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| Existen dos versiones sobre la actitud de Franco ante la IIGM. Los historia dores contrarios, afirman que su intención-la de Franco-fué asociarse a sus amigos nazifascistas, y que fué rechazado por Hitler su ofrecimiento a par ticipar en el conflicto. Por su parte, los historiadores de la derecha, ex ponen como título de honra para el ferrolano, su negativa a entrar en un con flicto que hubiese destruido a la ya arrasada España hasta sus cimientos. Como casi siempre ocurre, ambas afirmaciones se basan en aspectos parciales de la realidad. Cuando se escribe imparcialmente, se corre el riesgo de en frentarse con una de las dos facciones: defensores y denostadores de Franco. Sin embargo, lo cierto es que Franco hizo ambas cosas. Quiso participar en la IIGM, cuando creyó que podría sacar ventajas, y eludió entrar en el con flicto cuando Hitler se lo exigió, porque vio claramente que si lo hacía esta ría apostando por el caballo perdedor. Primero, analizaremos los "poderes de Franco" en 1939. Y luego, las tres eta pas por las que atravesó su relación con sus antiguos valedores nazifascistas. ¿Qué tenía Franco en la mano en 1939? Muy poca cosa. Un país arruinado, mate rial y físicamente. En el primer aspecto, el 43% del parque móvil de la RENFE, o sea, las locomotoras, estaba destruido, lo mismo que el 52% de los vagones, con lo que eso suponía en una época de predominante circulación ferroviaria. El parque de viviendas destruidas, total o parcialmente, alcanzaba al 48% del total nacional. La peseta, como consecuencia del expolio frentepopulista del Tesoro del Banco de España, unido a la depreciación propia de toda guerra, va lía veinte veces menos de su valor real en la época republicana. El 33% de la superficie agraria cultivable estaba en barbecho, o como decimos en Galicia, "a monte". El parque de tractores y máquinas agrícolas, que nunca fué abundan te, se había reducido a un 28% del existente al inicio del incívico conflicto. Por lo que se refiere a la marina mercante-base del comercio exterior en la época-se había perdido un 25% del existente en la fase republicana. En el as pecto humano, se debe señalar que el período de escaseces propiciado por la guerra, alzado una sobremortalidad-por enfermedades sin tratamiento, hambre y escasez-del 26% superior al período de preguerra. La tisis hacía estragos, lo mismo que el tifus. La población estaba infraalimentada por la falta de cosechas estables durante el trienio bélico, lo que obligó a imponer un racio namiento estricto, que dió lugar al "estraperlo" de alimentos y bienes de pri mera necesidad. España necesitaba, urgentemente, abonos químicos, material de repuesto para su casi destruida industria, material rodante, medicamentos, tri go, avena y cebada, la reposición de su marina mercante, y la urgentisima cons trucción de no menos de 350.000 viviendas para gente sin techo. Éste era el verídico panorama que divisaba, desde "El Pardo", el militar victorioso en la más sangrienta guerra civil de nuestra Historia. Un completo desastre. Por lo que toca al exterior, hay que reconocer que los acontecimientos le vinie ron impuestos a Franco, por otras voluntades más fuertes que la de él. Cuando Hitler atacó Polonia, en unión de PAPASTALIN-un benefactor público, como de to dos es sabido-a Franco le pareció muy mal que se atacase y desmenbrase a un país católico. Pero, ante la reacción bélica de Francia e Inglaterra-ningún historiador ha explicado porqué las democracias le declararon la guerra única mente a Hitler, y se olvidaron de su "socio" STALIN-que sumergía a Europa en pleno caos bélico, Franco se ofreció como mediador para "tratar la paz", por que estimaba que nada bueno podría salir de un conflicto entre europeos. Pero a su ofrecimiento nadie le hizo caso. Por lo tanto, se limitó a lo que estaba en su mano, y declaró "la estricta neutralidad española" en el iniciado conflic to. Su actitud cambió, cautelosamente, cuando Alemania derrotó estrepitosamente a Francia en Junio de 1940. En ése momento, Franco "recordó" que a España podían venirle muy bien las posesiones francesas en el norte de Africa. Concretamen te deseaba apoderarse del Marruecos francés, del Oranesado y de Argelia-los dos últimos habían sido españoles durante la época de Carlos V-para "colonizarlos con españoles" y aliviar así la presión agrícola y laboral peninsular. Unos te rritorios de expansión, a los que Falange, con su grandilocuencia habitual ca lificó de "Imperio". Con éste propósito, Franco escribió a Hitler una carta en la que, velada y pru dentemente, insinuaba que el Ejército español, muy bien podría recuperar Gi- braltar y cerrar así el Estrecho, bloqueando el acceso al Mediterráneo de Ingla terra, que perdería Malta, y a continuación Egipto, lo que sería un golpe tan duro que disuadiría a USA de entrar en guerra al lado inglés, y forzaría a Chur chill a una paz de compromiso. Claro que todo esto no se lo explicaba Franco a Hitler, sino que se limitaba a exponer una serie de contrapartidas a su ofre cimiento. Primero, las posesiones francesas africanas. Segundo, la no participa ción de tropas españolas en territorio bélico europeo. Tercero, la exigencia de que el solar ibérico debía quedar fuera de cualquier introducción de tropas alemanas en un futuro próximo. Es decir, Franco quería una guerra corta, sin intervención de tropas en nuestro suelo, y con un precio importante. Esta era "su oferta". Hitler no le hizo ningún caso. Primero porque después de la derrota de Francia, creyéndose invencíble, perdió un tiempo precioso tratando de convencer a Ingla terra de que aceptase la paz. Que se basaría en el siguiente reparto: Inglate rra conservaría su Imperio, y el dominio de los mares; Alemania sería dueña de Europa central y oriental, hacia dónde pensaba orientar su derecho a su "espa cio vital" o lebensraum, a base de colonizar las estepas rusas con sanos campe sinos alemanes, "arios puros", y gozar durante el "Reich de los Mil Años"· de las ventajas políticas y económicas de la explotación intensíva de tan vastos territorios. En éstas vanas imaginaciones dejó pasar un tiempo precioso-casi todo el verano de 1940-posibilitando que Inglaterra se rearmase y atrincherase en espera de la embestida germana que se produciría cuando Hitler recibiese la negativa de Churchill al "compadreo" que le proponía. Por su parte Franco, decidió esperar y ver. Cuando Inglaterra rechazó el ofre cimiento "pacífico" del austríaco, sintió la necesidad de redoblar su cautela. Y ésta impresión se reforzó al ver como Hitler no era capaz de alzarse con la victoria durante la Batalla de Inglaterra, en la que su aviación no pudo ter minar con la inglesa y garantizar el paso del canal de las tropas alemanas des tinadas en la operación "León Marino", a la invasión de las islas. Fue precísa mente el fracaso de ésa invasión, la que hizo que Franco se diese cuenta de que había mucha guerra por delante y a España no le convenía entrar en ella, ya que además, no tenía nada que ganar. Hay que decir que dicha impresión se con firmó en Franco durante la famosa "Entrevista de Hendaya" con Hitler. Cabe de cir que Franco, ante la actitud de resistencia inglesa, ya no tenía intención bélica alguna, pero el propio Hitler le hizo ver en la famosa entrevista, que España no podría esperar nunca hacerse con los territorios franceses norteafri canos, ya que a Alemania no le convenía indisponerse con el régimen colaboracio nista de Vichy, presidido por Pétain. Esta actitud alemana fué la que propició el comentario de Franco a su cuñado Serrano Súñer..."estos quieren meternos en su guerra a cambio de nada". De todo lo anterior, caben distinguir tres etapas en la actuación de Franco. La primera, de disgusto profundo ante la invasión de Polonia, y su ofrecimiento de "mediación" entre las democracias y el nazismo para conseguir la paz. En ése primer momento declara la neutralidad, que nunca abandonará. La segunda etapa, "posibilista", propiciada por las fulminantes victorias ale manas, que le hacen entrever la oportunidad de hacerse con colonias africanas francesas, con muy bajo coste para España, que quedaría líbre de la interven ción alemana en su territorio. Hitler desdeña tal ocurrencia. La tercera y última posición de Franco se consolida alrededor del mantenimiento de la neutralidad vista la reacción inglesa y el fracaso alemán ante la misma. A partir de entonces, decide no "meterse en líos", y llega a Hendaya completa mente decidido a no dejarse arrastrar por Hitler, impresión que se vió acrecen tada ante la actitud del canciller alemán, acerca de las posesiones francesas en Africa. Como se ve, la actitud de Franco tiene los suficientes matices-impuestos por unas circunstancias que le venían "forzadas" de afuera-que la símple afirma ción de que "quiso intervenir en la guerra pero Hitler no le dejó", lo mismo que la de que "jamás pensó en intervenír en el conflicto bélico", no dejan de ser verdades parciales que sirven para defender las respectivas visiones de sus detractores y sus defensores, pero que no contemplan en su totalidad la realidad histórica que, pudiendo haber sido de otra forma, fué como fué. Con todo, cabe destacar su actitud precavida y cautelosa, que le permitió contem plar a distancia y "sin mojarse", unos acontecimientos en los que el destino de España estuvo en riesgo por parte de unos y otros. Con todo, hay algo que no se desea reconocer por parte de sus detractores, y es la firmeza con la que sostuvo su decisión de mantenerse al margen una vez adoptada. Porque desde fi nales de 1940-la entrevista en Hendaya se celebró el 23/10/1940-hasta prácti camente finales de 1942, estuvo resistiendo las presiones de Hitler en favor de la entrada en guerra de nuestro país. Dichas presiones fueron culminantes en la primera parte de 1941, en la que a todo trance Hitler quería aplicar su "operación Félix"-la toma de Gibraltar, ofrecida por Franco un año antes- y llegó a tener preparado un cuerpo de ejército con destino a su entrada en España, forzando si preciso fuese, a las autoridades españolas a la entrada en el conflicto. Fué la decidida afirmación de Franco de que "se defendería contra quien atacase a España, fuese quien fuese", así como las informaciones del jefe del contraespionaje alemán, almirante Canaris, acerca del número de divisiones necesarias para someter a España, las que disuadieron a Hitler de sus propósitos. Las divisiones las necesitaba para atacar a Rusia, y no dudó en acusar a Franco de "caudillo entregado a los curas e incapaz de gobernar a una gran nación". Además, le escribió, personalmente a Franco una frase que resultó profética..."Nunca, Caudillo, le perdonarán su victoria". No cabe du da que acertó de pleno. |
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