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  #41 (permalink)  
Antiguo 03-05-2008, 00:29:44
libera
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Otras opiniones Jesucristo nunca existió


Aunque me piden que hable sobre la actitud de Jesús ante el dinero,
quiero comenzar describiendo brevemente qué entiendo por
neoliberalismo, pues para comprender las palabras de Jesús sobre el
dinero, pronunciadas ayer y ponerlas en práctica hoy, en los umbrales
del siglo XXI, no basta ya con saber qué es lo que Jesús dijo, ni con
conocer el mundo al que él hablaba; es necesario, además, situar en el
nuevo contexto de la así llamada "sociedad neoliberal o pos-
neoliberal" sus palabras1.

Es en el contexto de la tan cacareada globalización donde tenemos que
indagar qué dicen hoy a los seguidores de Jesús aquellas palabras
antiguas, pero tan actuales, y cómo se han de interpretar al haber
cambiado de destinatarios, de cultura y de época.

Y como vamos a hablar sobre Jesús y el dinero hemos de anotar también
de entrada que la economía de tiempos de Jesús no es comparable a la
de hoy. Sería, por tanto, un error trasladar los modelos o fórmulas
económicas del pasado al presente, aunque tal vez haya algo en común
entre ambas economías al estar asentadas sobre la base de la
acumulación de unos bienes que pertenecen a todos en manos de unos
pocos y no sobre la base de la distribución de los bienes de la tierra
entre todos los que la habitan.



En tiempos de Jesús, la acumulación de capital en manos de unos pocos
era tan grande que cuenta Flavio Josefo (Antigüedades Judías 15,365)
que Herodes, por ejemplo, se había apoderado por medio de
confiscaciones de una cantidad enorme de tierras (A.J. 17,307) y
convertido en regadío un terreno de unos cuarenta y cinco kilómetros
cuadrados, propiedad de su hermana Salomé. De este terreno, Salomé
percibía rentas de hasta sesenta talentos anuales (A.J. 17,321), o lo
que es igual, el dinero equivalente a 360.000 jornales de un obrero
agrícola. Herodes, por su parte, se había visto obligado a bajar los
impuestos dos veces para evitar disturbios generales, dada la pobreza,
paro y miseria en que andaba sumida la inmensa mayoría de la
población.

Sabemos también que, en la época de Herodes y durante el breve reinado
de Agripa I (41-44 dC), era tan extrema la situación del pueblo, que
tuvieron que arbitrarse en Palestina medidas extraordinarias para
paliar el hambre de la población: se estimuló la beneficencia privada
y se sancionaron jurídicamente las aspiraciones de los pobres a
compartir la cosecha, reservándoles una parte de las fincas, cuyos
productos podían recoger después de la recolección, y dejando para
ellos las uvas caídas al suelo durante la vendimia2.

Son sólo varias pinceladas sobre la situación crítica de la inmensa
mayoría del pueblo en tiempos de Jesús.



Además están las leyes de Dios a los judíos, en la que los Fariseos se
las pasaban por el forro,
puesto que si un trabajador, trabajaba la tierra durante 7 años, éstos
ya estaban libres de pagar impuestos,
pero los Fariséos hipócritas, no querían dejárselas y debían pagarlas
por siempre.


Asi es que, si no estudias un poco el contexto Histórico de aquel
entonces, dudo que sepas a lo que se refería
Jesucristo, bueno, ni Dios.





On 3 mayo, 01:14, Valzar <val...***gmail.com> wrote:
> On 3 mayo, 00:20, libera <libera.d...***gmail.com> wrote:
>
>
>
> > ¿Notas la diferencia?- Ocultar texto de la cita -

>
> > - Mostrar texto de la cita -

>
> Si, veo la diferencia entre el tema original y lo que tu aportas que
> no tiene relación.
> Lo que te tocaría es pasar por alto el mensaje o dar pruebas de la
> existencia de Jesús. Tu y yo creemos en su existencia pero el debate
> son las pruebas.
> ¿No sabes seguir un debate?


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  #42 (permalink)  
Antiguo 03-05-2008, 00:57:29
Valzar
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Otras opiniones Jesucristo nunca existió

On 3 mayo, 01:25, libera <abba.tzeb...***gmail.com> wrote:

> Acaso no estudias la Biblia para poder opinar con propiedad?
>
> Te lo recomiendo......porque se nota que no has estudiado ni la
> Historia de los Hebreos
> ni la Historia, ni la Historia de nada.


Tu has estudiado la historia de los hebreos en la biblia. Que es peor
que no estudiarla.
Yo estudio la Biblia de la misma manera que el Coran, el Kalevala, el
Popol Vuh, el Libro de los Muertos, el Zend Avesta, etc. Pero esos
libros solo me hablan de mitos antiguos. Al fin y al cabo el
cristianismo no es mas que un mito superviviente.
La Historia es otra cosa...

Saludos
Responder Con Cita
  #43 (permalink)  
Antiguo 03-05-2008, 01:03:01
libera
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Otras opiniones Jesucristo nunca existió

On 3 mayo, 01:57, Valzar <val...***gmail.com> wrote:
> On 3 mayo, 01:25, libera <abba.tzeb...***gmail.com> wrote:
>
> > Acaso no estudias la Biblia para poder opinar con propiedad?

>
> > Te lo recomiendo......porque se nota que no has estudiado ni la
> > Historia de los Hebreos
> > ni la Historia, ni la Historia de nada.

>
> Tu has estudiado la historia de los hebreos en la biblia. Que es peor
> que no estudiarla.
> Yo estudio la Biblia de la misma manera que el Coran, el Kalevala, el
> Popol Vuh, el Libro de los Muertos, el Zend Avesta, etc. Pero esos
> libros solo me hablan de mitos antiguos. Al fin y al cabo el
> cristianismo no es mas que un mito superviviente.
> La Historia es otra cosa...
>
> Saludos


El mito superviviente de muchos muertos por ésa fe.

Y además, eres libre de creer o no que Jesucristo vino a salvarnos
de nosotros mismos.

Pocas cosas han durado tanto....

Responder Con Cita
  #44 (permalink)  
Antiguo 03-05-2008, 01:04:26
libera
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Otras opiniones Jesucristo nunca existió

On 3 mayo, 01:57, Valzar <val...***gmail.com> wrote:
> On 3 mayo, 01:25, libera <abba.tzeb...***gmail.com> wrote:
>
> > Acaso no estudias la Biblia para poder opinar con propiedad?

>
> > Te lo recomiendo......porque se nota que no has estudiado ni la
> > Historia de los Hebreos
> > ni la Historia, ni la Historia de nada.

>
> Tu has estudiado la historia de los hebreos en la biblia. Que es peor
> que no estudiarla.
> Yo estudio la Biblia de la misma manera que el Coran, el Kalevala, el
> Popol Vuh, el Libro de los Muertos, el Zend Avesta, etc. Pero esos
> libros solo me hablan de mitos antiguos. Al fin y al cabo el
> cristianismo no es mas que un mito superviviente.
> La Historia es otra cosa...
>
> Saludos


Por cierto, si quieres andar de religión en religión
como las mariposas de flor en flor, te agradecería que estuvieses
en la que nos ocupa, sólo para que digas algo con propiedad,.

Ah, y dime de lo que presumes, y te diré de lo que careces.

Responder Con Cita
  #45 (permalink)  
Antiguo 03-05-2008, 01:05:01
Valzar
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Otras opiniones Jesucristo nunca existió

On 3 mayo, 01:29, libera <abba.tzeb...***gmail.com> wrote:
> Aunque me piden que hable sobre la actitud de Jesús ante el dinero,


Aunque me piden que hable sobre la actitud de Jesús ante el dinero,
quiero comenzar describiendo brevemente qué entiendo por
neoliberalismo, pues para comprender las palabras de Jesús sobre el
dinero, pronunciadas ayer y ponerlas en práctica hoy, en los umbrales
del siglo XXI, no basta ya con saber qué es lo que Jesús dijo, ni con
conocer el mundo al que él hablaba; es necesario, además, situar en el
nuevo contexto de la así llamada "sociedad neoliberal o pos-
neoliberal" sus palabras1.

Es en el contexto de la tan cacareada globalización donde tenemos que
indagar qué dicen hoy a los seguidores de Jesús aquellas palabras
antiguas, pero tan actuales, y cómo se han de interpretar al haber
cambiado de destinatarios, de cultura y de época.

Y como vamos a hablar sobre Jesús y el dinero hemos de anotar también
de entrada que la economía de tiempos de Jesús no es comparable a la
de hoy. Sería, por tanto, un error trasladar los modelos o fórmulas
económicas del pasado al presente, aunque tal vez haya algo en común
entre ambas economías al estar asentadas sobre la base de la
acumulación de unos bienes que pertenecen a todos en manos de unos
pocos y no sobre la base de la distribución de los bienes de la tierra
entre todos los que la habitan.

En tiempos de Jesús, la acumulación de capital en manos de unos pocos
era tan grande que cuenta Flavio Josefo (Antigüedades Judías 15,365)
que Herodes, por ejemplo, se había apoderado por medio de
confiscaciones de una cantidad enorme de tierras (A.J. 17,307) y
convertido en regadío un terreno de unos cuarenta y cinco kilómetros
cuadrados, propiedad de su hermana Salomé. De este terreno, Salomé
percibía rentas de hasta sesenta talentos anuales (A.J. 17,321), o lo
que es igual, el dinero equivalente a 360.000 jornales de un obrero
agrícola. Herodes, por su parte, se había visto obligado a bajar los
impuestos dos veces para evitar disturbios generales, dada la pobreza,
paro y miseria en que andaba sumida la inmensa mayoría de la
población.

Sabemos también que, en la época de Herodes y durante el breve reinado
de Agripa I (41-44 dC), era tan extrema la situación del pueblo, que
tuvieron que arbitrarse en Palestina medidas extraordinarias para
paliar el hambre de la población: se estimuló la beneficencia privada
y se sancionaron jurídicamente las aspiraciones de los pobres a
compartir la cosecha, reservándoles una parte de las fincas, cuyos
productos podían recoger después de la recolección, y dejando para
ellos las uvas caídas al suelo durante la vendimia2

Son sólo varias pinceladas sobre la situación crítica de la inmensa
mayoría del pueblo en tiempos de Jesús.

Hoy sucede otro tanto. Basten algunos ejemplos como botón de muestra:

- De 1962 a 1992 la producción mundial se triplicó, aumentando el
consumo en los sectores pudientes del mundo desarrollado y
disminuyendo en los sectores más pobres, lo que traducido a cifras
equivale a decir que el 20% más rico de la población mundial consume
más del 80% del producto bruto mundial (también en gastos de energía,
educación, salud, etc.), mientras que el 20% más pobre apenas alcanza
a consumir el 1.5%.

- Los datos del Informe sobre el desarrollo humano 1998 de las
Naciones Unidas nos aterrorizan al hablar de la concentración de la
riqueza mundial en manos de un puñado de ricos: las 225 personas más
ricas del mundo acumulan una riqueza superior a un billón de dólares,
igual al ingreso anual del 47% más pobre de la población mundial, es
decir, de 2.500 millones de pobres.

- Este mismo informe incluye también un índice específico de pobreza
para los países desarrollados que da mucho que pensar. En 1960, el 20%
de la población mundial que vivía en los países más ricos tenía 30
veces el ingreso del 20% más pobre. En 1985, esa relación era de 82
veces.

- Incluso en América del Norte, el país de la prosperidad, están
sucediendo cosas horribles, pues no todos prosperan en él: en 1969, el
20% de los hogares norteamericanos más ricos tenía siete veces más
renta que el 20% más pobre. En 1992 esa relación era ya de 11 veces y
ha seguido creciendo. Esto equivale a decir que, incluso dentro de los
países más desarrollados, los ricos son cada vez más ricos y los
pobres más pobres. Ha aumentado la riqueza y, con ella, la desigualdad
y la pobreza3.

- Pero no queda ahí la cosa. Ha surgido además una porción reducida de
la población (¿un 5%? ¿un 10%?) que ha perdido todo contacto con la
esfera de la ciudadanía. Es lo que denominamos lumpen, los no
ciudadanos, que no constituyen una clase social para sí, y que no
tienen contacto alguno con el mundo oficial. Para esos no ciudadanos
no existe una explicación unificada ni unificante de sus sufrimientos.
Los realmente desfavorecidos por la globalización -y quienes temen
perder su condición- no representan una fuerza productiva, ni siquiera
un grupo social con el que se deba ajustar cuentas. Los ricos se hacen
más ricos sin ellos, los gobiernos pueden ser reelegidos sin sus
votos, y el PNB seguirá creciendo indefinidamente sin su
participación. De la explotación a la exclusión: eso es lo que Viviane
Forrester llama el horror económico4.

Son algunos de los efectos más inmediatos del neoliberalismo y de su
praxis globalizadora, cuyos principales postulados vamos a comentar a
continuación.

1. Principios básicos del neoliberalismo

El neoliberalismo es una ideología, basada en tres principios
rectores:

la primacía del individualismo
el predominio del materialismo
y la preeminencia del hedonismo.

Según estos principios5, el centro de la actividad humana es el
individuo y su libertad como valor absoluto y sin referencia
comunitaria. Esto desemboca en un individualismo beligerante, en una
insolidaridad que crea una franja de marginación y exclusión social
cada vez más amplia y en una feroz y agresiva competitividad. Para el
neoliberalismo, el valor supremo, que lo rige todo, es lo económico,
encarnado en el culto al dinero, como dios al que se ofrecen
sacrificios de vidas humanas, las de los pobres; la meta suprema es la
consecución a cualquier precio de la satisfacción sensible del
individuo.

Para llevar a cabo estos postulados, el neoliberalismo proclama la
libertad de las actividades económicas y la sacralidad de la propiedad
privada, buscando el enriquecimiento mediante la expansión del
mercado. El nuevo dogma de esta religión neoliberal es "fuera del
mercado no hay salvación".

El método que emplea el neoliberalismo es la libre competencia, de la
que el Estado debe estar ausente, teniendo por norma básica la
eficacia. Y en la libre competencia -ya se sabe- gana quien tiene más,
quien puede más; vencen los fuertes, los ricos y los hábiles; los
pobres, los desfavorecidos no cuentan para nada.

Entendido así el sistema neoliberal, habría que preguntarse de
entrada: ¿se puede ser cristiano y neoliberal?

Si la economía -llámese capital o mercado- es el valor supremo; si el
mercado global o la globalización del mercado es el único camino a
seguir; si la propiedad privada -lo mío- es sagrada, y si el
enriquecimiento mediante la expansión del mercado es la meta a la que
se denomina "desarrollo"... ¿cabe todavía preguntarse si se puede ser
cristiano y neoliberal?

Pues nada hay más ajeno al evangelio que estos principios con los que
dicen que se pretende conseguir "la calidad de vida", la calidad
total, basada principal -y casi exclusivamente- en el enriquecimiento,
la competitividad, la codicia y la acumulación del capital.

En esta sociedad neoliberal, la tan propugnada libre competencia en
términos de mercado no es tal, ni crea igualdad, sino desigualdad; es
injusta por sí misma desde el momento en que hay muchos millones de
seres humanos del planeta que no pueden competir en nada ni con nadie,
al no tener nada que comprar ni vender, porque no tienen acceso al
mercado.

En la nueva "religión del mercado", no se dice ya "dime con quién
andas y te diré quien eres" sino "dime qué compras, cuánto compras, a
quién compras y te diré quién eres". Hoy el "ser" se constituye por el
"comprar" y por el "tener". Consecuentemente a este principio, los
2.500 millones de pobres de la tierra sin capacidad de comprar,
sencillamente no existen, no cuentan, no son.

Si antes se decía unicuique suum (a cada uno lo suyo), defendiendo a
ultranza la propiedad privada, hoy el eslogan es "a cada uno lo que
produce".

Ante este panorama, el estado neoliberal reduce al mínimo su
participación e intervención en la actividad económica, quedando el
individuo cada vez más desprotegido y desvalido ante los verdaderos
señores de la tierra que controlan el flujo de capitales. Los estados
venden hoy las empresas, incluso aquellas rentables, dejándolas en
manos de las multinacionales y los grandes capitales, propugnando la
libre competencia, pero practicando cada vez más un monopolio a escala
mundial en el que los grandes bancos y las grandes empresas
multinacionales se funden con otras igualmente grandes para dominar
absolutamente el mercado y acabar con la tan proclamada libertad de
mercados.

Hoy más que nunca queda patente la vieja máxima: "Poderoso caballero
es don dinero", revistiéndose de patetismo palabras de Jesús como
éstas: "No podéis servir a Dios y al dinero (léase capital o mercado
globalizador) (Lc 16,13); "vende lo que tienes y repártelo a los
pobres, que tendrás en Dios tu riqueza; y anda, sígueme a mí (Lc
18,22)"; "ay de vosotros, los ricos" (Lc 6,24); "¡Con qué dificultad
entran en el reino de Dios los que tienen el dinero! Porque es más
fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que no que entre un
rico en el reino de Dios" (Lc 16,24-25).

¿Quién se cree hoy esto o se atreve a proclamarlo?

Hoy que se habla de la España de las oportunidades hay que afirmar
tajantemente que un sector grande de la población activa no tiene
sencillamente oportunidades, ni siquiera la posibilidad de acceder a
un puesto de trabajo digno. En España este sector alcanza el 19%, en
torno a dos o tres millones de personas según quien haga los números
(la Encuesta de Población Activa o el Instituto Nacional de Empleo);
en Europa hay ya 18 millones de parados y en Estados Unidos los pobres
alcanzan la cifran de 40 millones.

Y muchos de los que tienen un puesto de trabajo en nuestro país, lo
tienen con un contrato-basura y un salario precario; no hablemos ya de
las pensiones contributivas o del salario social de aquellos que ni
siquiera tienen trabajo, tan reducidos a mínimos ni siquiera vitales.

Pues bien, es precisamente en este campo, en la actitud que los
cristianos debemos tener hacia el dinero, verdadero dios de la
sociedad neoliberal, donde aparece, a mi juicio, más nítida que nunca
la alternativa que el evangelio ofrece hoy, que, de ponerse en
práctica, abriría la puerta a la esperanza en un mundo que no esté
basado en el dinero, sino en el pleno desarrollo humano, verdadera
meta propuesta por Jesús en el evangelio.



2. Las dos caras del dinero en los evangelios.

Por esto hemos de preguntarnos: ¿Qué pensaba Jesús, tal como lo
describen los evangelios, acerca del dinero y de la posesión de los
bienes?

Para Jesús, como para nosotros, el dinero tiene dos caras: una, buena
y amable; otra, mala y temible. El dinero no puede demonizarse o
satanizarse absolutamente. El dinero -y cuando decimos dinero,
entendemos también los bienes- es bueno o malo según el uso que
hagamos de él. Jesús no era un soñador utópico; sabía que el dinero es
una realidad importante con la que hay que contar en la vida de cada
día y así aparece en múltiples pasajes de los evangelios6.


La cara amable del dinero

El dinero tiene una cara amable, pues crea las condiciones para una
vida digna, o lo que es igual, el dinero es necesario para vivir, pero
esto no quiere decir que vivamos para el dinero, como muchos
entienden. Los evangelios son realistas en este sentido y refieren a
menudo operaciones de compraventa. Con dinero se compra y se vende
tanto lo necesario como lo superfluo7

¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos?, pregunta Jesús
(Mt 10,29); en la parábola del gran banquete se dice que todos los
invitados "empezaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado un
campo y necesito ir a verlo...; otro dijo: he comprado cinco yuntas de
bueyes y voy a probarlas" (Lc 14,18-19); la actividad de la gente en
tiempos de Lot es descrita con esta secuencia de verbos: "comían,
bebían, compraban, vendían, plantaban y construían (Lc 17,28)".

Aunque, en el evangelio aparecen con frecuencia los verbos comprar y
vender, no está de más observar que Jesús no aconseja comprar, sino
más bien dar, o vender y dar8. Ante la multitud hambrienta, Jesús
ordena a sus discípulos: "dadles vosotros de comer", pero los
discípulos, que entienden sólo de comprar y no de compartir,
preguntan: "¿Vamos a comprar panes por doscientos denarios de plata
para darles de comer? (Mc 6,35). A quienes, siendo ricos, se acercan a
Jesús, éste les aconseja vender y dar todo lo que tienen para entrar
en el reino de Dios o comunidad cristiana, que es presentada como un
tesoro escondido que "un hombre encuentra, lo vuelve a esconder y de
la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquél" (Mt
13,44) o "a un comerciante que buscaba perlas finas; y al encontrar
una perla de gran valor (metáfora del reino) fue a vender todo lo que
tenía y la compró" (Mt 13,45-46). El reino de Dios o comunidad
cristiana vale, para Jesús, más que todos los bienes. El joven rico,
para llegar a ser un hombre logrado, debe seguir la orden de Jesús:
"vete a vender lo que tienes y dáselo a los pobres, que tendrás en
Dios tu riqueza; y, anda, sígueme a mí" (Mt 19,21; cf. Mc 10,21; Lc
18,22). Jesús exhorta a sus discípulos con estas palabras: "Vended
vuestros bienes y dadlos en limosna; haceos bolsas que no se
estropeen, una riqueza inagotable en el cielo, adonde no se acercan
los ladrones ni echa a perder la polilla. Porque donde tengáis vuestra
riqueza tendréis el corazón (Lc 12,33-34)".

Con dinero se compran también los animales para los sacrificios, pero
Jesús se muestra poco amigo de quienes venden en los atrios del templo
explotando al pobre. Por eso, al expulsar del templo a los vendedores
y cambistas, Jesús no dirige la palabra a quienes vendían bueyes u
ovejas para los sacrificios (pues estas ofrendas sólo las podían
costear quienes tenían cierto poder adquisitivo, los ricos), sino a
los vendedores de las palomas, que adquirían los pobres para
ofrecerlas en sacrificio expiatorio por sus pecados. Jesús dice a
éstos: "Quitad eso de ahí; no convirtáis la casa de mi Padre en una
casa de negocios" (Jn 2,16).

Con dinero se pagan los impuestos o tributos: "¿Está permitido pagar
el tributo al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?" preguntan los
fariseos y herodianos a Jesús, tendiéndole una trampa (Mc 12,13-17).

El dinero sirve también para dar limosnas y remediar las carencias de
los necesitados, aunque Jesús aconseja la máxima discreción al
hacerlo: "Por tanto, cuando des limosna no lo anuncies a toque de
trompeta" (Mt 6,3-4); "si quieres ser un hombre logrado, vete a vender
lo que tienes y dáselo a los pobres, que tendrás en Dios tu riqueza;
y, anda, sígueme a mí", aconseja al joven rico (Mt 19,20-21); en la
escena de la unción de Jesús en Betania, al ver cómo la mujer quebró
el frasco de ungüento y lo fue derramando en la cabeza de Jesús
"algunos comentaban indignados: ¿Para qué se ha malgastado así el
perfume? Podía haberse vendido ese perfume por más de trescientos
denarios de plata y habérselo dado a los pobres. Y le reñían" (Mc
14,4-5).

Con dinero –con un denario- se pagan los jornales en la parábola de
los jornaleros enviados a la viña (Mt 20,1-16).

Con el dinero se negocia, invirtiéndolo o poniéndolo a interés en el
banco. Esto es precisamente lo que ni siquiera hizo el siervo de la
parábola de los talentos que había recibido de su amo un solo talento
y a quien éste le reprocha: "¡Empleado malvado y holgazán! ¿Sabíasque
siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues entonces debías
haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver, pudiera
recobrar lo mío con los intereses" (Mt 25,26-27).

El dinero sirve, también, para aliviar los males del prójimo. Así el
samaritano paga al posadero dos denarios y se compromete a pagar lo
que sea preciso de más: "al ver al malherido, se acercó a él y le
vendó las heridas echándoles aceite y vino..., lo llevó a una posada y
lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios de plata y, dándoselos al
posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a
la vuelta" (10,33-36).

Con dinero, por último, intenta en vano la hemorroísa obtener la
salud. De esta mujer, que tenía un desarreglo constante, se dice que
"había sufrido mucho por obra de muchos médicos y se había gastado
todo lo que tenía sin aprovechar nada, sino más bien poniéndose
peor" (Mc 5,25-26).

En los evangelios, como puede verse, el dinero se usa, al igual que
hoy, como valor de cambio en una economía basada en la moneda; con él
se compra y se vende; se remedian las necesidades del prójimo, se
pagan los impuestos y se puede obtener la salud. El dinero es
necesario para vivir y es una realidad con la que hay que contar para
obtener cierta calidad de vida, según lo evangelios. Esta es la cara
amable del dinero.


La cara seductora del dinero

Pero el dinero tiene otra cara, mala; tiene poder seductor y
corruptivo, porque quien lo tiene, tiende a tener cada vez más: por
esto Jesús recomienda: "Dejaos de amontonar riquezas en la tierra,
donde la polilla y la carcoma las echan a perder, donde los ladrones
abren boquetes y roban. En cambio, amontonaos riquezas en el cielo,
donde ni polilla ni carcoma las echan a perder, donde los ladrones no
abren boquetes ni roban. Porque donde tengas tu riqueza tendrás el
corazón" (Mt 6,19-21).

Para Jesús, el dinero no es malo; lo malo es su acumulación abusiva;
lo perverso es la avaricia y el ansia de tener que lleva a acaparar. Y
éste es el mal que aqueja a nuestra sociedad neoliberal.

En el evangelio vemos cómo por dinero pleitean los hermanos: "Maestro,
dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. Le contestó Jesús:
Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros? Entonces
les dijo: Mirad, guardaos de toda codicia, que aunque uno ande
sobrado, la vida no depende de los bienes" (Lc 12,13-15).

Con la seguridad que da el dinero, el hijo pródigo rompe con su padre:
"Padre, dame la parte de la fortuna que me toca" (Lc 15,11) y por
codicia, el acreedor de la parábola, a quien le habían condonado una
deuda inmensa (diez mil talentos) es capaz de encarcelar a quien le
debía una cantidad mínima (cien denarios) (Mt 18,23-35); por afán de
dinero se extorsiona a la gente como reconoce Zaqueo al encontrarse
con Jesús: "La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y
si a alguien he extorsionado dinero, se lo restituiré cuatro
veces" (Lc 19,8). El ansia de dinero lleva a robar: de Judas se dice
que "era un ladrón y, como tenía la bolsa, se llevaba lo que
echaban" (Jn 12,6); Judas mismo traiciona a Jesús por dinero y está
dispuesto a entregarlo a la muerte: "Judas Iscariote, aquel que era
uno de los Doce, acudió a los sumos sacerdotes para entregárselo.
Ellos, al oírlo, se alegraron y le prometieron darle dinero. El andaba
buscando cómo entregarlo y el momento oportuno" (Mc 14,10-11).

Hay, también, quien usa el dinero para adquirir prestigio: "Por tanto,
cuando des limosna no lo anuncies a toque de trompeta, como hacen los
hipócritas en las sinagogas y en la calle para que la gente los alabe.
Ya han recibido su recompensa, os lo aseguro. Tú, en cambio, cuando
des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha,
para que tu limosna quede escondida; y tu Padre, que ve lo escondido
te lo recompensará" (Mt 6,2). Algunos usan el dinero para actos de
ostentación, como los ricos que echaban dinero en cantidad en el
tesoro o cepillo del templo, frente a aquella pobre viuda que echó dos
ochavos (Mc 12,41-44).

Pero el dinero aparece en los evangelios, ante todo, como fuente de
injusticia que hace a los hombres ciegos ante las necesidades de los
demás, como en la parábola del rico y los graneros (Lc 12,13-21) o en
la del rico y Lázaro (Lc 16,14-31), dos ricos que ignoran la
existencia y los sufrimientos del pobre.

El dinero, por último, crea además una falsa seguridad en quien lo
posee, pues el bien más preciado que es la vida no se puede comprar
con dinero, como advierte Jesús: "¿De qué le sirve al hombre ganar
todo el mundo si pierde su vida?" (Lc 9,25).

El dinero, que sirve para obtener cierta calidad de vida, termina con
la vida misma, cuando no es usado debidamente, convirtiéndose aquél y
no ésta en el valor supremo. De ahí que Jesús, consciente del
atractivo seductor y corruptor de las riquezas, proclame
absolutamente: "No podéis servir a Dios y al dinero" (Lc 16,13).

En síntesis, cuando el dinero se convierte en dios, se pone en peligro
la convivencia humana: se rompen las relaciones familiares, se olvida
el perdón, se extorsiona, se roba, se traiciona y se llega hasta
quitar la vida del otro, si es necesario. Con el dinero se consigue el
prestigio y el poder que hace sentirse diferentes y superiores a los
demás; el ansia de dinero lleva al olvido del prójimo que sufre y nos
hace sentirnos seguros de nosotros mismos, hasta el punto de creer que
incluso la vida se puede asegurar con dinero. El dinero es un dios que
exige pleitesía y adoración.



NOTAS

1 Más que de neoliberalismo, debemos hablar hoy de posneoliberalismo.
"La sorpresa de este año en el Foro Económico Mundial estribó
justamente en la desaparición del optimismo beato, de la ciega
exaltación del modelo, de la pureza impoluta e imprescindible del
mercado... Nos hallamos de lleno en el posneoliberalismo, transición
que se detecta en tres tendencias: 1) la necesidad de regular los
flujos internacionales de capital especulativo o de cartera; 2) la
necesidad de armonizar las políticas económicas y los sistemas
políticos y 3) la relación entre desigualdad, gobernabilidad y
viabilidad de las políticas de mercado". Véase J. Castañeda, "Davos y
el neoliberalismo", Diario El País, 10-2-99, págs. 13-14.

2 Shlomoh Ben-Ami, "Palestina en el primer siglo de la era común", en
A. Piñero (ed.), Orígenes del cristianismo. Antecedentes y primeros
pasos. Ediciones El Almendro, Córdoba 1991, 22ss.

3 Antón Costas, "Más ricos y desiguales", El País, sábado 30 de enero
de 1999, pág. 12.

4 Joaquín Estefanía, "La cuadratura del círculo", El País, 12 de
noviembre de 1997, pág. 11

5 Debo al profesor y amigo Eduardo Arens, del Perú, algunas de las
ideas que aquí expongo sobre el neoliberalismo, sacadas de un trabajo
que me hizo llegar sobre "Neoliberalismo y valores cristianos",
publicado en la revista "Páginas", de Lima.

6 Véase a este respecto el excelente artículo de F. Camacho, "Jesús,
el dinero y la riqueza", Revista Isidorianum, Centro de Estudios
Teológicos de Sevilla, 6 (1997) 393-415.

7 Los verbos comprar y vender son frecuentes en el Nuevo Testamento,
juntos o por separado. Comprar -agorazô- aparece treinta veces en el
NT, de las que veinte en los evangelios; vender -pôleô- veintidós en
el NT de las que diecisiete en los evangelios.

8 Jesús aconseja solamente una vez en los evangelios comprar algo,
empleando este verbo en sentido metafórico. Cuando está a punto de ser
detenido en el huerto, dice a sus discípulos: "Pues ahora, el que
tenga bolsa, que la coja, y lo mismo la alforja; y el que no tenga,
que venda el manto y se compre un machete... Ellos dijeron: Señor,
aquí hay dos machetes. El les replicó: ¡Basta ya!" (Lc 22,35-38).

Cuando prendan a Jesús, nadie va a proporcionar a los suyos sustento o
defensa. Esto es lo que quiere decir este consejo de Jesús que los
discípulos entienden al pie de la letra, como si, antes de ser
apresado para ser ajusticiado, aquél invitase a buscar la seguridad en
la bolsa (al enviarlos a la misión les había recomendado no llevar
bolsa, ni alforja ni sandalias, cf Lc 10,3) o a utilizar la violencia
para implantar un orden justo, él que había propuesto el amor incluso
hacia los enemigos, si es necesario ("Amad a vuestros enemigos y rezad
por los que os persiguen, para ser hijos de vuestro Padre del cielo,
que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre
justos e injustos", Mt 5,43-45).

Los discípulos, que no entienden las palabras de Jesús, le dicen:
"¡Señor, aquí hay dos machetes!". Pero éste se muestra ya cansado de
tanta incomprensión y les dice : "¡Basta ya!". Cf. Juan Mateos-
Fernando Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones
Cristiandad, Madrid 1981, pág. 280.

9 Vender y dar, no obstante, es una fórmula evangélica que, a mi
juicio, debe emplearse en nuestro tiempo sólo en casos de extrema
necesidad, pues remedia a corto y no a largo plazo las carencias del
prójimo. Otras fórmulas como "invertir para crear puestos de trabajo"
pueden resultar más eficaces y evangélicas hoy. El evangelio hay que
traducirlo a las nuevas circunstancias aplicando fórmulas que sean
aptas para conseguir el fin que Jesús pretende con sus
recomendaciones, a saber, la creación de una sociedad igualitaria
donde los bienes de la tierra se distribuyan entre todos.

10 Cf. Juan Mateos- Fernando Camacho, El evangelio de Mateo, pág.
280.
--------
Estoy de acuerdo con mucho de lo que dice Pelaez, pero la idea central
gana con el mensaje completo. ¿Verdad? Está mas en la línea de lo que
yo puse.
Saludos

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