literal. A Abraham se le prometió que él,
> personalmente, heredaría la tierra de Canaán para siempre, tan seguro
> como cuando él la recorrió de un extremo al otro (Gn. 13:17; véase el
> Estudio 3.4). Su fe en esas promesas habría requerido su creencia de
> que de, algún modo, su cuerpo, en una fecha futura, sería revivificado
> y hecho inmortal, de manera que esas promesas fuesen posibles.
>
> Job claramente expresó su entendimiento de que, a pesar de que su
> cuerpo sería comido por gusanos en el sepulcro, él recibiría su
> galardón en una forma corporal: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin
> se levantará sobre el polvo ["al fin aparecerá en la tierra" – Biblia
> de Jerusalén]; y después de desecha esta mi piel, en mi carne [o en
> forma corporal] he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis
> ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de
> mí" (Job 19:25-27). La esperanza de Isaías era idéntica: "Sus
> cadáveres resucitarán" (Is. 26:19).
>
> Palabras muy similares se hallan en el relato de la muerte de Lázaro,
> un amigo personal de Jesús. En vez de consolar a las hermanas del
> hombre, diciendo que su alma se había ido al cielo, el Señor habló del
> día de la resurrección: "Tu hermano resucitará". La respuesta
> inmediata de Marta, una de las hermanas de Lázaro, muestra cuánto
> apreciaban esta esperanza los primeros cristianos: "Marta le dijo: Yo
> sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (Jn.
> 11:23,24). Como Job, ella no creía que la muerte fuese la entrada a
> una vida de arrobamiento en el cielo, sino que, en cambio, se
> complacían en la esperanza de una resurrección "en el día
> postrero" (compárese con Job, "al fin"). El Señor promete: "Así que,
> todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él... yo le resucitaréen
> el día postrero" (Jn. 6:44,45).


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