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| ¿De dónde salió la idea de España como Nación fallida? ¿Quien comenzó a exten der la idea de una Nación incompleta, quebrada, sostenida, únicamente, por el poder de las armas castellanas? El mero hecho de discutir en éste GRUPO, lo que es o deja de ser una Nación, ¿no obedece en cierto sentido, a la extendi da noción de España como algo inviable, artificial, arbitrario? Me propongo analizarlo, y exponer mi argumentación al libre debate de quien lo considere oportuno. Comenzaré diciendo que la idea de una Nación inhóspita y tiránica, obedeció, en buena parte a la Leyenda Negra. A partir de ahí, el fenómeno adquirió una difusión extranjera, que fué interiorizado por un sector de la sociedad españo la, y que llega hasta nuestros días. Bartolomé de las Casas fué un obispo que se cansó de lanzar memoriales a la Corona clamando contra el abuso que se ejercía sobre los indios. ¿Mentía? La verdad es que no. El obispo se llevaba las manos a la cabeza cuando veía como se incumplían las Leyes de Indias, dictadas por Isabel la Católica, que prohi bían maltratar, esclavizar y explotar a los indios, y establecían que fuesen instruidos en religión y en el idioma castellano. Ciertamente los encomende ros y tratantes en las Indias, se pasaban las regias disposiciones por la bra gueta-dicho sea con perdón-y con la complicidad o vista gorda de las autorida des explotaban a la población indígena a base de bien. Contra este abuso cla maba el obispo, que, por cierto, también había sido un explotador hasta que se arrepintió. ¿Lo hicieron peor los españoles que otras naciones colonizadoras? Dudosa afir marlo. Ahí están los anglosajones de las trece colonias de Norteamérica que exterminaron a una población aborígen de seis millones de indios, y a poco más de cien mil que restaron, los encerraron en "reservas". Los españoles, que se sepa, hicieron bastantes brutalidades durante la Conquista; pero no llega ron al virtuosisimo de los ingleses y holandeses de Nueva York, que proporcio naron a los indios de aquella zona mantas utilizadas por enfermos de viruela y extendieron una epidemia-completamente adrede-que diezmó a la población abo rígen de la zona. Claro que los españoles también contagiaron la viruela a los indios, pero no de aquella manera. Una ventaja tenían los españoles sobre los anglosajones: no eran tan racistas. Se mezclaron con la población aborígen y dieron lugar a un importante fenómeno de mestizaje, que perdura en los paí ses que pertenecieron a la Corona española. Ahí está Méjico, Perú, Venzuela... entre otros. Hoy, los historiadores serios, no dudan en afirmar que los espa ñoles no fueron peores en éste sentido que otros países en sus mismas circuns tancias. Sin embargo, por motivos bien significativos, holandeses e ingleses se aprove charon de las denuncias de Las Casas, para extender la leyenda de un país ti ránico, criminal y voraz de riquezas, que exterminó a la población autócto na de extensas regiones. Como si ellos, hubiesen ido allí "por amor al arte y a la Humanidad", a cuidar de los pobrecitos indios tan maltratados por los ase sinos hispánicos. Lo que querían, los muy pícaros, era apoderarse de las pose siones hispanas y explotarlas a su sabor; no tenían el menor interés por los aborígenes, era, sencíllamente el "quítate tú, que ahora me pongo yo a explo tar las riquezas de tus posesiones". Tan sencillo y brutal como eso. Un sector de los ilustrados de fín del XVIII, y otro de los liberales del XIX, recuperó ésa Leyenda Negra, y no dudó en utilizarla contra el Despotismo Ilus trado y el absolutismo fernandino. Ellos fueron los principales difusores, en nuestro solar del mito de una Nación despótica y tiránica, que no les gustaba, y que decideron "refundar". La lucha contra la tiranía de Fernando VII-un mo narca nefasto, corrupto, traidor, golpista y canalla; y aún me quedo corto-le sirvió a un sector del liberalismo, constituido en "progresismo", para luchar contra la Corona española. Que les dió abundantes motivos para odiarla, y en su nombre, odiar a una España que les desagradaba profundamente. Sencíllamen te, preferían dejar de ser españoles, antes que seguir debajo de una Dinastía corrupta. Tuvieron muy mala suerte, porque después del Trienio Liberal de Rie go, se restableció el absolutismo en España por medio del ejército francés, que vino a echarle una mano a Fernando VII. Después de la derrota napoleónica, la Santa Alianza, decidió restablecer el Absolutismo en Europa. Los libera les volvieron a sublevarse contra Fernando VII en 1830, y volvieron a fraca sar. Luego, con Isabel II, un sector del liberalimso progresista, achacó a la Dinastía el conflicto sucesorio que provocó las Guerras Carlistas. Eso motivó a su vez, que Isabel II les pusiese la proa, y que en sus veinticinco años de reinado, se valiese de los moderados para gobernar; los "progresitas" sólo lo graron formar gobierno dos años, en tan dilatado período, lo que incrementó su odio a la Corona, y su descontento con la Nación, que estimaban inviable en semejante estado de cosas. La expulsión de Isabels II, dió lugar al famoso Sexenio Revolucionario, en el que se experimentó una serie de combinaciones que no dieron resultado. La Regencia, la entronización de Amadeo I de Saboya, la Primera República federalista, que devino en cantonalismo, la dictadura re publicana, a manos de Castelar y el general Zabala...y por fín el golpe de Es tado de Martínez Campos en Sagunto, que entronizó de nuevo a los Borbones con Alfonso XIII y dió lugar a la Restauración. A partir de ahí, el progresismo hispano, que no tuvo una sola idea original y se nutrió siempre de las aportaciones extranjeras, abrazó el "krausismo" al propio tiempo que aparecía, dentro de ése mismo progresismo lo que hoy como cemos por izquierda, que heredó todos los tics y achaques de sus antecesores acerca de la invertebración de España y de su inviabilidad como ente nacional. Ciertamente, la izquierda pronto se asoció al movimiento europeo socialista en la Primera Internacional, pero antes, debemos señalar la nefasta ideología extendída por el "krausista" Julián Sanz del Río y sus discípulos, que habla ban de "rehacer" un Estado federal, sin imposiciones centralistas, con derecho a secesión de las partes que se considerasen oprimidas, ya que España "nunca fué una Nación". Esta ideología, penetró el pensamiento de izquierdas herede ro del inconformista progresismo e introdujo en sus seguidores la pertinaz sensación de vivir en un país que era una "cárcel" para las diversas partes que lo malconstituían. Esta ideología fué continuada por la Institución Líbre de Enseñanza, de Giner de los Ríos, Francisco Ferrer i Guardia, Ganivet, Macías Picavea, ctc. Y es la que aún impregna a la izquierda actual, que de la mano de Zapatero camina hacia la refundación de la España Confederal, que es, según su particular criterio, la única forma viable de Nación y Estado para nuestro país. Por eso, a la izquierda le disgusta profundamente la idea de España man tenida a lo largo de siglos de unión-forzada, segúin ellos-y coinciden con el nacionalismo separatista, y fueron con él de la mano en todas las revoluciones para destruir un ente nacional que odiaban. De ahí la idea zapaterina de que el término nación para España sea algo "discutible y discutido". La misma idea de "refundación" la tuvieron Azaña y sus seguidores de izquierda burguesa que trataban, a través de la Segunda República, de hacer un nuevo país del que, ne cesariamente debían excluir a las derechas, si quería lograr su propósitos. Lo mismo que Zapatero hace en la actualidad. No inventa nada nuevo. El nacionalismo jamás tuvo una idea propia. Su trayectoria deriva del liberalis mo y sus derivaciones idealistas y románticas, difundidas por Fichte y Herder, filósofos alemanes que extendieron la noción de el "derecho nacional a ser una nación por tener una misma lengua: el alemán". Claro que Alemania, al revés que España no existía como Nación a primeros del XIX. Estaba disgregada en diversos Estados y regiones, muchas de las cuales estaban ocupadas por los ejércitos na poleónicos. Los filósofos idealistas alemanes, reividicaron el derecho a formar un solo ente nacional, a partir de la lengua. Y esto lo copiaron los precurso res nacionalistas hispanos, olvidando que la lengua en Alemania iba a ser un instrumento de "unidad nacional", que en España ya existía hacía siglos, y en la que la utilización de las diferentes lenguas regionales, en lugar de ser un instrumento de unión, lo iba a ser de disgregación. Error en el que persisten a fecha de hoy. Todo esto, que parece muy complicado, lo entenderemos mejor si consideramos que el primitivo "nacionalismo" no pasó de ser un "provincialismo" en orígen. En Cataluña el provincialismo barcelonita, y en Vascongadas el pro vincialismo "bizkaitarra" aranista. Luego, Con Prat de la Riba, Valentí Almi rall y compañía, pasó a ser un nacionalismo "regionalista", al propio tiempo que los seguidores de Arana, ya a comienzos del siglo XX, extenderían el primi tivo bizkaitarrismo a nacionalismo euskaldún. El Desastre de 1898, dió lugar a que izquierdas y nacionalismos compartieran, al fín, algo común: su idea de la inviabilidad de España nacional. Ciertamen te, ambos movimientos poco tenían en común en orígen. El nacionalismo vasquis ta y el "catalanisme", fueron siempre y siguen siendo, movimientos derechistas, conservadores, reaccionarios y partidarios de una sociedad estamental en que unos pocos privilegiados gobiernen a su "pueblos elegidos". Por contra, el iz quierdismo está teñido de ideales internacionalistas, de liberación de las clases explotadas, y la hermandad universal de la clase trabajadora. Como se ve, las diferencias entre ambos movimientos eran, y son, abrumadoras. Sin embargo, la pérdida de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam, les brindaron la oportuni dad de exponer, una vez más, su teoría de la "refundación nacional". Ahora era la ocasión para las izquierdas de hacer "un nuevo país en el que se sintiesen cómodos"; y los nacionalistas apoyaron ésa pretensión alegando que ellos tam bién deseaban una nueva España generosa que librase a sus regiones oprimidas de su tiranía secular, para, a través de una primera etapa "confederal", que compartían con la izquierda, llegar a la soñada independencia de sus respecti vos territorios. Toda la posterior cadena de acontecimientos, desde las revoluciones contra la Restauración, la expulsión de Alfonso XIII, la Segunda República y, tras el pa réntesis franquista, la actual monarquía juancarlista, giran alrededor de el ideario arriba expuesto, con variaciones circunstanciales producidas a lo lar go de las etapas históricas citadas, y hoy completamente vigentes, en que de la mano de un Presidente que, dentro de la mejor tradición izquierdista-progresis ta, quiere "refundar España", para que todos "están cómdos en ella", pretensión imposíble, porque los objetivos difieren, porque una parte sensíble de la so ciedad lo repele, y porque el nacionalismo desea alejarse radicalmente de Espa ña y todo lo que representa, y porque parte de la premisa errada de que España jamás ha existido como ente nacional. Lo que equivale a negar la realidad que desagrada y sustituirla por una entelequia impracticable, como no sea a costa de destruir una sociedad que lleva siglos unida, con tradiciones y lengua comu nes-que se pretenden negar-y con un sentimiento de afección nacional que, díga se lo que se quiera, persiste en una importante masa social de nuestro país. Y por olvidar todos esos factores-importantísimos-fracasaron las dos Repúblicas, hubo una Guerra civil sangrienta e injusta desde cualquier punto de vista, y cuatro décadas de régimen autoritario...que han devenido en la actual monarquía que ha dado alas de nuevo a las pulsiones ocultas en la parte disconforme de la sociedad española, y nos ha metido de nuevo en el siniestro tobogán del odio, la desafección, el desprecio y desconfianza entre hermanos, y en el serio ries go de destrucción de nuestro patrimonio común. Tantas vueltas dadas....para volver siempre al mismo sitio. De pena. Nota: Doy por cumplido el encargo de Alboroto. Por cierto, creo que el sistema provincial fué puesto en marcha por Javier de Burgos, en 1833...¿o fué en el 37? Bueno, en cualquier caso, las Diputaciones Provinciales fueron creadas en 1842. Saludos. |
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