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Antiguo 22-06-2008, 10:40:33
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Predeterminado LA PLACENTA ES ANTIDARWINISTA.

Las teorías de Darwin y sus mitos (X)

El órgano fundamental, que sirve para distinguir entre los principales
grupos de mamíferos, es sin duda, la placenta. Pues bien, no es
posible explicar la placenta mediante la teoría de la evolución.
Veamos por qué.





Su presencia o ausencia permitió a Linneo en el siglo XVIII clasificar
por separado los mamíferos placentarios o Euterios de los marsupiales
o Metaterios. Todos los mamíferos que como el canguro carecen de
placenta, vienen al mundo en un estado realmente precario. Nacen muy
pronto y por lo tanto, su cuerpo tiene reducidas dimensiones. Desde el
orificio materno por donde han visto la luz deben trepar
trabajosamente hasta la bolsa marsupial. La madre no suele ayudarles
demasiado en este viaje. Si, accidentalmente llegaran a desviarse de
su camino, ésta contemplaría impasible la escena, lamiéndose, a lo
sumo, la piel de la región, para facilitar el ascenso, pero sin
recoger al pequeño, si éste llegara a caerse. Los embriones que
felizmente superan la prueba y consiguen alcanzar la enorme bolsa, son
recompensados de inmediato. Una glándula mamaria con nutritiva leche
les espera en el fondo del marsupio. En cuanto llega, el pequeño
cangurito abre la boca desesperadamente y empieza a tragar el fluido
vital. Allí permanecerá chupando hasta que esté en condiciones de
sacar la cabeza de la bolsa y observar el mundo que le rodea.

Todas estas dificultades se las ahorran los mamíferos placentarios.
Los seres humanos, por ejemplo, podemos permanecer hasta nueve meses
en el claustro materno. Pero desde luego, no somos los que batimos el
récord. Nos supera la jirafa con 15 meses y el elefante índico con
casi 23 meses de gestación. Claro que aquí influye decisivamente el
tamaño corporal. Durante todo este periodo de desarrollo embrionario
se van completando las estructuras del individuo y al producirse el
parto, éste está más preparado para valerse por sí mismo. Las jirafas
recién nacidas tardan sólo una hora en empezar a caminar y seguir a
sus madres.

La placenta es pues un órgano ventajoso para los animales que lo
poseen y sumamente interesante desde el punto de vista zoológico. Las
funciones que realiza son variadas. Por una simple diferencia de
presión, el embrión es capaz de absorber oxígeno y eliminar dióxidode
carbono a través de ella. Los glúcidos la atraviesan sin obstáculo,
mientras que las proteínas son seleccionadas meticulosamente. La
placenta no es simplemente un filtro, sino un dispositivo capaz de
seleccionar lo que conviene y lo que no. Puede expulsar los desechos
del embrión y fabricar varios tipos de hormonas. Desde la perspectiva
de la anatomía comparada, la placenta sería evidentemente un órgano
homólogo en todas las especies de mamíferos que la presentan. Su
estructura fundamental en los placentarios sugeriría, según la
concepción evolucionista, un origen común de todos ellos. La propia
definición de homología, impone la condición de que los órganos
homólogos, deben tener un valor evolutivo. Si se les niega tal valor
el mismo concepto de homología no tiene sentido.

Sin embargo, cuando se pretende profundizar en el estudio de la
placenta en los diferentes órdenes de mamíferos, sorprenden las
declaraciones del eminente profesor de zoología, el Dr. Grassé. Cuando
explica los tipos de placenta dice: “Este órgano embrionario, medio
materno, medio fetal, presenta grandes diferencias estructurales de un
orden de mamíferos a otro. Estas diferencias no parecen tener un valor
filogenético importante.” (Grassé, 1978) ¿Cómo es posible que las
diferencias entre órganos homólogos no tengan valor evolutivo? La
anatomía comparada reconoce, en los mamíferos cuatro tipos de
placenta. Las diferencias que permiten tal clasificación se basan
fundamentalmente en el número de capas de tejidos celulares que
separan la sangre del embrión de la sangre materna.

En la placenta “epiteliocorial” seis capas separan las dos sangres.
Este tipo se da en caballos, camellos, cerdos, delfines y demás
cetáceos, algunos rumiantes y la mayoría de los simios. La placenta
“sindesmocorial” posee cinco capas y es propia de ovejas, vacas,
antílopes y ciervos. Cuatro capas separan las sangres materna y filial
en la placenta “endoteliocorial”, que se da en los carnívoros tales
como perros, gatos, osos, focas y todas las demás familias, así como
en los insectívoros al que pertenece el topo. Finalmente la placenta
“hemocorial” con sólo tres capas y que los seres humanos compartimos
con los monos antropomorfos pero también con ratas, conejos, erizos,
murciélagos, castores, cobayas y elefantes. ¿Se puede entender todo
esto? ¿Tiene sentido evolutivo o filogenético todo este puzzle
evolutivo? Con razón se afirma que no parecen tener valor evolutivo.
Si alguna cosa demuestra el estudio comparado de la placenta es que no
existe una gradación evolutiva de lo simple a lo complejo en los
mamíferos actuales. No se puede distinguir entre placentarios
primitivos y evolucionados.

¿Qué tipo de placenta debería poseer el antepasado común de los
mamíferos placentarios? ¿Hay algún tipo de estos cuatro que sea más
primitivo que los demás? Vogel y Angermann responden que no. Para
decirlo en sus propias palabras: “No puede decirse que la serie de
familias de mamíferos vivientes, provistos de una placenta
epiteliocorial, sean formas primitivas; al contrario, están
extremadamente especializadas, como lo demuestran su estructura
fisiológica y sus funciones. Los grandes ungulados con placenta
epiteliocorial tienen un período de gestación tan largo como el del
hombre y dan a luz crías que están muy desarrolladas”. (Vogel &
Angermann, 1974) Sin embargo, existen autores que parecen negarse a
aceptar la evidencia de los hechos y prefieren ver grados de
perfección entre los diferentes tipos placentarios.

Nuestro ilustre paleontólogo, el Dr. Miguel Crusafont, de quién tuve
el privilegio de ser alumno en la Universidad de Barcelona, decía:
“...la característica de una placenta homocorial que representa un
grado más perfecto dentro del tipo endoteliocorial, ya que en ella las
vellosidades del corión se bañan en las lagunas de sange materna,
asegurando así todos los intercambios tróficos entre el embrión y la
madre. Este estadio es ya el que algunos órdenes de Mamíferos, entre
ellos los Primates, de manera que es el que corresponde al hombre”.
(Crusafont, La evolución, 1976) Pero lo que no se dice es que además
de los primates este tipo homocorial de placenta, se da también en
ratas, conejos, erizos, murciélagos y elefantes. Si se tienen en
cuenta los hipotéticos “grados de perfección” ¿Cómo explicar
filogenéticamente que los ratones sean más perfectos que los perros o
los delfines inferiores a los conejos? ¿Por qué un erizo o un
murciélago deben tener una placenta más perfecta que un camello o un
lémur de Madagascar?

Cuando se hacen tales afirmaciones incompletas se corre el peligro de
confundir o faltar a la verdad. Veamos un ejemplo. El famoso
evolucionista Sir Gavin de Beer, intentando argumentar la afinidad
entre el hombre y los monos antropomorfos, afirmaba que: “La placenta
del gorila es tan similar a la del hombre, que es casi imposible
distinguirla”. (de Beer, 1970) Pero lo cierto es que también es
similar a la del cobaya, del castor y del topo. ¿Por qué no se añaden
estos datos?

Las diferencias que muestra la placenta en los mamíferos no permite
definir las características del hipotético antepasado común, sino que
constituye una evidencia contraria a la evolución de los mamíferos
placentarios. No todos los ejemplos que pueden citarse de órganos
homólogos demuestran vínculos evolutivos. Lo que ocurre es que tales
homologías son descartadas de las listas de evidencias o simplemente
se silencian porque no responden a las expectativas evolucionistas.


Artículos anteriores de esta serie:

1 La selección natural de Darwin
2 El mito del darwinismo social
3 La caja negra de Darwin
4 Fanatismo evolucionista y creacionista
5 Cuando la clasificación contradice la evolución
6 El misterio de Darwin desplaza al de Aristóteles
7 Semejanza, convergencia y evolución
8 Semejanza darwiniana: analogía y homología
9 ¿Antecesor común o Diseñador único?




Antonio Cruz es biólogo, profesor y escritor.


© A. C. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

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