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| Aquél año había colgado las Matemáticas de cuarto curso. Para decir la verdad, creo que mis padres hubiesen adelantado mucho poniéndome a trabajar a los 14 años, en lugar de esforzarse en hacerme un "hombre de provecho". Noción de futu ro que me traía completamente al fresco; posíblemente hubiese sido un buen tor nero, o fresador, o ferrallista, e incluso pienso que no me hubiese desempeñado mal como "alambrista" de circo de provincias, dada mi extraordinaria agilidad... Pero no pudo ser... De modo que se me preparó un verano "horríbilis". Debía ir a una academia a es tudiar tan latosa e incomprensible ciencia numérica, y, a mayores, tenía que ejercitarla ante el penetrante control materno, que no dejaba escapar ocasión para poner a prueba mis teóricos "avances" en la materia. Terríble y desalen tador panorama. Al llegar Agosto, mis padres hicieron lo de todos los años: tomarse su particu lar período vacacional. Mis hermanos era mayores, y la casa quedaba en manos de mis hermanas que desempeñaban perfectamente las instrucciones maternas. Y visto que el único que tenía una "obligación" que cumplir era yo, decidieron que debía acompañarles en su período estival de dos semanas en la encantadora villa balnearia de O Carballiño, a treinta kilómetros de la capital; de modo que allí los seguí, y establecimos nuestros reales en el cómodo y acogedor Hotel Rogelia, próximo a uno de los balnearios que rodeaban la citada locali dad. Nuestra vida era sencilla y espartana. Mi padre, madrugador existencial, me to caba "diana" a las 6,30 de la madrugada. Entonces debía dedicarme al estudio hasta las 8,30, momento en que acompañaba a mi progenitor a "tomar las aguas". Tan importante requisito se desarrollaba en un recinto acristalado, que tenía multitud de caños de los que salía la salutífera agua, con tal cantidad de sul furo que el olor a huevos podridos era insoportable. El truco era beberse dos o tres vasos de aquella maloliente pócima, con intervalos peripatéticos entre ellos, que discurrían por el amenísimo parque natural que rodeaba al antedicho recinto, y que estaba poblado de carballos, castiñeiros, piñeiros, salgueiros y-algo sorprendente-cuatro araucarias que llamaban la atención. Al mismo tiem po se escuchaba la rumorosa corriente del Arenteiro, que discurría parejo al nemoroso lugar. La concurrencia era, a aquellas horas, mayoritariamente masculina, dedicada a conversar, ponderada y sosegadamente, de toda clase de temas de "altura" y de bajura. Los diálogos se desarrollaban en tono distendido y bienhumorado, plenos de "chispa" y ocurrencias de toda clase, lo que me dió la impresión de que aquellos señores, tan adustos en la apariencia diaria, tenían un "segundo aire" muy distinto a su desempeño habitual, que exhibían en ocasiones especiales. Co mo aquellas. Al regreso de la excursión acuática nos reuníamos en el comedor del hotel con mi madre para desayunar en su compañía; y luego la acompañábamos de regreso al parque, en donde quedaba provista de su labor formando amigable tertulia con otras señoras. Irían tomando sus raciones de salutífera agua poquito a po co, entre ganchillos, puntos de cruz y vainicas, al tiempo que respiraban el gozoso y perfumado aire que tanto las satisfacía. Nosotros montábamos en el "once ligero" y nos desplazábamos a Partovia, Seño- rín, e incluso Listanco o Dacón, y allí mi padre sacaba el aparejo y se dedi caba a la persecución de la trucha bajo mi atenta mirada. Fué él quien me en señó a lanzar desde diversas posiciones, el que me indicó los cebos más ade cuados según el estado del día y la zona del río en que nos encontrásemos. De él aprendí a pescar al "saltón"; o a anudar el sedal a la "mariposa"...y otras habilidades que practicaría en el futuro...ya sin su compañía. Al mediodía recogíamos a mi madre y dando moroso paseo llegábamos a nuestra mesa dispuestos a degustar un bien sazonado condumio. Finalizado el cual, mi deber establecido era recluirme en mi habitación y dedicarme al estudio, mien tras mis padres tomaban café y hacían tertulia en el gran salón del hotel. A las cinco y media volvía a reunirme con ellos para tomar un pequeño refrige rio, tras el cual me daban "suelta" por mi cuenta, hasta las nueve y media, hora imprescriptible en que tenía lugar nuestra cena. O Carballiño era una próspera villa agropecuaria y mercantil, cosmopolita en verano y recoleta en la estación dura. En aquella época tendría unos diez o doce mil habitantes, gente discreta y servicial que tenía bien presente la utilidad de su industria turística, y hacía lo posíble por fomentarla. Por eso, la Excelentísima Corporación Municipal se esforzaba por diversificar las ofer tas de ocio. De modo que, aparte el discreto y pacífico negocio balneario, en la Alameda municipal se organizaban, a partir de las siete y media de la tarde, ostentosos bailes-"asaltos", les llamaban-para solaz y diversión de otra clase de huéspedes muy distinta de la valetudinaria, caduca y decadente clientela "acuífera". Allá iba yo con objeto de practicar la disciplina del baile "aga- rrao", que era lo que se llevaba. Pasodobles, guarachas, cumbias, foxtrós, al gunos tangos para exhibicionistas y unos pocos valses para nostálgicos, arma ban el habitual repertorio que las orquestas ofrecían al distinguido público que llenaba el recinto. El procedimiento era, por demás, somero, porque uno se dirigía a la primera que le gustaba y le pedía baile: si o no. Si había suerte, te arrimabas lo que podías...y si no, había que seguir buscando. Lo ideal era "aparcar" junto a alguna que fuese complaciente y pegar la hebra de cualquier forma; lo que ahorraba trabajo en la búsqueda. Pero eso, aúnque se intentaba siempre, no era fácil en mi caso por mi aspecto aniñado, que me situaba en in ferioridad ante otros de percha más bregada.Claro que a los 15 años es difí cil aparentar hombría en sazón; esta era la verdad, aúnque uno...hacía lo que podía. Aquél día tuve suerte, porque me arrimé a una chica que paraba en el mismo ho tel. De forma que, en medio de la cháchara que entablamos, la continuidad sur gió espontáneamente. Como era muy habladora me informó que había terminado Ma gisterio y que acompañaba a una tía reumática que tomaba baños en Señorín, an tes de ir a pasar el resto del verano en una localidad costera. Por decir algo le conté mi problema "matemático", craso error, porque enseguida le salió la vena "profesional" y comenzó a disertar, largo y tendido...;sinceramente aque llo no era lo que yo esperaba. Traté de reconducir la charla hacia otro tipo de temas, pero ella se ofreció para darme clases, actitud que acabó de eclip sar mis expectatívas, porque seguía parloteando sobre abstrusas jerginozas nu méricas...Volví a intentarlo, con algo más de suerte, porque una amplia sonri sa distendió su cara. Muy ufano me disponía a seguir por el mismo camino... -¡Yu-uu...Arturooo!-llamaba a alguien a mis espaldas. Como surgido de la nada apareció un fulano alto, con bigote y gafas que le daban pinta de intelectual estreñido-Os voy a presentar:Arturo, un buen amigo, y Miguel, un compañero de hotel-Hola-Hola-Te buscábamos; al lado del palco están Cuqui y Enrique, ¿va mos?-Adiós, Miguel, lo pasé muy bien; hablaremos de las clases...¿vale?- Pero- cavilé tristemente-...¿quien entiende a las tías? Solo y cabreado me dirigí al bar del recinto, y aparentado lo que juzgué una elegante desenvoltura, me acodé en la barra. El local estaba lleno de gente con le gaznate seco. Al fín me atendió un camarero, gordo, barbado y con un ojo extraviado-¿Que va a ser?- me miró despectivo. Iba a pedir un refresco, pero la mirada insolente del biz cocho me irritó profundamente-Un carajillo-el fulano siguió mirándome como du bitativo; le sostuve el desafío hasta que se volvió a la máquina y llenó un pocillo de brebaje; luego agarró la botella de caña y volvió a mirarme antes de echar un generoso chorro. Sentí ganas de agarrar una botella de Fundador que estaba a mi lado, y estrellársela en el cráneo. Me puso delante el pedido- su carajillo, señor...-creí advertir un tonillo en su voz que me soliviantó más. Me contuve y eché un duro en la barra-cóbrese-me dió la vuelta y volvió a mirarme con su cara de pirata jubilado...Me eché el carajillo adentro de un golpe...Fué como si la llama de un soplete abrasase mi esófago; luego, el ar dor insoportable se expandió por todo el pecho, cortándome la respiración, y mi garganta empezó a arder. Abrí la boca y dejé escapar una vaharada de tufo directamente procedente de las calderas de Satanás. Sentí náuseas y temí vomi tar allí mismo. Me volví a coger una servilleta y en ése momento acerté a ver mi imagen en el espejo frontero...; mi cara estaba blanca como el papel, mis ojos completamente anegados en lágrimas, y mis orejas eran dos lujuriosos pi mientos morrones colgando a ambos lados de mi cara. Puse la servilleta en la boca, simulando limpiarme, y fuí a la salida-levas as orellas fervendo, rapaz- no me volví a mirar al ocurrente; seguía sintiendo una quemazón insoportable, y en la garganta tenía un pedazo de lija al rojo. Me paré en una fuente y mo je la boca; hice enjuagues y gargarismos mientras una niñita me miraba con cu riosidad. Seguí mi camino sintiendo, cada vez que respiraba, aquel "cheiro" in soportable. Mis padres estaban dando cuenta de un rape con almejas en salsa verde. Otra arcada me acometió al ver tan apetitosa colación... -¿De dónde vienes? -Estuve por ahí... -Tomo un poco de rape. Está delicioso. -No tengo ganas... -¿Tomaste algo por ahí? -Un refresco... Reanudaron la charla. Por lo que oí, recordaban su etapa en Afríca... -Manolo, ¿te acuerdas de la señora de Trebujena? -¿Te refieres a la señora del coronel...? -Sí...¿no era el que os pagaba? -Era el jefe de Intervención Militar... -Bueno, pues resulta que su mujer era muy vistosa...¿La recuerdas? -Alguna idea tengo de ella...sí... -Bueno, pues un día, que estaba de paseo con las niñas, ví a Suleimán que ve nía de cobrar la paga, y se paró a hacer mimos a las chiquillas... -Suleimán...un buen sargento... -Quería mucho a las chiquillas. A Carmiña le talló aquél camión de madera que aún conserva...Lástima que Suleimán muriese...de aquella forma... -Murió como un soldado...En el verano del 38, en la Venta de Camposines... -No sé porqué se tienen que matar así las personas...Qué desperdicio... -Castillo me contó que estaba con su tabor haciendo frente a las tropas de Lis ter, que habían roto el dispositivo de Yagüe... -¡Qué locuras...! -Parece que el fuego era muy espeso y solo quedó Suleimán al frente de los res tos del tabor. Castillo iba con el suyo en segunda línea y nos contó que es taban montando las máquinas, cuando se les vino encima un batallón enemigo... -¿Y qué pasó? -Suleimán ordenó un ataque con bombas de mano y al arma blanca, para dar tiem po a que montasen las ametralladoras los del segundo tabor de reserva...Murie ron él y todos sus hombres... -¡Pobriño...! Bueno, pues aquél día, le estaba comprando un cartucho de dátiles a las niñas, y pasó la mujer aquella...Siempre usaba unos sombreros especta culares...Ése día llevaba un aderezo con unas plumas de avestruz que llegaban a las nubes, ja,ja,ja...Y entonces, pasó a nuestro lado, y Suleimán se la que dó mirando, resopló...-"coronela...mucho farruca"-ja,ja,ja. Mi madre reía de buena gana, y mi padre sonrió discretamente. Durante un momento tuve una sensación extraña. Estaban allí, los dos, recordan do un tiempo lejano en que yo no existí. Tenían una línea atrás en la que yo no participé. De repente me dí cuenta de que aquellos dos tenían una vida dilata da, en la que fueron jóvenes, y seguramente apasionados; una existencia oculta para mí, que se había prolongado por décadas y que continuaba aún. A mí nunca se me había ocurrido pensar en aquellas cosas, tan evidentes por otra parte... Aquellas dos personas mayores, que paseaban cogidas del brazo serenamente, y que de vez en cuando, comentaban cosas ocurridas hacía décadas, en un mundo com pletamente distinto al mío, pero que había sido el suyo...Los ví distintos... Mi padre tenía delante el café y la copa de Rèmy Martin, y estaba encendiendo su Partagás...La mezcla de brebaje y humo de veguero me produjo una sensación desagradable en el estómago... -¿Puedo ir a acostarme? -¿Te encuentras mal...? -No...un poco cansado... Les dí el beso de buenas noches y subí a mi cuarto. Volví a enjuagarme la boca prolijamente. Ya en cama, mi aliento seguía apestando. Me puse boca abajo para amortiguar la desazón estomacal. Cerré los ojos y traté de serenar mi cabeza, que no paraba de girar... Al fín caí en una especie de sopor maléfico. Un gor do besugo, de escamas relucientes, con un ojo revirado, y tocado con turbante moruno, ponía delante de mi un bebedizo de olor apestoso... -Su carajillo, señor... |
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| Creo que salvo el repaso urgente a la puntuación más el consabido tratamiento anticaspa para eliminar comillas junto con un buen fregoteo de cara, esta nueva entrega memorialista goza de la frescura que ya es costumbre, mr. Ges. Saludos :-) "gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje news:iaijf5-i01.ln1***news.uned.es... > Aquél año había colgado las Matemáticas de cuarto curso. Para decir la > verdad, > creo que mis padres hubiesen adelantado mucho poniéndome a trabajar a los > 14 |
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| Creo que salvo el repaso urgente a la puntuación más el consabido tratamiento anticaspa para eliminar comillas junto con un buen fregoteo de cara, esta nueva entrega memorialista goza de la frescura que ya es costumbre, mr. Ges. Saludos :-) "gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje news:iaijf5-i01.ln1***news.uned.es... > Aquél año había colgado las Matemáticas de cuarto curso. Para decir la > verdad, > creo que mis padres hubiesen adelantado mucho poniéndome a trabajar a los > 14 |
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| Creo que salvo el repaso urgente a la puntuación más el consabido tratamiento anticaspa para eliminar comillas junto con un buen fregoteo de cara, esta nueva entrega memorialista goza de la frescura que ya es costumbre, mr. Ges. Saludos :-) "gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje news:iaijf5-i01.ln1***news.uned.es... > Aquél año había colgado las Matemáticas de cuarto curso. Para decir la > verdad, > creo que mis padres hubiesen adelantado mucho poniéndome a trabajar a los > 14 |
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