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  #1 (permalink)  
Antiguo 22-07-2008, 23:40:39
Anorgi
 
Mensajes: n/a
Predeterminado La Justicia en España

Gómez de Liaño no fue juzgado con imparcialidad

Al final hay Justicia, aunque sea fuera de España. El Tribunal Europeo
de Derechos Humanos ha dictaminado que
Javier Gómez de Liaño no tuvo un juicio independiente e imparcial cuando
el Supremo lo condenó en 1999 por
prevaricación en el caso Sogecable. El Constitucional también denegó el
amparo solicitado por el magistrado.
En la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, los jueces condenan a
España por unanimidad. El abogado,
magistrado en excedencia, se siente "satisfecho" pero lamenta el via
crucis. Dos personas que lo merecían se
quedan sin conocer la resolución: Jesús Polanco, que presumía de haber
"librado a España de un juez como ese"
y un magistrado, precisamente del Supremo, el padre de Javier Gómez de
Liaño. "No sé cómo hacerle llegar la
noticia a mi padre, que murió dos meses después de mi procesamiento sin
entender nada".

http://www.libertaddigital.com/fragmentos/c/liano/

DOCE JUECES. TRES ABSTENCIONES

El Pleno del Tribunal Constitucional que denegó el amparo a Gómez de
Liaño lo componían entonces:

Manuel Jiménez de Parga (presidente), Tomás Salvador Vives Antón
(vicepresidente, nombrado a propuesta del Gobierno de Felipe González a
la sombra del entonces biministro Juan Alberto Belloch. Se ha abstenido
en esta sentencia alegando amistad con Liaño), Pablo García Manzano (a
propuesta del CGPJ con el apoyo del PSOE. Su cargo expiraba meses
después), Pablo Manuel Cachón Villar (ponente en el recurso y que
presentó una primera sentencia estimatoria. Nombrado magistrado del
Constitucional el 6 de octubre de 1998 a propuesta del CGPJ en
sustitución del fallecido Enrique Ruiz Vadillo. Su cargo expiraba poco
después), Vicente Conde Martín de Hijas (a propuesta del Senado con el
respaldo del PP), Guillermo Jiménez Sánchez (candidato consensuado por
PP y PSOE a propuesta del Senado), María Emilia Casas Baamonde (a
propuesta del Senado con apoyo del PSOE, políticamente simpatiza con las
tesis del PNV y en la actualidad preside el Constitucional merced a una
prórroga fruto de la reforma de la LOTC. La decisión sobre el Estatuto y
sus broncas con la vicepresidenta De la Vega marcan su forzado mandato),
Javier Delgado Barrio (ex presidente del Supremo y del CGPJ, llega al TC
a propuesta del Congreso, avalado por el PSOE. También se abstuvo por
haber presidido el Tribunal de Conflictos que resolvió la competencia
del Gobierno en el indulto al juez), Elisa Pérez Vera (a propuesta del
Congreso y con el apoyo del PSOE. Se la considera muy ligada al
presidente del PSOE, Manuel Chaves), Roberto García-Calvo y Montiel (a
propuesta del Congreso con el apoyo del PP. Tercero de los que se
abstuvieron. En su caso al haber participado en las decisiones de la
Sala Segunda del Supremo sobre el alcance del indulto), Eugenio Gay
Montalvo (a propuesta del Congreso, con el apoyo del PSOE) y Jorge
Rodríguez-Zapata Pérez (propuesto por el Senado y apoyado por el PP).

http://www.libertaddigital.com/nacio...es-1276335256/

Mi comentario:
Es para echarse a temblar, que Dios nos libre de caer en manos de la
"justicia". Leer todo lo concerniente a este caso pone la carne de
gallina.
Anorgi

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  #2 (permalink)  
Antiguo 23-07-2008, 07:33:13
superateo86
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: La Justicia en España

On 23 jul, 01:40, "Anorgi" <anorgiQUITAE...***ya.com> wrote:
> Gómez de Liaño no fue juzgado con imparcialidad
>
> Al final hay Justicia, aunque sea fuera de España. El Tribunal Europeo
> de Derechos Humanos ha dictaminado que
> Javier Gómez de Liaño no tuvo un juicio independiente e imparcial cuando
> el Supremo lo condenó en 1999 por
> prevaricación en el caso Sogecable.



Según el fallo de la Corte con sede en Estrasburgo, el Estado español
debe abonar 5.000 euros al demandante en concepto de "daños morales",
pero no se fija cantidad alguna por los daños materiales o los gastos
judiciales, solicitados por Gómez de Liaño. Para la Corte de
Estrasburgo, la imparcialidad de la Sala del Tribunal Supremo que
juzgó a Gómez de Liaño por prevaricación "podía suscitar serias
dudas".

El argumento es que los tres magistrados que la componían (citados por
las iniciales de los apellidos G., B. y M.P. en el texto de la
sentencia) ya habían intervenido previamente en numerosos actos de
instrucción del caso.

En este sentido, la sala del Tribunal de Estrasburgo, presidida por el
juez andorrano Josep Casadevall y de la que no formaba parte el juez
español, Luis López Guerra, que se abstuvo de participar, estima que
las quejas de Gómez de Liaño en su demanda estaban "objetivamente
justificadas".

Por otra parte, el tribunal ni siquiera estudió el fondo de la
presunta violación del artículo 6.2 (presunción de inocencia) del
Convenio, que también alegó Gómez de Liaño y rechazó la admisión de la
queja relativa al artículo 14 (prohibición de la discriminación).

Pero ya sabemos que el Tribunal Supremo está compuesto en su mayoría
por jueces derechistas, como tioda la judicatura española.
Responder Con Cita
  #3 (permalink)  
Antiguo 23-07-2008, 14:07:45
Xan das Bolas
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: La Justicia en España

Deberían también condenar a todo el Gobierno del PP que organizó toda
aquella trama contra Polanco. No sabian como neutralizar al Grupo Prisa.
Luego intentaron comprar un montón de medios de comunicación a través de
Telefónica, con el amiguete de Aznar.
Este amiguete de Aznar, estuvo a punto de destruir Telefónica con la compra
de Lycos para Terras, El Grupo Holandés, Via Digital, etc, . El Sr. Alierta
se deshico de ellos luego como pudo. Deberían estar todos ellos en la
carcel.



"Anorgi" <anorgiQUITAESTO***ya.com> escribió en el mensaje
news:g65r5s$eak$1***registered.motzarella.org...
> Gómez de Liaño no fue juzgado con imparcialidad
>
> Al final hay Justicia, aunque sea fuera de España. El Tribunal Europeo de
> Derechos Humanos ha dictaminado que
> Javier Gómez de Liaño no tuvo un juicio independiente e imparcial cuando
> el Supremo lo condenó en 1999 por
> prevaricación en el caso Sogecable. El Constitucional también denegó el
> amparo solicitado por el magistrado.
> En la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, los jueces condenan a España
> por unanimidad. El abogado,
> magistrado en excedencia, se siente "satisfecho" pero lamenta el via
> crucis. Dos personas que lo merecían se
> quedan sin conocer la resolución: Jesús Polanco, que presumía de haber
> "librado a España de un juez como ese"
> y un magistrado, precisamente del Supremo, el padre de Javier Gómez de
> Liaño. "No sé cómo hacerle llegar la
> noticia a mi padre, que murió dos meses después de mi procesamiento sin
> entender nada".
>
> http://www.libertaddigital.com/fragmentos/c/liano/
>
> DOCE JUECES. TRES ABSTENCIONES
>
> El Pleno del Tribunal Constitucional que denegó el amparo a Gómez de Liaño
> lo componían entonces:
>
> Manuel Jiménez de Parga (presidente), Tomás Salvador Vives Antón
> (vicepresidente, nombrado a propuesta del Gobierno de Felipe González a la
> sombra del entonces biministro Juan Alberto Belloch. Se ha abstenido en
> esta sentencia alegando amistad con Liaño), Pablo García Manzano (a
> propuesta del CGPJ con el apoyo del PSOE. Su cargo expiraba meses
> después), Pablo Manuel Cachón Villar (ponente en el recurso y que presentó
> una primera sentencia estimatoria. Nombrado magistrado del Constitucional
> el 6 de octubre de 1998 a propuesta del CGPJ en sustitución del fallecido
> Enrique Ruiz Vadillo. Su cargo expiraba poco después), Vicente Conde
> Martín de Hijas (a propuesta del Senado con el respaldo del PP), Guillermo
> Jiménez Sánchez (candidato consensuado por PP y PSOE a propuesta del
> Senado), María Emilia Casas Baamonde (a propuesta del Senado con apoyo del
> PSOE, políticamente simpatiza con las tesis del PNV y en la actualidad
> preside el Constitucional merced a una prórroga fruto de la reforma de la
> LOTC. La decisión sobre el Estatuto y sus broncas con la vicepresidenta De
> la Vega marcan su forzado mandato), Javier Delgado Barrio (ex presidente
> del Supremo y del CGPJ, llega al TC a propuesta del Congreso, avalado por
> el PSOE. También se abstuvo por haber presidido el Tribunal de Conflictos
> que resolvió la competencia del Gobierno en el indulto al juez), Elisa
> Pérez Vera (a propuesta del Congreso y con el apoyo del PSOE. Se la
> considera muy ligada al presidente del PSOE, Manuel Chaves), Roberto
> García-Calvo y Montiel (a propuesta del Congreso con el apoyo del PP.
> Tercero de los que se abstuvieron. En su caso al haber participado en las
> decisiones de la Sala Segunda del Supremo sobre el alcance del indulto),
> Eugenio Gay Montalvo (a propuesta del Congreso, con el apoyo del PSOE) y
> Jorge Rodríguez-Zapata Pérez (propuesto por el Senado y apoyado por el
> PP).
>
> http://www.libertaddigital.com/nacio...es-1276335256/
>
> Mi comentario:
> Es para echarse a temblar, que Dios nos libre de caer en manos de la
> "justicia". Leer todo lo concerniente a este caso pone la carne de
> gallina.
> Anorgi
>



Responder Con Cita
  #4 (permalink)  
Antiguo 23-07-2008, 15:59:31
El Moscardon
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: La Justicia en España


"Anorgi" <anorgiQUITAESTO***ya.com> escribió en el mensaje
news:g65r5s$eak$1***registered.motzarella.org...
> Gómez de Liaño no fue juzgado con imparcialidad
>
> Al final hay Justicia, aunque sea fuera de España. El Tribunal Europeo de
> Derechos Humanos ha dictaminado que
> Javier Gómez de Liaño no tuvo un juicio independiente e imparcial cuando
> el Supremo lo condenó en 1999 por
> prevaricación en el caso Sogecable. El Constitucional también denegó el
> amparo solicitado por el magistrado.


-----------------------

Eso también ha ocurrido con etarras asesinos sin que ello signifique que
hayan dejado de ser etarras y asesinos.
El Tribunal Europeo habla en su sentencia de puros defectos formales pero no
dice que el delincuente Liaño no haya prevaricado ni invalida la sentencia
que en su día le condenó.

--
Mosqui
Un abrazo de humo
El juez Garzón descubre a Pilar Urbano la trama que se escondía tras el
llamado
'caso Sogecable' y demuestra que el juez Gómez de Liaño no dispuso nunca de
pruebas sobre las que actuar, sino que operó como instrumento de una
maniobra
política. Todo fue, concluye su autora, un abrazo de humo

"El 15 de octubre de 1999, la Sala Segunda del Tribunal Supremo condenó a
Gómez
de Liaño por un delito continuado de prevaricación, inhabilitándole durante
15
años". Así concluyó el llamado caso Sogecable, relatado en el capítulo del
libro
El hombre que veía amanecer, de próxima publicación en Plaza y Janés, que se
reproduce íntegramente a continuación. El texto revela la fabricación
política
del caso a partir del informe encargado por el Gobierno y repartido por
Anson.
Un cúmulo de conversaciones y datos que prueban que la supuesta
investigación de
las finanzas de Sogecable no era más que una operación para acabar con Jesús
de
Polanco y Juan Luis Cebrián, los principales directivos de esa empresa y de
la
editora del diario EL PAÍS.


PILAR URBANO


1-"Anson, Campmany y García-Trevijano buscan un juez sensible al problema
político. A ti te ven más difícil, más esquivo, que no te dejas. En cambio,
con
Gómez de Liaño y María Dolores todo va como una seda". (El juez Navarro
Estevan
al juez Garzón. Enero de 1997).


Baltasar Garzón trabaja en la buhardilla de su casa. 1999. 15 de septiembre.
Sobre la mesa, recortes de periódicos, folios de autos con membrete de la
Audiencia Nacional, sus agendas y sus diarios de un par de años atrás. A la
mañana siguiente comparece como testigo ante el Tribunal Supremo. Se juzga
al
magistrado Javier Gómez de Liaño, acusado de prevaricación.


A Garzón le desagrada hasta la bilis que se empeñen en meterle en esa
reyerta de
ambiciones y poderes. Él no es de ninguna de las cofradías que andan a la
gresca. Le importa medio bledo Sogecable. Y le extraña que sea el equipo de
la
defensa de Gómez de Liaño quien le cite como testigo: "Me denunció ante el
fiscal general, hace dos años. Ha escrito contra mí un libro que es como el
insulto de un loco. Sólo he leído unos trozos, y lo he dejado con náusea.
Este
hombre, Javier, se ha fabricado conmigo un fetiche para el vudú. Me ataca en
toda ocasión. Y ahora... ¡me convoca de testigo, ante el Supremo! ¿Qué
espera
que diga yo en su favor?".


Ni queriendo ha podido olvidar aquello. Fue el tiempo más amargo de su vida.
Salvar su integridad de juez le costó un precio muy alto: perdió amigos;
ganó
enemigos; quedó ante mucha gente como el malo de la película; se le denigró
como
a un maldito sicario de Polanco; se vio denunciado con falsedad ante el
Supremo,
episodio que se diluyó en un cuarto de hora, pero el trallazo en el alma no
se
lo quita nadie. Los hechos están ahí, hincados como menhires de piedra, a
pie de
memoria. Y, a pie de garganta, ese sabor acre y macho, áspero en el paladar,
que
es a lo que sabe la soledad de un juez.


El caso Sogecable fue como esos vendavales de arenisca enloquecida y
tumultuaria
que meten miedo; pero, en cuanto cesa el viento, al poco se aquietan y
acaban en
nada. Se inició el 25 de febrero de 1997 por una denuncia de Jaime Campmany.
Después de doscientos cincuenta días de una instrucción mantenida a trancas
y
barrancas, y con Polanco en un tris de ir a la cárcel, el 3 de noviembre del
mismo año se archivó, desinflado. Era una carcasa vacía. Una causa abierta
en
falso. Pasó por la mesa de cuatro jueces y se estudió en varias sesiones de
Sala
de la Audiencia Nacional. Es absurdo pensar que tal número de magistrados,
separados o juntos, temiesen a Jesús de Polanco... El affaire Sogecable se
archivó porque no contenía sustancia delictiva.


Tanto impacto mediático e inmediático, tanta crispación política, tanta
convulsión judicial, tanta agresión humana, ¿para qué? Lo más de lamentar es
que
arrambló con un buen puñado de amistades. Mejor dicho, las cambió de bando.


Ese caso se estudiará en la Escuela Judicial como paradigma del
empecinamiento
de un juez instructor: todas las iniciativas que adoptó Gómez de Liaño,
todos
sus autos, excepto uno, fueron anulados por la Sala de lo Penal de la
Audiencia,
con severas reconvenciones descalificando las medidas del juez como
"desproporcionadas", "inadecuadas", "innecesarias", "irrazonables",
"injustas".


Antes que la Audiencia Nacional cancelase el caso, Juan Luis Cebrián,
mandarín
del Grupo Prisa -por tanto, Sogecable, Canal Plus, Santillana, Anaya,
Crisol, y
todo el holding del imperio-, recusó al juez Liaño. Le atribuyó "enemistad
manifiesta" e "interés indirecto" en la causa.
Como juez sustituto de Liaño, Garzón debía rechazar o aceptar esa
recusación.
Pero no quiso resolver ni a favor ni en contra. Adujo que, aun sin haberse
asomado al sumario, conocía desde fuera demasiadas trapisondas de los
entresijos
del tema; y que en conciencia no se sentía imparcial ni para recusar ni para
no
recusar. Se abstuvo. Y ahí empezó el drama.


El juez siguiente, García-Castellón, se abstuvo también.
Un tercer juez, Ismael Moreno, estimó "parcialidad objetiva" en Gómez de
Liaño,
que fue recusado y apartado del caso. A esas alturas del proceso, Liaño se
había
preservado tan poco de la pugna política, que ahí se libraba a sangre, y
había
deambulado tanto por los callejones de la refriega mediática que, lejos de
dar
la imagen de un magistrado ecuánime y sin sesgos, era visto como un juez
influido por los criterios de unos, manipulado por los tejemanejes de otros,
connivente con los intereses de una de las partes en conflicto. Eso podía
ser
cierto, pero transmitía a los justiciables una inquietante apariencia de
parcialidad.
Sogecable se sobreseyó y pasó a la historia. Pero ahora se está viviendo la
resaca. La onerosa factura. Sin perder un minuto, el todopoderío del Grupo
Prisa
desenvaina contra Gómez de Liaño una querella como tres puñales, uno por
cada
delito de prevaricación. Le acusan de haber tomado, cuando instruía el caso,
tres decisiones que pudieron ser injustas a sabiendas. Jesús del gran poder
ha
bebido, quizá por vez primera en su vida, el cáliz de la humillación, y no
renuncia a la venganza: "¡A ese títere de Liaño lo dejo yo sin toga y en
pelotas
vivas!".


Los querellantes pisan fuerte. Han fletado una brigada de acusadores con lo
más
jet de la abogacía: Matías Cortés, Horacio Oliva y Antonio González-Cuéllar,
más
su escudería de asesores jurídicos de lujo. Emilio Rodríguez Menéndez es el
acusador particular.


Liaño va de pobre. Pero la afición le brinda columnas y elogios. Le defiende
la
fiscal María Dolores Márquez de Prado, su reciente esposa. Y Jorge Trías
Sagnier
echa una mano.
En este septiembre de 1999 se celebran las vistas del juicio. El Supremo
pone
sus pomposas liturgias. Los mass media, sus espectaculares calambrazos de
morbo.
Y el público, una obsesiva búsqueda de tongo, de trampa y de cartón.


No sé qué se traen entre manos -Garzón aventa un manojo de recortes de
prensa, y
los deja caer sobre la mesa-. Por lo que leo, están mintiendo. Ignacio
Gordillo,
Joaquín Navarro Estevan, María Dolores, Javier... mienten. Se han trazado
una
estrategia de defensa y se han puesto de acuerdo entre ellos. Bien. Pero ¿yo
qué
pinto ahí? ¿por qué me llaman de testigo?, ¿qué ganan? Atacarme por
atacarme, no
les aporta nada. Además, yo podría revolverme... Si quiero poner las cosas
en su
sitio y restablecer la verdad de lo que pasó, el momento es éste. ¡Y menudo
momento! ¡Espectáculo en bandeja! Hasta ahora no he abierto los labios, me
he
cerrado en banda a entrevistas y declaraciones. En 1997 guardé el tema como
en
una caja de hierro. Adrede, no me he permitido rememorarlo, por no hacerme
mala
sangre.


"Se veía desde el tren que lo de Sogecable era un asunto político -Garzón se
ha
quitado los zapatos y pasea por el despacho; le gusta andar descalzo y
pensar
caminando-. Reconozco que todavía no me he enterado de qué son las
plataformas
digitales. Lo que sí sé es que había dos grupos de poder enfrentados. Una
opción, mezcla de privada y pública, apoyada por el Gobierno de Aznar: Vía
Digital. Ahí estaban Televisa, Telefónica, El Mundo, ABC, Campmany, Mario
Conde... La otra plataforma, más en línea con el PSOE, era la del Grupo
Prisa y
de Antena 3. En cualquier momento, unos u otros cambiarán de trinchera y se
pondrán de acuerdo entre ellos. Es así en el mundo del dinero y en el de la
política. Lo que me subleva es que, por un pleito de poderes mediáticos que
debió haberse ventilado fuera de los juzgados, metiesen en danza a los
jueces,
fabricando denuncias sin fuste en beneficio de los intereses de... ni se
sabe
quién.
"Esto era en diciembre de 1996. Andaban en plena guerra del fútbol, a ver
quién
se llevaba el gato al agua para explotar la retransmisión de los partidos.
El
Gobierno ya había acordado su fórmula: Vía Digital, con Telefónica, con
Televisa, con algunos periódicos y con Antonio Asensio, del Grupo Z y Antena
3.
Pero, en el último momento, Asensio y Polanco se entienden y firman el pacto
de
Nochebuena. Telefónica, Televisa y todos los demás se quedan fuera y con un
palmo de narices. Al Gobierno se le descabala el proyecto. Álvarez Cascos
está
que trina. Hay chasco y crispación en los ambientes de los que tenían ya el
boleto en la mano para entrar en el gran negocio. Ése era el trasfondo, no
visible pero muy activo, de esta historia.
"Yo asisto en enero del 97 a una cena con Luis María Anson, en la casa de
ABC.
Están también el abogado Antonio García-Trevijano, el juez Joaquín Navarro
Estevan y el catedrático Jesús Neira. Se comentan unas crónicas recientes de
Jesús Cacho en la revista Época y en El Mundo, donde se afirma que
Sogecable -que entonces ya era Canal Plus- podía haber incurrido en delito
de
apropiación indebida de las fianzas que los abonados de Canal Plus habían
depositado a cambio de los decodificadores, y en una serie de delitos
societarios, de falsedad documental... Anson dice con gran seguridad que eso
se
basa en un informe encargado por el secretario de Estado de Fomento -me
parece
recordar- a los economistas Gerardo Ortega y Ramón Tamames y al jurista
Rafael
Pérez Escolar. Y agrega: "Yo tengo ese informe". García-Trevijano se
entusiasma:
"¡Huuyyy, eso podría ser el final del polanquismo! Ahora sólo haría falta un
juez sensible a este problema, que es el más grave de la democracia en
España.
Si cae el polanquismo, detrás cae el felipismo. Y se acaba así con la
corrupción
desde el Estado". Anson facilitó un par de copias de ese informe, una a
Trevijano y otra a Joaquín Navarro, en sendos sobres cerrados. Yo no vi qué
contenían los sobres, pero sí vi que se los dio. Neira y yo lo comentamos,
atónitos, cuando me trajo a casa".
Un mes después, Jaime Campmany se apoyará en ese informe, encargado y pagado
por
el Gobierno, para presentar su denuncia contra Polanco y demás directivos de
Sogecable.
"Lo de ir yo a cenar con Anson venía de más atrás -sigue pensando Garzón-.
Como
en ABC me atacaban brutalmente, echándome encima escarnio y basura sin
parar,
cuando yo investigaba Al Kassar, Ucifa, los Gal, Intxaurrondo..., me
sugirieron
Neira y Navarro: "Sería interesante que Anson y tú os conocierais mejor,
para
que amainase esa fobia que te tienen en ABC". "No me apetece -les dije-
sentarme
a la mesa con un tipo que me insulta y es consciente de que miente". Y así
se lo
planteo al propio Anson, almorzando en El Montecillo. Él me explica que en
ABC
tienen muy buenas fuentes. Y hasta me dice cuáles. "Podéis tener muchas
fuentes,
Luis María, pero sobre mí no dais más que bazofia de noticias falsas. Y no
os
molestáis en verificarlas. A eso en mi tierra lo llaman mentir". Anson se
compromete a contrastar las noticias que les lleguen sobre mí. Un buen
propósito, que no le duró mucho.


"Me invitó a dos o tres cenas en la sede de ABC. Eran interesantes porque
Anson
manejaba mucha información, aunque algunas cosas había que ponerlas en
cuarentena.


"Cuando Gómez de Liaño instruía el caso Lasa y Zabala, ABC le atizaba
cruelmente. Para Anson, el general Galindo era un héroe y merecía todas las
portadas de honor... Navarro y Neira me dijeron entonces, por sugerencia de
Trevijano: "Hombre, así como al trataros Anson y tú la agresión se ha
rebajado,
¿por qué no hacemos lo mismo con Javier?". Sin dudarlo, facilité ese
contacto.
García-Trevijano tenía un especial deseo de conocer a Gómez de Liaño, y
quiso
que yo se lo presentara "antes y sin Anson". Lo hice: almorzamos en Casa
Domingo. Después vino la cena con Anson, que fue muy tensa: yo hablé a Luis
María en términos tajantes, que jamás había empleado con nadie, para hacerle
ver
la injusta ignominia que en ABC estaban cometiendo con Gómez de Liaño:
"Además,
hacéis un flaco servicio a vuestros lectores, ocultándoles la verdad sobre
la
guerra sucia y sobre Galindo y sus guardias de Intxaurrondo". "No vuelvo
más. Ni
Anson ni García-Trevijano me merecen respeto", me dijo luego Javier".


Hay amistades inexplicables, que arrancan de una animadversión ideológica,
biográfica, personal, y acaban amasando hogaza de intimidad. Lo cierto es
que,
desde entonces, comienza un trato cada vez más asiduo de Gómez de Liaño con
esas
personas, en especial con Joaquín Navarro. "¡Qué cambios! -reflexiona
Garzón-.
Durante tiempo y tiempo, no se tragaban. Joaquín no tenía la menor estima
por
Javier, y a María Dolores la criticaba sin clemencia: 'Es dura, es cruel, es
la
boca negra del fascismo, es mandona, lleva a Javier por donde ella quiere',
decía".


Detrás de las amistades contra natura hay en ocasiones un simple "factor
común".
Biotipos tan opuestos como Arzalluz y Álvarez Cascos dialogaban porque
compartían un "factor común": los dos cultivaban camelias. Entre un
monárquico
rancio como Anson y un republicano recalcitrante como García-Trevijano
existía
también un "factor común": ambos eran juanistas, habían sido del Consejo
Privado
de don Juan y andaban esquinados con el Rey. Un rojo a machamartillo como
Joaquín Navarro y un derechón ex falangista como Jaime Campmany tenían el
"factor común" de la peña de Los Murcianos. Del mismo modo, en poquísimo
tiempo
se hicieron amigos Campmany y Liaño: tenían como "factor común" a María
Dolores.
Ella estaba unida sentimentalmente con Javier. El lazo con Jaime era, más
que
amistad, confianza familiar: una hermana de la fiscal estaba casada con un
hijo
de Capmany. Y eso, que en otros casos no da pie para nada, en éste generó un
trato muy fluido.


¿Amistades del último cuarto de hora? Sí, pero fraguaban con la intensidad
del
deseo mutuo. La nueva pareja de novios quería entrar en ambientes sociales
distintos de los que cada uno había compartido con su cónyuge anterior. Y
los
otros precisaban conocer a jueces y a fiscales de la Audiencia Nacional,
porque
esa instancia sería la palestra de su gran pleito.


"Esas relaciones se cultivaron de modo intenso y deliberado. Enseguida, en
enero
del 97 -está recordando Garzón-, ya me comentaba Joaquín Navarro el interés
que
él percibía en Anson, en Trevijano y en Campmany, separadamente, por
tratarnos a
Gómez de Liaño y a mí: 'A ti te ven más difícil, más esquivo, como que no te
dejas. En cambio, con Javier, a través de María Dolores y de Campmany, va
todo
como una seda. Y Antonio Trevijano se va subiendo poco a poco a ese carro'.
Por
su lado, Joaquín tenía con Javier la puerta franca del juez que habla con
otro
juez".


"A finales de ese mes de enero, fui a mi última cena en ABC. Se habló del
libro
La Tercera República, que García-Trevijano acababa de escribir. Anson,
Navarro y
Trevijano expusieron que debían implantarse elecciones primarias con listas
abiertas... Trevijano decía: 'El Rey tiene que irse y dar paso a la
República,
sin que volvamos a caer en otro 36'. Anson no estaba de acuerdo, aunque sí
en
que el Rey abdicase en su hijo. Nunca vio bien que don Juan Carlos aceptara
el
trono 'en detrimento del buen Rey que hubiese sido su padre'. Ése era el
punto
de coincidencia de estos dos nostálgicos juanistas... En Madrid siempre hubo
cenáculos donde se hosannaba la memoria de don Juan, como peaje para
criticar al
Rey.
"Por aquellas fechas, Trevijano y Navarro ya habían puesto en marcha, a
nivel
conspirativo de salón, su plan para traer la República, por pasos contados:
destruir el polanquismo; liquidar el felipismo; echar al Rey sin violencias,
e
instaurar la Tercera República. Lo alucinante era que hablaban en serio y
enardecidos.
"Trevijano -rememora Garzón- intentó que yo interviniese en la presentación
de
su libro en la universidad. Me buscaba como banderín de enganche de no sé
qué
movimiento de regeneración. Yo me zafaba. Al final, el libro preconizando la
República lo presentó... ¡Anson!".


2-Campmany quería poner su denuncia contra Sogecable cuando Gómez de Liaño
estuviese de guardia o en puertas. En la Audiencia, los asuntos que llegan
se
reparten entre los titulares de los juzgados. Si no hay temas nuevos
suficientes, el juez al que le han tocado menos casos queda 'en puertas de
denuncias' para el próximo reparto. Y eso es fácil de saber: basta preguntar
en
la Audiencia quién está en puertas. Si alguien presenta su denuncia esa
tarde, a
la mañana siguiente le toca por reparto al juzgado que quedó en espera, casi
con
toda seguridad. Y así lo hizo Campmany el 24 de febrero con la denuncia
contra
Sogecable.


"El 26 de febrero se celebra una comida en el restaurante Lur Maitea. La
organizan los llamados fiscales indomables: Eduardo Fungairiño, Ignacio
Gordillo
y Dolores Márquez de Prado, en agradecimiento a quienes les han apoyado en
un
acto público de homenaje días atrás: Antonio García-Trevijano, Federico
Carlos
Sainz de Robles y Enrique Gimbernat. Asisten también Gómez de Liaño, Navarro
Estevan y Neira... La víspera, Liaño ha admitido la denuncia de Campmany
contra
el Grupo PRISA, y es el tema de actualidad y de rumores ese día. Pedro
Rubira y
yo llegamos un poco tarde. Aún no me he sentado, cuando Trevijano, desde el
fondo del comedor, me suelta con voz bien sonora:
"-Baltasar, ya no vas a ser el único juez estrella del país: Gómez de Liaño
te
ha quitado de un plumazo todos los titulares y las portadas, porque él lleva
el
más importante asunto que pueda haber en esta democracia.
"-¡Qué descanso! En ese tiempo, podré engordar unos kilos...".
"A la mañana siguiente, volviendo los tres de desayunar en Riofrío, casi al
llegar a la Audiencia, me dicen María Dolores y Javier:
"-¡Con este caso vamos a hacer la revolución desde la Justicia...! Esto de
Sogecable hará caer todo el sistema corrupto que ha sostenido al
felipismo...
"-Pero, ¿qué decís? Nosotros, como jueces, no tenemos la misión mesiánica de
salvar a la sociedad de nada. Hemos de limitarnos al caso concreto. Y con el
terreno reglado por ley: si hay delito, hay delito; si no lo hay, no lo hay.
Y
punto".


"Ese comentario mío les cae como un jarro de agua fría".
"Al otro día, 28, Javier cita a los del Grupo PRISA. Y recuerdo el
comentario de
María Dolores: 'Polanco y Cebrián van a tener que hacer el paseíllo. Y
mañana,
la primera página serán ellos dos subiendo la escalerilla... ¡Que se
jodan!".


En cuestión de horas, el abogado Javier Sainz Moreno se persona y presenta
una
querella contra Sogecable por los mismos hechos que denunció Campmany. Gómez
de
Liaño exige una lista con los 1.400.000 abonados de Canal Plus, para
publicar
edictos y que se personen en la causa los posibles damnificados. Canal Plus
emite un largo informe explicando que su gestión ha sido 'escrupulosamente
respetuosa con la ley'".


Mientras Polanco espera en el juzgado a que el juez Liaño le reciba, RNE y
TVE
interrumpen sus programas matinales para dar la noticia: "Querella contra
Polanco, por apropiación indebida de 23.000 millones; se le ha prohibido
salir
de España sin permiso judicial". El miedo tiene los pies ligeros. Antes que
cunda el temor, Polanco se ve obligado a suscribir un seguro por 150
millones de
dólares para garantizar a los abonados de Canal Plus que, si desean retirar
sus
depósitos, hay liquidez de respuesta. Ese seguro acarrea a la empresa un
gasto
de 210 millones.


Por precipitación, Liaño empieza ya a dejarse pelos en la gatera: No llama a
Campmany para que ratifique su denuncia. Acepta la personación de Sainz
Moreno
como acusador popular, aunque está inhabilitado por el Colegio de Abogados,
y no
le pide fianza. No toma declaración a Polanco ni a Cebrián. Ni a los otros
directivos de Sogecable a los que cita en su juzgado, cuando la ley en ese
punto
es taxativa: "La persona a quien se impute un acto punible, deberá ser
citada
sólo para ser oída". Se limita a comunicarles que hay una denuncia y una
querella contra ellos. Y, aún peor: vulnera la Constitución al quitar la
libertad deambulatoria para salir del país a unas personas a las que no
puede
mandar detener, porque no tiene causa legal que esgrimir.


En esos momentos hay una encendida división de opiniones sobre la cuestión
Sogecable. Los querellantes exigen que se aclare si los directivos de
Sogecable
se quedaron con los 23.000 millones de pesetas que los abonados a ese canal
de
televisión depositaron como fianza, y no se podían tocar; y que se
investigue si
Canal Plus evitó una ampliación de capital, y pudo así repartir beneficios.
Los
del Grupo PRISA contraarguyen que los depósitos se utilizaron legítimamente,
ya
que la ley no obliga a inmovilizar esas fianzas; y los dividendos no se los
quedaron los directivos, sino que se repartieron entre todos los
accionistas:
"No ha habido -dicen- ni perjudicados ni apropiación indebida".


Canal Plus de Francia despliega sus antenas. Hay inquietud. El perjuicio
puede
ser de envergadura. En fin de semana y con urgencia, el fiscal Eduardo
Torres
Dulce reúne a la Secretaría Técnica de la Fiscalía General del Estado, de la
que
es jefe, y elaboran un dictamen con el respaldo unánime de los fiscales de
ese
organismo. Ahí se concluye que "la querella contra Sogecable es inviable,
porque
de los hechos denunciados no se desprende la existencia de delito". El
fiscal
general, Ortiz Úrculo, está de acuerdo con el informe, y así se lo hace
saber a
Ignacio Gordillo, que es el fiscal del caso. Este aviso de aquietamiento se
produce ya en marzo. Con todo, está en marcha un peritaje de Hacienda.


El 5 de marzo, Joaquín Navarro y su mujer, Pura Mañas, invitan a cenar en su
casa, cerca del Retiro, a otras dos parejas: Antonio Navalón y Carmen,
Baltasar
Garzón y Yayo.


-Estoy preocupado -comenta Navarro, refiriéndose al caso Sogecable-, porque
escucho a García Trevijano y a Gómez de Liaño, a cada uno por su parte, y
percibo una connivencia, un trabajo conjunto que no me huele bien... como si
esos dos estuviesen instruyendo juntos. Encima, el argumento de Trevijano es
que
"lo de Polanco es ¡de cársel, de cársel!"; y que "lo que hay que conseguir
es
que a ese personahe le condenen a prisión, al margen de si la causa es tal o
es
cual; porque, si se acaba con Polanco, se acaba con Felipe y el felipismo,
que
es la primera necesidad de este país: un servicio de interés nacional".


En ese mismo tono pesaroso y escandalizado, Navarro llega a decir que "por
lo
que ambos dos me van diciendo, más que un caso judicial con trasfondo
político,
parece una causa política a la que quieren darle patente judicial, que es
muy
distinto".


Garzón escucha sin meter baza en la conversación. En ésas, suena el
teléfono.
Joaquín Navarro dice a su mujer: "Cógelo, Pura, y si es García-Trevijano, no
estoy". En efecto, es Trevijano. Siguen cenando. Cambian de tema y cambian
de
platos, levantándose todos porque no hay servicio. Pasa un rato, y el
teléfono
suena por segunda vez. Pura anda en la cocina. Joaquín, que está más cerca,
descuelga: "Hombre, Antonio, ¿qué hay? Dime... ¿A mí? No, a mí no me...,
pero
¡qué me dices...! ¡¿Cómo...?! ¡Qué barbaridad!". Todo son interjecciones,
balbuceos de asombro, medias palabras de estupor. Pura reaparece, trayendo
una
fuente con viandas: "¡Ya lo ha cazado!". En ese instante, Garzón se va del
comedor. Navarro sigue su diálogo telefónico con Trevijano. Cuando se
despide,
regresa a la mesa llevándose las manos a la cabeza: "¡Están completamente
locos!
Acaba de preguntarme Antonio si Liaño me ha enviado un auto sobre el tema
Sogecable. Le he dicho que no, que de ninguna manera. Y es que... a él sí se
lo
ha mandado, para que lo lea y le diga qué opina".


Yayo echa de menos a Baltasar, que no ha vuelto. Por tanto, no ha oído eso
último. Navalón va en su busca y lo encuentra en la cocina, de pie, las
manos en
los bolsillos y mirando al techo.
-Pero ¿se puede saber qué coño haces aquí...?
-Estoy aquí... porque no quiero estar allí. Todo lo que está contando
Joaquín es
un delito. Y él tiene que saberlo: es tan juez como yo. Si eso es verdad, su
deber es irse al juzgado de guardia y denunciarlo.
-A lo mejor es una simple impresión de Joaquín, o una fantasmada de
Trevijano...
-¡Pues si son impresiones, que se las calle, y que no juegue con eso, coño!
Además, yo tengo el problema añadido de que si ocurre algo, soy el juez
sustituto de Gómez de Liaño. De modo que no quiero oír nada, no debo oír
nada...
Por eso me he venido.
-Bueno, Baltasar, estamos aquí invitados a una cena de amigos y no puedes
quedarte en la cocina. Venga, vuelve...
-Sí, pero que no saque más el tema, por favor. No quiero ponerme violento.
Intenta que hable de otras cosas...
Joaquín Navarro planea todavía un par de veces sobre el caso Sogecable:
-Baltasar, esto es muy feo... ¿Vas a hablar tú con Javier?
-No. Ni Javier habla conmigo de los asuntos de su juzgado, ni yo hablo de mi
juzgado con él.
Concluida la cena, yendo hacia el ascensor, Joaquín insiste:
-Tú, que eres tan amigo de Javier, deberías darle un toque. Esto del auto
que
acaba de decirme Trevijano, es gordísimo. Y no me gustaría, Baltasar, que
algo
de tanto calado acabara mal por un tratamiento frívolo...
--Mira, Joaquín, vas a hacerme un favor: no me hables más de Sogecable. No
quiero saber nada de esa historia. ¿Lo entiendes?


La noche del 11 de marzo, Joaquín Navarro llama a Garzón, a su casa de
Pozuelo:
-Ya sé que no quieres que te diga..., pero esto de hoy lo tienes que saber.
Lo
que voy a referirte lo sé por Antonio García-Trevijano: se han reunido los
cuatro.
-¿Qué cuatro?
-Javier Gómez de Liaño, Ignacio Gordillo, Dolores Márquez de Prado y el
propio
Trevijano. En esa reunión -almuerzo, creo que me ha dicho- han estado viendo
estrategias para impulsar el caso Sogecable. A Sainz Moreno lo tienen muy en
el
aire, porque el tío está suspendido por el Colegio de Abogados: sólo puede
ejercer en causas propias. Y éstos han barajado nombres de abogados, a ver
quién
sigue con la querella. Pero la cosa no acaba ahí. Como el asunto nada más
despegar está perdiendo fuelle, han hablado, ¡agárrate!, de que convendría
reforzarlo presentando nuevas denuncias y nuevas acusaciones... Trevijano
está
entusiasmado porque él mismo va a meter pluma en el borrador de una querella
nueva.
-Joaquín, ¿tú estás seguro de que eso ha ocurrido así?
-¿No te digo que me lo ha contado el mismo García-Trevijano, que ha estado
en
esa reunión?
-A ver si he entendido bien: el juez del caso y el fiscal del caso, reunidos
con
otras personas para buscar acusaciones, para elegir abogados, para darle
fuelle
a la causa... ¿Tú te das cuenta de la componenda torticera que me estás
contando?
-Sí, sí, es tal atrocidad legal que cuesta creerlo. Baltasar, esto está
llegando
por días a un nivel de deterioro y de contaminación que, no sé,
sinceramente,
pienso que la única salida un poco decente es convencer a Javier para que
frene
el caso, y a Campmany para que retire la denuncia. Yo, a título personal,
voy a
hablar con la parejita.


Joaquín Navarro habla con "la parejita". Relata esa "reunión de los cuatro"
a su
amigo Antonio Navalón. Con oficiosidad de correveidile, se toma el desvelo
de
informar también a Jaime García Añoveros, a quien conoce de las tertulias de
Lhardy. Sabe que el ex ministro de Hacienda es consejero del Grupo PRISA.
Un efecto de esa reunión de Liaño, Gordillo, Márquez y Trevijano es que ahí
se
"designa" a Manuel Murillo como abogado de la acusación particular. Y es
Trevijano quien le encarga que se persone y asuma otra querella contra
Sogecable.


Garzón lee en su Diario la página de aquel 11 de marzo:


El problema que me provocan estas noticias es que no sé si son o no son
ciertas.
No es comodidad, pero prefiero que no me cuenten nada: que no me intoxiquen,
aunque pierda información.
Aquellas tertulias que comenzaron en Lhardy, pasaron a celebrarse después en
Casa Domingo. El 19 de marzo se reúnen pocos comensales. A un lado de la
mesa,
Joaquín Navarro y Antonio Navalón; al otro lado, Jesús Neira y Jaime García
Añoveros. Neira se dirige a Navarro, pero pueden oírle los demás:
-Me ha llamado García-Trevijano y me ha leído un auto de Gómez de Liaño, que
todavía no lo ha sacado. ¡Esos dos están completamente locos, porque
extrapolan
lo que podríamos decir aquí, en ambiente de tertulia, con una actuación que
es
jurisdiccional!
-¡Sí, es alucinante...! Eso va a terminar muy mal. Yo se lo he dicho a
Javier, y
se lo he dicho a Antonio.
Ahí, en ese momento, Navarro está confirmando lo que dice Neira. Hablan con
total franqueza entre ellos. Queda patente ante testigos que, cada uno por
su
parte, tienen ambos las mismas noticias. Es, pues, una certificación de dos
fuentes.
Jaime García Añoveros, adicto también a la memoria del Diario, reseña ese
encuentro en su Diario:
"Miércoles, 19 de marzo. Almuerzo de la Tertulia en Casa Domingo. Somos
pocos.
Al final, Joaquín Navarro, sin que yo le diga nada, me habla del asunto
Sogecable (...) que ha estado con Gómez de Liaño y su compañera la fiscal y
les
ha manifestado su opinión y el peligro que corre el juez, si sigue
engolfándose
por ese camino".


3-Una tarde, a finales de ese mes de marzo, Joaquín Navarro telefonea a
Antonio
Navalón. Tiene muy alterado el tono de voz: "Javier me ha llamado para
anunciarme que mañana va a meter en la cárcel a Polanco... Pero lo que me
asusta
no es que este insensato viole así su propio secreto sumarial, y más con una
decisión tan grave: lo peor es que acabo de hablar con García-Trevijano ¡y
me ha
leído el borrador del auto de prisión! ¡Sí, sí... Gómez de Liaño se lo ha
enviado a él, para consulta o para lo que sea!".
Navarro traslada a Jaime García Añoveros y a Antonio Navalón esa noticia y
otras
sobre el mismo asunto, a medida que van sucediendo. Añoveros y Navalón,
amigos
de toda la vida, las comentan con estupor:
-Mira, Jaime, yo no puedo pensar que Joaquín Navarro se dedique a fabular
chismes -dice Navalón-. Me creo lo que él me cuenta. Pero, joder, me deja de
piedra. Escucha la última, y dime si no es para alarmarse en serio. Me ha
llegado, idéntica, por dos fuentes distintas: el 28 de marzo, Viernes Santo,
Navarro y Neira estuvieron con García-Trevijano tomándose un café en el Zoco
de
Pozuelo, y luego caminaron charlando un rato. Trevijano les dijo, muy
satisfecho: "El control del caso Sogecable, que es la operación jurídica,
política y mediática más importante de la democracia, lo llevo yo". Así,
como lo
oyes: "lo llevo yo".
Trevijano les comentó también que había que conseguir que Polanco fuera a
prisión. Les repitió su teoría del dominó: hay que provocar las caídas
sucesivas
del polanquismo, del felipismo y del sistema político corrupto, para que se
produzca la "hecatombe necesaria"...
-¡Qué obsesión!
-Al parecer, en cierto momento, Navarro y Neira le sugirieron a Trevijano:
"hombre, Antonio, tú que tienes ascendiente sobre Gómez de Liaño, aconséjale
por
su bien que desactive el tema Sogecable, o que lo enfríe, porque no parece
que
ahí haya causa penal, y se va a pegar el tortazo él, como juez instructor".
-¿Qué dijo Trevijano?
-Que "¡de ninguna manera! ¡Ese proceso tiene que seguir a toda costa: yo
estoy
ahí trabajando para eso, y va a seguir con más empuje que nunca!". Bueno, de
Liaño habló, no ya con desapego, sino con auténtico desprecio: "Si Javier se
la
pega o si Javier se la deja de pegar, a mí ¿qué? Ya es mayorcito para saber
dónde se mete... Tontos útiles los ha habido siempre".
-¡Vaya cinismo!
-Ah, y algo así como que "no me gustaría que Gómez de Liaño fuese el juez de
una
causa mía".
También a Garzón le llegaban retazos de información por Navarro, por Neira y
por
otras personas. Ahora, de un mazo de fichas de cartulina blanca sujetas con
una
pinza de metal pavonado, entresaca un par de apuntes manuscritos:
1 de abril. Neira y Navarro me cuentan, cada uno por su lado, una
conversación
que han tenido con García Trevijano. Subrayo una frase de éste que me parece
tremenda: "Hay que conseguir que Polanco vaya a la cárcel y sea condenado,
porque ése es el fin del sistema político...". Y que la suerte que corra el
juez
Gómez de Liaño no le importa, porque "Polanco, tiene que ir a la cárcel, con
razón o sin ella".
El 4 o el 5 de abril, Joaquín Navarro y Jesús Neira vuelven a llamarme, por
separado, y me dicen que Trevijano les ha comentado que él conocía las
resoluciones de Liaño sobre Sogecable "antes que se comunicasen a las partes
personadas". Les ha citado el auto prohibiendo a Polanco la salida del
territorio nacional. "Javier me pide criterio", les ha dicho. Según Navarro
y
Neira, "da la impresión de que Trevijano y Gómez de Liaño se lo comunican
todo
entre sí".
García Añoveros, en su Diario, dejaba constancia rápida de unos episodios
similares:
"Martes, 1 de abril. Veo a Joaquín Navarro en el Hotel Alcalá. Está
escandalizado por la connivencia Liaño-Trevijano...
"Éste colabora con Liaño en la confección de la querella y en el desarrollo
del
sumario, con vulneración de la más elemental de las leyes penales. Liaño,
además, hace lo que le dice la fiscal Mª Dolores Márquez de Prado, que no es
la
fiscal de este caso".
"García Trevijano apoya todo esto porque cree que la prisión y condena de
Polanco sería un golpe mortal para el sistema político. Joaquín le ha
reprochado
la incompatibilidad de esa actuación con su condición de jurista, la
indecencia
que supone... Joaquín reitera que lo que está haciendo Gómez de Liaño es
prevaricación".
"Viernes, 4 de abril. Al mediodía me llama Polanco. Liaño le ha denegado
viajar
a USA para recibir un doctorado... Me pongo en movimiento. La gente de El
Mundo
ya sabía ayer el contenido del auto. García-Trevijano lo ha recibido antes
que
el destinatario. Joaquín Navarro se escandaliza. Reciben la comunicación
antes
que la parte...".
Coincidiendo en el tiempo, Trevijano se hizo cargo de la defensa de María
Dolores Márquez de Prado, removida de su puesto en la Audiencia Nacional por
sus
enfrentamientos con el juez García-Castellón: es el tema de los "fiscales
indomables".
"A principios de abril -Garzón hojea un dietario de 1997, buscando la fecha
exacta-, recuerdo con nitidez la escena, en el despacho de María Dolores
Márquez
de Prado hablo con Javier para que recapacite sobre el berenjenal en que se
está
metiendo:
"-Javier, ¿tienes muerto o no tienes muerto? Si tienes muerto, aprieta con
todas
tus fuerzas -a la vez, arqueo mis brazos, como si estrechara a alguien para
retenerle, para reducirle-. Si tienes elementos, tira p'alante, decreta las
prisiones, y no habrá ningún problema. Si hay delito, ¡tríncalos, joder! Y,
si
se han quedado con veinte mil millones que no eran suyos, que vayan a la
cárcel.
Pero ¡ojo!, ¿tienes muerto o sólo tienes... humo? En el caso de Lasa y
Zabala,
tienes muerto. ¡Dos muertos tienes! Ahí puedes apretar. Pero aquí, en
Sogecable,
no tienes delito para meter a nadie en la cárcel. No tienes muerto. ¡Humo,
coño,
humo es lo que tienes! No te engañes, que si sólo tienes humo, al apretar te
encontrarás agarrándote tus propios brazos.
"A partir de ahí, él ya no habla de estos temas conmigo".
El 1 de mayo, fiesta y cabeza de un largo puente en Madrid, al mediodía
Javier
Gómez de Liaño y Dolores Márquez de Prado salen en el coche oficial del gran
chalet que García-Trevijano posee en Somosaguas. Han tenido una larga sesión
de
trabajo con el abogado que tramita la defensa de la fiscal indomable. En
cierto
momento, Trevijano ha aconsejado a Liaño que reanude su amistad con Garzón y
acorte distancias, "porque me consta que esa separación tiene mucho que ver
con
el caso Sogecable, y no es conveniente". Desde el coche mismo, Javier llama
a
Baltasar. Quedan para desayunar juntos el lunes 5.
Se encuentran en Zurbano 10, una cafetería tranquila, muy cerca de la
Audiencia,
donde solían reunirse meses atrás. Se acomodan en la zona de arriba, que
apenas
hay gente. En los primeros minutos, Javier lleva la iniciativa del
acercamiento:
-Baltasar, hace mucho tiempo que tú y yo no hablamos... Me gustaría que
volviéramos al clima de compañerismo de antes. Yo te estimo mucho...
-También yo a ti, Javier, aunque discrepe de algunas cosas que haces...
Bueno,
venga, ¿tú cómo estás?
-Bien, bien, el asunto va muy bien.
-¿Qué asunto? ¿Narcotráfico? ¿Lasa y Zabala? ¿Sogecable?
-¡Sogecable, por supuesto!
-Mira, Javier, ya que lo mencionas, quiero decirte que discrepo de algunas
medidas que has tomado en ese caso... Desde admitir a trámite la querella de
Sainz Moreno, hasta la forma de notificar el auto, que ha sido gravosa para
las
partes afectadas; incluso el propio auto prohibiéndole la salida a Polanco:
era
innecesario...
-Pues ¿quieres saber lo último que he descubierto? -Liaño abre mucho sus
ojos
azules claros, oprime con fuerza el antebrazo de Garzón y baja el tono de
voz-.
A través de Editorial Santillana, Polanco puede haber blanqueado dinero...
-¡¿Qué estás diciendo?! Javier, los hechos de Sogecable que tú investigas
llegan, que sepamos, hasta enero del 96. Y el blanqueo de capitales como
delito
sólo existe desde mayo del 96, salvo que ese blanqueo de dinero proceda del
tráfico de drogas. ¡Y no creo que intentes imputar a Polanco por
narcotráfico...!
-Bueno, yo te digo que hay indicios...
-Pero no seas cabezota, Javier, que cuando ese tipo delictivo entra en vigor
el
tema de Sogecable ya se ha acabado...
-Y me han dicho que el informe de los peritos de Hacienda va a ser
demoledor:
salen delitos de falsedad documental, de apropiación indebida,
societarios...
¡la berza!
En su momento, ese informe pericial llevará al archivo del caso Sogecable,
por
no apreciarse hechos delictivos.
Los dos jueces se despiden palmoteándose la espalda uno al otro. A Liaño,
que es
más sentimental, se le nublan los ojos.
Han roto el hielo, han dejado una puerta abierta..., pero Garzón sabe que
ese
gesto de Javier responde a una indicación de Trevijano. Joaquín Navarro se
enteró y le fue con el chisme... Tres días después, el 8 de mayo, la Sala de
lo
Penal de la Audiencia anula las órdenes de Liaño prohibiendo a los
directivos
del Grupo PRISA -Polanco, Cebrián, Aranaz y Rodríguez Gil- salir de España
sin
permiso judicial.
Al hilo de los hechos, Joaquín Navarro habla una y otra vez con Antonio
Navalón.
Le lanza mensajes alarmistas y le dice que, como magistrado, el tema le
preocupa
y le escandaliza:
"Tenemos que advertir a Gómez de Liaño: no se da cuenta de la insostenible
situación que se ha creado. Por una serie de datos que tengo, he llegado a
la
convicción de que a Javier lo están manipulando entre Campmany, Trevijano y
quizá alguien más, con la ayuda de María Dolores. Ignacio Gordillo anda
también
en esa operación... Yo quiero suponer que Javier está de buena fe, y hay que
abrirle los ojos. Además, va a destruir estúpidamente todo el trabajo serio
y
ético de lucha contra la corrupción que, entre Baltasar y unos pocos más han
cargado sobre sus espaldas. Hombre, ahora que está entrando un aire limpio
de
regeneración y de dignidad en la vida nacional..., ¡cuidado, que todo eso se
puede ir al carajo por lo de Sogecable! Lo que Javier está haciendo no es de
recibo, no es legal. ¡Es... un escándalo!".
Y en otra ocasión:
"Antonio, tendríamos que hablar con Baltasar Garzón. Él tiene autoridad
moral
para poner a Javier frente a la atrocidad jurídica que está perpetrando, y
convencerle de que se inhiba y pase el asunto a otro juez. A mí, como
jurista,
se me remueve el estómago de pensar que un juez se ponga de acuerdo con
García-Trevijano, o con quien sea, para instruir un caso por razones
políticas... Esto es muy grave. Y no quisiera yo ver a Javier en la cárcel,
que
es como va a acabar...".
El 12 de mayo, Baltasar Garzón anota en su Diario:
Dolores Márquez de Prado me invita a una comida en casa de Campmany, el
miércoles 14. Asistirán ella Javier Gómez de Liaño y Joaquín Navarro.
Percibo un
deseo de acercamiento... Sin grosería, le hago notar que me choca que Javier
almuerce con Campmany, que es el denunciante de un caso que él instruye. Le
pregunto simplemente: "¿Y eso?". Es lista, y me da una respuesta "light":
"Jaime
quiere regalarnos su último libro". Le digo que no iré porque tengo algo que
hacer en Valencia.
Al día siguiente, la Audiencia Nacional anula otra resolución de Liaño: el
auto
por el que decretó el secreto del sumario Sogecable. La expresión con que se
revoca es muy dura: "No justificado, irrazonable, innecesario,
desproporcionado
e inadecuado". Es un varapalo tremendo, y se comenta en los despachos y en
los
pasillos de la Audiencia...
A Garzón se le agolpan ahora las imágenes y las voces de aquel mediodía, a
eso
de las dos:
"Oigo a Natalia: "¡Un auto terrible, pobre Javier!". Dejando a un lado el
fondo
de la cuestión, pienso en la persona: es un compañero, le han tumbado ya
varias
actuaciones, lo está pasando mal. ¿Bajo o no bajo? Si no bajo, toda mi vida
me
censuraré no haber tenido corazón generoso para ir a consolarle. Es lo que
me
gustaría que hicieran conmigo... A eso de las dos menos cuarto, voy a su
despacho para darle un abrazo. Me lo encuentro desencajado, fuera de sí. En
cuanto entro, me dice:
"-¡Baltasar, la Sala ha prevaricado! ¡Es una Sala prevaricadora! Voy a
dictar
una resolución poniéndolo así.
"-Venga, hombre, serénate, tranquilízate. No te busques líos...


4-"En ese instante suena el teléfono. Es Gordillo, su fiscal. Javier le
dice:
"Ignacio, tienes que hacerme un dictamen diciendo que es necesario el
secreto
parcial para no entorpecer la investigación y tal... Así, yo le digo a la
policía que me lo pidan ellos...". Luego, agrega: "¿Por qué para el secreto
han
de tener con Polanco un criterio distinto que con Mario Conde? ¡No lo
entiendo!". Entonces señalo con el dedo hacia el techo, dándole a entender
que
me subo a mi despacho, en el piso de arriba. No quiero oír más del enjuague.
La
Sala manda levantar el secreto para que los afectados sepan de qué va el
tema y
puedan preparar su defensa. Y estos dos, juez y fiscal, están poniéndose de
acuerdo para hacer otra cosa... Me voy.
"A los pocos minutos, cuando estoy recogiendo la mesa, entra Javier en mi
despacho. Viene tan desencajado como lo dejé. Estamos los dos de pie. Vuelve
a
soltar lo de que "la Sala ha prevaricado", pero ahora dispara zambombazos
más
gruesos:
"-¡Clemente Auger y Bacigalupo son asalariados del Grupo PRISA, les hacen
informes, trabajan para ellos...! ¡Hay datos de que han cobrado de
Sogecable!
"-¡Un momento, Javier! ¿Tienes pruebas de eso que estás diciendo?
"-No tengo pruebas..., ¡pero tengo fuentes!
"-¿Quiénes son esas fuentes?
"-No te las puedo decir.
"-Pues si no lo puedes probar y no me puedes decir unas fuentes de
referencia,
cállate.
"Insiste con vehemencia: "¡Están comprados, están vendidos!". Le corto con
fuerza:
"-¡Basta, Javier! Te prohíbo que en mi despacho insultes así a compañeros
tuyos
y míos. Son injurias graves las que les estás echando encima, y no te tolero
que
las digas aquí, si no tienes pruebas ni fuentes que mostrar.
"-¡No, si a lo mejor tú también criticas mi auto de prisión de Polanco!
"-A mi juicio, no se dan los requisitos para la prisión provisional, pero tú
sabrás...
"-¡¡Son magistrados corruptos...!!
"-Venga, Javier, cálmate... Anda, márchate, vete a tu casa.
"-¡¡Te digo que son magistrados corruptos...!!
"-¡Coño, cállate, no puedes decir eso...! Tú estás mal de la cabeza, tío.
Has
perdido el equilibrio... y te vas a hundir. ¡Reacciona, Javier, reacciona,
que
te están hundiendo!".
En presente, al rebobinar el recuerdo, Garzón cae en la cuenta de que Gómez
de
Liaño, quizá por la tremenda tensión a la que estuvo sometido, fundió y
confundió en su mente algunas de aquellas frases -"serénate", "estás mal de
la
cabeza", "vete a tu casa"-. Eso explicaría que dos años más tarde fabulase
al
escribir en uno de sus libros: "Garzón me sugirió que pidiera un permiso de
tres
días para así hacerse cargo él de mi juzgado y tomarles declaración a
Polanco y
a Cebrián". Claro que Liaño sitúa esa imaginada sugerencia "una mañana del
mes
de abril, en el despacho de María Dolores"; en cambio, esta escena ocurrió
el 13
de mayo, a las dos de la tarde, en el despacho de Garzón.
Muestra de que ese 13 de mayo Gómez de Liaño no sintió lo que después
escribió
en su libro -"ganas de echarle con cajas destempladas", "mi seca despedida
fue
lo más parecido a un adiós insultante", "María Dolores expresaba rabia
civilizada"- es que, al día siguiente, María Dolores y él insistían de nuevo
en
llevar a Garzón a la comida con Campmany.
Volví a decir que no, que me iba el día 15 a Valencia para una escritura de
hipoteca -apunta Garzón en su Diario, bajo la fecha 14 de mayo-. A Joaquín
Navarro le aconsejé: "Yo en tu lugar tampoco iría". Me dijo: "Voy para
enterarme". Después me llamó: "¡Menos mal que no has ido! Salió a relucir el
asunto Sogecable. Campmany comentó: "Ese caso está muy parado", y María
Dolores
dijo: "Hay que seguir adelante, aunque nos inmolemos".
Lo que Liaño y Gordillo hablaron por teléfono, estando Garzón delante,
revelaba
cierto empecinamiento en el juez de Sogecable, al querer que la policía
judicial
pidiera lo que él hubiese tenido que decidir por sí mismo sin ampararse en
nadie. Como más tarde explicaría el inspector jefe de la Brigada de
Delincuencia
Económica, Fabián Zambrano, "ese informe policial pidiendo el secreto se
hizo
porque el juez nos lo pidió: el magistrado me llamó a mí, no yo a él, y me
sugirió que le enviara un escrito por fax indicando que convenía mantener el
secreto; a la policía nos da igual que el sumario esté o no secreto:
nosotros
siempre trabajamos en secreto". Liaño no alzó el sigilo hasta veintinueve
días
después. Fue una de sus prevaricaciones: se constató que durante ese tiempo
ni
practicó diligencia alguna sobre "hechos nuevos", ni había "nuevos
documentos"
que proteger con secreto, ni "investigación nueva" que se pudiera frustrar.
Para
que la policía volcase sobre el papel los datos de los bancos, que tenía ya
en
su poder desde abril, no se precisaba el sigilo. El secreto es una medida de
excepción, de uso sin abuso, que suspende ciertas garantías y deja indefenso
al
justiciable.
En esos días, Navarro habla por teléfono con Garzón:
-Baltasar, la Sala de lo Penal ha prevaricado al mandarle a Javier que
levante
el secreto en el caso Sogecable: hay un informe policial en el que se pide
mantener el secreto, porque alzarlo perjudicaría lo que están investigando.
-¿Y tú cómo lo sabes?
-He leído ese informe. Javier me lo ha enviado por fax.
Con ese par de frases, Garzón se percata de dos cambios: uno, Navarro ya no
se
escandaliza por las actuaciones de Liaño; antes bien, apunta contra la Sala.
Y
otro, su fuente sobre lo que hace o dice el juez de Sogecable ya no es lo
que
Trevijano le quiera contar; sino que, según dice, él mismo recibe en su fax
los
documentos internos del proceso. Por lo demás, Liaño sigue vulnerando el
mismo
secreto sumarial que con tanto celo defiende.
Al poco, se celebra una tertulia en el Pazo de Monterrey. Garzón recuerda:
"Debió de ser por esas fechas. Estábamos diez: Joaquín Navarro, Jesús Neira,
Jaime García Añoveros, Ezequiel Jaquete, los periodistas Bonifacio de la
Cuadra,
Soledad Gallego-Díaz y Lorenzo Contreras, el psiquiatra Francisco Albertos,
el
catedrático Juan González Encinar y yo, que llegué un poco tarde. Había
clima de
polémica. Navarro y Añoveros estaban enzarzados sobre la restauración del
secreto sumarial ordenada por Liaño contra el parecer de la Sala. Joaquín
Navarro dijo en voz alta lo que me había referido en privado: que él había
visto
"un informe policial pidiendo al juez que mantuviera el sigilo". Neira y yo
nos
miramos. Con su indiscreción, Navarro ponía en berlina a Javier, ya que
precisamente esa parte del sumario estaba secreta, y nadie podía conocerla.
Le
di algún toquecito con el pie bajo la mesa, pero Joaquín no atendía, estaba
embalado. La discusión sobre Sogecable se amplió: intervinieron con mucho
brío,
de una parte, Soledad Gallego Díaz, Bonifacio de la Cuadra y García
Añoveros, y
Joaquín Navarro y Neira de otra. Yo les advertí: "No quiero opinar, porque
puede
tocarme ser juez de esa causa en cualquier momento". De pronto, Navarro
soltó
una frase rotunda y brutal: "Entre un juez prevaricador y una Sala
prevaricadora, me quedo con el juez prevaricador".
"Fue la gota que colmó mi vaso. No volví a asistir más a esas tertulias...
por
no encontrarme con él.
"En casa dije que me filtrasen las llamadas. Joaquín era como un sarpullido:
telefoneaba sin parar, le dictaba los recados a mi hija María. Pero yo había
decidido aislarme de él y de otros que me venían con noticias de las tripas
judiciales de Sogecable. Mi deber como juez sustituto era preservarme de
cualquier contaminación, por si tuviese que intervenir. No soy de piedra, y
ese
chorreo de informaciones me iban haciendo mella.
"Por otro lado, yo veía desmoronarse la montaña. La Sala iba anulando, una
tras
otra, las resoluciones de Javier, con autos razonados y fundados en derecho.
Una
de las misiones de la Sala es defender la pureza del proceso frente a
posibles
errores del juez instructor. El caso Sogecable registró el enfrentamiento
más
duro que se haya visto jamás entre un juez y la Sala.
"Y en éstas, ocurre lo que me temía: el 6 de julio, alzado ya el secreto y
conocidos los informes de la Fiscalía General y de Hacienda, que no veían
delito
en la gestión de Sogecable, Juan Luis Cebrián recusa a Liaño: alega que el
juez
siente hacia él "enemistad manifiesta" y tiene "interés indirecto" en la
causa.
Me toca hacerme cargo y dirimir la recusación.
"Al día siguiente, en el hotel Princesa, Mayor Oreja presenta Narco, un
libro
escrito al alimón entre Eusebio Megía y yo. Allí aparecen Neira y Navarro:
"Baltasar, tendríamos que vernos. Llevamos mucho tiempo llamándote, y no hay
manera... ¿Por qué no comemos juntos mañana?". Pongo una condición: "Ni una
palabra sobre Sogecable, ¿hace?".
"Estamos los tres en el comedorcito reservado del Pazo de Monterrey. Neira
dice
que él ha detectado "ciertos manejos de Trevijano hacia Gómez de Liaño". Y
que
"Trevijano no está en el caso sólo por una idea política, ni de forma
altruista
y gratuita: tiene un interés económico, puesto que es asesor legal de
Televisa".
En esas fechas, Anson es director de ABC y presidente de Televisa. Al oír a
Neira yo entiendo que se va cerrando el círculo de los intereses.
"En plena comida, me sueltan lo que querían: Trevijano les ha dicho que van
a
arreciar los ataques contra mí a través de prensa y radio, como se me ocurra
admitir la recusación contra Gómez de Liaño. Piensan movilizar "todo lo que
no
es el Grupo Prisa".
"Navarro lleva la voz cantante. Neira asiente apesadumbrado.
"-Prepárate a la ofensiva: Anson, García-Trevijano, Pablo Sebastián, Jesús
Cacho
y demás "amigos" empezarán a disparar con artillería pesada. Quieren
machacarte,
Baltasar. Dirán que tienes intereses económicos y políticos con Polanco...
"-Ya están diciéndolo...
"-Que has pactado con Polanco: que te paga los estudios de tus hijos en
Estados
Unidos y va a financiar tu retorno a la política fundando un Partido
Socialista
Renovado.
"-Mirad, mi honradez es lo único que tengo, y la campaña de desprestigio que
me
están haciendo es vil, es abyecta; pero en mi trabajo no acepto amenazas ni
coacciones. Voy a tramitar la recusación de Cebrián. Y haré lo que crea que
debo
hacer.
"-Tú tienes que abstenerte en esa recusación. Y debes hacerlo por la amistad
que
existe entre Javier y tú.
"-Si entiendo que debo abstenerme, lo haré; pero no por amistad o por
enemistad.
Cógete la ley, Joaquín: cuando un juez tiene que resolver si otro es o no
recusable, la amistad no es causa legal de abstención. La Sala no me la
aceptaría. Si me abstengo, lo haré cuando procesalmente pueda hacerlo, no
cuando
me lo digas tú. Además, lo haré contando la verdad.
"-¿Qué verdad...?
"-La verdad de lo que he conocido.
"-Pero, pero... ¡eso es una locura, Baltasar! Si haces eso, te hundes por
siempre jamás. Si haces eso, te machacan vivo...
"-Es un riesgo que tendré que correr, pero debo ser honesto conmigo mismo.
No sé
tú, pero yo no sé afeitarme a ciegas: necesito mirarme al espejo... y no
quiero
tener que desviar los ojos. Desde luego, no voy a tirarme al vacío como un
suicida sin más bagaje que mi testimonio, para que todos los demás,
compinchados, nieguen que se han producido tales encuentros, tales
comentarios,
tal cruce de informaciones, y nadie crea mi versión...
"-Entonces... ¿qué cojones vas a hacer?
"-Yo puedo aceptar o rechazar la recusación. Y también puedo abstenerme.
Pero
haga lo que haga, debo fundamentarlo, no puedo resolver de boquilla: debo
argumentarlo sobre hechos constatados.
"-Pero, Baltasar..., ¿tú te das cuenta de que, si haces eso, me obligas a
decir
que soy yo quien te lo he contado?
"-Es que deberías hacerlo. Sería lo mejor para la Justicia.
"-¡Sería lo mejor para la Justicia... y a mí, como juez y como magistrado,
me
hundes! ¡Estás loco! ¿Cómo coño voy a decir yo que lo que tú sabes lo sabes
por
mí? ¡Ni harto de vino...!
"Navarro está encendido de ira. Se produce un silencio espeso. Al poco,
vuelve a
hablar él. Le miro: se le ha mudado la expresión. De la indignación ha
pasado al
aborrecimiento. Del temor, al cinismo:
"-Baltasar, nada de lo que tú sabes, y yo sé, vas a poder probarlo nunca...
¿No
lo habías pensado?
"-Tengo muchas cosas que decir. Sé más de lo que quisiera.
"-Sí, pero no te sirve de nada. No puedes contar nada. No tienes pruebas. Y
lo
que no está en autos, en derecho no existe.
"-Pero existe en mi conciencia.
"-Pues, si vas por ahí, ésa será tu perdición, ése será tu final. ¡Te vamos
a
destrozar, como juez y como persona! ¡Te vamos a laminar... y tú solito te
lo
habrás buscado!
"Me quedo noqueado al ver la calaña de quien me amenaza así. Me levanto y
voy
hacia la puerta. Cuando estoy sacando el billetero para pagar, Neira me
dice:
"No, no, te hemos invitado nosotros". Pero aún oigo, ya de espaldas, unas
últimas palabras zafias de Joaquín Navarro... En el aseo, vomito. Vomito de
asco, por esa coacción tan miserable. Y noto dentro mucha náusea acumulada.
"Nunca en mi vida habían presionado en mi libertad judicial. ¡Qué poco me
conocen! Intentar ponerme un yugo es incitarme a una reacción impetuosa de
más
independencia, de más libertad".


5-En agosto de 1997, Baltasar Garzón tiene una beca del Foreign Office para
estudiar inglés en Eaton upon Avon, pero renuncia en el último momento.
-No voy a ir. No podré concentrarme en el inglés -dice a su mujer-. Estoy
pasándolas canutas. Noto el peso casi físico en mi conciencia: la duda entre
aceptar la recusación contra Javier, rechazarla, abstenerme... No es una
decisión trivial. Afecta seriamente a un compañero, afecta seriamente a la
Justicia, y me puede afectar seriamente a mí. Además, Yayo, estoy seguro de
que
si me voy éstos me hacen alguna putada.
Reparten las vacaciones entre Almería, Sevilla y Llavorsí, un pueblecito de
Lleida. Hacen deporte fluvial con los chiquillos, rafting en lanchas de lona
por
el Noguera Pallaresa.
"Y yo -Garzón recuerda aquel desasosegado agosto-, dándole vueltas al tema
en mi
cabeza. Lo fácil era el manotazo: rechazarla con un simple "no se ha
acreditado
el interés indirecto". Lo difícil era yo mismo. Tengo muchísimos defectos.
Puedo
ser soberbio, testarudo, colérico, celoso..., pero creo que soy recto y
honrado:
no transijo con una injusticia, ni con una ilegalidad, si me consta que se
está
cometiendo y perjudica a alguien. No puedo pasar por alto lo que sé. Si lo
oculto me convierto en cómplice. Si lo expongo, puede decirme la Sala de
Gobierno que debí declararlo antes. Pero... me llevo a mí mismo por delante,
y
quedo a los pies de los caballos.
"Mi familia me decía: "¿Otra vez tienes que sacar pecho? Esto te acarreará
consecuencias. Son como una secta: se te echarán encima, todos de uñas,
quedarás
como un mal amigo". "Ya lo sé; pero no voy a actuar por respetos humanos, ni
por
miedos. ¡Ojalá se despejara todo, y brillase el sol, y nadie tuviera que
pagar
prenda!".
"Yo no me sentía ecuánime de espíritu para aceptar o rechazar la recusación
de
Liaño. Estaba mediatizado por lo que me habían ido contando, aparte lo que
yo
mismo había presenciado.
"Desde chico, siempre he optado por la justicia, la independencia, la
verdad.
Son opciones que tienen mala paga, pero opté por ahí. Expuse ante la Sala de
Gobierno de la Audiencia mi conflicto moral. La Sala aceptó mi decisión de
abstenerme.
"Previamente, practiqué las pruebas que Cebrián pedía como recusante de
Liaño.
Una de ellas era verificar los envíos de información por fax, del juez Gómez
de
Liaño a García-Trevijano y a Navarro...".
Al parecer, Liaño utilizaba el fax del juzgado nº 2 -el de Ismael Moreno-,
donde
María Dolores trabajaba como fiscal. Ella tenía amistad más que suficiente
con
una de las funcionarias, Mari Carmen Gallego, como para ir cualquier tarde y
poner uno o dos faxes sin darle explicaciones. Aunque ajena legalmente al
caso
Sogecable, Márquez de Prado se subraya escena a escena como una hábil
concertadora de todos esos encuentros de intereses.


Aunque era el fax de un organismo público y Garzón tenía en curso una prueba
judicial, no entró a buscar en el fax del juzgado. Eligió algo más aséptico:
preguntó a Telefónica. Le dijeron que, transcurrido cierto tiempo, no
guardaban
el listado de números. Y ahí zanjó esa indagación. No quería hacer sangre.
"Parte de las pruebas opuestas que pedían el recusante y el recusado era que
declarasen Trevijano, Navarro, Neira y Añoveros. Los cité. Uno de ellos,
García
Añoveros, explicó cómo Joaquín Navarro le contaba paso a paso los mismos
sucesos
que a mí. Bien. A partir de esa declaración de Añoveros, me dije: "Aquí me
detengo; ya puedo abstenerme, porque hay otro testigo que, no siendo yo,
sabe lo
mismo que yo; alguien en quien apoyar mi versión, sin que la Sala me la eche
atrás".
"El 3 de septiembre, aquí, en esta misma buhardilla, cojo el bolígrafo para
dictar el auto motivando por qué me abstengo. Sé que haga lo que haga me
quedo a
la intemperie, sin defensa, y que no voy a agradar a nadie. Es lo contrario
de
contentar al corro. Un bando quiere que yo decida "Liaño, recusado". El
bando de
enfrente, que rechace la recusación y diga "Liaño sigue". Sin embargo, no
voy a
hacer ni lo uno ni lo otro. Y lo que es peor: el argumento de mi abstención
es
el tufo maloliente de complot, el metesaca de intriga que vengo percibiendo.
No
voy a gustar a nadie, no me va a aplaudir nadie. Me triturarán, vale; pero
mi
conciencia, que no es conformista, me dejará dormir en paz".


Se pone a escribir. Sin tildes, sin comas. Prosa ramplona y desvencijada
sintaxis. Un torpe aliño indumentario, a su manera. "¡Te vamos a machacar!",
"con este caso vamos a hacer la revolución...", "seguir adelante aunque nos
inmolemos". Garzón no puede espantar de su memoria esos plurales de trama,
que
siguen sonándole a quebrantahuesos mafioso, a pandilla vindicativa, a Cosa
Nostra amenazante...
"No tomo la decisión más cómoda, ni la más rentable, sino la que considero
más
justa. Si no lo hiciera así, yo mismo traicionaría al juez Garzón: él cree
en
serio que la Justicia es un servicio público, y no puede encadenarse a
intereses
particulares, ni arrodillarse ante miedos reverenciales.
"Has hecho -me digo- lo que tenías que hacer. Y me dispongo a pasar esa
página y
a centrarme en mi trabajo: los desaparecidos de Argentina, el narcotráfico,
las
cuentas de la Expo'92, Telemundi, Telecinco, Berlusconi, Durán, De la
Rosa...
Pero alguien se empeña en no dejármela pasar: Liaño remite mi escrito de
abstención al fiscal general del Estado -que es nuevo: acaban de cesar a
Úrculo
y han nombrado a Jesús Cardenal-. Él entiende que, con lo que digo en el
auto,
le acuso. Eso, con mucho guirigay y mucha fanfarria de prensa, radio y
televisión, provoca una denuncia del fiscal del Estado. Y el Supremo nos
convoca, primero como testigos y luego como imputados, a Javier, a María
Dolores, a Ignacio, a Joaquín Navarro y a mí. Como a niños revoltosos: "Por
pelearos, ¡castigados, todos!" Oiga, ¡un momento! Yo lo único que he dicho
es
que los señores Navarro, Neira y García Añoveros -y podría añadir algún otro
nombre- me han contado una misma película de enredos. ¿Es cierta? ¿Es falsa?
No
lo sé. Y como esa duda me impide ser imparcial, me quito de en medio, me
abstengo. Indaguen ustedes si es verdad o no es verdad... Pero ¡qué van a
indagar! Se percibía un humus raro, raro... Cuando acudí al Supremo,
pregunté:
"¿Qué hago yo aquí? ¿En concepto de qué estoy citado?". Allí estábamos
Javier,
que era el denunciante, y yo, que era el denunciado. Ni siquiera el fiscal
Luzón
tenía una respuesta: "Eso mismo digo yo: ¿qué hacemos aquí?".
"Yayo sufría. Ella no lo sabe, pero la vi llorar. Conmigo procuraba estar
animosa, quitando hierro: "Si las cosas salen mal, levantamos la casa y nos
vamos. ¿Qué nos une a Madrid? Nuestra gente está fuera. Y los amigos de
verdad
seguirán siéndolo aunque vivamos en otro lugar". En cierto momento me dijo:
"Tú
has destapado un asunto, y ellos lo quieren tapar. No te olvides, Baltasar,
que
detrás están los intereses del Gobierno. Y el fiscal obedece al Gobierno.
Ahora
montan este show, os meten a todos en el mismo saco, la gente se confunde...
Y
al final, ya verás: justos por pecadores, rapapolvo general, y aquí no ha
pasado
nada. Eso va a ser un paripé". Y no iba descaminada. También me advertía del
corporativismo judicial: "Todos son patanegra. Ignacio, Javier y María
Dolores
tienen a sus familias en la magistratura. Tú no. Búscate un abogado amigo,
de
quien te puedas fiar". Le hice caso, y llamé a Manolo Medina".
El 26 de septiembre de 1997 Garzón declaró en el Supremo. Fue un trago
amargo,
comparecer como imputado. El instructor era Joaquín Delgado. El fiscal, José
María Luzón.


-De esas noticias que a usted le daban sobre reuniones entre los señores
Jaime
Campmany, Javier Gómez de Liaño y María Dolores Márquez -inquirió el
fiscal-,
¿dedujo que había un acuerdo para cometer delito de prevaricación y retardar
el
caso Sogecable de modo malicioso? En tal caso, ¿intentó usted perseguir tal
delito, o impedir que se realizara?
-Nunca percibí -Garzón se señaló instintivamente los ojos- que se estuviera
cometiendo un delito. Mi conocimiento era sólo referencial: recibido en
charlas
y en conversaciones privadas. Por esa misma carencia de pruebas, me
resultaba
imposible formular una denuncia o una acusación solvente sin el riesgo de
que
fuese tachada de calumniosa. Ahora bien, esos mismos datos que consideré
insuficientes para hacer una denuncia, sí los estimé suficientes para
abstenerme
sobre la recusación presentada contra mi compañero Gómez de Liaño. Y lo hice
en
el momento en que constaté que, en efecto, lo que yo había conocido fuera
del
proceso me impedía resolver ese conflicto con imparcialidad.
Con perspicacia de mujer, Yayo Molina adivinó que aquel desfile de jueces y
fiscales por el Supremo, con su fogonazo de espectacularidad, sería apenas
un
formalismo, apariencia de investigación a la que se dio carpetazo rápido: no
hubo trama, no hubo conchabeo ni complot, nadie era culpable de nada. Y lo
más
enjundioso: ese paso por el Jordán del Supremo convirtió la historia en
intocable, dándole patente de "cosa juzgada".


Después, el juez Ismael Moreno dirimió la recusación contra Liaño y lo
apartó
del caso Sogecable por "parcialidad objetiva".


En su Diario, Garzón anotó aquel 26 de septiembre:
Declaro en el Supremo. Por no perjudicar a nadie, me limito a argumentar mi
abstención. Estrictamente. No paso a más. He sido muy parco. Tampoco he
visto
interés en averiguar la verdad de lo que ocurrió, si hubo enjuague o no lo
hubo.
En todo caso, he respetado la reserva de unas conversaciones privadas.
Ahora, releyendo esas líneas, piensa: "Pero esa reserva tiene un límite: el
derecho de los ciudadanos a que sus jueces sean independientes y no
arbitrarios...".


El fiscal Gordillo se ufanaba ante algunos colegas de que su postura
representaba lo que el Gobierno de Aznar quería en el tema Sogecable. Por el
vicepresidente Álvarez Cascos supo una semana antes que iban a cesar al
fiscal
general Ortiz Úrculo. Es más, que Úrculo caía por no plegarse al Gobierno en
lo
de Sogecable. De ahí que Gordillo se atreviera a desafiar a su máximo jefe,
desoyendo su instrucción verbal y escrita de "oponerse a cualquier medida
cautelar contra los directivos de Canal Plus, porque no hay indicios de
delito".
Se salta esa orden y da por buenas varias "medidas cautelares" como la
prohibición a Polanco, Cebrián y demás de salir de España sin permiso y la
fianza de doscientos millones. Contra lo que la Sala ha dispuesto, Gordillo
se
aviene también a prorrogar el secreto. Así, alargan el caso ficticiamente.
Todo
esto se volverá en contra de Liaño, pero no de Gordillo. Sus indisciplinas
no le
acarrean sanción alguna. Tampoco al fiscal Fungairiño. Sin duda, ambos
tienen el
mejor de los blindajes: están en la línea que interesa al Gobierno.


Ignacio Gordillo jugó en la trastienda con Javier, con María Dolores, con
Trevijano... Él supo siempre que éste era un caso político, que la denuncia
de
Campmany y el informe de Fomento en que se basaba eran piezas de un mecano
político. Todos lo sabían. Todos, menos el juez que lo llevaba.
¿Qué le ocurrió a Liaño? ¿Por qué se dejó manejar? Desde el punto y hora en
que
aceptó el diálogo para designar a los abogados, cambiar las querellas,
aumentar
las denuncias, incluso el simple compadreo con el denunciante Campmany, el
juez
entró en connivencia con los intereses de una de las partes. Igual de nocivo
hubiese sido que tuviera los arrimos con la otra parte.
Garzón se despereza a la inglesa: extiende ambos brazos y los lleva hacia
atrás
hasta rodear el respaldo del sillón, mientras aspira y espira con largo
bostezo.
En unos folios ha anotado fechas, nombres, lugares y ciertas frases al pie
de la
letra. Se frota el puente de la nariz para desentumecer la huella del arco
de
las gafas. Recoge los diarios y las fichas de cartulina. Echa todavía una
mirada
al retrovisor del caso Sogecable, "el caso fantasma", "el caso que nunca
existió":
"Abusaron de su bonhomía. Trastearon su vanidad. Alguien detectó que su
talón de
Aquiles era cierta tendencia al heroísmo iluminado; y, por ahí, le imbuyeron
de
la trascendencia histórica del caso Sogecable y de que con ese lance
acometía,
¡qué sé yo!, una obra purificadora, en el sacrosanto nombre de la
Justicia...
¡la inmolación!


"Javier no obró bien. Pero no quiero que pierda la toga.
"Sin embargo, hay algo que me llama la atención en toda esta historia: ¿por
qué
Javier nunca ha querido saber qué había conocido yo fuera del proceso, qué
me
habían contado, qué graves cosas decía de él su nuevo amigo Joaquín Navarro,
que
a mí me impedían la ecuanimidad para el sí o el no de su recusación?".
Por la escalera, los pasos de Yayo que sube a la buhardilla.
-¿Te falta mucho?
-He terminado ya...
-Para mañana, te he preparado el traje gris ligero. ¿Vas a llevar camisa de
color...?
-No, camisa blanca con gemelos y la corbata gris de rayitas.
-Venga, si has terminado, bájate y cena algo...
-Yayo, ¿tú entiendes por qué me cita María Dolores como testigo de la
defensa de
Javier?
-Lo estoy pensando desde que te llegó la citación. A Javier le acusan de
prevaricar al instruir el caso Sogecable. Y tú, de eso, ¿tienes algo que
decir?
-Yo ahí ni entré ni salí. Me mantuve al margen. No conozco el sumario. Se lo
crean o no, no leí ni un folio...
-Los trapicheos entre Liaño, Trevijano, María Dolores, Campmany... los
faxes,
las consultas, las reuniones... todo aquello que contaban es papel mojado,
se
archivó, ¿no?
-Aquello era muy gordo, pero le dieron carpetazo. Además, no tiene nada que
ver
con lo que ahora se juzga. Por eso me choca que éstos me llamen...
-¿Y crees que Javier y María Dolores van a querer desenterrarlo en perjuicio
de
ellos?
-En buena lógica de cordura, no tendrían que citarme. No les convengo. Sin
embargo, me convocan, con el riesgo de que, a poco que hurgue ahí, les pueda
perjudicar. No se dan cuenta de que, como testigo, estoy obligado bajo
juramento
a decir la verdad.
-Yo no sé qué busca María Dolores...
-Yo tampoco. Sólo puedo entenderlo como que piden árnica: que yo haga una
declaración favorable a Javier...
"Yayo, he estado leyendo las agendas, reconstruyendo la historia. Y he
tomado
una decisión: para mañana en el juicio, quiero borrar dos años de mi vida,
los
dos peores años de mi vida. Voy a ir en blanco, sin rencor, sin recordar la
hostilidad que han desatado contra mí en este tiempo. Yo no podría ser amigo
de
ellos. Pero Javier está en un trance muy dramático, se juega la carrera.
Para
mí, eso sería jugarme el sentido de mi vida. Al mínimo resquicio de
acercamiento
que yo perciba, estoy decidido a tenderle, no una mano: las dos. Es lo que
me
gustaría que hicieran conmigo. Bueno... siempre que no me fuercen a mentir.


6-A la mañana siguiente, 16 de septiembre de 1999, Garzón comparece ante la
Sala
Segunda del Supremo. Es un escenario vetusto, solemne y con empaque. En el
estrado, los magistrados juzgadores: Gregorio García Ancos, Enrique
Bacigalupo y
José Manuel Martínez-Pereda. A la izquierda del testigo, las defensas del
acusado: Dolores Márquez de Prado, Jorge Trías y el propio Gómez de Liaño,
que
también se defiende a sí mismo. A la derecha, el fiscal Luzón y los letrados
de
la acusación: Horacio Oliva, Matías Cortés, Antonio González-Cuéllar y
Emilio
Rodríguez Menéndez. Dentro y fuera, toda la prensa nacional y foránea.
En pie, Garzón jura decir la verdad y escucha las generales de la Ley.
Luego, se
sienta. Con parsimonia, se sirve agua y bebe un sorbo largo. Busca la mirada
de
Gómez de Liaño... No la encuentra.
La defensora Márquez de Prado, más que interrogar, afirma:
-Tanto el acusado como el testigo Ignacio Gordillo, que ha declarado bajo
juramento, dicen que usted reprochó a Gómez de Liaño su actitud "demasiado
débil" y que, de haber sido usted el juez, "Polanco y Cebrián estarían ya en
Alcalá Meco".
-Esa conversación no existió, aunque un testigo lo haya declarado bajo
juramento.
A Garzón le viene de súbito a la mente algo que ocurrió el día antes en su
juzgado: una oficial, Elena Jiménez, después de leer en el periódico que
Liaño y
Gordillo habían declarado eso de "si yo fuera el juez, ésos estarían ya en
Alcalá Meco", le comentó: "Don Baltasar, lo que han dicho no es verdad".
Ella se
acordaba de una escena que presenció allí, en el despacho de Garzón, dos
años
antes: "Natalia decía: "¡Uff, Gómez de Liaño le ha puesto doscientos
millones de
fianza a Polanco! Claro, como al pobre le están dando tanta caña desde EL
PAÍS...". Y usted contestó: "Eso es una barbaridad. Hay que perseguir el
delito,
no a las personas porque te hayan dicho tal o cual desde un periódico.
Polanco
podrá ser lo que quieran, pero si en esto no ha delinquido, ¿cómo se le va a
poner la mano encima? ¡Me da igual que sea Polanco, al que sólo he visto en
dos
actos oficiales, o que sea Cebrián, con quien no he hablado en mi vida! Esa
acepción de personas, esa persecución ad hóminem, quebranta el alma de la
Justicia". Y luego nos dijo que el fondo de ese planteamiento era
prevaricador".
Elena se ha ofrecido a declarar lo que vio y oyó.
-Tengo notas, tomadas entonces -agrega Garzón, señalando levemente su
portafolios-, de las siete conversaciones cara a cara y las cuatro
telefónicas
que mantuve con Gómez de Liaño desde que se inició el caso Sogecable. Y esa
que
usted menciona, y ha salido en la prensa, existió; pero no en la fecha que
usted
dice ni con el contenido que señala.
Márquez de Prado no calibra el mensaje de advertencia que acaba de lanzarle
Garzón: no me trastoques la historia, porque la traigo escrita. Enarca las
cejas
con gesto desdeñoso, entre burlón e incrédulo. Garzón decide poner a esa
mujer
en su sitio, sin perjudicar a Liaño.
-En cambio -continúa, con asombro de la defensa-, recuerdo que el día que se
admitió a trámite la denuncia, viniendo los tres de desayunar en Riofrío,
usted
misma dijo: "Polanco y Cebrián van a tener que hacer el paseíllo por las
escaleras de la Audiencia". Sí, y añadió: "Con este caso vamos a hacer la
revolución desde la Justicia, para acabar con el polanquismo, con el
felipismo y
con el sistema corrupto...".
Adrede, sin mentir, deja fuera del relato a Javier. María Dolores,
sorprendida y
nerviosa, esboza una sonrisa irónica.
-Eso fue así, aunque usted se sonría.
La defensora insiste en interrogar a Garzón sobre conversaciones privadas
entre
los dos jueces, con lo cual fuerza al testigo a decir verdades
inconvenientes
para el acusado:
-En el despacho de Gómez de Liaño -responde Garzón-, le pregunté: "Javier,
¿estás seguro de lo que estás haciendo?". Me dijo: "Sí". Le insistí:
"¿Seguro
que hay delito?". Volvió a decirme: "Sí". Allí mismo le advertí: "Ten
cuidado
con García-Trevijano: puede enredarte"... Otra conversación, esta vez en el
despacho de usted, a primeros de abril, cuando pregunto a Javier qué piensa
hacer con las peticiones de prisión contra Polanco, Cebrián... Me contesta
que
aún no tiene un criterio formado, y le expongo la metáfora del abrazo: que
apriete con fuerza si tiene muerto, si tiene delito; pero que lleve cuidado
por
si lo que abraza es sólo humo... Y usted estaba presente.
Márquez de Prado vuelve a sonreír, despectiva. Garzón la mira fijamente a
los
ojos y, muy serio, repite las siete palabras de antes, pero derritiendo las
sílabas como si fueran de plomo:
-Eso fue así, aunque usted se sonría.
-¿Por qué tenía usted tanto interés en el caso Sogecable?
-Ningún interés, en absoluto. Y usted lo sabe... Bueno, sí, uno: que mi
compañero Javier no se diera de bruces en el suelo.
-¿Es cierto que insinuó a Gómez de Liaño que se tomara una baja, para
recibir
usted las declaraciones de Polanco y de Cebrián, y así imponerles medidas
cautelares más suaves?
Un murmullo recorre la sala. Hasta ahora, las preguntas o eran improcedentes
porque se referían a un asunto ya archivado, o eran perjudiciales para el
acusado porque maldisponían al testigo. En este momento, queda en evidencia
que
la defensora navega sin brújula. Al principio, pretendía imputar a Garzón
animosidad contra los directivos de Sogecable. De pronto, da un viraje y
derrama
la hipótesis de que quizá Garzón deseó quedarse el caso para tratar a
Polanco y
Cebrián con suavidad.
-Es falso. Si tanto interés tenía yo, dígame, ¿en qué folios del sumario
están
las declaraciones que tomé a Polanco y a Cebrián, o los autos levantando las
medidas cautelares que había ordenado mi compañero Javier? Usted sabe
perfectísimamente que no hay tal, que eso es mentira... y que yo estoy bajo
juramento.
A petición de García Ancos, presidente de la Sala, Garzón desgrana los
encuentros y conversaciones por teléfono con Liaño. Y ahí ya sale todo,
incluido
el almuerzo del 14 de mayo, cuando el juez del caso Sogecable acepta la
invitación del denunciante Campmany y, ante el reproche de "ese caso está
muy
parado", el propósito de "seguir adelante aunque nos inmolemos", por boca de
la
fiscal metida a defensora. Garzón mira a Gómez de Liaño en el estrado. Le ve
bajar los ojos, con gesto abatido. ¿Cómo iba a suponer que el parlero de
Navarro
iba por ahí contándolo todo?
De regreso a casa, suena el móvil de Garzón. Es Yayo:
-Baltasar, ¿cómo estás?
-Destrozado y asqueado...
-He oído por la radio que te has enzarzado con María Dolores...
-Esa mujer no ha hecho más que provocarme. A la segunda pregunta, ya me
imputó
un delito. Intentaba desplazar el juicio contra mí, olvidando que a quien se
juzga por prevaricación es a Javier. Pero ha dado en hueso. Le he tenido que
decir: "A ver, saque usted las actas del sumario y dígame dónde he actuado
yo en
el caso Sogecable". ¡Muda se ha quedado! Como juez sustituto de Javier, ya
lo
creo que tuve un amplio almanaque de tiempo para meter baza en ese caso.
Pero no
quise. A cosa hecha, me quedé escrupulosamente fuera. ¡No toqué el sumario
ni
con la punta de los dedos...! ¿Qué me viene usted a insinuar, señora? Yo, en
esa
demencial historia, lo único que hice fue ¡abstenerme, coño, abstenerme!
Piensen
ustedes: algo habría para que yo no pudiera rechazar esa recusación... ¡Algo
habría!
-¿Vas a tardar en venir?
-No, estoy ya de camino... Lo siento por Javier. Tú sabes que yo iba
dispuesto a
ayudarle; pero no sé a qué jugaba esa mujer. Con cada pregunta me ponía en
un
brete: o mentir bajo juramento por ayudar a Javier, o decir la verdad y...
Lo
siento, pero no he visto ni un atisbo de aproximación...
El 15 de octubre de 1999, la Sala Segunda del Tribunal Supremo condenó a
Gómez
de Liaño por un delito continuado de prevaricación, inhabilitándole para el
ejercicio judicial durante quince años, con pérdida definitiva del cargo y
sus
honores.
"El riesgo de la justicia humana -piensa Baltasar Garzón- es que uno puede
equivocarse. Cualquier juez sensato está en vilo y sufre por ello. Sabe que
han
puesto en sus manos un poder sobre la libertad, los bienes y la honra de
otros.
Sí, puedes equivocarte. Pero que nunca te echen en cara que tu error fue...
convertir tu voluntad en ley, abusar de tu poder como juez. Es lo que
ocurrió en
este caso. No había materia para una causa judicial. No había delito. No
había
muerto. Se abrazó el humo".



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  #5 (permalink)  
Antiguo 23-07-2008, 22:17:15
luis_carlos
 
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Predeterminado Re: La Justicia en España

El Wed, 23 Jul 2008 16:07:45 +0200, Xan das Bolas escribió:

>Deberían también condenar a todo el Gobierno del PP que organizó toda
>aquella trama contra Polanco. No sabian como neutralizar al Grupo Prisa.
>Luego intentaron comprar un montón de medios de comunicación a través de
>Telefónica, con el amiguete de Aznar.
>Este amiguete de Aznar, estuvo a punto de destruir Telefónica con la compra
>de Lycos para Terras, El Grupo Holandés, Via Digital, etc, . El Sr. Alierta
>se deshico de ellos luego como pudo. Deberían estar todos ellos en la
>carcel.
>


Polanco en la carcel

Intentaron cerrar canal digital


Peor que en tiempos de franco

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  #6 (permalink)  
Antiguo 25-07-2008, 00:09:34
El Moscardon
 
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Predeterminado Re: La Justicia en España


"Anorgi" <anorgiQUITAESTO***ya.com> escribió en el mensaje
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