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Antiguo 02-09-2008, 22:14:17
superateo86
 
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Predeterminado Los orígenes del fascismo 2

Entre 1917 y 1923 transcurrieron unos años dominados por una violenta
agitación social. Los campesinos andaluces llenaban de toscas
inscripciones, con el grito de «Viva Lenin», las encaladas paredes de
los pueblos, mientras en Barcelona se producían centenares de
asesinatos políticos. La desastrosa campaña del Ejército español en
Marruecos aceleró el proceso de decadencia política, estimulado por la
actitud de un rey inteligente y ambicioso, pero de limitada visión
política. Tanto los conservadores como los liberales deseaban ar-
dientemente las reformas que hubiesen podido fortalecer el Estado y
reducir las disputas internas.
Todo ello dio pie para el golpe del general Primo de Rivera, en 1923,
que constituyó la primera manifestación oficial del nacionalismo
español del siglo XX. Miguel Primo de Rivera no era un intelectual ni
un político; era, sencillamente, un general andaluz un poco pasado de
moda. Se impacientaba ante las normas constitucionales, los
tecnicismos legales y las teorías sociológicas. Le gustaban el orden y
la simplicidad. Aunque procedía de la pequeña aristocracia
terrateniente, había sido educado con la modestia y el espíritu
ahorrativo de la mayoría de los españoles. Aun siendo dictador de
España, resultábale difícil acostumbrarse a llevar camisas de seda
caras. Le gustaba beber vino, charlar y fumar, y cuanto más vino
bebía, más hablaba. Era, sobre todo, muy aficionado a las mujeres, y
sus preferencias iban desde las elegantes cortesanas de París, hasta
las heteras de Madrid, que le acompañaban en sus nada infrecuentes
rondas de bebidas. Había llegado al poder después de un lustro de
confusión y de violencia y manifestó que le importaban más los
españoles que los políticos o las teorías legales.
El único fundamento ideológico de los siete años del régimen de Primo
de Rivera fue el sentimiento patriótico. Considerando corrompido e
ineficaz el sistema parlamentario, empezó por confiar el gobierno de
la nación a un puñado de generales. Al cabo de unos años este equipo
fue reemplazado por un gabinete de composición más normal. El gran
objetivo de su régimen —la unión, al margen de los partidos, de todos
los españoles— se realizó de una manera bastante superficial a través
de un nuevo partido político: la amorfa Unión Patriótica, organización
constituida en 1925 para poder nutrir la caricatura autoritaria de
Asamblea representativa creada por Primo de Rivera.
La Unión Patriótica no fue en modo alguno concebida al estilo de un
partido fascista autoritario. En teoría era una asociación
constitucional exclusivamente destinada a apoyar al gobierno durante
un difícil período de transición. Según el dictador, la Unión
Patriótica «debía estar constituida por todos aquellos que aceptasen
la Constitución de 1876. Es decir, por lodos los que acaten y veneren
los preceptos contenidos en el código fundamental de la nación» . A
Primo de Rivera le traicionó siempre la conciencia de culpabilidad de
su usurpación del poder. Reconocía abiertamente que su «golpe» fue
«ilegal», aunque añadía: «pe-ro patriótico» . Incluso llegó a
considerarlo como «una violación de la disciplina, que es el verdadero
sacramento del Ejército» . En un intento para ganarse el apoyo
popular, las condiciones para ser miembros de la Unión Patriótica
fueron ampliándose poco a poco, hasta requerirse únicamente el ser
«hombres de buena voluntad» .
Así, pues, Primo de Rivera carecía, en realidad, de partido, de
ideología y de un sistema político. La Unión Patriótica no fue otra
cosa que una colección de elementos conservadores cuya sola obligación
consistía en aprobar la dictadura, haciendo grandes alardes de
retórica patriótica. El programa económico del régimen se limitaba a
algo tan modesto como la realización de obras públicas y una mayor
protección arancelaria. Carecía de un programa de reformas sociales,
salvo el ambicioso proyecto de arbitraje constituido por los comités
paritarios a través de los cuales el sindicato socialista (UGT) estuvo
legalmente representado en el gobierno por vez primera. El régimen de
Primo de Rivera no significó ningún orden nuevo, sino que constituyó
los últimos pasos del viejo orden, y se vinculó estrechamente a la
Iglesia para obtener su respaldo moral.
Para el general —y esta fue, quizás, su única norma— la política,los
políticos y el parlamentarismo eran una mala cosa, mientras que el
mando autoritario y la unidad nacional eran lo bueno. Reconocía que la
nación necesitaba un desarrollo económico con el fin de crear las
bases necesarias para superar la lucha de clases, pero encomendó esta
tarea de planificación económica a los ministros más jóvenes de su
gabinete, especialmente José Calvo Sotelo y Eduardo Aunós. Por aquel
entonces, este prudente paternalismo pareció satisfacer a las clases
medias y a los socialistas. Los anarquistas, el único grupo
discrepante que permaneció hostil al régimen, fueron duramente
reprimidos.
Primo de Rivera sentía una profunda admiración por el régimen de
Mussolini. Acompañando al rey, el dictador visitó Roma durante los
primeros meses de su gobierno y España firmó un tratado de amistad y
de arbitraje con Italia en 1926. Pero Primo de Rivera no pudo pasar de
ahí porque las estructuras políticas e ideológicas del fascismo
italiano eran demasiado complejas para una mentalidad sagaz pero tan
simple como la suya.
La única nota de nacionalismo radical durante el régimen de Primo de
Rivera la dio un raro esteta: Ernesto Giménez Caballero. De todos los
escritores fascistas que proliferaron en Europa entre 1920 y 1930,
Giménez Caballero fue, tal vez, el más estrafalario .
Literato profesional, durante su breve carrera de escritor giró
alocadamente en torno a diversas ideologías políticas modernas. Pero
hacia 1930 se sintió completamente cautivado por el fascismo «romano»..
El nacionalsocialismo le interesó mucho menos, aunque una parte de la
propaganda inicial nazi en España, elaborada por los miembros del
partido residentes en Madrid, se imprimió en la misma imprenta donde
se tiraba su propia Gaceta Literaria . El ideal subyacente en los
fulgurantes alegatos de Giménez Caballero era el «Reino Universal de
España», algo que se había extinguido más de cien años atrás. España
era «la nación elegida por Dios» . Por tanto, escribía, «el español
ha nacido para mandar y no ser proletario» . El inconveniente
estribaba en que España había dejado de ser España; la única salvación
consistía en reafirmar la esencia de la hispanidad. Pero Giménez no
pretendía —como la mayoría de los carlistas— un retorno al pasado; el
contenido de su nacionalismo era algo moderno y radical, que se basaba
en normas estéticas y no en principios espirituales. Creía que la
violencia era necesaria para establecer una nueva hegemonía; «en la
guerra no se asesina; sólo está el que pega el segundo o que no puede
pegar más» . «España tiene que seguir en guerra» . El moderno
anarquismo español constituía a su vez «el depósito de la heroica
tradición de los conquistadores» y «el más auténtico refugio paraun
catolicismo popular en España» .
«Los pistoleros (anarquistas) no son criminales vulgares... Quienes
sienten respeto por lo verdaderamente hispánico, veneran a esos
pistoleros» . En 1934, durante una ceremonia patriótica cerca de
Covadonga, Giménez Caballero resumió su doctrina con toda claridad:
«Vamos a exaltar el sentimiento nacional con locura, hasta el
paroxismo, con todo lo que sea necesario. Prefiero una nación de
lunáticos» .
Aunque la Gaceta Literaria publicó algunas traducciones de obras
extranjeras tan sensacionales como la Técnica del Golpe de Estado, de
Curzio Malaparte, la retórica frenética de Giménez Caballero no llamó
mucho la atención entre la intelectualidad liberal española más
influyente. El prestigio que la revista pudiera tener era puramente
literario. El «fascismo» español no pudo prosperar bajo el
autoritarismo provinciano del régimen de Primo de Rivera.
Los seis años de aquella extraña mezcolanza política que fue el
«primorriverismo» provocaron gran confusión y un general descontento.
Hacia 1929 la hacienda pública se hallaba en un estado inquietante.
Los excedentes de la primera guerra mundial se habían desvanecido y no
se disponía de nuevos fondos para obras públicas. La peseta descendió
al nivel más bajo en el cambio internacional desde 1899. Los
socialistas estaban cada vez más cansados de su compromiso político
con el régimen, mientras sus rivales, los anarcosindicalis-tas, sólo
esperaban el momento de poder reaparecer con nuevos ímpetus. Las
clases altas, cuya posición Primo de Rivera había procurado mantener a
salvo, se hallaban igualmente descontentas. Temerosas de que la
situación económica del país empeorase todavía más, deseaban verse
libres de la carga de una costosa administración que el régimen hacía
pesar sobre ellas. El rey, en cuyo nombre se suponía que gobernaba
Primo de Rivera, mostraba evidentes deseos de recuperar una buena
parte de su control personal. Además, la salud de Primo de Rivera
empezó a flaquear. Cuando los demás generales, a principios de 1930,
se mostraron reacios a reafirmar su autoridad, se vio obligado a
dimitir.
Lo que le sucedió no fue mucho mejor. Dos breves gobiernos
semidictatoriales, presidi-dos sucesivamente por un general y un
almirante, no lograron restablecer la paz política, y tropezaron,
además, con la gran depresión económica mundial. Alfonso XIII
consideró en-tonces la posibilidad de un retorno a la monarquía
constitucional, pero con siete años de retraso. Se le hizo responsable
no sólo de los fallos de la dictadura, sino también de las decepciones
de 1930. Incluso la moderada clase media empezó a abandonar a la
Monarquía, mientras los grupos republicanos iban adquiriendo mayor
vigor. Las «fuerzas de orden» empezaron a alarmarse; existía incluso
cierto temor de que se produjera una posible rebelión de las
izquierdas. En medio de aquella confusión, la Corte trató de
conquistar el apoyo popular convocando la celebración de elecciones
municipales para el 12 de abril de 1931. La confusión aumentó todavía
más. En las grandes ciudades las elecciones fueron ganadas por los
republicanos, quienes exigieron el fin de la Monarquía. El 14 de
abril, Alfonso XIII se encontró sin apenas un sólo partidario en todo
el país. Los estériles decenios de la monarquía constitucional
española habían dejado tras de sí un edificio vacío. Ni siquiera la
derecha dio el menor paso para salvarla. Varios de los generales más
importantes no ocultaban sus simpatías republicanas y la Monarquía se
había quedado sin espada. Con un impulso generoso, el rey abandonó
España. El mismo día fue proclamada la República.
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Antiguo 02-09-2008, 22:22:37
1
 
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Predeterminado Re: Los orígenes del fascismo 2

¿Quienes dices que ganaron las elecciones municipales?

¿impulso generoso?.

"El mismo día fue proclamada la República". ¿Por que medio democrático fué
elegido ese sistema de gobierno?.



"superateo86" <erpm***able.es> escribió en el mensaje
news:6f8b30dd-8f2d-4a28-a92e-2a1730d9ff0e***8g2000hse.googlegroups.com...
Entre 1917 y 1923 transcurrieron unos años dominados por una violenta
agitación social. Los campesinos andaluces llenaban de toscas
inscripciones, con el grito de «Viva Lenin», las encaladas paredes de
los pueblos, mientras en Barcelona se producían centenares de
asesinatos políticos. La desastrosa campaña del Ejército español en
Marruecos aceleró el proceso de decadencia política, estimulado por la
actitud de un rey inteligente y ambicioso, pero de limitada visión
política. Tanto los conservadores como los liberales deseaban ar-
dientemente las reformas que hubiesen podido fortalecer el Estado y
reducir las disputas internas.
Todo ello dio pie para el golpe del general Primo de Rivera, en 1923,
que constituyó la primera manifestación oficial del nacionalismo
español del siglo XX. Miguel Primo de Rivera no era un intelectual ni
un político; era, sencillamente, un general andaluz un poco pasado de
moda. Se impacientaba ante las normas constitucionales, los
tecnicismos legales y las teorías sociológicas. Le gustaban el orden y
la simplicidad. Aunque procedía de la pequeña aristocracia
terrateniente, había sido educado con la modestia y el espíritu
ahorrativo de la mayoría de los españoles. Aun siendo dictador de
España, resultábale difícil acostumbrarse a llevar camisas de seda
caras. Le gustaba beber vino, charlar y fumar, y cuanto más vino
bebía, más hablaba. Era, sobre todo, muy aficionado a las mujeres, y
sus preferencias iban desde las elegantes cortesanas de París, hasta
las heteras de Madrid, que le acompañaban en sus nada infrecuentes
rondas de bebidas. Había llegado al poder después de un lustro de
confusión y de violencia y manifestó que le importaban más los
españoles que los políticos o las teorías legales.
El único fundamento ideológico de los siete años del régimen de Primo
de Rivera fue el sentimiento patriótico. Considerando corrompido e
ineficaz el sistema parlamentario, empezó por confiar el gobierno de
la nación a un puñado de generales. Al cabo de unos años este equipo
fue reemplazado por un gabinete de composición más normal. El gran
objetivo de su régimen —la unión, al margen de los partidos, de todos
los españoles— se realizó de una manera bastante superficial a través
de un nuevo partido político: la amorfa Unión Patriótica, organización
constituida en 1925 para poder nutrir la caricatura autoritaria de
Asamblea representativa creada por Primo de Rivera.
La Unión Patriótica no fue en modo alguno concebida al estilo de un
partido fascista autoritario. En teoría era una asociación
constitucional exclusivamente destinada a apoyar al gobierno durante
un difícil período de transición. Según el dictador, la Unión
Patriótica «debía estar constituida por todos aquellos que aceptasen
la Constitución de 1876. Es decir, por lodos los que acaten y veneren
los preceptos contenidos en el código fundamental de la nación» . A
Primo de Rivera le traicionó siempre la conciencia de culpabilidad de
su usurpación del poder. Reconocía abiertamente que su «golpe» fue
«ilegal», aunque añadía: «pe-ro patriótico» . Incluso llegó a
considerarlo como «una violación de la disciplina, que es el verdadero
sacramento del Ejército» . En un intento para ganarse el apoyo
popular, las condiciones para ser miembros de la Unión Patriótica
fueron ampliándose poco a poco, hasta requerirse únicamente el ser
«hombres de buena voluntad» .
Así, pues, Primo de Rivera carecía, en realidad, de partido, de
ideología y de un sistema político. La Unión Patriótica no fue otra
cosa que una colección de elementos conservadores cuya sola obligación
consistía en aprobar la dictadura, haciendo grandes alardes de
retórica patriótica. El programa económico del régimen se limitaba a
algo tan modesto como la realización de obras públicas y una mayor
protección arancelaria. Carecía de un programa de reformas sociales,
salvo el ambicioso proyecto de arbitraje constituido por los comités
paritarios a través de los cuales el sindicato socialista (UGT) estuvo
legalmente representado en el gobierno por vez primera. El régimen de
Primo de Rivera no significó ningún orden nuevo, sino que constituyó
los últimos pasos del viejo orden, y se vinculó estrechamente a la
Iglesia para obtener su respaldo moral.
Para el general —y esta fue, quizás, su única norma— la política, los
políticos y el parlamentarismo eran una mala cosa, mientras que el
mando autoritario y la unidad nacional eran lo bueno. Reconocía que la
nación necesitaba un desarrollo económico con el fin de crear las
bases necesarias para superar la lucha de clases, pero encomendó esta
tarea de planificación económica a los ministros más jóvenes de su
gabinete, especialmente José Calvo Sotelo y Eduardo Aunós. Por aquel
entonces, este prudente paternalismo pareció satisfacer a las clases
medias y a los socialistas. Los anarquistas, el único grupo
discrepante que permaneció hostil al régimen, fueron duramente
reprimidos.
Primo de Rivera sentía una profunda admiración por el régimen de
Mussolini. Acompañando al rey, el dictador visitó Roma durante los
primeros meses de su gobierno y España firmó un tratado de amistad y
de arbitraje con Italia en 1926. Pero Primo de Rivera no pudo pasar de
ahí porque las estructuras políticas e ideológicas del fascismo
italiano eran demasiado complejas para una mentalidad sagaz pero tan
simple como la suya.
La única nota de nacionalismo radical durante el régimen de Primo de
Rivera la dio un raro esteta: Ernesto Giménez Caballero. De todos los
escritores fascistas que proliferaron en Europa entre 1920 y 1930,
Giménez Caballero fue, tal vez, el más estrafalario .
Literato profesional, durante su breve carrera de escritor giró
alocadamente en torno a diversas ideologías políticas modernas. Pero
hacia 1930 se sintió completamente cautivado por el fascismo «romano».
El nacionalsocialismo le interesó mucho menos, aunque una parte de la
propaganda inicial nazi en España, elaborada por los miembros del
partido residentes en Madrid, se imprimió en la misma imprenta donde
se tiraba su propia Gaceta Literaria . El ideal subyacente en los
fulgurantes alegatos de Giménez Caballero era el «Reino Universal de
España», algo que se había extinguido más de cien años atrás. España
era «la nación elegida por Dios» . Por tanto, escribía, «el español
ha nacido para mandar y no ser proletario» . El inconveniente
estribaba en que España había dejado de ser España; la única salvación
consistía en reafirmar la esencia de la hispanidad. Pero Giménez no
pretendía —como la mayoría de los carlistas— un retorno al pasado; el
contenido de su nacionalismo era algo moderno y radical, que se basaba
en normas estéticas y no en principios espirituales. Creía que la
violencia era necesaria para establecer una nueva hegemonía; «en la
guerra no se asesina; sólo está el que pega el segundo o que no puede
pegar más» . «España tiene que seguir en guerra» . El moderno
anarquismo español constituía a su vez «el depósito de la heroica
tradición de los conquistadores» y «el más auténtico refugio para un
catolicismo popular en España» .
«Los pistoleros (anarquistas) no son criminales vulgares... Quienes
sienten respeto por lo verdaderamente hispánico, veneran a esos
pistoleros» . En 1934, durante una ceremonia patriótica cerca de
Covadonga, Giménez Caballero resumió su doctrina con toda claridad:
«Vamos a exaltar el sentimiento nacional con locura, hasta el
paroxismo, con todo lo que sea necesario. Prefiero una nación de
lunáticos» .
Aunque la Gaceta Literaria publicó algunas traducciones de obras
extranjeras tan sensacionales como la Técnica del Golpe de Estado, de
Curzio Malaparte, la retórica frenética de Giménez Caballero no llamó
mucho la atención entre la intelectualidad liberal española más
influyente. El prestigio que la revista pudiera tener era puramente
literario. El «fascismo» español no pudo prosperar bajo el
autoritarismo provinciano del régimen de Primo de Rivera.
Los seis años de aquella extraña mezcolanza política que fue el
«primorriverismo» provocaron gran confusión y un general descontento.
Hacia 1929 la hacienda pública se hallaba en un estado inquietante.
Los excedentes de la primera guerra mundial se habían desvanecido y no
se disponía de nuevos fondos para obras públicas. La peseta descendió
al nivel más bajo en el cambio internacional desde 1899. Los
socialistas estaban cada vez más cansados de su compromiso político
con el régimen, mientras sus rivales, los anarcosindicalis-tas, sólo
esperaban el momento de poder reaparecer con nuevos ímpetus. Las
clases altas, cuya posición Primo de Rivera había procurado mantener a
salvo, se hallaban igualmente descontentas. Temerosas de que la
situación económica del país empeorase todavía más, deseaban verse
libres de la carga de una costosa administración que el régimen hacía
pesar sobre ellas. El rey, en cuyo nombre se suponía que gobernaba
Primo de Rivera, mostraba evidentes deseos de recuperar una buena
parte de su control personal. Además, la salud de Primo de Rivera
empezó a flaquear. Cuando los demás generales, a principios de 1930,
se mostraron reacios a reafirmar su autoridad, se vio obligado a
dimitir.
Lo que le sucedió no fue mucho mejor. Dos breves gobiernos
semidictatoriales, presidi-dos sucesivamente por un general y un
almirante, no lograron restablecer la paz política, y tropezaron,
además, con la gran depresión económica mundial. Alfonso XIII
consideró en-tonces la posibilidad de un retorno a la monarquía
constitucional, pero con siete años de retraso. Se le hizo responsable
no sólo de los fallos de la dictadura, sino también de las decepciones
de 1930. Incluso la moderada clase media empezó a abandonar a la
Monarquía, mientras los grupos republicanos iban adquiriendo mayor
vigor. Las «fuerzas de orden» empezaron a alarmarse; existía incluso
cierto temor de que se produjera una posible rebelión de las
izquierdas. En medio de aquella confusión, la Corte trató de
conquistar el apoyo popular convocando la celebración de elecciones
municipales para el 12 de abril de 1931. La confusión aumentó todavía
más. En las grandes ciudades las elecciones fueron ganadas por los
republicanos, quienes exigieron el fin de la Monarquía. El 14 de
abril, Alfonso XIII se encontró sin apenas un sólo partidario en todo
el país. Los estériles decenios de la monarquía constitucional
española habían dejado tras de sí un edificio vacío. Ni siquiera la
derecha dio el menor paso para salvarla. Varios de los generales más
importantes no ocultaban sus simpatías republicanas y la Monarquía se
había quedado sin espada. Con un impulso generoso, el rey abandonó
España. El mismo día fue proclamada la República.



Responder Con Cita
  #3 (permalink)  
Antiguo 02-09-2008, 22:45:17
superateo86
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Los orígenes del fascismo 2

On 2 sep, 23:22, "1" <1...***1.dos> wrote:
> ¿Quienes dices que ganaron las elecciones municipales?
>
> ¿impulso generoso?.
>
> "El mismo día fue proclamada la República". ¿Por que medio democrático fué
> elegido ese sistema de gobierno?.


-- No son palabras mias, son de Payne.
Y aunque ahora algunos pretendan descubrir América lo cierto es que
vistas como estaban las cosas, Sanjurjo no se atrevió a garantizarle
el futuro a Alfonso XIII y el monarca mafioso del Santander-
Mediterraneo optó por irse.
¿O no fue así?

Saludos
Responder Con Cita
  #4 (permalink)  
Antiguo 02-09-2008, 22:53:39
1
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Los orígenes del fascismo 2

Si, pero:
¿Quienes dices TU que ganaron las elecciones municipales?

¿impulso generoso?.

"El mismo día fue proclamada la República". ¿Por que medio democrático fué
elegido ese sistema de gobierno?.



"superateo86" <erpm***able.es> escribió en el mensaje
news:c4a25ba9-ad2f-486c-88ba-5bcf32023046***e53g2000hsa.googlegroups.com...
On 2 sep, 23:22, "1" <1...***1.dos> wrote:
> ¿Quienes dices que ganaron las elecciones municipales?
>
> ¿impulso generoso?.
>
> "El mismo día fue proclamada la República". ¿Por que medio democrático fué
> elegido ese sistema de gobierno?.


-- No son palabras mias, son de Payne.
Y aunque ahora algunos pretendan descubrir América lo cierto es que
vistas como estaban las cosas, Sanjurjo no se atrevió a garantizarle
el futuro a Alfonso XIII y el monarca mafioso del Santander-
Mediterraneo optó por irse.
¿O no fue así?

Saludos



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