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Antiguo 16-05-2008, 14:15:32
Valzar
 
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Predeterminado La ciencia de la evolución

La ciencia de la evolución

La teoría de la evolución se ocupa de tres materias diferentes. La
primera es el hecho de la evolución; esto es, que las especies
vivientes cambian a través del tiempo y están emparentadas entre sí
debido a que descienden de antepasados comunes. La segunda materia es
la historia de la evolución; esto es, las relaciones particulares de
parentesco entre unos organismos y otros (por ejemplo, entre el
chimpancé, el hombre y el orangután) y cuándo se separaron unos de
otros los linajes que llevan a las especies vivientes. La tercera
materia se refiere a las causas de la evolución de los organismos.
La primera cuestión es la básica, pues si los organismos no
evolucionan, la teoría de la evolución no tendría nada que estudiar.
Charles Darwin (1809-1882), el fundador de la teoría moderna de la
evolución, acumuló evidencias para convencer a los científicos de su
época de que los seres vivos son descendientes modificados de
antepasados comunes. La evidencia a favor de la evolución ha seguido
aumentando desde entonces, derivada de todas las disciplinas
biológicas.
El origen evolutivo de los organismos es hoy una conclusión científica
establecida con un grado de certeza comparable a otros conceptos
científicos ciertos, tales como la redondez de la tierra, la rotación
de los planetas alrededor del sol o la composición molecular de la
materia. Este grado de certeza, que va más allá de toda duda
razonable, es lo que señalan los biólogos cuando afirman que la
evolución es un «hecho». El origen evolutivo de los organismos es un
hecho aceptado por los biólogos y por todas las personas bien
informadas sobre el asunto.
La teoría de la evolución va más allá de la simple demostración deque
los seres vivos evolucionan. Los evolucionistas están interesados en
descubrir los detalles importantes de la historia evolutiva. Por
ejemplo, la sucesión de organismos a través del tiempo, empezando por
el origen de los más primitivos que, como ahora sabemos, se remonta a
3.500 millones de años, cuándo colonizaron los animales la tierra, a
partir de sus antepasados marinos, y qué tipo de animales eran; si las
aves descienden de dinosaurios o de otro tipo de reptiles; o si los
chimpancés y los hombres están más estrechamente relacionados entre sí
que con los orangutanes.
La investigación histórica de la evolución incluye, además, precisar
los ritmos de la evolución, la multiplicación y la extinción de
especies, la colonización de islas y continentes, y muchas otras
cuestiones relacionadas con el pasado.
El tercer tipo de problemas de que se ocupan los evolucionistas
concierne al cómo y al porqué de la evolución, o, dicho de otra
manera, las causas de la evolución. Se trata de descubrir los
mecanismos o los procesos que causan y modulan la evolución de los
organismos a través del tiempo. Darwin, por ejemplo, descubrió la
selección natural, el proceso que explica la adaptación de los
organismos a su ambiente y la evolución de órganos y funciones. La
selección natural explica por qué los pájaros tienen alas y los peces
agallas, y por qué el ojo está específicamente diseñado para ver y la
mano para coger.
Otros procesos evolutivos importantes son los genéticos: la herencia
biológica, la mutación de genes y la organización del ADN (ácido
desoxirribonucleico, el material que contiene la información
genética).
En el siglo XIX, y durante las primeras décadas del XX, los
evolucionistas buscaban evidencias a favor y en contra de la
evolución. Los científicos actuales no se ocupan activamente de
investigar tal asunto, puesto que el hecho de la evolución está ya
establecido de forma definitiva, como consecuencia de la acumulación
de tal evidencia. Pero sí cabe señalar que los descubrimientos de las
disciplinas biológicas siguen aportando realidades contundentes de que
la evolución es un hecho.
Los evolucionistas actuales se ocupan de la historia y las causas de
la evolución. Los conocimientos sobre estas materias son extensos y
muchos descubrimientos están definitivamente confirmados. Por ejemplo,
que los hombres y los monos son parientes más cercanos de lo que lo
son de los ratones, o que los hombres, la especie Homo sapiens, es de
origen reciente, de hace 500.000 años, mientras que el origen de los
peces se remonta a 500 millones de años. Pero aún quedan por resolver
muchos detalles históricos.
Lo mismo ocurre con respecto a las causas de la evolución. Los
descubrimientos sobre la selección natural, las mutaciones génicas o
el origen de las especies son extensos, pero aún hay mucho por
descubrir.
Reflejando el estado de la ciencia actual, este libro presentará
evidencias sobre el hecho de la evolución de manera concisa en el
capítulo III, mientras que en su mayor parte estará dedicado al
estudio de las causas de la evolución, por lo que la historia de la
evolución entrará en juego principalmente en forma de ejemplos.
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Antiguo 16-05-2008, 14:41:48
El Oxito Del Arco Iris
 
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Predeterminado El Evolucionismo: una hipótesis absurda

"Valzar" <valzar***gmail.com> escribió en el mensaje
news:314bfe20-2e86-4f2b-a34a-e44d45bd394a***d77g2000hsb.googlegroups.com...


El evolucionismo del cual Darwin parece se el "padre" y que numerosos
sabios, ensalzados por la totalidad de los medios de comunicación,
consideran como una "ley" indiscutible, se revela a la reflexión como una
teoría imposible e indefendible, cualesquiera que sean los datos de la
investigación más exacta gracias a los cuales pretendan justificarla.

Esta "teoría" se basa necesariamente en dos principios claramente expresados
por sus propios defensores:

1 - el principio, o concepto, de la continuidad de la naturaleza y por tanto
de un continuum funcional de las formas de vida, encadenando todas las
especies y remontando hasta la célula primitiva.

2 - el concepto de intervención del azar, determinando las adaptaciones
sucesivas de la vida según procesos aleatorios.

Lo que no ven tanto los partidarios como los adversarios de esta teoría, es
que los dos grupos de principios que la fundan son perfectamente
incompatibles, el segundo destruyendo al primero y recíprocamente.

En efecto, un "continuum" es por definición misma "infragmentable" : una
recta, lo mismo que una curva "continua" no pueden presentar ningún corte
entre los límites en los que ellas experimentan una "continuidad".

Ejemplo simple: en la serie indefinida de los números enteros, la llamada
erróneamente "serie continua" porque cada numero "N" responde
indefinidamente a una única y constante "razón"; N+1 ó N-1. Si, en esta
serie, se toma al azar cualquier número, ese número responderá
necesariamente a esta "razón".

Es esta razón, o Ley, la que asegura la continuidad a pesar de la
discontinuidad de cada número con relación a todos los demás: 2 no es 3 que
no es 4, etc...

Podemos ver que la continuidad solo está en la "ley" y no en los números.

Esto implica que una continuidad de fenómenos no es tal más que en función
de una "regla", de una "razón" o de una "ley" que religa los fenómenos entre
ellos y se aplica a cada uno de ellos cualesquiera que sean su cantidad o
cualesquiera que pudieran ser sus diferencias.

Ahora bien, si hay ley, no hay lugar para el "azar" ni para lo aleatorio que
implican, por su misma definición, total ausencia de ley y de continuidad.

En el caso presente de las "producciones de la vida", si ellas constituyesen
un continuum, la ley de constitución de ese continuo se encontraría
necesariamente idéntica desde la célula primitiva hasta el hombre. No habría
por lo tanto lugar para ningún "azar".

Y desde el momento en el que interviene cualquier "azar", aquello que se
supone "continuo" deja de serlo por el hecho mismo de que una nueva "razón",
o que una ausencia de "razón", sustituye a la que aseguraba la continuidad.

Hay una incompatibilidad absoluta e irreductible entre "continuo" y "azar".
Hay que elegir entonces entre el "azar" (ausencia de ley) y la necesidad
(presencia de una ley).

La teoría evolucionista no es por lo tanto más que un vulgar "sincretismo"
nacido del pensamiento muy superficial de sabios ilusionados y
des-razonables, en los cuales resulta completamente imposible tener
confianza a este nivel.

CONCLUSION:

- o bien las "especies vivas", presentes o pasadas, no están ligadas
entre-ellas por una "razón" identificable o imaginable, y pueden ellas ser
entonces consideradas como el producto del azar, en cuyo caso ya no hay
teoría posible,

- o bien están ligadas entre-ellas por una "ley" constante que asegura su
continuidad, en cuyo caso esta "ley" presentida o incluso imaginada puede
llegar a ser una "teoría" a verificar, desde la especie original hasta las
especies finales, prohibiéndose entonces la referencia a cualquier "azar"
que pondrían necesariamente fin a toda "ley".

Bajo pena de cretinismo caracterizado, los sabios deben entonces
imperativamente elegir entre "azar" o "necesidad", ya que si la "necesidad"
es la expresión de una "ley" cualquiera, el "azar" es la negación misma de
toda "ley", cualquiera que fuera la naturaleza, discreta o visible, de esta
ley.

Si hay contradicción entre dos proposiciones, no pueden ellas servir juntas
para cimentar ni siquiera una simple hipótesis, ni con más razón una Ley.

Vemos que lo que precede es suficiente para denunciar esta superchería y
hacer que sean perfectamente inútiles todas las valientes obras de esos
raros sabios que se esfuerzan en minimizarla por medio de numerosos ejemplos
que la contradicen.

Phillippe BOUET




ElOxitoDelArcoIris***69.es


--

http://www.apologeticspress.org/espa...onvsevolucion/

http://www.harunyahya.org/other/evol...mo/evoluc.html

http://bloomerfield.com/category/la-...ia-cientifica/

http://bloomerfield.com/2007/10/09/l...giones/#more-7

http://www.centrorey.org/tema_religion_falsa.htm

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El Oxito Del Arco Iris
 
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Predeterminado El Evolucionismo: una hipótesis absurda

"Valzar" <valzar***gmail.com> escribió en el mensaje
news:314bfe20-2e86-4f2b-a34a-e44d45bd394a***d77g2000hsb.googlegroups.com...


El evolucionismo del cual Darwin parece se el "padre" y que numerosos
sabios, ensalzados por la totalidad de los medios de comunicación,
consideran como una "ley" indiscutible, se revela a la reflexión como una
teoría imposible e indefendible, cualesquiera que sean los datos de la
investigación más exacta gracias a los cuales pretendan justificarla.

Esta "teoría" se basa necesariamente en dos principios claramente expresados
por sus propios defensores:

1 - el principio, o concepto, de la continuidad de la naturaleza y por tanto
de un continuum funcional de las formas de vida, encadenando todas las
especies y remontando hasta la célula primitiva.

2 - el concepto de intervención del azar, determinando las adaptaciones
sucesivas de la vida según procesos aleatorios.

Lo que no ven tanto los partidarios como los adversarios de esta teoría, es
que los dos grupos de principios que la fundan son perfectamente
incompatibles, el segundo destruyendo al primero y recíprocamente.

En efecto, un "continuum" es por definición misma "infragmentable" : una
recta, lo mismo que una curva "continua" no pueden presentar ningún corte
entre los límites en los que ellas experimentan una "continuidad".

Ejemplo simple: en la serie indefinida de los números enteros, la llamada
erróneamente "serie continua" porque cada numero "N" responde
indefinidamente a una única y constante "razón"; N+1 ó N-1. Si, en esta
serie, se toma al azar cualquier número, ese número responderá
necesariamente a esta "razón".

Es esta razón, o Ley, la que asegura la continuidad a pesar de la
discontinuidad de cada número con relación a todos los demás: 2 no es 3 que
no es 4, etc...

Podemos ver que la continuidad solo está en la "ley" y no en los números.

Esto implica que una continuidad de fenómenos no es tal más que en función
de una "regla", de una "razón" o de una "ley" que religa los fenómenos entre
ellos y se aplica a cada uno de ellos cualesquiera que sean su cantidad o
cualesquiera que pudieran ser sus diferencias.

Ahora bien, si hay ley, no hay lugar para el "azar" ni para lo aleatorio que
implican, por su misma definición, total ausencia de ley y de continuidad.

En el caso presente de las "producciones de la vida", si ellas constituyesen
un continuum, la ley de constitución de ese continuo se encontraría
necesariamente idéntica desde la célula primitiva hasta el hombre. No habría
por lo tanto lugar para ningún "azar".

Y desde el momento en el que interviene cualquier "azar", aquello que se
supone "continuo" deja de serlo por el hecho mismo de que una nueva "razón",
o que una ausencia de "razón", sustituye a la que aseguraba la continuidad.

Hay una incompatibilidad absoluta e irreductible entre "continuo" y "azar".
Hay que elegir entonces entre el "azar" (ausencia de ley) y la necesidad
(presencia de una ley).

La teoría evolucionista no es por lo tanto más que un vulgar "sincretismo"
nacido del pensamiento muy superficial de sabios ilusionados y
des-razonables, en los cuales resulta completamente imposible tener
confianza a este nivel.

CONCLUSION:

- o bien las "especies vivas", presentes o pasadas, no están ligadas
entre-ellas por una "razón" identificable o imaginable, y pueden ellas ser
entonces consideradas como el producto del azar, en cuyo caso ya no hay
teoría posible,

- o bien están ligadas entre-ellas por una "ley" constante que asegura su
continuidad, en cuyo caso esta "ley" presentida o incluso imaginada puede
llegar a ser una "teoría" a verificar, desde la especie original hasta las
especies finales, prohibiéndose entonces la referencia a cualquier "azar"
que pondrían necesariamente fin a toda "ley".

Bajo pena de cretinismo caracterizado, los sabios deben entonces
imperativamente elegir entre "azar" o "necesidad", ya que si la "necesidad"
es la expresión de una "ley" cualquiera, el "azar" es la negación misma de
toda "ley", cualquiera que fuera la naturaleza, discreta o visible, de esta
ley.

Si hay contradicción entre dos proposiciones, no pueden ellas servir juntas
para cimentar ni siquiera una simple hipótesis, ni con más razón una Ley.

Vemos que lo que precede es suficiente para denunciar esta superchería y
hacer que sean perfectamente inútiles todas las valientes obras de esos
raros sabios que se esfuerzan en minimizarla por medio de numerosos ejemplos
que la contradicen.

Phillippe BOUET




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El evolucionismo del cual Darwin parece se el "padre" y que numerosos
sabios, ensalzados por la totalidad de los medios de comunicación,
consideran como una "ley" indiscutible, se revela a la reflexión como una
teoría imposible e indefendible, cualesquiera que sean los datos de la
investigación más exacta gracias a los cuales pretendan justificarla.

Esta "teoría" se basa necesariamente en dos principios claramente expresados
por sus propios defensores:

1 - el principio, o concepto, de la continuidad de la naturaleza y por tanto
de un continuum funcional de las formas de vida, encadenando todas las
especies y remontando hasta la célula primitiva.

2 - el concepto de intervención del azar, determinando las adaptaciones
sucesivas de la vida según procesos aleatorios.

Lo que no ven tanto los partidarios como los adversarios de esta teoría, es
que los dos grupos de principios que la fundan son perfectamente
incompatibles, el segundo destruyendo al primero y recíprocamente.

En efecto, un "continuum" es por definición misma "infragmentable" : una
recta, lo mismo que una curva "continua" no pueden presentar ningún corte
entre los límites en los que ellas experimentan una "continuidad".

Ejemplo simple: en la serie indefinida de los números enteros, la llamada
erróneamente "serie continua" porque cada numero "N" responde
indefinidamente a una única y constante "razón"; N+1 ó N-1. Si, en esta
serie, se toma al azar cualquier número, ese número responderá
necesariamente a esta "razón".

Es esta razón, o Ley, la que asegura la continuidad a pesar de la
discontinuidad de cada número con relación a todos los demás: 2 no es 3 que
no es 4, etc...

Podemos ver que la continuidad solo está en la "ley" y no en los números.

Esto implica que una continuidad de fenómenos no es tal más que en función
de una "regla", de una "razón" o de una "ley" que religa los fenómenos entre
ellos y se aplica a cada uno de ellos cualesquiera que sean su cantidad o
cualesquiera que pudieran ser sus diferencias.

Ahora bien, si hay ley, no hay lugar para el "azar" ni para lo aleatorio que
implican, por su misma definición, total ausencia de ley y de continuidad.

En el caso presente de las "producciones de la vida", si ellas constituyesen
un continuum, la ley de constitución de ese continuo se encontraría
necesariamente idéntica desde la célula primitiva hasta el hombre. No habría
por lo tanto lugar para ningún "azar".

Y desde el momento en el que interviene cualquier "azar", aquello que se
supone "continuo" deja de serlo por el hecho mismo de que una nueva "razón",
o que una ausencia de "razón", sustituye a la que aseguraba la continuidad.

Hay una incompatibilidad absoluta e irreductible entre "continuo" y "azar".
Hay que elegir entonces entre el "azar" (ausencia de ley) y la necesidad
(presencia de una ley).

La teoría evolucionista no es por lo tanto más que un vulgar "sincretismo"
nacido del pensamiento muy superficial de sabios ilusionados y
des-razonables, en los cuales resulta completamente imposible tener
confianza a este nivel.

CONCLUSION:

- o bien las "especies vivas", presentes o pasadas, no están ligadas
entre-ellas por una "razón" identificable o imaginable, y pueden ellas ser
entonces consideradas como el producto del azar, en cuyo caso ya no hay
teoría posible,

- o bien están ligadas entre-ellas por una "ley" constante que asegura su
continuidad, en cuyo caso esta "ley" presentida o incluso imaginada puede
llegar a ser una "teoría" a verificar, desde la especie original hasta las
especies finales, prohibiéndose entonces la referencia a cualquier "azar"
que pondrían necesariamente fin a toda "ley".

Bajo pena de cretinismo caracterizado, los sabios deben entonces
imperativamente elegir entre "azar" o "necesidad", ya que si la "necesidad"
es la expresión de una "ley" cualquiera, el "azar" es la negación misma de
toda "ley", cualquiera que fuera la naturaleza, discreta o visible, de esta
ley.

Si hay contradicción entre dos proposiciones, no pueden ellas servir juntas
para cimentar ni siquiera una simple hipótesis, ni con más razón una Ley.

Vemos que lo que precede es suficiente para denunciar esta superchería y
hacer que sean perfectamente inútiles todas las valientes obras de esos
raros sabios que se esfuerzan en minimizarla por medio de numerosos ejemplos
que la contradicen.

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http://www.harunyahya.org/other/evol...mo/evoluc.html

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Antiguo 16-05-2008, 17:03:34
Valzar
 
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Predeterminado Re: El Evolucionismo: una hipótesis absurda

Mendel y la genética

La dificultad más seria con que se enfrentaba el darwinismo era la
carencia de una teoría sobre la herencia que pudiera explicar la
persistencia, de generación en generación, de las variaciones sobre
las que actúa la selección natural. Las teorías de la herencia
aceptadas en aquellos tiempos proponían que las características de los
progenitores se mezclan en los hijos como lo hacen una pintura azul y
una blanca dando un color intermedio. Como Darwin señalaba, si la
herencia es «mezclada», no es fácil explicar el efecto de la selección
natural en multiplicar las variaciones favorables. Si existe una
variante ventajosa en un individuo dado, la ventaja se reduciría a la
mitad en sus hijos, al mezclarse con la variante menos ventajosa
presente en el otro progenitor. Las variantes favorables se diluirían
rápidamente de generación en generación.
El eslabón que faltaba para completar la cadena del argumento dar-
winiano era la genética mendeliana. Durante la década de los años
sesenta del siglo XIX, cuando el impacto de la teoría de Darwin
comenzaba a notarse en varios países, el monje agustino Gregor Mendel
llevaba a cabo experimentos con guisantes en el jardín de su
monasterio en Brünn, Austria-Hungría (hoy Brno, República Checa). El
artículo de Mendel, un ejemplo magistral de método científico,
publicado en 1866 en los Proceedings de la Sociedad de Historia
Natural de Brünn, formula los principios fundamentales de la teoría de
la herencia, que aún hoy es vigente. La teoría da cuenta de la
herencia biológica a través de pares de factores («genes»), heredados
cada uno de un progenitor, que no se mezclan sino que se separan
(«segregan») el uno del otro en la formación de las células sexualeso
gametos.
Los descubrimientos de Mendel, sin embargo, permanecieron desconocidos
para Darwin y, de hecho, no llegaron a ser generalmente conocidos
hasta 1900, cuando fueron redescubiertos de forma simultánea por
varios científicos en el continente. Mientras tanto el darwinismo se
enfrentaba, en la última parte del siglo xix, con una teoría
alternativa conocida como neolamarckismo, que compartía con la de
Lamarck la importancia del uso y el desuso en el desarrollo y en la
atrofia de los órganos. Pero los neolamarckistas añadían la noción de
que el medio ambiente actúa directamente en las estructuras orgánicas,
lo cual explica su adaptación al ambiente y al modo de vida del
organismo. Los partidarios del neolamarckismo descartaban que la
selección natural pudiera explicar la adaptación de los organismos al
ambiente.
Entre los defensores de la selección natural durante la segunda mitad
del siglo XIX destaca el biólogo alemán August Weismann (1834-1914),
quien durante la década de los años ochenta publicó su teoría del
germoplasma. Weismann distinguía dos componentes en cada organismo: el
soma, que comprende las principales partes del cuerpo y sus órganos, y
el germoplasma, que contiene las células que dan origen a los gametos
y, por tanto, a la descendencia. Poco después de comenzar el
desarrollo del embrión a partir del huevo, el germoplasma se separa
del soma; esto es, de las células que dan origen al resto del cuerpo.
Esta noción de una separación radical entre el germen y soma lleva a
Weismann a afirmar que la herencia de caracteres adquiridos es
imposible, y abrió el camino triunfal para la selección natural como
el único proceso que puede dar cuenta de las adaptaciones biológicas.
Las ideas de Weismann fueron conocidas a partir de 1896 como el
neodarwinismo,

La teoría sintética

El redescubrimiento en 1900 de la teoría mendeliana de la herencia
(casi al mismo tiempo por el holandés Hugo de Vries y el alemán Carl
Correns) llevó a poner énfasis en el papel de la herencia en la
evolución. Hugo de Vries, por su parte, propuso una nueva teoría de la
evolución, conocida como mutacionismo, que esencialmente elimina a la
selección natural como el proceso principal en la evolución.
De acuerdo con De Vries (y también con otros genéticos de principios
del siglo XX, como el inglés William Bateson) hay dos tipos de
variaciones en los organismos: un tipo consiste en la variación
ordinaria observada entre los individuos de una especie; por ejemplo,
variación en el color de los ojos o las flores, o variación en el
tamaño. Este tipo de variaciones no tiene consecuencias últimas en la
evolución, porque, según De Vries, «no puede llevar a traspasar los
límites de la especie, incluso bajo las condiciones de la más fuerte y
continua selección». El otro tipo consiste en las variaciones que
surgen por mutación genética; esto es, alteraciones espontáneas de los
genes que ocasionan grandes modificaciones de los organismos y que
pueden dar origen a nuevas especies: «Una nueva especie se origina de
repente, es producida a partir de una especie preexistente sin ninguna
preparación visible y sin transición.»
El mutacionismo propuesto por De Vries, para explicar el origen de las
especies, fue rechazado por muchos naturalistas contemporáneos y
también por los llamados biometristas, encabezados por el matemático
inglés Kari Pearson. Según los biometristas, la selección natural es
la causa principal de evolución, a través de los efectos acumulativos
de variaciones pequeñas y continuas, tales como las que se observan
entre individuos normales, con respecto al tamaño, la fecundidad, la
longevidad, la adaptación a diversas condiciones ambientales y rasgos
por el estilo. Estas variaciones se denominan métricas o
cuantitativas, porque se pueden medir, y no son cualitativas, como las
que distinguen, por ejemplo, las diversas razas de perros, gatos o
ganado.
Mutacionistas y biometristas se enzarzaron, durante las dos primeras
décadas del siglo XX, en una agria polémica centrada en la cuestión de
si las especies aparecen de forma repentina por mutaciones importantes
{cualitativas}, o de manera gradual por acumulación de variaciones
pequeñas (cuantitativas). Subyacente a esta controversia estaba el
papel de la selección natural y el de la herencia mendeliana.
A principios de siglo se creía frecuentemente que las variaciones
cuantitativas observadas entre individuos no obedecían a las leyes
mendelianas de la herencia. Los mutacionistas argüían que la herencia
de variaciones cuantitativas (por ejemplo, el peso o el tamaño) era
necesariamente «mezclada» y que por ello ni tales mutaciones, ni la
selección natural que actúa sobre ellas podrían tener un papel
importante en la evolución, debido al efecto, que ya Darwin había
reconocido como problemático, de dilución de las variaciones
ventajosas de una generación a otra.
Los biometristas argüían, por el contrario, que el tipo de mutaciones
observadas por De Vries y otros, y en general las variaciones
cualitativas que obedecen a las leyes mendelianas, son anormalidades
(llamadas en inglés sports y muy apreciadas para producir variedades
llamativas en animales domésticos), que no contribuyen a mejorar la
adaptación al ambiente, sino que son eliminadas por selección natural
y, por tanto, carecen de importancia en el origen de las especies. Por
el contrario, argüían, la evolución depende, sobre todo, de la
selección natural, actuando en las variaciones métricas ampliamente
presentes en los organismos de todo tipo.
La resolución de la controversia entre mutacionistas y biometristas
tuvo lugar entre las décadas de los años veinte y treinta. El primer
paso fue descubrir que la herencia de las variaciones cuantitativas
obedece a las leyes mendelianas; pero de manera que un carácter
cuantitativo, tal como el tamaño de un ratón o el número de frutas en
un árbol, está determinado por varios genes, cada uno de ellos con
efecto muy pequeño. Varios genéticos teóricos pasaron entonces a
demostrar matemáticamente que la selección natural, actuando de forma
acumulativa sobre pequeñas variaciones, puede producir cambios
evolutivos importantes en la forma y la función. Miembros distinguidos
de este grupo de genéticos teóricos fueron Ronaid A. Fisher y J. B. S.
Haldane, en el Reino Unido, y Sewail Wright, en Estados Unidos. Sus
trabajos contribuyeron al rechazo del mutacionismo y, lo que es más
importante, brindaron una estructura teórica para la integración de la
genética con la teoría de Darwin sobre la selección natural.
Estos descubrimientos teóricos, sin embargo, tuvieron inicialmente un
impacto limitado entre los biólogos contemporáneos, porque fueron
formulados en ecuaciones y lenguaje matemáticos que la mayoría de los
evolucionistas no podían entender; también, debido a que estos
descubrimientos, casi exclusivamente teóricos, tenían poca
corroboración empírica, y, por último, a causa de que los problemas
resueltos habían dejado de lado muchas otras materias de gran interés,
como el proceso de la especiación.
Un avance muy importante tuvo lugar en 1937 cuando el naturalista y
genético estadounidense, pero ruso de nacimiento, Theodosius
Dobzhansky publicó Genetics and the Orígin ofSpecies (La genética y el
origen de las especies}. El libro de Dobzhansky da cuenta de una
manera comprensible y detallada del proceso evolutivo en términos
genéticos, apoyando los argumentos teóricos con evidencias empíricas.
La genética y el origen de las especies puede ser considerada la
contribución más importante a la formulación de lo que se conoce como
la teoría sintética o la teoría moderna de la evolución, que integra
efectivamente la selección natural darwiniana y la genética
mendeliana.
El libro de Dobzhansky tuvo un impacto notable entre los naturalistas
y los biólogos experimemalistas, quienes aceptaron, casi de inmediato,
la nueva teoría de la evolución como cambio en la constitución
genética de las especies. El interés en el estudio de la evolución fue
estimulado enormemente y una serie de contribuciones importantes a la
teoría aparecieron en rápida sucesión, extendiendo la síntesis de la
genética y la selección natural a otros campos de la biología. Entre
los principales autores que, junto con Dobzhansky, contribuyeron a
formular y extender la teoría sintética cabe destacar: en Estados
Unidos, el zoólogo Ernst Mayr, el paleontólogo Georges G. Simpson y el
botánico G. Ledyard Stebins; en Inglaterra, el zoólogo Julián Huxley;
y en Alemania, Bernhard Rensch. En 1950 la aceptación de la teoría de
Darwin de la evolución por selección natural ya era universal entre
los biólogos, la teoría sintética era aceptada como correcta, y las
controversias se limitaban a cuestiones de detalle.
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Predeterminado Re: El Evolucionismo: una hipótesis absurda

Mendel y la genética

La dificultad más seria con que se enfrentaba el darwinismo era la
carencia de una teoría sobre la herencia que pudiera explicar la
persistencia, de generación en generación, de las variaciones sobre
las que actúa la selección natural. Las teorías de la herencia
aceptadas en aquellos tiempos proponían que las características de los
progenitores se mezclan en los hijos como lo hacen una pintura azul y
una blanca dando un color intermedio. Como Darwin señalaba, si la
herencia es «mezclada», no es fácil explicar el efecto de la selección
natural en multiplicar las variaciones favorables. Si existe una
variante ventajosa en un individuo dado, la ventaja se reduciría a la
mitad en sus hijos, al mezclarse con la variante menos ventajosa
presente en el otro progenitor. Las variantes favorables se diluirían
rápidamente de generación en generación.
El eslabón que faltaba para completar la cadena del argumento dar-
winiano era la genética mendeliana. Durante la década de los años
sesenta del siglo XIX, cuando el impacto de la teoría de Darwin
comenzaba a notarse en varios países, el monje agustino Gregor Mendel
llevaba a cabo experimentos con guisantes en el jardín de su
monasterio en Brünn, Austria-Hungría (hoy Brno, República Checa). El
artículo de Mendel, un ejemplo magistral de método científico,
publicado en 1866 en los Proceedings de la Sociedad de Historia
Natural de Brünn, formula los principios fundamentales de la teoría de
la herencia, que aún hoy es vigente. La teoría da cuenta de la
herencia biológica a través de pares de factores («genes»), heredados
cada uno de un progenitor, que no se mezclan sino que se separan
(«segregan») el uno del otro en la formación de las células sexualeso
gametos.
Los descubrimientos de Mendel, sin embargo, permanecieron desconocidos
para Darwin y, de hecho, no llegaron a ser generalmente conocidos
hasta 1900, cuando fueron redescubiertos de forma simultánea por
varios científicos en el continente. Mientras tanto el darwinismo se
enfrentaba, en la última parte del siglo xix, con una teoría
alternativa conocida como neolamarckismo, que compartía con la de
Lamarck la importancia del uso y el desuso en el desarrollo y en la
atrofia de los órganos. Pero los neolamarckistas añadían la noción de
que el medio ambiente actúa directamente en las estructuras orgánicas,
lo cual explica su adaptación al ambiente y al modo de vida del
organismo. Los partidarios del neolamarckismo descartaban que la
selección natural pudiera explicar la adaptación de los organismos al
ambiente.
Entre los defensores de la selección natural durante la segunda mitad
del siglo XIX destaca el biólogo alemán August Weismann (1834-1914),
quien durante la década de los años ochenta publicó su teoría del
germoplasma. Weismann distinguía dos componentes en cada organismo: el
soma, que comprende las principales partes del cuerpo y sus órganos, y
el germoplasma, que contiene las células que dan origen a los gametos
y, por tanto, a la descendencia. Poco después de comenzar el
desarrollo del embrión a partir del huevo, el germoplasma se separa
del soma; esto es, de las células que dan origen al resto del cuerpo.
Esta noción de una separación radical entre el germen y soma lleva a
Weismann a afirmar que la herencia de caracteres adquiridos es
imposible, y abrió el camino triunfal para la selección natural como
el único proceso que puede dar cuenta de las adaptaciones biológicas.
Las ideas de Weismann fueron conocidas a partir de 1896 como el
neodarwinismo,

La teoría sintética

El redescubrimiento en 1900 de la teoría mendeliana de la herencia
(casi al mismo tiempo por el holandés Hugo de Vries y el alemán Carl
Correns) llevó a poner énfasis en el papel de la herencia en la
evolución. Hugo de Vries, por su parte, propuso una nueva teoría de la
evolución, conocida como mutacionismo, que esencialmente elimina a la
selección natural como el proceso principal en la evolución.
De acuerdo con De Vries (y también con otros genéticos de principios
del siglo XX, como el inglés William Bateson) hay dos tipos de
variaciones en los organismos: un tipo consiste en la variación
ordinaria observada entre los individuos de una especie; por ejemplo,
variación en el color de los ojos o las flores, o variación en el
tamaño. Este tipo de variaciones no tiene consecuencias últimas en la
evolución, porque, según De Vries, «no puede llevar a traspasar los
límites de la especie, incluso bajo las condiciones de la más fuerte y
continua selección». El otro tipo consiste en las variaciones que
surgen por mutación genética; esto es, alteraciones espontáneas de los
genes que ocasionan grandes modificaciones de los organismos y que
pueden dar origen a nuevas especies: «Una nueva especie se origina de
repente, es producida a partir de una especie preexistente sin ninguna
preparación visible y sin transición.»
El mutacionismo propuesto por De Vries, para explicar el origen de las
especies, fue rechazado por muchos naturalistas contemporáneos y
también por los llamados biometristas, encabezados por el matemático
inglés Kari Pearson. Según los biometristas, la selección natural es
la causa principal de evolución, a través de los efectos acumulativos
de variaciones pequeñas y continuas, tales como las que se observan
entre individuos normales, con respecto al tamaño, la fecundidad, la
longevidad, la adaptación a diversas condiciones ambientales y rasgos
por el estilo. Estas variaciones se denominan métricas o
cuantitativas, porque se pueden medir, y no son cualitativas, como las
que distinguen, por ejemplo, las diversas razas de perros, gatos o
ganado.
Mutacionistas y biometristas se enzarzaron, durante las dos primeras
décadas del siglo XX, en una agria polémica centrada en la cuestión de
si las especies aparecen de forma repentina por mutaciones importantes
{cualitativas}, o de manera gradual por acumulación de variaciones
pequeñas (cuantitativas). Subyacente a esta controversia estaba el
papel de la selección natural y el de la herencia mendeliana.
A principios de siglo se creía frecuentemente que las variaciones
cuantitativas observadas entre individuos no obedecían a las leyes
mendelianas de la herencia. Los mutacionistas argüían que la herencia
de variaciones cuantitativas (por ejemplo, el peso o el tamaño) era
necesariamente «mezclada» y que por ello ni tales mutaciones, ni la
selección natural que actúa sobre ellas podrían tener un papel
importante en la evolución, debido al efecto, que ya Darwin había
reconocido como problemático, de dilución de las variaciones
ventajosas de una generación a otra.
Los biometristas argüían, por el contrario, que el tipo de mutaciones
observadas por De Vries y otros, y en general las variaciones
cualitativas que obedecen a las leyes mendelianas, son anormalidades
(llamadas en inglés sports y muy apreciadas para producir variedades
llamativas en animales domésticos), que no contribuyen a mejorar la
adaptación al ambiente, sino que son eliminadas por selección natural
y, por tanto, carecen de importancia en el origen de las especies. Por
el contrario, argüían, la evolución depende, sobre todo, de la
selección natural, actuando en las variaciones métricas ampliamente
presentes en los organismos de todo tipo.
La resolución de la controversia entre mutacionistas y biometristas
tuvo lugar entre las décadas de los años veinte y treinta. El primer
paso fue descubrir que la herencia de las variaciones cuantitativas
obedece a las leyes mendelianas; pero de manera que un carácter
cuantitativo, tal como el tamaño de un ratón o el número de frutas en
un árbol, está determinado por varios genes, cada uno de ellos con
efecto muy pequeño. Varios genéticos teóricos pasaron entonces a
demostrar matemáticamente que la selección natural, actuando de forma
acumulativa sobre pequeñas variaciones, puede producir cambios
evolutivos importantes en la forma y la función. Miembros distinguidos
de este grupo de genéticos teóricos fueron Ronaid A. Fisher y J. B. S.
Haldane, en el Reino Unido, y Sewail Wright, en Estados Unidos. Sus
trabajos contribuyeron al rechazo del mutacionismo y, lo que es más
importante, brindaron una estructura teórica para la integración de la
genética con la teoría de Darwin sobre la selección natural.
Estos descubrimientos teóricos, sin embargo, tuvieron inicialmente un
impacto limitado entre los biólogos contemporáneos, porque fueron
formulados en ecuaciones y lenguaje matemáticos que la mayoría de los
evolucionistas no podían entender; también, debido a que estos
descubrimientos, casi exclusivamente teóricos, tenían poca
corroboración empírica, y, por último, a causa de que los problemas
resueltos habían dejado de lado muchas otras materias de gran interés,
como el proceso de la especiación.
Un avance muy importante tuvo lugar en 1937 cuando el naturalista y
genético estadounidense, pero ruso de nacimiento, Theodosius
Dobzhansky publicó Genetics and the Orígin ofSpecies (La genética y el
origen de las especies}. El libro de Dobzhansky da cuenta de una
manera comprensible y detallada del proceso evolutivo en términos
genéticos, apoyando los argumentos teóricos con evidencias empíricas.
La genética y el origen de las especies puede ser considerada la
contribución más importante a la formulación de lo que se conoce como
la teoría sintética o la teoría moderna de la evolución, que integra
efectivamente la selección natural darwiniana y la genética
mendeliana.
El libro de Dobzhansky tuvo un impacto notable entre los naturalistas
y los biólogos experimemalistas, quienes aceptaron, casi de inmediato,
la nueva teoría de la evolución como cambio en la constitución
genética de las especies. El interés en el estudio de la evolución fue
estimulado enormemente y una serie de contribuciones importantes a la
teoría aparecieron en rápida sucesión, extendiendo la síntesis de la
genética y la selección natural a otros campos de la biología. Entre
los principales autores que, junto con Dobzhansky, contribuyeron a
formular y extender la teoría sintética cabe destacar: en Estados
Unidos, el zoólogo Ernst Mayr, el paleontólogo Georges G. Simpson y el
botánico G. Ledyard Stebins; en Inglaterra, el zoólogo Julián Huxley;
y en Alemania, Bernhard Rensch. En 1950 la aceptación de la teoría de
Darwin de la evolución por selección natural ya era universal entre
los biólogos, la teoría sintética era aceptada como correcta, y las
controversias se limitaban a cuestiones de detalle.
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Predeterminado Re: El Evolucionismo: una hipótesis absurda

Mendel y la genética

La dificultad más seria con que se enfrentaba el darwinismo era la
carencia de una teoría sobre la herencia que pudiera explicar la
persistencia, de generación en generación, de las variaciones sobre
las que actúa la selección natural. Las teorías de la herencia
aceptadas en aquellos tiempos proponían que las características de los
progenitores se mezclan en los hijos como lo hacen una pintura azul y
una blanca dando un color intermedio. Como Darwin señalaba, si la
herencia es «mezclada», no es fácil explicar el efecto de la selección
natural en multiplicar las variaciones favorables. Si existe una
variante ventajosa en un individuo dado, la ventaja se reduciría a la
mitad en sus hijos, al mezclarse con la variante menos ventajosa
presente en el otro progenitor. Las variantes favorables se diluirían
rápidamente de generación en generación.
El eslabón que faltaba para completar la cadena del argumento dar-
winiano era la genética mendeliana. Durante la década de los años
sesenta del siglo XIX, cuando el impacto de la teoría de Darwin
comenzaba a notarse en varios países, el monje agustino Gregor Mendel
llevaba a cabo experimentos con guisantes en el jardín de su
monasterio en Brünn, Austria-Hungría (hoy Brno, República Checa). El
artículo de Mendel, un ejemplo magistral de método científico,
publicado en 1866 en los Proceedings de la Sociedad de Historia
Natural de Brünn, formula los principios fundamentales de la teoría de
la herencia, que aún hoy es vigente. La teoría da cuenta de la
herencia biológica a través de pares de factores («genes»), heredados
cada uno de un progenitor, que no se mezclan sino que se separan
(«segregan») el uno del otro en la formación de las células sexualeso
gametos.
Los descubrimientos de Mendel, sin embargo, permanecieron desconocidos
para Darwin y, de hecho, no llegaron a ser generalmente conocidos
hasta 1900, cuando fueron redescubiertos de forma simultánea por
varios científicos en el continente. Mientras tanto el darwinismo se
enfrentaba, en la última parte del siglo xix, con una teoría
alternativa conocida como neolamarckismo, que compartía con la de
Lamarck la importancia del uso y el desuso en el desarrollo y en la
atrofia de los órganos. Pero los neolamarckistas añadían la noción de
que el medio ambiente actúa directamente en las estructuras orgánicas,
lo cual explica su adaptación al ambiente y al modo de vida del
organismo. Los partidarios del neolamarckismo descartaban que la
selección natural pudiera explicar la adaptación de los organismos al
ambiente.
Entre los defensores de la selección natural durante la segunda mitad
del siglo XIX destaca el biólogo alemán August Weismann (1834-1914),
quien durante la década de los años ochenta publicó su teoría del
germoplasma. Weismann distinguía dos componentes en cada organismo: el
soma, que comprende las principales partes del cuerpo y sus órganos, y
el germoplasma, que contiene las células que dan origen a los gametos
y, por tanto, a la descendencia. Poco después de comenzar el
desarrollo del embrión a partir del huevo, el germoplasma se separa
del soma; esto es, de las células que dan origen al resto del cuerpo.
Esta noción de una separación radical entre el germen y soma lleva a
Weismann a afirmar que la herencia de caracteres adquiridos es
imposible, y abrió el camino triunfal para la selección natural como
el único proceso que puede dar cuenta de las adaptaciones biológicas.
Las ideas de Weismann fueron conocidas a partir de 1896 como el
neodarwinismo,

La teoría sintética

El redescubrimiento en 1900 de la teoría mendeliana de la herencia
(casi al mismo tiempo por el holandés Hugo de Vries y el alemán Carl
Correns) llevó a poner énfasis en el papel de la herencia en la
evolución. Hugo de Vries, por su parte, propuso una nueva teoría de la
evolución, conocida como mutacionismo, que esencialmente elimina a la
selección natural como el proceso principal en la evolución.
De acuerdo con De Vries (y también con otros genéticos de principios
del siglo XX, como el inglés William Bateson) hay dos tipos de
variaciones en los organismos: un tipo consiste en la variación
ordinaria observada entre los individuos de una especie; por ejemplo,
variación en el color de los ojos o las flores, o variación en el
tamaño. Este tipo de variaciones no tiene consecuencias últimas en la
evolución, porque, según De Vries, «no puede llevar a traspasar los
límites de la especie, incluso bajo las condiciones de la más fuerte y
continua selección». El otro tipo consiste en las variaciones que
surgen por mutación genética; esto es, alteraciones espontáneas de los
genes que ocasionan grandes modificaciones de los organismos y que
pueden dar origen a nuevas especies: «Una nueva especie se origina de
repente, es producida a partir de una especie preexistente sin ninguna
preparación visible y sin transición.»
El mutacionismo propuesto por De Vries, para explicar el origen de las
especies, fue rechazado por muchos naturalistas contemporáneos y
también por los llamados biometristas, encabezados por el matemático
inglés Kari Pearson. Según los biometristas, la selección natural es
la causa principal de evolución, a través de los efectos acumulativos
de variaciones pequeñas y continuas, tales como las que se observan
entre individuos normales, con respecto al tamaño, la fecundidad, la
longevidad, la adaptación a diversas condiciones ambientales y rasgos
por el estilo. Estas variaciones se denominan métricas o
cuantitativas, porque se pueden medir, y no son cualitativas, como las
que distinguen, por ejemplo, las diversas razas de perros, gatos o
ganado.
Mutacionistas y biometristas se enzarzaron, durante las dos primeras
décadas del siglo XX, en una agria polémica centrada en la cuestión de
si las especies aparecen de forma repentina por mutaciones importantes
{cualitativas}, o de manera gradual por acumulación de variaciones
pequeñas (cuantitativas). Subyacente a esta controversia estaba el
papel de la selección natural y el de la herencia mendeliana.
A principios de siglo se creía frecuentemente que las variaciones
cuantitativas observadas entre individuos no obedecían a las leyes
mendelianas de la herencia. Los mutacionistas argüían que la herencia
de variaciones cuantitativas (por ejemplo, el peso o el tamaño) era
necesariamente «mezclada» y que por ello ni tales mutaciones, ni la
selección natural que actúa sobre ellas podrían tener un papel
importante en la evolución, debido al efecto, que ya Darwin había
reconocido como problemático, de dilución de las variaciones
ventajosas de una generación a otra.
Los biometristas argüían, por el contrario, que el tipo de mutaciones
observadas por De Vries y otros, y en general las variaciones
cualitativas que obedecen a las leyes mendelianas, son anormalidades
(llamadas en inglés sports y muy apreciadas para producir variedades
llamativas en animales domésticos), que no contribuyen a mejorar la
adaptación al ambiente, sino que son eliminadas por selección natural
y, por tanto, carecen de importancia en el origen de las especies. Por
el contrario, argüían, la evolución depende, sobre todo, de la
selección natural, actuando en las variaciones métricas ampliamente
presentes en los organismos de todo tipo.
La resolución de la controversia entre mutacionistas y biometristas
tuvo lugar entre las décadas de los años veinte y treinta. El primer
paso fue descubrir que la herencia de las variaciones cuantitativas
obedece a las leyes mendelianas; pero de manera que un carácter
cuantitativo, tal como el tamaño de un ratón o el número de frutas en
un árbol, está determinado por varios genes, cada uno de ellos con
efecto muy pequeño. Varios genéticos teóricos pasaron entonces a
demostrar matemáticamente que la selección natural, actuando de forma
acumulativa sobre pequeñas variaciones, puede producir cambios
evolutivos importantes en la forma y la función. Miembros distinguidos
de este grupo de genéticos teóricos fueron Ronaid A. Fisher y J. B. S.
Haldane, en el Reino Unido, y Sewail Wright, en Estados Unidos. Sus
trabajos contribuyeron al rechazo del mutacionismo y, lo que es más
importante, brindaron una estructura teórica para la integración de la
genética con la teoría de Darwin sobre la selección natural.
Estos descubrimientos teóricos, sin embargo, tuvieron inicialmente un
impacto limitado entre los biólogos contemporáneos, porque fueron
formulados en ecuaciones y lenguaje matemáticos que la mayoría de los
evolucionistas no podían entender; también, debido a que estos
descubrimientos, casi exclusivamente teóricos, tenían poca
corroboración empírica, y, por último, a causa de que los problemas
resueltos habían dejado de lado muchas otras materias de gran interés,
como el proceso de la especiación.
Un avance muy importante tuvo lugar en 1937 cuando el naturalista y
genético estadounidense, pero ruso de nacimiento, Theodosius
Dobzhansky publicó Genetics and the Orígin ofSpecies (La genética y el
origen de las especies}. El libro de Dobzhansky da cuenta de una
manera comprensible y detallada del proceso evolutivo en términos
genéticos, apoyando los argumentos teóricos con evidencias empíricas.
La genética y el origen de las especies puede ser considerada la
contribución más importante a la formulación de lo que se conoce como
la teoría sintética o la teoría moderna de la evolución, que integra
efectivamente la selección natural darwiniana y la genética
mendeliana.
El libro de Dobzhansky tuvo un impacto notable entre los naturalistas
y los biólogos experimemalistas, quienes aceptaron, casi de inmediato,
la nueva teoría de la evolución como cambio en la constitución
genética de las especies. El interés en el estudio de la evolución fue
estimulado enormemente y una serie de contribuciones importantes a la
teoría aparecieron en rápida sucesión, extendiendo la síntesis de la
genética y la selección natural a otros campos de la biología. Entre
los principales autores que, junto con Dobzhansky, contribuyeron a
formular y extender la teoría sintética cabe destacar: en Estados
Unidos, el zoólogo Ernst Mayr, el paleontólogo Georges G. Simpson y el
botánico G. Ledyard Stebins; en Inglaterra, el zoólogo Julián Huxley;
y en Alemania, Bernhard Rensch. En 1950 la aceptación de la teoría de
Darwin de la evolución por selección natural ya era universal entre
los biólogos, la teoría sintética era aceptada como correcta, y las
controversias se limitaban a cuestiones de detalle.
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Predeterminado Re: La ciencia de la evolucion.

On 16 mayo, 15:41, "El Oxito Del Arco Iris" <ElOxitoDelArcoI...***69.es>
wrote:
> "


HISTORIA DE LAS IDEAS EVOLUCIONISTAS

Mitos primitivos

Todas las culturas humanas tienen mitos sobre el origen del mundo, del
hombre y de las demás criaturas. La tradición judeo-cristiana atribuye
el origen de los seres vivos a su creación por un Dios omnipotente,
quien proveyó a los pájaros con alas para que pudieran volar, a los
peces con agallas y aletas para vivir en el agua, y al hombre con
inteligencia para dar culto a su Creador.
Los filósofos de la Grecia clásica propusieron mitos sobre la
creación, algunos de los cuales tienen reminiscencias evolucionistas.
Anaximandro propuso que los animales pueden ser transformados de un
tipo en otro. Empédocles especula con que los animales se forman como
un rompecabezas, poniendo juntas partes preexistentes que se ajustan
unas con otras en combinaciones funcionales: una cabeza con un cuerpo
y cuatro patas y otras posibilidades por el estilo.
Más cercanas a las ideas evolutivas modernas son las nociones
propuestas por la Iglesia cristiana primitiva por pane de algunos
padres de la misma. San Gregorio Nacianceno (c. 330-390) y San Agustín
(354-430), por ejemplo, sostienen que no todas las especies de plantas
y animales fueron creadas desde el principio por Dios, sino que
algunas se han desarrollado en tiempos más recientes a partir de
especies o «semillas» creadas por él.
La motivación de estos autores religiosos no es proponer una teoría
científica, sino avanzar una explicación posible de un hecho
religioso. La Biblia describe el diluvio universal y que Noé incluyó
en el arca una pareja de cada una de las especies vivientes. No
hubiera sido posible en aquellos tiempos construir una embarcación
suficientemente grande para contener y mantener a todas las especies
conocidas. San Gregorio y San Agustín concluyeron, pues, en sus
comentarios bíblicos con que no todas las especies existían ya en la
época del arca de Noé; muchas de ellas aparecieron después del diluvio
universal.

La Edad Media y el Siglo de las Luces

El interés en materias científicas durante la Edad Media era
virtualmente nulo. La posibilidad de que los organismos pueden cambiar
por procesos naturales aparece de forma incidental en los escritos de
los dos grandes teólogos cristianos de la época, los dominicos San
Alberto Magno (1200-1280) y su discípulo Santo Tomás de Aquino
(1224-1274).
Aquino, en particular, se plantea la cuestión de si es posible que
larvas y moscas surjan de forma espontánea en la carne putrefacta y
otras materias en descomposición, tal como se creía generalmente en su
época. Enumera los argumentos filosóficos y teológicos a favor y en
contra de tal creencia popular y llega a la conclusión de que no
existen objeciones ni racionales ni teológicas en contra de la
proposición de que ciertos animalitos puedan aparecer por generación
espontánea a partir de materia muerta. Con un sentido común
característico, Santo Tomás comenta al final de la discusión que él ni
propone ni niega que tal cosa ocurra de hecho, pues éste es un asunto
que no han de decidir ni teólogos ni filósofos, sino los científicos.
La idea de progreso, en particular la creencia en el progreso humano
ilimitado, es central en el pensamiento iluminista del siglo XVIII,
sobre todo en Francia entre filósofos como el marqués de Condorcet
(Jean Antoine Caritat, 1743-1794) y Denis Diderot (1713-1784) y
científicos tales como Buffon. Pero su fe en el progreso no les llevó
a concebir o defender una teoría de la evolución. El matemático Fierre
Louis Moreau de Maupertuis (1698-1759) admite la generación espontánea
y la extinción de especies, pero tampoco propone una teoría de
evolución; esto es, la transformación de una especie en otra por medio
de causas naturales.
Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), uno de los grandes
naturalistas de su tiempo, propone una teoría del origen de las
especies por procesos naturales. Los organismos, según Buffon,
aparecen por generación espontánea como consecuencia de la asociación
de moléculas orgánicas, de manera que puede haber tantos tipos de
animales y plantas como combinaciones viables de moléculas orgánicas.
Pero esta teoría tiene poco en común con la de la evolución, tal como
se entiende en sentido moderno. De hecho, Buffon plantea
explícitamente, y rechaza, la posibilidad de que especies diversas
puedan descender de un ancestro común.
En Inglaterra el médico Erasmus Darwin (1713-1802), abuelo de Charles
Darwin, en su libro Zoonomia especula sobre la transmutación de las
especies vivientes, pero no desarrolla en detalle una teoría
evolutiva. Sus ideas no tuvieron ninguna influencia real en las
teorías evolutivas posteriores.
Mucho más importante es la influencia del botánico sueco Carolus
Linnaeus (1707-1778), autor del sistema jerárquico para la
clasificación de plantas y animales que, aun cuando modernizado, está
todavía en uso. Linnaeus mantiene la fijeza de las especies, que es
una idea central de su sistema de clasificación; pero la organización
jerárquica diseñada por él eventualmente contribuyó de manera
importante en la aceptación de los conceptos de descendencia común y
divergencia gradual, ya que éstos implican relaciones jerárquicas de
parentesco y de diferenciación.

Lamarck

El gran naturalista francés Jean-Baptiste de Monet, caballero de
Lamarck (1744-1829), aceptaba la perspectiva iluminista de su tiempo,
es decir, que los organismos vivientes representan una progresión
creciente de avance, con los humanos en la cumbre del proceso. A
partir de esta idea, Lamarck propone en los primeros años del siglo
XIX una teoría de la evolución biológica, la primera que es detallada,
extensa y consistente, aunque tiempo después se demostrara que era
errónea. Según Lamarck, los organismos evolucionan necesariamente a
través del tiempo en un proceso que pasa de manera continua de formas
más simples a otras más complejas. El proceso se repite sin cesar, de
manera que los gusanos de hoy tendrán en eras posteriores como
descendientes a seres humanos, igual que los humanos de hoy descienden
de gusanos del pasado.
Lamarck propone que, superpuestas al proceso necesario de evolución
gradual ascendente, se dan modificaciones en los organismos en tanto
que éstos se adaptan a su ambiente debido al cambio de sus hábitos. El
uso de un miembro o un órgano lo refuerza y el desuso de los mismos
conduce a su eliminación gradual. Las características adquiridas por
uso y desuso, de acuerdo con esta teoría, son heredadas. Esta idea,
posteriormente llamada herencia de caracteres adquiridos, fue
rechazada en el siglo XX. Aunque la teoría lamarckiana no resistió el
avance de nuevos conocimientos, contribuyó de manera importante a la
gradual aceptación de la evolución biológica.

Darwin

El fundador de la teoría moderna de la evolución es Charles Darwin
(1809-1882). Hijo y nieto de médicos, se inscribió como estudiante de
medicina en la Universidad de Edimburgo. Después de dos años, abandonó
estos estudios y se marchó a la Universidad de Cambridge con el fin de
prepararse para ser clérigo. No fue un estudiante excepcional, pero
estaba profundamente interesado en la historia natural.
El 27 de diciembre de 1831, unos meses después de su graduación en la
Universidad de Cambridge, Darwin zarpó, como naturalista, a bordo del
HMS Beagle para realizar un viaje alrededor del mundo que duró hasta
octubre de 1836. Pasó gran parte del tiempo en las costas de
Sudamérica y visitó también Australia y muchos archipiélagos del
Océano Pacífico, desembarcando con frecuencia para llevar a cabo
viajes al interior con el fin de reunir especímenes de plantas y
animales. El descubrimiento en Argentina de huesos fósiles de grandes
mamíferos extintos y la observación de numerosas especies de pinzones
en las islas de los Galápagos se incluyen entre los sucesos que
llevaron a Darwin a interesarse en cómo se originan las especies.
En 1859 publicó The Origin of Species {El origen de las especies), un
tratado que expone la teoría de la evolución y. aún más importante, el
papel de la selección natural en determinar su curso y explicar el
diseño de los organismos. Publicó muchos otros libros en los años
siguientes, entre ellos La descendencia humana y la selección en
relación al sexo (1871), que extiende la teoría de la selección
natural a la evolución humana.
Darwin es considerado como un gran científico, pero debe serlo además
como un revolucionario intelectual que inaugura una nueva era en la
historia cultural de la humanidad. Darwin completa la revolución
copernicana que empezó en los siglos XVI y XVII con los
descubrimientos de Copérnico, Galileo y Newton que marcan los
principios de la ciencia moderna.
Los descubrimientos en astronomía y física de estos grandes
científicos trastocaron las concepciones tradicionales sobre el
universo. La Tierra deja de ser el centro del universo, como la
concebían los griegos o los filósofos cristianos, y pasa a convertirse
en un pequeño planeta que gira alrededor del Sol, una más de las
miríadas de estrellas que existen en el universo. Las estaciones, las
lluvias y otras particularidades del clima se convierten en procesos
con causas naturales. Las rotaciones de los planetas son explicadas
también por leyes naturales, las mismas que dan cuenta del movimiento
de proyectiles y otros cuerpos en la Tierra.
El significado global de estos descubrimientos no es simplemente que
cambian ciertas concepciones particulares, tales como la noción de que
la Tierra es el centro del universo. Más importante es que estos
descubrimientos llevan a la concepción de que el universo es un
sistema de materia en movimiento gobernado por leyes inmanentes. El
funcionamiento del universo deja de ser atribuido a la inefable
voluntad del Creador y pasa al dominio de la ciencia, que es una
actividad intelectual que trata de explicar los fenómenos del universo
por medio de causas naturales. Fenómenos como las mareas, los eclipses
y la posición de los planetas pueden, pues, ser comprendidos como
resultado de causas naturales y predecirse siempre que las causas sean
conocidas de forma adecuada. La revolución copernicana consiste en la
sustitución de una concepción animista del universo por una concepción
causal, en el reemplazo de las explicaciones teológicas de los
fenómenos naturales por las explicaciones científicas.
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On 16 mayo, 15:41, "El Oxito Del Arco Iris" <ElOxitoDelArcoI...***69.es>
wrote:
> "


HISTORIA DE LAS IDEAS EVOLUCIONISTAS

Mitos primitivos

Todas las culturas humanas tienen mitos sobre el origen del mundo, del
hombre y de las demás criaturas. La tradición judeo-cristiana atribuye
el origen de los seres vivos a su creación por un Dios omnipotente,
quien proveyó a los pájaros con alas para que pudieran volar, a los
peces con agallas y aletas para vivir en el agua, y al hombre con
inteligencia para dar culto a su Creador.
Los filósofos de la Grecia clásica propusieron mitos sobre la
creación, algunos de los cuales tienen reminiscencias evolucionistas.
Anaximandro propuso que los animales pueden ser transformados de un
tipo en otro. Empédocles especula con que los animales se forman como
un rompecabezas, poniendo juntas partes preexistentes que se ajustan
unas con otras en combinaciones funcionales: una cabeza con un cuerpo
y cuatro patas y otras posibilidades por el estilo.
Más cercanas a las ideas evolutivas modernas son las nociones
propuestas por la Iglesia cristiana primitiva por pane de algunos
padres de la misma. San Gregorio Nacianceno (c. 330-390) y San Agustín
(354-430), por ejemplo, sostienen que no todas las especies de plantas
y animales fueron creadas desde el principio por Dios, sino que
algunas se han desarrollado en tiempos más recientes a partir de
especies o «semillas» creadas por él.
La motivación de estos autores religiosos no es proponer una teoría
científica, sino avanzar una explicación posible de un hecho
religioso. La Biblia describe el diluvio universal y que Noé incluyó
en el arca una pareja de cada una de las especies vivientes. No
hubiera sido posible en aquellos tiempos construir una embarcación
suficientemente grande para contener y mantener a todas las especies
conocidas. San Gregorio y San Agustín concluyeron, pues, en sus
comentarios bíblicos con que no todas las especies existían ya en la
época del arca de Noé; muchas de ellas aparecieron después del diluvio
universal.

La Edad Media y el Siglo de las Luces

El interés en materias científicas durante la Edad Media era
virtualmente nulo. La posibilidad de que los organismos pueden cambiar
por procesos naturales aparece de forma incidental en los escritos de
los dos grandes teólogos cristianos de la época, los dominicos San
Alberto Magno (1200-1280) y su discípulo Santo Tomás de Aquino
(1224-1274).
Aquino, en particular, se plantea la cuestión de si es posible que
larvas y moscas surjan de forma espontánea en la carne putrefacta y
otras materias en descomposición, tal como se creía generalmente en su
época. Enumera los argumentos filosóficos y teológicos a favor y en
contra de tal creencia popular y llega a la conclusión de que no
existen objeciones ni racionales ni teológicas en contra de la
proposición de que ciertos animalitos puedan aparecer por generación
espontánea a partir de materia muerta. Con un sentido común
característico, Santo Tomás comenta al final de la discusión que él ni
propone ni niega que tal cosa ocurra de hecho, pues éste es un asunto
que no han de decidir ni teólogos ni filósofos, sino los científicos.
La idea de progreso, en particular la creencia en el progreso humano
ilimitado, es central en el pensamiento iluminista del siglo XVIII,
sobre todo en Francia entre filósofos como el marqués de Condorcet
(Jean Antoine Caritat, 1743-1794) y Denis Diderot (1713-1784) y
científicos tales como Buffon. Pero su fe en el progreso no les llevó
a concebir o defender una teoría de la evolución. El matemático Fierre
Louis Moreau de Maupertuis (1698-1759) admite la generación espontánea
y la extinción de especies, pero tampoco propone una teoría de
evolución; esto es, la transformación de una especie en otra por medio
de causas naturales.
Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), uno de los grandes
naturalistas de su tiempo, propone una teoría del origen de las
especies por procesos naturales. Los organismos, según Buffon,
aparecen por generación espontánea como consecuencia de la asociación
de moléculas orgánicas, de manera que puede haber tantos tipos de
animales y plantas como combinaciones viables de moléculas orgánicas.
Pero esta teoría tiene poco en común con la de la evolución, tal como
se entiende en sentido moderno. De hecho, Buffon plantea
explícitamente, y rechaza, la posibilidad de que especies diversas
puedan descender de un ancestro común.
En Inglaterra el médico Erasmus Darwin (1713-1802), abuelo de Charles
Darwin, en su libro Zoonomia especula sobre la transmutación de las
especies vivientes, pero no desarrolla en detalle una teoría
evolutiva. Sus ideas no tuvieron ninguna influencia real en las
teorías evolutivas posteriores.
Mucho más importante es la influencia del botánico sueco Carolus
Linnaeus (1707-1778), autor del sistema jerárquico para la
clasificación de plantas y animales que, aun cuando modernizado, está
todavía en uso. Linnaeus mantiene la fijeza de las especies, que es
una idea central de su sistema de clasificación; pero la organización
jerárquica diseñada por él eventualmente contribuyó de manera
importante en la aceptación de los conceptos de descendencia común y
divergencia gradual, ya que éstos implican relaciones jerárquicas de
parentesco y de diferenciación.

Lamarck

El gran naturalista francés Jean-Baptiste de Monet, caballero de
Lamarck (1744-1829), aceptaba la perspectiva iluminista de su tiempo,
es decir, que los organismos vivientes representan una progresión
creciente de avance, con los humanos en la cumbre del proceso. A
partir de esta idea, Lamarck propone en los primeros años del siglo
XIX una teoría de la evolución biológica, la primera que es detallada,
extensa y consistente, aunque tiempo después se demostrara que era
errónea. Según Lamarck, los organismos evolucionan necesariamente a
través del tiempo en un proceso que pasa de manera continua de formas
más simples a otras más complejas. El proceso se repite sin cesar, de
manera que los gusanos de hoy tendrán en eras posteriores como
descendientes a seres humanos, igual que los humanos de hoy descienden
de gusanos del pasado.
Lamarck propone que, superpuestas al proceso necesario de evolución
gradual ascendente, se dan modificaciones en los organismos en tanto
que éstos se adaptan a su ambiente debido al cambio de sus hábitos. El
uso de un miembro o un órgano lo refuerza y el desuso de los mismos
conduce a su eliminación gradual. Las características adquiridas por
uso y desuso, de acuerdo con esta teoría, son heredadas. Esta idea,
posteriormente llamada herencia de caracteres adquiridos, fue
rechazada en el siglo XX. Aunque la teoría lamarckiana no resistió el
avance de nuevos conocimientos, contribuyó de manera importante a la
gradual aceptación de la evolución biológica.

Darwin

El fundador de la teoría moderna de la evolución es Charles Darwin
(1809-1882). Hijo y nieto de médicos, se inscribió como estudiante de
medicina en la Universidad de Edimburgo. Después de dos años, abandonó
estos estudios y se marchó a la Universidad de Cambridge con el fin de
prepararse para ser clérigo. No fue un estudiante excepcional, pero
estaba profundamente interesado en la historia natural.
El 27 de diciembre de 1831, unos meses después de su graduación en la
Universidad de Cambridge, Darwin zarpó, como naturalista, a bordo del
HMS Beagle para realizar un viaje alrededor del mundo que duró hasta
octubre de 1836. Pasó gran parte del tiempo en las costas de
Sudamérica y visitó también Australia y muchos archipiélagos del
Océano Pacífico, desembarcando con frecuencia para llevar a cabo
viajes al interior con el fin de reunir especímenes de plantas y
animales. El descubrimiento en Argentina de huesos fósiles de grandes
mamíferos extintos y la observación de numerosas especies de pinzones
en las islas de los Galápagos se incluyen entre los sucesos que
llevaron a Darwin a interesarse en cómo se originan las especies.
En 1859 publicó The Origin of Species {El origen de las especies), un
tratado que expone la teoría de la evolución y. aún más importante, el
papel de la selección natural en determinar su curso y explicar el
diseño de los organismos. Publicó muchos otros libros en los años
siguientes, entre ellos La descendencia humana y la selección en
relación al sexo (1871), que extiende la teoría de la selección
natural a la evolución humana.
Darwin es considerado como un gran científico, pero debe serlo además
como un revolucionario intelectual que inaugura una nueva era en la
historia cultural de la humanidad. Darwin completa la revolución
copernicana que empezó en los siglos XVI y XVII con los
descubrimientos de Copérnico, Galileo y Newton que marcan los
principios de la ciencia moderna.
Los descubrimientos en astronomía y física de estos grandes
científicos trastocaron las concepciones tradicionales sobre el
universo. La Tierra deja de ser el centro del universo, como la
concebían los griegos o los filósofos cristianos, y pasa a convertirse
en un pequeño planeta que gira alrededor del Sol, una más de las
miríadas de estrellas que existen en el universo. Las estaciones, las
lluvias y otras particularidades del clima se convierten en procesos
con causas naturales. Las rotaciones de los planetas son explicadas
también por leyes naturales, las mismas que dan cuenta del movimiento
de proyectiles y otros cuerpos en la Tierra.
El significado global de estos descubrimientos no es simplemente que
cambian ciertas concepciones particulares, tales como la noción de que
la Tierra es el centro del universo. Más importante es que estos
descubrimientos llevan a la concepción de que el universo es un
sistema de materia en movimiento gobernado por leyes inmanentes. El
funcionamiento del universo deja de ser atribuido a la inefable
voluntad del Creador y pasa al dominio de la ciencia, que es una
actividad intelectual que trata de explicar los fenómenos del universo
por medio de causas naturales. Fenómenos como las mareas, los eclipses
y la posición de los planetas pueden, pues, ser comprendidos como
resultado de causas naturales y predecirse siempre que las causas sean
conocidas de forma adecuada. La revolución copernicana consiste en la
sustitución de una concepción animista del universo por una concepción
causal, en el reemplazo de las explicaciones teológicas de los
fenómenos naturales por las explicaciones científicas.
Responder Con Cita
  #10 (permalink)  
Antiguo 16-05-2008, 18:54:40
¡¡¡FRAYKEJODERSE!!!
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: La ciencia de la evolucion.

On 16 mayo, 15:41, "El Oxito Del Arco Iris" <ElOxitoDelArcoI...***69.es>
wrote:
> "


HISTORIA DE LAS IDEAS EVOLUCIONISTAS

Mitos primitivos

Todas las culturas humanas tienen mitos sobre el origen del mundo, del
hombre y de las demás criaturas. La tradición judeo-cristiana atribuye
el origen de los seres vivos a su creación por un Dios omnipotente,
quien proveyó a los pájaros con alas para que pudieran volar, a los
peces con agallas y aletas para vivir en el agua, y al hombre con
inteligencia para dar culto a su Creador.
Los filósofos de la Grecia clásica propusieron mitos sobre la
creación, algunos de los cuales tienen reminiscencias evolucionistas.
Anaximandro propuso que los animales pueden ser transformados de un
tipo en otro. Empédocles especula con que los animales se forman como
un rompecabezas, poniendo juntas partes preexistentes que se ajustan
unas con otras en combinaciones funcionales: una cabeza con un cuerpo
y cuatro patas y otras posibilidades por el estilo.
Más cercanas a las ideas evolutivas modernas son las nociones
propuestas por la Iglesia cristiana primitiva por pane de algunos
padres de la misma. San Gregorio Nacianceno (c. 330-390) y San Agustín
(354-430), por ejemplo, sostienen que no todas las especies de plantas
y animales fueron creadas desde el principio por Dios, sino que
algunas se han desarrollado en tiempos más recientes a partir de
especies o «semillas» creadas por él.
La motivación de estos autores religiosos no es proponer una teoría
científica, sino avanzar una explicación posible de un hecho
religioso. La Biblia describe el diluvio universal y que Noé incluyó
en el arca una pareja de cada una de las especies vivientes. No
hubiera sido posible en aquellos tiempos construir una embarcación
suficientemente grande para contener y mantener a todas las especies
conocidas. San Gregorio y San Agustín concluyeron, pues, en sus
comentarios bíblicos con que no todas las especies existían ya en la
época del arca de Noé; muchas de ellas aparecieron después del diluvio
universal.

La Edad Media y el Siglo de las Luces

El interés en materias científicas durante la Edad Media era
virtualmente nulo. La posibilidad de que los organismos pueden cambiar
por procesos naturales aparece de forma incidental en los escritos de
los dos grandes teólogos cristianos de la época, los dominicos San
Alberto Magno (1200-1280) y su discípulo Santo Tomás de Aquino
(1224-1274).
Aquino, en particular, se plantea la cuestión de si es posible que
larvas y moscas surjan de forma espontánea en la carne putrefacta y
otras materias en descomposición, tal como se creía generalmente en su
época. Enumera los argumentos filosóficos y teológicos a favor y en
contra de tal creencia popular y llega a la conclusión de que no
existen objeciones ni racionales ni teológicas en contra de la
proposición de que ciertos animalitos puedan aparecer por generación
espontánea a partir de materia muerta. Con un sentido común
característico, Santo Tomás comenta al final de la discusión que él ni
propone ni niega que tal cosa ocurra de hecho, pues éste es un asunto
que no han de decidir ni teólogos ni filósofos, sino los científicos.
La idea de progreso, en particular la creencia en el progreso humano
ilimitado, es central en el pensamiento iluminista del siglo XVIII,
sobre todo en Francia entre filósofos como el marqués de Condorcet
(Jean Antoine Caritat, 1743-1794) y Denis Diderot (1713-1784) y
científicos tales como Buffon. Pero su fe en el progreso no les llevó
a concebir o defender una teoría de la evolución. El matemático Fierre
Louis Moreau de Maupertuis (1698-1759) admite la generación espontánea
y la extinción de especies, pero tampoco propone una teoría de
evolución; esto es, la transformación de una especie en otra por medio
de causas naturales.
Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), uno de los grandes
naturalistas de su tiempo, propone una teoría del origen de las
especies por procesos naturales. Los organismos, según Buffon,
aparecen por generación espontánea como consecuencia de la asociación
de moléculas orgánicas, de manera que puede haber tantos tipos de
animales y plantas como combinaciones viables de moléculas orgánicas.
Pero esta teoría tiene poco en común con la de la evolución, tal como
se entiende en sentido moderno. De hecho, Buffon plantea
explícitamente, y rechaza, la posibilidad de que especies diversas
puedan descender de un ancestro común.
En Inglaterra el médico Erasmus Darwin (1713-1802), abuelo de Charles
Darwin, en su libro Zoonomia especula sobre la transmutación de las
especies vivientes, pero no desarrolla en detalle una teoría
evolutiva. Sus ideas no tuvieron ninguna influencia real en las
teorías evolutivas posteriores.
Mucho más importante es la influencia del botánico sueco Carolus
Linnaeus (1707-1778), autor del sistema jerárquico para la
clasificación de plantas y animales que, aun cuando modernizado, está
todavía en uso. Linnaeus mantiene la fijeza de las especies, que es
una idea central de su sistema de clasificación; pero la organización
jerárquica diseñada por él eventualmente contribuyó de manera
importante en la aceptación de los conceptos de descendencia común y
divergencia gradual, ya que éstos implican relaciones jerárquicas de
parentesco y de diferenciación.

Lamarck

El gran naturalista francés Jean-Baptiste de Monet, caballero de
Lamarck (1744-1829), aceptaba la perspectiva iluminista de su tiempo,
es decir, que los organismos vivientes representan una progresión
creciente de avance, con los humanos en la cumbre del proceso. A
partir de esta idea, Lamarck propone en los primeros años del siglo
XIX una teoría de la evolución biológica, la primera que es detallada,
extensa y consistente, aunque tiempo después se demostrara que era
errónea. Según Lamarck, los organismos evolucionan necesariamente a
través del tiempo en un proceso que pasa de manera continua de formas
más simples a otras más complejas. El proceso se repite sin cesar, de
manera que los gusanos de hoy tendrán en eras posteriores como
descendientes a seres humanos, igual que los humanos de hoy descienden
de gusanos del pasado.
Lamarck propone que, superpuestas al proceso necesario de evolución
gradual ascendente, se dan modificaciones en los organismos en tanto
que éstos se adaptan a su ambiente debido al cambio de sus hábitos. El
uso de un miembro o un órgano lo refuerza y el desuso de los mismos
conduce a su eliminación gradual. Las características adquiridas por
uso y desuso, de acuerdo con esta teoría, son heredadas. Esta idea,
posteriormente llamada herencia de caracteres adquiridos, fue
rechazada en el siglo XX. Aunque la teoría lamarckiana no resistió el
avance de nuevos conocimientos, contribuyó de manera importante a la
gradual aceptación de la evolución biológica.

Darwin

El fundador de la teoría moderna de la evolución es Charles Darwin
(1809-1882). Hijo y nieto de médicos, se inscribió como estudiante de
medicina en la Universidad de Edimburgo. Después de dos años, abandonó
estos estudios y se marchó a la Universidad de Cambridge con el fin de
prepararse para ser clérigo. No fue un estudiante excepcional, pero
estaba profundamente interesado en la historia natural.
El 27 de diciembre de 1831, unos meses después de su graduación en la
Universidad de Cambridge, Darwin zarpó, como naturalista, a bordo del
HMS Beagle para realizar un viaje alrededor del mundo que duró hasta
octubre de 1836. Pasó gran parte del tiempo en las costas de
Sudamérica y visitó también Australia y muchos archipiélagos del
Océano Pacífico, desembarcando con frecuencia para llevar a cabo
viajes al interior con el fin de reunir especímenes de plantas y
animales. El descubrimiento en Argentina de huesos fósiles de grandes
mamíferos extintos y la observación de numerosas especies de pinzones
en las islas de los Galápagos se incluyen entre los sucesos que
llevaron a Darwin a interesarse en cómo se originan las especies.
En 1859 publicó The Origin of Species {El origen de las especies), un
tratado que expone la teoría de la evolución y. aún más importante, el
papel de la selección natural en determinar su curso y explicar el
diseño de los organismos. Publicó muchos otros libros en los años
siguientes, entre ellos La descendencia humana y la selección en
relación al sexo (1871), que extiende la teoría de la selección
natural a la evolución humana.
Darwin es considerado como un gran científico, pero debe serlo además
como un revolucionario intelectual que inaugura una nueva era en la
historia cultural de la humanidad. Darwin completa la revolución
copernicana que empezó en los siglos XVI y XVII con los
descubrimientos de Copérnico, Galileo y Newton que marcan los
principios de la ciencia moderna.
Los descubrimientos en astronomía y física de estos grandes
científicos trastocaron las concepciones tradicionales sobre el
universo. La Tierra deja de ser el centro del universo, como la
concebían los griegos o los filósofos cristianos, y pasa a convertirse
en un pequeño planeta que gira alrededor del Sol, una más de las
miríadas de estrellas que existen en el universo. Las estaciones, las
lluvias y otras particularidades del clima se convierten en procesos
con causas naturales. Las rotaciones de los planetas son explicadas
también por leyes naturales, las mismas que dan cuenta del movimiento
de proyectiles y otros cuerpos en la Tierra.
El significado global de estos descubrimientos no es simplemente que
cambian ciertas concepciones particulares, tales como la noción de que
la Tierra es el centro del universo. Más importante es que estos
descubrimientos llevan a la concepción de que el universo es un
sistema de materia en movimiento gobernado por leyes inmanentes. El
funcionamiento del universo deja de ser atribuido a la inefable
voluntad del Creador y pasa al dominio de la ciencia, que es una
actividad intelectual que trata de explicar los fenómenos del universo
por medio de causas naturales. Fenómenos como las mareas, los eclipses
y la posición de los planetas pueden, pues, ser comprendidos como
resultado de causas naturales y predecirse siempre que las causas sean
conocidas de forma adecuada. La revolución copernicana consiste en la
sustitución de una concepción animista del universo por una concepción
causal, en el reemplazo de las explicaciones teológicas de los
fenómenos naturales por las explicaciones científicas.
Responder Con Cita
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