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| Sábado, 08 de marzo, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo) SI ESCONDO MI PECADO DE DIOS, PECO MUCHO MÁS PARA LA ETERNIDAD: Si en mi corazón yo hubiese consentido la falta de equidad y hubiese ocultado su verdad delante de mi Dios, entonces <<Él no habría escuchado mi oración, ni tampoco le hubiera dado ningún valor a ninguna de mis suplicas>>, sino que me rechazaría tajantemente como el peor de los pecadores, porque no habría sinceridad ni equidad alguna en todo mi ser. Pero como he hecho mi oración de fe hacia él, en el nombre sagrado de su unigénito, para que perdone mis pecados y me limpie de toda maldad, entonces <<tengo la verdad y la justicia salvadora de su Plan de Salvación>>, lanzada del cielo para todo aquel que desee vivir la vida eterna, desde hoy y hasta la eternidad. Ciertamente, nuestro Padre Celestial es un Dios de amor y de gran misericordia, pero también <<es fuego consumidor para con los que pecan en contra de él, por no honrar ni exaltar en sus vidas, el nombre ungido de su verdad eterna>> para nuestros corazones y para nuestras almas infinitas, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Pues su ira se enciende en contra del pecador y de la pecadora (y así también sobre los suyos, en donde se encuentren en toda la tierra), porque <<se hace injusticia cuando su Hijo no es honrado, preciso en el momento que debería ser honrado en sus corazones>>, para gloria y para honra infinita de su nombre muy santo. Y para todos ellos, como los de baja ralea, como los que no aman, ni jamás tienen nada bueno que decirle a Él, como su Dios y Fundador de sus vidas en el paraíso, entonces <<ha preparado su día de juicio para darles su merecido justo y sin más tardar también>>. Y éste es un lugar, en donde ya no habrá más misericordia ni perdón para el quebrador de las leyes, sino <<sólo juicio y castigo eterno por su pecado, de no haber reconocido a Jesucristo en su vida>>, como su único amigo, como su único ayudador y como su único salvador de su vida del poder de Satanás. Ciertamente, la ira de nuestro Creador y sus justos juicios son para los que tienen en poco la vida de su Hijo amado en sus corazones, como sucedió con Adán y Eva en el cielo; pues <<ellos tuvieron muy en poco al fruto de su vida como si nada>>, que seguidamente comieron del fruto equivocado, para luego morir en tinieblas. Es por eso que nuestro Padre Celestial, desde que creó los cielos y la tierra, <<no ha cesado de llamar al hombre y a la mujer a que regresen a Él>>: para que coman y beban de su fuente la vida y de la salud infinita, su Hijo amado, ¡el Santo del cielo y de la tierra! Y, ¿cómo es que uno come y bebe del Árbol de la vida?, quizás te preguntes mi estimado hermano y mi estimada hermana, como todo desconocido de la verdad más antigua del reino de los cielos de Dios y de su Árbol de vida, ¡nuestro gran rey Mesías de todos los tiempos. Pues con tan sólo orar a nuestro Padre Celestial en el nombre de su Hijo amado, en cualquier momento de fe y de oración, para que <<de su mismo cuerpo y de su Espíritu de vida y de salud infinita desciendan a todos nosotros día y noche y sin cesar en los poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo>>, como es normal. Porque nuestro Dios ha enviado de su Espíritu Santo con muchos poderes para que sea parte de nuestras vidas, asimismo como siempre ha deseado que su Árbol de la vida sea parte de nuestras vidas también, y así <<formar una sola familia en la tierra y en el cielo, para que sólo Él sea nuestro Dios Soberano para siempre>>. Y la gente no le entiende a Él, por medio del Espíritu de su palabra y de su Ley Santísima, por ejemplo, para que todos hagan su voluntad santa y justa, <<de creer en sus corazones y de confesar con sus labios a su Jesucristo, para bien eterno de sus vidas y la de muchos también, eternamente y para siempre>>. Es por eso que el servicio a nuestro Padre Celestial así como los ángeles del cielo, por ejemplo, <<tiene que ser por medio del fruto del Árbol de la vida del paraíso>>, ni más ni menos, con cada uno de nosotros, en nuestros millares, desde el paraíso a la tierra y hasta siempre en la nueva eternidad venidera también. Porque los ángeles del cielo siempre le han servido a su Dios y Padre Celestial que está en los cielos, y <<sin el Señor Jesucristo ningún ángel, arcángel, serafín, querubín y demás seres santos del cielo le podrán jamás servir a él y a su nombre muy santo, como es justo y como es normal>>. Es por eso que nuestro Padre Celestial no se cansa de llamarte a ti y a los tuyos, también, <<a que crean en la vida santa y perfecta de su unigénito>>, el Santo de Israel y de la humanidad entera, para perdón de pecados y para bendición eterna de sus corazones y de sus almas infinitas, eternamente y para siempre. Entonces si hay pecado en tu vida, ha de ser porque aún no has creído en tu corazón, ni has confesado con tus labios su voluntad perfecta, <<y esto es llamando con tus labios a su Jesucristo>>, para que la pared de tinieblas del enemigo se rompa entre tú y Él, para que te bendiga rica y abundantemente, hoy y eternamente. Para que de esta manera todo pecador y pecadora entienda en su corazón, de una vez por todas y para siempre, <<de que es muy importante que su Jesucristo sea enaltecido en la tierra y así también en la eternidad venidera>>, como en el nuevo reino celestial, por ejemplo, para que <<su corazón sagrado esté firme y alegre con ellos diariamente>>. Porque <<sin verdad y sin justicia nadie podrá acercársele a él, como su Dios y Creador de su vida, ni menos podrá ver la bendición infinita de la nueva vida eterna>>, en la tierra, ni mucho menos en el más allá, como en La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo. Es más, sin la verdad y sin la justicia del Árbol de la vida eterna del paraíso, nuestro gran rey Mesías, <<nadie podrá ser salvo jamás de sus pecados en la tierra>>, para siempre; pues el que muere en sus pecados <<se pierde perpetuamente en su maldad ciega>> en contra de su Dios y de su Jesucristo. Porque para acercársele a Él, como el Dios Proveedor, como el Dios Sanador, para que les devuelva la salud, la vida y las ricas bendiciones de sus corazones insaciables, también, pues entonces <<primero tienen que haber alcanzado la verdad y la justicia redentora del paraíso y del nuevo reino de los cielos en sus vidas>> y cuanto antes mejor. Porque sin templanza, sin verdad y sin justicia <<nuestro Dios no atiende a ningún hombre o mujer en toda la tierra, para concederle sus peticiones>>, cuantas sean todas ellas (pues para nuestro Dios no le importa cuantas necesidades tengas, él las suple todas y sin fallar por amor a Jesucristo, porque sólo Él es Dios, el Todopoderoso y sumamente rico, también). Y la única manera que el hombre y la mujer de la humanidad entera podrán realmente alcanzar ésta gran verdad y justicia celestial, de Dios y de su Espíritu Santo, <<ha de ser sólo creyendo en sus corazones y así confesando con sus labios, de que únicamente el Señor Jesucristo es su unigénito>>, ¡el Santo del cielo y de la tierra! Porque es necesario tener o reconocer al Señor Jesucristo <<como el Árbol de la vida no sólo del paraíso sino también de la tierra>>, para que entonces sea nuestro proveedor de cada una de nuestras necesidades, en cada una de las fases de nuestras vidas terrenales, espirituales y celestiales, también. Y si no reconocemos al Señor Jesucristo como el Hijo de Dios o como el Cordero Escogido de Dios o como el sumo sacerdote del cielo y de la tierra para bien del hombre, entonces <<no estamos actuando en el Espíritu de fe, el cual nuestro Dios nos ha llamado a creer en Él, para vida y para bendición eterna>>. Es decir, que las tinieblas de Satanás en Adán <<seguirían reinando en nuestras vidas humanas y pecadoras y más no la luz de la verdad y de la justicia de Dios y de su Jesucristo>>; y esto es muy malo no sólo para el que no cree, sino también para el paraíso y para la tierra, también, porque las tinieblas aumentan. Es por eso que el Señor Jesucristo tiene que reinar en nuestros corazones a cada hora del día, por amor a la obra de la verdad y de la justicia del paraíso, para que nuestro Dios viva siempre feliz y sentado en su trono de honra eternal: <<para que jamás nos falte ninguna de sus muchas y muy ricas bendiciones de siempre>>. De otra manera, ningún hombre o mujer podrá jamás alcanzar ninguna verdad o justicia en su vida, para acercarse al Creador de su vida, para pedirle que le dé más de su misericordia y de su amor, <<para que ya no sufra más de los males de su vida y en resumida cuentas vivir feliz>>: ¡para ver infinitamente la vida eterna! Entonces es mejor consentir la verdad y la justicia de nuestro Señor Jesucristo antes que la iniquidad del espíritu de error y de gran maldad de Satanás o de sus ángeles perdidos en nuestros corazones, para que inmediatamente <<nuestro Dios se sienta muy a gusto con cada uno de nosotros y así su Espíritu Santo nos bendiga con sus bendiciones sobrenaturales>>. Porque <<el Espíritu de Dios no nos va a entregar ninguna de nuestras bendiciones celestiales y terrenales>>, las cuales son muchas, las que tenemos que recibir de nuestro Padre Celestial y de su Árbol de la vida para enriquecer nuestros corazones y nuestras almas infinitas, para servicio continuo de su nombre santísimo en la tierra y en el paraíso, también. Y nuestro Dios se alegra mucho cuando ve a su Jesucristo en el corazón del hombre y, por tanto, con mucha alegría en su corazón comienza a derramar de sus bendiciones sobrenaturales, <<tal como comenzó a derramar del Espíritu de la sangre del Árbol Viviente desde génesis, para que todos vivan felices en la tierra y sin la inmoralidad de Satanás>>. Y nuestro Padre Celestial nos bendice muchísimo y desde el cielo, porque desea que le sirvamos a él y a su nombre santísimo, pero sin Satanás en nuestras vidas, es decir, <<sin ídolos y sin imágenes de dioses o de diosas ni con doctrinas extrañas en nuestros corazones>>; esto es muy importante entender hoy, <<para no pecar más ante nuestro Dios>>. Porque para servirle a nuestro Padre Celestial y a su nombre muy santo, entonces <<necesitamos diariamente los poderes sobrenaturales de la verdad y de la justicia del nombre glorioso y sumamente misterioso de su Hijo amado>>, nuestro único Árbol de vida eterna del paraíso, de la tierra y de La Nueva Jerusalén Santa e Imponente del cielo. Y en los dioses o diosas de las tinieblas, como las doctrinas de falsas religiones <<no hay verdad, ni menos justicia alguna para nadie, sino sólo más tinieblas y finalmente la muerte asegurada para entrar desde ya al mundo de los muertos>>, como el infierno o como el lago de fuego eterno, por ejemplo, la muerte eterna de la muerte. Es por eso que todo aquel que no tiene verdad ni justicia alguna en su corazón y en todo su ser, entonces <<sufre terriblemente los embates del mal y de la pobreza de las tinieblas de Satanás y de sus ángeles caídos>>, para sólo morir gradualmente y jamás ser feliz en esta vida ni mucho menos en la nueva eternidad cercana. Porque Satanás es muy pobre y así también aquellos que le sirven y le siguen habitualmente, como su guía y proveedor de sus vidas también; pues el pecador sin saber a quien le está sirviendo, <<peca aún más en su ceguera espiritual por no conocer la verdad ni menos la justicia de nuestro Dios, constantemente le está sirviendo ciegamente al diablo>>. Y, además, las gentes que no aman, la verdad y la justicia de nuestro Dios, <<es porque simplemente no conocen, ni menos aman al Árbol de la vida>>, como Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo, que no conocían al rey Mesías, como el Hijo de Dios, para mal de sus vidas y de su linaje humano, también. Porque es pecado y pobreza para nuestro Padre Celestial y para su Espíritu Santo, <<cuando el hombre y la mujer no aceptan en sus corazones ni menos confiesan con sus labios a su Árbol de la vida eterna>>, ¡nuestro Señor Jesucristo!, para que vivan perpetuamente en la ricas y abundantes bendiciones de riquezas difíciles de leer del paraíso, sin Cristo. Además, la gente sufre día y noche y sin cesar, porque el Espíritu de Dios no toca sus vidas con las bendiciones del cielo de nuestro Padre Celestial y de su Árbol de la vida, <<porque no hay verdad ni menos justicia alguna en sus corazones, por la falta de fe, en el nombre misterioso de nuestro Señor Jesucristo>>. Entonces ellos viven como si jamás han oído de la palabra sobrenatural de nuestro Dios y de su Árbol de la vida, para llenar sus corazones y sus espíritus humanos de muchas riquezas del paraíso y del vasto reino celestial; realmente, <<estas personas no tienen el más mínimo conocimiento de Dios y de Jesucristo>>, son, pues, como tinieblas terribles sus vidas pecadoras. Es más, nadie conoce realmente al Señor Jesucristo en su corazón, como sólo nuestro Padre Celestial le conoce a Él, desde siempre, porque Dios es luz; porque los ángeles del cielo lo ven y, también, conocen sus actos de sus glorias infinitas, pero no le conocen sobrenaturalmente, como sólo nuestro Dios y como sólo su Espíritu Santo le conocen desde siempre. Es decir, también que <<nuestro Señor Jesucristo es un gran misterio insondable para nuestros corazones y para nuestras mentes humanas, también>>; es por eso que <<los religiosos antiguos tuvieron graves problemas en aceptarlo en sus corazones y confesarlo con sus labios>>: como el Hijo de Dios o como el Cordero Escogido o como el gran rey Mesías de todos los tiempos. Porque <<es nuestro Dios quien lleva de la mano al hombre, a la mujer, al niño y a la niña a los pies del Árbol de la vida>>, para introducírselos: como su Rey, como Su Mesías, como Su Salvador, como Su Sumo Sacerdote, como Su Mediador, como Su Proveedor constante de cada día, y le conozcan así siempre en sus corazones. Es por eso que fue nuestro Creador, después de haber creado a Adán, entonces lo llevo de la mano por el camino de la verdad y de la justicia <<para que se pare delante del Árbol de la vida, su Jesucristo, y le conozca como es infinitamente>>; y <<asimismo hace nuestro Dios diariamente con cada uno de nosotros>> en la tierra. Para que de esta manera conozcamos nuestra templanza, nuestra verdad, nuestra justicia infinita en la vida de la tierra y en nuestra nueva vida normal del paraíso y de La Nueva Jerusalén Colosal e Inmortal del cielo, <<para vivir todos nosotros juntos con nuestro Dios y con su Árbol de vida, para aprender mucho más de su justicia infinita, para siempre>>. Y el pecado de nuestras mentes y de nuestros corazones rebeldes a nuestro Dios son los que nos alejan de Él, como alejaron a Adán y a Eva de nuestro Árbol de la vida, ¡nuestro Señor Jesucristo!, para luego morir lejos de él, <<como lejos del paraíso, por ejemplo, y en un hueco en la tierra para descender inmediatamente al infierno>>. Es más, todos han pecado en contra de nuestro Jesucristo, de alguna forma u otra, <<porque están ciegos en sus corazones y en sus mentes también, como los ídolos>>; pues no le pueden conocer nunca, <<porque él es demasiado grande para sus almas infinitas>>; ciertamente, sólo nuestro Creador y su Espíritu le conocen desde siempre, <<por que son poderosos como Él mismo>>. Es por eso que tenemos que aceptarlo por su historia y por el Espíritu de fe, el cual nuestro Padre Celestial y su Espíritu Santo nos han entregado en nuestros corazones, para creer en el Señor Jesucristo, y <<algún día no muy lejano conocerle tal como nuestro Dios le conoce desde siempre, para alcanzar nuevas glorias en nuestras vidas eternales>>. Además, a nuestro Señor Jesucristo sólo le puede comenzar a conocer gradualmente el hombre del mundo, porque es como la luz del sol, así como cuando comienza el día en la mañana <<y va aumentando su luz lentamente hasta que llega al medio día, y de pronto todo está tan claro por todos lados, pues, algo así es Jesús en nuestras vidas>>. Así pues es nuestro Señor Jesucristo en nuestros corazones, sin tener que jamás rechazarlo en nuestras mentes <<y así mismo poco a poco vamos creciendo en conocimiento espiritual y sobrenatural a la vez, de él y de su poder en nuestros corazones y nuestro diario vivir>>, para jamás alejarnos de su gloria, en esta vida ni en la venidera, para siempre. Y nuestro Señor Jesucristo es como una luz poderosa y sumamente divina, también, que cuando entra en nuestros corazones <<entonces se queda para darnos cada día del bien del cielo y de la tierra>>, para satisfacer nuestros corazones, nuestros espíritus y nuestros cuerpos humanos hasta hacernos plenamente ricos en Él, cumpliendo así infinitamente nuestro Jesucristo la volunta de Dios en nuestras vidas. Pero los que rechazan a Jesucristo sin saber lo que están haciendo, entonces pecan terriblemente en contra de sus propias almas infinitas y sobre todo en contra de nuestro Dios y en contra de su nuevo reino celestial, también, para que en cualquier momento dado encontrarse con la maldición de la muerte del infierno, y sin poder escapar jamás del mal eternal. Ahora, si reconocen su error, e inmediatamente claman a su Creador, desde sus corazones en el Espíritu de fe y de amor sobrenatural de Jesucristo, entonces el Espíritu Santo vendría con bendiciones del paraíso a sus vidas, <<para hacer maravillas y milagros en sus cuerpos humanos sin más tardar, para que entiendan postreramente que sólo Jesucristo es el Ángel de Dios>>. Es decir, que nuestras enfermedades y males desaparecerían de nuestras vidas al instante o poco a poco, <<para que ya no suframos más nuestros males de siempre, por culpa de nuestro pecado en contra de Jesucristo>>, sino que seremos llenos por siempre e infinitamente de la luz de la alegría y de la paz infinita de nuestro Padre Celestial. Porque nuestro Señor Jesucristo es real y verdadero, cuando, por lo contrario Satanás es un mentiroso abominable; además, Jesucristo está aquí con cada uno de nosotros, no importando jamás en donde nos encontremos en el mundo entero, por amor a su nombre misterioso, <<para que siempre hayan milagros, prodigios y maravillas increíbles en nuestros días de vida en la tierra>>. Porque, con seguridad, si hay verdad y justicia redentora de nuestro Padre Celestial en nuestras vidas, en nuestros corazones, en nuestras almas y cuerpos humanos, ¡gracias a Jesucristo!, entonces <<el Espíritu Santo de Dios jamás dejaría de entregarnos muchas, si no todas de las más ricas bendiciones de nuestro Dios y de su vida santa del cielo>>. Y si el Espíritu de Dios nos entregaría las bendiciones de nuestro Padre Celestial y de su Árbol de vida eterna una tras otra y sin cesar jamás, entonces <<no habría enfermedades, ni males algunos, ni mucho menos pobreza entre todos nosotros>>; en verdad, viviríamos una vida libre de las tinieblas del más allá, por tanto, <<libres de Satanás para siempre>>. Entonces el problema de nuestras vidas de día a día por toda la tierra no es tanto Satanás sino nuestros mismos corazones, en los cuales <<hemos consentido iniquidad para que la verdad y la justicia de nuestro Padre Celestial y de su Hijo amado no reinen en nuestras vidas y en nuestros cuerpos humanos>>, para gloria infinita de nuestro Dios. Pues, hoy más que nunca tenemos que arrepentirnos solemnemente de nuestros pecados, porque <<cada uno de nuestros pecados ha sido hecho en contra del Señor Jesucristo para mal de nuestras vidas, en la tierra y así también para la nueva eternidad venidera del nuevo reino bendito de nuestro Dios y de su Árbol de la vida eterna, su Hijo Fiel>>. En verdad, sin equivocarnos más, <<nuestros pecados son siempre en contra del Árbol de la vida>>, asimismo como los antiguos, por ejemplo, como cuando pecaron en el desierto en contra del Ángel del SEÑOR, y nuestro Dios no quiso perdonarles sus rebeliones, sino que corto sus vidas en el desierto, y sólo sus hijos vieron las nuevas tierras de Canaán. Porque nuestro Dios les dio a los antiguos <<a su Ángel Incendiado, como a su unigénito sangrando>>, para que los saque de Egipto y los llevara por el desierto a la Tierra Prometida, <<en donde se manifestaría en sus vidas el Mesías, para perdón de pecados y para santidad infinita de sus nuevas vidas eternas, del nuevo reino de Dios>>. Pero los antiguos se rebelaron no solamente en contra de Moisés, sino que <<sus rebeliones fueron directamente en contra del Ángel del SEÑOR>>, y él no les perdono ninguno de sus pecados sino que los castigo y hasta exterminarlos de su camino de verdad y de justicia infinitamente sagrada para entrar a La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo. Pues asimismo vamos nosotros juntos, de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra, <<por el camino antiguo del Ángel del SEÑOR para entrar día y noche a la nueva Tierra Prometida con cielos gloriosos y esplendorosos de La Nueva Jerusalén del gran rey Mesías>>, para vivir infinitamente en la felicidad de servirle sólo a nuestro Creador Celestial. Pues entonces, hoy más que nunca tenemos que creer en Jesucristo en nuestros corazones, mentes, fuerzas, vidas y almas infinitas, <<para que pasemos victoriosos por el camino antiguo del desierto (en todos los lugares de la tierra) y así finalmente entrar muy pronto a la nueva vida del cielo>>, para saciar nuestras hambre y nuestra sed del Árbol de la vida. Porque para que haya gloria de nuestros corazones para nuestro Dios y para su Espíritu, entonces <<tenemos que haber comido de la verdad y de la justicia de la nueva vida del Árbol de la vida>>, caminando obedientes y fieles a la verdad día y noche por el camino antiguo del Ángel del SEÑOR hacia el Cielo Prometido: ¡nuestro Señor Jesucristo! De otra manera, no viviremos; ni gozaremos jamás de la felicidad celestial de Dios y de Jesucristo, ¡el Árbol de la vida! Por lo demás, no es posible que nosotros podamos jamás, en nuestros pecados y errores, darle gloria y honra a nuestro Creador que está en los cielos, desde nuestros corazones en tinieblas; por eso es que la luz de Jesucristo es muy importante en nuestras vidas, <<para ver mejor nuestros pasos por el desierto antiguo camino hacia la gloria eternal>>. Realmente, vivimos en nuestras mismas iniquidades día y noche sin darnos cuenta jamás, en vez de vivir en la verdad y en la justicia no sólo salvadora, sino también sanadora de nuestros males, <<para que las tinieblas se vayan de nuestros corazones y de nuestros espíritus humanos y así disfrutar las ricas bendiciones del cielo y del mundo entero, sin Satanás>>. Seriamente, es imposible disfrutar de la vida eterna, de la cual nuestro Dios nos la ha entregado en su unigénito, si el espíritu de iniquidad, mentiras, calumnias, infamias y de maldades terribles, vive aún en nuestros corazones y espíritus humanos; ciertamente, <<estamos tan perdidos aún como Adán y Eva en el paraíso, sin el fruto de la vida en nuestros corazones>>. Porque una vida sin tinieblas es una vida sin Satanás, es decir, <<que es una vida sumamente deliciosa para nuestros corazones, para nuestros espíritus, para nuestras almas y cuerpos humanos>>, en el paraíso, en la tierra y así también en el nuevo reino celestial, como en la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Noble del cielo, por ejemplo. Y cada vez que ves a una persona sufrir algún mal, ciertamente es resultado de las tinieblas del corazón de un pecador o pecadora de la tierra, por lo cual <<no ha honrado en su vida, ni ha exaltado el nombre misterioso de nuestro Padre Celestial con sus labios, como el nombre de su único Árbol de vida eterna>>, ¡nuestro Jesucristo! Porque cada vez que veas a una persona sufrir enfermedades y males, sin duda, es el resultado de la mala fe, del corazón de algún pecador o religioso, quien a rehusado equivocadamente a ser rico en el Espíritu de Dios, <<para creer en su corazón y confesar con sus labios la verdad y la justicia del único plan de Salvación Eternal>>. Es por eso que muchas gentes viven profundamente pobres y hundidos en las tinieblas de Satanás (y no lo saben), porque Satanás mismo los tiene ciegos para que jamás vean nada bueno en sus corazones, <<como creer en el Señor Jesucristo y confesar con sus labios su nombre ungido, lleno de maravillas, milagros y prodigios sobrenaturales para bendecir sus vidas ampliamente>>. El pobre es pobre, <<porque no conoce a Jesucristo en su corazón>>; como el enfermo, por ejemplo, tampoco conoce el poder sobrenatural de la vida gloriosa y sumamente milagrosa del Árbol de la salud eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo!, porque hay poder del cielo y de nuestro Creador en la sangre del pacto eterno, para librarlo diariamente de los males del infierno. Ahora, los males del infierno alcanzan siempre al pecador, porque está muy cerca de él; es decir, que cuanto más cerca estemos del Árbol de la vida y del cielo por nuestra fe, en nuestro Padre Celestial y en su Espíritu Santo, entonces <<estamos lejos del infierno y de sus males de siempre, como pecados, enfermedades y la misma muerte, también>>. Ahora, si nos alejamos del Árbol de la vida, con nuestros malos pensamientos y sus tinieblas de siempre, entonces <<estamos más cerca de todos los males de la vida pecadora que pronto nos comienzan a invadir, para hacernos daño y finalmente destruirnos para siempre>>, como los más viles pecadores del paraíso y de la tierra. Es por eso que <<es muy bueno invocar al Señor Jesucristo en nuestros corazones y con nuestros labios para estar siempre cerca de él y, a la vez, lejos de los males de Satanás>>, para que ya no toquen nuestras vidas como en el paraíso o como recientemente, con sus mentiras y con sus patrañas antiguas de toda la vida infernal. Porque con el nombre del Señor Jesucristo viviendo en los corazones de las gentes no sólo de Israel, sino también de la humanidad entera, entonces muchas personas totalmente enfermas de enfermedades terribles y hasta incurables, <<nuestro Padre Celestial las ha curado milagrosamente y majestuosamente para gloria y para honra de su nombre muy santo que está en los cielos>>. Y todas estas maravillas y milagros increíbles del nombre misterioso, de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo, están a la orden del día, <<para que todo aquel que tan sólo crea en su corazón entonces sea liberado, pero pronto, de sus más terribles aflicciones de su corazón, de su espíritu, de su alma y de su cuerpo humano, también>>. Porque ésta es la obra de nuestro Hacedor para nuestros días, <<librar a cada una de las personas del mundo entero de las terribles tinieblas de mentiras, enfermedades, infamias, calumnias y demás males de Satanás>>, por las cuales el hombre no puede librarse de ellas por si solo, sino con la ayuda del cielo y de su Árbol de la vida. Y es por eso que el nombre del Señor Jesucristo se ha acercado a ti, una vez más, como es normal en el paraíso, para que no haya iniquidad, mentiras, enfermedades, maldiciones, ni injusticias en tu corazón, <<sino únicamente el Espíritu de la sangre y de la vida sagrada de nuestro Árbol de la vida eterna>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque sólo nuestro Jesucristo es tu equidad, verdad y justicia redentora y <<para siempre tener derecho día y noche a la vida eterna de nuestro Padre Celestial y de sus ángeles del cielo>>, la cual es la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Sagrada y Sumamente Honrada por el Árbol de la vida eterna, ¡el Mesías del paraíso! Por ello, aún estás a tiempo para hacer que toda iniquidad que haya en tu corazón y en tu alma infinita, ya sean de tus antepasados o de ti mismo, para que nuestro Dios con los poderes sobrenaturales de su Espíritu hacerte libre, <<si tan sólo crees en Él y en la obra misteriosa de su unigénito>>, ¡nuestro Rey Mesías, Jesucristo! Además, si le obedeces a tu Dios que está en los cielos, siempre observándote desde su morada sagrada, como desde su altar celestial, entonces te ha de bendecir grandemente, es decir, si aceptas en tu corazón a su unigénito, <<como tu único y suficiente salvador, para que sólo tengas verdad y justicia infinita en todo tu ser, hoy y para siempre>>. Y esta verdad y justicia del Espíritu de la sangre y de la vida milagrosa de nuestro Jesucristo te hará feliz en tu corazón y en todo tu ser viviente, <<como jamás nada ni nadie te haya hecho tan feliz en tu vida en la tierra>>; efectivamente éste es el poder de Dios obrando continuamente en tu alma infinita: ¡milagros sobrenaturales! Es más, habrás nacido de nuevo en el mundo, pero ya no eres de este mundo sino del nuevo mundo de arriba como del más allá, <<para sólo conocer la verdad perfecta y la justicia insuperable de nuestro Dios y de su Espíritu Santo en tu nueva vida eternal>>: ¡gracias al amor y al Espíritu de la gracia del Señor Jesucristo! NADIE SE ESCONDE DE NUESTRO DIOS EN SUS TINIEBLAS Oh Padre Celestial, tú mismo conoces muy bien nuestro caminar y nuestros tropiezos también, en muchas cosas de nuestras vidas; pues en ti no hay nada que esté oculto de tus ojos en el cielo ni menos en la tierra, por tanto, <<nuestros pecados no te son ocultos ni por un sólo instante, cada vez que miras hacia la tierra>>. Tú mismo, ciertamente, conoces muy bien el pecado y el mal andar de todo pecador y de toda pecadora de la tierra y, con mayor razón, los llamas día y noche para que regresen a tus manos, <<para que vuelvan a ser la gloria celestial, la cual tu formaste en cada uno de ellos, en el día de su creación>>. Y aunque el enemigo de tu verdad y de tu justicia infinita nos haya hecho mucho daño, con el fin de destruir tu obra santa y perfecta en cada uno de nosotros, pues eres poderoso para volvernos a tomar en tus manos y sanarnos de los males del enemigo, <<para hacernos nuevas criaturas para nuevas glorias de tu nombre muy santo>>. Pues para ti, Padre Celestial de nuestra Gloria Celestial e Infinita, no hay nada imposible en el cielo ni menos en la tierra, para ayudarnos y para bendecirnos, <<para jamás volverte a acordar de nuestros pecados, ni por un sólo instante más, por amor al nombre muy santo de tu Hijo amado en nuestros corazones>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! SEÑOR Todopoderoso ten piedad de nosotros y ayúdanos cada vez más, porque el enemigo acecha siempre para hacernos daño, como en cada momento de nuestras vidas; pues <<no dejes que las maldades antiguas de las tinieblas de nuestros antepasados nos alcancen tampoco, para hacernos daño o destruirnos>>, como los más viles pecadores del mundo entero. Porque el pecado destruye el corazón, el alma y todo el cuerpo del hombre y de la mujer también, como si fuésemos tus grandes enemigos de toda la vida, como de entre las gentes de la maldad, por ejemplo, que lo único que conocen en sus corazones perdidos son tinieblas, <<únicamente para deshonrar tu nombre sagrado cada vez más que antes>>. Y nosotros no somos así, porque te amamos de verdad y sólo en la justicia del cielo, Jesucristo; así pues somos nosotros, en nuestros millares, como de los que aman y honran por siempre tu nombre muy santo, <<para que nos bendigas a toda hora del día, como si fuésemos uno más de tus ángeles y arcángeles del cielo, por ejemplo>>. Y te pedimos que nos ayudes y nos bendigas cada vez más, para que jamás falte ningún bien de tu palabra y de tu nombre sagrado en nuestras vidas, porque el enemigo de nuestras almas no cesa jamás de acecharnos para atarnos y destruirnos>>, como si les hayamos hecho alguna maldad a él o a los suyos. Te necesitamos Padre Celestial, Creador del cielo y de la tierra, porque nuestros corazones y nuestros espíritus y cuerpos humanos <<sin ti no podemos hacer nada bien>>; es por eso que te llamamos en oración siempre, en el nombre de tu Hijo Santo, <<para que la presencia de tu Espíritu Santo nos llene de tu gran poder celestial más que antes>>. Y así poder librarnos de los males terribles de Satanás en nuestras vidas y en la vida de cada uno de los nuestros en todos los lugares de la tierra y sin que jamás ninguno de ellos pierda su gran bendición: "Gracias a tu añorado Jesucristo, y a quien amamos profundamente en nuestros corazones, hoy en día y como siempre". Además, no dejes más que el enemigo de tu nombre muy santo y de tu Espíritu Santo y de la obra sobrenatural de tu Hijo amado, sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, nos siga haciendo daño, <<como es ya su costumbre de día en día en toda la tierra>>. Aleja, pues, el mal que nos esté agobiando nuestras vidas, desde hoy mismo y para siempre, para gloria y para honra infinita de tu nombre muy santo Padre Nuestro que estás en los cielos, <<como de costumbre e incasablemente esperando por nuestro pronto retorno a tus lugares gloriosos del más allá, para seguir amándonos como una sola familia celestial e infinita>>. Pues enriquece nuestros corazones y nuestras vidas, con mucho amor de tu corazón muy sagrado, como ayer y como siempre con el Espíritu de tu palabra y de tus bendiciones sobrenaturales, <<para que las gentes de las naciones vean que sólo tú eres el Dios del cielo y de la tierra, y que como tú no hay otro igual para amar infinitamente>>. Y no nos entregues al mal de nuestros pecados e iniquidades, por amor a la vida sagrada de tu Hijo amado, quien está sentado a tu diestra santa de tu trono bendito en el cielo, para abogar por cada uno de nosotros, <<y así no perdamos nuestras bendiciones jamás, en todos los días de nuestras vidas en toda la tierra>>. Aleja, pues, Dios amado del cielo, a Satanás y a sus ángeles caídos de nuestras vidas cada día que te servimos en el poder sobrenatural de tu amor y de tu espíritu de gracia y de misericordia infinita, <<para que no tropecemos así jamás en ninguna de sus trampas antiguas y de siempre, en las cuales muchos desdichados han caído atormentados>>. Aleja, entonces, a Satanás y a sus enfermedades y males terribles de nuestras vidas, para amarte mucho más que antes, <<como nuestro Señor Jesucristo nos enseño a amarte sólo a ti, como el único Dios del cielo y de toda la tierra>>, ¡el Todopoderoso de Israel y de las naciones, eternamente y para siempre! Ven a nosotros, Padre Celestial, no tardes más <<para que nos ames de cerca como a tus ángeles o como a tu Árbol de la vida>>; desciende del cielo pero sin jamás ver nuestros pecados, <<para que Satanás no haga fiesta con nuestras vidas>>; ni tampoco diga él, ni ninguno de los suyos: Ésta alma es nuestra victima para siempre. Cuando realmente es que te amamos infinitamente, porque tu nombre santo ha llegado a nuestras vidas con poderes del cielo, <<es cuando Satanás actúa así en contra de nosotros con alevosía cruel>>, para que la bendición no llegue a nosotros como es tu voluntad en el cielo, así pues en la tierra, con cada uno de nosotros en el mundo entero. Por ello, sólo tú nos puedes ayudar, pues en ti ésta el poder de hacer las cosas, en la vida de los hombres, mujeres, niños y niñas del mundo entero, para librarlos con los poderes y autoridades sobrenaturales de tu nombre sagrado, <<para que sean libres y siempre gozos en sus corazones para vivir bien tu misma vida antigua, consagrada a Jesucristo>>. Tu nombre muy santo desde la antigüedad y aún hasta nuestros días <<vive en el cielo y en nuestros corazones también día y noche y por siempre en la nueva eternidad venidera>>, pues claro está, gracias a nuestro Salvador Jesucristo, para que las tinieblas de tus enemigos antiguos no nos dañen más, como de costumbre, sino todo lo contrario. Para que sólo la luz de tu Árbol de la vida, nuestro Rey Mesías, el Hijo de David, nos bendiga día y noche y sin cesar en esta vida y en tu nueva vida infinita de tu Gran Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo; -Padre Eterno que estás en los cielos, -pues sólo a ti sea toda gloria y honra infinitamente--. Es por eso que tus enemigos crueles nos atacan incansablemente, <<para que la perfecta voluntad del Rey Mesías no se haga una realidad absoluta en nuestras vidas, ni para que jamás entremos a nuestros nuevos lugares eternos del cielo>>, para vivir con nuestro Dios y con sus ángeles infinitos, como debió de ser así desde el comienzo de las cosas. Puesto que, la envía de Satanás y de su espíritu de error en contra de nosotros es muy astuta y mañosa también a la vez, para poner siempre piedras de tropiezos en nuestro diario vivir por la tierra, <<para que jamás veamos la gloria de tu vida y de tu nombre santísimo en nuestros corazones y en el nuevo reino celestial>>. Ciegamente, nuestros enemigos no discrepan entre el joven o el viejo, el pequeño o el grande, <<para hacerles el daño, sin piedad humana alguna en sus corazones>>; pues tú mismos los ves desde el cielo como actúan siempre; tú mismo conoces su manera de proceder en contra de todos nosotros <<tus siervos y tus siervas, en toda la tierra>>. Evidentemente, para tus enemigos eternos, todos tienen que ser destruidos igualmente por sus mentiras y por sus manos violentas, <<porque te hemos escogido para amarte por amor a tu nombre santo e infinitamente milagro, en la tierra y así también en nuestras nuevas vidas celestiales, como en el paraíso y como en La Nueva Jerusalén Gloriosa e Inmortal del cielo>>. Y los enemigos de nuestras almas infinitas saben muy bien en sus corazones oscurecidos por las tinieblas de las mentiras de Satanás que te amamos de verdad, como tus ángeles y hasta como tu mismo Árbol de vida, por ejemplo, <<para servirte por siempre como nuestro único Dios y Fundador de nuestras vidas, gracias a tu Hijo amado>>, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Si ayúdanos, oh SEÑOR Santo y Eterno de nuestras almas vivientes, por amor a ti mismo, y no te olvides de nosotros jamás <<para regalarnos más de tus muchas misericordias y de tu Espíritu de amor infinito en nuestros corazones y en nuestros espíritus humanos, en nuestros hogares y en toda la tierra también, para vivir siempre devotos de ti>>. Bendícenos constantemente, Padre Celestial, por amor a la vida sagrada de tu unigénito, para que vivamos y no muramos jamás, para que nuestros pasos por la tierra sean siempre para bien, <<como de tu luz bendita más brillante que el sol y aún mucho más brillante de la luz del paraíso, también, para honrarte en todo momento ante los demás>>. Porque nuestras almas tienen un sólo Dios, y éste Dios eres tú, gracias a la vida y a la obra suprema de tu unigénito, el Árbol de la vida, <<el cual dejo correr su sangre por su cuerpo santo y sobre los árboles cruzados de Adán y Eva, para alcanzar la vida para tus hijos e hijas de la humanidad entera>>. Y nuestro Creador tuvo que hacer que su unigénito fuera clavado a los árboles secos y sin vida de Adán y Eva, sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, <<porque ellos no habían recibido aún de su sangre del pacto eterno en el paraíso, para bendición, salud, prosperidad y vida eterna para la humanidad entera>>. Por otro lado, si Adán y Eva no recibían la sangre de la vida del Árbol de la vida, nuestro Jesucristo, entonces <<era totalmente imposible que sus descendientes la recibiesen en sus vidas también, para perdón de pecados, sanidad de sus vidas y salvación infinita de sus almas inmortales, en la tierra y así también en el paraíso, eternamente y para siempre>>. Porque sólo por medio del Espíritu, de la sangre del Árbol de la vida eterna, es que nuestro Padre Celestial no solamente oye la oración del hombre en el paraíso, <<sino también las oraciones, ruegos y suplicas de cada uno de sus hijos e hijas de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos del mundo entero>>. Y sin el Espíritu de la sangre y de la vida sagrada de su Árbol de vida, nuestro Señor Jesucristo, entonces <<nuestro Padre Celestial jamás podrá oír ni menos responder a ninguna oración>> de ningún pecador ni de ninguna pecadora de la humanidad entera, para librarlo de sus males agobiantes, y así llenarlo diariamente de vida y de salud eterna. Y esto es verdad, hoy en día, como lo fue en la antigüedad, comenzando con Adán y Eva en el paraíso o con sus hijos en la tierra, por ejemplo, aunque ellos mismos fueron creados primeramente santos en el paraíso, <<pero si Jesucristo no es en sus corazones entonces nuestro Dios no podía hacer ningún bien jamás por la humanidad entera>>. Puesto que, nuestro Padre Celestial ama la verdad y la justicia infinita del Espíritu de la sangre y de la vida de su unigénito, <<porque es el fruto de la vida para todo hombre, mujer, niño y niña en la tierra y así también en su nueva vida infinita de su Gran Jerusalén Santa y Bendita del cielo>>. Porque, de otra manera, no podrá haber amor ni menos comunicación santa y perfecta entre el hombre de la tierra y nuestro Padre Celestial, su Espíritu Santo y su Árbol de la vida eterna, nuestro Salvador Jesucristo, que están en los cielos, por ejemplo. Ciertamente, nuestro Dios tiene poderes y autoridades increíbles en el Espíritu de la sangre y del nombre ungido de su unigénito, nuestro gran Rey Mesías, para perdonarnos y colmarnos de muchas y muy ricas bendiciones de salud, paz, prosperidad y muchos milagros más de la nueva vida del cielo, <<para nosotros gozarlos siempre a partir de ahora, si sólo le somos fieles>>. Pero para que esto suceda en nuestros corazones y en nuestras vidas de nuestro diario vivir por toda la tierra, entonces tenemos que deshacernos de nuestros pecados, cuanto antes mejor, porque mañana será un día diferente para hacer nuevas cosas en nuestras vidas, <<como alcanzar nuevas glorias y honras para nuestro Dios Eterno en la vida de muchos, por ejemplo>>. Y la única manera que podemos deshacernos de nuestros males eternos, desde hora mismo, no va a ser jamás con los ídolos e imágenes de siempre, <<sino con tan sólo creer en nuestros corazones y confesar con nuestros labios: La Salvación Infinita del Paraíso>>, ¡nuestro Árbolde la vida, nuestro Salvador Jesucristo! Por ello, te adoramos Padre Celestial <<por tu gran amor y por tu gran fidelidad no sólo hacia Adán y Eva sino también hacia cada uno de nosotros, en nuestros millares, hoy en día>>, de los cuales somos sus descendientes directos de su linaje humano del paraíso y en todos los lugares de la tierra, también, eternamente y para siempre. Dios Grande y Todopoderoso <<nunca nos dejes de amar>>, para que no te sorprendas de nuestros pecados y así no nos castigues por nuestras culpas, por nuestros defectos, por nuestras muchas ofensas hacia ti y hacia tu unigénito, nuestra única esperanza de vida y de salud del paraíso en la tierra y en La Nueva Jerusalén Santa y Impecable del cielo. Te amamos Padre Celestial en nuestros corazones a pesar de la presencia terrible de las hondas tinieblas de nuestros pecados y de las continuas mentiras de Satanás en nuestro diario vivir en la tierra, <<porque sólo tú eres santo en nuestras vidas terrenales y así también en nuestras nuevas vidas infinitas, de tu nuevo reino celestial y colosal del cielo>>. Adonde sólo el Espíritu de nuestra verdad y de nuestra justicia reinara en nuestros corazones y en nuestros nuevos largos días de tu nuevo mundo eternal, pues, ¡gracias a tu amor eterno!, lleno por siempre de los ricos frutos del Árbol Salvador, <<para saciar nuestra hambre y apagar nuestra sed por ti, Dios de nuestras almas regeneradas por tu sangre sagrada>>. Entonces <<te amamos como nunca antes Señor Jesucristo>>, porque sólo tú eres nuestro Rey Eterno, sólo tú eres nuestro Salvador Perfecto, sólo tú eres nuestro Remedio ideal de nuestras enfermedades y dolencias, en la tierra y así también en la nueva vida infinita de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, eternamente y para siempre. Y nos perdonas ahora mismo, si tan sólo levantamos nuestras oraciones y nuestras manos hacia ti, que estás en los cielos, para recibirnos cada día como a uno más de tus ángeles fieles, <<porque el Espíritu Sagrado de tu Árbol de la vida ha entrado en nuestros corazones para hacernos libres, de las tinieblas de Satanás, sólo con tu fe milagrosa>>. Ciertamente, <<los arcángeles no conocen a uno mayor que nuestro Redentor, en poder y en gloria infinita>>, para redimir al hombre, a la mujer, al niño y a la niña de las tinieblas de Satanás y de sus ángeles caídos, también, como de las manos violentas y de los corazones perdidos de las gentes de la mentira y de la muerte eterna. Por ello, te damos gloria y honra día y noche en nuestros corazones, para que jamás te olvides de nosotros, sino que infinitamente nos ayudes y nos suplas tus más ricas y gloriosas bendiciones de tu Espíritu y de tu Árbol de la vida, <<porque los necesitamos sin cesar jamás para vivir únicamente por ti, como es normal en el cielo>>. Pues mira siempre sólo a nuestro Salvador Jesucristo cada vez que nos veas Padre Eterno a cada uno de nosotros desde tu morada sagrada del cielo, como desde tu altar santo, como desde tu trono glorioso, <<para que así ya no veas más nuestros pecados de siempre, sino sólo la grandeza de la sangre expiatoria de tu unigénito>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque si verdaderamente llegases a ver nuestros pecados Padre Celestial por tan sólo unos momentos, entonces seriamos historia en la tierra, desde ya hace mucho tiempo, <<como el mundo de Noe o como las ciudades antiguas de Sodoma y Gomorra, que fueron gloria de la tierra en sus días, pero hoy son cenizas por culpa de sus pecados imperdonables hacia tu Jesucristo>>. Ciertamente, tú mismo conoces mis distracciones, y mis pecados no se escapan de ti jamás, dígnate librarme de mis tinieblas y de las tinieblas de mis antepasados, <<por amor al Espíritu de la sangre y de la vida de tu gran rey Mesías, ¡nuestro Señor Jesucristo!, para por siempre conocer el bien de mis días, sin perderme nada jamás>>. El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo. LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche, (Deuteronomio 27: 15-26): "'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley Perfecta de nuestro Padre Celestial), y la tenga en un lugar secreto!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, para la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/...pe=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com |
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