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| Sábado, 05 de abril, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo) JESUCRISTO ES NUESTA JUSTICIA COMPLETA, MILAGROSA Y PODEROSA: Bendecir día y noche a Nuestra Majestad Celestial es justicia eterna, en nuestros corazones y en nuestro diario vivir en la tierra, para posteriormente entrar, si no es desde ya, a nuestras nuevas vidas eternas del nuevo reino celestial, por gracia y la misericordia encontrada, sólo posible en la manifestación de nuestro Salvador, ¡el Rey de reyes y Señor de señores! Porque la verdad es que nosotros hemos sido creados, por nuestro Padre Celestial y por su Espíritu Santo, <<para que alabemos y honremos día y noche, como los ángeles fieles, a su nombre santísimo>>, en el espíritu y en la verdad de la justicia infinita de su Árbol Redentor, su gran rey Mesías de todos los tiempos, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Ciertamente, la justicia del íntegro enderezará su camino, por donde sea que vaya por toda la tierra, porque es la fe, de nuestro Salvador Jesucristo que está en su corazón siempre con sus ojos clavados / centrados a nuestro Dios que está en los cielos, <<para recibir de su aprobación y de su favor continuamente>>. Pero el impío caerá atropellado sobre sus propias tinieblas a causa de su propio lenguaje profano, porque no cree en Dios; y, además él no tiene el espíritu de fe, de nuestro Señor Jesucristo centrado en su corazón hacia nuestro Creador en el cielo, <<por eso, por su maldad, por su culpa, por su ignominia espiritual muere diariamente en la tierra>>. Y el impío muere día y noche en todos los lugares de la tierra, <<porque no hay justicia alguna en todo su ser para poder sobrevivir al pecado de su vida y así ver la vida como desde ya>>, en su mismo corazón y con sus mismos ojos de toda su vida, por ejemplo. Porque nuestro Padre Celestial ha ordenado justicia, verdad, santidad y rectitud para todos los habitantes de la tierra, comenzando con Israel, sólo <<por medio del Espíritu de fe y de la gracia redentora de su Árbol de vida eterna>>, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Y fue por esta razón, más que ninguna otra, que nuestro Salvador Jesucristo tenía que derramar su sangre santa en las afueras de Jerusalén, en Israel, <<como en las afueras del paraíso, por ejemplo; ya que Adán y sus descendientes no podían regresar al cielo jamás>>, sin el fruto de vida en sus corazones, latiendo vida y salud en abundancia. Para que entonces el nombre muy santo de nuestro Padre Celestial sea glorificado y honrado por vez primera <<no sólo por Adán y Eva sino por cada uno de sus descendientes para cumplir toda verdad y justicia infinita del cielo y de la tierra también, eternamente y para siempre>>. Para que de esta manera única y justa <<jamás les falte ninguno de sus milagros, maravillas y prodigios portentosos del cielo y de la tierra>>, para gloria y honra de su nombre bendito en el corazón y en la vida de cada uno de ellos, en sus millares, de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos del mundo entero. Porque para vivir en la tierra y así también en el paraíso <<se necesita constantemente del Espíritu de la justicia santa e infinita del fruto del Árbol de la vida de nuestro Padre Celestial, su Hijo amado>>, ¡nuestra única Justicia Celestial y Redentora! Puesto que, para agradar a nuestro Creador, a su Espíritu Santo y a sus huestes celestiales, entonces <<el hombre tiene que caminar en el camino de la verdad, de la vida santificada y de la justicia infinita del Árbol Redentor>>; de otra manera, su alma no conocerá la vida milagrosa jamás, <<por falta de la justicia perdida en el paraíso>>. Y esto es muerte para cualquier hombre, mujer, niño y niña de toda la tierra, así como lo fue para Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo, en el día que nuestro Dios encontró injusticia en sus corazones y en sus labios también, <<pues por no haber comido del fruto del paraíso, del cual les ofreció comer inicialmente>>. Porque sólo el fruto del Árbol de la vida <<imparte verdadero amor, gracia, paz, poder, santidad, sanidad y vida llena de la justicia del reino de los cielos>>, nuestro Salvador Jesucristo, para que nuestro Padre Celestial siempre esté en paz con cada uno de nosotros, en nuestros millares, en el paraíso y en todos los lugares del mundo entero. Porque sólo el Espíritu de justicia de nuestro Salvador Jesucristo es que realmente nos hace fieles a nuestro Padre Celestial en cada uno de los días de nuestras vidas cotidianos de la tierra, <<para sólo así conocer su voluntad perfecta, en cada momento de nuestras vidas, para gloria y honra infinita de su nombre muy santo e infinitamente glorioso>>. Y sin esta justicia paradisíaca de nuestro Árbol de la vida, <<entonces no caminamos por el camino de la verdad y de la nueva vida eterna, para conocer cada vez más del nombre muy santo de nuestro Padre Celestial>>, sino que inconvenientemente conoceremos del nombre de Satanás y de sus ángeles caídos, como ídolos e imágenes fundidas de metal, por ejemplo. Y esto es perdición, para cualquier ser viviente de toda la creación, <<porque deshonra el Espíritu Divino de Los Diez Mandamientos de Dios y de Moisés por completo>>, en nuestros corazones y en nuestras vidas de siempre, en todos los lugares de la tierra y del cielo, también; y nuestro Dios desea, como siempre, <<sólo la honra para su Ley Santísima>>. Por ello, la lealtad a nuestro Creador, únicamente por medio de su fruto de vida, nuestro gran rey Mesías, ¡el Cristo!, <<es de suma importancia para el corazón y para la vida de cualquier hombre, mujer, niño y niña de toda la tierra>>; y sin justicia divina no hay lealtad legitima ni menos amor verdadero de nuestros corazones para nuestro Dios. Es más, sin el Espíritu de la sangre y de la vida santísima de nuestro Árbol de vida, Jesucristo, entonces <<es totalmente imposible cantar victoria sobre Satanás, ni menos sostener en nuestras almas Los Diez Mandamientos Santos limpios y puros en nuestras vidas cotidianas>>; es decir, que sin Jesucristo <<no podremos vivir intachablemente nuestras vidas jamás, para venerar la Los Mandamientos>>. Ciertamente, <<nuestro Padre Celestial ama profundamente la justicia de su Árbol de vida eterna>>, como lo más valioso del cielo, no sólo en los corazones y en la vida de los ángeles fieles, sino también en la vida de Adán y así también de cada uno de sus descendientes en todas las familias, razas, pueblos, tribus y reinos de la tierra. Por ello, el Espíritu de la justicia de nuestro Señor Jesucristo viviendo en nuestros corazones, en cada momento de nuestras vidas en la tierra, <<ya es en si gloria infinita para nuestro Hacedor y para su Espíritu Santo sobre cada uno de los males y sus tinieblas terribles de Satanás>>; y esto es honra pura e infinita, <<únicamente para nuestro Dios>>. Porque es la lealtad de nuestro corazón y de nuestro espíritu humano, hacia nuestro Padre Celestial por Sus Sagrados Mandatos eternos, por ejemplo, <<es que realmente nos ayuda diariamente a enderezar nuestros caminos>>, como por donde Satanás los haya torcido con sus mentiras, con sus calumnias, con sus artimañas de siempre y, a la vez, con sus muchas obras malvadas, también. Por ello, es sólo nuestro Espíritu de fe, en la sangre y en la vida santísima de nuestro gran rey Mesías, <<el cual realmente diariamente endereza nuestros pasos para llevarnos virtuosamente de victoria en victoria hacia la gloria final, nuestro Dios y su Glorioso Espíritu Santo>>, rodeado por siempre de su Árbol de vida y de sus millares de huestes angelicales. Fue por esta razón que nuestro Padre Celestial les decía a los antiguos una y otra vez y sin cesar: <<No dejen que las palabras de éste Libro Sagrado se aparte de sus labios, sino que meditaran día y noche en él, para que sus pasos prosperen siempre>>. Es decir, para que su andar por la tierra sea derecho y de victoria en victoria y hasta llegar a la recta final, nuestro Dios y Fundador de nuestras nuevas vidas infinitas, <<gracias infinitamente a su Espíritu Santo y a su Árbol de vida eterna>>, establecido como Rey y Dios en La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo, por ejemplo. Y los antiguos le obedecían a nuestro Padre Celestial y a cada uno de sus preceptos, mandamientos y leyes sociales también, <<para honrarle siempre y agradar sobre todas las cosas su corazón muy santo a la misma vez>>. Pero, desdichadamente siempre Satanás tenía a alguien para engañarlos y desviarlos con injusticia infernal de toda verdad y de toda justicia de la palabra sagrada de nuestro Padre Celestial, de su Espíritu Santo y de su Árbol de vida eterna, ¡nuestro gran rey Mesías, el Cristo! Y aún así nuestro Dios ha sido perfectamente fiel a su palabra y a su Espíritu Santo hasta el final, como con su amor eterno hacia su Árbol de vida, por ejemplo, a pesar de los males constantes del enemigo de la justicia bendita del paraíso y de la humanidad entera, ¡nuestro Jesucristo! Y es por esta razón, por falta de justicia en sus corazones del Espíritu de Los Diez Mandamientos Sagrado de nuestro Dios, de su Espíritu Santo y de su Árbol de vida eterna, <<por la cual muchos de ellos no han entrado aún a la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo>>. Es decir, que <<aún hay mucha esperanza para los que no han entrado a la nueva vida infinita del nuevo reino angelical de nuestro Padre Celestial, de su Espíritu Santo y de su Árbol de vida>>, rodeado de los ángeles y de las naciones de la antigüedad fieles a Él, para servirle y honrarle infinitamente como siempre con Sus Mandatos Santos. Es por eso que hay poderes sobrenaturales en el Espíritu de Los Diez Mandamientos de Dios y de Moisés en nuestros corazones y en cada momento de nuestras vidas en la tierra y en el paraíso igual, eternamente y para siempre. Y estos poderes sobrenaturales de los decretos, leyes y preceptos de nuestro Hacedor, son verdaderamente poderes sobrenaturales de su justicia infinita, <<obrando siempre día y noche para bien y enriquecimiento continúo de nuestras vidas, para acercarnos a Él cada vez más que antes>>; porque nuestro Dios desea que nos acerquemos a él siempre, <<pero con justicia y sin justicia jamás>>. Porque sin la justicia del Espíritu del fruto del Árbol de la vida, nuestro Salvador Jesucristo, <<nuestro Dios no desea ver, ni hablar, ni mucho menos vivir con nadie en el cielo, en la tierra ni en La Nueva Jerusalén Santa e Imponente de la nueva eternidad venidera>>. Ciertamente, el Espíritu de la justicia de la verdad del amor de nuestro Dios hacia su Hijo amado en nuestros corazones, <<pues repercute profundamente en nuestras vidas cotidianas, en toda la tierra y así también en el cielo>>; es decir, también que la justicia de Jesucristo brilla en la tierra y en el cielo, <<y siempre para gloria de nuestro Creador>>. Y es por eso que muchas bendiciones de nuestro Padre Celestial, las cuales fueron llamadas a descender sobre nosotros desde mucho antes de la fundación del cielo y de la tierra, <<pues entonces empiezan a entrar en nuestros corazones y llenar nuestros espíritus humanos, para enriquecernos poderosamente para el servicio cotidiano a nuestro Dios y Fundador de nuestras nuevas vidas infinitas>>. Porque es el Espíritu Santo que viene descendiendo del cielo día y noche para entrar en nuestros corazones y en nuestras vidas renovadas, para subyugar con sus milagros, maravillas y prodigios celestiales a cada una de las profundas tinieblas de Santas, <<para que seamos limpios y libres de toda mancha del mal, para servir a nuestro Dios continuamente y sin cesar jamás>>. Por lo contrario, para los que no tienen el Espíritu de fe, del nombre sagrado de la justicia milagrosa y toda poderosa de nuestro Señor Jesucristo, entonces <<injuria de Satanás es añadida sobre su injusticia espiritual día y noche, para que sufra profundamente el dolor de no amar a su Dios, y así posteriormente muera en sus tinieblas terribles del infierno>>. Pero <<nuestro Padre Celestial no creo al hombre y a la mujer de la tierra para que sufran el mal del dolor y del desamor de sus vidas>>, afectadas terriblemente por la presencia constante de la injusticia del pecado de Adán, de no amar a su Jesucristo en sus corazones, como en su primer encuentro con Él, sino todo lo contrario. Nuestro Dios creo al hombre, <<para que viva por siempre y para siempre en el Espíritu de la justicia sobrenatural y toda poderosa de su fruto de vida eterna>>, para que jamás le falte ningún bien del cielo y de la tierra; porque <<el bien de la vida del cielo es para sus hijos e hijas>> y más no para sus enemigos. Porque <<la vida pecadora del mundo de los muertos, realmente fue creada por el mismo espíritu rebelde del pecador y de la pecadora, como Adán y Eva en el principio>>, como para los que sólo aman la injusticia en sus corazones y más no el Espíritu de la verdad y de la santidad del Señor Jesucristo, ¡nuestro único fruto de vida eterna! Ahora, el que sufre males terribles día y noche en su corazón y en toda su vida, y en la vida de los suyos también, ha de ser no porque nuestro Dios lo creo y se olvido de él, <<sino porque simplemente su corazón está en oscuras y sin la luz de la justicia milagrosa y toda poderosa de su Jesucristo>>. Es decir, también que el hombre, la mujer, el niño y la niña de la humanidad entera, sufren males terribles de enfermedades y de la falta de muchos bienes del Árbol de la vida en toda la tierra, <<porque les falta en sus corazones el primer fruto original del paraíso, el nombre milagroso y sumamente misterioso de nuestro Señor Jesucristo>>. Pues la vida sin Jesucristo es un desierto sin agua para beber, ni frutos para comer, por lo tanto, toda vida es totalmente imposible subsistir. Así también es el paraíso si el primer bocado del fruto del Árbol de la vida eterna, nuestro gran rey Mesías, nuestro Salvador Jesucristo, no se puede beber el agua de sus cielos ni de sus manantiales, ni se puede comer tampoco de los frutos de su tierra santa, como de sus plantas y de sus muchos árboles, por ejemplo. Sin el nombre del Señor Jesucristo en su corazón, el paraíso le negó la vida y de sus gloriosos frutos a Adán y así también a sus descendientes en general, comenzando con Eva, y sólo hasta que aprendan a vivir con su SEÑOR del cielo. Porque el nombre glorioso y todopoderoso del Hijo amado de Dios viviendo en su lugar correcto del corazón del hombre, <<entonces problemas se resolverían al instante o poco a poco, enfermedades desaparecerían con sus males al instante o poco a poco>>, para gloria y honra eterna del nombre bendito de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo en nuestras vidas. Pero el hombre sigue sufriendo sus males de siempre, una generación termina y la otra empieza y el hombre sigue viviendo sus males cotidianos, <<porque su corazón aún no ha amanecido de su profundo sueño de las tinieblas de la tierra, para ver y vivir la luz redentora del Árbol de la vida, como en las llamas ardientes del altar de Dios>>. Porque <<esta luz del Árbol en llamas>>, el cual Moisés vio sobre todo lo alto del Sinaí, <<no se ha apagado aún para ningún hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera>>, para liberarlos de los poderes terribles del mal del pecado y del ángel de la muerte, también, para que vivan sus vidas alegres y fructíferas para su Creador Celestial. Y nuestro Padre Celestial aún desea cambiar drásticamente la vida del hombre y de la mujer de toda la tierra, como en cualquier momento de su vida, <<si tan sólo se acercan a Él, en el nombre todopoderoso, ungido y lleno de la justicia del paraíso, su Hijo amado>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! Es por eso que el Espíritu de Dios, por medio de los poderes sobrenaturales de sus palabras, de su Ley Santa y de su nombre santísimo, entonces <<está tocando tu corazón, como quien dice ábrame la puerta ya para entrar y cenar contigo>>, para que así jamás tengas sed ni hambre de la justicia angelical del Árbol de la vida eterna. Es decir, también que este hombre, mujer, niño o niña, sufre males en su vida cotidiana en la tierra, sin saber en su corazón que tiene poderes sobrenaturales actuando en su vida diariamente, <<si tan sólo cree en su corazón y así confiesa con sus labios el nombre, lleno de milagros y prodigios para resolver sus problemas siempre>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque es tan sólo el nombre sagrado del Hijo de Dios, <<el cual realmente puede volver a rehacer la vida del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de la humanidad entera, en un momento de milagros y de maravillas en oración a nuestro Padre Celestial, en el nombre sagrado de su Hijo amado>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! Para que de este modo los males del pecado, con cada una de sus tinieblas terribles y hasta de la muerte amenazante también, salgan de su corazón, de su espíritu, alma y cuerpo humano, <<para que desde las ventanas del cielo desciendan a su vida día y noche todas sus más ricas y bondadosas riquezas del nuevo reino de Dios>>. Porque el reino de Dios y sus riquezas es exclusivamente para los que creen en Jesucristo y nada más; puesto que esto es justicia milagrosa y toda poderosa en toda tu vida terrenal y celestial, <<si sólo crees en Dios y en su Hijo amado en tu corazón>>. Y nuestro Dios hará todas estas misericordias, de verdad y de bondad infinita por cada uno de todos nosotros, porque nuestro Dios nos ama como a Padre a hijos e hijas, <<para que jamás nos falte ninguno de sus bienes gloriosos, como de los frutos de los árboles del paraíso y de su Árbol Viviente, también, por ejemplo>>. Porque los frutos de todos los árboles del paraíso y así también del reino de los cielos <<son para enriquecer y sanar las vidas de todos sus siervos y de sus siervas fieles a él, por amor a la vida santa y grandiosa de su Hijo amado>>, ¡nuestro único rey Mesías posible para Israel y las naciones de toda la tierra! Y nuestro Padre Celestial seguirá obrando con muchos milagros y maravillas, aún mayores que los de la antigüedad, <<por amor al Espíritu de la justicia infinita de Sus Diez Mandamientos que fueron sublimemente honrados y exaltados en la vida de sus hijos e hijas de las naciones de los mundos prehistóricos, como Israel, por ejemplo>>. Y, además, nuestro Padre Celestial no cesara de bendecir abundantemente la vida de sus fieles devotos a su nombre muy santo, <<porque nuestro Dios es un Dios eternamente fiel a Sus Diez Mandamientos Sagrados hoy en día, tal cual como lo fue en la antigüedad con los todos pueblos de toda la tierra>>. Por todo ello, sólo en la fe y en la invocación del nombre del Señor Jesucristo <<es que las tinieblas se van para siempre de nuestros corazones y de nuestras vidas del paraíso y de la tierra y con cada uno de sus males terribles de enfermedades y hasta de la muerte también>>, para no volver jamás a ninguno de nosotros. Porque nosotros tenemos que regresar a las manos creadoras de nuestro Padre Celestial en el reino de los cielos y al mismo lugar en donde nos comenzó a formar en su imagen y conforme a su semejanza celestial, para finalmente <<coronarnos con coronas de oro y vestirnos con vestiduras reales de vida eterna, por justicia eterna a su Árbol de vida>>. Y sólo así entonces la vida del hombre y de la mujer serian inmediatamente libres de las ataduras y de los ataques terribles de Satanás, para que sólo conozcan la paz de la vida santa del paraíso <<y por siempre llena de sus más santas y honradas bendiciones de nuestro Dios y de su unigénito>>, ¡el Árbol de la vida eterna! Pues ahora el Espíritu de la justicia, de la verdad, de la santidad y del derecho al fruto del Árbol de la vida eterna, vive en nuestros corazones y en nuestras vidas cotidianas de la tierra, en vez de las tinieblas antiguas de Adán y Eva del paraíso, por ejemplo, <<gracias a la sangre salvadora del Hijo de Dios, ¡nuestro Señor Jesucristo!>>. Es decir, que entonces ahora estarán actuando continuamente en nuestros corazones, en nuestros espíritus humanos y en nuestro diario vivir: poderes milagrosos, maravillosos con sus prodigios y con sus grandezas increíbles, para alejarnos de los males comunes de las tinieblas de Adán, para que así entonces darnos bendiciones y vida en abundancia constantemente, en la tierra y en el paraíso, siempre. Y nuestro Creador desea que vivamos ya en el Espíritu de su unigénito, como los ángeles del reino de los cielos, <<para que su corazón alcance esa gran felicidad añorada por siglos y siglos, pues aún no alcanzada por culpa de nuestras rebeliones constantes hacia su Árbol de vida, su unigénito, y nuestro gran rey Mesías de la nueva eternidad celestial>>. Porque sólo en el Señor Jesucristo verdaderamente tendremos perdón de nuestros pecados cotidianos, y así mismo, <<pues seremos, sin duda alguna, llenos de sus muchas y ricas bendiciones infinitas>>: de paz, salud y prosperidad en todas las ramas de nuestras vidas, en la tierra y en el paraíso, también, eternamente y para siempre. Porque cuando no hay tinieblas en nuestras vidas, <<entonces esto significa que el Espíritu de la verdad, la santidad, del derecho y de la justicia de nuestro Árbol de la vida, está actuando acalladamente, como en secreto, en nuestros corazones y en los corazones de los demás también>>, para que lo que deseemos en nuestras vidas, pues entonces sean cumplidos cabalmente. Porque nuestro Padre Celestial se goza con cada uno de nosotros, <<cuando vivimos en las abundancias infinitas de los bienes gloriosos y portentosos de su Espíritu Santo, como dones de milagros de sanidad y de prosperidad y así también, con los frutos de salud y de vida de su Árbol de vida>>, por ejemplo, para enriquecer nuestro diario vivir continuamente. Porque nuestro Padre Celestial nos creo para que disfrutemos de todas las cosas que le agradan a su corazón y a su alma santísima en el reino de los cielos, es decir, <<que nuestro Dios no nos creo para el pecado sino para gozar de las riquezas abundantes y sobrenaturales de su Espíritu Santo y de su Árbol de la vida>>. Ahora, quizás tú mismo te digas, por ejemplo: Yo he cometido muchos pecados y muchas injusticias en mi vida; Dios no va a darme de su justicia, para que yo viva en paz todos los días de mi vida en la tierra y en el más allá, también. Pero te equivocas enormemente, si piensas así: <<porque nuestro Dios envió a su Árbol de la vida, su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, para no sólo darle de su verdad a la tierra y a su humanidad infinita, sino mucho más que todo esto del reino de los cielos y de su nueva vida eternal de la misma manera>>. Pues fue también, definitivamente para que su Jesucristo personalmente te dé de su justicia y derecho infinito y sin medida alguna, de comer y de beber del Árbol de la vida, <<para que vivas en paz siempre y así jamás te falte ningún bien a ti ni a los tuyos, en la tierra y en tu nueva vida eterna también>>. Porque es la voluntad perfecta de nuestro Padre Celestial, siendo el Creador del cielo y de la tierra y de todas sus cosas, dé darte siempre todo lo que necesites día y noche y sin medida alguna, <<para que de este modo tu vida y la de los tuyos también sea sumamente enriquecida, para servicio continuo de su nombre muy santo por doquier>>. Porque es justicia milagrosa de nuestro Hacedor: <<darte de su Espíritu con sus muchas riquezas, y así también darte de su Árbol de vida, de su unigénito, nuestro Salvador Jesucristo, y con todas sus riquezas incluso su mismo cuerpo, su misma alma, su misma vida eterna también y con todas sus más ricas bendiciones infinitas de salud y de prosperidad celestial>>. Es más, nuestro Dios no le ha negado nada de nada al hombre, siempre y cuando se le acerque a Él, únicamente en el Espíritu de la justicia infinita de su fruto de vida, ¡nuestro Señor Jesucristo! Es por eso que nuestro Padre Celestial dejo correr la sangre de su unigénito sobre los árboles cruzados de Adán y Eva, por amor a su Espíritu de su justicia infinita, para que hoy mismo, por ejemplo, <<esta misma sangre santísima, repleta de la justicia milagrosa y toda poderosa de la vida del reino celestial, pues toque tu alma infinita, sobrenaturalmente>>. Porque tú tienes que ser tocado por nuestro Padre Celestial divinamente, así como las tinieblas del pecado tocan tu vida sobrenaturalmente para mal; pero <<nuestro Dios te tocara a ti para bien y para enriquecer tu vida cada vez más, y más no para hacerte daño alguno jamás>>. El daño, por ejemplo, como el cual Satanás siempre te lo ha hecho a ti y en contra de los tuyos también, <<para que así no seas feliz jamás para servir a tu Dios y Fundador de tu nueva vida infinita, sólo en el espíritu y en la justicia única y verdadera de su Hijo amado, ¡nuestro Árbol Sagrado de vida eterna!>>. Porque <<sólo su Hijo amado es tu único fruto de vida y de justicia eterna en la tierra y en el paraíso también cada día de tu vida y en la nueva eternidad venidera igual>>, como con Adán y Eva en el paraíso con nuestro Señor y Salvador Jesucristo, por ejemplo. O como los árboles secos y sin vida de Adán y de Eva bañados en la sangre expiatoria, sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, <<pues e inseparables esta vez por el cuerpo santo y la vida eterna, para vivir juntos infinitamente en la presencia santa de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo>>. Es por eso que nuestro Padre Celestial te entrega de su Espíritu de gracia y de la justicia infinita de su Hijo amado, <<para que vivas y seas infinitamente como Él, lo mismo que Él, exactamente como el Santo del paraíso y de la humanidad entera>>, desde hoy mismo y para siempre en la nueva eternidad venidera. Porque nuestro Padre Celestial te creo a ti en sus manos santas en su imagen y conforme a su semejanza celestial, <<para que vivas exactamente en la verdad y en la justicia infinita de su Árbol de vida eterna, y así jamás te falte ningún bien del cielo ni de Su Nueva Jerusalén Sagrada e Infinita del más allá>>. Y así siempre puedas darles a los demás de lo bueno que nuestro Creador te ha dado a ti, gracias a la obra misteriosa de su unigénito, nuestro Árbol Redentor, sobrepuesto sobre los árboles cruzados de Adán y Eva, bañados en la sangre expiatoria, para ponerle fin al pecado <<y sólo así llenar diariamente la humanidad entera de su justicia prodigiosa>>. Para que entonces todos puedan darse mutuamente de su palabra viva, como los ángeles en el cielo, el uno al otro se da del Espíritu de su justicia celestial y honrada a su semejante. Y esta es la misma justicia celestial, la cual descendió del cielo, como del corazón santísimo de nuestro Hacedor por medio de la vida sagrada y sumamente honrada de su Árbol Salvador, nuestro Señor Jesucristo, <<para llenar tu vida de poder infinito continuamente y sin cesar jamás, desde hoy mismo y para siempre>>. De otra manera, y sin justicia, entonces no podrás ser feliz jamás en esta vida ni en la venidera tampoco, para siempre. Porque nadie ha sido jamás feliz en el paraíso ni en la tierra, viviendo día a día en el espíritu de la injusticia de Satanás y de sus ángeles caídos, por ejemplo, desde los días de la antigüedad y hasta nuestros días, por ejemplo; ciertamente el Señor Jesucristo nos hace falta a todas horas del día y de la noche igual. Y nuestro Señor Jesucristo será siempre fiel a cada uno de nosotros, a través de los siglos y la eternidad venidera, de la misma manera que ha sido siempre fiel a nuestro Dios y a su Espíritu Santo, <<gracias a su amor perfecto por toda nuestra justicia humana e intachable hacia nuestro Dios y Fundador de nuestras nuevas vidas celestiales>>. Es decir, para que a ti, mi estimado hermano y mi estimada hermana, jamás te falte la fe gloriosa de la vida eterna, para honrar y glorificar a tu Dios y Fundador de tu nueva vida infinita, libre del poder del pecado y de sus muchas injusticias, <<para que así entonces vivas en paz y gozoso infinitamente con tu Creador Celestial>>. Por ello, sin el derecho de nosotros comer del Árbol de vida en el paraíso y así también en todos los lugares de la tierra, entonces <<ninguno de nosotros no tiene ninguna verdad, ni ninguna fe, ni mucho menos ninguna justicia en su corazón y en toda su vida también que valga realmente, para presentarse diariamente intachable delante de su Hacedor>>. Y ese es el problema espiritual de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, que no ha recibido en su corazón, ni ha confesado con sus labios el nombre de su única verdad y justicia infinita de su vida en la tierra y del cielo también, nuestro Señor Jesucristo; pero <<todo esto ha cambiado milagrosamente en el hombre>>. Si, ha cambiado drásticamente todo en el hombre, gracias a nuestro Dios que nos hizo justicia, cuando Satanás nos arrebato nuestro derecho de comer del Espíritu de la justicia milagrosa y poderosa del fruto del Árbol Redentor, <<pues entonces nos la envío a Israel porque no podíamos regresar al paraíso por él, ni por sus frutos de vida y de salud infinita>>. Es decir, que nadie tiene excusa hoy en día para no comer y no beber del fruto del Árbol de la vida eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo! Y, además, nuestro Dios tuvo compasión por nosotros y nos envió a Jesucristo a la Tierra Prometida, a Israel, <<para que comamos y bebamos de él siempre, como hoy mismo, por ejemplo, por medio del poder de la oración y siempre en su nombre muy santo y sumamente misterioso de toda la tierra, su Hijo amado>>, ¡el Hijo de David! Para que así podamos individualmente cada uno de nosotros, de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra, <<satisfacer nuestra hambre y nuestra sed por la verdad y por la justicia de la vida santa del nuevo reino celestial, para poder no sólo ver a nuestro Dios, sino vivir con él infinitamente y desde ahora mismo también>>. Aquí fue cuando nuestro Señor Jesucristo se sentó a la mesa del SEÑOR con sus doce apóstoles y les dijo, rompiendo el pan con sus manos: <<Éste es mi cuerpo, de él coman todos ustedes. Porque todo aquel que coma de mi cuerpo, no volverá a tener hambre jamás>>. Y luego tomo la copa de vino y la levanto al cielo, diciendo: <<Ésta es mi sangre, todo aquel que beba de ella, no volverá a tener sed jamás, sino que de su vientre correrán fuentes de agua de vida eterna>>. Y una vez cumplida estas palabras delante de sus apóstoles, sobre la mesa del SEÑOR, en Jerusalén, <<entonces su cuerpo fue tomado por los pecadores para partirlo y entregarle a cada uno de los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, como el pan que Adán rechazo en el paraíso, para que no tengan hambre jamás en sus nueva vidas>>. Y así también nuestro Creador hizo que su sangre viva corriera de su cuerpo santo sobre los cuerpos muertos de Adán y Eva, <<para que por fin reciban la justicia milagrosa y poderosa, la cual Satanás con mentiras se las negó a ellos y a su linaje humano también, para que no sirvan a Dios y a su nombre santísimo jamás>>. Y la sangre expiatoria de nuestro Salvador Jesucristo se regó sobre la tierra, para alcanzar a todos ellos que viven en el polvo de la muerte, para que resuciten y sirvan y alaben a su Dios infinitamente en la nueva eternidad venidera, por amor al Espíritu de la justicia divina de nuestro Padre Celestial en sus corazones eternos. Y es éste mismo Espíritu de justicia incansable que ha transcendido muchos lugares y hasta el umbral de la muerte también, para tocar la puerta de tu corazón, en un día como hoy, por ejemplo, <<para que despiertes de las tinieblas de la injusticia mortal a la luz de la justicia infinita del Hijo Amado de Dios, ¡nuestro Señor Jesucristo!>>. Es por esta razón <<que mucha gente de muchos pueblos de la tierra aún no le sirve a su Dios correctamente y de la manera que debe de ser siempre>>, como en el cielo con los ángeles, por ejemplo, por medio de la fe, y únicamente en el fruto de la vida eterna, ¡nuestro Señor y Salvador Celestial, Jesucristo! Y desde aquel día en adelante, para nuestro Padre celestial y para su Espíritu Santo, Adán y Eva volvieron a vivir sus vidas en el paraíso como antes o quizás con mayor amor y fe: <<pero aún así, esta vez llenos del Espíritu de la verdad y de la justicia infinita de su fruto de vida eterna, ¡nuestro Salvador Jesucristo!>>. Y es este bien, el cual nuestro Padre Celestial busca día y noche e incansablemente para tu corazón y para toda tu vida también, mi estimado hermano y mi estimada hermana, <<si tan sólo le quieres obedecer a Él, por medio de su primer mandato y llamado que le hizo a Adán, por ejemplo, en el paraíso>>. Entonces fue por falta de justicia primeramente, por la cual no pudieron permanecer ni un día más Adán y Eva delante de la presencia de nuestro Dios y su Árbol de vida, <<por lo tanto el paraíso los vomito para que vayan a morir lejos del cielo, como en un hueco en la tierra en donde vivimos hoy en día, por ejemplo>>. Si, así es: Los huesos de Adán y Eva están enterrados en el hueco de la tierra, de donde Dios introdujo su mano santa para liberarlos de sus primeras tinieblas, para moldearlos en sus manos y hacer de ellos seres vivientes con su aliento divino en sus narices y en sus bocas. ¿Dónde ésta ese hueco y los primeros huesos de la humanidad entera? Sólo Dios lo sabe; es un secreto del cielo. Probablemente, nuestro Padre Celestial los levanto al paraíso de regreso por los poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo, después de haber sido crucificados con el Hijo de David y recibido de su pan de vida y de su copa de sangre expiatoria para sus almas infinitas, sobre la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel. Consiguientemente, sin el Espíritu de la justicia divina de la sangre y de la carne de nuestro Árbol de la vida, nuestro gran rey Mesías, el Hijo de David, nuestro único Salvador de nuestras almas infinitas, <<entonces Adán ni ninguno de los suyos podría jamás legalmente volver a pisar tierra santa y firme del paraíso, sino que su destino seria otro>>. Ciertamente, el destino final de todo pecador es el mismo lugar de siempre el mundo de los muertos, el infierno, <<para no volver a ver la luz del sol ni de la luna jamás, como en los días de su vida que vivió en la tierra con toda seguridad>>. Porque nuestro Creador requiere de nosotros, que seamos intachables y sin injusticia alguna en nuestras vidas, para entonces podernos presentar delante de Él, <<para orar en su presencia y con cada una de nuestras peticiones de nuestros corazones eternos, de las cuales sólo Él las podrá contestar individualmente para bien de nuestras vidas infinitas en la tierra, y sólo en Jesucristo>>. De otra manera, nuestro Padre Celestial no podrá bendecirnos para sanar nuestros cuerpos de enfermedades, ni menos nos podría contestar el deseo de nuestros corazones, porque sin Jesucristo en nuestras vidas, <<entonces no tenemos justicia ni derecho alguno para sostenernos intachables delante de su presencia santa, en la tierra ni mucho menos en el paraíso>>. Es por eso que el pecador y la pecadora de toda la tierra jamás han recibido nada bueno de su Dios que está en el paraíso: Siempre listo para sanarlos de sus males y bendecir sus vidas grandemente, porque el Espíritu de justicia de la verdad y del derecho al fruto del Árbol de la vida no está en sus corazones. Y <<esto es separación constante entre Dios y el pecador y la pecadora de la humanidad entera>>, ya sea en el paraíso, en la tierra o así también en la nueva eternidad venidera, como en el infierno o como en el lago de fuego, por ejemplo. Porque una vida sin el Espíritu de la justicia del amor, la verdad y la santidad infinita de su Árbol de vida, nuestro Salvador Jesucristo, para nuestro Dios no tiene sentido alguno ni menos gloria alguna delante de su presencia santa, <<así pues esa misma vida humana del hombre, de la mujer, del niño o de la niña de la tierra, muere innecesariamente>>. Es decir que si esa misma vida, sea una vida sin pecado y santísima como Adán y Eva o como cualquiera de los ángeles muy sagrados del cielo, por ejemplo, <<y no tiene el Espíritu de la justicia del fruto del Árbol de la vida, entonces tiene que partir de su presencia sagrada para morir irremediablemente en otro lugar>>. Y las almas mueren día y noche e innecesariamente también, cuando verdaderamente no deberían morir jamás, <<porque nuestro Dios no las creo para que mueran sino para que vivan>>; pero, sin embargo, mueren innecesariamente <<por falta de la presencia y la bendición constante del fruto del Árbol de la vida eterna en sus corazones>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque la santidad de nuestro Padre Celestial y así también de su Espíritu Santo y de sus seres muy santos y fieles a él, en el reino de los cielos, <<no puede jamás comprometerse con una vida sin justicia y sin verdad alguna, como Adán y Eva o como los ángeles caídos, por ejemplo, sin Jesucristo en sus corazones>>. Y sin el Espíritu de la justicia y del amor celestial de su Árbol Redentor en su corazón, entonces nuestro Creador y así también su Espíritu Santo no quieren saber nada de nada de aquel ángel caído o de aquel hombre o mujer de la tierra, <<porque todos ellos están muertos para Dios, si Jesucristo no es en sus vidas>>. Porque nuestro Padre Celestial considera impuros a sus ángeles muy santos del cielo, <<si el Señor Jesucristo no vive o no es honrado en sus corazones, por ejemplo>>. Y así también nuestro Padre Celestial considera impuro los cielos y la tierra, si el Señor Jesucristo no es alabado, honrado, exaltado y glorificado en nuestros corazones y en nuestras vidas cotidianas, <<por todo lo bueno que hizo por cada uno de nosotros en su vida consagrada, en las afueras de Jerusalén y sobre la roca eterna de Israel, por ejemplo>>. En otras palabras, nuestro Señor Jesucristo es tan importante para nuestro Padre Celestial como su unigénito, así como Él también lo es para cada uno de nuestros corazones y de nuestros espíritus humanos, <<para poder vivir nuestras vidas de día en día y siempre llenas de la justicia infinita, para cumplir siempre su voluntad perfecta en todos nuestros días de vida>>. Y la voluntad antigua de nuestro Dios se cumple en nuestras vidas cabalmente, sólo cuando el Señor Jesucristo vive en nuestros corazones, <<no importando jamás nuestra condición espiritual o material, por ejemplo, para entrar desde ya al reino de sus milagros, maravillas y prodigios gloriosos en la tierra y del nuevo reino celestial>>. Por lo tanto, sin Jesucristo la amista del hombre y de la mujer con su Dios y Fundador de su vida muere o deja de ser temporalmente, <<y sólo hasta que el Señor Jesucristo vuelva a ser reconocido, por su cuerpo y por su sangre santísima, en su corazón y en toda su vida también>>. (Y toda secta religiosa que niega la importancia del cuerpo inmolado y de la sangre santísima y llena de justicia para vivir la vida eterna de todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, entonces es falsa. Es más, cada dogma religioso del hombre que niega a Jesucristo como el unigénito, como el Cordero de Dios, como el sumo sacerdote del cielo y de la tierra para expiar por los pecados, es en si falta y, a la vez, Satánica.) Y esto fue precisamente lo que le sucedió a Adán y a Eva en el paraíso, por ejemplo, como cualquier pecador o como cualquier pecadora de la tierra, de hoy en día y de siempre, para mal y desgracia constante de sus vidas, <<si no regresan a su Jesucristo del paraíso, cuanto antes mejor para reconciliarse con su Creador Celestial>>. Porque sólo el Señor Jesucristo es el camino del Espíritu Santo de Dios de la verdad y de la vida que lleva al hombre, a la mujer, al niño y a la niña de la humanidad entera día y noche a la presencia santa de nuestro Padre Celestial, <<y sólo en un momento de oración y de fe, en su nombre santísimo>>. Pues Adán y Eva rehusaron injustamente comer del fruto del Árbol de la vida eterna de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, <<por eso la tierra misma santa y celosa de la verdad y de la justicia de Dios y de su Hijo amado no les otorgo sus frutos, sino que los vomito a morir en la tierra>>. Porque todo aquel que no tenga el Espíritu de la justicia, la verdad y la santidad infinita del Árbol de la vida en el paraíso o en la tierra de nuestros días, por ejemplo, <<entonces muere poco a poco y hasta que finalmente se lo traga la misma tierra, para no volver a ver la luz del día nunca más>>. Es decir, que los cielos y la tierra, en donde hemos nacido como hombres y como mujeres, <<pues nos niegan de sus frutos diariamente, para no saciar la sed de nuestras gargantas ni menos el hambre de nuestros vientres, porque estamos tan lejos de la verdad y de la justicia del Árbol de la vida, que no nos merecemos ningún bien>>. Y todo ser viviente sea ángel del cielo u hombre o mujer de la tierra, si la nación en donde viven no les da de comer de sus frutos, ni sus cielos les da de beber de sus aguas, <<pues será sin duda alguna, porque les falta el nombre milagroso de la justicia eterna en sus corazones, ¡nuestro Señor Jesucristo!>>. Es por eso que Adán y Eva fueron desterrados del paraíso, <<porque la tierra santa del cielo requería de ellos la verdad y la justicia básica del Árbol de la vida para quedarse>> y no la tenían, pues tuvieron que salir del cielo inmediatamente a vivir a otro lado, por su culpa, por su negligencia, por su pecado e injusticia inmoral. Así pues también con el linaje humano, si sus familias no tienen a Jesucristo en sus corazones, <<entonces la tierra se niega a servirles de sus frutos y el cielo, a la vez, no les da de beber de sus aguas>>; y de esto no es Dios el culpable ni mucho menos el Árbol de la vida, sino la injusticia del hombre. Porque es injusticia no servirle a Dios por Jesucristo; los cielos y la tierra les niegan sus frutos día tras día y hasta que se arrepientan de sus injusticias o mueran. Y así hasta naciones se han ido a pelear guerras terribles por Los Sagrados Mandamientos de nuestro Padre Celestial y de Moisés, simplemente porque no son honrados ni menos el nombre de su Árbol de la vida eterna, nuestro Señor Jesucristo, en los corazones de las gentes de tierras rebeldes y ateas, por supuesto. Por ello, nuestro Dios ha tenido que enviar sus juicios sobre estas naciones una tras otra, para honrar a golpe de espada su palabra viva y su nombre muy santo, si es necesario hacerlo así también, por ejemplo, <<para que sólo Él reine sublime como soberano de las naciones de la tierra>>, y más no Satanás y sus gentes mentirosas. ¿No me creen aún, verdad? Pueden leer el Viejo Testamente, por ejemplo, pues ahí están escritas las batallas feroces que nuestro Padre Celestial y su Ángel Milagroso (Comandante en Jefe de sus ejércitos) tuvieron que pelear con muchas naciones, para derrotarlas y desarraigarlas por completo, <<porque simplemente no le honraban a él ni a su palabra viva ni menos a su nombre santísimo tampoco>>. Desdichadamente, <<ese es el fin fatal de los que no creen en su Padre Celestial por medio de su Hijo amado, nuestro único fruto de vida y de salvación eterna del paraíso, nuestro Salvador Jesucristo>>, en esta vida y en la venidera también, eternamente y para siempre. Porque el Espíritu del amor, la gracia y de la justicia del Árbol Redentor, es realmente en si de hacerse constantemente el bien a si mismo en toda la vida, <<ya sea entre ángeles del cielo u hombres y mujeres, o entre niños y niñas de la tierra, para que la justicia corra como ríos de aguas vivas siempre por doquier>>. Eso es lo que nuestro Dios desea ver por toda la faz de la tierra, que el Espíritu de justicia milagrosa y toda poderosa de su Hijo amado corra como ríos de aguas vivas por todos lados, <<para que nadie más sufra la injusticia antigua y sus males de siempre de Satanás>>. Porque en el hacerse el bien a si mismo, <<esto ya es justicia cumplida para nuestro Padre Celestial que está en los cielos>>. Por ejemplo, recibir al Señor Jesucristo en el corazón ya es justicia infinita y salvadora para llenar la vida del hombre, de la mujer, del niño y de la niña con muchas y abundantes bendiciones de los frutos del reino de los cielos y de la tierra, también. Si, eso si es justicia del paraíso para todos los que aman a su Creador, sólo por medio de su Jesucristo. Como cuando la madre abraza y ama a su bebe para protegerlo y así alimentarlo día y noche y hasta que crezca y se valga por si mismo, <<pues esto ya es justicia cumplida para nuestro Padre Celestial y para su Espíritu Santo en el paraíso, en la tierra y en la eternidad venidera igual>>. Así también es nuestro Padre Celestial con cada uno de nosotros, pues nos ama y nos cuida día y noche con los dones de su Espíritu Santo y sus muchos frutos gloriosos de salud y de vida eterna de su Árbol Salvador, ¡nuestro Señor Jesucristo! Así también, cuando el espíritu es correcto entre un hombre y una mujer, y hay sólo verdad y armonía entre ambos y para con los demás igual, <<ya esto es justicia cumplida para nuestro Padre Celestial y para su Espíritu Santo en todos los lugares de la tierra>>. También cuando hay una relación de amistad y compresión entre los padres y sus hijos e hijas, <<esto ya es en si una justicia cumplida delante de nuestro Dios y de su Espíritu Santo, para gloria y para honra infinita de Él y de su nombre muy santo en nuestros corazones, por ejemplo>>. Y así también cuando hay un espíritu de amor y verdad entre todos, como entre hermanos y hermanas, como entre empleadores y empleados, como entre ciudadanos y ciudadanas, como entre el gobierno y sus ciudadanos en general, como entre el hombre y nuestro Dios en el paraíso, por ejemplo, <<pues esto ya es justicia cumplida y en su función normal>>. Así pues, nuestro Creador podría ver nuestras vidas siempre, llenos del Espíritu de amor, verdad, justicia y del derecho de comer y de beber continuamente de nuestro Árbol de vida, nuestro Señor Jesucristo, <<para entonces sólo Él mismo perdonar nuestros pecados cotidianos, y así librarnos de cada mal del enemigo de nuestras almas infinitas, como de Satanás y de sus gentes mentirosas>>. Como el juez (o los jueces) que juzga justamente de acuerdo a Los Diez Mandamientos de Dios en su corazón, haciendo justicia para el inocente y, pues echando el libreo de la ley sobre la cabeza a quien lo quebranto al alegar: mentiras, calumnias infames y difamación terrible de gran maldad; esto es ya justicia cumplida para Dios y para la historia. Porque el juez que no juzga de acuerdo a la palabra de las leyes, reglamentos, decretos y mandamientos sagrados de nuestro Dios, cuando está en función de su sala de corte de justicia, entonces <<Dios mismo lo llamara a cuentas por su ceguera espiritual, la cual habrá causado mucha injusticia a muchos inocentes en muchos lugares de la tierra>>. Porque siempre y cuando haya injusticia entre todos los seres vivientes de la tierra, entonces Satanás tiene razón para quedarse con ellos, pues para seguir haciendo más de sus patrañas o males comunes, <<para destruir toda vida humana, como en el cielo con Adán y Eva que tuvieron que salir involuntariamente del paraíso a terminar sus vidas en otro lugar>>. Y, además, Adán y Eva tuvieron que salir del paraíso, porque literalmente dejaron de vivir la vida que nuestro Creador y su Espíritu Santo habían puesto en sus cuerpos y en sus almas santísimas, <<pues comenzaron a morir en sus cuerpos humanos para regresar al hueco de la tierra, de donde la mano de Dios los saco para darles vida>>. Y aunque Adán y Eva abandonaron sus vidas celestiales en el paraíso, pues aún así nuestro Padre Celestial y su Espíritu Santo no los desamparo jamás, <<sino que los siguió ayudando constantemente por amor al Espíritu de justicia infinita de su Árbol de la vida eterna>>, porque Jesucristo los amaba grandemente desde mucho antes de la fundación del reino de Dios. Porque, además nosotros necesitamos ser liberados de los males perjudiciales, los cuales son lanzados por Satanás y sus ángeles caídos en contra de nosotros, <<para que tropecemos en algo, y así no sirvamos a nuestro Fundador Eterno de nuestras nuevas vidas infinitas>>, y para que no la vivamos ya en la tierra o como en La Nueva Jerusalén Santísima del cielo. Es por eso que todo aquel que ama a Jesucristo en su corazón, entonces ésta vida va por el mundo, caminando íntegramente por el camino de la verdad y con su justicia infinita del paraíso, <<para finalmente encontrarse con su Hacedor en la tierra o en el nuevo reino celestial, para no volverse a separar de Él jamás, en la eternidad>>. Si, así es: <<sólo nuestro Señor Jesucristo es tu única justicia completa, milagrosa y toda poderosa para vivir tu vida sumamente agradable a tu Creador Celestial, a su Espíritu Santo y a sus huestes angelicales en la tierra y así también en el paraíso, desde hoy mismo y por siempre en la nueva eternidad venidera>>. ¡Amén! El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo. LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche, (Deuteronomio 27: 15-26): "'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley Perfecta de nuestro Padre Celestial), y la tenga en un lugar secreto!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, para la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/...pe=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com |
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