Newsgrupos.com  

Retroceder   Newsgrupos.com > Forum > Newsgroup es.humanidades.* Foro > Newsgroup es.humanidades.filosofia
Registrarse Preguntas Frecuentes Lista de Foreros Calendario Buscar Temas de Hoy Marcar Foros Como Leídos




Respuesta
 
LinkBack Herramientas Desplegado
  #1 (permalink)  
Antiguo 24-04-2008, 08:19:51
libera
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: LAS PRETENSIONES DE JESUCRISTO

El Nuevo Testamento demuestra que Jesucristo tuvo una relación con
Dios única, eterna y esencial, la cual ninguna otra persona humana
tuvo ni antes ni después de Él. La doctrina unánime de la Biblia es
que Jesucristo es una persona histórica que poseyó en sí mismo, en
una
forma perfecta y distinta, la naturaleza divina y la naturaleza
humana, de un modo absoluto y único.

Jesucristo no era un disfraz humano de Dios, ni tampoco un hombre con
cualidades divinas. Era Dios-hombre. Solo existiendo en esta forma
tiene sentido su exigencia de ser adorado, y no simplemente admirado.


Una de las características más sobresaliente de la enseñanza de
Jesucristo es que él habla frecuentemente de sí mismo. Ciertamente
enseñó sobre la paternidad de Dios, sobre el Reino de Dios. Pero esto
sólo sería una bella enseñanza de un maestro religioso más si a esta
enseñanza no la hubiera seguido su rotunda afirmación de que quien lo
había visto a él, había visto a Dios mismo (Juan 14:1-11) y de que la
entrada al Reino de Dios dependía de la actitud de los hombres frente
a él mismo. Por eso nunca vaciló al referirse al Reino de Dios como
"mi Reino".


Lo que desconcierta, entonces, de la enseñanza de Jesús es su
carácter
profundamente centrado en su propia persona, lo cual lo coloca en
abierto contraste con todos los demás maestros religiosos que han
existido en el mundo. Estos grandes maestros religiosos o de
sabiduría
se borran a sí mismos.


En cambio Jesús se colocó a sí mismo en el mero centro de su
enseñanza. Los maestros de religión o de filosofía suelen decir:
"Allí
está la verdad, Uds. deben seguirla". En cambio, Jesucristo afirmó
sorprendentemente: "Yo soy la verdad: Uds. deben seguirme a mí".
Ningún fundador de religiones, ni de escuela filosófica, en el mundo
se atrevió a tal afirmación.


En la enseñanza de Jesús el pronombre de primera persona singular se
repite constantemente. Veamos algunos ejemplos: "Yo soy el pan de
vida, el que viene a mí, nunca tendrá hambre. Yo soy la luz del
mundo;
el que me sigue tendrá la luz de la vida. Yo soy la resurrección y la
vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Yo soy el camino,
la verdad y la vida. Vengan a mí todos los que estén cansados que Yo
les daré descanso, y aprendan de mí".


Aún más sorprendente es que Jesús afirmó que Abraham se había
alegrado
porque vio su día; que Moisés había escrito sobre Él, y que toda la
Escritura daba testimonio sobre Él; que la Ley, los Salmos y los
Profetas hablaban de Él.


Un día sábado, cuando Jesús se presentó en la Sinagoga de Nazareth, y
leyó un pasaje del Profeta Isaías, cap. 6:1-2, que dice: "El Espíritu
de Dios está sobre mí, porque me ha consagrado para dar buenas nuevas
a los pobres", los ojos de todos estaban fijos en Él, y se quedaron
asombrados, sin dar crédito a lo que escuchaban cuando pronunció
estas
sorprendentes palabras: "Hoy mismo se ha cumplido esta Escritura
delante de Uds."; lo que Jesús quiso decir fue: "Esto es lo que
Isaías
escribió de mí".


Por eso no debemos sorprendernos que Jesús no llamó a los hombres
para
que siguieran un conjunto de verdades; los llamó para que lo
siguieran
a Él. Cuando les dijo. "Vengan a mí", no les estaba cursando una
invitación, les estaba dando una orden: "Síganme".


Alguien podría decir: ¡Caramba, esas son pretensiones totalitarias".
¡Claro que sí! Absolutamente totalitarias. Sólo Dios mismo podría
tener tales pretensiones. Jesucristo tenía plenos derecho de tener
tales pretensiones totalitarias.


No sólo había que creer en Él, sino que sus discípulos tenían que
amarlo a Él por encima de cualquier otro amor en la vida. Sólo Dios
podía exigir tal clase de amor absoluto: "amarás al Señor, tu Dios,
con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y con toda tu mente". Este
fue la clase de amor que Jesucristo exigió para sí mismo a sus
discípulos. Sólo siendo Dios puede esto tener sentido.


En las páginas anteriores hemos afirmados que las pretensiones de
Jesucristo fueron absolutas, totalitarias, y que sólo Dios podía
tener
tales pretensiones. Pero lo más notable de este hecho es que tales
pretensiones fueron mantenidas por alguien que insistió en que todos
los hombres debían ser humildes, que reprendió a los discípulos
porque
buscaban su propio engrandecimiento y deseos de grandeza.


Acaso ¿tenía Jesús normas distintas para sí mismo? No. Sus
pretensiones correspondían exactamente con lo que Él era. Jesucristo
siempre practicó lo que enseñó. Él dijo que era manso y humilde, y
sin
embargo reclamó para sí mismo el título de Mesías, conforme a las
expectativas formadas en el Antiguo Testamento.


Es evidente que Jesús se consideró el Mesías prometido a Israel, y su
ministerio lo consideró como el cumplimiento de todas las profecías
mesiánicas del Antiguo Testamento. Afirmó rotundamente que había
venido para establecer el Reino de Dios en la tierra. Empezó su
ministerio público afirmando que todos los tiempos proféticos se
habían cumplido en Él y que en Él el Reino de Dios se había acercado
a
los hombres.


Jesucristo adoptó el título de "Hijo del Hombre", título mesiánico
derivado del Profeta Daniel. Cuando el Sumo Sacerdote judío le
preguntó si Él era el "Hijo de Dios", aceptó esta designación con
absoluta normalidad. También interpretó su misión a la luz de la
figura del Siervo Sufriente que aparece en la última parte del libro
del profeta Isaías.


Todo el ministerio de Jesucristo resalta esta pretensión mesiánica.
En
cierta ocasión les dijo a sus discípulos, en privado, "Felices los
que
ven con sus ojos lo que ustedes están viendo; porque les digo que
muchos profetas y reyes quisieron ver esto que Uds. ven, pero no lo
vieron; quisieron oír lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron" (Lucas
10:23-24).


Pero la pretensión más radical que Cristo hizo para sí mismo no se
refiere a su mesianismo, sino a su deidad. Jesucristo pretendió ser
el
Hijo de Dios por su relación eterna y única que mantuvo con el Padre.
Constantemente habló de esta íntima relación que mantuvo con Dios
como
su Padre.


Esta asociación íntima con Dios la mantuvo desde su más temprana
edad,
cuando sorprendió a sus propios padres mostrándoles un celo
insobornable por los asuntos de su Padre celestial (Lucas 2:9). Al
inicio de su ministerio público hizo afirmaciones como estas: "Mi
Padre hasta ahora trabaja, y Yo también". "Yo y el Padre somos uno".
"Yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí" (Juan 5:17; 10:30;
14:11).


Es verdad que Jesucristo enseñó a los discípulos a dirigirse a Dios
como "Padre", pero su relación con Dios como Padre era tan distinta a
la nuestra, que se vio obligado a distinguirse llamándolo "Mi Padre".


Después de la resurrección, le dijo a María Magdalena: "Subo a donde
está Mi Padre y Padre de ustedes"; no le dijo: "Subo a donde está
"nuestro" Padre".


La indignación que Jesús provocó entre los judíos comprueba que Él
pretendió tener una relación exclusiva e íntima con Dios. Elos
dijeron
de Él: "Se ha hecho Hijo de Dios"(Juan 19:7). Tan absoluta era esta
identificación, que para Él era totalmente natural comparar las
actitudes de los hombres hacia Él y hacia Dios mismo; por eso dijo
que: Conocerlo a Él era conocer a Dios. Verlo a Él era ver a Dios.
Creer en Él era creer en Dios. Honrarlo a Él era honrar a Dios.


Jesucristo estaba tan consciente de que Él tenía una relación
especial
con Dios, que en su controversia con los judíos les dijo: "En verdad
les digo, que el que cree lo que Yo digo, nunca morirá".


Esto resultó demasiado para sus críticos, quienes le replicaron:
"Abraham y todos los profetas murieron, ¿acaso eres tú más que
nuestro
padre Abraham? ¿Quién eres tú? Jesús les respondió: "Abraham, el
antepasado de ustedes, se alegró porque iba a ver mi día".


Los judíos se quedaron perplejos: "Todavía no tienes ni 50 años, y
dices que has visto a Abraham?". Entonces Jesús les respondió con una
de las afirmaciones más asombrosas que jamás hizo: "En verdad les
digo, que desde antes de que Abraham existiera, Yo Soy" (Juan
8:51-58). Entonces tomaron piedras para matarlo, porque consideraron
que había blasfemado contra Dios. ¿Por qué lo consideraron blasfemo?
Porque Jesús no dijo que Él "existía" antes que Abraham; Él dijo: "Yo
Soy".


En la lengua hebrea, estas palabras son las mismas usadas para
designar el Nombre de Dios revelado a Moisés desde la zarza ardiente:
"Yo Soy el que Soy". Este fue el título que Jesús tomó para sí mismo
con la más absoluta naturalidad. Por eso los judíos quisieron
matarlo,
porque entendieron que Él se estaba llamando a sí mismo: "Yo Soy el
que Soy"; es decir, DIOS.


Otro ejemplo profundamente impactante de esta pretensión divina, lo
tenemos cuando después de la resurrección, Jesús se aparece a los
discípulos, y el incrédulo Tomás está entre ellos. Jesús lo invitó
para que metiera los dedos en sus heridas, y Tomás, sobrecogido de
admiración le gritó: "Mi Señor y mi Dios". Jesús aceptó
tranquilamente
tal designación; censuró a Tomás por su incredulidad, pero ni una
sola
palabra de reproche por haberlo llamado Dios, ni por haberlo adorado
postrado de rodillas ante Él.


Esta pretensión de ser Dios mismo se muestra en numerosos testimonios
durante todo su ministerio público. En muchas ocasiones ejerció
funciones que sólo se correspondía a Dios. Así, por ejemplo, asumió
la
prerrogativa de perdonar pecados.


La primera fue cuando un grupo de amigos le trajeron a un paralítico,
tendido en una cama y lo bajaron por el techo. Jesús vio la necesidad
física, pero sorprendió a todo el mundo diciéndole al paralítico:
"Hijo, tus pecados quedan perdonados" (Marcos 2:1-12). En otra
ocasión, una mujer de mala reputación se acercó a dónde estaba Jesús
cenando con un fariseo, y, colocándose detrás de Jesús, lavó sus pies
con sus lágrimas y los secó con sus cabellos, y luego los ungió con
un
costoso ungüento perfumado, y Jesús le dijo: "Tus pecados te son
perdonados".


En ambas ocasiones, los presentes arrugaron el rostro y se
preguntaron: "¿Quién es este hombre? ¿Qué blasfemia es ésta? ¿Quién
puede perdonar pecados sino sólo Dios?"


Las preguntas estaban bien formuladas y justificadas, porque sólo
Dios
podía perdonar las ofensas cometidas contra Él. Jesucristo estaba
haciendo exactamente eso: perdonando los pecados cometidos contra
Dios. Sólo siendo Dios podía esto tener sentido.


Igual de atrevida fue su pretensión de que Él tenía poder para
otorgar
la vida. Él se llamó "El Pan de vida", y la resurrección y la vida. A
los discípulos les dijo que Él era la savia que da vida a las ramas
de
la vid; y a la samaritana le dijo que Él era el agua de la vida. Dios
es vida.


En numerosas oportunidades Jesús se declaró dador de la vida. La vida
es un enigma, ya sea física o espiritual. Su naturaleza es tan
desconcertante como su origen. No sabemos ni siquiera definir lo que
es ni de dónde viene. Sólo sabemos que la vida es un don de Dios. Y
esto es precisamente lo que Jesucristo pretendió ser y otorgar: Él es
el buen pastor que da su vida por las ovejas. Él declaró que tenía el
poder de otorgar la vida a todo aquel a quien Él quisiera darla.


Esta pretensión fue tan rotunda y contundente que esto fue lo que
hizo
que los discípulos no se separaran de Él. Cuando todos lo
abandonaron,
sus discípulos confesaron: "Señor, ¿a quién iremos? Tus palabras son
palabras de vida eterna? (Juan 6:68).


Pero Jesús no sólo pretendió ser la vida; también dijo que Él era la
verdad. Lo que más impresionó a quienes lo escucharon, no fue tanto
las verdades que enseñaba sino la forma como enseñaba. Sus
contemporáneos quedaron impresionados por su sabiduría y decían:


"Dónde aprendió este hombre todo esto? ¿Qué es esta sabiduría que se
le ha dado? ¿No es este es el carpintero? ¿Cómo sabe éste tantas
cosas
sin haber estudiado? Y todos, impresionados por la autoridad con la
que enseñaba, exclamaban: "¡Nunca nadie ha hablado como ese hombre! Y
se admiraban de cómo les enseñaba, porque les enseñaba con
autoridad" (Marcos 6:3; Mateo 7:28-29).


Si la autoridad de Jesús no era como la de los demás maestros de la
Ley ni como la de los profetas antiguos, ¿de dónde le venía tal
autoridad? Jesús no predicó diciendo: "Así dice Jehová-Dios"; Él
enseñaba diciendo: "Así digo Yo". Su autoridad no era derivada sino
propia.


Es cierto que Él enseñaba lo que Su Padre le había ordenado enseñar,
pero Él estaba absolutamente convencido de que Él era el órgano
inmediato y final de la revelación de Dios. Nunca titubeó. Nunca se
disculpó. Nunca se contradijo. Nunca se corrigió. Nunca modificó lo
que había dicho. Habló cómo habló Dios mismo en el Antiguo
Testamento.


Habló del futuro con absoluta convicción. Estableció nuevos
mandamientos y nuevas normar morales en la misma forma como las
estableció Dios en los Diez Mandamientos. Afirmó que sus palabras
eran
eternas como la Ley, y que el destino personal de sus oyentes (o
lectores) dependía de cómo respondieran a sus palabras, tal como el
destino del Israel antiguo dependería de cómo respondieran a la
Palabra de Dios mismo.


Pero Jesús fue aún más atrevido. El afirmó que Él tenía autoridad
para
juzgar al mundo. Esta es su afirmación más extraordinaria. En sus
parábolas enseñó que Él volverá al final de la historia para juzgar
al
mundo. Dijo que el día del juicio final será postergado hasta que Él
regrese. Él mismo resucitará a los muertos y todas las naciones se
postrarán delante de Él. Y Él será quien juzgue a todas las naciones..


Pero no solamente esto nos asombra. Él afirmó que el juicio a las
naciones dependerá de la actitud que los hombres hayan tenido para
con
sus "hermanos más pequeños", que son sus discípulos, y de cómo hayan
respondido a sus enseñanzas. Aquellos que lo hayan reconocido delante
de los hombres Él los reconocerá delante de Dios. A los que lo hayan
negado delante de los hombres, Él les dirá: "Apártense de mí; nunca
les conocí". Semejante predicador, o era Dios mismo o debió haber
sido
llevado ante algún psiquiatra.


Bendiciones.




Responder Con Cita
Alt Today
Advertising
Google Adsense
 
This advertising will not be shown
in this way to registered members.
Register your free account today
and become a member on
Newsgrupos.com
Standard Sponsored Links

Respuesta


Herramientas
Desplegado

Normas de Publicación
no Puedes crear nuevos temas
no Puedes responder a temas
no Puedes adjuntar archivos
no Puedes editar tus mensajes

El código vB está habilitado
Las caritas están habilitado
Código [IMG] está habilitado
Código HTML está deshabilitado
Trackbacks are habilitado
Pingbacks are habilitado
Refbacks are habilitado






Powered by: vBulletin, Versión 3.6.8
Derechos de Autor ©2000 - 2008, Jelsoft Enterprises Ltd.

LinkBacks Enabled by vBSEO 3.1.0 © 2007, Crawlability, Inc.