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| El autor de este artículo, el Dr. Stephen C. Meyer, nos dirige a un acercamiento un tanto diferente al tema de la Evolución. Su preparación en la Historia y Filosofía de la Ciencia le acreditan para ello. Ante un tema tan complejo y basto el autor nos lleva de la mano en un recorrido por el desarrollo del pensamiento científico en lo que respecta a la Evolución. En ese camino nos espera más de una sorpresa. Según avanza la historia, desde Darwin hasta la Biología Molecular (pasando por Watson Y Crick), tenemos la oportunidad de observar cómo el cúmulo de conocimiento que se añade al tema se rehusa a compaginar con el modelo evolucionista. Un poco de Historia La complejidad celular Oparin y Miller Complicado ensamblaje ADN y su “diseño” Durante dos milenios, el argumento del diseño ha aportado el fundamento intelectual a una gran parte del pensamiento occidental. Desde la antigüedad clásica hasta el advenimiento de la ciencia moderna, los más insignes filósofos, teólogos y científicos, de Platón a Santo Tomás de Aquino y a Newton, han mantenido que la naturaleza manifiesta un diseño de una mente o inteligencia preexistente. Además, para muchos pensadores occidentales, la idea de que el universo físico reflejaba el propósito o diseño de una mente preexistente, el Creador, servía para garantizar el sentido de propósito y significado de la misma humanidad. Sin embargo en la actualidad, en casi todas las disciplinas académicas, desde el derecho a la teoría literaria, y de la ciencia del comportamiento a la biología, ha llegado a dominar un entendimiento totalmente materialista de la humanidad y su lugar en el universo. Libre albedrío, significado, propósito y Dios, se han convertido en términos peyorativos en el mundo académico. La materia pasa a la categoría de la mente y el cosmos reemplaza al Creador. Un poco de Historia Ir arriba Las razones de este cambio intelectual son sin duda complejas, aunque claramente la eliminación del propio argumento del diseño ha jugado un importante papel en la pérdida del pensamiento occidental tradicional. Empezando en la Ilustración filósofos, tales como David Hume, promovieron objeciones aparentemente poderosas en contra del argumento del diseño. Hume proclamó que los clásicos argumentos del diseño se basaban en una errónea y frágil analogía entre los organismos vivos y los artefactos humanos. Aunque, para la mayoría, el rechazo al diseño no se basaba en los argumentos de los filósofos sino en las teorías de los científicos, y en particular en las de Carlos Darwin. Darwin argumentaba que si el origen de las especies se pudiera explicar de forma natural, las justificaciones implicando a un diseñador inteligente serían innecesarias e incluso superfluas. Realmente, como ha señalado Richard Dawkins, fue Darwin [quién] hizo posible ser un ateo intelectualmente satisfecho. Así pues, desde el final del siglo diecinueve la mayor parte de los biólogos han rechazado la idea de que los organismos vivos manifiestan evidencias de un diseño inteligente. Aunque muchos de ellos reconocen la presencia de diseño en los sistemas biológicos, insisten que el Darwinismo o el Neodarwinismo explica cómo esta aparición surge naturalmente, es decir, sin requerir un agente o inteligencia directora. Los seguidores de Darwin, los modernos Neodarwinistas, generalmente aceptan que la selección natural actuando según una variación al azar puede explicar la apariencia de diseño en los organismos vivos. La complejidad celular Ir arriba Sin embargo, irrespectivo de la evaluación que uno haga de la capacidad explicatoria del Darwinismo (o el Neodarwinismo moderno), la apariencia del diseño en por lo menos un importante campo de la biología no puede ser fácilmente excluida. Durante la segunda mitad del siglo veinte, los avances en biología molecular y en bioquímica han revolucionado nuestra comprensión del mundo microscópico en el interior de la célula. La investigación científica ha revelado que las células, las unidades fundamentales de la vida, almacenan, transmiten y editan información, siendo utilizada ésta para regular sus procesos metabólicos más importantes. Lejos de la caracterización de las células como simples “glóbulos homogéneos del plasma” que hicieron Ernst Haeckel y otros biólogos del siglo diecinueve, los científicos describen actualmente las células, entre otras cosas, como “ordenadores distributivas en tiempo real” o sistemas complejos de procesamiento de información. Darwin, obviamente, ni conocía estas complejidades ni pretendió explicar su origen. En cambio, su teoría de la evolución biológica trataba de explicar cómo la vida podía haberse desarrollado gradualmente de forma compleja a partir de “una o algunas formas simples.” Por consiguiente, hablando con rigor, todo el que insiste que el mecanismo exclusivamente naturalista de Darwin puede explicar la aparición de diseño en biología, exagera su argumento. La complejidad dentro del microcosmos de la célula reclama una cierta explicación. Aquellos se fundamentan en el marco estricto de la teoría evolutiva biológica, que presupone, más que explica, la existencia de la primera vida y de la información que ésta necesitó. La teoría de Darwin trataba de explicar el origen de las nuevas formas de vida a través de formas más simples, sin embargo no explicaba cómo la primera forma viva, posiblemente una simple célula, pudo haber surgido inicialmente. No obstante, en las décadas de 1870 y 1880 los científicos suponían que sería bastante fácil establecer una explicación del origen de la vida. Por una parte, pensaban que lo vivo estaba constituido fundamentalmente por una sustancia bastante simple llamada protoplasma, que podía fácilmente ser construida combinando y recombinando componentes químicos simples como dióxido de carbono, oxígeno y nitrógeno. Las primeras teorías sobre el origen de la vida reflejan esta visión. Haeckel asoció la “autogénesis” celular, como él la llamaba, con el proceso de cristalización inorgánica. El contemporáneo inglés de Haeckel, T.H. Huxley, propuso un simple método de dos etapas de recombinación química para explicar el origen de la primera célula. Así pues, Haeckel y Huxley pensaron que de la misma manera que la sal se puede formar espontáneamente añadiendo sodio al cloruro, una célula viva podría ser formada mezclando varios constituyentes químicos y permitiendo que las reacciones químicas espontáneas produjeran la sustancia protoplasmática simple que suponían era la esencia de la vida. Oparin y Miller Ir arriba Durante las décadas de 1920 y 1930 fue propuesta una versión más sofisticada de la denominada “teoría evolutiva química” por el bioquímico ruso Alexander I. Oparin. Oparin tenía una comprensión mucho más precisa que sus predecesores de la complejidad del metabolismo celular, aunque ni él ni nadie intuían totalmente en aquella época la complejidad de moléculas necesarias para la vida, tales como las proteínas y el ADN. Oparin, como sus predecesores del siglo diecinueve, sugirió que la vida se podría haber originado inicialmente como resultado de una serie de reacciones químicas. Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, imaginó que este proceso de evolución química implicaría muchas más reacciones y transformaciones químicas y duraría muchos cientos (o incluso miles) de millones de años. El primer apoyo experimental a la hipótesis de Oparin se produjo en diciembre de 1952. En esa época Stanley Miller, estudiante graduado de Harold Urey de la Universidad de Chicago, hizo circular una mezcla gaseosa de metano, amoniaco, vapor de agua e hidrógeno en un recipiente de vidrio en el que había una cámara de descarga eléctrica. Miller aplicó descargas eléctricas de alto voltaje en la cámara a través de filamentos de tungsteno intentando simular los efectos de la luz ultravioleta sobre los gases de la atmósfera prebiótica. Después de dos días, Miller obtuvo una pequeña cantidad (2 por ciento) de aminoácidos en el fondo del recipiente que, separado por un conducto en horquilla de la cámara de descarga, utilizó para recoger los productos de la reacción. El éxito de Miller en la producción de “componentes básicos” biológicamente importantes bajo condiciones aparentemente prebióticas fue proclamado como un gran hallazgo. Su experimento parecía proporcionar apoyo experimental a la teoría evolutiva química de Oparin mostrando que una importante etapa en su elucubración, la producción de componentes básicos biológicos a partir de gases atmosféricos simples, fue posible en la Tierra primitiva. Los resultados experimentales de Miller introdujeron de manera inmediata al modelo de Oparin en la categoría de conocimiento ortodoxo citado en los libros de texto. Gracias fundamentalmente a Miller, actualmente la evolución química se presenta habitualmente tanto en libros escolares como en textos universitarios de biología como una explicación científica aceptada de el origen de la vida. Sin embargo, como veremos, se sabe ahora que la teoría de la evolución química está plagada de inconsistencias; y la obra de Miller es considerada por parte de la comunidad científica que estudia el origen de la vida, como teniendo poca, si alguna, relevancia para explicar cómo los aminoácidos —y más aún las proteínas o las células vivas— pudieron haber realmente surgido de la Tierra primitiva. Cuando Miller llevó a cabo sus experimentos, supuso que la atmósfera de la Tierra estaba compuesta de una mezcla de lo que los químicos llaman “gases reductores” como metano, amoníaco e hidrógeno. También supuso que la atmósfera de la Tierra no contenía prácticamente oxígeno libre. Sin embargo, en los años que siguieron a los experimentos de Miller, nuevas evidencias geoquímicas establecieron que no se podían justificar las presuposiciones que habían hecho Oparin y Miller acerca de la atmósfera primitiva. Contrariamente, las evidencias apoyan firmemente que gases neutros, no metano, amoníaco o hidrógeno, predominaban en la atmósfera primitiva. Además, una serie de estudios geoquímicos demostraron que también estaban presentes importantes cantidades de oxígeno libre incluso antes del advenimiento de la vida vegetal, probablemente como resultado de emanaciones gaseosas volcánicas y de la fotodisociación del vapor de agua. En una atmósfera químicamente neutra, no tendrían lugar las reacciones entre gases atmosféricos. Al mismo tiempo, incluso una pequeña cantidad de oxígeno atmosférico erradicaría la producción de los componentes básicos biológicos y haría que cualquier biomolécula que pudiera llegar a estar presente se degradara inmediatamente. Era totalmente conocido, incluso antes de los experimentos de Miller, que se formarían rápidamente aminoácidos en una mezcla apropiada de gases reductores. Pero lo que hizo que las experiencias de Miller fueran singulares no fue la propia producción de aminoácidos en sí, sino su producción en unas aparentes condiciones prebióticas. Como el propio Miller manifestó, “En este aparato se ha hecho un intento de duplicar la atmósfera primitiva de la Tierra y no de obtener las condiciones óptimas en la formación de aminoácidos.” Ahora, por consiguiente, la única razón para continuar asumiendo la existencia de una atmósfera prebiótica químicamente reductora es que la teoría de la evolución química la exige. Irónicamente, incluso si asumimos por un momento que los gases reductores utilizados por Stanley Miller realmente simulaban las condiciones de la Tierra primitiva, sus experimentos solapadamente demuestran la necesidad de un agente inteligente. En todo experimento de simulación para que tenga éxito es necesaria la intervención de experimentadores para evitar la interferencia de lo que se conoce como “reacciones cruzadas” y otros procesos químicos destructivos. Sin la intervención humana, experimentos como los desarrollados por Miller irreversiblemente producirían sustancias no biológicas que degradarían los aminoácidos a compuestos sin importancia biológica. Los experimentadores evitan esto extrayendo los productos químicos que inducen las reacciones cruzadas indeseables. También emplean otras intervenciones “no naturales”. En los experimentos de simulación característicamente se utiliza únicamente luz de longitud de onda corta, en vez de ambas longitudes de onda, corta y larga o luz ultravioleta, que estarían presentes en una atmósfera auténtica. ¿Porqué? La presencia de luz de longitud de onda larga (UV) degrada rápidamente los aminoácidos. Tales manipulaciones constituyen lo que el químico Michael Polanyi denominó una “intervención informativa profunda.” Parece que, si es que algo “simulan” es la necesidad de un agente inteligente para superar las influencias al azar de los procesos químicos naturales. Complicado ensamblaje Ir arriba Un problema aun más fundamental persiste en todas las hipótesis de evolución química. Aun si pudiera ser demostrado que los componentes básicos de las moléculas esenciales pudieran surgir en condiciones prebióticas reales, persistiría el problema de ensamblar estos componentes básicos en proteínas o cadenas de ADN funcionales. Para formar una proteína, los aminoácidos deben enlazarse para formar una cadena. Además los aminoácidos únicamente forman proteínas funcionales cuando adoptan disposiciones secuenciales muy específicas, como sería la ordenación apropiada de las letras de una frase del idioma castellano. Así, los aminoácidos por sí solos no forman proteínas, de la misma manera que letras independientes unas de otras no forman palabras, frases o poesía. En ambos casos la secuencia de las partes constituyentes determina la función (o la falta de función) del conjunto. En la explicación del origen de una secuencia específica de proteínas (y ADN) está la esencia de la actual crisis del pensamiento materialista de la evolución. Los biólogos desde la época de Darwin hasta finales del 1930, asumían que el secreto de la función proteica derivaba de algún tipo de estructura regular simple que se explicaría de acuerdo a las leyes matemáticas. Sin embargo, empezando en la década de 1950, los biólogos hicieron una serie de descubrimientos que hizo cambiar la visión simplista que se tenía de las proteínas. En el inicio de la década de 1950, el biólogo molecular Fred Sanger determinó la estructura molecular de la proteína insulina. Las experiencias de Sanger demostraron que las proteínas están formadas de secuencias de aminoácidos largas e irregularmente dispuestas, como si fueran un collar o hilo con cuentas coloreadas irregularmente distribuidas. Al final de la década de 1950, la experimentación desarrollada por Andrew Kendrew sobre la estructura de la proteína mioglobina demostró que las proteínas manifiestan una sorprendente complejidad tridimensional. Lejos de las estructuras simples que los biólogos habían imaginado, la obra de Kendrew reveló una extraordinariamente compleja e irregular estructura tridimensional de cadenas de aminoácidos enmarañados, retorcidos y doblados. Durante los años 1950 los científicos descubrieron en las proteínas otra importante propiedad. Además de su complejidad también presentan especificidad. Aunque las proteínas están formadas por componentes químicos básicos bastante simples denominados aminoácidos, su función (ya sean enzimas, transductores de señales o componentes estructurales en la célula) depende decisivamente de la secuencia específica y compleja de estos componentes básicos, pudiendo pequeñas alteraciones en la secuencia resultar de forma inmediata en la pérdida de la función. Las secuencias específicas de aminoácidos de las proteínas da lugar a estructuras tridimensionales específicas. A su vez, esta estructura o forma determina qué función, si es que la tiene, puede desarrollar la cadena de aminoácidos dentro de la célula. Para una proteína funcional su estructura tridimensional se engarza como “una llave con su cerradura” con otras moléculas de la célula, permitiendo que una reacciones químicas específicas sean catalizadas o que se construyan estructuras específicas en la célula. Debido a esta especificidad, una proteína normalmente no puede ser sustituida por otra de la misma forma que una herramienta no puede reemplazar a otra. Una topoisomerasa no puede desarrollar la función de una polimerasa así como un hacha no puede funcionar como un soldador de hierro. Las proteínas pueden desarrollar su función solamente en virtud de que su especificidad tridimensional permite que se acople con otras moléculas complejas de la célula igualmente específicas. A su vez, esta especificidad tridimensional deriva de una especificidad unidimensional en la ordenación secuencial de los aminoácidos que forman las proteínas. ¿Cómo estructuras tan complejas y específicas surgieron en la célula? Esta pregunta se volvió a plantear de modo apremiante a partir de la exposición de los resultados de Sanger durante el inicio de los años 1950. Las proteínas parecían demasiado complejas y funcionalmente específicas como para que se originaran por azar. Además, dada su irregularidad, parecía poco probable que una ley química general o regularidad controlara su ensamblaje. En lugar de esto, como Jacques Monod ha recordado, los biólogos moleculares empezaron a buscar algún tipo de información dentro de la célula que pudiera dirigir la construcción de estas estructuras tan extraordinariamente específicas. La explicación de la presencia de toda esta información en la proteína, sería justificada posteriormente por Monod cuando dijo, “Se necesita ineludiblemente un código.” ADN y su “diseño” Ir arriba En 1953, James Watson y Francis Crick dilucidaron la estructura de la molécula de ADN. Poco después, biólogos moleculares descubrieron como el ADN almacena la información necesaria para dirigir la síntesis proteica. En 1955 Francis Crick fue el primero en proponer “la hipótesis secuencial” sugiriendo que la especificidad de los aminoácidos en las proteínas deriva de una disposición específica de los constituyentes químicos en la molécula de ADN. Según la hipótesis secuencial, la información de la molécula de ADN se almacena en forma de componentes químicos llamados bases de nucleótidos dispuestos específicamente a lo largo de los filamentos helicoidales de ADN. Los químicos representan estos cuatro nucleótidos con las letras A, T, G y C (de adenina, timina, guanina y citosina). En el 1961, la hipótesis secuencial había pasado a formar parte del denominado “dogma central” de la biología molecular al confirmarse gracias a una serie de brillantes experimentos las propiedades del ADN como reservorio de información. Se comprobó, que regiones específicas de la molécula de ADN llamadas regiones codificadoras, tenían las mismas propiedades de “especificidad de secuencia” o “especificidad de complejidad” que caracterizan a los códigos escritos, los textos lingüísticos y las moléculas proteicas. De la misma forma que las letras en un alfabeto de un lenguaje escrito pueden transmitir un mensaje particular dependiendo de su disposición, también las secuencias de bases de nucleótidos (las A, T, G y C) dispuestas a lo largo de la matriz de la molécula de ADN transmiten una serie de instrucciones precisas para la construcción de la proteína en la célula. Las bases de los nucleótidos en el ADN funcionan exactamente de la misma forma que lo hacen los símbolos en una máquina codificada. En cada caso, la disposición de los caracteres determina la función de la secuencia en su conjunto. Como ha descrito Richard Dawkins, “La máquina codificada de los genes es un misterioso tipo de ordenador.” En el caso del código de un ordenador, la disposición específica de sólo dos símbolos (0 y 1) es suficiente para transmitir información. En el caso del ADN, la secuenciación compleja y precisa de cuatro bases de nucleótidos (A, T, G y C) almacena y transmite la información necesaria para formar proteínas. Así, la secuencia específica de las proteínas deriva de una secuencia específica anterior, que es la información codificada en el ADN. Parte II © Stephen C. Meyer. Hizo su doctorado en Historia y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Cambridge, es profesor asociado de Filosofía en la Universidad Whitworth e investigador adscrito al Discovery Institute de Seattle. Traducción por Dr. Jesús Palomeque © 2001 Mente Abierta (http://www.menteabierta.org) Saludos. |
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| On 12 mayo, 12:22, libera <abba.ado...***gmail.com> wrote: > ***El autor de este artículo, el Dr. Stephen C. Meyer, nos dirige a un > acercamiento un tanto diferente al tema de la Evolución. Su > preparación en la Historia y Filosofía de la Ciencia le acreditan para > ello. > > Ante un tema tan complejo y basto el autor nos lleva de la mano en un > recorrido por el desarrollo del pensamiento científico en lo que > respecta a la Evolución. En ese camino nos espera más de una sorpresa. > > Según avanza la historia, desde Darwin hasta la Biología Molecular > (pasando por Watson Y Crick), tenemos la oportunidad de observar cómo > el cúmulo de conocimiento que se añade al tema se rehusa a compaginar > con el modelo evolucionista. > Un poco de Historia > > La complejidad celular > > Oparin y Miller > > Complicado ensamblaje > > ADN y su “diseño” > > Durante dos milenios, el argumento del diseño ha aportado el > fundamento intelectual a una gran parte del pensamiento occidental. > Desde la antigüedad clásica hasta el advenimiento de la ciencia > moderna, los más insignes filósofos, teólogos y científicos, de Platón > a Santo Tomás de Aquino y a Newton, han mantenido que la naturaleza > manifiesta un diseño de una mente o inteligencia preexistente. Además, > para muchos pensadores occidentales, la idea de que el universo físico > reflejaba el propósito o diseño de una mente preexistente, el Creador, > servía para garantizar el sentido de propósito y significado de la > misma humanidad. Sin embargo en la actualidad, en casi todas las > disciplinas académicas, desde el derecho a la teoría literaria, y de > la ciencia del comportamiento a la biología, ha llegado a dominar un > entendimiento totalmente materialista de la humanidad y su lugar en el > universo. Libre albedrío, significado, propósito y Dios, se han > convertido en términos peyorativos en el mundo académico. La materia > pasa a la categoría de la mente y el cosmos reemplaza al Creador. > > Un poco de Historia Ir arriba > Las razones de este cambio intelectual son sin duda complejas, aunque > claramente la eliminación del propio argumento del diseño ha jugado un > importante papel en la pérdida del pensamiento occidental tradicional. > Empezando en la Ilustración filósofos, tales como David Hume, > promovieron objeciones aparentemente poderosas en contra del argumento > del diseño. Hume proclamó que los clásicos argumentos del diseño se > basaban en una errónea y frágil analogía entre los organismos vivos y > los artefactos humanos. Aunque, para la mayoría, el rechazo al diseño > no se basaba en los argumentos de los filósofos sino en las teorías de > los científicos, y en particular en las de Carlos Darwin. Darwin > argumentaba que si el origen de las especies se pudiera explicar de > forma natural, las justificaciones implicando a un diseñador > inteligente serían innecesarias e incluso superfluas. Realmente, como > ha señalado Richard Dawkins, fue Darwin [quién] hizo posible ser un > ateo intelectualmente satisfecho. > > Así pues, desde el final del siglo diecinueve la mayor parte de los > biólogos han rechazado la idea de que los organismos vivos manifiestan > evidencias de un diseño inteligente. Aunque muchos de ellos reconocen > la presencia de diseño en los sistemas biológicos, insisten que el > Darwinismo o el Neodarwinismo explica cómo esta aparición surge > naturalmente, es decir, sin requerir un agente o inteligencia > directora. Los seguidores de Darwin, los modernos Neodarwinistas, > generalmente aceptan que la selección natural actuando según una > variación al azar puede explicar la apariencia de diseño en los > organismos vivos. > > La complejidad celular Ir arriba > Sin embargo, irrespectivo de la evaluación que uno haga de la > capacidad explicatoria del Darwinismo (o el Neodarwinismo moderno), la > apariencia del diseño en por lo menos un importante campo de la > biología no puede ser fácilmente excluida. Durante la segunda mitad > del siglo veinte, los avances en biología molecular y en bioquímica > han revolucionado nuestra comprensión del mundo microscópico en el > interior de la célula. La investigación científica ha revelado que las > células, las unidades fundamentales de la vida, almacenan, transmiten > y editan información, siendo utilizada ésta para regular sus procesos > metabólicos más importantes. Lejos de la caracterización de las > células como simples “glóbulos homogéneos del plasma” que hicieron > Ernst Haeckel y otros biólogos del siglo diecinueve, los científicos > describen actualmente las células, entre otras cosas, como > “ordenadores distributivas en tiempo real” o sistemas complejos de > procesamiento de información. > > Darwin, obviamente, ni conocía estas complejidades ni pretendió > explicar su origen. En cambio, su teoría de la evolución biológica > trataba de explicar cómo la vida podía haberse desarrollado > gradualmente de forma compleja a partir de “una o algunas formas > simples.” Por consiguiente, hablando con rigor, todo el que insiste > que el mecanismo exclusivamente naturalista de Darwin puede explicar > la aparición de diseño en biología, exagera su argumento. La > complejidad dentro del microcosmos de la célula reclama una cierta > explicación. Aquellos se fundamentan en el marco estricto de la teoría > evolutiva biológica, que presupone, más que explica, la existencia de > la primera vida y de la información que ésta necesitó. > > La teoría de Darwin trataba de explicar el origen de las nuevas formas > de vida a través de formas más simples, sin embargo no explicaba cómo > la primera forma viva, posiblemente una simple célula, pudo haber > surgido inicialmente. No obstante, en las décadas de 1870 y 1880 los > científicos suponían que sería bastante fácil establecer una > explicación del origen de la vida. Por una parte, pensaban que lo vivo > estaba constituido fundamentalmente por una sustancia bastante simple > llamada protoplasma, que podía fácilmente ser construida combinando y > recombinando componentes químicos simples como dióxido de carbono, > oxígeno y nitrógeno. Las primeras teorías sobre el origen de la vida > reflejan esta visión. Haeckel asoció la “autogénesis” celular, como él > la llamaba, con el proceso de cristalización inorgánica. El > contemporáneo inglés de Haeckel, T.H. Huxley, propuso un simple método > de dos etapas de recombinación química para explicar el origen de la > primera célula. Así pues, Haeckel y Huxley pensaron que de la misma > manera que la sal se puede formar espontáneamente añadiendo sodio al > cloruro, una célula viva podría ser formada mezclando varios > constituyentes químicos y permitiendo que las reacciones químicas > espontáneas produjeran la sustancia protoplasmática simple que > suponían era la esencia de la vida. > > Oparin y Miller Ir arriba > Durante las décadas de 1920 y 1930 fue propuesta una versión más > sofisticada de la denominada “teoría evolutiva química” por el > bioquímico ruso Alexander I. Oparin. Oparin tenía una comprensión > mucho más precisa que sus predecesores de la complejidad del > metabolismo celular, aunque ni él ni nadie intuían totalmente en > aquella época la complejidad de moléculas necesarias para la vida, > tales como las proteínas y el ADN. Oparin, como sus predecesores del > siglo diecinueve, sugirió que la vida se podría haber originado > inicialmente como resultado de una serie de reacciones químicas. Sin > embargo, a diferencia de sus predecesores, imaginó que este proceso de > evolución química implicaría muchas más reacciones y transformaciones > químicas y duraría muchos cientos (o incluso miles) de millones de > años. > > El primer apoyo experimental a la hipótesis de Oparin se produjo en > diciembre de 1952. En esa época Stanley Miller, estudiante graduado de > Harold Urey de la Universidad de Chicago, hizo circular una mezcla > gaseosa de metano, amoniaco, vapor de agua e hidrógeno en un > recipiente de vidrio en el que había una cámara de descarga eléctrica. > Miller aplicó descargas eléctricas de alto voltaje en la cámara a > través de filamentos de tungsteno intentando simular los efectos de la > luz ultravioleta sobre los gases de la atmósfera prebiótica. Después > de dos días, Miller obtuvo una pequeña cantidad (2 por ciento) de > aminoácidos en el fondo del recipiente que, separado por un conducto > en horquilla de la cámara de descarga, utilizó para recoger los > productos de la reacción. > > El éxito de Miller en la producción de “componentes básicos” > biológicamente importantes bajo condiciones aparentemente prebióticas > fue proclamado como un gran hallazgo. Su experimento parecía > proporcionar apoyo experimental a la teoría evolutiva química de > Oparin mostrando que una importante etapa en su elucubración, la > producción de componentes básicos biológicos a partir de gases > atmosféricos simples, fue posible en la Tierra primitiva. Los > resultados experimentales de Miller introdujeron de manera inmediata > al modelo de Oparin en la categoría de conocimiento ortodoxo citado en > los libros de texto. Gracias fundamentalmente a Miller, actualmente la > evolución química se presenta habitualmente tanto en libros escolares > como en textos universitarios de biología como una explicación > científica aceptada de el origen de la vida. > > Sin embargo, como veremos, se sabe ahora que la teoría de la evolución > química está plagada de inconsistencias; y la obra de Miller es > considerada por parte de la comunidad científica que estudia el origen > de la vida, como teniendo poca, si alguna, relevancia para explicar > cómo los aminoácidos —y más aún las proteínas o las células vivas— > pudieron haber realmente surgido de la Tierra primitiva. > > Cuando Miller llevó a cabo sus experimentos, supuso que la atmósfera > de la Tierra estaba compuesta de una mezcla de lo que los químicos > llaman “gases reductores” como metano, amoníaco e hidrógeno. También > supuso que la atmósfera de la Tierra no contenía prácticamente oxígeno > libre. Sin embargo, en los años que siguieron a los experimentos de > Miller, nuevas evidencias geoquímicas establecieron que no se podían > justificar las presuposiciones que habían hecho Oparin y Miller acerca > de la atmósfera primitiva. > > Contrariamente, las evidencias apoyan firmemente que gases neutros, no > metano, amoníaco o hidrógeno, predominaban en la atmósfera primitiva.. > Además, una serie de estudios geoquímicos demostraron que también > estaban presentes importantes cantidades de oxígeno libre incluso > antes del advenimiento de la vida vegetal, probablemente como > resultado de emanaciones gaseosas volcánicas y de la fotodisociación > del vapor de agua. En una atmósfera químicamente neutra, no tendrían > lugar las reacciones entre gases atmosféricos. Al mismo tiempo, > incluso una pequeña cantidad de oxígeno atmosférico erradicaría la > producción de los componentes básicos biológicos y haría que cualquier > biomolécula que pudiera llegar a estar presente se degradara > inmediatamente. > > Era totalmente conocido, incluso antes de los experimentos de Miller, > que se formarían rápidamente aminoácidos en una mezcla apropiada de > gases reductores. Pero lo que hizo que las experiencias de Miller > fueran singulares no fue la propia producción de aminoácidos en sí, > sino su producción en unas aparentes condiciones prebióticas. Como el > propio Miller manifestó, “En este aparato se ha hecho un intento de > duplicar la atmósfera primitiva de la Tierra y no de obtener las > condiciones óptimas en la formación de aminoácidos.” Ahora, por > consiguiente, la única razón para continuar asumiendo la existencia de > una atmósfera prebiótica químicamente reductora es que la teoría de la > evolución química la exige. > > Irónicamente, incluso si asumimos por un momento que los gases > reductores utilizados por Stanley Miller realmente simulaban las > condiciones de la Tierra primitiva, sus experimentos solapadamente > demuestran la necesidad de un agente inteligente. En todo experimento > de simulación para que tenga éxito es necesaria la intervención de > experimentadores para evitar la interferencia de lo que se conoce como > “reacciones cruzadas” y otros procesos químicos destructivos. Sin la > intervención humana, experimentos como los desarrollados por Miller > irreversiblemente producirían sustancias no biológicas que degradarían > los aminoácidos a compuestos sin importancia biológica. > > Los experimentadores evitan esto extrayendo los productos químicos que > inducen las reacciones cruzadas indeseables. También emplean otras > intervenciones “no naturales”. En los experimentos de simulación > característicamente se utiliza únicamente luz de longitud de onda > corta, en vez de ambas longitudes de onda, corta y larga o luz > ultravioleta, que estarían presentes en una atmósfera auténtica. > ¿Porqué? La presencia de luz de longitud de onda larga (UV) degrada > rápidamente los aminoácidos. > > Tales manipulaciones constituyen lo que el químico Michael Polanyi > denominó una “intervención informativa profunda.” Parece que, si es > que algo “simulan” es la necesidad de un agente inteligente para > superar las influencias al azar de los procesos químicos naturales. > > Complicado ensamblaje Ir arriba > Un problema aun más fundamental persiste en todas las hipótesis de > evolución química. Aun si pudiera ser demostrado que los componentes > básicos de las moléculas esenciales pudieran surgir en condiciones > prebióticas reales, persistiría el problema de ensamblar estos > componentes básicos en proteínas o cadenas de ADN funcionales. > > Para formar una proteína, los aminoácidos deben enlazarse para formar > una cadena. Además los aminoácidos únicamente forman proteínas > funcionales cuando adoptan disposiciones secuenciales muy específicas, > como sería la ordenación apropiada de las letras de una frase del > idioma castellano. Así, los aminoácidos por sí solos no forman > proteínas, de la misma manera que letras independientes unas de otras > no forman palabras, frases o poesía. En ambos casos la secuencia de > las partes constituyentes determina la función (o la falta de función) > del conjunto. En la explicación del origen de una secuencia específica > de proteínas (y ADN) está la esencia de la actual crisis del > pensamiento materialista de la evolución. > > Los biólogos desde la época de Darwin hasta finales del 1930, asumían > que el secreto de la función proteica derivaba de algún tipo de > estructura regular simple que se explicaría de acuerdo a las leyes > matemáticas. Sin embargo, empezando en la década de 1950, los biólogos > hicieron una serie de descubrimientos que hizo cambiar la visión > simplista que se tenía de las proteínas. En el inicio de la década de > 1950, el biólogo molecular Fred Sanger determinó la estructura > molecular de la proteína insulina. Las experiencias de Sanger > demostraron que las proteínas están formadas de secuencias de > aminoácidos largas e irregularmente dispuestas, como si fueran un > collar o hilo con cuentas coloreadas irregularmente distribuidas. Al > final de la década de 1950, la experimentación desarrollada por Andrew > Kendrew sobre la estructura de la proteína mioglobina demostró que las > proteínas manifiestan una sorprendente complejidad tridimensional. > Lejos de las estructuras simples que los biólogos habían imaginado, la > obra de Kendrew reveló una extraordinariamente compleja e irregular > estructura tridimensional de cadenas de aminoácidos enmarañados, > retorcidos y doblados. > > Durante los años 1950 los científicos descubrieron en las proteínas > otra importante propiedad. Además de su complejidad también presentan > especificidad. Aunque las proteínas están formadas por componentes > químicos básicos bastante simples denominados aminoácidos, su función > (ya sean enzimas, transductores de señales o componentes estructurales > en la célula) depende decisivamente de la secuencia específica y > compleja de estos componentes básicos, pudiendo pequeñas alteraciones > en la secuencia resultar de forma inmediata en la pérdida de la > función. > > Las secuencias específicas de aminoácidos de las proteínas da lugar a > estructuras tridimensionales específicas. A su vez, esta estructura o > forma determina qué función, si es que la tiene, puede desarrollar la > cadena de aminoácidos dentro de la célula. Para una proteína funcional > su estructura tridimensional se engarza como “una llave con su > cerradura” con otras moléculas de la célula, permitiendo que una > reacciones químicas específicas sean catalizadas o que se construyan > estructuras específicas en la célula. Debido a esta especificidad, una > proteína normalmente no puede ser sustituida por otra de la misma > forma que una herramienta no puede reemplazar a otra. Una > topoisomerasa no puede desarrollar la función de una polimerasa así > como un hacha no puede funcionar como un soldador de hierro. Las > proteínas pueden desarrollar su función solamente en virtud de que su > especificidad tridimensional permite que se acople con otras moléculas > complejas de la célula igualmente específicas. A su vez, esta > especificidad tridimensional deriva de una especificidad > unidimensional en la ordenación secuencial de los aminoácidos que > forman las proteínas. > > ¿Cómo estructuras tan complejas y específicas surgieron en la célula? > Esta pregunta se volvió a plantear de modo apremiante a partir de la > exposición de los resultados de Sanger durante el inicio de los años > 1950. Las proteínas parecían demasiado complejas y funcionalmente > específicas como para que se originaran por azar. Además, dada su > irregularidad, parecía poco probable que una ley química general o > regularidad controlara su ensamblaje. En lugar de esto, como Jacques > Monod ha recordado, los biólogos moleculares empezaron a buscar algún > tipo de información dentro de la célula que pudiera dirigir la > construcción de estas estructuras tan extraordinariamente específicas. > La explicación de la presencia de toda esta información en la > proteína, sería justificada posteriormente por Monod cuando dijo, “Se > necesita ineludiblemente un código.” > > ADN y su “diseño” Ir arriba > En 1953, James Watson y Francis Crick dilucidaron la estructura de la > molécula de ADN. Poco después, biólogos moleculares descubrieron como > el ADN almacena la información necesaria para dirigir la síntesis > proteica. En 1955 Francis Crick fue el primero en proponer “la > hipótesis secuencial” sugiriendo que la especificidad de los > aminoácidos en las proteínas deriva de una disposición específica de > los constituyentes químicos en la molécula de ADN. Según la hipótesis > secuencial, la información de la molécula de ADN se almacena en forma > de componentes químicos llamados bases de nucleótidos dispuestos > específicamente a lo largo de los filamentos helicoidales de ADN. Los > químicos representan estos cuatro nucleótidos con las letras A, T, G y > C (de adenina, timina, guanina y citosina). En el 1961, la hipótesis > secuencial había pasado a formar parte del denominado “dogma central” > de la biología molecular al confirmarse gracias a una serie de > brillantes experimentos las propiedades del ADN como reservorio de > información. > > Se comprobó, que regiones específicas de la molécula de ADN llamadas > regiones codificadoras, tenían las mismas propiedades de > “especificidad de secuencia” o “especificidad de complejidad” que > caracterizan a los códigos escritos, los textos lingüísticos y las > moléculas proteicas. De la misma forma que las letras en un alfabeto > de un lenguaje escrito pueden transmitir un mensaje particular > dependiendo de su disposición, también las secuencias de bases de > nucleótidos (las A, T, G y C) dispuestas a lo largo de la matriz de la > molécula de ADN transmiten una serie de instrucciones precisas para la > construcción de la proteína en la célula. Las bases de los nucleótidos > en el ADN funcionan exactamente de la misma forma que lo hacen los > símbolos en una máquina codificada. En cada caso, la disposición de > los caracteres determina la función de la secuencia en su conjunto. > Como ha descrito Richard Dawkins, “La máquina codificada de los genes > es un misterioso tipo de ordenador.” En el caso del código de un > ordenador, la disposición específica de sólo dos símbolos (0 y 1) es > suficiente para transmitir información. En el caso del ADN, la > secuenciación compleja y precisa de cuatro bases de nucleótidos (A, T, > G y C) almacena y transmite la información necesaria para formar > proteínas. Así, la secuencia específica de las proteínas deriva deuna > secuencia específica anterior, que es la información codificada en el > ADN. > > Parte II > > © Stephen C. Meyer. Hizo su doctorado en Historia y Filosofía de la > Ciencia en la Universidad de Cambridge, es profesor asociado de > Filosofía en la Universidad Whitworth e investigador adscrito al > Discovery Institute de Seattle. > > Traducción por Dr. Jesús Palomeque > > © 2001 Mente Abierta (http://www.menteabierta.org) > > Saludos. ;-) . |
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| On 12 mayo, 12:22, libera <abba.ado...***gmail.com> wrote: > ***El autor de este artículo, el Dr. Stephen C. Meyer, nos dirige a un > acercamiento un tanto diferente al tema de la Evolución. Su > preparación en la Historia y Filosofía de la Ciencia le acreditan para > ello. > > Ante un tema tan complejo y basto el autor nos lleva de la mano en un > recorrido por el desarrollo del pensamiento científico en lo que > respecta a la Evolución. En ese camino nos espera más de una sorpresa. > > Según avanza la historia, desde Darwin hasta la Biología Molecular > (pasando por Watson Y Crick), tenemos la oportunidad de observar cómo > el cúmulo de conocimiento que se añade al tema se rehusa a compaginar > con el modelo evolucionista. > Un poco de Historia > > La complejidad celular > > Oparin y Miller > > Complicado ensamblaje > > ADN y su “diseño” > > Durante dos milenios, el argumento del diseño ha aportado el > fundamento intelectual a una gran parte del pensamiento occidental. > Desde la antigüedad clásica hasta el advenimiento de la ciencia > moderna, los más insignes filósofos, teólogos y científicos, de Platón > a Santo Tomás de Aquino y a Newton, han mantenido que la naturaleza > manifiesta un diseño de una mente o inteligencia preexistente. Además, > para muchos pensadores occidentales, la idea de que el universo físico > reflejaba el propósito o diseño de una mente preexistente, el Creador, > servía para garantizar el sentido de propósito y significado de la > misma humanidad. Sin embargo en la actualidad, en casi todas las > disciplinas académicas, desde el derecho a la teoría literaria, y de > la ciencia del comportamiento a la biología, ha llegado a dominar un > entendimiento totalmente materialista de la humanidad y su lugar en el > universo. Libre albedrío, significado, propósito y Dios, se han > convertido en términos peyorativos en el mundo académico. La materia > pasa a la categoría de la mente y el cosmos reemplaza al Creador. > > Un poco de Historia Ir arriba > Las razones de este cambio intelectual son sin duda complejas, aunque > claramente la eliminación del propio argumento del diseño ha jugado un > importante papel en la pérdida del pensamiento occidental tradicional. > Empezando en la Ilustración filósofos, tales como David Hume, > promovieron objeciones aparentemente poderosas en contra del argumento > del diseño. Hume proclamó que los clásicos argumentos del diseño se > basaban en una errónea y frágil analogía entre los organismos vivos y > los artefactos humanos. Aunque, para la mayoría, el rechazo al diseño > no se basaba en los argumentos de los filósofos sino en las teorías de > los científicos, y en particular en las de Carlos Darwin. Darwin > argumentaba que si el origen de las especies se pudiera explicar de > forma natural, las justificaciones implicando a un diseñador > inteligente serían innecesarias e incluso superfluas. Realmente, como > ha señalado Richard Dawkins, fue Darwin [quién] hizo posible ser un > ateo intelectualmente satisfecho. > > Así pues, desde el final del siglo diecinueve la mayor parte de los > biólogos han rechazado la idea de que los organismos vivos manifiestan > evidencias de un diseño inteligente. Aunque muchos de ellos reconocen > la presencia de diseño en los sistemas biológicos, insisten que el > Darwinismo o el Neodarwinismo explica cómo esta aparición surge > naturalmente, es decir, sin requerir un agente o inteligencia > directora. Los seguidores de Darwin, los modernos Neodarwinistas, > generalmente aceptan que la selección natural actuando según una > variación al azar puede explicar la apariencia de diseño en los > organismos vivos. > > La complejidad celular Ir arriba > Sin embargo, irrespectivo de la evaluación que uno haga de la > capacidad explicatoria del Darwinismo (o el Neodarwinismo moderno), la > apariencia del diseño en por lo menos un importante campo de la > biología no puede ser fácilmente excluida. Durante la segunda mitad > del siglo veinte, los avances en biología molecular y en bioquímica > han revolucionado nuestra comprensión del mundo microscópico en el > interior de la célula. La investigación científica ha revelado que las > células, las unidades fundamentales de la vida, almacenan, transmiten > y editan información, siendo utilizada ésta para regular sus procesos > metabólicos más importantes. Lejos de la caracterización de las > células como simples “glóbulos homogéneos del plasma” que hicieron > Ernst Haeckel y otros biólogos del siglo diecinueve, los científicos > describen actualmente las células, entre otras cosas, como > “ordenadores distributivas en tiempo real” o sistemas complejos de > procesamiento de información. > > Darwin, obviamente, ni conocía estas complejidades ni pretendió > explicar su origen. En cambio, su teoría de la evolución biológica > trataba de explicar cómo la vida podía haberse desarrollado > gradualmente de forma compleja a partir de “una o algunas formas > simples.” Por consiguiente, hablando con rigor, todo el que insiste > que el mecanismo exclusivamente naturalista de Darwin puede explicar > la aparición de diseño en biología, exagera su argumento. La > complejidad dentro del microcosmos de la célula reclama una cierta > explicación. Aquellos se fundamentan en el marco estricto de la teoría > evolutiva biológica, que presupone, más que explica, la existencia de > la primera vida y de la información que ésta necesitó. > > La teoría de Darwin trataba de explicar el origen de las nuevas formas > de vida a través de formas más simples, sin embargo no explicaba cómo > la primera forma viva, posiblemente una simple célula, pudo haber > surgido inicialmente. No obstante, en las décadas de 1870 y 1880 los > científicos suponían que sería bastante fácil establecer una > explicación del origen de la vida. Por una parte, pensaban que lo vivo > estaba constituido fundamentalmente por una sustancia bastante simple > llamada protoplasma, que podía fácilmente ser construida combinando y > recombinando componentes químicos simples como dióxido de carbono, > oxígeno y nitrógeno. Las primeras teorías sobre el origen de la vida > reflejan esta visión. Haeckel asoció la “autogénesis” celular, como él > la llamaba, con el proceso de cristalización inorgánica. El > contemporáneo inglés de Haeckel, T.H. Huxley, propuso un simple método > de dos etapas de recombinación química para explicar el origen de la > primera célula. Así pues, Haeckel y Huxley pensaron que de la misma > manera que la sal se puede formar espontáneamente añadiendo sodio al > cloruro, una célula viva podría ser formada mezclando varios > constituyentes químicos y permitiendo que las reacciones químicas > espontáneas produjeran la sustancia protoplasmática simple que > suponían era la esencia de la vida. > > Oparin y Miller Ir arriba > Durante las décadas de 1920 y 1930 fue propuesta una versión más > sofisticada de la denominada “teoría evolutiva química” por el > bioquímico ruso Alexander I. Oparin. Oparin tenía una comprensión > mucho más precisa que sus predecesores de la complejidad del > metabolismo celular, aunque ni él ni nadie intuían totalmente en > aquella época la complejidad de moléculas necesarias para la vida, > tales como las proteínas y el ADN. Oparin, como sus predecesores del > siglo diecinueve, sugirió que la vida se podría haber originado > inicialmente como resultado de una serie de reacciones químicas. Sin > embargo, a diferencia de sus predecesores, imaginó que este proceso de > evolución química implicaría muchas más reacciones y transformaciones > químicas y duraría muchos cientos (o incluso miles) de millones de > años. > > El primer apoyo experimental a la hipótesis de Oparin se produjo en > diciembre de 1952. En esa época Stanley Miller, estudiante graduado de > Harold Urey de la Universidad de Chicago, hizo circular una mezcla > gaseosa de metano, amoniaco, vapor de agua e hidrógeno en un > recipiente de vidrio en el que había una cámara de descarga eléctrica. > Miller aplicó descargas eléctricas de alto voltaje en la cámara a > través de filamentos de tungsteno intentando simular los efectos de la > luz ultravioleta sobre los gases de la atmósfera prebiótica. Después > de dos días, Miller obtuvo una pequeña cantidad (2 por ciento) de > aminoácidos en el fondo del recipiente que, separado por un conducto > en horquilla de la cámara de descarga, utilizó para recoger los > productos de la reacción. > > El éxito de Miller en la producción de “componentes básicos” > biológicamente importantes bajo condiciones aparentemente prebióticas > fue proclamado como un gran hallazgo. Su experimento parecía > proporcionar apoyo experimental a la teoría evolutiva química de > Oparin mostrando que una importante etapa en su elucubración, la > producción de componentes básicos biológicos a partir de gases > atmosféricos simples, fue posible en la Tierra primitiva. Los > resultados experimentales de Miller introdujeron de manera inmediata > al modelo de Oparin en la categoría de conocimiento ortodoxo citado en > los libros de texto. Gracias fundamentalmente a Miller, actualmente la > evolución química se presenta habitualmente tanto en libros escolares > como en textos universitarios de biología como una explicación > científica aceptada de el origen de la vida. > > Sin embargo, como veremos, se sabe ahora que la teoría de la evolución > química está plagada de inconsistencias; y la obra de Miller es > considerada por parte de la comunidad científica que estudia el origen > de la vida, como teniendo poca, si alguna, relevancia para explicar > cómo los aminoácidos —y más aún las proteínas o las células vivas— > pudieron haber realmente surgido de la Tierra primitiva. > > Cuando Miller llevó a cabo sus experimentos, supuso que la atmósfera > de la Tierra estaba compuesta de una mezcla de lo que los químicos > llaman “gases reductores” como metano, amoníaco e hidrógeno. También > supuso que la atmósfera de la Tierra no contenía prácticamente oxígeno > libre. Sin embargo, en los años que siguieron a los experimentos de > Miller, nuevas evidencias geoquímicas establecieron que no se podían > justificar las presuposiciones que habían hecho Oparin y Miller acerca > de la atmósfera primitiva. > > Contrariamente, las evidencias apoyan firmemente que gases neutros, no > metano, amoníaco o hidrógeno, predominaban en la atmósfera primitiva.. > Además, una serie de estudios geoquímicos demostraron que también > estaban presentes importantes cantidades de oxígeno libre incluso > antes del advenimiento de la vida vegetal, probablemente como > resultado de emanaciones gaseosas volcánicas y de la fotodisociación > del vapor de agua. En una atmósfera químicamente neutra, no tendrían > lugar las reacciones entre gases atmosféricos. Al mismo tiempo, > incluso una pequeña cantidad de oxígeno atmosférico erradicaría la > producción de los componentes básicos biológicos y haría que cualquier > biomolécula que pudiera llegar a estar presente se degradara > inmediatamente. > > Era totalmente conocido, incluso antes de los experimentos de Miller, > que se formarían rápidamente aminoácidos en una mezcla apropiada de > gases reductores. Pero lo que hizo que las experiencias de Miller > fueran singulares no fue la propia producción de aminoácidos en sí, > sino su producción en unas aparentes condiciones prebióticas. Como el > propio Miller manifestó, “En este aparato se ha hecho un intento de > duplicar la atmósfera primitiva de la Tierra y no de obtener las > condiciones óptimas en la formación de aminoácidos.” Ahora, por > consiguiente, la única razón para continuar asumiendo la existencia de > una atmósfera prebiótica químicamente reductora es que la teoría de la > evolución química la exige. > > Irónicamente, incluso si asumimos por un momento que los gases > reductores utilizados por Stanley Miller realmente simulaban las > condiciones de la Tierra primitiva, sus experimentos solapadamente > demuestran la necesidad de un agente inteligente. En todo experimento > de simulación para que tenga éxito es necesaria la intervención de > experimentadores para evitar la interferencia de lo que se conoce como > “reacciones cruzadas” y otros procesos químicos destructivos. Sin la > intervención humana, experimentos como los desarrollados por Miller > irreversiblemente producirían sustancias no biológicas que degradarían > los aminoácidos a compuestos sin importancia biológica. > > Los experimentadores evitan esto extrayendo los productos químicos que > inducen las reacciones cruzadas indeseables. También emplean otras > intervenciones “no naturales”. En los experimentos de simulación > característicamente se utiliza únicamente luz de longitud de onda > corta, en vez de ambas longitudes de onda, corta y larga o luz > ultravioleta, que estarían presentes en una atmósfera auténtica. > ¿Porqué? La presencia de luz de longitud de onda larga (UV) degrada > rápidamente los aminoácidos. > > Tales manipulaciones constituyen lo que el químico Michael Polanyi > denominó una “intervención informativa profunda.” Parece que, si es > que algo “simulan” es la necesidad de un agente inteligente para > superar las influencias al azar de los procesos químicos naturales. > > Complicado ensamblaje Ir arriba > Un problema aun más fundamental persiste en todas las hipótesis de > evolución química. Aun si pudiera ser demostrado que los componentes > básicos de las moléculas esenciales pudieran surgir en condiciones > prebióticas reales, persistiría el problema de ensamblar estos > componentes básicos en proteínas o cadenas de ADN funcionales. > > Para formar una proteína, los aminoácidos deben enlazarse para formar > una cadena. Además los aminoácidos únicamente forman proteínas > funcionales cuando adoptan disposiciones secuenciales muy específicas, > como sería la ordenación apropiada de las letras de una frase del > idioma castellano. Así, los aminoácidos por sí solos no forman > proteínas, de la misma manera que letras independientes unas de otras > no forman palabras, frases o poesía. En ambos casos la secuencia de > las partes constituyentes determina la función (o la falta de función) > del conjunto. En la explicación del origen de una secuencia específica > de proteínas (y ADN) está la esencia de la actual crisis del > pensamiento materialista de la evolución. > > Los biólogos desde la época de Darwin hasta finales del 1930, asumían > que el secreto de la función proteica derivaba de algún tipo de > estructura regular simple que se explicaría de acuerdo a las leyes > matemáticas. Sin embargo, empezando en la década de 1950, los biólogos > hicieron una serie de descubrimientos que hizo cambiar la visión > simplista que se tenía de las proteínas. En el inicio de la década de > 1950, el biólogo molecular Fred Sanger determinó la estructura > molecular de la proteína insulina. Las experiencias de Sanger > demostraron que las proteínas están formadas de secuencias de > aminoácidos largas e irregularmente dispuestas, como si fueran un > collar o hilo con cuentas coloreadas irregularmente distribuidas. Al > final de la década de 1950, la experimentación desarrollada por Andrew > Kendrew sobre la estructura de la proteína mioglobina demostró que las > proteínas manifiestan una sorprendente complejidad tridimensional. > Lejos de las estructuras simples que los biólogos habían imaginado, la > obra de Kendrew reveló una extraordinariamente compleja e irregular > estructura tridimensional de cadenas de aminoácidos enmarañados, > retorcidos y doblados. > > Durante los años 1950 los científicos descubrieron en las proteínas > otra importante propiedad. Además de su complejidad también presentan > especificidad. Aunque las proteínas están formadas por componentes > químicos básicos bastante simples denominados aminoácidos, su función > (ya sean enzimas, transductores de señales o componentes estructurales > en la célula) depende decisivamente de la secuencia específica y > compleja de estos componentes básicos, pudiendo pequeñas alteraciones > en la secuencia resultar de forma inmediata en la pérdida de la > función. > > Las secuencias específicas de aminoácidos de las proteínas da lugar a > estructuras tridimensionales específicas. A su vez, esta estructura o > forma determina qué función, si es que la tiene, puede desarrollar la > cadena de aminoácidos dentro de la célula. Para una proteína funcional > su estructura tridimensional se engarza como “una llave con su > cerradura” con otras moléculas de la célula, permitiendo que una > reacciones químicas específicas sean catalizadas o que se construyan > estructuras específicas en la célula. Debido a esta especificidad, una > proteína normalmente no puede ser sustituida por otra de la misma > forma que una herramienta no puede reemplazar a otra. Una > topoisomerasa no puede desarrollar la función de una polimerasa así > como un hacha no puede funcionar como un soldador de hierro. Las > proteínas pueden desarrollar su función solamente en virtud de que su > especificidad tridimensional permite que se acople con otras moléculas > complejas de la célula igualmente específicas. A su vez, esta > especificidad tridimensional deriva de una especificidad > unidimensional en la ordenación secuencial de los aminoácidos que > forman las proteínas. > > ¿Cómo estructuras tan complejas y específicas surgieron en la célula? > Esta pregunta se volvió a plantear de modo apremiante a partir de la > exposición de los resultados de Sanger durante el inicio de los años > 1950. Las proteínas parecían demasiado complejas y funcionalmente > específicas como para que se originaran por azar. Además, dada su > irregularidad, parecía poco probable que una ley química general o > regularidad controlara su ensamblaje. En lugar de esto, como Jacques > Monod ha recordado, los biólogos moleculares empezaron a buscar algún > tipo de información dentro de la célula que pudiera dirigir la > construcción de estas estructuras tan extraordinariamente específicas. > La explicación de la presencia de toda esta información en la > proteína, sería justificada posteriormente por Monod cuando dijo, “Se > necesita ineludiblemente un código.” > > ADN y su “diseño” Ir arriba > En 1953, James Watson y Francis Crick dilucidaron la estructura de la > molécula de ADN. Poco después, biólogos moleculares descubrieron como > el ADN almacena la información necesaria para dirigir la síntesis > proteica. En 1955 Francis Crick fue el primero en proponer “la > hipótesis secuencial” sugiriendo que la especificidad de los > aminoácidos en las proteínas deriva de una disposición específica de > los constituyentes químicos en la molécula de ADN. Según la hipótesis > secuencial, la información de la molécula de ADN se almacena en forma > de componentes químicos llamados bases de nucleótidos dispuestos > específicamente a lo largo de los filamentos helicoidales de ADN. Los > químicos representan estos cuatro nucleótidos con las letras A, T, G y > C (de adenina, timina, guanina y citosina). En el 1961, la hipótesis > secuencial había pasado a formar parte del denominado “dogma central” > de la biología molecular al confirmarse gracias a una serie de > brillantes experimentos las propiedades del ADN como reservorio de > información. > > Se comprobó, que regiones específicas de la molécula de ADN llamadas > regiones codificadoras, tenían las mismas propiedades de > “especificidad de secuencia” o “especificidad de complejidad” que > caracterizan a los códigos escritos, los textos lingüísticos y las > moléculas proteicas. De la misma forma que las letras en un alfabeto > de un lenguaje escrito pueden transmitir un mensaje particular > dependiendo de su disposición, también las secuencias de bases de > nucleótidos (las A, T, G y C) dispuestas a lo largo de la matriz de la > molécula de ADN transmiten una serie de instrucciones precisas para la > construcción de la proteína en la célula. Las bases de los nucleótidos > en el ADN funcionan exactamente de la misma forma que lo hacen los > símbolos en una máquina codificada. En cada caso, la disposición de > los caracteres determina la función de la secuencia en su conjunto. > Como ha descrito Richard Dawkins, “La máquina codificada de los genes > es un misterioso tipo de ordenador.” En el caso del código de un > ordenador, la disposición específica de sólo dos símbolos (0 y 1) es > suficiente para transmitir información. En el caso del ADN, la > secuenciación compleja y precisa de cuatro bases de nucleótidos (A, T, > G y C) almacena y transmite la información necesaria para formar > proteínas. Así, la secuencia específica de las proteínas deriva deuna > secuencia específica anterior, que es la información codificada en el > ADN. > > Parte II > > © Stephen C. Meyer. Hizo su doctorado en Historia y Filosofía de la > Ciencia en la Universidad de Cambridge, es profesor asociado de > Filosofía en la Universidad Whitworth e investigador adscrito al > Discovery Institute de Seattle. > > Traducción por Dr. Jesús Palomeque > > © 2001 Mente Abierta (http://www.menteabierta.org) > > Saludos. ;-) . |
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| On 12 mayo, 17:21, "<(***)))))><" <tex...***gmail.com> wrote: Como Pablo alteró la enseñanza de Jesús Las primeras sociedades cristianas prístinas eran guiadas directamente por Cristo mediante la palabra profética. Él se manifestó por boca profética y según la testificación de los hechos de los apóstoles “la multitud de los creyentes” “era como un corazón y un alma” (Hechos 4, 32). “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en la partición del pan y en las oraciones” (Hechos 2, 42). Y le hicieron el bien al prójimo “y teniendo favor con todo el pueblo” (Hechos 2, 47). En esta época llegó Saulo, llamado más tarde Pablo y dio el primer mayor motivo para discordias… Saulo de Tarso en Asia menor (la actual Turquía) es, como fariseo judío, un encarnizado enemigo de Jesús de Nazaret y persigue al la comunidad cristiana original. En una visión un día cree escuchar la voz del hombre de Nazaret, y también cree, estarlo viendo. Después de esta experiencia, Pablo llega al convencimiento, de que Jesús en realidad es y fue “Cristo”, es decir el enviado por Dios, el prometido salvador de Israel. Pablo se reorienta. En el futuro quiere luchar por él, y ya no más contra él. Pero desde el comienzo no está dispuesto de encasillarse dentro de la comunidad existente. Él incluso hace notar, que no dialogó con los otros cristianos primigenios (Gálatas 1, 16). Por decisión propia comenzó con las prédicas. Recién después de tres años visita a Pedro por dos semanas, y luego vuelve a viajar por el país. Muy pronto se comprueba, que Pablo mezcla la enseñanza cristiana con sus conceptos romanos, y allí, donde en sus viajes se encuentra con grupos cristianos primigenios, se producen discrepancias y conflictos. Pero Pablo no permite que le digan nada, ni que lo corrigen. Al contrario: Cuando recién después de 14 años (!) se llega a las primeras conversaciones oficiales con todos los responsables del movimiento cristianismo arcaico, Pablo escarmienta severamente a Pedro y “le resistí cara a cara”, como él mismo lo escribe en la Biblia (Gálatas 2). La rencilla con Pedro, a quién Pablo abiertamente lo acusa de hipocresía, se encienda en las raíces judías del cristianismo primitivo y entre otras cosas en la cuestión del consumo de carne en la comida cristiana original (ver Parte 2). Pero las diferencias entre Pablo, por un lado, y los apóstoles y Jesús de Nazaret, por otro lado, son mucho más amplias… Ningún interés en Jesús Mientras que los apóstoles fueron aleccionados directamente por Jesús, Pablo no conoció a Jesús. En vez de esto ha disfrutado la enseñanza farisea de los adversarios del hombre de Nazaret. Pero en vez de informarse lo más posible sobre Jesús y orientarse, tanto como es posible, en él como modelo, Pablo declara su déficit simplemente como insignificante y escribe con arrogancia “aún si a Cristo conocimos según la carne [referido a los apóstoles], ya no lo conocemos así”. (2da Corintios 5, 16). ¿Pero de donde quiere saber Pablo, si el “Cristo” de su versión y su imaginación, concuerda con el Cristo que vivió en Jesús de Nazaret entre los hombres? Jesús, el Cristo, con Pablo parece ser más bien “sólo un motivo”, es una “figura mítica a la cual se le pudo imputar todo” como le reprocha el filósofo Friedrich Nietzsche. Y de hecho: En vez de preguntar, que había enseñado Jesús, Pablo interpreta la vida de Jesús según la muestra de religiones de misterio paganas y del culto imperial, donde se habla de dioses que mueren y que vuelven a resucitar, en las cuales el creyente podría tener participación, mediante identificación, respectivamente, mediante ejercicios mágicos. Igualmente se acopla al culto de sacrificios judío y lo reinterpreta: Mientras que judíos ortodoxos quieren apaciguar a una supuesta ira de Dios, Pablo declara sencillamente, que la sangre que Jesús ha derramado en su ejecución, aparentemente tendría por siempre un efecto expiatorio para Dios (Romanos 3, 25), de manera que sacrificios de animales ya no serían necesarios. La reinterpretación Por cierto, Jesús también era contrario a los sacrificios de animales. Pero, a lo contrario de Pablo, él había anunciado a un Dios, que no necesita ningún “sacrificio expiatorio” y que nunca había necesitado uno. En vez de esto, el deseo de Dios sería, que todos sus hijos le abren su corazón, y que paso a paso, “sacrifiquen” su ego y que estén a disposición del prójimo. Pablo empero regresa a la concepción divina de los hombres anterior a Cristo (de la ira de Dios y del sacrificio expiatorio) y alude esto sólo ahora, a Cristo. El punto álgido de su reinterpretación consiste en, que con sólo la creencia en la muerte de Jesús como suceso de salvación podría ser justificado - o sea “sin merecimiento”, es decir sin obras buenas. Este fue uno de los mensajes esenciales de Pablo y fue un mensaje agradable para el pueblo. Con el incómodo Jesús de Nazaret no tenía nada que ver. Porque Jesús enseñaba mantener los diez mandamientos y de la prédica de la montaña, y dijo: “haz esto, y vivirás” (Lucas 10, 27) Con esto Pablo estableció las bases para una iglesia popular, que pronto va a celebrar cultos para el “acto de sanación", que nuevamente fueron tomados del paganismo. Ya un alumno de Pablo de la 1era generación convierte a Jesús, el Cristo, en un “sumo sacerdote” (En la epístola a los hebreos de la Biblia), cuya sangre “limpia nuestra conciencia” (9, 11). Pronto siguen los teólogos y escribas como “sacerdotes asistentes”, nuevamente hay ritos y ceremonias, talares, púlpitos y altares, tal como la gente estaba acostumbrada en su religiones de antes. Jesús no quiso ser entendido como “sumo sacerdote”. Si no, él pudo haberse dejado elevar a este puesto por sus apóstoles. Pero con Jesús y sus seguidores, sacerdotes y rituales se hicieron superfluos, ya que las personas habían comenzado de ubicar el reino de Dios en su propio interior, ya que no tenían a ningún superior a ellos y tampoco necesitaban a un “mediador” para Dios. Los primeros cristianos primigenios construyeron su relación con Dios dentro de si, y fueron guiados directamente por Cristo, cuando se manifestaba por boca profética. Pablo frente a esto es el primer escriba, que llega a una posición de responsabilidad mayor para la sociedad originaria. Con esto ha usado habilidosamente su ventaja intelectual, frente a los ex pescadores y carpinteros de entre los apóstoles. Estos, por ejemplo, son mucho menos diestros en cosas de discusión y por otro lado tampoco puede evitar, como Pablo introduce su “conocimiento” teológico, cambiando con esto en forma obvia o no tanto, la enseñanza cristiana. Así también enseña a la comunidad en Roma una predestinación (capítulo 9; “Dios elije y obceca al que quiere”), lo que nuevamente no tiene nada que ver con Jesús. Y también lo que escribe a la comunidad de Corintio, no proviene de Jesús: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios” (1era Corintios 2, 14). Así Pablo, “se han de discernir espiritualmente”. Con esto le niega a las personas simples, en parte de entendimiento infantil, la posibilidad del conocimiento de Dios, por ejemplo, en la naturaleza, y en vez de esto, se lo concede al hombre “espiritual”. Posteriormente la iglesia declara, basándose en Pablo, que sólo por ella, la iglesia, se podría recibir el espíritu de Dios, y a sus “funcionarios” los hace llamarse “clérigos”. Jesús ensaño otra cosa, por ejemplo: “que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18, 3) |
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| On 12 mayo, 17:21, "<(***)))))><" <tex...***gmail.com> wrote: Como Pablo alteró la enseñanza de Jesús Las primeras sociedades cristianas prístinas eran guiadas directamente por Cristo mediante la palabra profética. Él se manifestó por boca profética y según la testificación de los hechos de los apóstoles “la multitud de los creyentes” “era como un corazón y un alma” (Hechos 4, 32). “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en la partición del pan y en las oraciones” (Hechos 2, 42). Y le hicieron el bien al prójimo “y teniendo favor con todo el pueblo” (Hechos 2, 47). En esta época llegó Saulo, llamado más tarde Pablo y dio el primer mayor motivo para discordias… Saulo de Tarso en Asia menor (la actual Turquía) es, como fariseo judío, un encarnizado enemigo de Jesús de Nazaret y persigue al la comunidad cristiana original. En una visión un día cree escuchar la voz del hombre de Nazaret, y también cree, estarlo viendo. Después de esta experiencia, Pablo llega al convencimiento, de que Jesús en realidad es y fue “Cristo”, es decir el enviado por Dios, el prometido salvador de Israel. Pablo se reorienta. En el futuro quiere luchar por él, y ya no más contra él. Pero desde el comienzo no está dispuesto de encasillarse dentro de la comunidad existente. Él incluso hace notar, que no dialogó con los otros cristianos primigenios (Gálatas 1, 16). Por decisión propia comenzó con las prédicas. Recién después de tres años visita a Pedro por dos semanas, y luego vuelve a viajar por el país. Muy pronto se comprueba, que Pablo mezcla la enseñanza cristiana con sus conceptos romanos, y allí, donde en sus viajes se encuentra con grupos cristianos primigenios, se producen discrepancias y conflictos. Pero Pablo no permite que le digan nada, ni que lo corrigen. Al contrario: Cuando recién después de 14 años (!) se llega a las primeras conversaciones oficiales con todos los responsables del movimiento cristianismo arcaico, Pablo escarmienta severamente a Pedro y “le resistí cara a cara”, como él mismo lo escribe en la Biblia (Gálatas 2). La rencilla con Pedro, a quién Pablo abiertamente lo acusa de hipocresía, se encienda en las raíces judías del cristianismo primitivo y entre otras cosas en la cuestión del consumo de carne en la comida cristiana original (ver Parte 2). Pero las diferencias entre Pablo, por un lado, y los apóstoles y Jesús de Nazaret, por otro lado, son mucho más amplias… Ningún interés en Jesús Mientras que los apóstoles fueron aleccionados directamente por Jesús, Pablo no conoció a Jesús. En vez de esto ha disfrutado la enseñanza farisea de los adversarios del hombre de Nazaret. Pero en vez de informarse lo más posible sobre Jesús y orientarse, tanto como es posible, en él como modelo, Pablo declara su déficit simplemente como insignificante y escribe con arrogancia “aún si a Cristo conocimos según la carne [referido a los apóstoles], ya no lo conocemos así”. (2da Corintios 5, 16). ¿Pero de donde quiere saber Pablo, si el “Cristo” de su versión y su imaginación, concuerda con el Cristo que vivió en Jesús de Nazaret entre los hombres? Jesús, el Cristo, con Pablo parece ser más bien “sólo un motivo”, es una “figura mítica a la cual se le pudo imputar todo” como le reprocha el filósofo Friedrich Nietzsche. Y de hecho: En vez de preguntar, que había enseñado Jesús, Pablo interpreta la vida de Jesús según la muestra de religiones de misterio paganas y del culto imperial, donde se habla de dioses que mueren y que vuelven a resucitar, en las cuales el creyente podría tener participación, mediante identificación, respectivamente, mediante ejercicios mágicos. Igualmente se acopla al culto de sacrificios judío y lo reinterpreta: Mientras que judíos ortodoxos quieren apaciguar a una supuesta ira de Dios, Pablo declara sencillamente, que la sangre que Jesús ha derramado en su ejecución, aparentemente tendría por siempre un efecto expiatorio para Dios (Romanos 3, 25), de manera que sacrificios de animales ya no serían necesarios. La reinterpretación Por cierto, Jesús también era contrario a los sacrificios de animales. Pero, a lo contrario de Pablo, él había anunciado a un Dios, que no necesita ningún “sacrificio expiatorio” y que nunca había necesitado uno. En vez de esto, el deseo de Dios sería, que todos sus hijos le abren su corazón, y que paso a paso, “sacrifiquen” su ego y que estén a disposición del prójimo. Pablo empero regresa a la concepción divina de los hombres anterior a Cristo (de la ira de Dios y del sacrificio expiatorio) y alude esto sólo ahora, a Cristo. El punto álgido de su reinterpretación consiste en, que con sólo la creencia en la muerte de Jesús como suceso de salvación podría ser justificado - o sea “sin merecimiento”, es decir sin obras buenas. Este fue uno de los mensajes esenciales de Pablo y fue un mensaje agradable para el pueblo. Con el incómodo Jesús de Nazaret no tenía nada que ver. Porque Jesús enseñaba mantener los diez mandamientos y de la prédica de la montaña, y dijo: “haz esto, y vivirás” (Lucas 10, 27) Con esto Pablo estableció las bases para una iglesia popular, que pronto va a celebrar cultos para el “acto de sanación", que nuevamente fueron tomados del paganismo. Ya un alumno de Pablo de la 1era generación convierte a Jesús, el Cristo, en un “sumo sacerdote” (En la epístola a los hebreos de la Biblia), cuya sangre “limpia nuestra conciencia” (9, 11). Pronto siguen los teólogos y escribas como “sacerdotes asistentes”, nuevamente hay ritos y ceremonias, talares, púlpitos y altares, tal como la gente estaba acostumbrada en su religiones de antes. Jesús no quiso ser entendido como “sumo sacerdote”. Si no, él pudo haberse dejado elevar a este puesto por sus apóstoles. Pero con Jesús y sus seguidores, sacerdotes y rituales se hicieron superfluos, ya que las personas habían comenzado de ubicar el reino de Dios en su propio interior, ya que no tenían a ningún superior a ellos y tampoco necesitaban a un “mediador” para Dios. Los primeros cristianos primigenios construyeron su relación con Dios dentro de si, y fueron guiados directamente por Cristo, cuando se manifestaba por boca profética. Pablo frente a esto es el primer escriba, que llega a una posición de responsabilidad mayor para la sociedad originaria. Con esto ha usado habilidosamente su ventaja intelectual, frente a los ex pescadores y carpinteros de entre los apóstoles. Estos, por ejemplo, son mucho menos diestros en cosas de discusión y por otro lado tampoco puede evitar, como Pablo introduce su “conocimiento” teológico, cambiando con esto en forma obvia o no tanto, la enseñanza cristiana. Así también enseña a la comunidad en Roma una predestinación (capítulo 9; “Dios elije y obceca al que quiere”), lo que nuevamente no tiene nada que ver con Jesús. Y también lo que escribe a la comunidad de Corintio, no proviene de Jesús: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios” (1era Corintios 2, 14). Así Pablo, “se han de discernir espiritualmente”. Con esto le niega a las personas simples, en parte de entendimiento infantil, la posibilidad del conocimiento de Dios, por ejemplo, en la naturaleza, y en vez de esto, se lo concede al hombre “espiritual”. Posteriormente la iglesia declara, basándose en Pablo, que sólo por ella, la iglesia, se podría recibir el espíritu de Dios, y a sus “funcionarios” los hace llamarse “clérigos”. Jesús ensaño otra cosa, por ejemplo: “que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18, 3) |
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| "Valzar" <valzar***gmail.com> escribió en el mensaje news:fc2544c8-cb43-49ef-b7e8-82dc7853ca8a***e39g2000hsf.googlegroups.com... En la actualidad todos conocemos que para tener un ciclo de noche y día se necesita que la Tierra rote sobre su propio eje con la luz brillando desde un punto. La Biblia nos dice que Dios creó en la luz y la Tierra el primer día. Este hecho nos permite deducir que la Tierra se encontraba ya rotando en relación a la luz creada. El Dios creador puede crear luz sin necesidad de tener una fuente secundaria. Dios nos dice que en los cielos nuevos y en la Tierra nueva ya no habrá sol ni luna (Apocalipsis 21:23). En Génesis, Dios define al día y a la noche en referencia a la luz como existente o ausente. Los ‘creacionistas progresivos’ utilizan el argumento de que los días señalados en la Creación son periodos grandes de tiempo, pero Dios habría utilizado diferentes palabras para distinguir las dos clases de días. La creación del sol después de la Tierra debilita grandemente los intentos que hacen los creacionistas progresivos para armonizar la Biblia con miles de millones de años. Algunos de ellos postulan que lo que realmente sucedió en este Día 4 fue que el sol y otros cuerpos celestiales ‘aparecieron’ cuando una densa nube se disipó después de millones de años. Ésta no sólo es fantasía científica, sino también una mala exégesis del Hebreo. Veamos por qué: La palabra ‘asah’que se traduce como ‘hacer’ es utilizada a través del primer capítulo de Génesis. Se puede intercambiar por ‘crear’ (‘bara’) cuando significa una creación de la nada, como por ejemplo en Génesis 1:26-27. No es lógico aplicar un significado diferente de la misma palabra, en la misma construcción gramatical, en el mismo pasaje, solamente para hacerlas coincidir con ideas evolucionistas ateas tales como el ‘Big Bang’. Si Dios hubiese querido decir ‘apareció’, hubiese usado la palabra Hebrea para aparecer (ra’ah), así como cuando la Tierra seca ‘apareció’ cuando las aguas se juntaron en el Día 3 (Génesis 1:9). Durante nuestros estudios hemos analizado más de 20 traducciones y todas claramente establecen que el sol, la luna y estrellas fueron creadas el Cuarto Día. La evidencia de que estos días son días ordinarios es tan contundente, que aún eruditos del hebreo antiguo de tendencias liberales admiten que el autor del libro no puede tener otra intención en señalarlo así : particularmente cuando las palabras ‘tarde’ y ‘mañana’ fueron utilizadas desde el primer día (Ver el Libro de las Respuestas Capítulo 2). Fue en el Día 4 cuando fue instituido el sistema presente con los portadores de luz temporales para la Tierra (después de escribir este artículo encontré que Calvino había hecho esta misma observación años atrás.) Notas 1. Esto es muy importante para los puntos de vista paganos que tienden a alabar al sol como la fuente de la vida. Dios parece estar explicando claramente que el sol es secundario a su ser como Creador y fuente de todo. No ‘necesita’ al sol para crear ‘vida’ (en contraste a las creencias teístas evolucionistas.) 2. Esta orden inusual en la Creación en contra de la intuición (luz antes del sol) añade un sello de autenticidad. Si la Biblia hubiera sido el producto de ‘editores’ como muchos críticos alegan (ver ¿Génesis fue escrito por Moisés?), hubieran modificado los escritos para hacerlos coincidir con su entendimiento. El hecho astronómico de que el ciclo día-noche necesita luz y rotación ha sido un descubrimiento reciente. Tener un ‘día’ sin el sol hubiera sido inconcebible para los antiguos. http://www.investigacionescreacionis...1bf9e07ff44582 ElOxitoDelArcoIris***69.es -- http://www.apologeticspress.org/espa...onvsevolucion/ http://www.harunyahya.org/other/evol...mo/evoluc.html http://bloomerfield.com/category/la-...ia-cientifica/ http://bloomerfield.com/2007/10/09/l...giones/#more-7 http://www.centrorey.org/tema_religion_falsa.htm http://www.centrorey.org/tema_religion_falsa2.htm |
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| "Valzar" <valzar***gmail.com> escribió en el mensaje news:fc2544c8-cb43-49ef-b7e8-82dc7853ca8a***e39g2000hsf.googlegroups.com... En la actualidad todos conocemos que para tener un ciclo de noche y día se necesita que la Tierra rote sobre su propio eje con la luz brillando desde un punto. La Biblia nos dice que Dios creó en la luz y la Tierra el primer día. Este hecho nos permite deducir que la Tierra se encontraba ya rotando en relación a la luz creada. El Dios creador puede crear luz sin necesidad de tener una fuente secundaria. Dios nos dice que en los cielos nuevos y en la Tierra nueva ya no habrá sol ni luna (Apocalipsis 21:23). En Génesis, Dios define al día y a la noche en referencia a la luz como existente o ausente. Los ‘creacionistas progresivos’ utilizan el argumento de que los días señalados en la Creación son periodos grandes de tiempo, pero Dios habría utilizado diferentes palabras para distinguir las dos clases de días. La creación del sol después de la Tierra debilita grandemente los intentos que hacen los creacionistas progresivos para armonizar la Biblia con miles de millones de años. Algunos de ellos postulan que lo que realmente sucedió en este Día 4 fue que el sol y otros cuerpos celestiales ‘aparecieron’ cuando una densa nube se disipó después de millones de años. Ésta no sólo es fantasía científica, sino también una mala exégesis del Hebreo. Veamos por qué: La palabra ‘asah’que se traduce como ‘hacer’ es utilizada a través del primer capítulo de Génesis. Se puede intercambiar por ‘crear’ (‘bara’) cuando significa una creación de la nada, como por ejemplo en Génesis 1:26-27. No es lógico aplicar un significado diferente de la misma palabra, en la misma construcción gramatical, en el mismo pasaje, solamente para hacerlas coincidir con ideas evolucionistas ateas tales como el ‘Big Bang’. Si Dios hubiese querido decir ‘apareció’, hubiese usado la palabra Hebrea para aparecer (ra’ah), así como cuando la Tierra seca ‘apareció’ cuando las aguas se juntaron en el Día 3 (Génesis 1:9). Durante nuestros estudios hemos analizado más de 20 traducciones y todas claramente establecen que el sol, la luna y estrellas fueron creadas el Cuarto Día. La evidencia de que estos días son días ordinarios es tan contundente, que aún eruditos del hebreo antiguo de tendencias liberales admiten que el autor del libro no puede tener otra intención en señalarlo así : particularmente cuando las palabras ‘tarde’ y ‘mañana’ fueron utilizadas desde el primer día (Ver el Libro de las Respuestas Capítulo 2). Fue en el Día 4 cuando fue instituido el sistema presente con los portadores de luz temporales para la Tierra (después de escribir este artículo encontré que Calvino había hecho esta misma observación años atrás.) Notas 1. Esto es muy importante para los puntos de vista paganos que tienden a alabar al sol como la fuente de la vida. Dios parece estar explicando claramente que el sol es secundario a su ser como Creador y fuente de todo. No ‘necesita’ al sol para crear ‘vida’ (en contraste a las creencias teístas evolucionistas.) 2. Esta orden inusual en la Creación en contra de la intuición (luz antes del sol) añade un sello de autenticidad. Si la Biblia hubiera sido el producto de ‘editores’ como muchos críticos alegan (ver ¿Génesis fue escrito por Moisés?), hubieran modificado los escritos para hacerlos coincidir con su entendimiento. El hecho astronómico de que el ciclo día-noche necesita luz y rotación ha sido un descubrimiento reciente. Tener un ‘día’ sin el sol hubiera sido inconcebible para los antiguos. http://www.investigacionescreacionis...1bf9e07ff44582 ElOxitoDelArcoIris***69.es -- http://www.apologeticspress.org/espa...onvsevolucion/ http://www.harunyahya.org/other/evol...mo/evoluc.html http://bloomerfield.com/category/la-...ia-cientifica/ http://bloomerfield.com/2007/10/09/l...giones/#more-7 http://www.centrorey.org/tema_religion_falsa.htm http://www.centrorey.org/tema_religion_falsa2.htm |
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