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  #1 (permalink)  
Antiguo 03-07-2008, 13:20:26
gsmiga
 
Mensajes: n/a
Predeterminado GRUPO DE ANALISIS: Sobre la República.

En primer término, afirmo que soy republicano. Desde siempre. Lo fuí cuando
muchos vestían camisa azul-Fraga, sin ir más lejos-y levantaban el brazo al
paso del invicto Caudillo. Y lo seguí siendo, cuando muchos de los fieles,
"inasequíbles al desaliento", mudaron su adoración por Franco, y la traspa
saron a su sucesor, el augusto monarca que hoy reina sobre la Nación. Al re
vés que Solbes-director general de comercio exterior en algún Gobierno fran
quista-o que el difunto Francisco Fernández Ordóñez-Secretario General Téc
nico de Administración Pública también en Gobiernos franquistas-o el mismí
simo José Barrionuevo Peña (condenado por la trama del GAL)-y director gene
ral de Trabajo en Gobiernos franquistas-ni soy socialista, ni federalista,
ni autonomista. Es más, creo que el régimen autonómico ha sido la peor ocu
rrencia y la mayor desgracia para nuestro país.
Una vez dicho lo que antecede, para que nadie se llame a engaño, quisiera
comentar una nota aparecida en este foro acerca de una REPUBLICA NACIONAL
que según he leído se está promocionando. Y también voy a comentar, poste
riormente, algunas réplicas al citado artículo.
A mí me parece bien una República Nacional, con un régimen descentralizado
provincial y basado en las Diputaciones. Me parece un adelanto inmenso, con
el fín de cortar el paso a la política de clientelismo y corrupción oligár
quica que ha traido consigo el régimen autonómico. Y me parece muy bien que
sólo existan unas Cortes unicamerales, ya que la existencia del Senado como
Cámara de segunda lectura no resuelve nada y es una fuente onerosa de privi
legios que recarga con gastos sin cuento la Administración General del Esta
do, para lo poco que sirve. También creo un avance que se termine con la des
centralización política autonómica y se transforme en una símple descentrali
zación administrativa, arrebatando así la capacidad de enredar, pastelear
y corromper a las oligarquías localistas. Por otra parte, me parece un atra
so que para vivir en una teórica democracia-de boquilla, como vemos a dia
rio-haya que otorgar privilegios inasumíbles a ciertas élites de poder regio
nal. No se pueden admitir "conciertos", ni "cupos", ni "balanzas fiscales",
ni "asimetrías" que rompan la igualdad y libertad de todos los españoles, y
hagan recaer en el lugar de nacimiento-sea éste cual sea-los derechos y la
calidad y forma de vida de sus naturales, privilegiándolos sobre los otros
conciudadanos nacidos en diferentes lugares. Éso es lo más antidemocrático
que puede existir. Por eso, la República que venga debe ser "nacional y uni
taria", sin ninguna duda.
Ya he explicado en nota anterior las ventajas que, a mi juicio, representa el
poder elegir a un Presidente cada cuatro años, en lugar de sostener a toda una
"familia regia", rodeada de privilegios insostenibles dialéctica y moralmen
te, en un país que blasona-en teoría-de libertad e igualdad entre todos sus
ciudadanos. La dificultad que ponen los que afirman que tal elección democrá
tica sería muy onerosa para el Estado, olvida que aquí estamos muy ha
bituados a tener procesos electorales múltiples, sin que nadie se queje por
ello. Y además, se podrían convocar elecciones conjuntas para la Presidencia
de la República y las Cortes, con lo que tales gastos formarían parte de una
única elección común, y ya no serían tan "inasumíbles" como afirman sus de
tractores. Más sentido tiene la objeción acerca de la falta de neutralidad
política de un Presidente elegido mediante su presentación por un partido de
terminado. Pero éso tiene fácil solución si se obliga legalmente al Presiden
te electo a darse de baja en su afiliación política correspondiente, y du
rante todo su mandato. Además, habría que decretar que ningún mandatario pu
diese extender su función más allá de dos legislaturas-ocho años-con lo que
quedaría soslayado el inconveniente acerca de su posíble parcialidad. Pero
habrá que señalar que eso de la "neutralidad" no está garantizado ni siquiera
con la realeza. Hace muy poco tiempo, el monarca alabó sin medida al señor
Zapatero-cosa que no hizo con ningún antecesor-y afirmó que sabía muy bien
hacia dónde iba-como si los anteriores madatarios fuesen unos desorientados
totales-y sin explicar cual es ésa dirección que tan bien conoce y que los
demás ignoramos.
Algún comentarista de éste foro señaló que el asunto del provincialismo y su
administración por las Diputaciones, le sonaba a franquista. Pues lo cierto
es que la división administrativa provincial y el régimen competencial de las
Diputaciones son cosa del siglo XIX. No las inventó Franco. NI la Segunda Re
pública, ni la Restauración, ni la Primera República. Todos ésos regímenes
vivieron en régimen administrativo "provincial"-excepto los últimos meses de
la Primera República con su degeneración "cantonalista"-y ninguno de ellos
lo abolió legalmente. Pero vamos a ver...¿cual es la administración más pró
xima al ciudadano? Está claro: el municipio. Y después del municipio...¿cual
es la más próxima? La provincia. ¿No se trata de acercar la administración pú
blica a la ciudadanía? Pues sí, éso es lo que nos cuentan. Y entonces, aga
rran, y se inventan el régimen autonómico, completamente artificial-y descono
cido en el resto de Europa, muchos de cuyos Estados tienen estrucutura "fede
ral"-y nos lo encasquetan con su parlamento, su gobierno y sus élites privi
legiadas, para que nos gobiernen a los indígenas de las respectívas comunida
des. Hemos de sufragar dobles impuestos-los del Estado central, y los de los
miniestados regionales-para que unas familias determinadas se hagan dueñas
de un territorio en colaboración con los partidos que representan, y se dedi
quen a promocionar sus respectívos intereses en prejuicio de los generales
de la Nación. Y entonces nos encontramos con una doble administración, que se
solapa, se entorpece mutuamente con multitud de normativas particularistas
que dificultan el desarrollo industrial, comercial y social de las regiones,
que imponen estúpidamente lenguas vernáculas, en perjuicio de la común que es
idioma de comunicación universal, que se dedican a utilizar la educación pa
ra inyectar en vena a las nuevas generaciones sus utopías identitarias, y como
laboratorio de ingeniería política y social que poco tiene que ver con el de
recho de la gente a ser ella misma, a pensar por su cuenta, y a elegir su
proyecto vital sin intromisiones por parte de lobbies de poder que desean ex
tender sus criterios a la masa de la población para manejarla a su sabor.
Por todo eso, el régimen autonómico es demasiado oneroso para tan indeseables
resultados. Lo cual acredita la necesidad de que la nueva República, cuando
llega-y si llega-sea algo completamente distinto a lo que hay. Porque para se
guir igual, ya tenemos a la monarquía.
Es muy importante señalar que el advenimiento de una nueva República, no pue
de ser consecuencia de la agitación política, ni de un golpe revolucionario
civil-como ocurrió con la Segunda República-ni militar-como ocurrió con la Pri
mera República-, ni con maniobras antijurídicas de ninguna clase. La Repúbli
ca es un régimen de todos y para todos. Su advenimiento debe ocurrir por mayo
ritario apoyo social. Y dicho apoyo debiera ser confirmado por el correspon
diente referéndum nacional que lo ratificase. No se puede admitir bajo nin
guna circunstancia una República producto del pasteleo y la traición de élites
políticas o sociales que se aprovechen de posíbles dificultades, que puedan
surgir con el correr del tiempo, para dar el cambiazo fraudulentamente. El
movimiento en apoyo de la República debe ser cívico, razonado y legal. Se pue
de y se debe trabajar, debatir, informar y expandir el ideal republicano sin
abandonar los cauces del rigor intelectual, político y social. Cualquier otra
forma de advenimiento de la República no sería admisíble, y contribuiría a su
desprestigio desde el momento mismo de su orígen. Y eso ningún republicano
honesto y amante de España lo puede admitir. Porque antes que cualquier monar
quía o República, están los ciudadanos, el país, que tienen derecho a vivir y
cambiar de régimen-si así lo llegan a desear-sin sobresaltos ni abusos de nin
guna clase. Y naturalmente, eso exluye cualquier tipo de algaradas, agitacio
nes y embustes, que nunca pueden justificar un deseo de cambio legítimo pero
ordenado. No se puede esperar que se instaure en el país un sentimiento repu
blicano de la noche a la mañana. Hay que trabajar, razonar y convencer. Y to
do eso lleva su tiempo. Pero el empeño lo merece.
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  #2 (permalink)  
Antiguo 04-07-2008, 11:24:50
CENTRINO
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: GRUPO DE ANALISIS: Sobre la República.

Yo, ni me siento monárico, ni antimonárquico, ni republicano, ni
antirepublicano.

Siendo conservador en el sentido de que me gustan las tradiciones, que son
la impronta propia que distingue a las diversas naciones, la institución
monárquica cumple con larga tradición habiendo sido capaz, aunque fuera a
base de palos de adaptarse a los tiempos que corren.

Por otra parte, la lógica, me dice, que no tiene lógica el que una persona
sea digna de dignidades por la mera razón de su cuna.

Pero bueno, hay que reconocer, (en mi subjetividad), que los Borbones tienen
"precensia" y actúan en muchos casos, como buenos embajadores e incluso,
aunque no decidan, son medianamente respetados por lo que en teoría
representan, cuando actúan de mediadores en nuestra política interna, (y
recuerdo el 23F).

Dicho lo anterior, coincido plenamente contigo, en que nuestro estado
autonómico, es la redundancia e ineficacia administrativa en estado puro y
que ha sido creado artificialmente en función de las necesidades de los
oligarcas regionales del momento.

Ahora que vamos a pasar por una violentísima crisis, que puede generar
incluso graves desórdenes sociales y disturbios, puede ser considerada la
cosa por unos como una oportunidad para deslizar propuestas descabelladas,
al estilo Ibareche, y que si colaran en medio del marasmo social, pues eso,
colarían.

Para otros, y me encuentro entre ellos, creo que no es época de menear nada,
puesto que bastante meneo vamos a tener.

En cualquier caso, coincido en que hay que rebajar bastante el estado
autonómico, pero no sería capaz de proponer tanto como volver a la
estructura provinciana al más puro estilo napoleónico.

En cambio, vería mejor, una circunscripción nacional para elegir al
ejecutivo, que tendría el doble efecto de implulsar la separación de poderes
y consolidar un ejecutivo representativo no de los territorios que para eso
están las cámaras, sino representante de la Nación española.

Coincido con tu análisis sobre el Senado; es una cámara innecesaria tal
y como se ha planteado y de hecho, mal funciona.

Saludos


"gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje
news:q90vj5-6q.ln1***news.uned.es...
> En primer término, afirmo que soy republicano. Desde siempre. Lo fuí
> cuando
> muchos vestían camisa azul-Fraga, sin ir más lejos-y levantaban el brazo
> al
> paso del invicto Caudillo. Y lo seguí siendo, cuando muchos de los fieles,
> "inasequíbles al desaliento", mudaron su adoración por Franco, y la traspa
> saron a su sucesor, el augusto monarca que hoy reina sobre la Nación. Al
> re
> vés que Solbes-director general de comercio exterior en algún Gobierno
> fran
> quista-o que el difunto Francisco Fernández Ordóñez-Secretario General Téc
> nico de Administración Pública también en Gobiernos franquistas-o el mismí
> simo José Barrionuevo Peña (condenado por la trama del GAL)-y director
> gene
> ral de Trabajo en Gobiernos franquistas-ni soy socialista, ni federalista,
> ni autonomista. Es más, creo que el régimen autonómico ha sido la peor ocu
> rrencia y la mayor desgracia para nuestro país.
> Una vez dicho lo que antecede, para que nadie se llame a engaño, quisiera
> comentar una nota aparecida en este foro acerca de una REPUBLICA NACIONAL
> que según he leído se está promocionando. Y también voy a comentar, poste
> riormente, algunas réplicas al citado artículo.
> A mí me parece bien una República Nacional, con un régimen descentralizado
> provincial y basado en las Diputaciones. Me parece un adelanto inmenso,
> con
> el fín de cortar el paso a la política de clientelismo y corrupción oligár
> quica que ha traido consigo el régimen autonómico. Y me parece muy bien
> que
> sólo existan unas Cortes unicamerales, ya que la existencia del Senado
> como
> Cámara de segunda lectura no resuelve nada y es una fuente onerosa de
> privi
> legios que recarga con gastos sin cuento la Administración General del
> Esta
> do, para lo poco que sirve. También creo un avance que se termine con la
> des
> centralización política autonómica y se transforme en una símple
> descentrali
> zación administrativa, arrebatando así la capacidad de enredar, pastelear
> y corromper a las oligarquías localistas. Por otra parte, me parece un
> atra
> so que para vivir en una teórica democracia-de boquilla, como vemos a dia
> rio-haya que otorgar privilegios inasumíbles a ciertas élites de poder
> regio
> nal. No se pueden admitir "conciertos", ni "cupos", ni "balanzas
> fiscales",
> ni "asimetrías" que rompan la igualdad y libertad de todos los españoles,
> y
> hagan recaer en el lugar de nacimiento-sea éste cual sea-los derechos y la
> calidad y forma de vida de sus naturales, privilegiándolos sobre los otros
> conciudadanos nacidos en diferentes lugares. Éso es lo más antidemocrático
> que puede existir. Por eso, la República que venga debe ser "nacional y
> uni
> taria", sin ninguna duda.
> Ya he explicado en nota anterior las ventajas que, a mi juicio, representa
> el
> poder elegir a un Presidente cada cuatro años, en lugar de sostener a toda
> una
> "familia regia", rodeada de privilegios insostenibles dialéctica y
> moralmen
> te, en un país que blasona-en teoría-de libertad e igualdad entre todos
> sus
> ciudadanos. La dificultad que ponen los que afirman que tal elección
> democrá
> tica sería muy onerosa para el Estado, olvida que aquí estamos muy ha
> bituados a tener procesos electorales múltiples, sin que nadie se queje
> por
> ello. Y además, se podrían convocar elecciones conjuntas para la
> Presidencia
> de la República y las Cortes, con lo que tales gastos formarían parte de
> una
> única elección común, y ya no serían tan "inasumíbles" como afirman sus de
> tractores. Más sentido tiene la objeción acerca de la falta de neutralidad
> política de un Presidente elegido mediante su presentación por un partido
> de
> terminado. Pero éso tiene fácil solución si se obliga legalmente al
> Presiden
> te electo a darse de baja en su afiliación política correspondiente, y du
> rante todo su mandato. Además, habría que decretar que ningún mandatario
> pu
> diese extender su función más allá de dos legislaturas-ocho años-con lo
> que
> quedaría soslayado el inconveniente acerca de su posíble parcialidad. Pero
> habrá que señalar que eso de la "neutralidad" no está garantizado ni
> siquiera
> con la realeza. Hace muy poco tiempo, el monarca alabó sin medida al señor
> Zapatero-cosa que no hizo con ningún antecesor-y afirmó que sabía muy bien
> hacia dónde iba-como si los anteriores madatarios fuesen unos
> desorientados
> totales-y sin explicar cual es ésa dirección que tan bien conoce y que los
> demás ignoramos.
> Algún comentarista de éste foro señaló que el asunto del provincialismo y
> su
> administración por las Diputaciones, le sonaba a franquista. Pues lo
> cierto
> es que la división administrativa provincial y el régimen competencial de
> las
> Diputaciones son cosa del siglo XIX. No las inventó Franco. NI la Segunda
> Re
> pública, ni la Restauración, ni la Primera República. Todos ésos regímenes
> vivieron en régimen administrativo "provincial"-excepto los últimos meses
> de
> la Primera República con su degeneración "cantonalista"-y ninguno de ellos
> lo abolió legalmente. Pero vamos a ver...¿cual es la administración más
> pró
> xima al ciudadano? Está claro: el municipio. Y después del
> municipio...¿cual
> es la más próxima? La provincia. ¿No se trata de acercar la administración
> pú
> blica a la ciudadanía? Pues sí, éso es lo que nos cuentan. Y entonces, aga
> rran, y se inventan el régimen autonómico, completamente artificial-y
> descono
> cido en el resto de Europa, muchos de cuyos Estados tienen estrucutura
> "fede
> ral"-y nos lo encasquetan con su parlamento, su gobierno y sus élites
> privi
> legiadas, para que nos gobiernen a los indígenas de las respectívas
> comunida
> des. Hemos de sufragar dobles impuestos-los del Estado central, y los de
> los
> miniestados regionales-para que unas familias determinadas se hagan dueñas
> de un territorio en colaboración con los partidos que representan, y se
> dedi
> quen a promocionar sus respectívos intereses en prejuicio de los generales
> de la Nación. Y entonces nos encontramos con una doble administración, que
> se
> solapa, se entorpece mutuamente con multitud de normativas particularistas
> que dificultan el desarrollo industrial, comercial y social de las
> regiones,
> que imponen estúpidamente lenguas vernáculas, en perjuicio de la común que
> es
> idioma de comunicación universal, que se dedican a utilizar la educación
> pa
> ra inyectar en vena a las nuevas generaciones sus utopías identitarias, y
> como
> laboratorio de ingeniería política y social que poco tiene que ver con el
> de
> recho de la gente a ser ella misma, a pensar por su cuenta, y a elegir su
> proyecto vital sin intromisiones por parte de lobbies de poder que desean
> ex
> tender sus criterios a la masa de la población para manejarla a su sabor.
> Por todo eso, el régimen autonómico es demasiado oneroso para tan
> indeseables
> resultados. Lo cual acredita la necesidad de que la nueva República,
> cuando
> llega-y si llega-sea algo completamente distinto a lo que hay. Porque para
> se
> guir igual, ya tenemos a la monarquía.
> Es muy importante señalar que el advenimiento de una nueva República, no
> pue
> de ser consecuencia de la agitación política, ni de un golpe
> revolucionario
> civil-como ocurrió con la Segunda República-ni militar-como ocurrió con la
> Pri
> mera República-, ni con maniobras antijurídicas de ninguna clase. La
> Repúbli
> ca es un régimen de todos y para todos. Su advenimiento debe ocurrir por
> mayo
> ritario apoyo social. Y dicho apoyo debiera ser confirmado por el
> correspon
> diente referéndum nacional que lo ratificase. No se puede admitir bajo nin
> guna circunstancia una República producto del pasteleo y la traición de
> élites
> políticas o sociales que se aprovechen de posíbles dificultades, que
> puedan
> surgir con el correr del tiempo, para dar el cambiazo fraudulentamente. El
> movimiento en apoyo de la República debe ser cívico, razonado y legal. Se
> pue
> de y se debe trabajar, debatir, informar y expandir el ideal republicano
> sin
> abandonar los cauces del rigor intelectual, político y social. Cualquier
> otra
> forma de advenimiento de la República no sería admisíble, y contribuiría a
> su
> desprestigio desde el momento mismo de su orígen. Y eso ningún republicano
> honesto y amante de España lo puede admitir. Porque antes que cualquier
> monar
> quía o República, están los ciudadanos, el país, que tienen derecho a
> vivir y
> cambiar de régimen-si así lo llegan a desear-sin sobresaltos ni abusos de
> nin
> guna clase. Y naturalmente, eso exluye cualquier tipo de algaradas,
> agitacio
> nes y embustes, que nunca pueden justificar un deseo de cambio legítimo
> pero
> ordenado. No se puede esperar que se instaure en el país un sentimiento
> repu
> blicano de la noche a la mañana. Hay que trabajar, razonar y convencer. Y
> to
> do eso lleva su tiempo. Pero el empeño lo merece.



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