![]() |
| |||
| La vejez tiene muy mal cartel. Es la última etapa de la vida, la cuesta abajo final que nos devuelve al lugar donde nuca estuvimos: la nada. Por eso, se con templa con cierta aprensión, y se trata de disimular el paso del inclemente tiempo con sucedáneos, por lo demás, inútiles. Hoy la gente ya no quiere ser "vieja"; es, símplemente "mayor", vocablo de menor rudeza expositiva de una condición inapelable, que nos hace pensar que estamos lejos de ser lo que en realidad somos: viejos. Palabra bellísima, por cierto, injustamente denos tada en una sociedad que cree haber descubierto la fuente de la eterna juven tud, que el infortunado Ponce de León buscó afanosamente, sin hallarla. Nada hay más patético que el viejo que se las da de "joven". Esto, naturalmente re ferido a la apariencia externa, puesto que la juventud de carácter o de espí ritu puede-y debe-acompañarnos de la cuna a la fosa; el mundo está lleno de vie jos llenos de curiosidades variopintas, ansiosos de aprender y disfrutar de los dones de la vida, que no se terminan, ni mucho menos, cuando la maligna ar trosis hace su nefasta aparición. Siempre puede uno consolarse pensando que, peor que la fosilización de los huesos, lo es la del espíritu, que además, care ce de cualquier tipo de paliativo. La principal ventaja de la vejez consiste en la relativización del temor a la muerte. Al cabo de los años, uno se acostumbra a verla como una buena vecina, que un día se presentará en nuestra humilde morada a pedirnos prestada una ta cita de arroz, o un pocillo de azúcar...; y que, de paso, nos llevará hacia un viaje eterno sin billete de retorno. Cosas de la vida, que nada tienen de par ticular; porque como decía el maestro Cela..."morirse es una vulgaridad que to do el mundo sabe hacer muy bien". Acertaba de plano, porque nadie tiene necesi dad de asistir a cursillos para morirse "como es debido", ya que cada cual lo hace muy bien con sus propios recursos. La segunda ventaja consiste en poder mirar a placer el culo de las mujeres en sazón. Incluso les hace gracia poder despertar la atención con su palmito atrac tivo, a los mortecinos viejos que despluman su soledad en los bancos de los par ques. Claro que la mirada debe ser de tal calidad que no las ofenda con su apa riencia lujuriosa, porque en ése indeseable caso, uno pasa de ser, símplemente, un "viejecito simpático", a un "asqueroso viejo verde", en cuestión de segun dos. Como se ve, todo es cuestión de matices. A algunos conocí yo, doctorados en la ciencia que llamaríamos "trastelogía", que consistía en adivinar, a tra vés del culo femenino, tras cuidadoso y ponderado análisis de su morfología, distribución y movimiento alternativo al caminar, escondidas virtudes de espí ritu, carácter y hasta capacidad intelectiva de sus propietarias. Ciertamente, jamás se pudieron acreditar las aventuradísimas suposiciones de tan osados "es tudiosos", lo que debe inducir al observador imparcial a un sano escepticismo a la hora de considerar semejantes elucubraciones infundadas. Claro que, como entretenimiento, no es del todo reprochable, considerando que es, sobre todo, completamente inofensivo. La tercera ventaja del viejo es la tranquilidad. La gente joven tiende a consi derarte un ser aparte, con un pie en el estribo, y lejos de las realidades de un mundo que juzgan demasiado incomprensíble para alguien que ya está completa mente en orsay. En consecuencia suelen dejarte aparte en sus conversaciones, lo que evita que oigas un abrumador torrente de imbecilidades y lugares comunes que la gente ha tocado siempre, a lo largo de los siglos, con diversos matices y sin llegar a ninguna conclusión positiva. La verdad es que uno, a lo largo de su existencia, está cansado de comprobar como la gente juzga siempre las mis mas situaciones como si fuesen novedades importantísimas, descubiertas por su sagaz observación, sin caer en la cuenta de que ya han sido analizadas a lo lar go del tiempo por miríadas de seres que creyeron ser igualmente originales al tratarlas con el mismo intrascendente y negativo resultado. La cuarta ventaja del viejo consiste en la impasibilidad a la hora de cultivar sus vicios-¿le vas a quitar de fumar a éstas alturas al pobre papá...?; un par de vasitos de vino en la comida no lo pondrán peor de lo que está...¿para qué lo vamos a amargar ahora?-mantenidos a lo largo de décadas, y que las personas de su entorno juzgan ya irredimíbles. Total-vienen a razonar-¿para qué lo vamos a molestar al final de su vida?. Indudablemente, esta situación es ventajosa desde cualquier punto de vista. Porque transcurridas ya las etapas vitales apro vechables, ¿qué suponen, en realidad, cuatro o cinco años más de vida, rateados a la parca, a costa de un régimen de vida estrictamente monacal? Sí, es cierto que ahora se habla mucho de la "calidad de los últimos años de vida". O sea, que el viejo se mantenga floreciente hasta el mismísimo momento del óbito, para evi tar gastos al servicio público de sanidad, e inconvenientes a sus familiares di rectos; pero lo que se dice "calidad de vida", lo sería permitir a ésos viejos que mantengan sus pequeños vicios y hábitos dulcificando sus últimos años y tratando de que se vayan lo más contentos posíble de un mundo por demás atrabi liario y horroroso, ya de por sí. Además, se cae en la evidente contradicción que supone el hecho de mantener ancianos longevos "sanísimos" que, antes o des pués, se ven atacados por las enfermedades degenerativas propias de edades avan zadas-párkinson, alzéimer, ctc-que representan un doloroso calvario para fami lia y sociedad, mantenido, en ocasiones, durante largos años. Lo que se preten de ahorrar en pesar y gastos por un lado, se va por el otro. Y nadie tiene la culpa; y menos que nadie, el viejo que desea irse disfrutando pacíficamente de las escasas dulzuras a su limitado alcance. La quinta ventaja es la ociosidad. Placer de dioses. Es sabido que los filóso fos clásicos reputaban a la ociosidad como imprescindible para dedicarse al cul tivo de la sabiduría. En éste mundo abrasado por las estadísticas, nadie ha lo grado-por falta de interés-cuantificar el valor de una hora de tiempo líbre pa ra una persona curiosa, atrevida, propensa al exámen del mundo que ve ante sí. Cuando les digan que el trabajo es la mejor distracción, no lo crean. Y si les insisten en el tema, pregunten a qué razón se debe que el trabajo se pague. Ya que si fuese un placer, se haría "gratis et amore". Ahora mismo que tecleo es tas letras, estoy realizando un "trabajo"; mejor o peor, sería cuestión para analizar aparte. El caso es que lo hago porque me distrae, y me sienta bien; y no espero ningún tipo de retribución. Dudoso es que me la ofreciesen, pero ése no es el caso, porque lo paso bien redactando ocurrencias. Y desde éste últi mo punto de vista, sí se puede decir que existe un componente agradable en mi labor. Lo mismo puede ocurrir con las profesiones artísticas, sujetas por su propia naturaleza a la inspiración y estado de ánimo de su autor. Un autor que "necesita" ociosidad para realizar su obra en el momento adecuado, ni antes, ni después. Y la verdad es que sin la necesaria libertad personal de cualquier tipo de obligación mecánica, habitual y retribuida, muchas grandes obras artís ticas, no se hubieran conocido en el mundo. La misma ociosidad forzada de Cer vantes en la cárcel, fué la que le inspiró su obra cumbre. Y los mismos filó sofos griegos, reputaban muy mal a los "sofistas", que enseñaban el arte de la argumentación a los discípulos que podían pagarles un estipendio. Pensaban que la sabiduría no puede ser objeto de mercadeo. Naturalmente, Platón y compañía poseían bienes suficientes que les permitían dedicarse a las más abstrusas ma terias, sin preocuparse por lo que habían de cenar a la noche. Y el mismísmo Cristo fué el ejemplo perfecto del ocioso, que cierra su industria de carpin tería para expandir su doctrina entre sus contemporáneos..."no os preocupéis por lo que habéis de comer o de vestir...". Pero volviendo a nuestra más pedes tre existencia, la liberación de horas de "tajo", luego de una vida consagra da a cualquier tipo de actividad laboral, representa una agradabilísima y exci tante oportunidad para cultivar aquellas actividades que siempre dejamos a un lado por falta de tiempo, o debido a la natural fatiga que el trabajo cotidia no producía en nuestro cuerpo y mente. Todo un mundo de posibilidades nuevas se abre ante nosotros. Ahora mismo, que se ha abierto la temporada de pesca, se presenta la extraordinaria oportunidad de observar la naturaleza, olerla, gustarla, saborearla...y amarla. El mismo placer de sentarse en la fresca y sombreada orilla de un río, y dejar pasar las horas viendo discurrir, lenta y silente su corriente, observando la vida animal y vegetal que florece a su vera, representa una oportunidad para dejar vagar la mente y liberar el espíri tu de cualquier cuidado, que es la primera condición necesaria para observar lo que pasa a nuestro alrededor. Uno regresa a casa completamente renovado por dentro y por fuera. Hagan la prueba, y verán lo que es bueno. En fín, ser viejo es un lujo al que no todos pueden llegar. Razón de más para agradecer al destino su benevolencia que nos permite vivir unas horas hermo sas cuando nuestra vida ya comienza a declinar. Para ser viejo no hace falta ser listo, ni guapo ni rico. Tampoco hacen falta estudios ni especialidades de ninguna clase. Basta y sobra con haber vivido lo suficiente; y ésto nos lle va a concluir que las cosas realmente importantes de nuestra existencia, se nos dan gratis. Gratis nacemos, gratis-y con fortuna-llegamos a viejos, y gra tis nos morimos, por más que nuestros derechohabientes deban hacer frente a los gastos del deceso; pero ésa es cuestión suya, que para nada nos afecta. Y si bien lo miramos, la vejez no es más que el testimonio de una vida anterior, que tuvo el privilegio de conocer, por cortísimo tiempo, a otros como nosotros que están inmersos en la arbitraria vorágine de un mundo incomprensíble, que debemos atravesar juntos, con destino a la misma estación incógnita. Motivo su ficiente para inducirnos a ser comprensívos y generosos con nuestros congéne res. Actitud que facilitará nuestra vida, y dulcificará nuestra vejez, que es lo realmente importante. |
| | ||||
| ||||
| |
| |||
| No es tan entrañable como el glorioso Czniro Swendorfg, pero no deja de tener su puntito, es cierto. ¿Su periplo por alcohólicos anónimos no le ha dejado resaca? gsmiga <manuf_81***mixmail.com> wrote in news:qe9ab5-rp.ln1***news.uned.es: > La vejez tiene muy mal cartel. Es la última etapa de la vida, la > cuesta abajo final que nos devuelve al lugar donde nuca estuvimos: la > nada. Por eso, se con templa con cierta aprensión, y se trata de > disimular el paso del inclemente > tiempo con sucedáneos, por lo demás, inútiles. Hoy la gente ya no > quiere > ser "vieja"; es, símplemente "mayor", vocablo de menor rudeza > expositiva de una condición inapelable, que nos hace pensar que > estamos lejos de ser lo que en realidad somos: viejos. Palabra > bellísima, por cierto, injustamente denos tada en una sociedad que > cree haber descubierto la fuente de la eterna juven tud, que el > infortunado Ponce de León buscó afanosamente, sin hallarla. Nada hay > más patético que el viejo que se las da de "joven". Esto, naturalmente > re ferido a la apariencia externa, puesto que la juventud de carácter > o de espí ritu puede-y debe-acompañarnos de la cuna a la fosa; el > mundo está lleno de vie jos llenos de curiosidades variopintas, > ansiosos de aprender y disfrutar de los dones de la vida, que no se > terminan, ni mucho menos, cuando la maligna ar trosis hace su nefasta > aparición. Siempre puede uno consolarse pensando que, peor que la > fosilización de los huesos, lo es la del espíritu, que además, care > ce de cualquier tipo de paliativo. > La principal ventaja de la vejez consiste en la relativización del > temor a la muerte. Al cabo de los años, uno se acostumbra a verla como > una buena vecina, que un día se presentará en nuestra humilde morada a > pedirnos prestada una ta cita de arroz, o un pocillo de azúcar...; y > que, de paso, nos llevará hacia un viaje eterno sin billete de > retorno. Cosas de la vida, que nada tienen de par ticular; porque como > decía el maestro Cela..."morirse es una vulgaridad que to do el mundo > sabe hacer muy bien". Acertaba de plano, porque nadie tiene necesi dad > de asistir a cursillos para morirse "como es debido", ya que cada cual > lo hace muy bien con sus propios recursos. > La segunda ventaja consiste en poder mirar a placer el culo de las > mujeres en sazón. Incluso les hace gracia poder despertar la atención > con su palmito atrac tivo, a los mortecinos viejos que despluman su > soledad en los bancos de los par ques. Claro que la mirada debe ser de > tal calidad que no las ofenda con su apa riencia lujuriosa, porque en > ése indeseable caso, uno pasa de ser, símplemente, un "viejecito > simpático", a un "asqueroso viejo verde", en cuestión de segun dos. > Como se ve, todo es cuestión de matices. A algunos conocí yo, > doctorados en la ciencia que llamaríamos "trastelogía", que consistía > en adivinar, a tra vés del culo femenino, tras cuidadoso y ponderado > análisis de su morfología, distribución y movimiento alternativo al > caminar, escondidas virtudes de espí ritu, carácter y hasta capacidad > intelectiva de sus propietarias. Ciertamente, jamás se pudieron > acreditar las aventuradísimas suposiciones de tan osados "es > tudiosos", lo que debe inducir al observador imparcial a un sano > escepticismo a la hora de considerar semejantes elucubraciones > infundadas. Claro que, como entretenimiento, no es del todo > reprochable, considerando que es, sobre todo, completamente > inofensivo. La tercera ventaja del viejo es la tranquilidad. La gente > joven tiende a consi derarte un ser aparte, con un pie en el estribo, > y lejos de las realidades de un mundo que juzgan demasiado > incomprensíble para alguien que ya está completa mente en orsay. En > consecuencia suelen dejarte aparte en sus conversaciones, lo que evita > que oigas un abrumador torrente de imbecilidades y lugares comunes que > la gente ha tocado siempre, a lo largo de los siglos, con diversos > matices y sin llegar a ninguna conclusión positiva. La verdad es que > uno, a lo largo de su existencia, está cansado de comprobar como la > gente juzga siempre las mis mas situaciones como si fuesen novedades > importantísimas, descubiertas por su sagaz observación, sin caer en la > cuenta de que ya han sido analizadas a lo lar go del tiempo por > miríadas de seres que creyeron ser igualmente originales al tratarlas > con el mismo intrascendente y negativo resultado. La cuarta ventaja > del viejo consiste en la impasibilidad a la hora de cultivar sus > vicios-¿le vas a quitar de fumar a éstas alturas al pobre papá...?; un > par de vasitos de vino en la comida no lo pondrán peor de lo que > está...¿para qué lo vamos a amargar ahora?-mantenidos a lo largo de > décadas, y que las personas de su entorno juzgan ya irredimíbles. > Total-vienen a razonar-¿para qué lo vamos a molestar al final de su > vida?. Indudablemente, esta situación es ventajosa desde cualquier > punto de vista. Porque transcurridas ya las etapas vitales apro > vechables, ¿qué suponen, en realidad, cuatro o cinco años más de vida, > rateados a la parca, a costa de un régimen de vida estrictamente > monacal? Sí, es cierto que ahora se habla mucho de la "calidad de los > últimos años de vida". O sea, que el viejo se mantenga floreciente > hasta el mismísimo momento del óbito, para evi tar gastos al servicio > público de sanidad, e inconvenientes a sus familiares di rectos; pero > lo que se dice "calidad de vida", lo sería permitir a ésos viejos que > mantengan sus pequeños vicios y hábitos dulcificando sus últimos años > y tratando de que se vayan lo más contentos posíble de un mundo por > demás atrabi liario y horroroso, ya de por sí. Además, se cae en la > evidente contradicción que supone el hecho de mantener ancianos > longevos "sanísimos" que, antes o des pués, se ven atacados por las > enfermedades degenerativas propias de edades avan zadas-párkinson, > alzéimer, ctc-que representan un doloroso calvario para fami lia y > sociedad, mantenido, en ocasiones, durante largos años. Lo que se > preten de ahorrar en pesar y gastos por un lado, se va por el otro. Y > nadie tiene la culpa; y menos que nadie, el viejo que desea irse > disfrutando pacíficamente de las escasas dulzuras a su limitado > alcance. La quinta ventaja es la ociosidad. Placer de dioses. Es > sabido que los filóso fos clásicos reputaban a la ociosidad como > imprescindible para dedicarse al cul tivo de la sabiduría. En éste > mundo abrasado por las estadísticas, nadie ha lo grado-por falta de > interés-cuantificar el valor de una hora de tiempo líbre pa ra una > persona curiosa, atrevida, propensa al exámen del mundo que ve ante > sí. Cuando les digan que el trabajo es la mejor distracción, no lo > crean. Y si les insisten en el tema, pregunten a qué razón se debe que > el trabajo se pague. Ya que si fuese un placer, se haría "gratis et > amore". Ahora mismo que tecleo es tas letras, estoy realizando un > "trabajo"; mejor o peor, sería cuestión para analizar aparte. El caso > es que lo hago porque me distrae, y me sienta bien; y no espero ningún > tipo de retribución. Dudoso es que me la ofreciesen, pero ése no es el > caso, porque lo paso bien redactando ocurrencias. Y desde éste últi > mo punto de vista, sí se puede decir que existe un componente > agradable en mi labor. Lo mismo puede ocurrir con las profesiones > artísticas, sujetas por su propia naturaleza a la inspiración y estado > de ánimo de su autor. Un autor que "necesita" ociosidad para realizar > su obra en el momento adecuado, ni antes, ni después. Y la verdad es > que sin la necesaria libertad personal de cualquier tipo de obligación > mecánica, habitual y retribuida, muchas grandes obras artís ticas, no > se hubieran conocido en el mundo. La misma ociosidad forzada de Cer > vantes en la cárcel, fué la que le inspiró su obra cumbre. Y los > mismos filó sofos griegos, reputaban muy mal a los "sofistas", que > enseñaban el arte de la argumentación a los discípulos que podían > pagarles un estipendio. Pensaban que la sabiduría no puede ser objeto > de mercadeo. Naturalmente, Platón y compañía poseían bienes > suficientes que les permitían dedicarse a las más abstrusas ma terias, > sin preocuparse por lo que habían de cenar a la noche. Y el mismísmo > Cristo fué el ejemplo perfecto del ocioso, que cierra su industria de > carpin tería para expandir su doctrina entre sus contemporáneos..."no > os preocupéis por lo que habéis de comer o de vestir...". Pero > volviendo a nuestra más pedes tre existencia, la liberación de horas > de "tajo", luego de una vida consagra da a cualquier tipo de actividad > laboral, representa una agradabilísima y exci tante oportunidad para > cultivar aquellas actividades que siempre dejamos a un lado por falta > de tiempo, o debido a la natural fatiga que el trabajo cotidia no > producía en nuestro cuerpo y mente. Todo un mundo de posibilidades > nuevas se abre ante nosotros. Ahora mismo, que se ha abierto la > temporada de pesca, se presenta la extraordinaria oportunidad de > observar la naturaleza, olerla, gustarla, saborearla...y amarla. El > mismo placer de sentarse en la fresca y sombreada orilla de un río, y > dejar pasar las horas viendo discurrir, lenta y silente su corriente, > observando la vida animal y vegetal que florece a su vera, representa > una oportunidad para dejar vagar la mente y liberar el espíri tu de > cualquier cuidado, que es la primera condición necesaria para observar > lo que pasa a nuestro alrededor. Uno regresa a casa completamente > renovado por dentro y por fuera. Hagan la prueba, y verán lo que es > bueno. En fín, ser viejo es un lujo al que no todos pueden llegar. > Razón de más para agradecer al destino su benevolencia que nos permite > vivir unas horas hermo sas cuando nuestra vida ya comienza a declinar. > Para ser viejo no hace falta ser listo, ni guapo ni rico. Tampoco > hacen falta estudios ni especialidades de ninguna clase. Basta y sobra > con haber vivido lo suficiente; y ésto nos lle va a concluir que las > cosas realmente importantes de nuestra existencia, se nos dan gratis. > Gratis nacemos, gratis-y con fortuna-llegamos a viejos, y gra tis nos > morimos, por más que nuestros derechohabientes deban hacer frente a > los gastos del deceso; pero ésa es cuestión suya, que para nada nos > afecta. Y si bien lo miramos, la vejez no es más que el testimonio de > una vida anterior, que tuvo el privilegio de conocer, por cortísimo > tiempo, a otros como nosotros que están inmersos en la arbitraria > vorágine de un mundo incomprensíble, que debemos atravesar juntos, con > destino a la misma estación incógnita. Motivo su ficiente para > inducirnos a ser comprensívos y generosos con nuestros congéne res. > Actitud que facilitará nuestra vida, y dulcificará nuestra vejez, que > es lo realmente importante. > |
| |||
| La transformada de Laplace se define como: Siendo f(t) una función continua para ; s>0; s>so ; siendo "s" un parámetro real; y so un valor fijo de "s". La integral impropia se define como: y se dice que si el límite existe también existe la transformada de Laplace; y decimos que la integral converge. gsmiga <manuf_81***mixmail.com> wrote in news:qe9ab5-rp.ln1***news.uned.es: > La vejez tiene muy mal cartel. Es la última etapa de la vida, la > cuesta abajo final que nos devuelve al lugar donde nuca estuvimos: la > nada. Por eso, se con templa con cierta aprensión, y se trata de > disimular el paso del inclemente > tiempo con sucedáneos, por lo demás, inútiles. Hoy la gente ya no > quiere > ser "vieja"; es, símplemente "mayor", vocablo de menor rudeza > expositiva de una condición inapelable, que nos hace pensar que > estamos lejos de ser lo que en realidad somos: viejos. Palabra > bellísima, por cierto, injustamente denos tada en una sociedad que > cree haber descubierto la fuente de la eterna juven tud, que el > infortunado Ponce de León buscó afanosamente, sin hallarla. Nada hay > más patético que el viejo que se las da de "joven". Esto, naturalmente > re ferido a la apariencia externa, puesto que la juventud de carácter > o de espí ritu puede-y debe-acompañarnos de la cuna a la fosa; el > mundo está lleno de vie jos llenos de curiosidades variopintas, > ansiosos de aprender y disfrutar de los dones de la vida, que no se > terminan, ni mucho menos, cuando la maligna ar trosis hace su nefasta > aparición. Siempre puede uno consolarse pensando que, peor que la > fosilización de los huesos, lo es la del espíritu, que además, care > ce de cualquier tipo de paliativo. > La principal ventaja de la vejez consiste en la relativización del > temor a la muerte. Al cabo de los años, uno se acostumbra a verla como > una buena vecina, que un día se presentará en nuestra humilde morada a > pedirnos prestada una ta cita de arroz, o un pocillo de azúcar...; y > que, de paso, nos llevará hacia un viaje eterno sin billete de > retorno. Cosas de la vida, que nada tienen de par ticular; porque como > decía el maestro Cela..."morirse es una vulgaridad que to do el mundo > sabe hacer muy bien". Acertaba de plano, porque nadie tiene necesi dad > de asistir a cursillos para morirse "como es debido", ya que cada cual > lo hace muy bien con sus propios recursos. > La segunda ventaja consiste en poder mirar a placer el culo de las > mujeres en sazón. Incluso les hace gracia poder despertar la atención > con su palmito atrac tivo, a los mortecinos viejos que despluman su > soledad en los bancos de los par ques. Claro que la mirada debe ser de > tal calidad que no las ofenda con su apa riencia lujuriosa, porque en > ése indeseable caso, uno pasa de ser, símplemente, un "viejecito > simpático", a un "asqueroso viejo verde", en cuestión de segun dos. > Como se ve, todo es cuestión de matices. A algunos conocí yo, > doctorados en la ciencia que llamaríamos "trastelogía", que consistía > en adivinar, a tra vés del culo femenino, tras cuidadoso y ponderado > análisis de su morfología, distribución y movimiento alternativo al > caminar, escondidas virtudes de espí ritu, carácter y hasta capacidad > intelectiva de sus propietarias. Ciertamente, jamás se pudieron > acreditar las aventuradísimas suposiciones de tan osados "es > tudiosos", lo que debe inducir al observador imparcial a un sano > escepticismo a la hora de considerar semejantes elucubraciones > infundadas. Claro que, como entretenimiento, no es del todo > reprochable, considerando que es, sobre todo, completamente > inofensivo. La tercera ventaja del viejo es la tranquilidad. La gente > joven tiende a consi derarte un ser aparte, con un pie en el estribo, > y lejos de las realidades de un mundo que juzgan demasiado > incomprensíble para alguien que ya está completa mente en orsay. En > consecuencia suelen dejarte aparte en sus conversaciones, lo que evita > que oigas un abrumador torrente de imbecilidades y lugares comunes que > la gente ha tocado siempre, a lo largo de los siglos, con diversos > matices y sin llegar a ninguna conclusión positiva. La verdad es que > uno, a lo largo de su existencia, está cansado de comprobar como la > gente juzga siempre las mis mas situaciones como si fuesen novedades > importantísimas, descubiertas por su sagaz observación, sin caer en la > cuenta de que ya han sido analizadas a lo lar go del tiempo por > miríadas de seres que creyeron ser igualmente originales al tratarlas > con el mismo intrascendente y negativo resultado. La cuarta ventaja > del viejo consiste en la impasibilidad a la hora de cultivar sus > vicios-¿le vas a quitar de fumar a éstas alturas al pobre papá...?; un > par de vasitos de vino en la comida no lo pondrán peor de lo que > está...¿para qué lo vamos a amargar ahora?-mantenidos a lo largo de > décadas, y que las personas de su entorno juzgan ya irredimíbles. > Total-vienen a razonar-¿para qué lo vamos a molestar al final de su > vida?. Indudablemente, esta situación es ventajosa desde cualquier > punto de vista. Porque transcurridas ya las etapas vitales apro > vechables, ¿qué suponen, en realidad, cuatro o cinco años más de vida, > rateados a la parca, a costa de un régimen de vida estrictamente > monacal? Sí, es cierto que ahora se habla mucho de la "calidad de los > últimos años de vida". O sea, que el viejo se mantenga floreciente > hasta el mismísimo momento del óbito, para evi tar gastos al servicio > público de sanidad, e inconvenientes a sus familiares di rectos; pero > lo que se dice "calidad de vida", lo sería permitir a ésos viejos que > mantengan sus pequeños vicios y hábitos dulcificando sus últimos años > y tratando de que se vayan lo más contentos posíble de un mundo por > demás atrabi liario y horroroso, ya de por sí. Además, se cae en la > evidente contradicción que supone el hecho de mantener ancianos > longevos "sanísimos" que, antes o des pués, se ven atacados por las > enfermedades degenerativas propias de edades avan zadas-párkinson, > alzéimer, ctc-que representan un doloroso calvario para fami lia y > sociedad, mantenido, en ocasiones, durante largos años. Lo que se > preten de ahorrar en pesar y gastos por un lado, se va por el otro. Y > nadie tiene la culpa; y menos que nadie, el viejo que desea irse > disfrutando pacíficamente de las escasas dulzuras a su limitado > alcance. La quinta ventaja es la ociosidad. Placer de dioses. Es > sabido que los filóso fos clásicos reputaban a la ociosidad como > imprescindible para dedicarse al cul tivo de la sabiduría. En éste > mundo abrasado por las estadísticas, nadie ha lo grado-por falta de > interés-cuantificar el valor de una hora de tiempo líbre pa ra una > persona curiosa, atrevida, propensa al exámen del mundo que ve ante > sí. Cuando les digan que el trabajo es la mejor distracción, no lo > crean. Y si les insisten en el tema, pregunten a qué razón se debe que > el trabajo se pague. Ya que si fuese un placer, se haría "gratis et > amore". Ahora mismo que tecleo es tas letras, estoy realizando un > "trabajo"; mejor o peor, sería cuestión para analizar aparte. El caso > es que lo hago porque me distrae, y me sienta bien; y no espero ningún > tipo de retribución. Dudoso es que me la ofreciesen, pero ése no es el > caso, porque lo paso bien redactando ocurrencias. Y desde éste últi > mo punto de vista, sí se puede decir que existe un componente > agradable en mi labor. Lo mismo puede ocurrir con las profesiones > artísticas, sujetas por su propia naturaleza a la inspiración y estado > de ánimo de su autor. Un autor que "necesita" ociosidad para realizar > su obra en el momento adecuado, ni antes, ni después. Y la verdad es > que sin la necesaria libertad personal de cualquier tipo de obligación > mecánica, habitual y retribuida, muchas grandes obras artís ticas, no > se hubieran conocido en el mundo. La misma ociosidad forzada de Cer > vantes en la cárcel, fué la que le inspiró su obra cumbre. Y los > mismos filó sofos griegos, reputaban muy mal a los "sofistas", que > enseñaban el arte de la argumentación a los discípulos que podían > pagarles un estipendio. Pensaban que la sabiduría no puede ser objeto > de mercadeo. Naturalmente, Platón y compañía poseían bienes > suficientes que les permitían dedicarse a las más abstrusas ma terias, > sin preocuparse por lo que habían de cenar a la noche. Y el mismísmo > Cristo fué el ejemplo perfecto del ocioso, que cierra su industria de > carpin tería para expandir su doctrina entre sus contemporáneos..."no > os preocupéis por lo que habéis de comer o de vestir...". Pero > volviendo a nuestra más pedes tre existencia, la liberación de horas > de "tajo", luego de una vida consagra da a cualquier tipo de actividad > laboral, representa una agradabilísima y exci tante oportunidad para > cultivar aquellas actividades que siempre dejamos a un lado por falta > de tiempo, o debido a la natural fatiga que el trabajo cotidia no > producía en nuestro cuerpo y mente. Todo un mundo de posibilidades > nuevas se abre ante nosotros. Ahora mismo, que se ha abierto la > temporada de pesca, se presenta la extraordinaria oportunidad de > observar la naturaleza, olerla, gustarla, saborearla...y amarla. El > mismo placer de sentarse en la fresca y sombreada orilla de un río, y > dejar pasar las horas viendo discurrir, lenta y silente su corriente, > observando la vida animal y vegetal que florece a su vera, representa > una oportunidad para dejar vagar la mente y liberar el espíri tu de > cualquier cuidado, que es la primera condición necesaria para observar > lo que pasa a nuestro alrededor. Uno regresa a casa completamente > renovado por dentro y por fuera. Hagan la prueba, y verán lo que es > bueno. En fín, ser viejo es un lujo al que no todos pueden llegar. > Razón de más para agradecer al destino su benevolencia que nos permite > vivir unas horas hermo sas cuando nuestra vida ya comienza a declinar. > Para ser viejo no hace falta ser listo, ni guapo ni rico. Tampoco > hacen falta estudios ni especialidades de ninguna clase. Basta y sobra > con haber vivido lo suficiente; y ésto nos lle va a concluir que las > cosas realmente importantes de nuestra existencia, se nos dan gratis. > Gratis nacemos, gratis-y con fortuna-llegamos a viejos, y gra tis nos > morimos, por más que nuestros derechohabientes deban hacer frente a > los gastos del deceso; pero ésa es cuestión suya, que para nada nos > afecta. Y si bien lo miramos, la vejez no es más que el testimonio de > una vida anterior, que tuvo el privilegio de conocer, por cortísimo > tiempo, a otros como nosotros que están inmersos en la arbitraria > vorágine de un mundo incomprensíble, que debemos atravesar juntos, con > destino a la misma estación incógnita. Motivo su ficiente para > inducirnos a ser comprensívos y generosos con nuestros congéne res. > Actitud que facilitará nuestra vida, y dulcificará nuestra vejez, que > es lo realmente importante. > |
| |||
| "gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje news:qe9ab5-rp.ln1***news.uned.es... > La vejez tiene muy mal cartel. ----- Seb.- Veo que te tienta el ensayo, gsmiga. Está bien. Y como soy miembro numerario de ese colectivo al que algunos -y ellos, naturalmente, sabrán por qué- aplican el calificativo de "viejos", te debo un reconocimiento como más directo. Permíteme. Si no recuerdo mal, tú mismo dices que ser viejo es un lujo. Puede verse así, efectivamente, y para ello se me ocurre una razón que sobresale: desde estas alturas echas una mirada a la vida, y de la perspectiva desaparece raudo, como consumido por un fuego, todo aquello que no alcanzó ni alcanza una decente cossistencia, aquello que viene a ser la abundante paja de todas las cosas. ¡Desaparece lo ocioso! Puedes comprobar que la circunstancia es habitualmente compartida al toparte con un colega, pues ni siquiera hace falta hablar. La cosa aflora mediante una vaga e inteligente sonrisa, en la que puedes leer la última comprensión humana de las cosas. A ver quién puede pedir más. Nada, saludos. Sebastián. |
| |
| |
![]() |
| Herramientas | |
| Desplegado | |
| |
Temas Similares | ||||
| Tema | Autor | Foro | Respuestas | Último mensaje |
| Pregunta sobre error en un correo sobre Exch 2007 | Oseas Millan | Newsgroup microsoft.public.es.exchange | 16 | 25-03-2008 19:19:04 |
| Ejemplos sobre realidad y realismo. Recopilacion sobre efectos opticos | Dubarri | Newsgroup es.charla.religion | 8 | 25-02-2008 13:14:50 |
| Ejemplos sobre realidad y realismo. Recopilacion sobre efectos opticos | Dubarri | Newsgroup es.ciencia.misc | 7 | 25-02-2008 13:14:50 |
| Programa bajo DOS sobre Netware no corre sobre Windows Server 2003 | Renee | Newsgroup microsoft.public.es.windows.server.general | 6 | 14-11-2007 16:59:23 |
| Trastornos de la vejez | I.L.B. | Newsgroup es.humanidades.psicologia | 0 | 22-02-2005 08:52:08 |