![]() |
| |||||||
| Registrarse | Preguntas Frecuentes | Lista de Foreros | Calendario | Buscar | Temas de Hoy | Marcar Foros Como Leídos |
![]() |
| | LinkBack | Herramientas | Desplegado |
| |||
| La ciencia de la evolución La teoría de la evolución se ocupa de tres materias diferentes. La primera es el hecho de la evolución; esto es, que las especies vivientes cambian a través del tiempo y están emparentadas entre sí debido a que descienden de antepasados comunes. La segunda materia es la historia de la evolución; esto es, las relaciones particulares de parentesco entre unos organismos y otros (por ejemplo, entre el chimpancé, el hombre y el orangután) y cuándo se separaron unos de otros los linajes que llevan a las especies vivientes. La tercera materia se refiere a las causas de la evolución de los organismos. La primera cuestión es la básica, pues si los organismos no evolucionan, la teoría de la evolución no tendría nada que estudiar. Charles Darwin (1809-1882), el fundador de la teoría moderna de la evolución, acumuló evidencias para convencer a los científicos de su época de que los seres vivos son descendientes modificados de antepasados comunes. La evidencia a favor de la evolución ha seguido aumentando desde entonces, derivada de todas las disciplinas biológicas. El origen evolutivo de los organismos es hoy una conclusión científica establecida con un grado de certeza comparable a otros conceptos científicos ciertos, tales como la redondez de la tierra, la rotación de los planetas alrededor del sol o la composición molecular de la materia. Este grado de certeza, que va más allá de toda duda razonable, es lo que señalan los biólogos cuando afirman que la evolución es un «hecho». El origen evolutivo de los organismos es un hecho aceptado por los biólogos y por todas las personas bien informadas sobre el asunto. La teoría de la evolución va más allá de la simple demostración deque los seres vivos evolucionan. Los evolucionistas están interesados en descubrir los detalles importantes de la historia evolutiva. Por ejemplo, la sucesión de organismos a través del tiempo, empezando por el origen de los más primitivos que, como ahora sabemos, se remonta a 3.500 millones de años, cuándo colonizaron los animales la tierra, a partir de sus antepasados marinos, y qué tipo de animales eran; si las aves descienden de dinosaurios o de otro tipo de reptiles; o si los chimpancés y los hombres están más estrechamente relacionados entre sí que con los orangutanes. La investigación histórica de la evolución incluye, además, precisar los ritmos de la evolución, la multiplicación y la extinción de especies, la colonización de islas y continentes, y muchas otras cuestiones relacionadas con el pasado. El tercer tipo de problemas de que se ocupan los evolucionistas concierne al cómo y al porqué de la evolución, o, dicho de otra manera, las causas de la evolución. Se trata de descubrir los mecanismos o los procesos que causan y modulan la evolución de los organismos a través del tiempo. Darwin, por ejemplo, descubrió la selección natural, el proceso que explica la adaptación de los organismos a su ambiente y la evolución de órganos y funciones. La selección natural explica por qué los pájaros tienen alas y los peces agallas, y por qué el ojo está específicamente diseñado para ver y la mano para coger. Otros procesos evolutivos importantes son los genéticos: la herencia biológica, la mutación de genes y la organización del ADN (ácido desoxirribonucleico, el material que contiene la información genética). En el siglo XIX, y durante las primeras décadas del XX, los evolucionistas buscaban evidencias a favor y en contra de la evolución. Los científicos actuales no se ocupan activamente de investigar tal asunto, puesto que el hecho de la evolución está ya establecido de forma definitiva, como consecuencia de la acumulación de tal evidencia. Pero sí cabe señalar que los descubrimientos de las disciplinas biológicas siguen aportando realidades contundentes de que la evolución es un hecho. Los evolucionistas actuales se ocupan de la historia y las causas de la evolución. Los conocimientos sobre estas materias son extensos y muchos descubrimientos están definitivamente confirmados. Por ejemplo, que los hombres y los monos son parientes más cercanos de lo que lo son de los ratones, o que los hombres, la especie Homo sapiens, es de origen reciente, de hace 500.000 años, mientras que el origen de los peces se remonta a 500 millones de años. Pero aún quedan por resolver muchos detalles históricos. Lo mismo ocurre con respecto a las causas de la evolución. Los descubrimientos sobre la selección natural, las mutaciones génicas o el origen de las especies son extensos, pero aún hay mucho por descubrir. Reflejando el estado de la ciencia actual, este libro presentará evidencias sobre el hecho de la evolución de manera concisa en el capítulo III, mientras que en su mayor parte estará dedicado al estudio de las causas de la evolución, por lo que la historia de la evolución entrará en juego principalmente en forma de ejemplos. |
| | ||||
| ||||
| |
| |||
| "Valzar" <valzar***gmail.com> escribió en el mensaje news:314bfe20-2e86-4f2b-a34a-e44d45bd394a***d77g2000hsb.googlegroups.com... El evolucionismo del cual Darwin parece se el "padre" y que numerosos sabios, ensalzados por la totalidad de los medios de comunicación, consideran como una "ley" indiscutible, se revela a la reflexión como una teoría imposible e indefendible, cualesquiera que sean los datos de la investigación más exacta gracias a los cuales pretendan justificarla. Esta "teoría" se basa necesariamente en dos principios claramente expresados por sus propios defensores: 1 - el principio, o concepto, de la continuidad de la naturaleza y por tanto de un continuum funcional de las formas de vida, encadenando todas las especies y remontando hasta la célula primitiva. 2 - el concepto de intervención del azar, determinando las adaptaciones sucesivas de la vida según procesos aleatorios. Lo que no ven tanto los partidarios como los adversarios de esta teoría, es que los dos grupos de principios que la fundan son perfectamente incompatibles, el segundo destruyendo al primero y recíprocamente. En efecto, un "continuum" es por definición misma "infragmentable" : una recta, lo mismo que una curva "continua" no pueden presentar ningún corte entre los límites en los que ellas experimentan una "continuidad". Ejemplo simple: en la serie indefinida de los números enteros, la llamada erróneamente "serie continua" porque cada numero "N" responde indefinidamente a una única y constante "razón"; N+1 ó N-1. Si, en esta serie, se toma al azar cualquier número, ese número responderá necesariamente a esta "razón". Es esta razón, o Ley, la que asegura la continuidad a pesar de la discontinuidad de cada número con relación a todos los demás: 2 no es 3 que no es 4, etc... Podemos ver que la continuidad solo está en la "ley" y no en los números. Esto implica que una continuidad de fenómenos no es tal más que en función de una "regla", de una "razón" o de una "ley" que religa los fenómenos entre ellos y se aplica a cada uno de ellos cualesquiera que sean su cantidad o cualesquiera que pudieran ser sus diferencias. Ahora bien, si hay ley, no hay lugar para el "azar" ni para lo aleatorio que implican, por su misma definición, total ausencia de ley y de continuidad. En el caso presente de las "producciones de la vida", si ellas constituyesen un continuum, la ley de constitución de ese continuo se encontraría necesariamente idéntica desde la célula primitiva hasta el hombre. No habría por lo tanto lugar para ningún "azar". Y desde el momento en el que interviene cualquier "azar", aquello que se supone "continuo" deja de serlo por el hecho mismo de que una nueva "razón", o que una ausencia de "razón", sustituye a la que aseguraba la continuidad. Hay una incompatibilidad absoluta e irreductible entre "continuo" y "azar". Hay que elegir entonces entre el "azar" (ausencia de ley) y la necesidad (presencia de una ley). La teoría evolucionista no es por lo tanto más que un vulgar "sincretismo" nacido del pensamiento muy superficial de sabios ilusionados y des-razonables, en los cuales resulta completamente imposible tener confianza a este nivel. CONCLUSION: - o bien las "especies vivas", presentes o pasadas, no están ligadas entre-ellas por una "razón" identificable o imaginable, y pueden ellas ser entonces consideradas como el producto del azar, en cuyo caso ya no hay teoría posible, - o bien están ligadas entre-ellas por una "ley" constante que asegura su continuidad, en cuyo caso esta "ley" presentida o incluso imaginada puede llegar a ser una "teoría" a verificar, desde la especie original hasta las especies finales, prohibiéndose entonces la referencia a cualquier "azar" que pondrían necesariamente fin a toda "ley". Bajo pena de cretinismo caracterizado, los sabios deben entonces imperativamente elegir entre "azar" o "necesidad", ya que si la "necesidad" es la expresión de una "ley" cualquiera, el "azar" es la negación misma de toda "ley", cualquiera que fuera la naturaleza, discreta o visible, de esta ley. Si hay contradicción entre dos proposiciones, no pueden ellas servir juntas para cimentar ni siquiera una simple hipótesis, ni con más razón una Ley. Vemos que lo que precede es suficiente para denunciar esta superchería y hacer que sean perfectamente inútiles todas las valientes obras de esos raros sabios que se esfuerzan en minimizarla por medio de numerosos ejemplos que la contradicen. Phillippe BOUET ElOxitoDelArcoIris***69.es -- http://www.apologeticspress.org/espa...onvsevolucion/ http://www.harunyahya.org/other/evol...mo/evoluc.html http://bloomerfield.com/category/la-...ia-cientifica/ http://bloomerfield.com/2007/10/09/l...giones/#more-7 http://www.centrorey.org/tema_religion_falsa.htm http://www.centrorey.org/tema_religion_falsa2.htm |
| |||
| "Valzar" <valzar***gmail.com> escribió en el mensaje news:314bfe20-2e86-4f2b-a34a-e44d45bd394a***d77g2000hsb.googlegroups.com... El evolucionismo del cual Darwin parece se el "padre" y que numerosos sabios, ensalzados por la totalidad de los medios de comunicación, consideran como una "ley" indiscutible, se revela a la reflexión como una teoría imposible e indefendible, cualesquiera que sean los datos de la investigación más exacta gracias a los cuales pretendan justificarla. Esta "teoría" se basa necesariamente en dos principios claramente expresados por sus propios defensores: 1 - el principio, o concepto, de la continuidad de la naturaleza y por tanto de un continuum funcional de las formas de vida, encadenando todas las especies y remontando hasta la célula primitiva. 2 - el concepto de intervención del azar, determinando las adaptaciones sucesivas de la vida según procesos aleatorios. Lo que no ven tanto los partidarios como los adversarios de esta teoría, es que los dos grupos de principios que la fundan son perfectamente incompatibles, el segundo destruyendo al primero y recíprocamente. En efecto, un "continuum" es por definición misma "infragmentable" : una recta, lo mismo que una curva "continua" no pueden presentar ningún corte entre los límites en los que ellas experimentan una "continuidad". Ejemplo simple: en la serie indefinida de los números enteros, la llamada erróneamente "serie continua" porque cada numero "N" responde indefinidamente a una única y constante "razón"; N+1 ó N-1. Si, en esta serie, se toma al azar cualquier número, ese número responderá necesariamente a esta "razón". Es esta razón, o Ley, la que asegura la continuidad a pesar de la discontinuidad de cada número con relación a todos los demás: 2 no es 3 que no es 4, etc... Podemos ver que la continuidad solo está en la "ley" y no en los números. Esto implica que una continuidad de fenómenos no es tal más que en función de una "regla", de una "razón" o de una "ley" que religa los fenómenos entre ellos y se aplica a cada uno de ellos cualesquiera que sean su cantidad o cualesquiera que pudieran ser sus diferencias. Ahora bien, si hay ley, no hay lugar para el "azar" ni para lo aleatorio que implican, por su misma definición, total ausencia de ley y de continuidad. En el caso presente de las "producciones de la vida", si ellas constituyesen un continuum, la ley de constitución de ese continuo se encontraría necesariamente idéntica desde la célula primitiva hasta el hombre. No habría por lo tanto lugar para ningún "azar". Y desde el momento en el que interviene cualquier "azar", aquello que se supone "continuo" deja de serlo por el hecho mismo de que una nueva "razón", o que una ausencia de "razón", sustituye a la que aseguraba la continuidad. Hay una incompatibilidad absoluta e irreductible entre "continuo" y "azar". Hay que elegir entonces entre el "azar" (ausencia de ley) y la necesidad (presencia de una ley). La teoría evolucionista no es por lo tanto más que un vulgar "sincretismo" nacido del pensamiento muy superficial de sabios ilusionados y des-razonables, en los cuales resulta completamente imposible tener confianza a este nivel. CONCLUSION: - o bien las "especies vivas", presentes o pasadas, no están ligadas entre-ellas por una "razón" identificable o imaginable, y pueden ellas ser entonces consideradas como el producto del azar, en cuyo caso ya no hay teoría posible, - o bien están ligadas entre-ellas por una "ley" constante que asegura su continuidad, en cuyo caso esta "ley" presentida o incluso imaginada puede llegar a ser una "teoría" a verificar, desde la especie original hasta las especies finales, prohibiéndose entonces la referencia a cualquier "azar" que pondrían necesariamente fin a toda "ley". Bajo pena de cretinismo caracterizado, los sabios deben entonces imperativamente elegir entre "azar" o "necesidad", ya que si la "necesidad" es la expresión de una "ley" cualquiera, el "azar" es la negación misma de toda "ley", cualquiera que fuera la naturaleza, discreta o visible, de esta ley. Si hay contradicción entre dos proposiciones, no pueden ellas servir juntas para cimentar ni siquiera una simple hipótesis, ni con más razón una Ley. Vemos que lo que precede es suficiente para denunciar esta superchería y hacer que sean perfectamente inútiles todas las valientes obras de esos raros sabios que se esfuerzan en minimizarla por medio de numerosos ejemplos que la contradicen. Phillippe BOUET ElOxitoDelArcoIris***69.es -- http://www.apologeticspress.org/espa...onvsevolucion/ http://www.harunyahya.org/other/evol...mo/evoluc.html http://bloomerfield.com/category/la-...ia-cientifica/ http://bloomerfield.com/2007/10/09/l...giones/#more-7 http://www.centrorey.org/tema_religion_falsa.htm http://www.centrorey.org/tema_religion_falsa2.htm |
| |||
| "Valzar" <valzar***gmail.com> escribió en el mensaje news:314bfe20-2e86-4f2b-a34a-e44d45bd394a***d77g2000hsb.googlegroups.com... El evolucionismo del cual Darwin parece se el "padre" y que numerosos sabios, ensalzados por la totalidad de los medios de comunicación, consideran como una "ley" indiscutible, se revela a la reflexión como una teoría imposible e indefendible, cualesquiera que sean los datos de la investigación más exacta gracias a los cuales pretendan justificarla. Esta "teoría" se basa necesariamente en dos principios claramente expresados por sus propios defensores: 1 - el principio, o concepto, de la continuidad de la naturaleza y por tanto de un continuum funcional de las formas de vida, encadenando todas las especies y remontando hasta la célula primitiva. 2 - el concepto de intervención del azar, determinando las adaptaciones sucesivas de la vida según procesos aleatorios. Lo que no ven tanto los partidarios como los adversarios de esta teoría, es que los dos grupos de principios que la fundan son perfectamente incompatibles, el segundo destruyendo al primero y recíprocamente. En efecto, un "continuum" es por definición misma "infragmentable" : una recta, lo mismo que una curva "continua" no pueden presentar ningún corte entre los límites en los que ellas experimentan una "continuidad". Ejemplo simple: en la serie indefinida de los números enteros, la llamada erróneamente "serie continua" porque cada numero "N" responde indefinidamente a una única y constante "razón"; N+1 ó N-1. Si, en esta serie, se toma al azar cualquier número, ese número responderá necesariamente a esta "razón". Es esta razón, o Ley, la que asegura la continuidad a pesar de la discontinuidad de cada número con relación a todos los demás: 2 no es 3 que no es 4, etc... Podemos ver que la continuidad solo está en la "ley" y no en los números. Esto implica que una continuidad de fenómenos no es tal más que en función de una "regla", de una "razón" o de una "ley" que religa los fenómenos entre ellos y se aplica a cada uno de ellos cualesquiera que sean su cantidad o cualesquiera que pudieran ser sus diferencias. Ahora bien, si hay ley, no hay lugar para el "azar" ni para lo aleatorio que implican, por su misma definición, total ausencia de ley y de continuidad. En el caso presente de las "producciones de la vida", si ellas constituyesen un continuum, la ley de constitución de ese continuo se encontraría necesariamente idéntica desde la célula primitiva hasta el hombre. No habría por lo tanto lugar para ningún "azar". Y desde el momento en el que interviene cualquier "azar", aquello que se supone "continuo" deja de serlo por el hecho mismo de que una nueva "razón", o que una ausencia de "razón", sustituye a la que aseguraba la continuidad. Hay una incompatibilidad absoluta e irreductible entre "continuo" y "azar". Hay que elegir entonces entre el "azar" (ausencia de ley) y la necesidad (presencia de una ley). La teoría evolucionista no es por lo tanto más que un vulgar "sincretismo" nacido del pensamiento muy superficial de sabios ilusionados y des-razonables, en los cuales resulta completamente imposible tener confianza a este nivel. CONCLUSION: - o bien las "especies vivas", presentes o pasadas, no están ligadas entre-ellas por una "razón" identificable o imaginable, y pueden ellas ser entonces consideradas como el producto del azar, en cuyo caso ya no hay teoría posible, - o bien están ligadas entre-ellas por una "ley" constante que asegura su continuidad, en cuyo caso esta "ley" presentida o incluso imaginada puede llegar a ser una "teoría" a verificar, desde la especie original hasta las especies finales, prohibiéndose entonces la referencia a cualquier "azar" que pondrían necesariamente fin a toda "ley". Bajo pena de cretinismo caracterizado, los sabios deben entonces imperativamente elegir entre "azar" o "necesidad", ya que si la "necesidad" es la expresión de una "ley" cualquiera, el "azar" es la negación misma de toda "ley", cualquiera que fuera la naturaleza, discreta o visible, de esta ley. Si hay contradicción entre dos proposiciones, no pueden ellas servir juntas para cimentar ni siquiera una simple hipótesis, ni con más razón una Ley. Vemos que lo que precede es suficiente para denunciar esta superchería y hacer que sean perfectamente inútiles todas las valientes obras de esos raros sabios que se esfuerzan en minimizarla por medio de numerosos ejemplos que la contradicen. Phillippe BOUET ElOxitoDelArcoIris***69.es -- http://www.apologeticspress.org/espa...onvsevolucion/ http://www.harunyahya.org/other/evol...mo/evoluc.html http://bloomerfield.com/category/la-...ia-cientifica/ http://bloomerfield.com/2007/10/09/l...giones/#more-7 http://www.centrorey.org/tema_religion_falsa.htm http://www.centrorey.org/tema_religion_falsa2.htm |
| |||
| Mendel y la genética La dificultad más seria con que se enfrentaba el darwinismo era la carencia de una teoría sobre la herencia que pudiera explicar la persistencia, de generación en generación, de las variaciones sobre las que actúa la selección natural. Las teorías de la herencia aceptadas en aquellos tiempos proponían que las características de los progenitores se mezclan en los hijos como lo hacen una pintura azul y una blanca dando un color intermedio. Como Darwin señalaba, si la herencia es «mezclada», no es fácil explicar el efecto de la selección natural en multiplicar las variaciones favorables. Si existe una variante ventajosa en un individuo dado, la ventaja se reduciría a la mitad en sus hijos, al mezclarse con la variante menos ventajosa presente en el otro progenitor. Las variantes favorables se diluirían rápidamente de generación en generación. El eslabón que faltaba para completar la cadena del argumento dar- winiano era la genética mendeliana. Durante la década de los años sesenta del siglo XIX, cuando el impacto de la teoría de Darwin comenzaba a notarse en varios países, el monje agustino Gregor Mendel llevaba a cabo experimentos con guisantes en el jardín de su monasterio en Brünn, Austria-Hungría (hoy Brno, República Checa). El artículo de Mendel, un ejemplo magistral de método científico, publicado en 1866 en los Proceedings de la Sociedad de Historia Natural de Brünn, formula los principios fundamentales de la teoría de la herencia, que aún hoy es vigente. La teoría da cuenta de la herencia biológica a través de pares de factores («genes»), heredados cada uno de un progenitor, que no se mezclan sino que se separan («segregan») el uno del otro en la formación de las células sexualeso gametos. Los descubrimientos de Mendel, sin embargo, permanecieron desconocidos para Darwin y, de hecho, no llegaron a ser generalmente conocidos hasta 1900, cuando fueron redescubiertos de forma simultánea por varios científicos en el continente. Mientras tanto el darwinismo se enfrentaba, en la última parte del siglo xix, con una teoría alternativa conocida como neolamarckismo, que compartía con la de Lamarck la importancia del uso y el desuso en el desarrollo y en la atrofia de los órganos. Pero los neolamarckistas añadían la noción de que el medio ambiente actúa directamente en las estructuras orgánicas, lo cual explica su adaptación al ambiente y al modo de vida del organismo. Los partidarios del neolamarckismo descartaban que la selección natural pudiera explicar la adaptación de los organismos al ambiente. Entre los defensores de la selección natural durante la segunda mitad del siglo XIX destaca el biólogo alemán August Weismann (1834-1914), quien durante la década de los años ochenta publicó su teoría del germoplasma. Weismann distinguía dos componentes en cada organismo: el soma, que comprende las principales partes del cuerpo y sus órganos, y el germoplasma, que contiene las células que dan origen a los gametos y, por tanto, a la descendencia. Poco después de comenzar el desarrollo del embrión a partir del huevo, el germoplasma se separa del soma; esto es, de las células que dan origen al resto del cuerpo. Esta noción de una separación radical entre el germen y soma lleva a Weismann a afirmar que la herencia de caracteres adquiridos es imposible, y abrió el camino triunfal para la selección natural como el único proceso que puede dar cuenta de las adaptaciones biológicas. Las ideas de Weismann fueron conocidas a partir de 1896 como el neodarwinismo, La teoría sintética El redescubrimiento en 1900 de la teoría mendeliana de la herencia (casi al mismo tiempo por el holandés Hugo de Vries y el alemán Carl Correns) llevó a poner énfasis en el papel de la herencia en la evolución. Hugo de Vries, por su parte, propuso una nueva teoría de la evolución, conocida como mutacionismo, que esencialmente elimina a la selección natural como el proceso principal en la evolución. De acuerdo con De Vries (y también con otros genéticos de principios del siglo XX, como el inglés William Bateson) hay dos tipos de variaciones en los organismos: un tipo consiste en la variación ordinaria observada entre los individuos de una especie; por ejemplo, variación en el color de los ojos o las flores, o variación en el tamaño. Este tipo de variaciones no tiene consecuencias últimas en la evolución, porque, según De Vries, «no puede llevar a traspasar los límites de la especie, incluso bajo las condiciones de la más fuerte y continua selección». El otro tipo consiste en las variaciones que surgen por mutación genética; esto es, alteraciones espontáneas de los genes que ocasionan grandes modificaciones de los organismos y que pueden dar origen a nuevas especies: «Una nueva especie se origina de repente, es producida a partir de una especie preexistente sin ninguna preparación visible y sin transición.» El mutacionismo propuesto por De Vries, para explicar el origen de las especies, fue rechazado por muchos naturalistas contemporáneos y también por los llamados biometristas, encabezados por el matemático inglés Kari Pearson. Según los biometristas, la selección natural es la causa principal de evolución, a través de los efectos acumulativos de variaciones pequeñas y continuas, tales como las que se observan entre individuos normales, con respecto al tamaño, la fecundidad, la longevidad, la adaptación a diversas condiciones ambientales y rasgos por el estilo. Estas variaciones se denominan métricas o cuantitativas, porque se pueden medir, y no son cualitativas, como las que distinguen, por ejemplo, las diversas razas de perros, gatos o ganado. Mutacionistas y biometristas se enzarzaron, durante las dos primeras décadas del siglo XX, en una agria polémica centrada en la cuestión de si las especies aparecen de forma repentina por mutaciones importantes {cualitativas}, o de manera gradual por acumulación de variaciones pequeñas (cuantitativas). Subyacente a esta controversia estaba el papel de la selección natural y el de la herencia mendeliana. A principios de siglo se creía frecuentemente que las variaciones cuantitativas observadas entre individuos no obedecían a las leyes mendelianas de la herencia. Los mutacionistas argüían que la herencia de variaciones cuantitativas (por ejemplo, el peso o el tamaño) era necesariamente «mezclada» y que por ello ni tales mutaciones, ni la selección natural que actúa sobre ellas podrían tener un papel importante en la evolución, debido al efecto, que ya Darwin había reconocido como problemático, de dilución de las variaciones ventajosas de una generación a otra. Los biometristas argüían, por el contrario, que el tipo de mutaciones observadas por De Vries y otros, y en general las variaciones cualitativas que obedecen a las leyes mendelianas, son anormalidades (llamadas en inglés sports y muy apreciadas para producir variedades llamativas en animales domésticos), que no contribuyen a mejorar la adaptación al ambiente, sino que son eliminadas por selección natural y, por tanto, carecen de importancia en el origen de las especies. Por el contrario, argüían, la evolución depende, sobre todo, de la selección natural, actuando en las variaciones métricas ampliamente presentes en los organismos de todo tipo. La resolución de la controversia entre mutacionistas y biometristas tuvo lugar entre las décadas de los años veinte y treinta. El primer paso fue descubrir que la herencia de las variaciones cuantitativas obedece a las leyes mendelianas; pero de manera que un carácter cuantitativo, tal como el tamaño de un ratón o el número de frutas en un árbol, está determinado por varios genes, cada uno de ellos con efecto muy pequeño. Varios genéticos teóricos pasaron entonces a demostrar matemáticamente que la selección natural, actuando de forma acumulativa sobre pequeñas variaciones, puede producir cambios evolutivos importantes en la forma y la función. Miembros distinguidos de este grupo de genéticos teóricos fueron Ronaid A. Fisher y J. B. S. Haldane, en el Reino Unido, y Sewail Wright, en Estados Unidos. Sus trabajos contribuyeron al rechazo del mutacionismo y, lo que es más importante, brindaron una estructura teórica para la integración de la genética con la teoría de Darwin sobre la selección natural. Estos descubrimientos teóricos, sin embargo, tuvieron inicialmente un impacto limitado entre los biólogos contemporáneos, porque fueron formulados en ecuaciones y lenguaje matemáticos que la mayoría de los evolucionistas no podían entender; también, debido a que estos descubrimientos, casi exclusivamente teóricos, tenían poca corroboración empírica, y, por último, a causa de que los problemas resueltos habían dejado de lado muchas otras materias de gran interés, como el proceso de la especiación. Un avance muy importante tuvo lugar en 1937 cuando el naturalista y genético estadounidense, pero ruso de nacimiento, Theodosius Dobzhansky publicó Genetics and the Orígin ofSpecies (La genética y el origen de las especies}. El libro de Dobzhansky da cuenta de una manera comprensible y detallada del proceso evolutivo en términos genéticos, apoyando los argumentos teóricos con evidencias empíricas. La genética y el origen de las especies puede ser considerada la contribución más importante a la formulación de lo que se conoce como la teoría sintética o la teoría moderna de la evolución, que integra efectivamente la selección natural darwiniana y la genética mendeliana. El libro de Dobzhansky tuvo un impacto notable entre los naturalistas y los biólogos experimemalistas, quienes aceptaron, casi de inmediato, la nueva teoría de la evolución como cambio en la constitución genética de las especies. El interés en el estudio de la evolución fue estimulado enormemente y una serie de contribuciones importantes a la teoría aparecieron en rápida sucesión, extendiendo la síntesis de la genética y la selección natural a otros campos de la biología. Entre los principales autores que, junto con Dobzhansky, contribuyeron a formular y extender la teoría sintética cabe destacar: en Estados Unidos, el zoólogo Ernst Mayr, el paleontólogo Georges G. Simpson y el botánico G. Ledyard Stebins; en Inglaterra, el zoólogo Julián Huxley; y en Alemania, Bernhard Rensch. En 1950 la aceptación de la teoría de Darwin de la evolución por selección natural ya era universal entre los biólogos, la teoría sintética era aceptada como correcta, y las controversias se limitaban a cuestiones de detalle. |
| |||
| Mendel y la genética La dificultad más seria con que se enfrentaba el darwinismo era la carencia de una teoría sobre la herencia que pudiera explicar la persistencia, de generación en generación, de las variaciones sobre las que actúa la selección natural. Las teorías de la herencia aceptadas en aquellos tiempos proponían que las características de los progenitores se mezclan en los hijos como lo hacen una pintura azul y una blanca dando un color intermedio. Como Darwin señalaba, si la herencia es «mezclada», no es fácil explicar el efecto de la selección natural en multiplicar las variaciones favorables. Si existe una variante ventajosa en un individuo dado, la ventaja se reduciría a la mitad en sus hijos, al mezclarse con la variante menos ventajosa presente en el otro progenitor. Las variantes favorables se diluirían rápidamente de generación en generación. El eslabón que faltaba para completar la cadena del argumento dar- winiano era la genética mendeliana. Durante la década de los años sesenta del siglo XIX, cuando el impacto de la teoría de Darwin comenzaba a notarse en varios países, el monje agustino Gregor Mendel llevaba a cabo experimentos con guisantes en el jardín de su monasterio en Brünn, Austria-Hungría (hoy Brno, República Checa). El artículo de Mendel, un ejemplo magistral de método científico, publicado en 1866 en los Proceedings de la Sociedad de Historia Natural de Brünn, formula los principios fundamentales de la teoría de la herencia, que aún hoy es vigente. La teoría da cuenta de la herencia biológica a través de pares de factores («genes»), heredados cada uno de un progenitor, que no se mezclan sino que se separan («segregan») el uno del otro en la formación de las células sexualeso gametos. Los descubrimientos de Mendel, sin embargo, permanecieron desconocidos para Darwin y, de hecho, no llegaron a ser generalmente conocidos hasta 1900, cuando fueron redescubiertos de forma simultánea por varios científicos en el continente. Mientras tanto el darwinismo se enfrentaba, en la última parte del siglo xix, con una teoría alternativa conocida como neolamarckismo, que compartía con la de Lamarck la importancia del uso y el desuso en el desarrollo y en la atrofia de los órganos. Pero los neolamarckistas añadían la noción de que el medio ambiente actúa directamente en las estructuras orgánicas, lo cual explica su adaptación al ambiente y al modo de vida del organismo. Los partidarios del neolamarckismo descartaban que la selección natural pudiera explicar la adaptación de los organismos al ambiente. Entre los defensores de la selección natural durante la segunda mitad del siglo XIX destaca el biólogo alemán August Weismann (1834-1914), quien durante la década de los años ochenta publicó su teoría del germoplasma. Weismann distinguía dos componentes en cada organismo: el soma, que comprende las principales partes del cuerpo y sus órganos, y el germoplasma, que contiene las células que dan origen a los gametos y, por tanto, a la descendencia. Poco después de comenzar el desarrollo del embrión a partir del huevo, el germoplasma se separa del soma; esto es, de las células que dan origen al resto del cuerpo. Esta noción de una separación radical entre el germen y soma lleva a Weismann a afirmar que la herencia de caracteres adquiridos es imposible, y abrió el camino triunfal para la selección natural como el único proceso que puede dar cuenta de las adaptaciones biológicas. Las ideas de Weismann fueron conocidas a partir de 1896 como el neodarwinismo, La teoría sintética El redescubrimiento en 1900 de la teoría mendeliana de la herencia (casi al mismo tiempo por el holandés Hugo de Vries y el alemán Carl Correns) llevó a poner énfasis en el papel de la herencia en la evolución. Hugo de Vries, por su parte, propuso una nueva teoría de la evolución, conocida como mutacionismo, que esencialmente elimina a la selección natural como el proceso principal en la evolución. De acuerdo con De Vries (y también con otros genéticos de principios del siglo XX, como el inglés William Bateson) hay dos tipos de variaciones en los organismos: un tipo consiste en la variación ordinaria observada entre los individuos de una especie; por ejemplo, variación en el color de los ojos o las flores, o variación en el tamaño. Este tipo de variaciones no tiene consecuencias últimas en la evolución, porque, según De Vries, «no puede llevar a traspasar los límites de la especie, incluso bajo las condiciones de la más fuerte y continua selección». El otro tipo consiste en las variaciones que surgen por mutación genética; esto es, alteraciones espontáneas de los genes que ocasionan grandes modificaciones de los organismos y que pueden dar origen a nuevas especies: «Una nueva especie se origina de repente, es producida a partir de una especie preexistente sin ninguna preparación visible y sin transición.» El mutacionismo propuesto por De Vries, para explicar el origen de las especies, fue rechazado por muchos naturalistas contemporáneos y también por los llamados biometristas, encabezados por el matemático inglés Kari Pearson. Según los biometristas, la selección natural es la causa principal de evolución, a través de los efectos acumulativos de variaciones pequeñas y continuas, tales como las que se observan entre individuos normales, con respecto al tamaño, la fecundidad, la longevidad, la adaptación a diversas condiciones ambientales y rasgos por el estilo. Estas variaciones se denominan métricas o cuantitativas, porque se pueden medir, y no son cualitativas, como las que distinguen, por ejemplo, las diversas razas de perros, gatos o ganado. Mutacionistas y biometristas se enzarzaron, durante las dos primeras décadas del siglo XX, en una agria polémica centrada en la cuestión de si las especies aparecen de forma repentina por mutaciones importantes {cualitativas}, o de manera gradual por acumulación de variaciones pequeñas (cuantitativas). Subyacente a esta controversia estaba el papel de la selección natural y el de la herencia mendeliana. A principios de siglo se creía frecuentemente que las variaciones cuantitativas observadas entre individuos no obedecían a las leyes mendelianas de la herencia. Los mutacionistas argüían que la herencia de variaciones cuantitativas (por ejemplo, el peso o el tamaño) era necesariamente «mezclada» y que por ello ni tales mutaciones, ni la selección natural que actúa sobre ellas podrían tener un papel importante en la evolución, debido al efecto, que ya Darwin había reconocido como problemático, de dilución de las variaciones ventajosas de una generación a otra. Los biometristas argüían, por el contrario, que el tipo de mutaciones observadas por De Vries y otros, y en general las variaciones cualitativas que obedecen a las leyes mendelianas, son anormalidades (llamadas en inglés sports y muy apreciadas para producir variedades llamativas en animales domésticos), que no contribuyen a mejorar la adaptación al ambiente, sino que son eliminadas por selección natural y, por tanto, carecen de importancia en el origen de las especies. Por el contrario, argüían, la evolución depende, sobre todo, de la selección natural, actuando en las variaciones métricas ampliamente presentes en los organismos de todo tipo. La resolución de la controversia entre mutacionistas y biometristas tuvo lugar entre las décadas de los años veinte y treinta. El primer paso fue descubrir que la herencia de las variaciones cuantitativas obedece a las leyes mendelianas; pero de manera que un carácter cuantitativo, tal como el tamaño de un ratón o el número de frutas en un árbol, está determinado por varios genes, cada uno de ellos con efecto muy pequeño. Varios genéticos teóricos pasaron entonces a demostrar matemáticamente que la selección natural, actuando de forma acumulativa sobre pequeñas variaciones, puede producir cambios evolutivos importantes en la forma y la función. Miembros distinguidos de este grupo de genéticos teóricos fueron Ronaid A. Fisher y J. B. S. Haldane, en el Reino Unido, y Sewail Wright, en Estados Unidos. Sus trabajos contribuyeron al rechazo del mutacionismo y, lo que es más importante, brindaron una estructura teórica para la integración de la genética con la teoría de Darwin sobre la selección natural. Estos descubrimientos teóricos, sin embargo, tuvieron inicialmente un impacto limitado entre los biólogos contemporáneos, porque fueron formulados en ecuaciones y lenguaje matemáticos que la mayoría de los evolucionistas no podían entender; también, debido a que estos descubrimientos, casi exclusivamente teóricos, tenían poca corroboración empírica, y, por último, a causa de que los problemas resueltos habían dejado de lado muchas otras materias de gran interés, como el proceso de la especiación. Un avance muy importante tuvo lugar en 1937 cuando el naturalista y genético estadounidense, pero ruso de nacimiento, Theodosius Dobzhansky publicó Genetics and the Orígin ofSpecies (La genética y el origen de las especies}. El libro de Dobzhansky da cuenta de una manera comprensible y detallada del proceso evolutivo en términos genéticos, apoyando los argumentos teóricos con evidencias empíricas. La genética y el origen de las especies puede ser considerada la contribución más importante a la formulación de lo que se conoce como la teoría sintética o la teoría moderna de la evolución, que integra efectivamente la selección natural darwiniana y la genética mendeliana. El libro de Dobzhansky tuvo un impacto notable entre los naturalistas y los biólogos experimemalistas, quienes aceptaron, casi de inmediato, la nueva teoría de la evolución como cambio en la constitución genética de las especies. El interés en el estudio de la evolución fue estimulado enormemente y una serie de contribuciones importantes a la teoría aparecieron en rápida sucesión, extendiendo la síntesis de la genética y la selección natural a otros campos de la biología. Entre los principales autores que, junto con Dobzhansky, contribuyeron a formular y extender la teoría sintética cabe destacar: en Estados Unidos, el zoólogo Ernst Mayr, el paleontólogo Georges G. Simpson y el botánico G. Ledyard Stebins; en Inglaterra, el zoólogo Julián Huxley; y en Alemania, Bernhard Rensch. En 1950 la aceptación de la teoría de Darwin de la evolución por selección natural ya era universal entre los biólogos, la teoría sintética era aceptada como correcta, y las controversias se limitaban a cuestiones de detalle. |
| |||
| Mendel y la genética La dificultad más seria con que se enfrentaba el darwinismo era la carencia de una teoría sobre la herencia que pudiera explicar la persistencia, de generación en generación, de las variaciones sobre las que actúa la selección natural. Las teorías de la herencia aceptadas en aquellos tiempos proponían que las características de los progenitores se mezclan en los hijos como lo hacen una pintura azul y una blanca dando un color intermedio. Como Darwin señalaba, si la herencia es «mezclada», no es fácil explicar el efecto de la selección natural en multiplicar las variaciones favorables. Si existe una variante ventajosa en un individuo dado, la ventaja se reduciría a la mitad en sus hijos, al mezclarse con la variante menos ventajosa presente en el otro progenitor. Las variantes favorables se diluirían rápidamente de generación en generación. El eslabón que faltaba para completar la cadena del argumento dar- winiano era la genética mendeliana. Durante la década de los años sesenta del siglo XIX, cuando el impacto de la teoría de Darwin comenzaba a notarse en varios países, el monje agustino Gregor Mendel llevaba a cabo experimentos con guisantes en el jardín de su monasterio en Brünn, Austria-Hungría (hoy Brno, República Checa). El artículo de Mendel, un ejemplo magistral de método científico, publicado en 1866 en los Proceedings de la Sociedad de Historia Natural de Brünn, formula los principios fundamentales de la teoría de la herencia, que aún hoy es vigente. La teoría da cuenta de la herencia biológica a través de pares de factores («genes»), heredados cada uno de un progenitor, que no se mezclan sino que se separan («segregan») el uno del otro en la formación de las células sexualeso gametos. Los descubrimientos de Mendel, sin embargo, permanecieron desconocidos para Darwin y, de hecho, no llegaron a ser generalmente conocidos hasta 1900, cuando fueron redescubiertos de forma simultánea por varios científicos en el continente. Mientras tanto el darwinismo se enfrentaba, en la última parte del siglo xix, con una teoría alternativa conocida como neolamarckismo, que compartía con la de Lamarck la importancia del uso y el desuso en el desarrollo y en la atrofia de los órganos. Pero los neolamarckistas añadían la noción de que el medio ambiente actúa directamente en las estructuras orgánicas, lo cual explica su adaptación al ambiente y al modo de vida del organismo. Los partidarios del neolamarckismo descartaban que la selección natural pudiera explicar la adaptación de los organismos al ambiente. Entre los defensores de la selección natural durante la segunda mitad del siglo XIX destaca el biólogo alemán August Weismann (1834-1914), quien durante la década de los años ochenta publicó su teoría del germoplasma. Weismann distinguía dos componentes en cada organismo: el soma, que comprende las principales partes del cuerpo y sus órganos, y el germoplasma, que contiene las células que dan origen a los gametos y, por tanto, a la descendencia. Poco después de comenzar el desarrollo del embrión a partir del huevo, el germoplasma se separa del soma; esto es, de las células que dan origen al resto del cuerpo. Esta noción de una separación radical entre el germen y soma lleva a Weismann a afirmar que la herencia de caracteres adquiridos es imposible, y abrió el camino triunfal para la selección natural como el único proceso que puede dar cuenta de las adaptaciones biológicas. Las ideas de Weismann fueron conocidas a partir de 1896 como el neodarwinismo, La teoría sintética El redescubrimiento en 1900 de la teoría mendeliana de la herencia (casi al mismo tiempo por el holandés Hugo de Vries y el alemán Carl Correns) llevó a poner énfasis en el papel de la herencia en la evolución. Hugo de Vries, por su parte, propuso una nueva teoría de la evolución, conocida como mutacionismo, que esencialmente elimina a la selección natural como el proceso principal en la evolución. De acuerdo con De Vries (y también con otros genéticos de principios del siglo XX, como el inglés William Bateson) hay dos tipos de variaciones en los organismos: un tipo consiste en la variación ordinaria observada entre los individuos de una especie; por ejemplo, variación en el color de los ojos o las flores, o variación en el tamaño. Este tipo de variaciones no tiene consecuencias últimas en la evolución, porque, según De Vries, «no puede llevar a traspasar los límites de la especie, incluso bajo las condiciones de la más fuerte y continua selección». El otro tipo consiste en las variaciones que surgen por mutación genética; esto es, alteraciones espontáneas de los genes que ocasionan grandes modificaciones de los organismos y que pueden dar origen a nuevas especies: «Una nueva especie se origina de repente, es producida a partir de una especie preexistente sin ninguna preparación visible y sin transición.» El mutacionismo propuesto por De Vries, para explicar el origen de las especies, fue rechazado por muchos naturalistas contemporáneos y también por los llamados biometristas, encabezados por el matemático inglés Kari Pearson. Según los biometristas, la selección natural es la causa principal de evolución, a través de los efectos acumulativos de variaciones pequeñas y continuas, tales como las que se observan entre individuos normales, con respecto al tamaño, la fecundidad, la longevidad, la adaptación a diversas condiciones ambientales y rasgos por el estilo. Estas variaciones se denominan métricas o cuantitativas, porque se pueden medir, y no son cualitativas, como las que distinguen, por ejemplo, las diversas razas de perros, gatos o ganado. Mutacionistas y biometristas se enzarzaron, durante las dos primeras décadas del siglo XX, en una agria polémica centrada en la cuestión de si las especies aparecen de forma repentina por mutaciones importantes {cualitativas}, o de manera gradual por acumulación de variaciones pequeñas (cuantitativas). Subyacente a esta controversia estaba el papel de la selección natural y el de la herencia mendeliana. A principios de siglo se creía frecuentemente que las variaciones cuantitativas observadas entre individuos no obedecían a las leyes mendelianas de la herencia. Los mutacionistas argüían que la herencia de variaciones cuantitativas (por ejemplo, el peso o el tamaño) era necesariamente «mezclada» y que por ello ni tales mutaciones, ni la selección natural que actúa sobre ellas podrían tener un papel importante en la evolución, debido al efecto, que ya Darwin había reconocido como problemático, de dilución de las variaciones ventajosas de una generación a otra. Los biometristas argüían, por el contrario, que el tipo de mutaciones observadas por De Vries y otros, y en general las variaciones cualitativas que obedecen a las leyes mendelianas, son anormalidades (llamadas en inglés sports y muy apreciadas para producir variedades llamativas en animales domésticos), que no contribuyen a mejorar la adaptación al ambiente, sino que son eliminadas por selección natural y, por tanto, carecen de importancia en el origen de las especies. Por el contrario, argüían, la evolución depende, sobre todo, de la selección natural, actuando en las variaciones métricas ampliamente presentes en los organismos de todo tipo. La resolución de la controversia entre mutacionistas y biometristas tuvo lugar entre las décadas de los años veinte y treinta. El primer paso fue descubrir que la herencia de las variaciones cuantitativas obedece a las leyes mendelianas; pero de manera que un carácter cuantitativo, tal como el tamaño de un ratón o el número de frutas en un árbol, está determinado por varios genes, cada uno de ellos con efecto muy pequeño. Varios genéticos teóricos pasaron entonces a demostrar matemáticamente que la selección natural, actuando de forma acumulativa sobre pequeñas variaciones, puede producir cambios evolutivos importantes en la forma y la función. Miembros distinguidos de este grupo de genéticos teóricos fueron Ronaid A. Fisher y J. B. S. Haldane, en el Reino Unido, y Sewail Wright, en Estados Unidos. Sus trabajos contribuyeron al rechazo del mutacionismo y, lo que es más importante, brindaron una estructura teórica para la integración de la genética con la teoría de Darwin sobre la selección natural. Estos descubrimientos teóricos, sin embargo, tuvieron inicialmente un impacto limitado entre los biólogos contemporáneos, porque fueron formulados en ecuaciones y lenguaje matemáticos que la mayoría de los evolucionistas no podían entender; también, debido a que estos descubrimientos, casi exclusivamente teóricos, tenían poca corroboración empírica, y, por último, a causa de que los problemas resueltos habían dejado de lado muchas otras materias de gran interés, como el proceso de la especiación. Un avance muy importante tuvo lugar en 1937 cuando el naturalista y genético estadounidense, pero ruso de nacimiento, Theodosius Dobzhansky publicó Genetics and the Orígin ofSpecies (La genética y el origen de las especies}. El libro de Dobzhansky da cuenta de una manera comprensible y detallada del proceso evolutivo en términos genéticos, apoyando los argumentos teóricos con evidencias empíricas. La genética y el origen de las especies puede ser considerada la contribución más importante a la formulación de lo que se conoce como la teoría sintética o la teoría moderna de la evolución, que integra efectivamente la selección natural darwiniana y la genética mendeliana. El libro de Dobzhansky tuvo un impacto notable entre los naturalistas y los biólogos experimemalistas, quienes aceptaron, casi de inmediato, la nueva teoría de la evolución como cambio en la constitución genética de las especies. El interés en el estudio de la evolución fue estimulado enormemente y una serie de contribuciones importantes a la teoría aparecieron en rápida sucesión, extendiendo la síntesis de la genética y la selección natural a otros campos de la biología. Entre los principales autores que, junto con Dobzhansky, contribuyeron a formular y extender la teoría sintética cabe destacar: en Estados Unidos, el zoólogo Ernst Mayr, el paleontólogo Georges G. Simpson y el botánico G. Ledyard Stebins; en Inglaterra, el zoólogo Julián Huxley; y en Alemania, Bernhard Rensch. En 1950 la aceptación de la teoría de Darwin de la evolución por selección natural ya era universal entre los biólogos, la teoría sintética era aceptada como correcta, y las controversias se limitaban a cuestiones de detalle. |
| |||
| On 16 mayo, 15:41, "El Oxito Del Arco Iris" <ElOxitoDelArcoI...***69.es> wrote: > " HISTORIA DE LAS IDEAS EVOLUCIONISTAS Mitos primitivos Todas las culturas humanas tienen mitos sobre el origen del mundo, del hombre y de las demás criaturas. La tradición judeo-cristiana atribuye el origen de los seres vivos a su creación por un Dios omnipotente, quien proveyó a los pájaros con alas para que pudieran volar, a los peces con agallas y aletas para vivir en el agua, y al hombre con inteligencia para dar culto a su Creador. Los filósofos de la Grecia clásica propusieron mitos sobre la creación, algunos de los cuales tienen reminiscencias evolucionistas. Anaximandro propuso que los animales pueden ser transformados de un tipo en otro. Empédocles especula con que los animales se forman como un rompecabezas, poniendo juntas partes preexistentes que se ajustan unas con otras en combinaciones funcionales: una cabeza con un cuerpo y cuatro patas y otras posibilidades por el estilo. Más cercanas a las ideas evolutivas modernas son las nociones propuestas por la Iglesia cristiana primitiva por pane de algunos padres de la misma. San Gregorio Nacianceno (c. 330-390) y San Agustín (354-430), por ejemplo, sostienen que no todas las especies de plantas y animales fueron creadas desde el principio por Dios, sino que algunas se han desarrollado en tiempos más recientes a partir de especies o «semillas» creadas por él. La motivación de estos autores religiosos no es proponer una teoría científica, sino avanzar una explicación posible de un hecho religioso. La Biblia describe el diluvio universal y que Noé incluyó en el arca una pareja de cada una de las especies vivientes. No hubiera sido posible en aquellos tiempos construir una embarcación suficientemente grande para contener y mantener a todas las especies conocidas. San Gregorio y San Agustín concluyeron, pues, en sus comentarios bíblicos con que no todas las especies existían ya en la época del arca de Noé; muchas de ellas aparecieron después del diluvio universal. La Edad Media y el Siglo de las Luces El interés en materias científicas durante la Edad Media era virtualmente nulo. La posibilidad de que los organismos pueden cambiar por procesos naturales aparece de forma incidental en los escritos de los dos grandes teólogos cristianos de la época, los dominicos San Alberto Magno (1200-1280) y su discípulo Santo Tomás de Aquino (1224-1274). Aquino, en particular, se plantea la cuestión de si es posible que larvas y moscas surjan de forma espontánea en la carne putrefacta y otras materias en descomposición, tal como se creía generalmente en su época. Enumera los argumentos filosóficos y teológicos a favor y en contra de tal creencia popular y llega a la conclusión de que no existen objeciones ni racionales ni teológicas en contra de la proposición de que ciertos animalitos puedan aparecer por generación espontánea a partir de materia muerta. Con un sentido común característico, Santo Tomás comenta al final de la discusión que él ni propone ni niega que tal cosa ocurra de hecho, pues éste es un asunto que no han de decidir ni teólogos ni filósofos, sino los científicos. La idea de progreso, en particular la creencia en el progreso humano ilimitado, es central en el pensamiento iluminista del siglo XVIII, sobre todo en Francia entre filósofos como el marqués de Condorcet (Jean Antoine Caritat, 1743-1794) y Denis Diderot (1713-1784) y científicos tales como Buffon. Pero su fe en el progreso no les llevó a concebir o defender una teoría de la evolución. El matemático Fierre Louis Moreau de Maupertuis (1698-1759) admite la generación espontánea y la extinción de especies, pero tampoco propone una teoría de evolución; esto es, la transformación de una especie en otra por medio de causas naturales. Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), uno de los grandes naturalistas de su tiempo, propone una teoría del origen de las especies por procesos naturales. Los organismos, según Buffon, aparecen por generación espontánea como consecuencia de la asociación de moléculas orgánicas, de manera que puede haber tantos tipos de animales y plantas como combinaciones viables de moléculas orgánicas. Pero esta teoría tiene poco en común con la de la evolución, tal como se entiende en sentido moderno. De hecho, Buffon plantea explícitamente, y rechaza, la posibilidad de que especies diversas puedan descender de un ancestro común. En Inglaterra el médico Erasmus Darwin (1713-1802), abuelo de Charles Darwin, en su libro Zoonomia especula sobre la transmutación de las especies vivientes, pero no desarrolla en detalle una teoría evolutiva. Sus ideas no tuvieron ninguna influencia real en las teorías evolutivas posteriores. Mucho más importante es la influencia del botánico sueco Carolus Linnaeus (1707-1778), autor del sistema jerárquico para la clasificación de plantas y animales que, aun cuando modernizado, está todavía en uso. Linnaeus mantiene la fijeza de las especies, que es una idea central de su sistema de clasificación; pero la organización jerárquica diseñada por él eventualmente contribuyó de manera importante en la aceptación de los conceptos de descendencia común y divergencia gradual, ya que éstos implican relaciones jerárquicas de parentesco y de diferenciación. Lamarck El gran naturalista francés Jean-Baptiste de Monet, caballero de Lamarck (1744-1829), aceptaba la perspectiva iluminista de su tiempo, es decir, que los organismos vivientes representan una progresión creciente de avance, con los humanos en la cumbre del proceso. A partir de esta idea, Lamarck propone en los primeros años del siglo XIX una teoría de la evolución biológica, la primera que es detallada, extensa y consistente, aunque tiempo después se demostrara que era errónea. Según Lamarck, los organismos evolucionan necesariamente a través del tiempo en un proceso que pasa de manera continua de formas más simples a otras más complejas. El proceso se repite sin cesar, de manera que los gusanos de hoy tendrán en eras posteriores como descendientes a seres humanos, igual que los humanos de hoy descienden de gusanos del pasado. Lamarck propone que, superpuestas al proceso necesario de evolución gradual ascendente, se dan modificaciones en los organismos en tanto que éstos se adaptan a su ambiente debido al cambio de sus hábitos. El uso de un miembro o un órgano lo refuerza y el desuso de los mismos conduce a su eliminación gradual. Las características adquiridas por uso y desuso, de acuerdo con esta teoría, son heredadas. Esta idea, posteriormente llamada herencia de caracteres adquiridos, fue rechazada en el siglo XX. Aunque la teoría lamarckiana no resistió el avance de nuevos conocimientos, contribuyó de manera importante a la gradual aceptación de la evolución biológica. Darwin El fundador de la teoría moderna de la evolución es Charles Darwin (1809-1882). Hijo y nieto de médicos, se inscribió como estudiante de medicina en la Universidad de Edimburgo. Después de dos años, abandonó estos estudios y se marchó a la Universidad de Cambridge con el fin de prepararse para ser clérigo. No fue un estudiante excepcional, pero estaba profundamente interesado en la historia natural. El 27 de diciembre de 1831, unos meses después de su graduación en la Universidad de Cambridge, Darwin zarpó, como naturalista, a bordo del HMS Beagle para realizar un viaje alrededor del mundo que duró hasta octubre de 1836. Pasó gran parte del tiempo en las costas de Sudamérica y visitó también Australia y muchos archipiélagos del Océano Pacífico, desembarcando con frecuencia para llevar a cabo viajes al interior con el fin de reunir especímenes de plantas y animales. El descubrimiento en Argentina de huesos fósiles de grandes mamíferos extintos y la observación de numerosas especies de pinzones en las islas de los Galápagos se incluyen entre los sucesos que llevaron a Darwin a interesarse en cómo se originan las especies. En 1859 publicó The Origin of Species {El origen de las especies), un tratado que expone la teoría de la evolución y. aún más importante, el papel de la selección natural en determinar su curso y explicar el diseño de los organismos. Publicó muchos otros libros en los años siguientes, entre ellos La descendencia humana y la selección en relación al sexo (1871), que extiende la teoría de la selección natural a la evolución humana. Darwin es considerado como un gran científico, pero debe serlo además como un revolucionario intelectual que inaugura una nueva era en la historia cultural de la humanidad. Darwin completa la revolución copernicana que empezó en los siglos XVI y XVII con los descubrimientos de Copérnico, Galileo y Newton que marcan los principios de la ciencia moderna. Los descubrimientos en astronomía y física de estos grandes científicos trastocaron las concepciones tradicionales sobre el universo. La Tierra deja de ser el centro del universo, como la concebían los griegos o los filósofos cristianos, y pasa a convertirse en un pequeño planeta que gira alrededor del Sol, una más de las miríadas de estrellas que existen en el universo. Las estaciones, las lluvias y otras particularidades del clima se convierten en procesos con causas naturales. Las rotaciones de los planetas son explicadas también por leyes naturales, las mismas que dan cuenta del movimiento de proyectiles y otros cuerpos en la Tierra. El significado global de estos descubrimientos no es simplemente que cambian ciertas concepciones particulares, tales como la noción de que la Tierra es el centro del universo. Más importante es que estos descubrimientos llevan a la concepción de que el universo es un sistema de materia en movimiento gobernado por leyes inmanentes. El funcionamiento del universo deja de ser atribuido a la inefable voluntad del Creador y pasa al dominio de la ciencia, que es una actividad intelectual que trata de explicar los fenómenos del universo por medio de causas naturales. Fenómenos como las mareas, los eclipses y la posición de los planetas pueden, pues, ser comprendidos como resultado de causas naturales y predecirse siempre que las causas sean conocidas de forma adecuada. La revolución copernicana consiste en la sustitución de una concepción animista del universo por una concepción causal, en el reemplazo de las explicaciones teológicas de los fenómenos naturales por las explicaciones científicas. |
| |
| |
| |||
| On 16 mayo, 15:41, "El Oxito Del Arco Iris" <ElOxitoDelArcoI...***69.es> wrote: > " HISTORIA DE LAS IDEAS EVOLUCIONISTAS Mitos primitivos Todas las culturas humanas tienen mitos sobre el origen del mundo, del hombre y de las demás criaturas. La tradición judeo-cristiana atribuye el origen de los seres vivos a su creación por un Dios omnipotente, quien proveyó a los pájaros con alas para que pudieran volar, a los peces con agallas y aletas para vivir en el agua, y al hombre con inteligencia para dar culto a su Creador. Los filósofos de la Grecia clásica propusieron mitos sobre la creación, algunos de los cuales tienen reminiscencias evolucionistas. Anaximandro propuso que los animales pueden ser transformados de un tipo en otro. Empédocles especula con que los animales se forman como un rompecabezas, poniendo juntas partes preexistentes que se ajustan unas con otras en combinaciones funcionales: una cabeza con un cuerpo y cuatro patas y otras posibilidades por el estilo. Más cercanas a las ideas evolutivas modernas son las nociones propuestas por la Iglesia cristiana primitiva por pane de algunos padres de la misma. San Gregorio Nacianceno (c. 330-390) y San Agustín (354-430), por ejemplo, sostienen que no todas las especies de plantas y animales fueron creadas desde el principio por Dios, sino que algunas se han desarrollado en tiempos más recientes a partir de especies o «semillas» creadas por él. La motivación de estos autores religiosos no es proponer una teoría científica, sino avanzar una explicación posible de un hecho religioso. La Biblia describe el diluvio universal y que Noé incluyó en el arca una pareja de cada una de las especies vivientes. No hubiera sido posible en aquellos tiempos construir una embarcación suficientemente grande para contener y mantener a todas las especies conocidas. San Gregorio y San Agustín concluyeron, pues, en sus comentarios bíblicos con que no todas las especies existían ya en la época del arca de Noé; muchas de ellas aparecieron después del diluvio universal. La Edad Media y el Siglo de las Luces El interés en materias científicas durante la Edad Media era virtualmente nulo. La posibilidad de que los organismos pueden cambiar por procesos naturales aparece de forma incidental en los escritos de los dos grandes teólogos cristianos de la época, los dominicos San Alberto Magno (1200-1280) y su discípulo Santo Tomás de Aquino (1224-1274). Aquino, en particular, se plantea la cuestión de si es posible que larvas y moscas surjan de forma espontánea en la carne putrefacta y otras materias en descomposición, tal como se creía generalmente en su época. Enumera los argumentos filosóficos y teológicos a favor y en contra de tal creencia popular y llega a la conclusión de que no existen objeciones ni racionales ni teológicas en contra de la proposición de que ciertos animalitos puedan aparecer por generación espontánea a partir de materia muerta. Con un sentido común característico, Santo Tomás comenta al final de la discusión que él ni propone ni niega que tal cosa ocurra de hecho, pues éste es un asunto que no han de decidir ni teólogos ni filósofos, sino los científicos. La idea de progreso, en particular la creencia en el progreso humano ilimitado, es central en el pensamiento iluminista del siglo XVIII, sobre todo en Francia entre filósofos como el marqués de Condorcet (Jean Antoine Caritat, 1743-1794) y Denis Diderot (1713-1784) y científicos tales como Buffon. Pero su fe en el progreso no les llevó a concebir o defender una teoría de la evolución. El matemático Fierre Louis Moreau de Maupertuis (1698-1759) admite la generación espontánea y la extinción de especies, pero tampoco propone una teoría de evolución; esto es, la transformación de una especie en otra por medio de causas naturales. Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), uno de los grandes naturalistas de su tiempo, propone una teoría del origen de las especies por procesos naturales. Los organismos, según Buffon, aparecen por generación espontánea como consecuencia de la asociación de moléculas orgánicas, de manera que puede haber tantos tipos de animales y plantas como combinaciones viables de moléculas orgánicas. Pero esta teoría tiene poco en común con la de la evolución, tal como se entiende en sentido moderno. De hecho, Buffon plantea explícitamente, y rechaza, la posibilidad de que especies diversas puedan descender de un ancestro común. En Inglaterra el médico Erasmus Darwin (1713-1802), abuelo de Charles Darwin, en su libro Zoonomia especula sobre la transmutación de las especies vivientes, pero no desarrolla en detalle una teoría evolutiva. Sus ideas no tuvieron ninguna influencia real en las teorías evolutivas posteriores. Mucho más importante es la influencia del botánico sueco Carolus Linnaeus (1707-1778), autor del sistema jerárquico para la clasificación de plantas y animales que, aun cuando modernizado, está todavía en uso. Linnaeus mantiene la fijeza de las especies, que es una idea central de su sistema de clasificación; pero la organización jerárquica diseñada por él eventualmente contribuyó de manera importante en la aceptación de los conceptos de descendencia común y divergencia gradual, ya que éstos implican relaciones jerárquicas de parentesco y de diferenciación. Lamarck El gran naturalista francés Jean-Baptiste de Monet, caballero de Lamarck (1744-1829), aceptaba la perspectiva iluminista de su tiempo, es decir, que los organismos vivientes representan una progresión creciente de avance, con los humanos en la cumbre del proceso. A partir de esta idea, Lamarck propone en los primeros años del siglo XIX una teoría de la evolución biológica, la primera que es detallada, extensa y consistente, aunque tiempo después se demostrara que era errónea. Según Lamarck, los organismos evolucionan necesariamente a través del tiempo en un proceso que pasa de manera continua de formas más simples a otras más complejas. El proceso se repite sin cesar, de manera que los gusanos de hoy tendrán en eras posteriores como descendientes a seres humanos, igual que los humanos de hoy descienden de gusanos del pasado. Lamarck propone que, superpuestas al proceso necesario de evolución gradual ascendente, se dan modificaciones en los organismos en tanto que éstos se adaptan a su ambiente debido al cambio de sus hábitos. El uso de un miembro o un órgano lo refuerza y el desuso de los mismos conduce a su eliminación gradual. Las características adquiridas por uso y desuso, de acuerdo con esta teoría, son heredadas. Esta idea, posteriormente llamada herencia de caracteres adquiridos, fue rechazada en el siglo XX. Aunque la teoría lamarckiana no resistió el avance de nuevos conocimientos, contribuyó de manera importante a la gradual aceptación de la evolución biológica. Darwin El fundador de la teoría moderna de la evolución es Charles Darwin (1809-1882). Hijo y nieto de médicos, se inscribió como estudiante de medicina en la Universidad de Edimburgo. Después de dos años, abandonó estos estudios y se marchó a la Universidad de Cambridge con el fin de prepararse para ser clérigo. No fue un estudiante excepcional, pero estaba profundamente interesado en la historia natural. El 27 de diciembre de 1831, unos meses después de su graduación en la Universidad de Cambridge, Darwin zarpó, como naturalista, a bordo del HMS Beagle para realizar un viaje alrededor del mundo que duró hasta octubre de 1836. Pasó gran parte del tiempo en las costas de Sudamérica y visitó también Australia y muchos archipiélagos del Océano Pacífico, desembarcando con frecuencia para llevar a cabo viajes al interior con el fin de reunir especímenes de plantas y animales. El descubrimiento en Argentina de huesos fósiles de grandes mamíferos extintos y la observación de numerosas especies de pinzones en las islas de los Galápagos se incluyen entre los sucesos que llevaron a Darwin a interesarse en cómo se originan las especies. En 1859 publicó The Origin of Species {El origen de las especies), un tratado que expone la teoría de la evolución y. aún más importante, el papel de la selección natural en determinar su curso y explicar el diseño de los organismos. Publicó muchos otros libros en los años siguientes, entre ellos La descendencia humana y la selección en relación al sexo (1871), que extiende la teoría de la selección natural a la evolución humana. Darwin es considerado como un gran científico, pero debe serlo además como un revolucionario intelectual que inaugura una nueva era en la historia cultural de la humanidad. Darwin completa la revolución copernicana que empezó en los siglos XVI y XVII con los descubrimientos de Copérnico, Galileo y Newton que marcan los principios de la ciencia moderna. Los descubrimientos en astronomía y física de estos grandes científicos trastocaron las concepciones tradicionales sobre el universo. La Tierra deja de ser el centro del universo, como la concebían los griegos o los filósofos cristianos, y pasa a convertirse en un pequeño planeta que gira alrededor del Sol, una más de las miríadas de estrellas que existen en el universo. Las estaciones, las lluvias y otras particularidades del clima se convierten en procesos con causas naturales. Las rotaciones de los planetas son explicadas también por leyes naturales, las mismas que dan cuenta del movimiento de proyectiles y otros cuerpos en la Tierra. El significado global de estos descubrimientos no es simplemente que cambian ciertas concepciones particulares, tales como la noción de que la Tierra es el centro del universo. Más importante es que estos descubrimientos llevan a la concepción de que el universo es un sistema de materia en movimiento gobernado por leyes inmanentes. El funcionamiento del universo deja de ser atribuido a la inefable voluntad del Creador y pasa al dominio de la ciencia, que es una actividad intelectual que trata de explicar los fenómenos del universo por medio de causas naturales. Fenómenos como las mareas, los eclipses y la posición de los planetas pueden, pues, ser comprendidos como resultado de causas naturales y predecirse siempre que las causas sean conocidas de forma adecuada. La revolución copernicana consiste en la sustitución de una concepción animista del universo por una concepción causal, en el reemplazo de las explicaciones teológicas de los fenómenos naturales por las explicaciones científicas. |
| |||
| On 16 mayo, 15:41, "El Oxito Del Arco Iris" <ElOxitoDelArcoI...***69.es> wrote: > " HISTORIA DE LAS IDEAS EVOLUCIONISTAS Mitos primitivos Todas las culturas humanas tienen mitos sobre el origen del mundo, del hombre y de las demás criaturas. La tradición judeo-cristiana atribuye el origen de los seres vivos a su creación por un Dios omnipotente, quien proveyó a los pájaros con alas para que pudieran volar, a los peces con agallas y aletas para vivir en el agua, y al hombre con inteligencia para dar culto a su Creador. Los filósofos de la Grecia clásica propusieron mitos sobre la creación, algunos de los cuales tienen reminiscencias evolucionistas. Anaximandro propuso que los animales pueden ser transformados de un tipo en otro. Empédocles especula con que los animales se forman como un rompecabezas, poniendo juntas partes preexistentes que se ajustan unas con otras en combinaciones funcionales: una cabeza con un cuerpo y cuatro patas y otras posibilidades por el estilo. Más cercanas a las ideas evolutivas modernas son las nociones propuestas por la Iglesia cristiana primitiva por pane de algunos padres de la misma. San Gregorio Nacianceno (c. 330-390) y San Agustín (354-430), por ejemplo, sostienen que no todas las especies de plantas y animales fueron creadas desde el principio por Dios, sino que algunas se han desarrollado en tiempos más recientes a partir de especies o «semillas» creadas por él. La motivación de estos autores religiosos no es proponer una teoría científica, sino avanzar una explicación posible de un hecho religioso. La Biblia describe el diluvio universal y que Noé incluyó en el arca una pareja de cada una de las especies vivientes. No hubiera sido posible en aquellos tiempos construir una embarcación suficientemente grande para contener y mantener a todas las especies conocidas. San Gregorio y San Agustín concluyeron, pues, en sus comentarios bíblicos con que no todas las especies existían ya en la época del arca de Noé; muchas de ellas aparecieron después del diluvio universal. La Edad Media y el Siglo de las Luces El interés en materias científicas durante la Edad Media era virtualmente nulo. La posibilidad de que los organismos pueden cambiar por procesos naturales aparece de forma incidental en los escritos de los dos grandes teólogos cristianos de la época, los dominicos San Alberto Magno (1200-1280) y su discípulo Santo Tomás de Aquino (1224-1274). Aquino, en particular, se plantea la cuestión de si es posible que larvas y moscas surjan de forma espontánea en la carne putrefacta y otras materias en descomposición, tal como se creía generalmente en su época. Enumera los argumentos filosóficos y teológicos a favor y en contra de tal creencia popular y llega a la conclusión de que no existen objeciones ni racionales ni teológicas en contra de la proposición de que ciertos animalitos puedan aparecer por generación espontánea a partir de materia muerta. Con un sentido común característico, Santo Tomás comenta al final de la discusión que él ni propone ni niega que tal cosa ocurra de hecho, pues éste es un asunto que no han de decidir ni teólogos ni filósofos, sino los científicos. La idea de progreso, en particular la creencia en el progreso humano ilimitado, es central en el pensamiento iluminista del siglo XVIII, sobre todo en Francia entre filósofos como el marqués de Condorcet (Jean Antoine Caritat, 1743-1794) y Denis Diderot (1713-1784) y científicos tales como Buffon. Pero su fe en el progreso no les llevó a concebir o defender una teoría de la evolución. El matemático Fierre Louis Moreau de Maupertuis (1698-1759) admite la generación espontánea y la extinción de especies, pero tampoco propone una teoría de evolución; esto es, la transformación de una especie en otra por medio de causas naturales. Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), uno de los grandes naturalistas de su tiempo, propone una teoría del origen de las especies por procesos naturales. Los organismos, según Buffon, aparecen por generación espontánea como consecuencia de la asociación de moléculas orgánicas, de manera que puede haber tantos tipos de animales y plantas como combinaciones viables de moléculas orgánicas. Pero esta teoría tiene poco en común con la de la evolución, tal como se entiende en sentido moderno. De hecho, Buffon plantea explícitamente, y rechaza, la posibilidad de que especies diversas puedan descender de un ancestro común. En Inglaterra el médico Erasmus Darwin (1713-1802), abuelo de Charles Darwin, en su libro Zoonomia especula sobre la transmutación de las especies vivientes, pero no desarrolla en detalle una teoría evolutiva. Sus ideas no tuvieron ninguna influencia real en las teorías evolutivas posteriores. Mucho más importante es la influencia del botánico sueco Carolus Linnaeus (1707-1778), autor del sistema jerárquico para la clasificación de plantas y animales que, aun cuando modernizado, está todavía en uso. Linnaeus mantiene la fijeza de las especies, que es una idea central de su sistema de clasificación; pero la organización jerárquica diseñada por él eventualmente contribuyó de manera importante en la aceptación de los conceptos de descendencia común y divergencia gradual, ya que éstos implican relaciones jerárquicas de parentesco y de diferenciación. Lamarck El gran naturalista francés Jean-Baptiste de Monet, caballero de Lamarck (1744-1829), aceptaba la perspectiva iluminista de su tiempo, es decir, que los organismos vivientes representan una progresión creciente de avance, con los humanos en la cumbre del proceso. A partir de esta idea, Lamarck propone en los primeros años del siglo XIX una teoría de la evolución biológica, la primera que es detallada, extensa y consistente, aunque tiempo después se demostrara que era errónea. Según Lamarck, los organismos evolucionan necesariamente a través del tiempo en un proceso que pasa de manera continua de formas más simples a otras más complejas. El proceso se repite sin cesar, de manera que los gusanos de hoy tendrán en eras posteriores como descendientes a seres humanos, igual que los humanos de hoy descienden de gusanos del pasado. Lamarck propone que, superpuestas al proceso necesario de evolución gradual ascendente, se dan modificaciones en los organismos en tanto que éstos se adaptan a su ambiente debido al cambio de sus hábitos. El uso de un miembro o un órgano lo refuerza y el desuso de los mismos conduce a su eliminación gradual. Las características adquiridas por uso y desuso, de acuerdo con esta teoría, son heredadas. Esta idea, posteriormente llamada herencia de caracteres adquiridos, fue rechazada en el siglo XX. Aunque la teoría lamarckiana no resistió el avance de nuevos conocimientos, contribuyó de manera importante a la gradual aceptación de la evolución biológica. Darwin El fundador de la teoría moderna de la evolución es Charles Darwin (1809-1882). Hijo y nieto de médicos, se inscribió como estudiante de medicina en la Universidad de Edimburgo. Después de dos años, abandonó estos estudios y se marchó a la Universidad de Cambridge con el fin de prepararse para ser clérigo. No fue un estudiante excepcional, pero estaba profundamente interesado en la historia natural. El 27 de diciembre de 1831, unos meses después de su graduación en la Universidad de Cambridge, Darwin zarpó, como naturalista, a bordo del HMS Beagle para realizar un viaje alrededor del mundo que duró hasta octubre de 1836. Pasó gran parte del tiempo en las costas de Sudamérica y visitó también Australia y muchos archipiélagos del Océano Pacífico, desembarcando con frecuencia para llevar a cabo viajes al interior con el fin de reunir especímenes de plantas y animales. El descubrimiento en Argentina de huesos fósiles de grandes mamíferos extintos y la observación de numerosas especies de pinzones en las islas de los Galápagos se incluyen entre los sucesos que llevaron a Darwin a interesarse en cómo se originan las especies. En 1859 publicó The Origin of Species {El origen de las especies), un tratado que expone la teoría de la evolución y. aún más importante, el papel de la selección natural en determinar su curso y explicar el diseño de los organismos. Publicó muchos otros libros en los años siguientes, entre ellos La descendencia humana y la selección en relación al sexo (1871), que extiende la teoría de la selección natural a la evolución humana. Darwin es considerado como un gran científico, pero debe serlo además como un revolucionario intelectual que inaugura una nueva era en la historia cultural de la humanidad. Darwin completa la revolución copernicana que empezó en los siglos XVI y XVII con los descubrimientos de Copérnico, Galileo y Newton que marcan los principios de la ciencia moderna. Los descubrimientos en astronomía y física de estos grandes científicos trastocaron las concepciones tradicionales sobre el universo. La Tierra deja de ser el centro del universo, como la concebían los griegos o los filósofos cristianos, y pasa a convertirse en un pequeño planeta que gira alrededor del Sol, una más de las miríadas de estrellas que existen en el universo. Las estaciones, las lluvias y otras particularidades del clima se convierten en procesos con causas naturales. Las rotaciones de los planetas son explicadas también por leyes naturales, las mismas que dan cuenta del movimiento de proyectiles y otros cuerpos en la Tierra. El significado global de estos descubrimientos no es simplemente que cambian ciertas concepciones particulares, tales como la noción de que la Tierra es el centro del universo. Más importante es que estos descubrimientos llevan a la concepción de que el universo es un sistema de materia en movimiento gobernado por leyes inmanentes. El funcionamiento del universo deja de ser atribuido a la inefable voluntad del Creador y pasa al dominio de la ciencia, que es una actividad intelectual que trata de explicar los fenómenos del universo por medio de causas naturales. Fenómenos como las mareas, los eclipses y la posición de los planetas pueden, pues, ser comprendidos como resultado de causas naturales y predecirse siempre que las causas sean conocidas de forma adecuada. La revolución copernicana consiste en la sustitución de una concepción animista del universo por una concepción causal, en el reemplazo de las explicaciones teológicas de los fenómenos naturales por las explicaciones científicas. |