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| En primer término, afirmo que soy republicano. Desde siempre. Lo fuí cuando muchos vestían camisa azul-Fraga, sin ir más lejos-y levantaban el brazo al paso del invicto Caudillo. Y lo seguí siendo, cuando muchos de los fieles, "inasequíbles al desaliento", mudaron su adoración por Franco, y la traspa saron a su sucesor, el augusto monarca que hoy reina sobre la Nación. Al re vés que Solbes-director general de comercio exterior en algún Gobierno fran quista-o que el difunto Francisco Fernández Ordóñez-Secretario General Téc nico de Administración Pública también en Gobiernos franquistas-o el mismí simo José Barrionuevo Peña (condenado por la trama del GAL)-y director gene ral de Trabajo en Gobiernos franquistas-ni soy socialista, ni federalista, ni autonomista. Es más, creo que el régimen autonómico ha sido la peor ocu rrencia y la mayor desgracia para nuestro país. Una vez dicho lo que antecede, para que nadie se llame a engaño, quisiera comentar una nota aparecida en este foro acerca de una REPUBLICA NACIONAL que según he leído se está promocionando. Y también voy a comentar, poste riormente, algunas réplicas al citado artículo. A mí me parece bien una República Nacional, con un régimen descentralizado provincial y basado en las Diputaciones. Me parece un adelanto inmenso, con el fín de cortar el paso a la política de clientelismo y corrupción oligár quica que ha traido consigo el régimen autonómico. Y me parece muy bien que sólo existan unas Cortes unicamerales, ya que la existencia del Senado como Cámara de segunda lectura no resuelve nada y es una fuente onerosa de privi legios que recarga con gastos sin cuento la Administración General del Esta do, para lo poco que sirve. También creo un avance que se termine con la des centralización política autonómica y se transforme en una símple descentrali zación administrativa, arrebatando así la capacidad de enredar, pastelear y corromper a las oligarquías localistas. Por otra parte, me parece un atra so que para vivir en una teórica democracia-de boquilla, como vemos a dia rio-haya que otorgar privilegios inasumíbles a ciertas élites de poder regio nal. No se pueden admitir "conciertos", ni "cupos", ni "balanzas fiscales", ni "asimetrías" que rompan la igualdad y libertad de todos los españoles, y hagan recaer en el lugar de nacimiento-sea éste cual sea-los derechos y la calidad y forma de vida de sus naturales, privilegiándolos sobre los otros conciudadanos nacidos en diferentes lugares. Éso es lo más antidemocrático que puede existir. Por eso, la República que venga debe ser "nacional y uni taria", sin ninguna duda. Ya he explicado en nota anterior las ventajas que, a mi juicio, representa el poder elegir a un Presidente cada cuatro años, en lugar de sostener a toda una "familia regia", rodeada de privilegios insostenibles dialéctica y moralmen te, en un país que blasona-en teoría-de libertad e igualdad entre todos sus ciudadanos. La dificultad que ponen los que afirman que tal elección democrá tica sería muy onerosa para el Estado, olvida que aquí estamos muy ha bituados a tener procesos electorales múltiples, sin que nadie se queje por ello. Y además, se podrían convocar elecciones conjuntas para la Presidencia de la República y las Cortes, con lo que tales gastos formarían parte de una única elección común, y ya no serían tan "inasumíbles" como afirman sus de tractores. Más sentido tiene la objeción acerca de la falta de neutralidad política de un Presidente elegido mediante su presentación por un partido de terminado. Pero éso tiene fácil solución si se obliga legalmente al Presiden te electo a darse de baja en su afiliación política correspondiente, y du rante todo su mandato. Además, habría que decretar que ningún mandatario pu diese extender su función más allá de dos legislaturas-ocho años-con lo que quedaría soslayado el inconveniente acerca de su posíble parcialidad. Pero habrá que señalar que eso de la "neutralidad" no está garantizado ni siquiera con la realeza. Hace muy poco tiempo, el monarca alabó sin medida al señor Zapatero-cosa que no hizo con ningún antecesor-y afirmó que sabía muy bien hacia dónde iba-como si los anteriores madatarios fuesen unos desorientados totales-y sin explicar cual es ésa dirección que tan bien conoce y que los demás ignoramos. Algún comentarista de éste foro señaló que el asunto del provincialismo y su administración por las Diputaciones, le sonaba a franquista. Pues lo cierto es que la división administrativa provincial y el régimen competencial de las Diputaciones son cosa del siglo XIX. No las inventó Franco. NI la Segunda Re pública, ni la Restauración, ni la Primera República. Todos ésos regímenes vivieron en régimen administrativo "provincial"-excepto los últimos meses de la Primera República con su degeneración "cantonalista"-y ninguno de ellos lo abolió legalmente. Pero vamos a ver...¿cual es la administración más pró xima al ciudadano? Está claro: el municipio. Y después del municipio...¿cual es la más próxima? La provincia. ¿No se trata de acercar la administración pú blica a la ciudadanía? Pues sí, éso es lo que nos cuentan. Y entonces, aga rran, y se inventan el régimen autonómico, completamente artificial-y descono cido en el resto de Europa, muchos de cuyos Estados tienen estrucutura "fede ral"-y nos lo encasquetan con su parlamento, su gobierno y sus élites privi legiadas, para que nos gobiernen a los indígenas de las respectívas comunida des. Hemos de sufragar dobles impuestos-los del Estado central, y los de los miniestados regionales-para que unas familias determinadas se hagan dueñas de un territorio en colaboración con los partidos que representan, y se dedi quen a promocionar sus respectívos intereses en prejuicio de los generales de la Nación. Y entonces nos encontramos con una doble administración, que se solapa, se entorpece mutuamente con multitud de normativas particularistas que dificultan el desarrollo industrial, comercial y social de las regiones, que imponen estúpidamente lenguas vernáculas, en perjuicio de la común que es idioma de comunicación universal, que se dedican a utilizar la educación pa ra inyectar en vena a las nuevas generaciones sus utopías identitarias, y como laboratorio de ingeniería política y social que poco tiene que ver con el de recho de la gente a ser ella misma, a pensar por su cuenta, y a elegir su proyecto vital sin intromisiones por parte de lobbies de poder que desean ex tender sus criterios a la masa de la población para manejarla a su sabor. Por todo eso, el régimen autonómico es demasiado oneroso para tan indeseables resultados. Lo cual acredita la necesidad de que la nueva República, cuando llega-y si llega-sea algo completamente distinto a lo que hay. Porque para se guir igual, ya tenemos a la monarquía. Es muy importante señalar que el advenimiento de una nueva República, no pue de ser consecuencia de la agitación política, ni de un golpe revolucionario civil-como ocurrió con la Segunda República-ni militar-como ocurrió con la Pri mera República-, ni con maniobras antijurídicas de ninguna clase. La Repúbli ca es un régimen de todos y para todos. Su advenimiento debe ocurrir por mayo ritario apoyo social. Y dicho apoyo debiera ser confirmado por el correspon diente referéndum nacional que lo ratificase. No se puede admitir bajo nin guna circunstancia una República producto del pasteleo y la traición de élites políticas o sociales que se aprovechen de posíbles dificultades, que puedan surgir con el correr del tiempo, para dar el cambiazo fraudulentamente. El movimiento en apoyo de la República debe ser cívico, razonado y legal. Se pue de y se debe trabajar, debatir, informar y expandir el ideal republicano sin abandonar los cauces del rigor intelectual, político y social. Cualquier otra forma de advenimiento de la República no sería admisíble, y contribuiría a su desprestigio desde el momento mismo de su orígen. Y eso ningún republicano honesto y amante de España lo puede admitir. Porque antes que cualquier monar quía o República, están los ciudadanos, el país, que tienen derecho a vivir y cambiar de régimen-si así lo llegan a desear-sin sobresaltos ni abusos de nin guna clase. Y naturalmente, eso exluye cualquier tipo de algaradas, agitacio nes y embustes, que nunca pueden justificar un deseo de cambio legítimo pero ordenado. No se puede esperar que se instaure en el país un sentimiento repu blicano de la noche a la mañana. Hay que trabajar, razonar y convencer. Y to do eso lleva su tiempo. Pero el empeño lo merece. |
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| Yo, ni me siento monárico, ni antimonárquico, ni republicano, ni antirepublicano. Siendo conservador en el sentido de que me gustan las tradiciones, que son la impronta propia que distingue a las diversas naciones, la institución monárquica cumple con larga tradición habiendo sido capaz, aunque fuera a base de palos de adaptarse a los tiempos que corren. Por otra parte, la lógica, me dice, que no tiene lógica el que una persona sea digna de dignidades por la mera razón de su cuna. Pero bueno, hay que reconocer, (en mi subjetividad), que los Borbones tienen "precensia" y actúan en muchos casos, como buenos embajadores e incluso, aunque no decidan, son medianamente respetados por lo que en teoría representan, cuando actúan de mediadores en nuestra política interna, (y recuerdo el 23F). Dicho lo anterior, coincido plenamente contigo, en que nuestro estado autonómico, es la redundancia e ineficacia administrativa en estado puro y que ha sido creado artificialmente en función de las necesidades de los oligarcas regionales del momento. Ahora que vamos a pasar por una violentísima crisis, que puede generar incluso graves desórdenes sociales y disturbios, puede ser considerada la cosa por unos como una oportunidad para deslizar propuestas descabelladas, al estilo Ibareche, y que si colaran en medio del marasmo social, pues eso, colarían. Para otros, y me encuentro entre ellos, creo que no es época de menear nada, puesto que bastante meneo vamos a tener. En cualquier caso, coincido en que hay que rebajar bastante el estado autonómico, pero no sería capaz de proponer tanto como volver a la estructura provinciana al más puro estilo napoleónico. En cambio, vería mejor, una circunscripción nacional para elegir al ejecutivo, que tendría el doble efecto de implulsar la separación de poderes y consolidar un ejecutivo representativo no de los territorios que para eso están las cámaras, sino representante de la Nación española. Coincido con tu análisis sobre el Senado; es una cámara innecesaria tal y como se ha planteado y de hecho, mal funciona. Saludos "gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje news:q90vj5-6q.ln1***news.uned.es... > En primer término, afirmo que soy republicano. Desde siempre. Lo fuí > cuando > muchos vestían camisa azul-Fraga, sin ir más lejos-y levantaban el brazo > al > paso del invicto Caudillo. Y lo seguí siendo, cuando muchos de los fieles, > "inasequíbles al desaliento", mudaron su adoración por Franco, y la traspa > saron a su sucesor, el augusto monarca que hoy reina sobre la Nación. Al > re > vés que Solbes-director general de comercio exterior en algún Gobierno > fran > quista-o que el difunto Francisco Fernández Ordóñez-Secretario General Téc > nico de Administración Pública también en Gobiernos franquistas-o el mismí > simo José Barrionuevo Peña (condenado por la trama del GAL)-y director > gene > ral de Trabajo en Gobiernos franquistas-ni soy socialista, ni federalista, > ni autonomista. Es más, creo que el régimen autonómico ha sido la peor ocu > rrencia y la mayor desgracia para nuestro país. > Una vez dicho lo que antecede, para que nadie se llame a engaño, quisiera > comentar una nota aparecida en este foro acerca de una REPUBLICA NACIONAL > que según he leído se está promocionando. Y también voy a comentar, poste > riormente, algunas réplicas al citado artículo. > A mí me parece bien una República Nacional, con un régimen descentralizado > provincial y basado en las Diputaciones. Me parece un adelanto inmenso, > con > el fín de cortar el paso a la política de clientelismo y corrupción oligár > quica que ha traido consigo el régimen autonómico. Y me parece muy bien > que > sólo existan unas Cortes unicamerales, ya que la existencia del Senado > como > Cámara de segunda lectura no resuelve nada y es una fuente onerosa de > privi > legios que recarga con gastos sin cuento la Administración General del > Esta > do, para lo poco que sirve. También creo un avance que se termine con la > des > centralización política autonómica y se transforme en una símple > descentrali > zación administrativa, arrebatando así la capacidad de enredar, pastelear > y corromper a las oligarquías localistas. Por otra parte, me parece un > atra > so que para vivir en una teórica democracia-de boquilla, como vemos a dia > rio-haya que otorgar privilegios inasumíbles a ciertas élites de poder > regio > nal. No se pueden admitir "conciertos", ni "cupos", ni "balanzas > fiscales", > ni "asimetrías" que rompan la igualdad y libertad de todos los españoles, > y > hagan recaer en el lugar de nacimiento-sea éste cual sea-los derechos y la > calidad y forma de vida de sus naturales, privilegiándolos sobre los otros > conciudadanos nacidos en diferentes lugares. Éso es lo más antidemocrático > que puede existir. Por eso, la República que venga debe ser "nacional y > uni > taria", sin ninguna duda. > Ya he explicado en nota anterior las ventajas que, a mi juicio, representa > el > poder elegir a un Presidente cada cuatro años, en lugar de sostener a toda > una > "familia regia", rodeada de privilegios insostenibles dialéctica y > moralmen > te, en un país que blasona-en teoría-de libertad e igualdad entre todos > sus > ciudadanos. La dificultad que ponen los que afirman que tal elección > democrá > tica sería muy onerosa para el Estado, olvida que aquí estamos muy ha > bituados a tener procesos electorales múltiples, sin que nadie se queje > por > ello. Y además, se podrían convocar elecciones conjuntas para la > Presidencia > de la República y las Cortes, con lo que tales gastos formarían parte de > una > única elección común, y ya no serían tan "inasumíbles" como afirman sus de > tractores. Más sentido tiene la objeción acerca de la falta de neutralidad > política de un Presidente elegido mediante su presentación por un partido > de > terminado. Pero éso tiene fácil solución si se obliga legalmente al > Presiden > te electo a darse de baja en su afiliación política correspondiente, y du > rante todo su mandato. Además, habría que decretar que ningún mandatario > pu > diese extender su función más allá de dos legislaturas-ocho años-con lo > que > quedaría soslayado el inconveniente acerca de su posíble parcialidad. Pero > habrá que señalar que eso de la "neutralidad" no está garantizado ni > siquiera > con la realeza. Hace muy poco tiempo, el monarca alabó sin medida al señor > Zapatero-cosa que no hizo con ningún antecesor-y afirmó que sabía muy bien > hacia dónde iba-como si los anteriores madatarios fuesen unos > desorientados > totales-y sin explicar cual es ésa dirección que tan bien conoce y que los > demás ignoramos. > Algún comentarista de éste foro señaló que el asunto del provincialismo y > su > administración por las Diputaciones, le sonaba a franquista. Pues lo > cierto > es que la división administrativa provincial y el régimen competencial de > las > Diputaciones son cosa del siglo XIX. No las inventó Franco. NI la Segunda > Re > pública, ni la Restauración, ni la Primera República. Todos ésos regímenes > vivieron en régimen administrativo "provincial"-excepto los últimos meses > de > la Primera República con su degeneración "cantonalista"-y ninguno de ellos > lo abolió legalmente. Pero vamos a ver...¿cual es la administración más > pró > xima al ciudadano? Está claro: el municipio. Y después del > municipio...¿cual > es la más próxima? La provincia. ¿No se trata de acercar la administración > pú > blica a la ciudadanía? Pues sí, éso es lo que nos cuentan. Y entonces, aga > rran, y se inventan el régimen autonómico, completamente artificial-y > descono > cido en el resto de Europa, muchos de cuyos Estados tienen estrucutura > "fede > ral"-y nos lo encasquetan con su parlamento, su gobierno y sus élites > privi > legiadas, para que nos gobiernen a los indígenas de las respectívas > comunida > des. Hemos de sufragar dobles impuestos-los del Estado central, y los de > los > miniestados regionales-para que unas familias determinadas se hagan dueñas > de un territorio en colaboración con los partidos que representan, y se > dedi > quen a promocionar sus respectívos intereses en prejuicio de los generales > de la Nación. Y entonces nos encontramos con una doble administración, que > se > solapa, se entorpece mutuamente con multitud de normativas particularistas > que dificultan el desarrollo industrial, comercial y social de las > regiones, > que imponen estúpidamente lenguas vernáculas, en perjuicio de la común que > es > idioma de comunicación universal, que se dedican a utilizar la educación > pa > ra inyectar en vena a las nuevas generaciones sus utopías identitarias, y > como > laboratorio de ingeniería política y social que poco tiene que ver con el > de > recho de la gente a ser ella misma, a pensar por su cuenta, y a elegir su > proyecto vital sin intromisiones por parte de lobbies de poder que desean > ex > tender sus criterios a la masa de la población para manejarla a su sabor. > Por todo eso, el régimen autonómico es demasiado oneroso para tan > indeseables > resultados. Lo cual acredita la necesidad de que la nueva República, > cuando > llega-y si llega-sea algo completamente distinto a lo que hay. Porque para > se > guir igual, ya tenemos a la monarquía. > Es muy importante señalar que el advenimiento de una nueva República, no > pue > de ser consecuencia de la agitación política, ni de un golpe > revolucionario > civil-como ocurrió con la Segunda República-ni militar-como ocurrió con la > Pri > mera República-, ni con maniobras antijurídicas de ninguna clase. La > Repúbli > ca es un régimen de todos y para todos. Su advenimiento debe ocurrir por > mayo > ritario apoyo social. Y dicho apoyo debiera ser confirmado por el > correspon > diente referéndum nacional que lo ratificase. No se puede admitir bajo nin > guna circunstancia una República producto del pasteleo y la traición de > élites > políticas o sociales que se aprovechen de posíbles dificultades, que > puedan > surgir con el correr del tiempo, para dar el cambiazo fraudulentamente. El > movimiento en apoyo de la República debe ser cívico, razonado y legal. Se > pue > de y se debe trabajar, debatir, informar y expandir el ideal republicano > sin > abandonar los cauces del rigor intelectual, político y social. Cualquier > otra > forma de advenimiento de la República no sería admisíble, y contribuiría a > su > desprestigio desde el momento mismo de su orígen. Y eso ningún republicano > honesto y amante de España lo puede admitir. Porque antes que cualquier > monar > quía o República, están los ciudadanos, el país, que tienen derecho a > vivir y > cambiar de régimen-si así lo llegan a desear-sin sobresaltos ni abusos de > nin > guna clase. Y naturalmente, eso exluye cualquier tipo de algaradas, > agitacio > nes y embustes, que nunca pueden justificar un deseo de cambio legítimo > pero > ordenado. No se puede esperar que se instaure en el país un sentimiento > repu > blicano de la noche a la mañana. Hay que trabajar, razonar y convencer. Y > to > do eso lleva su tiempo. Pero el empeño lo merece. |
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