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| Menuda, agraciada, ligera, con un perpétuo rodete en su bien moldeada cabeci ta; cartagenera de pro, cuarentona y viuda, así era doña Ifigenia Durán Barrio vélez, matrona titular de la Asistencia Pública Domiciliaria, residente en nuestra capital hacía largos años. A lo largo de su dilatado ejercicio profesional, había contribuido a traer una cantidad ingente de niños al mundo. Podría decirse que a Ifigenia no había parto que se le resistiera. De ello podrían dar fe numerosísimas mamás que ha bían tenido la suerte de gozar de su sapiencia y buen hacer. Un día la llamaron de la Dirección Provincial de Sanidad y le comunicaron que acababan de adjuntarle el municipio de Bentraces, por jubilación de su titu lar. De modo que se le multiplicó el trabajo, y la responsabilidad, porque en aquellos años, la gente del campo daba a luz en sus casas. Una noche de San Juan, la llamaron urgentemente para atender a una parturienta en el pueblo de Rabo de Galo. Cuando llegó a la vivienda, nadie salió a reci birla. A escasos metros, se celebraba la verbena popular de la festividad, y los estampidos de los foguetes, y la música de la Banda Municipal de Celanova llenaban el espacio. Ifigenia llamó más fuerte, con el mismo resultado. Enton ces entró en un zaguán oscurecido, iluminado al fondo por el mortecino resplan dor de un candil, que estaba en una artesa, al lado de la escalera. La subió y al final se encontró con la embocadura de un pasillo. Oscuro, solo dejaba salir un tenue rayo de luz por la entreabierta puerta de la habitación del fon do. Allí se dirigió y tras golpear suavemente la puerta, entró. En una cama de matrimonio de hierro, encontró a una chiquilla menudita, muy joven, que la miró asustada. La pobrecita apenas hacía bulto en el amplio lecho, pues de su cuerpecillo solo sobresalía una evidente barriga que denotaba su estado de gra videz. -Hola, neniña-Ifigenia hablaba gallego con fluidez-¿cómo vai a cousa...? -E logo vostede...¿quén ven sendo? -Son a parteira. ¿Estás ti soa? -O meu home saíu ó rematar o almorzo...aínda non volvéu...Foi a veciña a que chamóu por vostede... -¿E túa nai? -Non teño. Morréu. -Vaia por Deus-Ifigenia estaba habituada a aquél cuadro. Los hombres no solían hacerse cargo de aquellos trámites. Le dió pena aquella niña, sóla y temero sa. Se metió un guante de caucho y exploró a la chiquilla. La dilatación se acercaba a su punto máximo, y apreció que la paciente había roto aguas. La ni ña se retorció y ahogó un quejido...La partera le subió el camisón y procedió a examinar el hinchado abdomen. Lo que vio no le gustó. Estaba a punto de dar a luz, pero la excesiva dureza de la parte superior, hacia el hígado, así co mo la excesíva blandura del triángulo púbico, le hicieron sospechar que iba a haber complicaciones. -Neniña, ¿non tés ningunha veciña pra lle dar un aviso...? -Estarán na festa... -Agarda un chisco... Ifigenia bajó con su maletín, y salió a la plaza. Al primer transeúnte que vio le preguntó si conocía al médico del pueblo. Era un hombre algo mayor, que le respondió que conocía a don Enrique. Ella sacó su bloc de asistencia, y en la parte no impresa de una de sus hojas, escribió..."Al médico titular de APD. Me encuentro asistiendo un parto distócico, con posíbles complicaciones. La asis tida es primípara. Ruego asistencia con la máxima urgencia". Preguntó al hom bre la dirección del lugar y la escribió al final de la hoja. Se la dió-por fa vor, es muy urgente-sí señora-el fulano marchó a cumplir la comisión encarga da. Ya de vuelta al lado de la parturienta, la encontró llorando y conteniendo los quejidos... Le pasó un paño húmedo por la frente...-¿Cómo te chamas?-Felisa Pa zos-Boeno, agora déitate do lado esquerdo e sube as pernas... La chiquilla obe deció, agitada por el dolor que sufría. Ifigenia se desinfectó las manos con disolución de cloro, luego hizo igual con el fórceps y lo colocó en la pared vaginal anterior. Miró y no advirtió ninguna anormalidad en el saco vaginal. Estaba en perfectas condiciones y con la dilatación adecuada. -¡Blan, blan, blan!-Alguien llamaba abajo, golpeando el pasado aldabón de la puerta. Ifigenia se acercó al rellano-¡suba!-era el fulano de antes-que don Enrique está atendiendo un parto en Barbadanes-Jesús... Regresó a junto la mu chacha, que gemía muy fuerte...-Neniña, tés que ser valente; isto témolo que arranxar entre as dúas...La pobrecita siguió llorando... -¿E logo vostede...qué fai aiquí? La voz era gruesa, vacilante, tartajosa... -¡Y usted quien es! Ifigenia estaba muy seria... -Eu son o home de...aiquí-señaló a la muchachita que se retorcía en el lecho. La matrona sintió asco. Aquél individuo venía borracho...apestaba a alcohol. Lo observó y lamentó los largos años de sufrimiento que le aguardaban a la chiquilla al lado de aquél vestiglo... -Salga de aqui. Inmediatamente. -É a miña muller...e teño direito... -Usted no tiene ningún derecho. O sale o llamo a la Guardia Civil. Vamos. El fulano salió rezongando que si estaba na súa casa e que si as mulleres eran coma cadelas doentes...La partera cerró la puerta. Se dirigió a la chiquilla, que estaba ya gritando abiertamente...-Ponte panza arriba, neniña...metió la mano y el antebrazo, y se encontró lo que temía...la criatura venía de nalgas. Exploró con cuidado el cuerpecillo y se cercioró de que su cuellecito no tenía enrollado el cordón umbilical. Estaba un poco más abajo, enrollado entre las piernecitas de la criatura. Así fué como Ifigenia, al liberarlo, le pudo dar la noticia a la mamá, que berreaba seguido...-Vas ter unha neniña agarimosa... Sonrió. Muy despacio, fué dando la vuelta al frágil cuerpecillo, hasta situar lo de cabeza al canal vaginal...-Arrempuxa, miña raiña-Dóeme moitismo-Boeno, fai forza...veña...-Un alarido estremecedor, capaz de tumbar una bóveda salió del pecho de aquella muchachita desvalida...-Máis, máis-¡Morro, miña naiciña querida!-Non morres, oh, qué has de morrer...arrempuxa...veña, un chisco máis. Ifigenia recibió la nueva vida en sus brazos. La colocó encima del seno mater no.-Mira que roseira tés, miña xoia...-La muchachita ya no gritaba, pero llora ba silenciosamente, su carita pálida y sudorosa se había transformado en la viva expresión del gozo y la paz que sobrevienen después de la batalla... La matrona ligó y seccionó el cordón umbilical. Extrajo la placenta y adecentó a madre y criatura. -Ponna ó peito, e dalle o teu calor...-Moitismas gracias, señora...-¿Queres que chame ó palanquín do teu home?-Non, déixeo quedare... Amanecía cuando doña Ifigenia se vió en la explanada. Los restos de la verbena tapizaban el suelo...serpentinas, varillas de foguetes, cascos de botellas, res tos de viandas...Detrás de ella dejaba una nueva vida, nacida entre el dolor y la alegría situados a escasos metros uno de otra. Recordó, con un estremeci miento de asco, la figura llena de babas vinosas que yacía extendida encima de la artesa del zaguán...roncando a pulmón libre...Pensó que la vida siempre nos deja al lado de cada esperanza que nos ofrece, una muestra de su horripilante lobreguez. Iba a hacer calor, el sol apenas apuntaba, pero el cielo despejado y el espesor del aire, indicaban la galbana próxima. Suspiró, agarró con fuerza el maletín y se encaminó a la parada del autobús. Había sido otra noche más... de las muchas en que doña Ifigenia, sirvió de eficaz colaboradora de la vida. Comenzaba otro día más de placer y de dolor, de esperanzas y abandonos, de ale grías y tristezas...un trozo más de existencia por vivir. |
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| "gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje news:9sije5-821.ln1***news.uned.es... > Menuda, agraciada, ligera, con un perpétuo rodete en su bien moldeada > cabeci > ta; cartagenera de pro, cuarentona y viuda, así era doña Ifigenia Durán > Barrio > vélez, matrona titular de la Asistencia Pública Domiciliaria, residente en > nuestra capital hacía largos años. > A lo largo de su dilatado ejercicio profesional, había contribuido a traer > una cantidad ingente de niños al mundo. Podría decirse que a Ifigenia no > había > parto que se le resistiera. ----- Seb.- Me ha parecido muy bien, por la densidad y concretez de las cosas que ocurren, Hasta creo que sobran las consideraciones del final, que cambian el ritmo. Aunque no entiendo, yo creo que a ti te va bien el reqalismo. Saludos. Sebastián. |
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| "gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje news:9sije5-821.ln1***news.uned.es... > Menuda, agraciada, ligera, con un perpétuo rodete en su bien moldeada > cabeci > ta; cartagenera de pro, cuarentona y viuda, así era doña Ifigenia Durán > Barrio > vélez, matrona titular de la Asistencia Pública Domiciliaria, residente en > nuestra capital hacía largos años. > A lo largo de su dilatado ejercicio profesional, había contribuido a traer > una cantidad ingente de niños al mundo. Podría decirse que a Ifigenia no > había > parto que se le resistiera. ----- Seb.- Me ha parecido muy bien, por la densidad y concretez de las cosas que ocurren, Hasta creo que sobran las consideraciones del final, que cambian el ritmo. Aunque no entiendo, yo creo que a ti te va bien el reqalismo. Saludos. Sebastián. |
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| Estoy de acuerdo contigo, Seb. Si Gsmiga eliminase las cuatro últimas frases, el texto creo que quedaría mejor. Me gusta mucho el cómo plantea sus historias; es como si desbastara un trozo de madera, dejando sin barrer el suelo lleno de virutas. Saludos :-) "Sebastián" <inotnaBORRAR***ono.com> escribió en el mensaje news:fv9h4o$5ri$1***aioe.org... > > "gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje > news:9sije5-821.ln1***news.uned.es... >> Menuda, agraciada, ligera, con un perpétuo rodete en su bien moldeada |
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| Estoy de acuerdo contigo, Seb. Si Gsmiga eliminase las cuatro últimas frases, el texto creo que quedaría mejor. Me gusta mucho el cómo plantea sus historias; es como si desbastara un trozo de madera, dejando sin barrer el suelo lleno de virutas. Saludos :-) "Sebastián" <inotnaBORRAR***ono.com> escribió en el mensaje news:fv9h4o$5ri$1***aioe.org... > > "gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje > news:9sije5-821.ln1***news.uned.es... >> Menuda, agraciada, ligera, con un perpétuo rodete en su bien moldeada |
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