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| Tranquis. Es sólo virtual. Del libro: ADIOS CATALUÑA Crónica de amor y de guerra De Albert Boadella Oncins Editorial Espasa Calpe Primera edición: octubre de 2007 Segunda edición: octubre de 2007 Tercera edición: noviembre ISBN:978-84-670-2635-1 En las librerías por 20 eurillos Págs. 141 a 144 (Nota aclaratoria: el Mariscal es Jordi Pujol) La compañía Comediants estaba realizando una película donde, en una de las escenas, aparecía el Teatre Municipal de Girona con todas las localidades repletas de cabezudos. Aso***mando por un palco habían colocado también un cabezudo de Pujol, pero como TV3 aportaba unos dineros en la pro***ducción de la película, los directivos de la cadena guberna***mental amenazaron a los cómicos con retirar la subvención si aparecía el careto del Mariscal en la secuencia. Los chicos de Comediants, que siempre han sido fervientes devotos del mo***vimiento «porro y buen rollo, tío», no quisieron entrar en hostilidades y se esfumó repentinamente de la película el im***portuno cabezudo. Enterados del lance, les sugerimos a los Comediants la posibilidad de utilizarlo nosotros, cosa que no tuvimos que repetirles dos veces, porque el endiablado cabe***zudo parecía quemarles las manos. El ingenio estaba realizado con auténtica destreza, ya que aquella tropa tenía unas facultades extraordinarias para estos menesteres, pero también hay que reconocer que el propio Mariscal en persona favorecía enormemente su impacto vi***sual. El artefacto descubría de forma incuestionable que Pujol era un genuino cabezudo en la realidad. En una sociedad nor***mal, cualquier dirigente con una característica similar no constituye nada significativo, pero cuando se trata del «con***ductor de un pueblo» dispuesto a sacralizarse, el asunto toma otro cariz. Esta peculiaridad convertía la efigie caricaturesca en mu***cho más auténtica que la de carne y hueso, y de aquí su fuerza transgresora con solo el gesto de fingir afanarle una peseta del bolsillo a un espectador. Hasta entonces, jamás me hubiera imaginado que una simple cabeza de cartón poseyera tan atra***yente poder catártico, ya que solo con aparecer un instante bajo cualquier excusa transformaba la situación en un ataque directo al Reichführer y, por consiguiente, a todo un montaje que se pretendía sagrado. Con la misma inocencia que Ein***stein participó indirectamente en la creación de la bomba ató***mica, Comediants había fabricado y colocado en nuestras ma***nos un ingenio letal. En el Palau de la Música la prodigiosa efigie solo aparecía en la parte final de Virtuosos de Fontainebleau, pero era suficiente para convertirse en lo más transgresor de una obra que no reparaba en otros descaros. A partir de entonces via***jábamos con nuestra arma amenazadora por todas partes. La gran testa del mariscal Pujol podía aparecer en los lugares más insólitos, y las reacciones iban desde la consternación al regocijo. Entre las muchas apariciones hubo una que resultó par***ticularmente señalada por sus consecuencias colaterales. Ocurrió durante una cena que mi entrañable amigo el diputado socialista Roma Planas había organizado para simular, en clave de humor, el juicio que los militares no habían consegui***do hacerme. Era la época en que los socialistas nos reían las gracias, y allí estaban aguerridos capitanes del PSC como los alcaldes de Lleida, Mataró y Hospitalet, el rector de la Uní***versidad Central y el estado mayor de la milicia socialista con varios diputados nacionales y regionales. Como nosotros no salíamos de casa sin el cabezudo, después del simulacro de juicio bufo le pedí al teniente de la compañía, Jesús Agelet, que se enfundara la cabeza del Mariscal y diera un par de vueltas por las mesas con la intención de poner un final san***dunguero al acto. La reacción de los comensales me dejó atónito. A medida que el cabezudo iba desfilando entre las mesas, los notables del socialismo catalán le propinaban golpes, insultos y empu***jones, con tal violencia, que temí por la integridad del tenien***te Agelet. Al llegar a la mesa presidencial, el alcalde de Lleida, como empujado por un resorte, se levantó y, colocándose de***trás del supuesto Pujol, lo agarró por la cintura e inclinándole hacia delante empezó a simular una sodomización. La escena duró escasamente pocos segundos, pero lo suficiente para que toda la oficialidad socialista prorrumpiera en risas y aplausos ante la simbólica penetración del adversario por la retaguar***dia del Mariscal. Toda la fiereza que el PSC no demostró jamás en el com***bate real ante el pujolismo fue exhibida allí contra el icono. La impotencia y el resentimiento concentrados durante tantos años, intentando conquistar la jefatura del Reich, transformó la cena en un aquelarre de enorme eficacia terapéutica para aquella buena gente. Naturalmente, una vez finalizado el acto, los notables del PSC volvieron a su dimensión gallinácea y an***daban trastornados pidiendo carretes de fotos a los periodis***tas y reclamando su silencio. Como en el caso de san Pedro, el gallo se quedó ronco de tanto socialista que negó después la asistencia al satánico acto. Nosotros, sin tenerlo previsto, le hicimos un servicio al Mariscal, desfogando para unos cuantos años más el rencor enquistado por una oposición acomplejada con el éxito popu***lar del Führer regional. Lejos de considerarlo un favor, Pujol se puso como un basilisco al enterarse de los detalles del aquelarre, del cual se había chivado Marius Carol, periodista de La Vanguardia Española que estuvo presente. Poco agrade***cido como acostumbra a ser el Mariscal, juró venganza; pero sobre nosotros tenía un problema, y es que había apurado ya todas las represalias posibles. Entonces, el frenesí vengativo le hizo concentrar sus iras en el sodomita del cabezudo, el cam***pechano Antoni Siurana, alcalde de Lleida. Este municipio era un feudo socialista muy apetecido por un Pujol que sentía una especial debilidad ante el mundo rural, donde cosechaba los mayores éxitos. La represalia del Mariscal consistió en poner una cantidad ingente de efectivos y medios financieros para derrotar al alcal***de Siurana durante la campaña de las elecciones municipales de Lleida. Algunos convergentes, ignorando los motivos pro***fundos de la obcecación presidencial, encontraban desmesura***da la inversión de dineros y esfuerzo empleados para asaltar aquella plaza. No comprendían que el revanchismo contra Es***paña que albergan las entrañas de Pujol forma parte del mismo espíritu vengativo con el que deseaba hundir a su simbólico violador. Para conseguirlo, llegó a pactar incluso con los acérri***mos enemigos del PP y de otro grupo, de signo ultraderechista, llamado Grup Freixa. Lejos de lo que pueda parecer, Pujol es un hombre dominado por estas miserias. Si no hubiera sido así, Catalunya tendría hoy una dimensión distinta y se hallaría me***nos abocada al sectarismo pedestre, principal causante de la enorme incompetencia política que asola el territorio. |
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