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Antiguo 11-05-2008, 16:09:22
gsmiga
 
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Predeterminado Carajillo...y Suleimán.

Aquél año había colgado las Matemáticas de cuarto curso. Para decir la verdad,
creo que mis padres hubiesen adelantado mucho poniéndome a trabajar a los 14
años, en lugar de esforzarse en hacerme un "hombre de provecho". Noción de futu
ro que me traía completamente al fresco; posíblemente hubiese sido un buen tor
nero, o fresador, o ferrallista, e incluso pienso que no me hubiese desempeñado
mal como "alambrista" de circo de provincias, dada mi extraordinaria agilidad...
Pero no pudo ser...
De modo que se me preparó un verano "horríbilis". Debía ir a una academia a es
tudiar tan latosa e incomprensible ciencia numérica, y, a mayores, tenía que
ejercitarla ante el penetrante control materno, que no dejaba escapar ocasión
para poner a prueba mis teóricos "avances" en la materia. Terríble y desalen
tador panorama.
Al llegar Agosto, mis padres hicieron lo de todos los años: tomarse su particu
lar período vacacional. Mis hermanos era mayores, y la casa quedaba en manos
de mis hermanas que desempeñaban perfectamente las instrucciones maternas. Y
visto que el único que tenía una "obligación" que cumplir era yo, decidieron
que debía acompañarles en su período estival de dos semanas en la encantadora
villa balnearia de O Carballiño, a treinta kilómetros de la capital; de modo
que allí los seguí, y establecimos nuestros reales en el cómodo y acogedor
Hotel Rogelia, próximo a uno de los balnearios que rodeaban la citada locali
dad.
Nuestra vida era sencilla y espartana. Mi padre, madrugador existencial, me to
caba "diana" a las 6,30 de la madrugada. Entonces debía dedicarme al estudio
hasta las 8,30, momento en que acompañaba a mi progenitor a "tomar las aguas".
Tan importante requisito se desarrollaba en un recinto acristalado, que tenía
multitud de caños de los que salía la salutífera agua, con tal cantidad de sul
furo que el olor a huevos podridos era insoportable. El truco era beberse dos
o tres vasos de aquella maloliente pócima, con intervalos peripatéticos entre
ellos, que discurrían por el amenísimo parque natural que rodeaba al antedicho
recinto, y que estaba poblado de carballos, castiñeiros, piñeiros, salgueiros
y-algo sorprendente-cuatro araucarias que llamaban la atención. Al mismo tiem
po se escuchaba la rumorosa corriente del Arenteiro, que discurría parejo al
nemoroso lugar.
La concurrencia era, a aquellas horas, mayoritariamente masculina, dedicada a
conversar, ponderada y sosegadamente, de toda clase de temas de "altura" y de
bajura. Los diálogos se desarrollaban en tono distendido y bienhumorado, plenos
de "chispa" y ocurrencias de toda clase, lo que me dió la impresión de que
aquellos señores, tan adustos en la apariencia diaria, tenían un "segundo aire"
muy distinto a su desempeño habitual, que exhibían en ocasiones especiales. Co
mo aquellas.
Al regreso de la excursión acuática nos reuníamos en el comedor del hotel con
mi madre para desayunar en su compañía; y luego la acompañábamos de regreso
al parque, en donde quedaba provista de su labor formando amigable tertulia
con otras señoras. Irían tomando sus raciones de salutífera agua poquito a po
co, entre ganchillos, puntos de cruz y vainicas, al tiempo que respiraban el
gozoso y perfumado aire que tanto las satisfacía.
Nosotros montábamos en el "once ligero" y nos desplazábamos a Partovia, Seño-
rín, e incluso Listanco o Dacón, y allí mi padre sacaba el aparejo y se dedi
caba a la persecución de la trucha bajo mi atenta mirada. Fué él quien me en
señó a lanzar desde diversas posiciones, el que me indicó los cebos más ade
cuados según el estado del día y la zona del río en que nos encontrásemos. De
él aprendí a pescar al "saltón"; o a anudar el sedal a la "mariposa"...y otras
habilidades que practicaría en el futuro...ya sin su compañía.
Al mediodía recogíamos a mi madre y dando moroso paseo llegábamos a nuestra
mesa dispuestos a degustar un bien sazonado condumio. Finalizado el cual, mi
deber establecido era recluirme en mi habitación y dedicarme al estudio, mien
tras mis padres tomaban café y hacían tertulia en el gran salón del hotel. A
las cinco y media volvía a reunirme con ellos para tomar un pequeño refrige
rio, tras el cual me daban "suelta" por mi cuenta, hasta las nueve y media,
hora imprescriptible en que tenía lugar nuestra cena.
O Carballiño era una próspera villa agropecuaria y mercantil, cosmopolita en
verano y recoleta en la estación dura. En aquella época tendría unos diez o
doce mil habitantes, gente discreta y servicial que tenía bien presente la
utilidad de su industria turística, y hacía lo posíble por fomentarla. Por eso,
la Excelentísima Corporación Municipal se esforzaba por diversificar las ofer
tas de ocio. De modo que, aparte el discreto y pacífico negocio balneario, en
la Alameda municipal se organizaban, a partir de las siete y media de la tarde,
ostentosos bailes-"asaltos", les llamaban-para solaz y diversión de otra clase
de huéspedes muy distinta de la valetudinaria, caduca y decadente clientela
"acuífera". Allá iba yo con objeto de practicar la disciplina del baile "aga-
rrao", que era lo que se llevaba. Pasodobles, guarachas, cumbias, foxtrós, al
gunos tangos para exhibicionistas y unos pocos valses para nostálgicos, arma
ban el habitual repertorio que las orquestas ofrecían al distinguido público
que llenaba el recinto. El procedimiento era, por demás, somero, porque uno se
dirigía a la primera que le gustaba y le pedía baile: si o no. Si había suerte,
te arrimabas lo que podías...y si no, había que seguir buscando. Lo ideal era
"aparcar" junto a alguna que fuese complaciente y pegar la hebra de cualquier
forma; lo que ahorraba trabajo en la búsqueda. Pero eso, aúnque se intentaba
siempre, no era fácil en mi caso por mi aspecto aniñado, que me situaba en in
ferioridad ante otros de percha más bregada.Claro que a los 15 años es difí
cil aparentar hombría en sazón; esta era la verdad, aúnque uno...hacía lo que
podía.
Aquél día tuve suerte, porque me arrimé a una chica que paraba en el mismo ho
tel. De forma que, en medio de la cháchara que entablamos, la continuidad sur
gió espontáneamente. Como era muy habladora me informó que había terminado Ma
gisterio y que acompañaba a una tía reumática que tomaba baños en Señorín, an
tes de ir a pasar el resto del verano en una localidad costera. Por decir algo
le conté mi problema "matemático", craso error, porque enseguida le salió la
vena "profesional" y comenzó a disertar, largo y tendido...;sinceramente aque
llo no era lo que yo esperaba. Traté de reconducir la charla hacia otro tipo
de temas, pero ella se ofreció para darme clases, actitud que acabó de eclip
sar mis expectatívas, porque seguía parloteando sobre abstrusas jerginozas nu
méricas...Volví a intentarlo, con algo más de suerte, porque una amplia sonri
sa distendió su cara. Muy ufano me disponía a seguir por el mismo camino...
-¡Yu-uu...Arturooo!-llamaba a alguien a mis espaldas. Como surgido de la nada
apareció un fulano alto, con bigote y gafas que le daban pinta de intelectual
estreñido-Os voy a presentar:Arturo, un buen amigo, y Miguel, un compañero de
hotel-Hola-Hola-Te buscábamos; al lado del palco están Cuqui y Enrique, ¿va
mos?-Adiós, Miguel, lo pasé muy bien; hablaremos de las clases...¿vale?- Pero-
cavilé tristemente-...¿quien entiende a las tías? Solo y cabreado me dirigí
al bar del recinto, y aparentado lo que juzgué una elegante desenvoltura, me
acodé en la barra. El local estaba lleno de gente con le gaznate seco. Al fín
me atendió un camarero, gordo, barbado y con un ojo extraviado-¿Que va a ser?-
me miró despectivo. Iba a pedir un refresco, pero la mirada insolente del biz
cocho me irritó profundamente-Un carajillo-el fulano siguió mirándome como du
bitativo; le sostuve el desafío hasta que se volvió a la máquina y llenó un
pocillo de brebaje; luego agarró la botella de caña y volvió a mirarme antes
de echar un generoso chorro. Sentí ganas de agarrar una botella de Fundador
que estaba a mi lado, y estrellársela en el cráneo. Me puso delante el pedido-
su carajillo, señor...-creí advertir un tonillo en su voz que me soliviantó
más. Me contuve y eché un duro en la barra-cóbrese-me dió la vuelta y volvió
a mirarme con su cara de pirata jubilado...Me eché el carajillo adentro de un
golpe...Fué como si la llama de un soplete abrasase mi esófago; luego, el ar
dor insoportable se expandió por todo el pecho, cortándome la respiración, y
mi garganta empezó a arder. Abrí la boca y dejé escapar una vaharada de tufo
directamente procedente de las calderas de Satanás. Sentí náuseas y temí vomi
tar allí mismo. Me volví a coger una servilleta y en ése momento acerté a ver
mi imagen en el espejo frontero...; mi cara estaba blanca como el papel, mis
ojos completamente anegados en lágrimas, y mis orejas eran dos lujuriosos pi
mientos morrones colgando a ambos lados de mi cara. Puse la servilleta en la
boca, simulando limpiarme, y fuí a la salida-levas as orellas fervendo, rapaz-
no me volví a mirar al ocurrente; seguía sintiendo una quemazón insoportable,
y en la garganta tenía un pedazo de lija al rojo. Me paré en una fuente y mo
je la boca; hice enjuagues y gargarismos mientras una niñita me miraba con cu
riosidad. Seguí mi camino sintiendo, cada vez que respiraba, aquel "cheiro" in
soportable.
Mis padres estaban dando cuenta de un rape con almejas en salsa verde. Otra
arcada me acometió al ver tan apetitosa colación...
-¿De dónde vienes?
-Estuve por ahí...
-Tomo un poco de rape. Está delicioso.
-No tengo ganas...
-¿Tomaste algo por ahí?
-Un refresco...
Reanudaron la charla. Por lo que oí, recordaban su etapa en Afríca...
-Manolo, ¿te acuerdas de la señora de Trebujena?
-¿Te refieres a la señora del coronel...?
-Sí...¿no era el que os pagaba?
-Era el jefe de Intervención Militar...
-Bueno, pues resulta que su mujer era muy vistosa...¿La recuerdas?
-Alguna idea tengo de ella...sí...
-Bueno, pues un día, que estaba de paseo con las niñas, ví a Suleimán que ve
nía de cobrar la paga, y se paró a hacer mimos a las chiquillas...
-Suleimán...un buen sargento...
-Quería mucho a las chiquillas. A Carmiña le talló aquél camión de madera
que aún conserva...Lástima que Suleimán muriese...de aquella forma...
-Murió como un soldado...En el verano del 38, en la Venta de Camposines...
-No sé porqué se tienen que matar así las personas...Qué desperdicio...
-Castillo me contó que estaba con su tabor haciendo frente a las tropas de Lis
ter, que habían roto el dispositivo de Yagüe...
-¡Qué locuras...!
-Parece que el fuego era muy espeso y solo quedó Suleimán al frente de los res
tos del tabor. Castillo iba con el suyo en segunda línea y nos contó que es
taban montando las máquinas, cuando se les vino encima un batallón enemigo...
-¿Y qué pasó?
-Suleimán ordenó un ataque con bombas de mano y al arma blanca, para dar tiem
po a que montasen las ametralladoras los del segundo tabor de reserva...Murie
ron él y todos sus hombres...
-¡Pobriño...! Bueno, pues aquél día, le estaba comprando un cartucho de dátiles
a las niñas, y pasó la mujer aquella...Siempre usaba unos sombreros especta
culares...Ése día llevaba un aderezo con unas plumas de avestruz que llegaban
a las nubes, ja,ja,ja...Y entonces, pasó a nuestro lado, y Suleimán se la que
dó mirando, resopló...-"coronela...mucho farruca"-ja,ja,ja. Mi madre reía de
buena gana, y mi padre sonrió discretamente.
Durante un momento tuve una sensación extraña. Estaban allí, los dos, recordan
do un tiempo lejano en que yo no existí. Tenían una línea atrás en la que yo no
participé. De repente me dí cuenta de que aquellos dos tenían una vida dilata
da, en la que fueron jóvenes, y seguramente apasionados; una existencia oculta
para mí, que se había prolongado por décadas y que continuaba aún. A mí nunca
se me había ocurrido pensar en aquellas cosas, tan evidentes por otra parte...
Aquellas dos personas mayores, que paseaban cogidas del brazo serenamente, y
que de vez en cuando, comentaban cosas ocurridas hacía décadas, en un mundo com
pletamente distinto al mío, pero que había sido el suyo...Los ví distintos...
Mi padre tenía delante el café y la copa de Rèmy Martin, y estaba encendiendo
su Partagás...La mezcla de brebaje y humo de veguero me produjo una sensación
desagradable en el estómago...
-¿Puedo ir a acostarme?
-¿Te encuentras mal...?
-No...un poco cansado...
Les dí el beso de buenas noches y subí a mi cuarto. Volví a enjuagarme la boca
prolijamente. Ya en cama, mi aliento seguía apestando. Me puse boca abajo para
amortiguar la desazón estomacal. Cerré los ojos y traté de serenar mi cabeza,
que no paraba de girar... Al fín caí en una especie de sopor maléfico. Un gor
do besugo, de escamas relucientes, con un ojo revirado, y tocado con turbante
moruno, ponía delante de mi un bebedizo de olor apestoso...
-Su carajillo, señor...




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  #2 (permalink)  
Antiguo 13-05-2008, 17:57:06
Sapristi
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Carajillo...y Suleimán.

Creo que salvo el repaso urgente a la puntuación más el consabido
tratamiento anticaspa para eliminar comillas junto con un buen fregoteo de
cara, esta nueva entrega memorialista goza de la frescura que ya es
costumbre, mr. Ges.
Saludos
:-)


"gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje
news:iaijf5-i01.ln1***news.uned.es...
> Aquél año había colgado las Matemáticas de cuarto curso. Para decir la
> verdad,
> creo que mis padres hubiesen adelantado mucho poniéndome a trabajar a los
> 14




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  #3 (permalink)  
Antiguo 13-05-2008, 17:57:06
Sapristi
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Carajillo...y Suleimán.

Creo que salvo el repaso urgente a la puntuación más el consabido
tratamiento anticaspa para eliminar comillas junto con un buen fregoteo de
cara, esta nueva entrega memorialista goza de la frescura que ya es
costumbre, mr. Ges.
Saludos
:-)


"gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje
news:iaijf5-i01.ln1***news.uned.es...
> Aquél año había colgado las Matemáticas de cuarto curso. Para decir la
> verdad,
> creo que mis padres hubiesen adelantado mucho poniéndome a trabajar a los
> 14




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  #4 (permalink)  
Antiguo 13-05-2008, 17:57:06
Sapristi
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Carajillo...y Suleimán.

Creo que salvo el repaso urgente a la puntuación más el consabido
tratamiento anticaspa para eliminar comillas junto con un buen fregoteo de
cara, esta nueva entrega memorialista goza de la frescura que ya es
costumbre, mr. Ges.
Saludos
:-)


"gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje
news:iaijf5-i01.ln1***news.uned.es...
> Aquél año había colgado las Matemáticas de cuarto curso. Para decir la
> verdad,
> creo que mis padres hubiesen adelantado mucho poniéndome a trabajar a los
> 14




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