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valarezo
 
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Predeterminado (IVÁN): EL PECADO CAUTIVA A SU VICTIMA, Y NO LA SUELTA, SI JESUCRISTO NO ES SU PROFESION DE FE


Sábado, 29 de marzo, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica


(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)


EL PECADO CAUTIVA A SU VICTIMA, Y NO LA SUELTA, SI JESUCRISTO NO ES SU
PROFESION DE FE:


El pecado es mortal para cualquier ser viviente, como el arma más
poderosa de toda la tierra y del más allá también; y <<sólo nuestro
Jesucristo pude realmente librarlo de su mal eterno>>, en un momento de
oración y de fe, en el nombre sagrado de nuestro Salvador Jesucristo.
El pecado es la puerta a la muerte del infierno y, a la vez, la puerta
final para la segunda muerte del alma viviente del impío en el lago de
fuego; pero <<sólo nuestro Señor Jesucristo es la puerta>> para el
camino, la verdad y la vida antigua hacia nuestro Padre Celestial que
está en el reino de los cielos.

El pecado jamás se sacia de devorar el alma preciosa y muy valiosa,
por cierto, para nuestro Padre Celestial y para su Espíritu Santo:
pero sólo Jesucristo es quien no sólo nos libera de los poderes
escondidos del pecado, sino que igualmente <<sacia el hambre y la sed
de nuestras almas infinitas en todos los lugares de la tierra>>. Por lo
tanto, solo nuestro Señor Jesucristo libera al hombre del poder del
pecado, para ver la vida eterna desde ya, en un día como hoy, por
ejemplo, <<para que luego el pecado muera en su lugar eterno del lago
de fuego>>, y más no el alma preciosa del hombre y de la mujer de la
humanidad entera.

Desde luego que hay poder y gloria de salvación y de sanidad infinita
en el desplazamiento del nombre del Señor Jesucristo, <<si tan sólo el
impío cree en su corazón, e invoca con sus labios su nombre ungido y
salvador para su alma infinita>>, en esta vida y en el más allá,
también, eternamente y para siempre. Y sin la bendición de nuestro
Señor Jesucristo, entonces <<nadie podrá jamás dejar de ser impío o
impía delante de nuestro Creador y de Sus Diez Mandamientos Muy
Santos, por cierto, para el corazón y para la vida eterna>> de todo
hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, en la tierra y en
el paraíso igual, eternamente y para siempre.

Porque es sólo la bendición constante y sobrenatural del Ángel del
SEÑOR, nuestro Salvador Jesucristo, como en los días de la antigüedad,
que realmente libera el alma del hombre de ser impío y así también el
alma de la mujer de ser impía delante de Dios y de Sus Mandamientos
Muy Sagrados, ciertamente <<para gozar desde ya las bendiciones del
cielo>>. Es por eso que todo aquel que se aleja del Señor Jesucristo
muere, así como Adán y Eva comenzaron a morir en el paraíso, <<porque
se habían alejado del Árbol de la vida>> para tomar del fruto prohibido
para mal de muchos, en el cielo, en la tierra y en la eternidad
porvenir, por ejemplo.

Por esta razón, el necio peca, alejándose cada vez más y más de toda
verdad y justicia del SEÑOR y de su unigénito, ¡nuestro Salvador
Jesucristo!; pero el que ama la paz, por inicio, <<siempre busca la
verdad y la justicia aún en los hombres sin entendimiento alguno de
nada>>, con el fin de acercarse cada vez más a su Creador Celestial. Y
nuestro Hacedor lo deja acercarse a él por amor a su Árbol de la vida,
y por amor infinito también a Sus Diez Mandamientos Santos y Eternos
del cielo y de la tierra, <<para que por fin haya paz y ricas
bendiciones, señales y maravillas manifestadas en su misma vida día y
noche y por siempre en la eternidad>>.

Esto es algo que el impío no lo hace así por así en su corazón jamás,
porque su espíritu humano vive junto con el espíritu de error de
Satanás, <<para ofender cada vez que pude Los Sagrados Mandamientos del
cielo y de la vasta creación de nuestro Creador y de su Árbol de vida
eterna, su gran rey Mesías>>, ¡el Cristo! Y sin la honra de Los
Sagrados Mandamientos de nuestro Dios, entonces el impío camina por el
camino antiguo de la oscuridad <<para tropezar siempre con lo que está
a su paso>>; y es en uno de estos pasos ciegos, cuando cae en el mal
eterno del infierno <<para no volverse a levantar, para ver la luz del
día una vez más>>.

Por ello, sus propias maldades cautivarán al impío, y será alcanzado
por el mal eterno, como en las cuerdas de su propio pecado, y sin que
nadie jamás tenga que hacer nada para destruirlo; es decir, que el
impío se destruye a si mismo, <<por falta de conocimiento del Espíritu
de la sangre y de la vida del gran rey Mesías>>. Ciertamente, el
pensamiento del impío es siempre oscuridad en su corazón, <<porque no
sabe que el Árbol de la vida descendió del paraíso para cumplir
fielmente con el amor sobrenatural de honrar y de exaltar sublimemente
Los Diez Mandamientos de Dios y de Moisés>>; y esta ceguera espiritual
ha ultimado a muchos ya, desde la antigüedad y hasta nuestros días.

Para que así <<su vida cambie drásticamente de las tinieblas de violar
día y noche Los Sagrados Mandamientos del cielo a la luz más brillante
que el sol>>, nuestro Salvador rey Mesías, quien realmente, con su vida
y con su sangre santísima, las ha cumplido fielmente para fin del
pecado y para vida de los que creen en nuestro Creador hondamente.
Porque nuestro Padre Celestial jamás podrá ser burlado por el pecador,
por más astutas que sean sus palabras; puesto que haga lo que haga el
malo en su vida, en contra de su prójimo y de su Dios, <<tiene su
recompensa en su día de juicio y de justicia infinita en la tierra y
en el más allá, también>>.

Nuestro Dios es bueno; su amor y su misericordia <<son renovadas cada
día del año para los que le aman a él, por medio de su fruto de vida
eterna>>, así pues no les falte ningún bien del cielo ni de la tierra,
hoy y por siempre en la nueva eternidad venidera de su nuevo reino
sempiterno. Es por eso que nuestro Hacedor detesta el pecado, la
maldad, las mentiras, las infamias, las calumnias y todos los pecados
del impío y de la impía, pero aún así los ama con todo su corazón y
con toda su alma santísima, <<porque son obras de sus manos después de
todo, para gloria de su reino infinito, si únicamente creen en
Jesucristo>>.

Por este motivo nuestro Creador lucha día y noche, con la ayuda idónea
de su Espíritu Santo y de sus ángeles, para alejar el pecado del
corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de las naciones
de la tierra, y así en su lugar <<Sus Diez Mandamientos Santos y con
sus decretos perfectos sean honrados infinitamente>>. Y cada vez que
Sus Mandamientos Santos son deshonrados, en cualquier lugar de la
tierra, entonces <<la ira de nuestro Padre Celestial se enciende con
mayor fuerza que antes>>; los ángeles están listos continuamente para
ejecutar sus juicios sobre los impíos>>, para honrar sus leyes y sus
decretos muy sagrados, los cuales enriquecen sólidamente la vida
cotidiana de sus hijos e hijas.

Porque el curso del pecado en la vida del hombre es hacia una colisión
directa en contra de la ira de Dios, para ser destruido de una vez por
todas y para siempre en el infierno y finalmente en su segunda muerte
eterna del más allá, el lago de fuego; por eso, <<Dios prefiere
destruir al pecado antes que al pecador>>. Porque nuestro Padre
Celestial no desea el mal eterno para ningún impío, sino todo lo
contrario; nuestro <<Dios desea el arrepentimiento del pecador para que
así Sus Diez Mandamientos Eternos sean honrados en su vida y en la
vida de los suyos, también>>, para gloria y para honra infinita de su
nombre muy santo.

Porque nuestro Dios busca día y noche, y como desde siempre, la gloria
y la honra debida a su nombre muy santo, <<el cual habita en perfecta
santidad>>, en ningún otro lugar del reino de los cielos, sino sólo <<en
el Espíritu de la vida gloriosa del corazón del Árbol de la vida, su
Hijo amado>>, ¡nuestro gran rey Mesías! <<Respetuosamente, la gloria del
nombre santísimo habita, por inicio, en el Espíritu de Los Diez
Mandamientos, para ser honrados en los corazones>> de todos los
hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, como los
ángeles fieles lo han hecho desde siempre, gracias a nuestro Salvador
Jesucristo; pero el impío no conoce esta verdad fundamental en su vida
y muere.

Es por eso que el impío y así también la impía mueren día y noche sin
gloria y sin honra alguna en sus corazones de Los Mandamientos
Sagrados del cielo y de toda la vida, <<porque no conocen, en verdad,
quien es el Señor Jesucristo directamente y personalmente para cada
uno de ellos, desde la antigüedad y hasta nuestros días>>. Pues todos
están ciegos, ciegos como la misma oscuridad antigua del mal y sin
Jesucristo. <<El impío y la impía viven ciegos sin la honra ni la
gloria de Los Mandamientos, preceptos y leyes sagradas de la vida del
cielo y de la tierra>>, para ser honrados por los que aman a nuestro
Creador, en el espíritu y en la verdad infinita del fruto del Árbol de
la vida eterna, ¡nuestro gran rey Mesías!

El impío muere enredado en la misma trampa de sus mentiras de siempre,
<<porque escogió ciegamente el camino de la deshonra de Los Diez
Mandamientos Sagrados de nuestro Padre Celestial>>, en vez de escoger
el camino de la verdad y de la vida eterna a nuestro Padre Celestial y
a Sus Mandamientos cumplidos e infinitamente honrados por nuestro
Señor Jesucristo. Y cuando el impío y la impía mueren, <<mueren porque
están secas sus vidas de toda verdad y de justicia de Los Diez
Mandamientos>>, eternamente cumplidos y cabalmente honrados en el
Espíritu de la sangre y de la vida de nuestro Árbol de vida; por eso,
el impío no lleva gloria alguna para nuestro Creador en su alma en la
eternidad venidera.

Porque en la muerte del impío no hay gloria alguna para nuestro
Creador ni para su Árbol de vida, nuestro Señor Jesucristo, sino sólo
tristeza en su corazón santo y en el corazón de su Espíritu Santo y de
sus huestes angelicales, también, por ejemplo; y <<nuestro Dios no es
un Dios que ama la tristeza, sino la alegría infinita>>. Porque cada
vez que se salva un impío o una impía, en cualquier lugar de la
tierra, <<entonces hay fiesta en el cielo, con sus ángeles, con su
Espíritu y con su Árbol de vida, además de muchos seres santísimos del
reino, también>>; porque más poderes extraordinarios descienden del
cielo para bien de muchos, cuando el impío ama al Señor Jesucristo.

Y esta alegría celestial e infinita, sólo llega día y noche a sus
corazones sumamente santos e infinitamente gloriosos de nuestro Padre
Celestial, de su Espíritu Santo y de sus ángeles celestiales, <<por
medio de nuestra fe sobrenatural, en el nombre sagrado y ungido de su
Hijo amado>>, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Porque no hay otro nombre
glorioso y sumamente ungido por nuestro Padre Celestial que el nombre
de su Hijo amado, nuestro Árbol de vida y de salud eterna, <<para
alegrar su corazón y así también el corazón de cada hombre, mujer,
niño y niña de la humanidad entera>>, comenzando con Israel, como en la
antigüedad y como siempre, por ejemplo.

Es por eso que es muy bueno honrar y exaltar la Ley Sobrenatural de
nuestro Padre Celestial en nuestros corazones día y noche y sin cesar
jamás, <<para que entonces haya más alegría, por razones de nuestra fe,
en el nombre del Señor Jesucristo, en el reino de los cielos con su
Espíritu Santo y con sus ángeles gloriosos, también>>. Porque lo único
que hay en el paraíso y en la tierra, que verdaderamente pude destruir
el pecado en la vida del pecador y de la pecadora de toda la tierra,
sin duda alguna, <<es el mismo Espíritu antiguo del fruto del Árbol de
la vida eterna, la sangre y la vida gloriosa del Hijo de Dios>>,
¡nuestro Salvador Jesucristo!

¿Adán, qué no daría de su vida celestial, hoy mismo, para volver a
aquel día del paraíso?, cuando nuestro Creador le dijo a él: Come y
bebe del fruto del Árbol de la vida, para que vivas infinitamente en
la paz y en la felicidad de tu Dios y Padre Celestial de tu vida y de
tu linaje humano. Para que así aprendas a amar a tu Dios y Fundador de
tu vida y de tus hijos e hijas en el paraíso y en todos los días de tu
existencia infinita; <<y sólo así has de ser feliz eternamente y para
siempre, en donde sea que vivas en ésta vasta creación, la cual
siempre contemplas en todo tu derredor>>.

Pero, aparentemente como ya sabemos muy bien, Adán no entendió el
llamado de Dios <<para creer en su corazón en su Árbol de vida>>; porque
si Adán hubiese creído en el Árbol de la vida, <<entonces la vida en
nuestro mundo, de hoy en día y de siempre, hubiese sido totalmente
diferente y muy feliz, como sin Satanás, por ejemplo>>. Es por eso que
estamos llamados, por nuestro Dios mismo, desde los primeros días de
la antigüedad, <<ha honrar y ha exaltar el nombre glorioso de su
unigénito, nuestro gran rey Mesías, el Señor Jesucristo>>, para que su
corazón santo esté siempre alegre con cada uno de nosotros, en cada
momento de su vida santa y gloriosa del cielo.

Y si nuestro Dios está alegre con cada uno de nosotros, <<entonces
bendiciones tras bendiciones descienden del cielo en el corazón y en
la vida de la humanidad entera>>, para que siempre haya riquezas y
jamás falta de nada; es por eso que tenemos que amar a su Árbol de
vida, <<para que no nos falte nunca ninguno de sus alimentos
celestiales>>. Y el que no ama a su Árbol de vida, nuestro Señor
Jesucristo o nuestro gran rey Mesías, <<entonces hiere a su Dios y
Creador de su vida, como cualquier vil pecador o pecadora de toda la
tierra, que ni ama a Dios, ni teme a ningún de sus preceptos
infinitos, por ejemplo>>.

Ciertamente, nuestro Dios no desea volver a ser herido en su corazón
santo, como Adán lo hirió a Él terriblemente, como jamás había sido
traicionado por ningún ángel, en el día que comió del fruto prohibido
del árbol de la ciencia del bien y del mal para volverse en un impío
delante de su presencia santísima y sumamente gloriosa del paraíso.
Por ello, sin Jesucristo, todos son unos impíos e impías en todos los
lugares del paraíso, de la tierra y del más allá también, como en el
mundo de los muertos, el infierno y el lago de fuego eterno; es más,
<<nadie pude ser santo delante de Dios, sin Jesucristo en su corazón>>,
como con los ángeles del cielo, por ejemplo.

Porque los ángeles son muy santos en si, definitivamente, para estar
con Dios siempre; por lo tanto, ellos mismos fueron creados
perfectamente santos en el día de su creación, por los poderes
sobrenaturales de la palabra de nuestro Creador, <<pero sin Jesucristo
en sus vidas no son tan santos para nuestro Dios, para que estén
delante de su presencia gloriosa ininterrumpidamente>>. Por deducción,
el que no tiene al Señor Jesucristo viviendo en su corazón, sea ángel
del cielo u hombre del paraíso o de la tierra, <<para nuestro Dios es
un impío más>>; entonces nuestro Dios ciertamente detesta el pecado
desde siempre; y Él haría todo lo necesario <<para arrancarlo del
corazón del pecador, sin jamás hacerle daño a nadie>>.

Porque nuestro Dios no creo al hombre para que lleve el pecado de
Satanás en su cuerpo humano, sino <<sólo el Espíritu de la gracia
salvadora de la sangre y de la vida gloriosa y sumamente santísima de
su unigénito>>, ¡nuestro único Árbol de la vida del paraíso, de la
tierra y de la Nueva Jerusalén Santísima e Infinitamente Gloriosa! Y
aunque esto es verdad, en el cielo y en la tierra, nuestro Dios por
más que lo desee así, no podrá jamás ayudar al impío a librarse desu
pecado, <<si no llama a Jesucristo con sus labios para que entre en su
corazón y lo libere de sus tinieblas, como en un momento de fe y de
milagros, por ejemplo>>.

Ciertamente, el impío tratara de librarse de su terrible mal, a como
pueda, <<pero sin la ayuda del nombre del SEÑOR, creador del cielo y de
la tierra, no lo lograra jamás>>; porque simplemente no hay fuerza
humana que pueda remover el pecado de la vida del hombre y de la mujer
de toda la tierra. Entonces no lo lograra jamás por más que lo intente
así, pues es como si él mismo tratara de volver a su pasado y no pecar
nunca más en contra de la Ley Celestial, ya que <<el espíritu del
pecado es más fuerte que el hombre de la tierra, pero jamás tan fuerte
como Dios o como su Árbol de vida>>.

Porque si el pecado fuese más fuerte que nuestro Dios y que de su
Árbol de vida, pues entonces <<jamás hubiese descendido del cielo como
el unigénito para salvar al hombre de sus males y de su muerte eterna,
como del mundo de los muertos y del lago de fuego>>, sino que la
historia del hombre seria otra y muy triste también. Es por eso que
cuando el impío cae en su propia trampa en su vida mundana de
mentiras, de calumnias, de infamias y demás males comunes de Satanás y
de sus ángeles caídos, pues <<no podrá librarse jamás de su pecado,
porque el pecado es más fuerte que su corazón en tinieblas y sin la
luz de Jesucristo>>.

Pues se enreda progresivamente su corazón y su espíritu humano en las
tinieblas de su pecado, cada vez que intenta darle la vuelta a su
problema (as), para encontrar su salida de Él; puesto que el pecado es
una trampa del más allá, <<para destruir su vida a como pueda, no sólo
en la tierra sino en el infierno, también>>. Por lo tanto, el impío cae
aún más profundo en las profundidades de sus mismas tinieblas, <<porque
el pecado es como arena movediza, en donde la victima cada vez que se
mueve se hunde más hacia el fondo>>, como hacia el mundo de los muertos
o el infierno, por ejemplo, para no volver a ver la luz del día nunca
más.

Y esto terrible le sucede al impío progresivamente <<cada vez que se
mueve con su pecado>>, porque el poder del pecado funciona hacia abajo
y más nunca hacia arriba, como el poder de nuestro Jesucristo o del
Árbol de la vida, por ejemplo, que cada vez que bendice nuestras vidas
con su nombre muy santo, <<entonces vamos hacia arriba>>; pues crecemos.
Es decir, <<que vamos poco a poco creciendo cada día>>, espiritualmente
hablando, <<hacia donde está nuestra nueva vida infinita del cielo>>,
como en el paraíso o como en La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del
nuevo reino de Dios y de su Árbol de vida eterna, ¡nuestro Salvador
Jesucristo!, y hasta que finalmente desaparezca todo recuerdo del
pecado en nuestras vidas eternas.

Donde, realmente volveremos a las manos de nuestro Creador una vez
más, sin el conocimiento del pecado, como en el día de nuestro
formación en su imagen y conforme a su semejanza celestial; pero esta
vez <<ha de ser para quedarnos con Él, para vivir la vida de La Nueva
Jerusalén Celestial>>, en donde la luz del Mesías alumbra soberanamente
y con autoridad. Es decir, que cada vez que el impío trata de
escaparse de su pecado, por sus propias fuerzas humanas, <<lo que
realmente está haciendo es cavando su hoyo en la tierra aún más
profundo de lo normal>>, si lo podríamos decir así, para no sólo tocar
fondo sino para pisar ya el mismo mundo de los muertos, como el
infierno violento.

Entonces cada vez que el impío toca su propio pecado para arrancarlo
de su vida, realmente <<lo que está haciendo es manchándose más que
antes de las tiemblas de su mismo mal>>; porque el pecado es como el
fuego que cada vez que intentas apagarlo, <<lo que hace es que se
aumentan más sus llamas para arder con mayor fuerza que antes>>. Como
quien dice, para el impío tratar de escapar de su pecado por si mismo
o con la ayuda de otro pecador como Él mismo, es, como echarle leña al
fuego, para que entonces el fuego se haga más ardiente y feroz que
antes en su vida; es decir, <<que su situación espiritual empeora cada
vez más, para su final inevitable>>.

Entonces el impío se está ahogando día y noche en su propia maldad que
él mismo creo, cuando profirió maldad e infamia con sus labios en
contra de su prójimo y en contra de Dios y de Sus Diez Mandamientos
Infinitamente Santos, por cierto; y <<el acoso del Ángel del SEÑOR en
contra de él es constante y sin parar nunca>>. Porque no sólo es Dios y
su Espíritu que pelean en contra de todo aquel que no honre Sus Diez
Mandamientos Santos, sino que también es el Ángel del SEÑOR, <<el
guardián constante de sus preceptos y de sus decretos celestiales,
para que el hombre los cumpla en los días de su vida y en todos los
lugares de la tierra>>.

Además, el impío se siente rodeado por la ira de Dios y de su Espíritu
Santo que descienden sin cesar en contra de su vida y de los suyos
también, <<para que se arrepienta de su maldad y haga lo correcto en su
vida, cuanto antes mejor, para que no se pierda su alma infinita en el
infierno eterno>>. Y así también cada uno de los suyos se libre de su
maldad eterna y de sus tinieblas terribles, porque el mal del impío no
sólo es para Él, sino también para cada uno de los suyos, es decir,
<<si es que ellos no se arrepienten de haber ofendido la Ley Celestial
y sus decretos santos en sus vidas cotidianas, por ejemplo>>.

Porque el que tiene al Señor Jesucristo en su corazón, entonces <<la
ira de Dios y sus muchos juicios ya no caerán sobre él para tocar su
vida y destruirla por haber violentado Los Diez Mandamientos Eternos>>,
sino que la persona vive para volver a ver sus nuevos días de vida,
llenos de los frutos de vida eterna del Mesías. Y la vida del impío va
de mal en peor diariamente, porque la ira de Dios está en contra de Él
y de los suyos también, no tanto para destruirlos como a impíos
terribles, <<sino para hacerles saber que el camino del mal, el cual le
lleva la contraria continuamente a Los Diez Mandamientos, es de muerte
y de destrucción eterna>>.

Por lo tanto, el Espíritu Santo con la ayuda del Ángel del SEÑOR obra
diariamente en el corazón del impío no sólo para que se arrepienta de
su maldad en contra de Dios y de sus preceptos y leyes sagradas, <<sino
para que se aleje de su pecado, cuanto antes mejor, para que su mal no
toque a otros nunca más>>. Porque el poder del pecado en la vida del
impío tiene poder para hacer daño constantemente en la vida de los
demás y en todo su derredor también, <<como con los que no han conocido
al Señor Jesucristo en sus corazones aún, como su único y suficiente
Salvador de sus vidas+ en la tierra y en el paraíso, por ejemplo>>.

Es decir, para que de esta manera el mal del pecado, de haber violado
la Ley Santa de Dios con sus preceptos y ordenanzas, entonces no siga
su curso de mal en peor en la tierra, <<destruyendo así a muchos
desdichados que no tienen nada que ver con las mentiras, infamias u
obras del impío o de la impía, por ejemplo>>. Porque el mal del pecado
no se queda en un solo lugar cuando nace, sino que se mueve a muchos
lugares rápidamente, como flor silvestre que crece por doquier y hasta
como fuera de control también, <<para repercutir terriblemente en la
vida de muchos desdichados para mal de sus vidas y hasta para
destrucción o degeneración de generaciones venideras,
indudablemente>>.

Es decir también que cuando Dios trata con el impío no sólo es para
que se arrepienta y se aleje de su maldad, de la cual ha provocado la
ira de Dios en su vida y en la de los suyos también, <<sino para que el
pecado no se propague, ni toque la vida inocente de otras gentes en la
tierra>>. Porque nuestro Dios no busca el mal de nadie jamás, sino sólo
el bien del cielo para cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad
entera, para que entonces <<sólo Él sea conocido como el único Dios,
Creador del cielo y de la tierra, para gloria y honra infinita de su
nuevo reino celestial, como La Nueva Jerusalén Gloriosa del cielo>>.

Porque sólo hay un Dios en el cielo y en la tierra y así también un
sólo Espíritu Santo y un solo Árbol de la vida, nuestro Salvador
Jesucristo, <<para librarnos y limpiarnos día y noche de nuestros
pecados y de las profundas tinieblas de Satanás y de sus ángeles
caídos, por ejemplo, en nuestras vidas cotidianas en toda la tierra>>.
Porque nuestro Padre Celestial sólo desea desatar bendiciones tras
bendiciones, milagros tras milagros, maravillas tras maravillas, para
que las gentes de las naciones de la tierra vivan en paz <<y siempre
llenas de gozo y de alegría del cielo en sus corazones y en todas sus
almas vivientes, también, como con sus millares de ángeles en el
cielo, por ejemplo>>.

Es decir, también que si hoy mismo decides alejarte de tus pecados, al
recibir al Señor Jesucristo en tu corazón, como tu único y suficiente
salvador de tu vida, entonces los males del pecado y de sus muchas
tinieblas dejaran de ser en ti y en los tuyos, también, <<para que sólo
conozca el bien del cielo cada vez más>>. Porque <<todos los bienes del
cielo>>, como toda su gloria santísima de nuestro Padre Celestial, de
su Espíritu Santo y de su Árbol de vida, <<son realmente para cada
hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, para que vivan
felices sus vidas con el temor de su amor milagroso en sus corazones
infinitos, eternamente y para siempre.

Porque nuestro Dios no creo al hombre para que sea un impío más en el
reino de Satanás, <<sino para que sea su hijo e hija en la tierra y así
también en el paraíso y en la nueva vida infinita de La Nueva
Jerusalén Sagrada y Sumamente Gloriosa del cielo, por ejemplo>>. Ahora,
el que sufre su mal, o el mal de otros, día y noche, como el impío o
como la impía, por ejemplo, <<no es culpa de nuestro Dios>>, sino falta
constante de la presencia gloriosa y sumamente milagrosa del nombre
ungido y salvador del Árbol de la vida eterna, ¡nuestro Señor
Jesucristo!

Porque sólo con el nombre del Señor Jesucristo en el corazón del
hombre, de la mujer, del niño y de la niña, el pecado muere, y si el
pecado muere entonces esto significa, <<que los males mueren
sucesivamente, como enfermedades y todas clases de maldades, infamias,
mentiras y hasta el mismo Satanás también, con su infierno y con su
lago de fuego amenazante>>. Pero como el impío está ciego por sus
propias tinieblas de los pecados de su corazón, de sus labios y de sus
manos, entonces camina dando vuelvas de un lado para el otro, <<como
cuando Israel iba y venia en un sólo lugar, como en círculos, en el
desierto, para luego después de cuarenta años finalmente heredar la
Tierra Prometida>>.

Y así por fin ver la luz que no conocían aún, tal cual como Moisés la
vio y la conoció sobre el Sinaí, para empezar la liberación de Israel
de las terribles tinieblas de sus enemigos de la antigüedad, <<para
entonces servirle libremente al Dios Viviente, para alcanzar nuevas
glorias y santidades eternas jamás alcanzadas incluso ni por los
ángeles>>. Pues libres infinitamente de sus enemigos antiguos eran los
hebreos, para servirle con amor y con fe del corazón al SEÑOR, creador
del cielo y de la tierra, <<y así vivir para Él infinitamente sólo en
sus nuevas vidas encontradas por Moisés, en la luz del Mesías,
ardiendo en las llamas del Altar de Dios sobre lo alto del Sinaí>>.

Esto era una señal celestial y mesiánica sobre el Sinaí,
proféticamente hablando, como sobre la cima de la roca eterna, en las
afueras de la gran Jerusalén de la Tierra Prometida, para librar al
impío de su mal eterno, <<si tan sólo creía en su luz en su corazón y
confesara con sus labios su nombre santísimo>>, ¡a nuestro Salvador
Jesucristo! Porque lo primero que Moisés vio, antes de ver y de hablar
con el Ángel del SEÑOR sobre el Sinaí, entre llamas y humo
desconocido, fue la luz de la salvación de Israel del poder de sus
enemigos, <<para que entren posteriormente a sus nuevas tierras
escogidas por Dios, para que vivan en paz con su Árbol de vida eterna,
infinitamente>>.

Pues así es el impío o la impía de la tierra, va por su camino de
tinieblas sin saber hacia donde le llevaran sus pasos en sus días
porvenir, sabe que va a volver a tropezar una vez más, pero no sabe
dónde ni como, <<porque la ira de Dios está sobre su vida para mal y
para los suyos, también>>. Además, la ira de Dios ha de estar sobre la
vida del impío y de la impía, <<y sólo hasta que despierte de su maldad
y se vuelva a su Dios, Creador de su nueva vida infinita en la
tierra>>, para vivirla ya en la tierra, en el paraíso y en La Nueva
Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo.

Porque la vida santa, la cual nuestro Señor Jesucristo la ha traído a
nuestras vidas desde el paraíso, ha sido realmente para comenzar a
vivirla desde ya en nuestro mundo de hoy en día, <<para posteriormente
entrar con ella, establecida en nuestros corazones y en nuestros
espíritus humanos, al nuevo reino celestial de Dios y de su Árbol de
vida eterna>>. Es decir, que nosotros no vamos por la nueva vida eterna
en el nuevo reino de los cielos, prometida por nuestro Padre Celestial
a cada uno de nosotros en toda la tierra, <<sino que la llevaremos ya
con nosotros mismos en nuestros corazones, como con nuestro Señor
Jesucristo, como con el único gran rey Mesías de nuestras nuevas vidas
infinitas>>.

Ahora, lo que si vamos a recibir en el nuevo reino celestial <<a de ser
nuestros nuevos cuerpos glorificados por el Espíritu de la sangre y de
la vida misma, gloriosa y santa, de nuestro gran rey Mesías>>, con una
corona de oro y de vida eterna sobre nuestras cabezas, y vestidos
nuestros nuevos cuerpos endiosados con ropas reales del cielo. Pues
seremos infinitamente una conglomeración de naciones de reyes y
sacerdotes, para servir a nuestro Padre Celestial y a su nombre muy
santo por los siglos de los siglos, <<gracias a la obra suprema y
sumamente gloriosa de nuestro Árbol de vida eterna, en nuestros
corazones y en nuestras vidas humanas, de hoy en día y de siempre, por
ejemplo>>.

Y nuestro Creador castiga al impío y a la impía de la tierra día y
noche, no porque se plazca en arruinar sus vidas, <<sino para que se
arrepientan de sus transgresiones>>, como de sus mentiras, de sus
infamias, de sus calumnias y de sus muchas malas obras en contra de su
palabra viviente, <<y para que finalmente hablen verdad siempre>>.
Porque una nación sin Satanás, ya es un paraíso terrenal entre las
naciones del mundo entero, como el Israel de la antigüedad y su
Tabernáculo glorioso. Y si las demás naciones siguen el buen ejemplo
de la palabra y de Los Diez Mandamientos y de sus decretos sagrados,
entonces <<el mundo entero llegaría a ser ese paraíso terrenal, por el
cual Dios soñó desde siempre en donde el hombre viva infinitamente
feliz con Él y con su Árbol de vida eterna, eternamente y para
siempre>>.

Porque el propósito de nuestro Padre Celestial, y así también de su
Espíritu, de su Árbol de la vida y de sus millares de ángeles, <<es de
que Sus Diez Mandamientos con sus decretos y preceptos sagrados sean
cumplidos en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña>>, para que
haya menos tinieblas y más luz en el mundo entero. Pero como el impío
no ve esta gran verdad en su corazón, pues entonces sigue su curso de
maldad y de oscuridad eterna en su vida cotidiana, <<sin saber hacia
donde va jamás>>; como los hebreos en el desierto, dando vueltas por
todos lados y hasta que por fin murieron cansados, sin ver jamás la
Tierra Prometida, salvo sus retoños.

Y nuestro Dios no nos quiere ver muertos, tendidos en el desierto,
sino vivos, para que vivamos para él y para su gloria santísima, <<la
cual viene a nosotros día tras días, si tan sólo creemos en el
Espíritu de la sangre y de la vida gloriosa de su Árbol de vida, su
unigénito>>, ¡nuestro único gran rey Mesías del cielo! Por tanto, el
impío no tiene que sufrir ni menos morir en sus pecados abominables de
siempre; lo único que nuestro Dios espera de él, es que se arrepienta
de sus pecados, antes hoy que mañana, para que los días venideros no
sean de tinieblas sino de la luz del paraíso, ¡nuestro único Árbol de
vida del cielo y la tierra!

Si, nuestro Señor Jesucristo es la única libertad del pecado, para el
pecador y para la pecadora de la humanidad entera. Y fuera de nuestro
Señor Jesucristo no hay salvación alguna en el paraíso, ni en la
tierra ni menos en el más allá, eternamente y para siempre. Si, con el
Señor Jesucristo <<ya no hay pecado alguno en tu vida>>, sino sólo una
vida abundante de muchas cosas gloriosas, como milagros, prodigios y
maravillas en abundancia de nuestro Dios y de su Espíritu Santo, ¡para
enriquecer tu corazón y cada momento de tu vida en la tierra y en el
paraíso, eternamente y para siempre!

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo
es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.

LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):

"'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
Perfecta de nuestro Padre Celestial), y la tenga en un lugar secreto!'
Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!' Y
todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el pueblo
dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!' Y todo
el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el pueblo dirá:
'¡Amén!'

"'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos".

TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano".

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó".

QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da".

SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo".

DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo".

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ".
Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.


http://www.supercadenacristiana.com/...pe=wm%20%20///



http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx



http://radioalerta.com


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