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Antiguo 10-04-2008, 17:55:42
gsmiga
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Amor y Revolución.

Alberto y Lila se amaban a hurtadillas. Ambos estaban malcasados en una época
en que era imposíble desatar "lo que Dios ha unido". Se conocieron en la com
pañía en que trabajaban. Como Inspector General de una acreditada compañía de
seguros, que circunscribía su demarcación laboral a España y Portugal, Alberto
viajaba con frecuencia; y Lila, que era su secretaria, lo acompañaba. Nada ha
bía de particular en una relación "culpable", para la época, como tantísimas
otras. Sin embargo, un hecho inesperado y aleatorio, cambió sus vidas y su re
lación.
"Habíamos viajado a Coimbra, por asuntos de negocios-me explicó Alberto-combi
nados, claro está con el placer. Como nos sobró tiempo, fuimos a Santarem, y
al cabo de dos días, decidimos regresar. Viajamos hasta Viana do Castelo, en
donde pasamos otro día. Y al siguiente, a primera hora, tomamos rumbo a Gali
cia. Pensábamos desviarnos hasta Arcos de Valdevez, porque Lila quería com
prar un arcón portugés con fines decorativos. Ibamos bien de tiempo, de mo
do que íbamos a tomar café en Santo Antonio de Vila Real. Al llegar allí,
vimos a la entrada del pueblo a unos camiones militares, llenos de tropas, y
a un oficial que nos paró y al ver nuestra matrícula nos dijo que no podía
mos entrar en la población y nos señaló una carretera que la bordeaba, y que
nos condujo directamente a la salida. Aquello me inquietó mucho, porque en
el viaje de ida, habíamos cruzado la "raya" entre Túy y Valença do Minho, en
señando, símplemente, el carné de indentidad, ya que tanto los policías espa
ñoles como los lusos, ahorraban formalidades y se conformaban con sus exhibi
ción. Así lo habíamos hecho en otras ocasiones, con total tranquilidad. Pero
aquél despliegue militar...me dió mala espina.
Llegamos al cruce de carreteras Monçao-Melgaço-Arcos de Valdevez. Más tropa
en la carretera...-¿Espanhois?-preguntó-afirmó un sargento-Sí señor...vamos
a Arcos...-Nao, vaian direitamente a Valença.- Aquello nos mosqueó. Cumplimos
la orden, y seguimos ruta. Encendí la radio...."Grándola, vila morena", sona
ba por radio Oporto. De repente, un locutor interrumpió la melodía de José Al
fonso, y habló "do movemento do grorioso Exército portugés", y afirmó que "o
Brigadeiro Costa e Gómes" se hacía cargo de la gobernación del norte del país.
Empecé a sudar frío. No sabíamos lo que pasaba, pero...
LLegamos a Valença y vimos a su entrada la ya habitual concentración de tro
pas. Cruzamos la población sin obstáculo, y enfilamos la avenida que nos lle
vó, a la "raya". Nos extrañó no ver ningún coche hispano en la explanada de
la Alfandega. Es un poco temprano aún,- dijo Lila tratando de tranquilizarme.
Paramos en el puesto de control, ante la ventanilla del aduanero. Saludé y
le presenté los carnés...-Pasaporte, senhor-pidió muy serio. Sentí abrirse
una sima a mis pies. Le entregué los documentos. Tenía la espalda completa
mente húmeda. Estaba mirando al pasaporte de Lila...-Voçé...¿é a senhora do
senhor?-Ssi...señor-Haga el favor,- el tono era perentorio, en un correctísi
mo español-apéese. Se acercó a ella y la miró fijo; hizo una seña imperceptí
ble con la cabeza, e instantáneamente, un sargento y dos "guardinhas" estaban
delante y a los lados del coche. El aduanero se guardó los pasaportes en el
bolsillo.-Usted no es la mujer del señor-la afirmación cayó como una losa de
granito encima de nosotros. Lila se echó a llorar.-Haga el favor de abrir el
maletero del auto y las cuatro puertas, y quédese fuera-. Obedecí. Las chuche
rías que compramos en Santarem, no nos inquietaban. A mí me preocupaba el mi
nucioso registro que estaban haciendo del coche; lo escrutaron de arriba aba
jo, incluidos los fondos. Lila seguía llorando, silenciosamente.-Ahora les
acompañaremos a la comisaría de su país, y allí deberán aclarar su situación.
Han infringido gravemente la legalidad internacional-.Se montaron detrás. Fui
mos al puente internacional y comenzamos a cruzarlo sobre el Miño. Al final di
visamos el gran letrero "ESPAÑA", y vimos con sorpresa que inmediatamente a
la salida del puente, ya en territorio propio, estaban aparcados tres camio
nes militares. Un subteniente y dos sargentos fumaban y charlaban acodados
en la baranda del puente. Los agentes portugueses los saludaron al pasar, y
recibieron el tranquilo saludo de respuesta de los militares. Enfilamos los
últimos cien metros, y nos detuvimos enfrente a la Comisaría española. Debo
decir que yo estaba muchísimo más tranquilo. Incluso había dejado de sudar.
Porque conocía al subcomisario a cargo de la misma. Me lo había presentado mi
hermano Jaime, como compañero de juergas compostelanas en ya lejana época.
El aduanero lusitano entró en el recinto policial, y regresó, al cabo de muy
poco tiempo acompañado de un subinspector y dos policías armados.-Hagan el
favor de bajar-dijo el subisnpector. Nos apeamos los cuatro. Lila, los dos
agentes portugueses que se habían quedado con nosotros-comencé a pensar que
tomaban excesívas precauciones, no nos fuéramos a escapar-y yo. Los funciona
rios hispanos y lusos se saludaron, y se despidieron. Seguimos al subinspector,
flanqueados por los dos agentes, cruzamos un espacioso hall desierto, y entra
mos en una sala mediana, con una mesa de despacho, dos sillas, otra mesa con
máquina de escribir, y una lámpara de globo en el techo, encendida a pesar de
la claridad que entraba por el ventanal trasero a la mesa.-¿Motivos de su via
je a Portugal?-Pues...de negocios-Explíqueme porqué esta..."señora" tiene el
pasaporte de su mujer...-Verá, es mi secretaria...la necesito para atender a
múltiples asuntos-¿Y ella no tiene pasaporte propio?-Se le olvidó-Lila se ha
bía echado a llorar, otra vez.-Explique usted para qué necesitaba el pasapor
te de su mujer si no viajaba con usted.-Oiga...fué un error, de acuerdo, sali
mos urgentemente de viaje...no pudo recoger su pasaporte y le dí el de mi mu
jer...-¿Usted lleva el pasaporte de su esposa a cuestas, constantemente?-me
cabreé-Mire, si de lo que se trata es de pagar una sanción...estoy dispuesto
a abonarla de inmediato...-me miró colérico. Se dirigió a la puerta y le en
cargó algo al agente que estaba fuera. Al cabo, apareció otro policía que se
sentó a la máquina de escribir.-Vamos a tomarles declaración para presentar
la al Juzgado de Guardia, mientras, quedan ustedes detenidos. Han cometido un
delito penado por la Ley. Una vez que el juez decida, podrán ustedes abonar
la fianza que les imponga hasta el juicio.- ¡Dios mío! ¡Un proceso! ¡Y qué
consecuencias en la empresa! ¿Y cómo reaccionaría mi mujer? ¿Y mis hijos pe
queños...qué pensarían de mí? Lila estaba sentada en la silla, llorando a mo
co tendido. En un momento pidió permiso para ir al aseo. Llamaron a un agente
para que la acompañase. Jugué a la desesperada...-Mire usted, me gustaría ha
blar con el subcomisario X...es amigo mío. El policía me miró completamente
irritado. Vino hacia mí, y por un momento creí que me iba a sacudir una hos
tia...-¿Dice que conoce al subcomisario?-Sssi...señor-farfullé temeroso.-Pues
eso, lo vamos a ver ahora mismo-Llamó al agente de la puerta y le ordenó que
se hiciese cargo de nosotros hasta que lo avisase. Salimos y en el hall me reu
ní con Lila, de regreso del aseo. Nos introdujeron en una habitación, custo
diada por un agente que habíamos visto al entrar. Dentro había un banco de
madera corrido, adosado al muro. Enfrente, un cenicero completamente abarrotado
de colillas, completaba el escueto moblaje del antro. No sentamos...
-Cariño...me haría falta el neceser-dijo Lila enjugándose los ojos.
-Pues...ya ves lo que hay...
-Es que tuve que tirar las braguitas al inodoro, porque me hice pis encima...
La envidié sinceramente; yo desearía mear a caño abierto, pero no era capaz.
Se diría que mis fluidos internos habían suspendido su secreción...quien sa
bría hasta cuando... Noté una desazonante sequedad oral.
Fumamos unos pitillos, y seguimos esperando. No sabía la hora y miré el reloj.
Las tres y media. Me pareció que el tiempo había transcurrido velozmente, aún
que también pensé que durante el interrogatorio se había parado. Recordé con
temor cuando ví al polícia venir hacia mí, amenazante...
-Hagan el favor de seguirme.-El agente nos condujo a la sala donde habíamos
"declarado".-¿Da su permiso para que entren los detenidos?-Adelante-oí la voz
de X, casi cuando entré en la estancia...
-¿Cuando te dí a entender que ampararía tus delitos? La pregunta me abrumó.
-Fué...un caso de fuerza mayor...El viaje era urgente...
-O sea, que follas a esta "prójima" en Portugal, y usas el pasaporte de tu
mujer...Pero, además de un auténtico hijo de puta, eres un completo cretino.
Lila estaba llorando otra vez. Aquel cabrón no tenía derecho a tratarla asi...
-Escucha, X, no la trates así. Es mi secretaria, y merece respeto y conside
ración...
-Deberías comenzar por respetarla tú, mamacallos. Se la paseas a las policías
de dos países haciéndola pasar por tu mujer, de cuyo pasaporte te has apro
piado, y ahora te la das de moralista...¿Sabe tu señora el uso que das a su
documentación? Venga, dame el teléfono de tu casa.
-¡Por favor, no me jodas más! Me escarallas la vida para siempre...
Me agarró por las solapas...
-Escucha, monte de mierda, no tienes cojones para dar la cara ante la legíti
ma...Pero sí tienes papo para decir aquí que eres "amigo" del subcomisario
que te va a sacar las castañas del fuego. No te doy la rueda de hostias que
mereces en consideración a tu hermano, que sí es mi amigo... de verdad.
-Por favor...déjame ir al servicio...-me estaba meando encima. Empapaba las
perneras del pantalón, los calcetines, los zapatos. Era una humillante, do
lorosa, agónica meada, que en lugar de aliviar mi malestar, lo exhacerbaba...
Me soltó con asco...Lila lloraba otra vez a lágrima viva-Por favor, déjelo
usted...tenga compasión...
No supe cómo salí de allí. Tampoco quien fué hasta nuestro coche y me facili
tó una muda y un pantalón limpio. Creo que fué Lila, pero jamás me atreví a
preguntárselo. Supongo que mi cerebro sobreexcitado se negó a registrar más
datos de aquella ignominiosa humillación. La recuerdo a ella, conduciendo, y
echándome ojeadas de preocupación...
-Estamos llegando a Santiago, cariño, ¿cómo estás?
-¿Cuando salimos de Túy?
-Hace dos horas, aproximadamente...Al salir de Comisaría paramos en una far
macia para comprar un antiácido, para tu estómago. Y luego fuimos a tomar
una manzanilla. Sólo nos quedan cien kilómetros para llegar a casa...
-¡No! Durmamos en Santiago...por favor...
-Como quieras, cariño. ¿Paramos en el Compostela? ¿Seguimos despacito?
-Sí, sí...vale...
No recordaba la farmacia, ni la tisana, ni el viaje hasta allí...Pero no que
ría volver a casa. Aún no. Primero tenía que hacer una composición de lugar...
En el hall del hotel, había un ejemplar del diario compostelano "La Noche"...
En primera plana...MARCELO CAETANO DERROCADO. EL EJERCITO PORTUGUÉS CONTROLA
LA SITUACIÓN DEL PAÍS. Debajo, el comentario del editorial que no fuí capaz
de leer. Cuando me ví en la habitación, me tiré encima de la cama, y cerré mis
doloridos ojos. Me quedé sopa. Instantáneamente.















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  #2 (permalink)  
Antiguo 12-04-2008, 07:51:18
Sebastián
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Amor y Revolución.

Seb.- No somos nada, gsmiga, y venga presumir. Le harás un favor a tu amigo
si lo mantirenes un poco al tanto (La redacción me ha parecido muy buena).
Saludos.

Sebastián.

"gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje
news:edt1d5-ll.ln1***news.uned.es...
> Alberto y Lila se amaban a hurtadillas. Ambos estaban malcasados en una
> época
> en que era imposíble desatar "lo que Dios ha unido". Se conocieron en la
> com
> pañía en que trabajaban. Como Inspector General de una acreditada compañía
> de
> seguros, que circunscribía su demarcación laboral a España y Portugal,
> Alberto
> viajaba con frecuencia; y Lila, que era su secretaria, lo acompañaba. Nada
> ha
> bía de particular en una relación "culpable", para la época, como
> tantísimas
> otras. Sin embargo, un hecho inesperado y aleatorio, cambió sus vidas y su
> re
> lación.
> "Habíamos viajado a Coimbra, por asuntos de negocios-me explicó
> Alberto-combi
> nados, claro está con el placer. Como nos sobró tiempo, fuimos a Santarem,
> y
> al cabo de dos días, decidimos regresar. Viajamos hasta Viana do Castelo,
> en
> donde pasamos otro día. Y al siguiente, a primera hora, tomamos rumbo a
> Gali
> cia. Pensábamos desviarnos hasta Arcos de Valdevez, porque Lila quería com
> prar un arcón portugés con fines decorativos. Ibamos bien de tiempo, de mo
> do que íbamos a tomar café en Santo Antonio de Vila Real. Al llegar allí,
> vimos a la entrada del pueblo a unos camiones militares, llenos de tropas,
> y
> a un oficial que nos paró y al ver nuestra matrícula nos dijo que no podía
> mos entrar en la población y nos señaló una carretera que la bordeaba, y
> que
> nos condujo directamente a la salida. Aquello me inquietó mucho, porque en
> el viaje de ida, habíamos cruzado la "raya" entre Túy y Valença do Minho,
> en
> señando, símplemente, el carné de indentidad, ya que tanto los policías
> espa
> ñoles como los lusos, ahorraban formalidades y se conformaban con sus
> exhibi
> ción. Así lo habíamos hecho en otras ocasiones, con total tranquilidad.
> Pero
> aquél despliegue militar...me dió mala espina.
> Llegamos al cruce de carreteras Monçao-Melgaço-Arcos de Valdevez. Más
> tropa
> en la carretera...-¿Espanhois?-preguntó-afirmó un sargento-Sí
> señor...vamos
> a Arcos...-Nao, vaian direitamente a Valença.- Aquello nos mosqueó.
> Cumplimos
> la orden, y seguimos ruta. Encendí la radio...."Grándola, vila morena",
> sona
> ba por radio Oporto. De repente, un locutor interrumpió la melodía de José
> Al
> fonso, y habló "do movemento do grorioso Exército portugés", y afirmó que
> "o
> Brigadeiro Costa e Gómes" se hacía cargo de la gobernación del norte del
> país.
> Empecé a sudar frío. No sabíamos lo que pasaba, pero...
> LLegamos a Valença y vimos a su entrada la ya habitual concentración de
> tro
> pas. Cruzamos la población sin obstáculo, y enfilamos la avenida que nos
> lle
> vó, a la "raya". Nos extrañó no ver ningún coche hispano en la explanada
> de
> la Alfandega. Es un poco temprano aún,- dijo Lila tratando de
> tranquilizarme.
> Paramos en el puesto de control, ante la ventanilla del aduanero. Saludé y
> le presenté los carnés...-Pasaporte, senhor-pidió muy serio. Sentí abrirse
> una sima a mis pies. Le entregué los documentos. Tenía la espalda completa
> mente húmeda. Estaba mirando al pasaporte de Lila...-Voçé...¿é a senhora
> do
> senhor?-Ssi...señor-Haga el favor,- el tono era perentorio, en un
> correctísi
> mo español-apéese. Se acercó a ella y la miró fijo; hizo una seña
> imperceptí
> ble con la cabeza, e instantáneamente, un sargento y dos "guardinhas"
> estaban
> delante y a los lados del coche. El aduanero se guardó los pasaportes en
> el
> bolsillo.-Usted no es la mujer del señor-la afirmación cayó como una losa
> de
> granito encima de nosotros. Lila se echó a llorar.-Haga el favor de abrir
> el
> maletero del auto y las cuatro puertas, y quédese fuera-. Obedecí. Las
> chuche
> rías que compramos en Santarem, no nos inquietaban. A mí me preocupaba el
> mi
> nucioso registro que estaban haciendo del coche; lo escrutaron de arriba
> aba
> jo, incluidos los fondos. Lila seguía llorando, silenciosamente.-Ahora les
> acompañaremos a la comisaría de su país, y allí deberán aclarar su
> situación.
> Han infringido gravemente la legalidad internacional-.Se montaron detrás.
> Fui
> mos al puente internacional y comenzamos a cruzarlo sobre el Miño. Al
> final di
> visamos el gran letrero "ESPAÑA", y vimos con sorpresa que inmediatamente
> a
> la salida del puente, ya en territorio propio, estaban aparcados tres
> camio
> nes militares. Un subteniente y dos sargentos fumaban y charlaban acodados
> en la baranda del puente. Los agentes portugueses los saludaron al pasar,
> y
> recibieron el tranquilo saludo de respuesta de los militares. Enfilamos
> los
> últimos cien metros, y nos detuvimos enfrente a la Comisaría española.
> Debo
> decir que yo estaba muchísimo más tranquilo. Incluso había dejado de
> sudar.
> Porque conocía al subcomisario a cargo de la misma. Me lo había presentado
> mi
> hermano Jaime, como compañero de juergas compostelanas en ya lejana época.
> El aduanero lusitano entró en el recinto policial, y regresó, al cabo de
> muy
> poco tiempo acompañado de un subinspector y dos policías armados.-Hagan el
> favor de bajar-dijo el subisnpector. Nos apeamos los cuatro. Lila, los dos
> agentes portugueses que se habían quedado con nosotros-comencé a pensar
> que
> tomaban excesívas precauciones, no nos fuéramos a escapar-y yo. Los
> funciona
> rios hispanos y lusos se saludaron, y se despidieron. Seguimos al
> subinspector,
> flanqueados por los dos agentes, cruzamos un espacioso hall desierto, y
> entra
> mos en una sala mediana, con una mesa de despacho, dos sillas, otra mesa
> con
> máquina de escribir, y una lámpara de globo en el techo, encendida a pesar
> de
> la claridad que entraba por el ventanal trasero a la mesa.-¿Motivos de su
> via
> je a Portugal?-Pues...de negocios-Explíqueme porqué esta..."señora" tiene
> el
> pasaporte de su mujer...-Verá, es mi secretaria...la necesito para atender
> a
> múltiples asuntos-¿Y ella no tiene pasaporte propio?-Se le olvidó-Lila se
> ha
> bía echado a llorar, otra vez.-Explique usted para qué necesitaba el
> pasapor
> te de su mujer si no viajaba con usted.-Oiga...fué un error, de acuerdo,
> sali
> mos urgentemente de viaje...no pudo recoger su pasaporte y le dí el de mi
> mu
> jer...-¿Usted lleva el pasaporte de su esposa a cuestas,
> constantemente?-me
> cabreé-Mire, si de lo que se trata es de pagar una sanción...estoy
> dispuesto
> a abonarla de inmediato...-me miró colérico. Se dirigió a la puerta y le
> en
> cargó algo al agente que estaba fuera. Al cabo, apareció otro policía que
> se
> sentó a la máquina de escribir.-Vamos a tomarles declaración para
> presentar
> la al Juzgado de Guardia, mientras, quedan ustedes detenidos. Han cometido
> un
> delito penado por la Ley. Una vez que el juez decida, podrán ustedes
> abonar
> la fianza que les imponga hasta el juicio.- ¡Dios mío! ¡Un proceso! ¡Y qué
> consecuencias en la empresa! ¿Y cómo reaccionaría mi mujer? ¿Y mis hijos
> pe
> queños...qué pensarían de mí? Lila estaba sentada en la silla, llorando a
> mo
> co tendido. En un momento pidió permiso para ir al aseo. Llamaron a un
> agente
> para que la acompañase. Jugué a la desesperada...-Mire usted, me gustaría
> ha
> blar con el subcomisario X...es amigo mío. El policía me miró
> completamente
> irritado. Vino hacia mí, y por un momento creí que me iba a sacudir una
> hos
> tia...-¿Dice que conoce al subcomisario?-Sssi...señor-farfullé
> temeroso.-Pues
> eso, lo vamos a ver ahora mismo-Llamó al agente de la puerta y le ordenó
> que
> se hiciese cargo de nosotros hasta que lo avisase. Salimos y en el hall me
> reu
> ní con Lila, de regreso del aseo. Nos introdujeron en una habitación,
> custo
> diada por un agente que habíamos visto al entrar. Dentro había un banco de
> madera corrido, adosado al muro. Enfrente, un cenicero completamente
> abarrotado
> de colillas, completaba el escueto moblaje del antro. No sentamos...
> -Cariño...me haría falta el neceser-dijo Lila enjugándose los ojos.
> -Pues...ya ves lo que hay...
> -Es que tuve que tirar las braguitas al inodoro, porque me hice pis
> encima...
> La envidié sinceramente; yo desearía mear a caño abierto, pero no era
> capaz.
> Se diría que mis fluidos internos habían suspendido su secreción...quien
> sa
> bría hasta cuando... Noté una desazonante sequedad oral.
> Fumamos unos pitillos, y seguimos esperando. No sabía la hora y miré el
> reloj.
> Las tres y media. Me pareció que el tiempo había transcurrido velozmente,
> aún
> que también pensé que durante el interrogatorio se había parado. Recordé
> con
> temor cuando ví al polícia venir hacia mí, amenazante...
> -Hagan el favor de seguirme.-El agente nos condujo a la sala donde
> habíamos
> "declarado".-¿Da su permiso para que entren los detenidos?-Adelante-oí la
> voz
> de X, casi cuando entré en la estancia...
> -¿Cuando te dí a entender que ampararía tus delitos? La pregunta me
> abrumó.
> -Fué...un caso de fuerza mayor...El viaje era urgente...
> -O sea, que follas a esta "prójima" en Portugal, y usas el pasaporte de tu
> mujer...Pero, además de un auténtico hijo de puta, eres un completo
> cretino.
> Lila estaba llorando otra vez. Aquel cabrón no tenía derecho a tratarla
> asi...
> -Escucha, X, no la trates así. Es mi secretaria, y merece respeto y
> conside
> ración...
> -Deberías comenzar por respetarla tú, mamacallos. Se la paseas a las
> policías
> de dos países haciéndola pasar por tu mujer, de cuyo pasaporte te has
> apro
> piado, y ahora te la das de moralista...¿Sabe tu señora el uso que das a
> su
> documentación? Venga, dame el teléfono de tu casa.
> -¡Por favor, no me jodas más! Me escarallas la vida para siempre...
> Me agarró por las solapas...
> -Escucha, monte de mierda, no tienes cojones para dar la cara ante la
> legíti
> ma...Pero sí tienes papo para decir aquí que eres "amigo" del
> subcomisario
> que te va a sacar las castañas del fuego. No te doy la rueda de hostias
> que
> mereces en consideración a tu hermano, que sí es mi amigo... de verdad.
> -Por favor...déjame ir al servicio...-me estaba meando encima. Empapaba
> las
> perneras del pantalón, los calcetines, los zapatos. Era una humillante,
> do
> lorosa, agónica meada, que en lugar de aliviar mi malestar, lo
> exhacerbaba...
> Me soltó con asco...Lila lloraba otra vez a lágrima viva-Por favor,
> déjelo
> usted...tenga compasión...
> No supe cómo salí de allí. Tampoco quien fué hasta nuestro coche y me
> facili
> tó una muda y un pantalón limpio. Creo que fué Lila, pero jamás me atreví
> a
> preguntárselo. Supongo que mi cerebro sobreexcitado se negó a registrar
> más
> datos de aquella ignominiosa humillación. La recuerdo a ella, conduciendo,
> y
> echándome ojeadas de preocupación...
> -Estamos llegando a Santiago, cariño, ¿cómo estás?
> -¿Cuando salimos de Túy?
> -Hace dos horas, aproximadamente...Al salir de Comisaría paramos en una
> far
> macia para comprar un antiácido, para tu estómago. Y luego fuimos a tomar
> una manzanilla. Sólo nos quedan cien kilómetros para llegar a casa...
> -¡No! Durmamos en Santiago...por favor...
> -Como quieras, cariño. ¿Paramos en el Compostela? ¿Seguimos despacito?
> -Sí, sí...vale...
> No recordaba la farmacia, ni la tisana, ni el viaje hasta allí...Pero no
> que
> ría volver a casa. Aún no. Primero tenía que hacer una composición de
> lugar...
> En el hall del hotel, había un ejemplar del diario compostelano "La
> Noche"...
> En primera plana...MARCELO CAETANO DERROCADO. EL EJERCITO PORTUGUÉS
> CONTROLA
> LA SITUACIÓN DEL PAÍS. Debajo, el comentario del editorial que no fuí
> capaz
> de leer. Cuando me ví en la habitación, me tiré encima de la cama, y cerré
> mis
> doloridos ojos. Me quedé sopa. Instantáneamente.
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