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  #1 (permalink)  
Antiguo 31-01-2008, 22:04:26
Depresiv
 
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Predeterminado Historia de Matthew Smith

Hola:

Ya se que no me conocéis de nada (sí, también se que no es forma de
comenzar un mensaje). De todas formas quería comentar que soy
aficionado a contar cuentos, y que hace poco escribí uno un poco
largo, sobre la vida de Matthew Smith, conocido como el programador de
"Manic Miner" y "Jet Set Willy".

El caso es que me interesaría tener vuestra opinión. Por varias
razones. Primera y más importante porque muchos de vosotros vivísteis
esta época de una forma muy íntima y muy emotiva, y podéis entrar de
una forma distinta en la "sensibilidad del relato". Y por otra parte
porque probablemente alguno me podrá ayudar a corregir alguna
inexactitud - fecha que baile - dato incorrecto, etc... que me haya
dado por introducir.

Y nada más. Solo añadir que esto no es exactamente una autobiografía,
sino un relato literario. La diferencia, tal como la veo, es que he
introducido de manera voluntaria emociones y sentimientos en Matthew,
de los cuales evidentemente no tengo constancia en la vida real.

Gracias de antemano por vuestra opinion

-- Depresiv

----------------------------------------------------------

Matthew Smith, el chico con el nombre vulgar, nació en 1966, en una
también vulgar familia obrera. Sus padres decidieron trasladarse de
Londres a Wallasey (Liverpool), cuando él tenía siete años de edad.
Matthew era ese típico chico tímido pero inteligente que, para
protegerse de todo aquello que cree no poder conseguir, adopta una
apariencia un tanto agresiva de cinismo. Ya de muy pequeño adquirió
ese tipo de personalidad molesta que nos consigue resultar antipática
"hasta que se le acaba conociendo mejor".

Pero eso sí, Matthew no carecía de talento. Cuando en su instituto de
Wallasey descubrió la electrónica sintió algo así como un flechazo
amoroso por ese mundo de metales y corrientes alternas. Pronto no
había aparato o juguete que no quisiera abrir para "verle las
entrañas" y desvelar sus misterios. En ese afán de entendimiento de
las máquinas había tal vez algo del tembloroso amante indagando en un
metálico secreto femenino.

Sin embargo, a finales de la década de los 70 no debía haber mucho que
un chico con una fuerte afición por la electrónica pudiera hacer. La
crisis del sector metalúrgico había atacado Inglaterra con dureza, y
aunque ya debían existir esos juguetes infantiles de "aprenda
electrónica sin riesgos", la opinión común de los adultos era de
recelo hacia todo lo electrónico. Para muchos, habían sido los
ordenadores los responsables de la crisis, "las máquinas haciendo el
trabajo de los hombres".

Todo aquello estaba a punto de cambiar en cualquier caso. Tímidamente
al principio, y más tarde con mayor fuerza, irían apareciendo las
máquinas recreativas, las consolas de salón, los primeros
microordenadores, "el mundo de la informática a su alcance".

En el barrio de Matthew abrió una sucursal de la "Tandy Computers",
los fabricantes del ordenador TRS-80. Aquellas tiendas tenían la
premisa de Marketing de dejar a cualquiera que lo deseara entrar y
sentarse en los expositores a probar y experimentar con los
ordenadores. Obviamente, al cabo de no mucho tiempo se acabaron
llenando de críos adolescentes, deseosos de trastear con esos nuevos
juguetes. Lo cual venía muy bien a la compañía como estrategia
publicitaria, pues así demostraba a cualquiera que entrara en las
tiendas que "hasta un niño" podía programar sus máquinas.

Matthew se hizo asiduo a la tienda de su barrio. No siendo el típico
chico "normal" que disfruta jugando al fútbol y mintiendo a sus amigos
sobre el número de chicas con las que se ha acostado, la sucursal de
Tandy se convirtió para el en ese reducto confortable en el que no era
considerado "rarito", una especie de club social en el que los raros
eran los demás.

Huelga decir que torturó con súplicas durante seis meses a sus padres
para que le compraran uno de aquellos ordenadores, hasta que
finalmente en las navidades de 1979, Matthew recibió su TRS-80 de 4
Kilobytes de memoria. En principio su intención inicial era, como
había sido hasta entonces con todo, destriparlo y descubrir su modo de
funcionamiento, desentrañar sus procelosos misterios mecánicos. Pero
en aquella ocasión no tuvo resultado. Aquel artilugio resistía todos
sus intentos por racionalizarlo, como si fuera una virgen reticente de
entregar su virtud. Así, no le quedó otra que hacerse amigo de aquella
máquina misteriosa, aprender su propio lenguaje, cortejarla como un
paciente enamorado.

De este modo fue como Matthew quedó sentenciado.

Y llegamos por fin a los 80. Matthew se ha convertido en ese
adolescente gordito de mirada triste pero inteligente que se sienta en
la parte trasera de los autobuses, con sus pelos negros cardados
cubriendo su rostro y desplegándose en todas direcciones, un poco a lo
"Syd Barrett", un estilo que ahora llamaríamos "gótico", pero al que
entonces se prefería llamar "romántico". Como todos los adolescentes
tenía una concepción un tanto elevada sobre sí mismo. Consideraba
tener un profundo y hermoso mundo interior, y tan sólo la ceguera y la
estupidez del mundo justificaban que permaneciera oculto. Pero algún
día, se decía Matthew, el mundo sabría. Llegaría el momento en el que
se abrieran las bocas de asombro con el chico tímido de los cabellos
negros cardados.

Por entonces Matthew se movía ya con absoluta soltura por ese pequeño
submundo de la sucursal de Tandy en su barrio. Muchos de los amigos
con los que luego se iba al cine o a tomar alguna cerveza (a
escondidas, pues en Inglaterra era ya ilegal el consumo de alcohol
para los menores de edad) provenían de ese lugar. Chicos introvertidos
como él, con los que podía hablar durante horas de máquinas o de
ciencia ficción.

Así conoció a Chris Cannon. Chris trabajaba en una empresa dedicada a
la programación de juegos para ordenador, llamada "Bug-Byte". Al
parecer Liverpool era una especie de naciente "Silicon Valley" obrero,
en el que multitud de pequeñas empresas de software crecían como
setas, muchas veces compitiendo desde la misma calle. Chris había
visto lo que Matthew programaba por afición en su TRS-80 (dos o tres
"mata-marcianitos", lo habitual en aquel entonces) y le propuso entrar
a trabajar en su compañía para desarrollar juegos como aquellos en un
nuevo modelo de ordenador aparecido recientemente, el ZX Spectrum.
Matthew, por supuesto, se sentía feliz de ganar dinero haciendo lo que
más le gustaba hacer a sus dieciséis años, con lo que en 1982 firmó un
contrato para programar tres juegos en este nuevo ordenador.

En 1983, Matthew programó "Styx" para el ZX Spectrum. El argumento era
un absoluto sinsentido, muy al gusto de la época; una especie de
astronauta armado con una pistola láser debía atravesar sucesivamente
un laberinto lleno de arañas gigantes, el famoso río Estigio de la
mitología griega infestado de pirañas y una tercera cámara abarrotada
también de insectos para finalmente dar muerte a un extraño demonio
encapuchado. Una vez hecho esto, el astronauta volvía a repetir su
sangrienta peregrinación "ad nauseam".

El juego no tuvo malas ventas. Matthew recibió por él un nada
desdeñable cheque por trescientas mil libras de la época, y su empresa
lo celebró regalándole el ZX Spectrum en el que lo había programado.
Sus padres, que hasta entonces probablemente habían contemplado con
resignación las rarezas de su hijo, debieron quedar más que
sorprendidos al comprobar que eran esas excentricidades las que les
iban a sacar de pobres.

Puede que tal vez por esta misma sorpresa (y por la consiguiente
euforia) decidieran irse todos juntos de viaje a Italia. La familia de
Matthew no había sido de muchos recursos económicos, con lo que
"despilfarros" como aquel eran una relativa novedad. Sin duda sus
padres habrían fantaseado durante años con la idea de conocer "la
vieja Europa".

Matthew no era de la misma opinión. Estaba demasiado acostumbrado al
confortable tedio de las calles conocidas y de las mismas caras como
para que salir a un mundo exterior extraño y hostil no le produjera
escalofríos. Así, expresó con amargura su deseo de quedarse en casa.
Más tarde rezongó al despertarse temprano para dar comienzo al viaje.
Protestó y puso caras largas durante las obvias incomodidades del
viaje. Se quejó del hotel...

Pero llegó a Roma. Venecia. Florencia. Los robustos palacios, las
basílicas, los coliseos. Los colores, la amplitud de los gestos, las
arrebatadas discusiones en la calle, las fuentes, los brumosos
silencios, los empedrados. Los coloristas atascos de tráfico, las
"ragazzas", los "ragazzos", el "Teatro dell'Arte"...

En Matthew a las protestas destempladas les siguió un atolondrado
silencio primero, y más tarde una callada fascinación. El chico de
Liverpool había accedido por fin a conocer algo de la inmensa
complejidad del mundo más allá de las paredes de su barrio. Podía ver
todo aquello que se le aparecía ante sus ojos, entenderlo en cierta
medida, pero había allí un nuevo tipo de sensibilidad que se le
escapaba y que le atraía poderosamente al mismo tiempo.

Con los ojos emborrachados de imágenes y colores, un día durante ese
mismo viaje, Matthew compró un cuaderno rojo y en él comenzó a hacer
los bocetos de un nuevo juego de ordenador. Esbozó pantallas, dibujos,
monstruos y personajes sobre las hojas cuadriculadas durante el
silencio de las noches de hotel.

Hay un determinado tipo de creatividad "bruta", terriblemente poderosa
e infinitamente más libre, que sólo puede tener un adolescente. Ese
tipo de momentos íntimos en los que un joven imagina mundos
fantásticos sin la presión del miedo a las apariencias, sin
preocuparse por la repetición de arquetipos o de la obviedad, con el
calor de la idea fresca en la punta de los dedos y con esa voz
interior que le empuja a llenar el papel, a cubrirlo, sofocarlo de
formas, llenar el vacío con su caótica falta de estructura.

Al regresar a las oficinas de "Bug-Byte" en Inglaterra, Matthew se
encerró con sus ordenadores y los bocetos de su cuaderno rojo, presa
de una actividad frenética. Ocho semanas después terminó de programar
"Manic Miner", un nuevo juego para su compañía.

El argumento de "Manic Miner" era relativamente sencillo. El minero
Willy descubría accidentalmente la entrada a las ruinas de una antigua
civilización olvidada en el subsuelo de un barrio de Londres. Willy
debía recorrer las 20 cavernas que conformaban las ruinas y recoger
los tesoros en cada una de ellas antes de que se agotara el oxígeno.

Pero lo que hacía radicalmente distinto a "Manic Miner" de todo lo que
se hubiera hecho hasta entonces era lo maravillosamente disparatado y
excéntrico del mundo que había salido de la imaginación de Matthew.
Enemigos tan estrambóticos como robots de juguete, pingüinos, retretes
que abrían y cerraban bostezantes sus asientos abatibles, ojos
flotantes que parpadeaban sin cesar, teléfonos que sonaban, ositos de
peluche, incluso la bonachona caricatura de Eugene Evans, uno de sus
colegas programadores en "Bug-Byte". Cavernas llenas de color y con
nombres tan curiosos como "el ataque de los teléfonos mutantes", "el
generador de energía solar" o "el retorno de la bestia Kong
alienígena".

Corría el año 1984. Lo que había hecho ese chico de, por entonces,
diecisiete años, estaba a años luz de todo lo aparecido hasta
entonces. Decir que "Manic Miner" fue un éxito es quedarse francamente
corto. "Manic Miner" ha sido uno de los programas más influyentes en
la historia del software inglés. No solo estaba tecnológicamente por
encima de todo lo que se vendía hasta la fecha, sino que su
irreverente y esquizofrénico sentido del humor (como ese pie descalzo
de Dios que descendía desde las alturas para espachurrar al pobre
minero Willy cuando este había agotado sus vidas, una clara referencia
al "Monty Python's Flying Circus", serie muy famosa en Inglaterra por
entonces) hizo las delicias de cualquiera que probara el programa.

El mundo de Matthew estaba a punto de cambiar radicalmente. El
inesperado volumen de ventas que generó el programa puso más que
nerviosos a directivos, colegas programadores y distribuidores. Pronto
habrían de comenzar las disputas por ese filón de diecisiete años.
Habría de ser Alan Maton, uno de los directivos de "Bug-Byte", el que
aprovechara uno de los retrasos en los pagos de royalties tan
habituales en la compañía para indisponer a Matthew en contra de la
misma. Su idea era sencilla; montar una nueva empresa con su dinero,
el de su mujer y alguna otra ayuda que pudiera agenciarse y llevarse
consigo a Matthew y a otros programadores, como su amigo Chris Cannon.

Dicho y hecho. Alan fundó "Software Projects" y, aprovechando uno de
esos molestos agujeros legales, logró llevarse los derechos de
distribución de "Manic Miner" a la nueva compañía.

Al mismo tiempo, el gran éxito obtenido comenzaba a mostrar los
dientes a Matthew. Así, en un programa de televisión inglés podíamos
ver al chico gordito de los pelos cardados encaramado a una silla más
alta que él, contestando aterrorizado a las preguntas de una
entrevistadora. Las revistas no paraban de anunciar el programa,
corrían leyendas negras como que el nombre "Matthew Smith" era en
realidad el nombre en clave del ordenador TRS-80 en el que el "Manic
Miner" había sido desarrollado. Era como si ese mundo ciego y estúpido
al que en otro tiempo tanto había deseado impresionar con su mundo
interior, amenazara con tragarle, vampirizar sus ideas, alimentarse de
las imágenes salidas de su mente.

Y llegaron las presiones y las prisas. "Software Projects" dependía
ahora del éxito de los programas de Matthew. Las oficinas estaban
construidas como si se tratara de un zoológico; una pulcra sala
recibidor desde la que se llegaba al despacho de Alan Maton, el
director, y luego tras subir unas cortas escaleras y atravesar una
puerta que solía cerrarse con llave, las "jaulas" de los
programadores. La consigna era "libertad de horarios", lo cual quería
decir que no se ponían excesivas pegas sobre la hora de entrada, pero
que desde luego también se tenía bastante laxitud con respecto a la
hora de salida. Algunos de aquellos programadores pasaban a veces días
enteros viviendo en el interior de aquellas oficinas.

A Matthew se le despertaba a la mañana sin contemplaciones y con una
falsa sonrisa de "gentleman" inglés, porque "ya era hora de ponerse a
trabajar". No es de extrañar que se actuara así; no paraban de llegar
quejas a la compañía por parte de las distribuidoras exigiendo una
segunda parte de aquel programa que había batido records de venta. En
las entrevistas que obligaban a Matthew a conceder a los medios de
comunicación del gremio, la pregunta de "¿cuándo va a haber una
segunda parte del Manic Miner?" era una fastidiosa constante. Así, lo
que empezó siendo una divertida ocupación, un placentero modo con el
que ganar dinero, se transformó para Matthew en una asfixiante
tortura, por obra y gracia de la presión del éxito.

La segunda parte se llamó "Jet Set Willy". El minero, tras volverse un
excéntrico millonario al apropiarse de todos los tesoros de las
cavernas del juego anterior, ha organizado una descomunal fiesta, al
final de la cual ha acabado considerablemente borracho y aferrado al
retrete de su mansión. Cuando se dirige hacia su cama para disponerse
a dormir, descubre frente a la puerta a su ama de llaves, María,
completamente indignada, que le exige que recoja todos y cada uno de
los desperdicios organizados en la fiesta a través de las 90
habitaciones de su mansión, antes de permitirle ingresar de nuevo en
su dormitorio.

Hay un paralelismo, por supuesto. Matthew, al igual que su personaje
Willy, había "descubierto el oro", sólo para después encontrarse con
la terrible "resaca del éxito".

"Jet Set Willy" tardó un tiempo considerablemente más largo en estar
terminado. Matthew, que había cambiado desde hacía ya mucho los
jardines de Florencia por las grises paredes de las oficinas de
Software Projects, no podía entender cómo ahora le costaba tanto
provocar que las imágenes salieran. Lo que antes parecía un grifo
interminablemente abierto del que manaran inagotablemente todo tipo de
criaturas y escenarios, se había secado casi por completo. Ahora tan
sólo después de largos y estériles esfuerzos frente a la hoja de papel
en blanco conseguía extraerlas, como un lento y estrangulado aliento
creativo.

Pese a ello, en 1984 salió a la venta el juego, un éxito de ventas aún
superior al anterior. Pero ya la gallina de los huevos de oro se había
agotado definitivamente. Matthew, para suavizar algo la constante
presión a la que era sometido, decidió trasladar su lugar de trabajo a
un edificio distinto. Empezó a desarrollar otras ideas, incluso bromeó
durante un tiempo con un título para la tercera parte de su famoso
alter-ego; "Willy meets the Taxman", una broma privada sobre sus
recientes problemas fiscales. Obviamente esa tercera parte nunca llegó
a terminarse.

Y a partir de aquí es cuando vamos abandonando poco a poco el terreno
seguro de la historia conocida y penetramos en las nieblas del
misterio. Aparentemente Matthew probó todo tipo de drogas, un producto
más de su prolongada resaca de éxito. Y esas drogas no debieron sentar
muy bien a su mentalidad sensible, sobreexcitada de imágenes. Se
rumorea que tras dejar Software Projects pasó algún tiempo en forzoso
anonimato, para esquivar el fisco, realizó todo tipo de trabajos
pobremente remunerados, y en algún momento debió ingresar brevemente
en un hospital psiquiátrico.

Lo que sí es seguro es que en Enero de 1995, ya con veintinueve años
cumplidos, dejó la ciudad de Wallasey y emigró a Holanda, rumbo hacia
Amsterdam. Por entonces su etapa de breve millonario era ya un lejano
recuerdo. Matthew había pasado de ser un tímido chico gordito a
convertirse en un hombrecillo de movimientos nerviosos, ojos alocados
saliendo en todas direcciones, sonrisa desencajada. El tipo de persona
con la que mantener una conversación era una experiencia ciertamente
desasosegante.

Allí, en Amsterdam, vivió en una comuna "hippie" en la que aquel
"inglés rarito" debió generar cierta simpatía. Consiguió ganarse la
vida a duras penas como mecánico de bicicletas. Probó grandes
cantidades de Marihuana. Matthew siempre recordó aquella época con
ternura ("fueron unos buenos momentos"), sin embargo, en Octubre de
1997, por no renovar a tiempo sus papeles de residencia, fue escoltado
con fría amabilidad por la policía holandesa hasta el aeropuerto,
rumbo de nuevo a Inglaterra.

Mientras tanto, en el resto del mundo, el misterio de Matthew Smith
adquiría por momentos tintes de verdadera epopeya. Tras su
desaparición a ojos del mundo a mediados de los ochenta, Matthew se
transformó en una especie de "Elvis" de la microinformática. El
silencio le había dado un aura de "leyenda", Durante mucho tiempo, una
página web llamada "Where is Matthew Smith?" se dedicó a recopilar
todo tipo de datos sobre su paradero, y a publicar correos de
narraciones sobre sus supuestos "avistamientos". Al mismo tiempo,
crecían los clubes de "fans" en torno a "Manic Miner" y a "Jet Set
Willy".

No es difícil imaginar que finalmente, cuando el bueno de Matthew
dispuso al fin de un ordenador decente y de una conexión a Internet, y
comenzara a practicar la sana y masturbatoria costumbre de buscarse a
sí mismo en el Google, descubriera con infinita sorpresa todo esto.
Treinta años después de borrarse del mapa, la gente no le había
olvidado. El chico gordito, ese que creía muerto ya en alguna parte de
su cerebro maltratado, comenzaba a agitarse y a levantar el brazo,
pidiendo de nuevo la atención del mundo.

De ese modo ingresó de nuevo por un tiempo en la vorágine mediática.
Entrevistas para la prensa y para varios programas de televisión, en
los que se le trataba de "leyenda viviente" y de "misterio resuelto".
Presentadores que le interrogaban con mayor o menor tacto sobre
Amsterdam o sobre el consumo de drogas. Así y todo, Matthew sonreía a
la cámara, esa misma sonrisa desencajada, esos ojos enloquecidos, casi
una caricatura de la felicidad, con los que se puso de camino hacia
Holanda años atrás. Algo había en ese rostro, en el Matthew Smith de
los cuarenta y un años de edad, de aquel chico que siempre se negó a
crecer. En esos ojos saltones y en el temblor y el discurso titubeante
de su voz, descubrimos al pequeño chaval "rarito" de la sucursal de la
"Tandy Computers" que anhelaba ser especial, ser admirado, compartir
su mundo interior.

Ese chico incapaz de darse cuenta del terrible error que había
cometido destruyendo el misterio. Ahora, las cabezas que anteriormente
se giraran tensas de curiosidad en su dirección, asentían ahora con
tranquilidad, murmurando un "ah, así que eso fue finalmente de
Matthew". Y ya se vuelven con aburrimiento dándole la espalda,
buscando otro punto más fulgurante en el que volver a fijar su
atención. Ya se apagan las cámaras, y Matthew, sonriente, abandona el
plató. Reingresa en el oscuro vacío del anonimato, como hace años, del
que esta vez no volverá a salir jamás.

Hasta siempre, Matthew Smith.
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  #2 (permalink)  
Antiguo 01-02-2008, 00:27:45
Rockersuke Moroboshi
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Historia de Matthew Smith

Depresiv escribió:

> Ya se que no me conocéis de nada (sí, también se que no es forma de
> comenzar un mensaje).


¡EH! Algunos sí que te conocemos de algo XDD

Y si os gusta como escribe depre, no dejeis de echar un tejo a sus obras
de ficción interactiva:

http://www.wikicaad.net/Depresiv

(yo mientras, pongo al minero loco en la tarjetita de la game boy y me
voy a dormir jugando... vete a saber lo que acabo soñando luego... )
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  #3 (permalink)  
Antiguo 01-02-2008, 00:27:45
Rockersuke Moroboshi
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Historia de Matthew Smith

Depresiv escribió:

> Ya se que no me conocéis de nada (sí, también se que no es forma de
> comenzar un mensaje).


¡EH! Algunos sí que te conocemos de algo XDD

Y si os gusta como escribe depre, no dejeis de echar un tejo a sus obras
de ficción interactiva:

http://www.wikicaad.net/Depresiv

(yo mientras, pongo al minero loco en la tarjetita de la game boy y me
voy a dormir jugando... vete a saber lo que acabo soñando luego... )
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  #4 (permalink)  
Antiguo 01-02-2008, 00:27:45
Rockersuke Moroboshi
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Historia de Matthew Smith

Depresiv escribió:

> Ya se que no me conocéis de nada (sí, también se que no es forma de
> comenzar un mensaje).


¡EH! Algunos sí que te conocemos de algo XDD

Y si os gusta como escribe depre, no dejeis de echar un tejo a sus obras
de ficción interactiva:

http://www.wikicaad.net/Depresiv

(yo mientras, pongo al minero loco en la tarjetita de la game boy y me
voy a dormir jugando... vete a saber lo que acabo soñando luego... )
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  #5 (permalink)  
Antiguo 01-02-2008, 00:27:45
Rockersuke Moroboshi
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Historia de Matthew Smith

Depresiv escribió:

> Ya se que no me conocéis de nada (sí, también se que no es forma de
> comenzar un mensaje).


¡EH! Algunos sí que te conocemos de algo XDD

Y si os gusta como escribe depre, no dejeis de echar un tejo a sus obras
de ficción interactiva:

http://www.wikicaad.net/Depresiv

(yo mientras, pongo al minero loco en la tarjetita de la game boy y me
voy a dormir jugando... vete a saber lo que acabo soñando luego... )
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  #6 (permalink)  
Antiguo 01-02-2008, 09:43:55
compiuter
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Historia de Matthew Smith

Interesante.
Me ha hecho recordar mis tiempos mozos.
Quién no ha tenido una libreta cuadriculada.
Esperemos que Mathew encuentre nuevas minas que explorar.
Me has hecho recordar cuando iba con mis padres al banco y
mi altura no me permitía ver lo que había tras el mostrador de la
central de "la caixa", cuando conseguía asomarme, y miraba
el paisaje, sólo había secretarias haciendo "tacataca" en sus
máquinas de escribir, sería sobre el 76 o 77. Ellas introducían las
libretas que entregaban los clientes y las machacaban con las
teclas escribiendo los movimientos bancarios.
Lor ordenadores, de haberlos, estaría semiocultos, en algún lugar
del banco, esperando su momento.
Un saludo.
Responder Con Cita
  #7 (permalink)  
Antiguo 01-02-2008, 09:43:55
compiuter
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Historia de Matthew Smith

Interesante.
Me ha hecho recordar mis tiempos mozos.
Quién no ha tenido una libreta cuadriculada.
Esperemos que Mathew encuentre nuevas minas que explorar.
Me has hecho recordar cuando iba con mis padres al banco y
mi altura no me permitía ver lo que había tras el mostrador de la
central de "la caixa", cuando conseguía asomarme, y miraba
el paisaje, sólo había secretarias haciendo "tacataca" en sus
máquinas de escribir, sería sobre el 76 o 77. Ellas introducían las
libretas que entregaban los clientes y las machacaban con las
teclas escribiendo los movimientos bancarios.
Lor ordenadores, de haberlos, estaría semiocultos, en algún lugar
del banco, esperando su momento.
Un saludo.
Responder Con Cita
  #8 (permalink)  
Antiguo 01-02-2008, 09:43:55
compiuter
 
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Predeterminado Re: Historia de Matthew Smith

Interesante.
Me ha hecho recordar mis tiempos mozos.
Quién no ha tenido una libreta cuadriculada.
Esperemos que Mathew encuentre nuevas minas que explorar.
Me has hecho recordar cuando iba con mis padres al banco y
mi altura no me permitía ver lo que había tras el mostrador de la
central de "la caixa", cuando conseguía asomarme, y miraba
el paisaje, sólo había secretarias haciendo "tacataca" en sus
máquinas de escribir, sería sobre el 76 o 77. Ellas introducían las
libretas que entregaban los clientes y las machacaban con las
teclas escribiendo los movimientos bancarios.
Lor ordenadores, de haberlos, estaría semiocultos, en algún lugar
del banco, esperando su momento.
Un saludo.
Responder Con Cita
  #9 (permalink)  
Antiguo 01-02-2008, 09:43:55
compiuter
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Historia de Matthew Smith

Interesante.
Me ha hecho recordar mis tiempos mozos.
Quién no ha tenido una libreta cuadriculada.
Esperemos que Mathew encuentre nuevas minas que explorar.
Me has hecho recordar cuando iba con mis padres al banco y
mi altura no me permitía ver lo que había tras el mostrador de la
central de "la caixa", cuando conseguía asomarme, y miraba
el paisaje, sólo había secretarias haciendo "tacataca" en sus
máquinas de escribir, sería sobre el 76 o 77. Ellas introducían las
libretas que entregaban los clientes y las machacaban con las
teclas escribiendo los movimientos bancarios.
Lor ordenadores, de haberlos, estaría semiocultos, en algún lugar
del banco, esperando su momento.
Un saludo.
Responder Con Cita
  #10 (permalink)  
Antiguo 01-02-2008, 15:31:23
Depresiv
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Historia de Matthew Smith

On Feb 1, 10:43 am, compiuter <tvpo...***telepolis.com> wrote:
> Interesante.
> Me ha hecho recordar mis tiempos mozos.
> Quién no ha tenido una libreta cuadriculada.
> Esperemos que Mathew encuentre nuevas minas que explorar.
> Me has hecho recordar cuando iba con mis padres al banco y
> mi altura no me permitía ver lo que había tras el mostrador de la
> central de "la caixa", cuando conseguía asomarme, y miraba
> el paisaje, sólo había secretarias haciendo "tacataca" en sus
> máquinas de escribir, sería sobre el 76 o 77. Ellas introducían las
> libretas que entregaban los clientes y las machacaban con las
> teclas escribiendo los movimientos bancarios.
> Lor ordenadores, de haberlos, estaría semiocultos, en algún lugar
> del banco, esperando su momento.
> Un saludo.


Gracias, compiuter. Que te haya hecho recordar en parte tu
adolescencia con un poco de nostalgia es lo mejor que me podrías haber
dicho como piropo

Creo que sí había algún que otro ordenador en la época en españa,
aunque supongo que de tratarse de bancos habría uno en la sede central
de los más importantes y para de contar. Eran unos bicharracos tan
caros que según tengo entendido... ¡hay algunos de ellos que no se
terminaron de pagar hace mucho!

Y sorpresa, Royersuke, que hayas probado mis aventuras Callado te
lo tenías. (Por cierto, te pediría alguna ayuda ... digamos
"tecnológica" para un pequeño proyecto, referente a la posible lectura
de una base de datos de un antiguo juego en PAW. Ya te contaré)

--Depresiv
Responder Con Cita
 
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